‘Ad Astra’: en los confines de la galaxia


De un tiempo a esta parte, y con permiso de la saga ‘Star Wars’, el cine espacial ha retomado 2001: Una odisea en el espacio (1968) como su referente principal para adentrarse en la naturaleza del ser humano, en sus miedos y sus desafíos ante un futuro desconocido. La última película de James Gray (El sueño de Ellis) no solo confirma esta tendencia, sino también el interés y atractivo de estas historias.

El espacio, por sus propias características, ofrece posibilidades narrativas casi infinitas. Pero todas ellas suelen tener relación con la soledad, con el vacío y con esa fortaleza física y mental de los viajeros de las estrellas para afrontar desafíos en un lugar en el que nadie puede oír tus gritos. Ad Astra, en este sentido, ahonda en estos sentimientos para obligar al espectador a reflexionar sobre una sociedad que parece cada vez más aislada, más obsesionada con el avance científico y tecnológico, olvidándose por el camino de que lo realmente importante está al otro lado de la ventana. Es por eso que, desde un punto de vista dramático, la cinta se convierte en un interesante relato acerca de cómo la soledad puede hacernos perder el norte social para introducirnos en una espiral autodestructiva y dañina para aquellos que nos rodean, pero sobre todo establece que poner fin a esa situación solo está en nuestra mano.

La referencia inicial a la película de Stanley Kubrick no es casual. Gray aprovecha el lenguaje visual de este clásico del maestro para abordar el desarrollo de su propia película desde un punto de vista más introspectivo, con un uso de la imagen y el sonido cada vez más frecuente en este tipo de films. Con una belleza evidente, el director plantea el contraste entre los primeros planos de un Brad Pitt (Frente al mar) sobrio y en un constante diálogo con su ‘yo’ interior, con los grandes planos generales de un negro e imponente espacio. Esta dualidad genera precisamente la disrupción narrativa del intimismo enmarcado en la grandiosidad, de lo pequeño dentro de un marco gigantesco. En definitiva, de la importancia de lo que tenemos cerca frente a lo inalcanzable de aquello más lejano. El mayor problema de esta historia será, para muchos, su ritmo algo lento y el hecho de que la película no ofrezca más contenido que el viaje de ida y vuelta del protagonista, sin apenas historias secundarias que enriquezcan la trama.

Y puede que esto, al menos la segunda parte, sea el principal inconveniente de Ad Astra. No es algo menor, es cierto, pero lo relevante del film de Gray es esa dualidad que plantea. Más allá de una cinta de ciencia ficción, es una reflexión sobre la importancia de las cosas cercanas (que no pequeñas) frente a objetivos más lejanos y, a priori, inalcanzables. Dicho de otro modo, plantea al espectador la necesidad de cuidar lo más próximo y el riesgo de perderse buscando logros fuera de nuestro alcance, en un intento de determinar esto como el verdadero sentido de la existencia. Bajo este prisma, la obra contiene una profundidad dramática enorme, acompañada por un estilo visual potente a la par que conocido. Lo malo, sin duda, es esa falta de contenido secundario y la sensación de estar ante un homenaje demasiado evidente al clásico de Kubrick.

Nota: 6,75/10

Brad Pitt viaja a los confines de la galaxia con ‘Ad Astra’


Superamos el ecuador de septiembre, y lo hacemos con una de las propuestas más variadas e interesantes en lo que a estrenos se refiere. Ciencia ficción, musical, drama, terror, aventura, … Prácticamente todos los géneros se dan cita este viernes día 20, en el que un actor, además, contará con dos películas en la cartelera española.

Se trata de Brad Pitt, que ya contaba con Érase una vez… en Hollywood y que ahora estrena Ad Astra, cinta con capital brasileño, chino y estadounidense que une ciencia ficción, drama y thriller para narrar cómo un astronauta debe viajar a los límites exteriores del sistema solar para encontrar a su padre perdido hace décadas y desentrañar así un misterio que amenaza la supervivencia de la Tierra y que desafía la naturaleza de la existencia humana. Dirigida por James Gray (Z, la ciudad perdida), en el reparto también encontramos a Tommy Lee Jones (Desvelando la verdad), Liv Tyler (serie The Leftovers), Ruth Negga (serie Preacher), Donald Sutherland (El viaje de sus vidas), LisaGay Hamilton (El vicio del poder), John Ortiz (Bumblebee) y John Finn (Un don excepcional), entre otros.

