‘Posesión infernal: Evil dead’: las concesiones del gore al gran público


Uno de los momentos más violentos del remake de 'Posesión infernal' de 2013.A lo largo de los más de 100 años de vida del cine la experiencia ha demostrado que realizar una nueva versión de un film clásico y famoso no suele dar resultado. Tal vez uno de los casos más sonados fue el de Psicosis, cuya nueva versión terminó convirtiéndose casi en una parodia de sí misma al intentar seguir plano a plano el original de Alfred Hitchcock. Sin embargo, hay casos en los que simplemente se intenta poner al día algunos conceptos del título original y, si se hace con sentido común y el suficiente respeto, se obtiene una obra singular y con vida propia. Es el caso de esta nueva versión del film de Sam Raimi (Arrástrame al infierno) de 1981.

Desde luego, lo más positivo de un relato de estas características es su apuesta por el terror más visceral siguiendo las pautas que ya puso sobre la mesa el propio Raimi, quien participa como productor y guionista, y cuya mano se deja ver en determinados planos que son un claro homenaje a la saga, amén de otros elementos tan característicos como la motosierra, la baraja de cartas o el propio libro, mucho más protagonista ahora que hace 30 años. Aquellos que estén familiarizados con la trilogía encontrarán en esta nueva Posesión infernal un viaje a la locura similar al ya vivido, con un desarrollo casi idéntico y unas corrupciones corporales tanto o más impactantes, aunque perdiendo ese toque algo cómico que le imprimió el director de la trilogía de Spider-man. Desde luego, no es un título para estómagos delicados.

Sin embargo, y en un claro intento de distanciarse algo del original, el film pierde coherencia (si es que dicha palabra se puede aplicar a este tipo de tramas) en su tramo final, en un giro tan inesperado como forzado que obliga a la historia a un final feliz del que carecía la película protagonizada por Bruce Campbell (Congo). Es precisamente esta concesión a la galería la que desengrasa en cierto modo una densa historia de muerte, terror y masacre convirtiéndola en un mero film donde una joven indefensa sufre un infierno para escapar de las garras de un demonio. Y todo viene provocado, curiosamente, por el libro, que pierde el nombre de Necronomicón en esta versión.

En efecto, en el original los jóvenes que sufrían el ataque en la cabaña se enfrentaban a un mal desconocido y al que no sabían cómo enfrentarse. En esta ocasión la información se dosifica ya desde la secuencia introductoria, obligando a una resolución acorde a todos los datos de los que dispone el espectador. Una obligación que, ya lo hemos dicho, obliga de forma algo innecesaria a cambiar el guión de un desarrollo dramático que, hasta ese momento, escalaba posiciones hasta un punto álgido que se prometía casi apoteósico.

Lo cierto es que la nueva Posesión infernal es un delirio gore y terrorífico que homenajea al original de forma más que correcta. La labor de Fede Alvarez tras las cámaras en su ópera prima resuelve con solvencia las difíciles situaciones que se producen a lo largo del film, en algunos casos claramente ayudado por el maestro Raimi. Una delicia para los fans, pero excesivamente forzada en su resolución. Su intento por mostrar la fortaleza de una joven capaz de superar un horror, en la línea de otras producciones similares actuales, termina por jugar en su contra, imprimiéndole un carácter que no debería tener a tenor de lo visto anteriormente. En cualquier caso, estamos ante un buen remake y ante un mejor film de terror.

Nota: 7,5/10

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‘Posesión infernal’ busca tener ‘Efectos secundarios’ en la audiencia


Estrenos 5abril2013Resulta llamativo comprobar cómo el pasado fin de semana, con las fiestas de Semana Santa como protagonistas, alumbró unos estrenos relativamente flojos. Prueba de ello ha sido que ninguno ha sido el más taquillero. Pero más llamativo resulta, tal vez, comprobar que hoy, 5 de abril, llegan a la cartelera española unos títulos mucho más interesantes desde diversos frentes y para todo tipo de espectadores. Desde uno de los remakes más esperados, a dramas de corte fantástico e intrigas de todo tipo. La mayoría cuentan con el aval de los actores que las protagonizan, pero sin duda una de ellas es la que tiene la mayoría de las opciones de convertirse en un blockbuster.

Y esa es la nueva versión de Posesión infernal, dirigida en esta ocasión por Fede Alvarez, quien debuta de esta forma en el largometraje tras varios cortos de temática terrorífica. Con guión de Diablo Cody (Young Adult) y del propio Alvarez, la historia sigue los mismos pasos del original de Sam Raimi (Spider-man), aunque con pequeñas modificaciones en algunos de los detalles. Por ejemplo, el grupo de amigos que se dirige a pasar unos días en una cabaña en mitad de un bosque no encuentra el Necronomicón, sino otro libro de similares características que despertará, en todo caso, un mal demoníaco dormido entre los árboles. Lo que sí parece lograr este remake es ser digno sucesor del original de 1981, pues sus secuencias sangrientas y terroríficas han causado bastante impresión en aquellos que han podido verla. Jane Levy (Fun size), Shiloh Fernandez (Skateland), Lou Taylor Pucci (Beginners), Jessica Lucas (Monstruoso) y Elizabeth Blackmore (Burning man) son los desafortunados protagonistas que sufrirán la posesión.

Aunque casi todas las emociones fuertes están acumuladas en este film, no es menos importante la presencia de Efectos secundarios, intenso thriller dramático con la medicina y los fármacos experimentales como telón de fondo. La historia gira en torno a una pareja modélica cuya vida se desmorona cuando ella intenta suicidarse. Buscando una solución, se ponen en manos de un psiquiatra que les aconseja un medicamento experimental que, aunque al principio funciona correctamente, pronto empieza a mostrar unos efectos secundarios que ponen en riesgo tanto a la pareja como a todos los implicados. La película es la nueva propuesta de Steven Soderbergh (Contagio), y cuenta con Rooney Mara (Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres), Channing Tatum (G.I. Joe: La venganza), Jude Law (Anna Karenina) y Catherine Zeta-Jones (El último gran mago) como principales intérpretes.