Muy diferente es Blinded by the light (Cegado por la luz), coproducción musical entre Estados Unidos y Reino Unido que, siguiendo la estela de recientes películas, aprovecha la música de un artista para narrar una historia propia. Esta vez, la de Bruce Springsteen. La trama, basada en las memorias del periodista Sarfraz Manzoor, cuenta la historia de un adolescente británico de ascendencia paquistaní que en 1987, en medio de la agitación racial y económica de esos años, comienza a escribir poesía para escapar de su realidad. Cuando un compañero de clase le da a conocer la música de ‘The Boss’ no solo descubre un paralelismo con el artista, sino una salida a sus sueños y a su propia voz. Gurinder Chadha (El último virrey de la India) es la encargada de poner en imágenes esta historia en la que también participa como guionista. Entre los principales actores destacan Viveik Kalra (serie Next of Kin), Kulvinder Ghir (Level Up), Meera Ganatra (serie PREmature), Aaron Phagura, Dean-Charles Chapman (serie Juego de Tronos), Nikita Mehta y Nell Williams (London town).

Pasamos a los estrenos puramente europeos, entre los que destaca Downton Abbey, continuación de la famosa serie de televisión que, en esta ocasión, sitúa a la familia Crawley y su carismática servidumbre ante un momento crucial: la visita del rey y la reina de Inglaterra, que desatará una situación de intriga y romance que pondrá en peligro el futuro de todos ellos. Dirigida por Michael Engler (The Chaperone), que ya estuvo al frente de varios episodios de la serie, la película cuenta con el reparto original, entre ellos Maggie Smith (El nuevo exótico Hotel Marigold), Hugh Bonneville (Paddington 2), Laura Carmichael (Un reino unido), Michelle Dockery (El sentido de un final), Elizabeth McGovern (La buena esposa), Imelda Staunton (Maléfica), Geraldine James (Daphne), David Haig (Amor con preaviso), Tuppence Middleton (The imitation game) y Matthew Goode (La sociedad literaria y el pastel de piel de patata).

La propuesta de puro terror de la semana es Ghostland, producción de 2018 con capital francés y canadiense que escribe y dirige Pascal Laugier (Martyrs), y cuyo argumento tiene como protagonistas a una mujer y a sus dos hijas adolescentes, herederas todas ellas de una casa. La primera noche en su nuevo hogar sufren un brutal ataque por parte de unos intrusos, lo que les obligará a luchar por sus vidas. 16 años después, una de las hijas es una novelista de éxito, mientras que la otra es víctima de desequilibrios mentales y vive con su madre en la casa. Una reunión de las tres en ese lugar desatará una espiral de terror. Crystal Reed (serie Gotham), Mylène Farmer (Giorgino), Anastasia Phillips (Don’t talk to Irene), Emilia Jones (Residue), Taylor Hickson (Deadpool), Kevin Power (Los jinetes del Apocalipsis) y Rob Archer (El abuelo espía) son los principales actores.

Con algo de retraso llega la japonesa One cut of the dead, cinta de 2017 dirigida por Shin’ichirô Ueda (Okome to oppai), quien también participa en el guión. A medio camino entre la comedia y el cine de zombis, el argumento narra cómo la grabación de una película de serie B de muertos vivientes es interrumpida por un auténtico apocalipsis zombi. El reparto, prácticamente debutante, está encabezado por Takayuki Hamatsu, Yuzuki Akiyama, Harumi Shuhama (Waga haha no ki), Kazuaki Nagaya (Fukushima day) e Hiroshi Ichihara.

La animación cuenta con dos estrenos esta semana. Por un lado, Manou es la historia de una pequeña golondrina que, tras un incidente, termina criándose con una pareja de gaviotas. Crece pensando que es una de ellas, aunque nunca es aceptada como tal. Por ello, decide conocer a los pájaros de su misma especie y quedarse con ellos. Sin embargo, un peligro mucho mayor obligará a ambas especies a trabajar juntas. El debutante Christian Haas y la directora Andrea Block (Im windrausch) se ponen tras las cámaras de esta producción alemana que cuenta con las voces de Kate Winslet (Wonder wheel), Willem Dafoe (Asesinato en el Orient Express), Rob Paulsen (Unintended), Josh Keaton y Julie Nathanson (Searching…).

Por otro, Misión Katmandú, film canadiense de 2017 cuya trama tiene como protagonistas a una detective novata y a un investigador de ciencia. Juntos emprenderán una loca aventura para probar la existencia del Monstruo de las Nieves, enfrentándose a todo tipo de peligros acompañados de un guía y un pájaro parlanchín. Dirigida a cuatro manos por Pierre Greco (Le coq de St-Victor) y Nancy Florence Savard (La leyenda de Sarila), la cinta cuenta con las voces originales de Sylvie Moreau (J’espère que tu vas bien 2), Guillaume Lemay-Thivierge (Nitro rush), Rachid Badouri (Terapia padre-hijo) y Alexandrine Warren.

‘Preacher’ da prioridad a los personajes sobre el desarrollo en la 3ª T.


La tercera temporada de Preacher empieza a mostrar, aunque sea en algunos minutos, una cierta normalización de lo que fue su transgresión inicial. Esto no tiene que ser algo necesariamente negativo, pero sí podría indicar una posible reiteración de fórmulas que terminen por convertir esta diferente producción en una obra común… Bueno, siendo sinceros eso no creo que pueda ocurrir nunca conociendo el cómic en el que se basa, pero sí podría dejarse llevar sin ofrecer nada diferente. Pero todo eso es apostar a futuro. La realidad es que estos 10 episodios, aun con un desarrollo algo menos surrealista que las anteriores temporadas, siguen dejando algunos de los momentos más rompedores de la televisión.

Posiblemente la sensación de continuismo que ofrece esta ficción creada por Sam Catlin (serie Breaking Bad), Evan Goldberg (Los tres reyes malos) y Seth Rogen (The disaster artist) se deba, precisamente, a que al menos una de las tramas planteadas en esta etapa se mantiene de la anterior, y seguirá así durante al menos otra temporada, ya confirmada. Una continuidad que, aunque planteada de un modo algo irregular en sus inicios, presenta un desarrollo sencillamente hilarante, trasladando a la pantalla algunas de las viñetas más irónicas de la historia creada por Garth Ennis y Steve Dillon (pienso en las pruebas de los sombreros de Herr Starr, por ejemplo) y alguno de los momentos más brutales, salvajes y gore de la serie, y eso que ha tenido secuencias muy viscerales.

Sin embargo, a pesar de todo la trama de Preacher en esta tercera temporada pierde algo de fuerza en este ámbito, toda vez que se introducen elementos ajenos a la propia búsqueda del protagonista. Estos elementos secundarios, que en último término se intentan fusionar con la trama principal para dotarles de una mayor relevancia, desvían la atención y el tiempo narrativo de otros elementos más relevantes del argumento, impidiendo desarrollarlos de forma correcta o con una mayor profundidad. El hecho de que los tres protagonistas se separen, además, genera una división narrativa y dramática que en la obra de Ennis y Dillon ofrece al lector una variedad argumental interesante, pero que en la serie de televisión sencillamente no alcanzan el mismo nivel narrativo, y dado que cada episodio tiene que desarrollar todas ellas a la vez, al final el resultado es una cierta irregularidad en varios momentos.

Es muy probable igualmente que, una vez superado el impacto inicial de una serie de estas características, el espectador se acostumbre a algunas de las barbaridades que se muestran en la misma. Sin embargo, hay algunos aspectos que sugieren otra posibilidad, como el hecho de que la búsqueda de Dios parece posponerse en mayor o menor grado para abordar el pasado del protagonista, la presencia del vudú, las luchas clandestinas, el mundo de los vampiros o la lucha por el poder religioso. Todo ello, aunque enriquece sobremanera el mundo de esta serie, también desvía mucho la atención del meollo del argumento, y eso por no hablar de la ausencia casi constante de ese poder sobrenatural conocido como Génesis que tan buenos resultados dio en las primeras temporadas, y que aquí se limita tan solo a algunos momentos.