Otro de los estrenos es lo nuevo de Kirsten Dunst (Melancolía) y Jim Sturgess (Across the Universe) como protagonistas. Se trata de Un amor entre dos mundos, drama romántico con buenas dosis de ciencia ficción que, como su propio título indica, narra la relación entre dos jóvenes que no pueden estar juntos. En esta ocasión no se trata de familias rivales, aunque sí tiene algo que ver con sus orígenes, pues se da la salvedad de que cada uno de ellos pertenece a un mundo diferente. Él vive en el mundo de abajo y ella en el mundo de arriba, ambos conectados por una especie de túnel y equilibrados gracias a una frágil paz que amenaza con romperse cuando él decide romper todas las reglas para estar con ella. Interesante y original propuesta escrita y dirigida por el argentino Juan Solanas (Nordeste) que cuenta con actores como Timothy Spall (El discurso del rey), Neil Napier (Immortals) y Jayne Heitmeyer (Dos polis en apuros).

La presencia española de este fin de semana se limita a Tesis sobre un homicidio, co producida con Argentina, país que pone tanto al director como a los protagonistas. Un thriller que sigue el viaje a los rincones más oscuros de la obsesión de un especialista en derecho que sospecha de que uno de sus alumnos es el autor de un brutal crimen cometido frente a la Facultad de Derecho. Intriga y sabor a cine negro son los ingredientes de lo nuevo de Hernán Goldfrid (Música en espera), que en esta ocasión dirige a Ricardo Darín (Elefante blanco), Alberto Ammann (Invasor), Calu Rivero (serie El elegido), Arturo Puig (Lugares comunes), Fabián Arenillas (Negro Buenos Aires) y Mara Bestelli (Te besaré mañana), entre otros.

No es esta la única propuesta que nos llega de hispanoamérica. For greater glory: The True Story of Cristiada es una producción mexicana de 2012 que dramatiza el histórico levantamiento de rebeldes cristianos contra el Gobierno mexicano por las restricciones que la Constitución de 1917 de aquel país imponía a la iglesia. Un conflicto que duró unos 3 años (1926-1929) y que ha pasado a la Historia como Guerra Cristera o Cristiada. Dean Wright, que hasta ahora se había labrado una fructífera carrera en el campo de los efectos visuales, debuta en la dirección con este film protagonizado por importantes nombres como Andy García (Ocean’s Thirteen), Eva Longoria (Matrimonio compulsivo), Bruce Greenwood (Super 8), Peter O’Toole (Troya), Bruce McGill (Caza a la espía), Oscar Isaac (Ágora), Rubén Blades (Spin) y Catalina Sandino Moreno (El amor en tiempos del cólera).

Finalizamos el repaso a los estrenos con cine europeo. Barbara es una producción alemana dirigida por Christian Petzold (Yella) en 2012 que narra la vida de una médico en 1980 que es enviada a un pueblo de Alemania del Este tras pedir su traslado definitivo al otro lado del muro. A pesar del castigo, ella y su amante siguen con sus planes, pero la vida en el campo poco a poco empezará a hacer mella en sus convicciones, sobre todo cuando empieza a sospechar que el médico para el que trabaja es en realidad un espía que la vigila y espera la llegada de su próximo movimiento. Drama con toques de intriga que protagonizan Nina Hoss (Somos la noche), Ronald Zehrfeld (Der rote kakadu), Rainer Bock (War horse), Christina Hecke (Si no nosotros, ¿quién?) y Claudia Geisler (Lichter).

‘Los Croods’ le gana la partida a los alienígenas de ‘The Host’


Sin duda, la Semana Santa en España modificará sustancialmente los datos de recaudación de la taquilla, entre otras cosas por el adelanto de los estrenos y un fin de semana más largo. Pero antes de conocer dichas cifras analizaremos el fin de semana anterior, en el que la cinta de animación Los Croods se ha erigido como el film más taquillero, desplazando a veteranos como Oz, un mundo de fantasía y superando a otros estrenos que, a priori, tenían todas las papeletas para convertirse en fenómenos cinematográficos. Por otro lado, los datos en líneas generales mejoran respecto a semanas anteriores, aunque se mantienen en la línea de lo que está siendo 2013. En concreto, 7,4 millones de euros y algo más de un millón de espectadores durante los tres días.

Como comentamos, la cinta de Dreamworks se ha hecho con el número uno gracias a sus 2,55 millones de euros. Es evidente que dicha cantidad está muy condicionada por las proyecciones en 3D, así como el hecho de que se haya estrenado en 763 pantallas. Un muy buen estreno para este tipo de cine que se equipara a algunos de los mejores títulos de animación de los últimos meses, como es el caso de Brave. Desde luego, el largo periodo vacacional de los más pequeños va a permitir a la cinta poder competir con los estrenos. Teniendo esto en cuenta, una primera estimación podría situarla en torno a los 15 millones de euros.

El otro gran estreno del fin de semana, The Host se queda en un segundo lugar muy alejado de las aventuras cavernícolas. En concreto, su recaudación asciende a unos 830.000 euros en 360 pantallas, lo que hace una media de 2.300 euros. El fenómeno de la saga Crepúsculo no parece haber influido en su estreno, y buena parte de su evolución va a depender de cómo sea la reacción durante las vacaciones. Por ahora podría llegar a los 5 millones de euros. En tercera posición encontramos al anterior líder de la taquilla que, sin duda, se ha visto muy afectado por Los Croods. Hablamos del regreso al mundo de Oz dirigido por Sam Raimi (Posesión infernal), que logra algo más de medio millón de euros, lo que hace un total de 4,55 millones de euros, teniendo como tope algo más de los 7 millones de euros siempre y cuando su comportamiento no varíe demasiado en Semana Santa.

Fuera del podio vemos que Anna Karenina se queda en algo más de 470.000 euros durante el fin de semana pasado, lo que supone un descenso del 40%, el mejor del top 10. Hasta ahora acumula 1,61 millones de euros, por lo que será complicado que llegue a superar los 5 millones al final de su vida en las salas de cine. Cifra muy similar a la de otro de los estrenos, Por la cara, comedia que también supera por poco los 0,47 millones de euros en las 290 salas en las que se estrenó (unos 1.640 euros), un estreno muy alejado del éxito que sí tuvo en Estados Unidos. Los 2 millones parece ser una cifra final bastante probable.

Los amantes pasajeros mantienen todavía algo de altura gracias a sus 456.000 euros del fin de semana, una caída del 48% que coloca al film en séptima posición. Actualmente roza los 4 millones de euros, por lo que no sería extraño que terminase superando los 5 millones. Peor caída sufrió Jack el caza gigantes, que vio reducida su recaudación un 62%, quedándose en unos 370.000 euros y dejando una cifra global en España de 1,69 millones de euros. Va a ser una de las más afectadas por los estrenos de Semana Santa, por lo que habrá que ver cómo aprovecha estos días festivos.

Otro de los estrenos interesantes, Una bala en la cabeza, registra un estreno muy bajo, situándose en octavo lugar con 0,25 millones de euros en 238 cines. Con todo, lidera el grupo de films de similares características que se han estrenado en las últimas semanas. Sin embargo, el estreno de G. I. Joe: La venganza va a suponer un reto muy importante de cara a mantenerse dentro del top 10. Podría llegar al millón de euros.

Cerramos el ranking de esta semana con Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, y Parker, ambas con descensos superiores al 50% respecto al fin de semana anterior. La primera acumula ya cerca de cuatro millones de euros, cifra que superará casi con toda seguridad la próxima semana y que la situará en el objetivo de los 5 millones de euros. La segunda, por el contrario, se queda en algo menos de 1,5 millones, y nada hace pensar que pueda superar esa cifra de forma significativa.

La fantasía de Oz se impone por poco al alocado vuelo de Almodóvar


Ha sido muy poca la diferencia, pero finalmente Oz, un mundo de fantasía superó a Los amantes pasajeros en lo que a recaudación se refiere durante el pasado fin de semana. Un fin de semana, por cierto, que en líneas generales mejora lo visto en las últimas semanas, pero que sigue sin acercarse a los datos de años anteriores. Así las cosas, durante los tres días analizados se superaron los 8 millones de euros y el millón de espectadores, concretamente 1,15 millones. Y aunque las cifras de los títulos más taquilleros pueden parecer buenas, existen matices que cabría señalar.

Por ejemplo, mientras que Oz, un mundo de fantasía conseguía unos 2 millones de euros en 649 salas (aproximadamente 3.100 euros de media), la película de Pedro Almodóvar (Todo sobre mi madre) se situaba en los 1,88 millones en unas 300 salas, lo que deja una media de más de 6.000 euros por pantalla. Teniendo en cuenta las características de una y otra, y que la primera se proyectaba tanto en 2D como en 3D, sin duda la mejor parada ha sido la segunda. Además, la fantasía de Sam Raimi (Rápida y mortal) va a tener serios competidores durante las próximas semanas, por lo que va a ser muy difícil que mantenga el liderazgo, sobre todo si el boca oreja no es del todo positivo.

El tercer puesto es para Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, que no logra ni siquiera superar el millón de euros en su segunda semana. En concreto, 0,85 millones de euros que suponen un 47% menos y completan un balance total de 2,84 millones en sus primeros días. Al igual que le ocurre a Oz, un mundo de fantasía, los estrenos de las próximas semanas determinarán su recorrido, pero una posible cifra serían los 5 millones de euros en total. Otro de los estrenos, Parker, se halla en la cuarta posición con 630.000 aproximadamente. Su distribución en 240 cines hace una media de más de 2.600 euros, y teniendo en cuenta el tirón de su estrella, Jason Statham (Crank) entre cierto sector del público es posible que llegue a los 2 millones de euros al final de su carrera comercial.

El ecuador de este top 10 es para otro estreno, Dando la nota, la comedia musical que logra 540.000 euros en 248 salas, es decir, una media de unos 2.175 euros. Desde luego, la temática y los actores no hacen pensar en una afluencia mayor de público en las próximas semanas, amén de otros estrenos juveniles que sin duda afectarán a su ritmo de recaudación. No parece posible que repita el éxito que sí tuvo en Estados Unidos, proporcionalmente hablando, claro está. Podría alcanzar el millón de euros.

A partir de aquí los primeros puestos de la taquilla se nutren de viejos conocidos como El lado bueno de las cosas, que se queda en el puesto número seis con un descenso del 36%. En total lleva ya algo más de 8 millones de euros, y si sabe aprovechar algo más el efecto Oscar podría llegar a superar los 9 millones. Algo similar a lo que le ocurre a Argo, que vive una segunda juventud gracias a los premios de Hollywood. Con una caída del 37% se sitúa en séptima posición y acumula algo menos de 6 millones.

La cinta de terror Mamá se queda con el octavo escalón de este top 10 amén de uno de los descensos más acentuados del tramo que aquí analizamos, un 52%. Claro que ya lleva varias semanas en cartel, por lo que dicho desgaste es lógico, sobre todo si tenemos en cuenta que ha superado el millón de espectadores y se acerca a los 8 millones de euros en total, teniendo relativamente fácil superar dicha cifra. En cuanto a los dos últimos puestos, Django desencadenado, que ocupa el anteúltimo puesto, supera ya los 10 millones de euros, y La Jungla: Un buen día para morir, registra la peor caída con un 60% y se queda con poco más de 3,2 millones de euros en total, lo que en ningún caso debería valorarse como éxito teniendo en cuenta el tipo de cinta y las características del protagonista en cuestión.

Raimi nos devuelve a Oz y Almodóvar toma un vuelo inolvidable


Estrenos 8marzo2013.Comparado con otras ocasiones puede que los estrenos de hoy, viernes 8 de marzo, se antojen algo escasos. Seis películas de nueva hornada que llegan a la cartelera española. Sin embargo, solo con atender un poco al carácter de los títulos y a los nombres propios que participan en ellos podemos deducir que el fin de semana se presenta muy interesante. Fantasía, comedia, acción, musical, drama. … prácticamente todos los géneros están representados, algunos de ellos de formas tan espectaculares como Oz, un mundo de fantasía o tan deliberadamente provocativas como Los amantes pasajeros.