Reinterpretando la religión

Pero todo ello no implica que esta tercera temporada de Preacher sea peor que las anteriores. Puede que sí sea algo inferior narrativamente hablando, pero a lo largo de estos 10 capítulos queda patente que tanto el tratamiento dramático de los personajes como los pilares argumentales de la serie como producto están no solo intactos, sino que son mucho más profundos. Y me explico. La diversificación de tramas es indudable que obliga a desviar la atención de la trama principal, sin duda la más transgresora de todas, pero también permite dirigir la mirada hacia el resto de secundarios, y es ahí donde la ficción logra un resultado más óptimo. A través de los viajes de los personajes interpretados por Joseph Gilgun (Infiltrado) y Ruth Negga (Warcraft: El origen), uno más físico y otro más conceptual, los creadores de la serie reinterpretan todo tipo de mitos, incluidos los religiosos.

Esto no solo amplía visualmente el universo creado por Ennis y Dillon, sino que permite un estudio más en profundidad de las motivaciones, miedos y anhelos del trío protagonista, planteados en varias ocasiones a lo largo de las temporadas anteriores. Y como no podía ser de otro modo, dicho estudio llega de la mano del pasado de cada uno, de sus orígenes. Todo ello permite conocer al espectador quién es quién en este surrealista viaje en busca de Dios, pero también pone de manifiesto que no todos los personajes tienen la misma capacidad de recorrido dramático. Es por ello que, en teoría, las debilidades narrativas vistas en esta etapa quedarán solventadas en la próxima, toda vez que muchos de los problemas derivados de esta profundización en los personajes sencillamente no estarán.

Cabe destacar igualmente dos aspectos perfectamente trasladados desde el papel y la tinta de los cómics. Por un lado, el mundo del vudú en el que creció el protagonista, ahora ampliado en la pequeña pantalla. El modo en que el rol al que da vida Dominic Cooper (Mamma mia! Una y otra vez) se enfrenta a su pasado, ya sea con los puños o con la inteligencia de saber cuando actuar, deja posiblemente los mejores momentos de la temporada, amén del interés que pueden despertar el resto de personajes que habitan esa decrépita casa. Pero por otro, la serie sienta las bases de lo que será el futuro enfrentamiento con El Grial, esa organización que, en el tercio final de esta etapa, se presenta como una suerte de nuevo nazismo de blanco impoluto.

Ambos “mundos” representan el pasado y el presente de Preacher. Pero esta tercera temporada deja muchas cosas más, como ese infierno y ese paródico Satán con su Ángel de la Muerte; un Hitler que regresa a la Tierra para recuperar lo que es suyo (sin duda el elemento más transgresor respecto al cómic y el que más futuro tiene); y por supuesto, el Santo de los Asesinos o la presencia, finalmente, de Dios. Todo ello compone un universo único, como de hecho es la obra en papel. Un universo que a pesar de ciertas irregularidades sigue siendo un soplo de aire fresco, una salida a los habituales productos televisivos. Mientras el viaje de Jesse Custer siga por este camino solo se podrá disfrutar, incluso aunque puedan surgir complicaciones durante el trayecto.

‘Preacher’ explora la importancia del miedo y la falta de fe en su 2ª T.


Si algo bueno tienen las adaptaciones literarias, de cómics o de cualquier otro producto cultural es poder apreciar las diferentes narrativas y argumentales entre el cine (o la televisión) con el original. No se trata de decir si uno es mejor que otro; ni siquiera consiste en intentar adivinar lo que va a ocurrir a continuación, utilizando la ventaja de conocer el original. En realidad, lo más interesantes es comprobar cómo una historia puede contarse de muchas formas diferentes aunque tenga, en esencia, el mismo desarrollo. Y eso es lo que, con éxito, está logrando Preacher (Predicador), que en su segunda temporada continúa esa incansable búsqueda de Dios, pero con muchos e imprescindibles matices.

Ahora que queda poco más de un mes para que comience la tercera temporada en Estados Unidos, es importante comprender que esta segunda etapa de la serie creada por Sam Catlin (serie Breaking Bad), Evan Goldberg (Supersalidos) y Seth Rogen (The interview) difiere notablemente del cómic creado por Garth Ennis y Steve Dillon en su desarrollo, pero no en su esencia. Más allá de la búsqueda divina, ‘leit motiv’ de esta trama, lo interesante se encuentra en los matices y, sobre todo, en la perfecta conjunción entre personajes y escenarios, entre dramatismo y humor negro. Bajo este prisma, la serie se convierte en algo único, un deleite para los sentidos que explora las miserias del ser humano… y de aquellos que no son del todo humanos.

De nuevo, la dinámica generada entre los tres protagonistas es lo que sustenta todo el relato. Esta segunda temporada de Predicador demuestra, y esto es algo a tener muy en cuenta para un guionista iniciado, que dicha dinámica no tiene que ser, necesariamente, positiva. Ni siquiera estar en el mismo nivel dramático en todo momento. Si en la primera etapa los tres personajes estaban íntimamente ligados por diferentes tipos de relaciones (creando un triángulo sólido), en estos 13 episodios dichas relaciones quedan fracturadas por los intereses y los problemas personales, que chocan unos con otros y alejan a los protagonistas. Así, la búsqueda del predicador interpretado por Dominic Cooper (Warcraft: El origen) deja de lado el miedo al que debe enfrentarse el rol de Ruth Negga (Loving) por El Santo de los Asesinos. Y en medio de todo esto, un vampiro que trata primero de ser el padre que nunca fue y, después, afrontar sus propios errores como hombre y como vampiro.

Y aunque pueda parecer contradictorio, tres arcos argumentales tan diferentes, tan propios, son los que hacen avanzar la trama de un modo sólido y único. Y es que, a pesar de líneas narrativas independientes, todo se desarrolla bajo el mismo paraguas, que no es otro que la falta de fe. Ya sea en Dios o en uno mismo, esta temporada aborda precisamente eso, la pérdida de nosotros mismos, de nuestra verdadera forma de ser. Da igual cual sea el origen (errores propios, miedo a la muerte, un camino que parece llevar a ninguna parte), lo cierto es que el resultado termina siendo el mismo para cada uno de los protagonistas. Y el modo en que lo afrontan, en solitario y alejados del resto, es lo que permite explorar sus debilidades de un modo que, de otro modo, no se podría.

Infierno y El Grial

En medio de esa búsqueda de la fe, la confianza y el sentido a nuestros actos, Predicador logra la máxima expresión de lo que comentábamos al inicio de este texto: las diferencias y similitudes entre el original y la adaptación. Entre las primeras destaca sobremanera el tratamiento que la serie hace del infierno. Muy en la línea de lo creado por Ennis y Dillon, ese infierno condena a las almas a revivir una y otra vez su recuerdo más doloroso, el que más les aterra. Y de nuevo, el humor más negro que pueda pensarse. Evidentemente, en un lugar tan malvado solo pueden estar los personajes más perversos de la Historia, entre ellos el propio Hitler. Este pequeño espacio de relato propio es utilizado por la ficción para volver a demostrar que en el relato nada es lo que parece, que todo se tergiversa hasta hacerlo más perverso bajo una imagen de cotidianidad. Así, ese infierno planteado como una cárcel casi militar sitúa a Hitler ante un infierno propio cuanto menos sorprendente, y a todas luces divertido.

En contraposición, la organización de El Grial está planteada casi como un calco de lo visto en los cómics, incluido el carácter de Herr Starr (Pip Torrens, visto en La chica danesa). Es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de esta segunda temporada, básicamente porque su presencia en el desarrollo dramático posterior es imprescindible para comprender el viaje del héroe. De ahí que los guionistas aprovechen esa falta de fe del protagonista a la hora de buscar a Dios para introducir esta organización, establecer las relaciones dramáticas entre ellos y sentar las bases del posterior conflicto que se vaya a desarrollar. Y aquí puede verse, en su máximo esplendor, la estructura argumental de esta temporada, construida de forma orgánica para que todas las líneas narrativas se nutran unas de otras. Lejos de plantear historias secundarias que corran de forma paralela a la principal (que también hay algo de esto), los creadores aprovechan los conflictos aparentemente secundarios para influir, en mayor o menor medida, en la historia principal protagonizada por Jesse Custer.

De este modo, la trama es capaz de crecer. Si antes hablábamos de la diferencia entre la primera y la segunda temporada en lo que a las relaciones entre los tres protagonistas se refiere, ahora es conveniente señalar que esto no deja de ser una forma de trasladar la dinámica que debe existir en una secuencia, en un acto y en un episodio (o una película) a un concepto mayor como es una serie de varias temporadas. Del éxito logrado en la primera temporada se pasa a las decepciones que se viven en esta segunda etapa. Y lo más probable es que la tercera temporada ahonde en estas diferencias y en el pasado de los protagonistas, a tenor de algunos datos ofrecidos en estos 13 capítulos. Pero eso es adelantar acontecimientos. La realidad es que la estructura dramática de esta entrega logra crecer en la adversidad, construyendo con mimo y cuidado los conflictos tanto internos de cada personaje como externos (ya sea entre amigos o enemigos).