Pero comencemos por el regreso al mundo de Oz. A modo de precuela del clásico El mago de Oz de 1939, el nuevo film de Sam Raimi (Spider-man) narra los orígenes del famoso mago, que son nada más y nada menos que los de un mago de poca monta que es transportado desde Kansas hasta ese fantástico mundo en el que deberá decidir quienes están de su parte y quienes en su contra mientras interviene en la disputa de tres brujas que le obligarán a demostrar que es el mago que todo el mundo estaba esperando. Fantasía, acción y comedia se mezclan en este relato sobre los orígenes de uno de los personajes más importantes del cine, y lo hacen en 3D para todos aquellos que lo deseen. James Franco (127 horas) es el principal protagonista, aunque está acompañado por tres actrices como son Rachel Weisz (La fuente de la vida), Mila Kunis (Cisne negro) y Michelle Williams (Mi semana con Marilyn), amén de otros actores secundarios como Zach Braff (El último beso) o los ya habituales en el cine de Raimi, Bruce Campbell (Posesión infernal) y Ted Raimi (En algún lugar de la memoria), hermano del director.

Otro regreso protagoniza el gran estreno español de la semana. Hablamos de Pedro Almodóvar (La piel que habito) y Los amantes pasajeros, comedia pura y dura que, hasta cierto punto, trata de alejarse de las temáticas más clásicas y tópicas del director manchego. Eso sí, mantiene ese gusto por un reparto coral que, en esta ocasión, sitúa en un avión a Ciudad de México. La trama comienza cuando un problema genera en todos los pasajeros, y en la propia tripulación, la sensación de que van a morir allí, lo que les llevará a exponer sus intimidades y a generar todo tipo de situaciones. Como decimos, muchos nombres del cine español, entre los que cabría destacar: Javier Cámara (Que se mueran los feos), Carlos Areces (Balada triste de trompeta), Raúl Arévalo (Promoción fantasma), Hugo Silva (El cuerpo), Antonio de la Torre (Grupo 7), Penélope Cruz (Nine), Antonio Banderas (Indomable), Paz Vega (Triage), Lola Dueñas (Las chicas de la sexta planta), Cecilia Roth (El nido vacío) y Miguel Ángel Silvestre (Lo mejor de Eva).

Otra comedia, aunque en esta ocasión de marcado contenido musical, es Dando la nota, producción que se nutre en parte de la estela que está generando la serie Glee para contar la llegada a la universidad de una joven cuya gran pasión es la música, aunque solo escucharla. Obligada a formar parte de algún grupo, termina recalando en uno de chicas de todas las clases y condiciones que lo único que tienen en común es su canto a capela. Juntas empezarán a plantearse nuevos retos para subir peldaños en el mundo y los concursos universitarios de los grupos a capela. Dirigida por Jason Moore, que debuta así en el largometraje, la cinta está protagonizada por rostros conocidos para el público juvenil como Anna Kendrick (saga Crepúsculo), Skylar Astin (Destino: Woodstock), Ben Platt, Brittany Snow (Una noche para morir), Anna Camp (Criadas y señoras), Rebel Wilson (Qué esperar cuando estás esperando), Alexis Knapp (Percy Jackson y el ladrón del rayo), Ester Dean y Elizabeth Banks (Los juegos del hambre).

Estrenada con algo de retraso llega Las flores de la guerra, producción del 2011 dirigida por Zhang Yimou (Hero) y protagonizada por Christina Bale (El caballero oscuro), que abandona el mundo del cómic para enfundarse una sotana e interpretar a un joven que acude a Nanjing en 1937, es decir, en plena guerra entre China y Japón. Aunque su intención inicial es preparar el entierro de un sacerdote, su misión pronto se verá ampliada cuando deba dar cobijo a un grupo de menores alojadas en la iglesia y a un grupo de prostitutas que buscan refugiarse de la guerra. Un drama en todos sus sentidos que cuenta con la participación de un amplio y desconocido reparto asiático, en el que destacan Ni Ni, Zhang Xinyi, Huang Tianyuan, Han Xiting y Zhang Doudou.

La acción la pone Parker, nuevo producto pensado para el lucimiento de su estrella, Jason Statham (Los mercenarios 2), quien en esta ocasión da vida a un ladrón que es traicionado por su equipo durante su último golpe. Decidido a vengarse, se asocia con una mujer infiltrada en la organización con el único objetivo de recuperar todo el botín. Taylor Hackford (Pactar con el diablo) es el encargado de intentar aportar algo de alma a esta cinta de acción mil y una veces vista. La novedad llega en el resto del reparto, plagado de estrellas de la pequeña y la gran pantalla. Así, encontramos a Jennifer Lopez (El plan B), Michael Chiklis (serie The Shield), Nick Nolte (Límite: 48 horas), Wendell Pierce (Cómo acabar con tu jefe) y Clifton Collins Jr. (Star Trek), entre otros.

Como puede verse, la mayor parte de los estrenos nos llegan este fin de semana de Estados Unidos. Para aquellos que disfruten con el cine europeo, y más allá de lo nuevo de Almodóvar, llega también este viernes En la niebla, coproducción entre Alemania, Holanda, Bielorrusia, Rusia y Letonia que se llevó el premio de la crítica en el último Festival de Cannes. Su argumento gira en torno a un hombre que es acusado injustamente de colaboracionismo en la frontera occidental de la URSS ocupada por los alemanes en 1942. Su desesperación ante el futuro que le aguarda le hará tomar una decisión tan arriesgada como moralmente compleja. Dirige Sergei Loznitsa (Schastye moe), y protagonizan Vladimir Svirskiy (4 Tage im Mai), Vladislav Abashin (Novaya Zemlya), Sergei Kolesov, Nikita Peremotovs y Yuliya Peresild (The abduction).

El cansancio creativo y el abuso digital en ‘Spider-Man 3’


Aunque resulte extraño, cuando en 2004 Spider-Man 2 obtuvo un éxito indiscutible de crítica y público, los productores no parecían convencidos del camino que debía tomar la saga. Varios factores, como el hecho de que se tardara tres años en estrenar la nueva entrega (cuando ahora mismo las sagas estrenan casi cada año), de las vueltas que se le dio al guión en busca de un villano (cuando el Dr. Connors/Lagarto ya había asomado tímidamente en la segunda parte) y, en general, el resultado final del film, hacen pensar que ni el equipo técnico ni el artístico estaba convencido de la dirección que los productores quisieron darle al hombre araña.

Ya sea por la presión de los fans o por un intento de batir todos los récords de recaudación, lo cierto es que los máximos dirigentes enfocaron Spider-man 3 en una línea mucho más comercial, con más pirotécnia, más villanos y, sobre todo, más efecto digital, lo que al final jugó en contra de la historia, que podría haber dado mucho más de sí. No es que sea una mala película, pero sin duda es la peor de la trilogía dirigida por Sam Raimi (Darkman), y evidencia un cansancio narrativo, artístico y profesional muy agudo en algunos momentos.

En cualquier caso, la presencia de hasta tres villanos tan complejos como el Hombre de Arena, Veneno y el Duende (de nuevo con James Franco), cuyos arcos argumentales hubieran dado para un film propio (hay intentos por llevar a la pantalla una película sobre este último), se “comió” buena parte del desarrollo que requería la historia principal, centrada en esta ocasión en poner contra las cuerdas el buen momento por el que pasa el protagonista, de nuevo con los rasgos de Tobey Maguire (Hermanos). Además, y a diferencia de su predecesora, la necesidad de conocer los antecedentes cinematográficos es más necesario, instalando así una barrera a la comprensión del espectador fuera del espectro fan.

Todo esto se traduce en un guión flojo, con carencias narrativas traducidas en un infantilismo impropio del legado anterior y, sobre todo, del cómic. El relato aborda uno de los momentos más importantes en la historia de Peter Parker/Spider-man, su paso al “lado oscuro” para descubrir que sus poderes, usados de forma irresponsable (y aquí se retoma la idea inicial con la que comienza la historia en Spider-man), pueden herir a sus seres queridos. Sin embargo, la mera idea de mostrar la maldad en un personaje simplemente cambiando el peinado o con actitud chulesca por la calle resulta ofensiva. Igualmente, el odio que siente Veneno hacia el héroe queda reflejado de forma algo tosca, en un intento de convertir los errores del propio personaje en malas intenciones del protagonista (que, en el fondo, lo son, pues actúa bajo la influencia de ese “lado oscuro”).

Esto, unido a la introducción de personajes secundarios tan importantes (y tan poco explotados) como Gwen Stacy (Bryce Dallas Howard) obligan a destinar demasiado poco tiempo al desarrollo de las situaciones, forzando sus conclusiones hasta la incoherencia para dirigir el futuro del personaje por caminos que, en el fondo, no habrían sido posibles en otras situaciones. En este sentido, cabe destacar que incluso se rompe con la tradición de elegir actores experimentados (aunque sí poco dados al blockbuster) para encarnar a dos villanos con tanto juego como los que se presentan. Tal vez solo Thomas Haden Church (Entre copas) salve la papeleta con un monstruo cuyos actos están movidos por la ternura y el amor de un padre, pero desde luego Topher Grace (Predators) podría haber dado mucho más de sí dada la complejidad de un ser con dos conciencias y un objetivo común.

Una Nueva York de videojuego

La profusión de personajes con peso narrativo es, en definitiva, lo que entorpece el buen desarrollo de un guión al que le sobran situaciones irrisorias y le faltan emociones contenidas, dudas humanas y conflictos heróicos, como sí tuvieron sus predecesoras. Pero a esta falta de energía en el guión escrito a tres manos por Alvin Sargent (responsable de la anterior), el propio director e Ivan Raimi se suma un fenómeno mucho más evidente dado que afecta al diseño visual del film.

Se puede decir que la evolución de la saga en términos de efectos digitales ha sido hacia el abuso de los mismos. Mientras que en 2002 asistíamos a un trepamuros más físico, más real, en 2004 los efectos digitales se instalaban para ponerse al servicio de un villano y una historia que requería de su magia. El estreno de la última entrega en 2007 demostró el cansancio creativo del equipo, tirando de ordenador en buena parte del metraje más allá de las necesidades propias de un villano capaz de convertir su cuerpo en arena.

De este modo, el film reconstruye casi en su totalidad la ciudad de Nueva York vía computadora; una Nueva York, por cierto, tan digital que parece sacada de algún videojuego. Pocos fondos y tan solo un puñado de escenarios son naturales. El resto está creado tan digitalmente que incluso un ojo experimentado y anestesiado ante el bombardeo que sufrimos en la actualidad por esta técnica se alarma y rechaza una falsedad tan notoria. Ejemplo de ello es, sin ir más lejos, el momento dramático del final, con una iluminación anaranjada en exceso y un cielo neoyorquino un tanto extraño. Por no hablar de algunos balanceos del hombre araña.

En definitiva, Spider-man 3 entretiene, y mucho, pero defrauda visto el nivel previo. Y lo que es más alarmante, genera una sensación de cansancio, de ofuscación ante las dudas del camino a tomar. Visto el resultado, parece claro que las cosas podrían haberse hecho de otra forma (algo similar le ocurrió al Superman returns de Bryan Singer un año antes), aunque todo parece más fácil visto en perspectiva y desde una posición externa.

‘Spider-Man 2’, un superhéroe marcado por los problemas de la vida privada


El éxito sin discusión que obtuvo Spider-man (2002) a nivel mundial, unido a la fama del personaje y al hecho de que los principales implicados en el film habían firmado para participar en una trilogía, hicieron realidad una segunda entrega dos años después. Lo cierto es que Spider-man 2 responde a todos los cánones que cualquier continuación debe tener, pero al mismo tiempo posee varios elementos que la convierten en algo más, en un título independiente capaz, más o menos, de mantener una coherencia sin necesidad de conocer el antecedente, y en una historia mucho más compleja emocionalmente que la primera parte.

Desde luego, la clave para lograr ese equilibrio perfecto fue el guionista, Alvin Sargent, que junto a Miles Millar, Alfred Gough y Michael Chabon, autores de unas primeras versiones de la historia, introdujo un elemento que muy pocas veces se ha visto en este tipo de historias: la comunicación entre los problemas personales y la labor de héroe. En efecto, el arco narrativo principal, el más interesante y decisivo, es el que involucra las emociones del protagonista en su papel de estudiante y fotógrafo, no vestido con las mallas azules y rojas. Sus dudas, sus sentimientos encontrados, los problemas económicos, una carrera universitaria pendiente de un hilo, … todos esos problemas, en fin, influyen en diferentes aspectos de la vida de un individuo, y que aquí toman forma como pérdida de poderes.