Lo cierto es que la segunda temporada de Predicador confirma a esta serie como una de las más irreverentes que existen actualmente. Nada en ella está dejado al azar, ya sea por seguir la línea argumental del cómic, ya sea incorporando sus propios escenarios y tramas. El humor negro, la ironía y la violencia que roza el absurdo siguen siendo, por suerte, las señas de identidad de la serie, pero hay algo más. Algo que hace que la trama crezca, que los personajes adquieran más complejidad. Y en este caso, ese algo son sus miedos, sus errores del pasado y su frustración por no poder solventarlos como, hasta ahora, habían podido afrontar todos los conflictos. En definitiva, ponerles ante sus debilidades para que puedan crecer en la adversidad. Así las cosas, la serie afronta ahora, de continuar la estela del cómic original, los momentos más oscuros y dramáticos de todos. Teniendo en cuenta la originalidad y la frescura que aportan los guionistas, la expectación es máxima.

1ª T. de ‘Preacher’, transgresión para una historia diferente al cómic


Dominic Cooper, Ruth Negga y Joseph Gilgun dan vida a los tres protagonistas de 'Predicador'.Si algo positivo tienen las adaptaciones de cómics de superhéroes al cine y la televisión es que abren la puerta a un mundo mucho más amplio, más oscuro y más adulto. Me refiero a esas historias gráficas que se han convertido en auténticas obras de culto y referentes para los amantes de este elemento de la cultura. A esto ha contribuido también, claro está, el éxito de The Walking Dead. Todo esto viene a cuento de la primera temporada de Predicador, versión televisiva de la obra creada por Garth Ennis y Steve Dillon que han adaptado Sam Catlin (serie Breaking Bad), Evan Goldberg (Malditos vecinos 2) y Seth Rogen (Juerga hasta el fin) en una historia que, aunque ligeramente diferente, mantiene la esencia gamberra y transgresora de su argumento.

Para aquellos que no lo conozcan, la trama se centra en Jesse Custer, un joven predicador de Texas en una parroquia en medio de ninguna parte que es poseído por una entidad cuyo poder se equipara al de Dios. Capaz de ordenar a la gente que haga aquello que no quiere, inicia un viaje acompañado de su antigua novia y de un vampiro irlandés para encontrar a Dios y pedirle explicaciones por haber abandonado el Cielo. Y aunque esta es la historia, en líneas generales, del cómic, esta temporada aborda sin embargo el modo en que el protagonista afronta su nuevo poder, todo ello con un hilo argumental totalmente nuevo, al menos con respecto a la línea regular de la historia gráfica.

Y es precisamente por esa libertad que Predicador logra una dinámica única, a medio camino entre las referencias de las páginas originales y el humor negro que aportan el trío de creadores. A pesar de la presencia de personajes conocidos, la introducción de roles secundarios que encajan perfectamente en el mundo creado por Ennis y Dillon no hace sino enriquecer la trama, cuya narrativa, por cierto, es algo inconexa al inicio pero coherente en su resolución. A lo largo de los 10 episodios el tratamiento se centra en desarrollar tanto el poder del protagonista (con algunos momentos tan hilarantes como inquietantes) como el triángulo que se forma con los que serán los otros grandes personajes de la trama. Aunque es cierto que hay algunos momentos en que su relación no se sustenta demasiado bien (los acontecimientos ocurren demasiado rápido, perdiendo justificación), en líneas generales componen sólidamente las bases de la dinámica que, presumiblemente, se explotará más adelante, dejando para ello algunas pinceladas de los sentimientos, del pasado y de los caracteres de cada uno.

No es extraño que en este tipo de producciones los elementos novedosos se terminen convirtiendo en lo realmente atractivo. Y como he mencionado, la diferente historia y los personajes secundarios son los que marcan realmente el tono de esta ficción, amén de una puesta en escena tan ácida como malsana en algunos momentos. En este sentido, destaca la labor de Jackie Earle Haley (Watchmen) con un rol tan intrigante como desagradable, cuya falta de fe y de sentimientos roza lo monstruoso. En cierto modo podría entenderse como un preludio de lo que está por llegar, pues sea fiel o no a las páginas del cómic, parece evidente que los personajes de este tipo van a ser una constante. La pregunta es si los demás estarán a la altura de semejante villano, porque de no ser así posiblemente la serie decaiga.