Claro que la trama es mucho más compleja. A lo largo de sus aproximadamente dos horas de metraje las tramas secundarias viajan de forma paralela hasta encontrar un punto común a través de las necesidades de todos sus personajes. Las búsquedas de cada secundario parecen viajar en líneas independientes hasta un final provocado por uno de ellos donde la diatriba entre monstruo y genio, una constante en el mundo de Marvel, toma forma. Y, como no podía ser de otro modo, la precipitación de los acontecimientos viene provocada por el odio y la venganza de los acontecimientos ocurridos en la primera entrega, y que aquí se repiten en un alarde de coherencia y respeto para con el espectador.

Pero esta historia no se olvida de los seguidores más fieles. Si bien es cierto que la trama es comprensible gracias a la universalidad de sus componentes, no es menos cierto que existen muchos detalles capaces de deleitar a los fans. Sin ir más lejos, el detalle de introducir la reproducción en imagen real de una de las portadas más famosas del cómic (en la que Spider-Man deja su traje en una basura y se aleja) es todo un acierto. Además, los guionistas juegan con la idea de introducir a un futuro villano, el Dr. Curt Connors/Lagarto, profesor del protagonista y un rostro con el que se especuló como posible antagonista de la tercera entrega (al final será en el reinicio).

El resultado de todo ello es un film mucho más sólido que la primera película, marcado en todo momento por el dramatismo de un personaje que podría tenerlo todo pero que se ve golpeado por la realidad una y otra vez. No es de extrañar la decisión. Una vez inventado el mundo visual en su predecesora, era necesario algo más, y eso solo cabía encontrarlo en el texto, en el mayor protagonismo de los secundarios… y en su villano.

Más efectos, más espectacularidad

Siguiendo con la idea iniciada en Spider-Man, Raimi eligió para el villano de turno, el Dr. Otto Octavius (o Dr. Octopus), a un actor que suele ser ajeno a las grandes superproducciones. Alfred Molina, visto en Chocolat (2000) fue el encargado de dotar de emoción a este científico enloquecido tras un accidente en el que unos brazos metálicos se quedan adheridos a su espalda. Y, al igual que ocurrió con Willem Dafoe (Arde Mississipi), su trabajo supera con creces el texto en el que se basa, plagando de sutilezas, de detalles y de emociones a un personaje marcado por la locura y el dolor, obsesionado por recrear el experimento fallido. La maldad de sus miradas y las conversaciones silenciosas que mantiene en su mente con los tentáculos convierten a este villano en el mejor de toda la saga.

Más allá del apartado artístico, empero, Spider-Man 2 también destaca en su apartado técnico muy por encima de su predecesora. Si bien se beneficia de lo desarrollado dos años antes, el uso de los efectos digitales aumenta considerablemente, entre otras cosas por la presencia del antagonista. Sin embargo, Sam Raimi se mantiene fiel a esa idea de utilizar, en la medida de lo posible, los elementos reales, tangibles. Así, diversos momentos del Dr. Octopus (principalmente los planos más cercanos) son recreados con brazos reales movidos mediante cuerdas, mecanismos, etc.

Con todo, los combates exigían mucho más en todos los sentidos, y visto el resultado en la pantalla, no podría haber sido mejor. Además del orgánico movimiento de los tentáculos, los combates, sobre todo el que transcurre sobre un metro que viaja sin control por una vía que termina en el mar, suponen todo un reto narrativo en lo que a planificación se refiere. A diferencia del villano de la primera entrega, ahora hay dos personajes capaces de escalar paredes, lo que abre todo un mundo de posibilidades pero también de complejidades visuales.

El éxito del film deja claro que tanto Raimi como los actores (a destacar la labor de James Franco, todo un viaje hacia la oscuridad emocional) abordaron esta historia con una fuerza y una creatividad inusitadas, ofreciendo no solo todo un espectáculo visual, sino una de las mejores historias del hombre araña que se han hecho hasta la fecha.

‘Spider-Man’, o la revolución tecnológica de los superhéroes


El estreno de The Amazing Spider-man, el reinicio del personaje más famoso de la firma Marvel, es una ocasión idónea para repasar los títulos del trepamos más recientes, dirigidos por Sam Raimi (Rápida y mortal) y protagonizados por Tobey Maguire (El buen alemán), Kirsten Dunst (Melancolía) y James Franco (127 horas). Cuando en 2002 se estrenó la primera entrega de la trilogía se daba carpetazo a varios años de búsqueda, de intentos fallidos y de espera para poder poner en imagen real a uno de los superhéroes más atractivos y complejos visualmente hablando. Y es que la traslación del personaje en épocas anteriores había tenido poca fuerza, siendo políticamente correctos.

Desde luego, el nombre de Raimi detrás de la franquicia suponía todo un alivio y, al mismo tiempo, todo un enigma por comprobar el grado de fidelización al original escrito. El resultado no defraudó. El director de Posesión infernal utilizó todas las técnicas a su alcance para dotar de la agilidad necesaria no solo al personaje, sino a la propia cámara. En este sentido, se puede decir que Spider-man fue toda una revolución tecnológica capaz de desarrollar una nueva generación de cámaras, las denominadas spider-cam, que actualmente se utilizan para todo tipo de eventos deportivos. Dicha cámara era capaz de simular el movimiento de balanceo del protagonista, lo que la convertía en herramienta imprescindible en favor de la espectacularidad.

Quizá sea esta la novedad tecnológica más interesante, aunque no la única. Si bien es cierto que los escenarios generados por ordenador son inevitables en este tipo de producciones, Raimi optó por contar con la mayor parte de decorados reales posibles (a diferencia de la última entrega), para lo que se construyeron paredes en el suelo por las que era más fácil trepar sin necesidad de cuerdas y que permitían un mayor movimiento de la cámara. Incluso los combates entre el protagonista y el villano de turno, el Duende Verde (Willem Dafoe) se revelan más naturales, orgánicos y creíbles que los del resto de títulos (con permiso de Spider-man 2).

Con todo, el atractivo del film reside mucho más hondo. Raimi, con ese estilo particular que combina a la perfección comedia, acción y drama, imprime a la trama ese componente distraído que en los cómics queda reservado casi en exclusiva a la incesante verborrea bajo la máscara, y que prefirió eliminar por cuestiones puramente artísticas. Igualmente, la paleta cromática de todo el conjunto, unido a una magnífica banda sonora de Danny Elfman, confirman en el espectador esa idea de asistir a un cómic, a una aventura auténtica del trepamos desde sus inicios, por cierto narrados de forma magistral.

Errores, licencias y momentos inolvidables

Es evidente que la materialización de Spider-man fue, en buena medida, gracias al avance de la tecnología y los efectos digitales que han permitido dar a la trama un aspecto más coherente con el personaje. Pero su éxito se basa, empero, en el sólido guión firmado por David Koepp (Parque Jurásico), a la sazón auténtico adalid de que la historia atraiga más allá del trabajo técnico. Y a pesar de ello, estoy convencido de que muchos seguidores no comulgaron con el desarrollo dramático de los personajes.

No en vano, la historia rompe con muchos de los moldes establecidos en las páginas de los cómics. Comenzando por el hecho de que el personaje de Dunst, Mary Jane Watson, no debería entrar en escena con el Duende Verde, uno de los cambios más criticados fue el de los lanzatelarañas que se fabrica Peter Parker, y que en la versión de Koepp aparecen de forma orgánica tras la picadura. Igualmente rechazado fue la elección de convertir el disfraz del villano en una especie de armadura verde. Respecto a esto, es conveniente decir que la primera idea obedece a la línea argumental seguida por la famosa serie de televisión de los años 90, producto más conocido por el gran público que el orden cronológico de las aventuras en papel. En cuanto al segundo y el tercero, bueno… son decisiones artísticas de dudosa necesidad, si bien la primera facilita mucho visualmente hablando, mientras que la segunda perjudica la comprensión.

En cualquier caso, la cinta de Raimi deja momentos inolvidables que la convertirán, con el tiempo, en un clásico del género. Y dichos momentos tienen mucho que ver con la complejidad dramática del personaje, nacido al amparo de una tragedia personal narrada con fuerza y ternura. Una complejidad alimentada por los dos rostros que debe mostrar (y que es un recurso común en el concepto superheróico) y por el carácter sencillo y cercano de un chico que necesita hacerse un hueco en el mundo sin contar con la presencia de su alter ego encorsetado en las mallas.

Claro que dichos momentos adquieren la categoría de imprescindibles gracias a los actores que los protagonizan. Más allá del trío protagonista, más que correcto en este primer intento, lo realmente interesante se encuentra en el plantel de secundarios. Ya en su momento, tanto Superman como Batman confirmaron la teoría de que, para que una cinta de superhéroes crezca, es necesario contar con un villano sólido interpretado por un actor de renombre capaz de aportar los matices de vileza, locura y maldad necesarios. Dafoe, protagonista de La sombra del vampiro, aporta esos elementos al Duende Verde para convertirlo en un ser desquiciado, atormentado y amenazante. Su labor alcanza un nivel tan alto que poco importan sus enfrentamientos con el héroe o los momentos en que aparece disfrazado; lo que se recuerda son sus diatribas personales entre sus dos personalidades, sus odios, sus miedos y la inseguridad que provoca.

En la actualidad se valora a El caballero oscuro como el gran título que ha redefinido el género de superhéroes, y no falta razón. Sin embargo, años antes este Spider-man y algunas entregas de X-Men indicaron el camino por el que debía dirigirse toda cinta similar que quisiera ser tomada en serio. Un camino formado por un arco narrativo complejo y unos personajes humanos enmarcados en un contexto superhumano. La historia de Peter Parker siempre ha estado definida por ambos pilares, y el film de Sam Raimi supo trasladarlo a la pantalla grande.

‘Posesión infernal’, lo grotesco a través de la comedia


Hace unos días comenzó el remake de una película que, para muchos fans del terror, supone un punto y aparte en el desarrollo del género. La nueva versión de Posesión Infernal contará con la presencia de Sam Raimi como productor y estará dirigida por el debutante uruguayo Fede Alvarez. Pero además, se baraja la posibilidad de continuar la saga iniciada en 1981 con una cuarta entrega tras Terroríficamente muertos (1987) y El ejército de las tinieblas (1992). Parece ser que las posesiones demoníacas de Raimi van a volver a estar de moda, por lo que no está de más recordar el clásico original rodado casi sin medios y que supuso el trampolín para un director que ha aportado un estilo fresco y desenfadado a muchos de los géneros que ha abordado.

Tal vez fuese esa falta de medios lo que le aporta la originalidad al film. Con un argumento de lo más simple con algunos elementos sacados del escritor H. P. Lovecraft (como ese Libro de los Muertos con piel humana y escrito en sangre), Raimi y su equipo componen una sinfonía de terror que sorprende a propios y extraños, da igual la época. Sin duda, su exceso de violencia, sangre y vísceras es lo que más atrae a los seguidores y lo que genera el mayor rechazo, pero en cualquier caso la película ofrece mucho más para los estudiosos del cine, entre otras cosas un aspecto de película casera que, quién lo diría, mejora el largometraje a medida que pasan los años.

Comenzando por los efectos visuales, carentes por cuestiones evidentes del toque digital que actualmente tienen todas las posesiones y zombificaciones del cine y la televisión. Lo más característico de la cinta, que hay que dejar claro que nunca se toma en serio a sí misma, es el diseño de los monstruos/poseídos que aparecen poco a poco en la cabaña donde el grupo de jóvenes decide pasar unos días tras desenterrar una vieja profecía escondida en un libro. Mientras que hasta ese momento las criaturas similares habían sido más “de carne y hueso”, el director de Spider-man opta por el maquillaje y los personajes de látex, permitiendo una degradación de los rasgos faciales, los ojos y la boca que, en ese momento, parecían impensables, y aportando al mismo tiempo un cierto tono ridículo a todo el producto.

Esto, claro está, permitía al mismo tiempo explorar mil y una forma de acabar con ellos, algo que se muestra en todo su esplendor. Pero aunque esto sea el grueso del film, este posee momentos verdaderamente aterradores, a medio camino entre el miedo más primario y el suspense más elaborado. Todo gracias a unos movimientos de cámara subjetivos al más puro estilo Tiburón (1975) adaptados para la ocasión, lo que confiere al conjunto un aura sobrenatural y, al mismo tiempo, voyeur.

Comicidad e innovación

Aunque pueda parecer extraño, la cinta de Sam Raimi fue innovadora en casi todos sus ámbitos. La capacidad de realizar un producto de tal magnitud con un presupuesto muy limitado, unido a la visceralidad de sus imágenes y al desarrollo del terror a través de una planificación cuidada convirtieron a esta historia en un referente casi instantáneo. De hecho, unos años después llegó una especie de remake italiano titulado Demons.

Dicha visceralidad, empero, no surge solo de la muerte de las criaturas, sino del concepto fílmico en sí. A pesar de que la historia muestra cómo todo parece nacer de una cita que invoca a los demonios, el recurrente plano subjetivo que ronda a los amigos confiere al relato de una inquietud incómoda que se hace más insoportable a medida que adquiere protagonismo, primero con la violación de un personaje en el bosque, y luego con las técnicas para impedir la huida de los protagonistas, hasta el aciago desenlace final.

Otro de los elementos innovadores es su comicidad. Si hasta la fecha los títulos similares ofrecían una visión seria y apocalíptica de las posesiones y los zombis (con su consabida crítica social), Posesión Infernal resta importancia a todo esto para introducir el elemento cómico. Una comicidad que, no nos engañemos, no recurre a la risa fácil, sino a situaciones inverosímiles que arrancan una sonrisa. Incluso los momentos más trágicos de la trama son planificados con algo de autoparodia, recordando en todo momento que ni siquiera el film se toma en serio a sí mismo.

De hecho, el carácter cómico implícito de la película es explotado de forma mucho más evidente en la posterior Terroríficamente muertos, una especie de secuela/remake donde el superviviente de la primera, Ash (interpretado por el mítico Bruce Campbell), retorna a la cabaña. Sin duda, los mejores medios y un guión más complejo permitieron crear efectos especiales más elaborados. Todo ello tuvo su clímax en la tercera entrega, El ejército de las tinieblas, un auténtico delirio que combina aventura, terror y comedia como pocos títulos son capaces de hacerlo, y que se distancia de sus predecesoras para erigirse como una historia nueva con personajes ya conocidos.

Pero de las secuelas, igualmente icónicas, ya habrá tiempo de hablar. Y aunque poseen elementos que han influido poderosamente en el imaginario colectivo, lo cierto es que es su primera parte la que originó todo un fenómeno que sigue hasta nuestros días, y que tiene un sitio entre los grandes títulos del género y, por tanto, de la historia reciente del cine.

Spider-man: ¿’Amazing’ o ‘Friendly neighbour’?


La noticia cinematográfica de la red de hoy ha sido, sin ningún tipo de dudas, la publicación del nuevo trailer de The Amazing Spider-man, nueva versión de las aventuras del personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko allá en los años 60 y que se ha convertido en uno de los superhéroes más conocidos del mundo e imagen del sello Marvel. Digo nueva versión porque todos sus responsables se han encargado de aclarar por activa y por pasiva que no continúa las películas de Sam Raimi protagonizadas por Tobey Maguire y Kirsten Dunst.

De hecho, el director es Marc Webb, quien dio la campanada hace unos años con (500) días juntos, y los protagonistas son Andrew Garfield (La red social), Emma Stone (Rumores y mentiras) y Rhys Ifans (Notting Hill) como el villano de la función. Pero lo que el nuevo trailer ha dejado entrever, más allá del diseño del Lagarto, es un tono a priori opuesto al de la anterior trilogía. No sólo la historia no continúa la trama desarrollada en las anteriores, sino que se percibe un ambiente mucho más oscuro.

Para empezar, la mayoría de las escenas mostradas transcurren de noche. ¿Casualidad o premeditación? El pasado del trepamuros cobra, además, una mayor importancia que en las entregas de Raimi, incluyendo en la historia a los padres de Peter Parker y, según se desvela en los minutos que se publican hoy, relacionándolos con el Dr. Connors, alias Lagarto, del que Spiderman termina por resultar responsable.

Traje y efectos

Otra de las grandes diferencias es el traje, muy alejado del tradicional diseño de los cómics y de las anteriores películas. Con unos guantes y unas botas que parecen, pues eso, guantes y botas (y no un pijama rojo y azul), la distribución de colores, así como el logo que luce en pecho y espalda se vuelven mucho más estilizados. Lo que sí mantiene con la idea de los cómics es que debe fabricar la telaraña de forma artificial, lanzándola a través de unos pequeños dispositivos que, en la película, parecen encenderse cuando se activan.

Pero lo más esperado era el diseño del villano. Si bien habían surgido imágenes en el merchandising, lo poco que se puede ver de él en el trailer invita a abrir boca para los más puritanos. Tomando como referencia ese personaje del número 6, el Lagarto, que por cierto resulta inquietante con los rasgos de Ifans, se convierte en una especie de humanice con piel escamada y verde, garras en lugar de extremidades y, lo más peligroso, una enorme cola capaz de tirar abajo una pared. También se ha dejado entrever ese submundo tenebroso y laberíntico que conforman las alcantarillas de Manhattan, aunque como no podía ser de otro modo algunas escenas de acción se trasladarán a los cielos.

Muchas son las diferencias entre un Spiderman y otro. Si en la primera trilogía el personaje de Maguire mencionaba la mítica frase: “Soy tu amistoso vecino Spiderman”, la versión de Garfield se queda con el aspecto asombroso. Pero a pesar de todo existen similitudes que tienen que ver más con el concepto visual de Raimi. Por mucho que Webb lo intente, Spiderman es y seguirá siendo en pantalla grande un hijo del creador de Posesión Infernal. Es difícil competir con una película que creó una cámara especial, la spidercam, tan de moda ahora en los eventos deportivos.

Aunque de noche, los vuelos y balanceos del hombre araña mantienen ese toque anterior, algo que es de agradecer. La pregunta que muchos se harán es si es necesaria una nueva versión. Para los fans del personaje, claro que sí. Para los demás… bueno, sólo esperar que como película mantenga el nivel de las dos primeras, especialmente de Spiderman 2, y haga olvidar el cansancio que denotó el tercer volumen. Lo que sí será interesante es comprobar si un director como Marc Webb, con poca experiencia en este tipo de films, es capaz de igualar los combates tan logrados con el Dr. Octopus en esa segunda entrega. Por ahora, sólo podemos ver el trailer y esperar su estreno el 3 de julio en Estados Unidos y, tres días después, en España.

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