Ángeles y demonios

De este modo, la primera temporada de Predicador desprende la esencia de la saga original en todos y cada uno de sus fotogramas. La combinación de drama y acción otorga a la trama el equilibrio perfecto entre humor y violencia, entre intriga y comedia. Curiosamente, sus creadores apuestan por una espectacularidad que no se desprende, al menos no siempre, de las páginas del cómic, que afronta desde el comienzo una búsqueda más terrenal. La forma de presentar a Cassidy (un idóneo Joseph Gilgun –Pride-) es tan inesperada como salvaje, definiendo casi en una única secuencia la mayoría de matices de su personalidad. Algo similar ocurre con el rol de Tulip O’Hare, un papel que Ruth Negga (Loving) ha hecho suyo hasta niveles insospechados.

Evidentemente, el protagonista es el que se lleva un mayor desarrollo dramático. Más allá de la labor de Dominic Cooper (Warcraft. El origen), lo realmente interesante es el proceso que vive el predicador una vez recibe a Génesis. Proceso en el que ángeles y demonios tienen mucho que ver, y en el que tienen lugar algunas de las mejores y más hilarantes secuencias de esta temporada, desde la lucha en la iglesia hasta esa habitación de un motel llena de cadáveres repetidos de los mismos ángeles. Esto, además, confirma la necesidad de los guionistas de alejarse deliberadamente de la historia original en algunos de sus aspectos. Posiblemente lo único que se le pueda echar en cara a la trama es una cierta inconexión en la forma de abordar el pasado y las relación de este predicador con el rol de Negga. No es que no se explique, sino que su forma de enfocarlo puede desorientar a algunos espectadores durante los primeros compases de la historia.

Y en medio de todo esto, el Santo de los Asesinos. Este imprescindible personaje de la trama, interpretado por Graham McTavish (La hora decisiva), es introducido en la temporada casi como un elemento diferenciador, sin demasiada conexión con el resto de la trama pero que, poco a poco y a base de repetir su única y corta línea argumental una y otra vez, va adquiriendo relevancia dramática para, en el último episodio, confirmar no solo su pasado o su presente, sino el futuro que va a tener en el argumento. Y como no podía ser de otro modo, protagoniza una de las secuencias más violentas de la serie rodada, por cierto, aprovechando el fuera de campo de un modo pocas veces visto en televisión.

Se puede decir que la primera temporada de Predicador, a pesar de sus diferencias con el cómic original, se mantiene fiel al espíritu tan transgresor y gamberro que tienen las viñetas. Poco importan, por tanto, que el pasado o la presentación de los personajes se ajuste a la idea de Garth Ennis y Steve Dillon. Poco importa que la trama se desarrolle de forma totalmente diferente. Al final, lo que cuenta es si realmente esta serie puede enmarcarse en el mundo de este predicador con una entidad todopoderosa en su interior. La respuesta es un rotundo sí, por lo que solo se puede disfrutar del humor ácido que desprenden sus secuencias. Y sobre todo, mostrar la esperanza en que las siguientes temporadas entrarán de lleno en la búsqueda de Dios que ha iniciado Jesse Custer.

‘La luz entre los océanos’ desvela ‘Figuras ocultas’ en los estrenos


Estrenos 20enero2017Se podría decir que el estreno de La ciudad de las estrellas (La La Land) el pasado viernes ha abierto la temporada de títulos “de prestigio”, o lo que es lo mismo, aquellos que competirán en muchas de las categorías de los principales premios durante los próximos meses. Y como no podía ser de otro modo, este 20 de enero también llegan a la cartelera algunos de esos títulos, con el denominador común de pertenecer al drama. Eso sí, para los amantes de la acción también queda un hueco.

Posiblemente el estreno más esperado sea La luz entre los océanos, drama romántico basado en la novela de M.L. Stedman que escribe y dirige Derek Cianfrance (Cruce de caminos). La trama se centra en la vida de un farero, veterano de guerra, y su esposa en una solitaria isla. Sus infructuosos intentos por tener un hijo se compensan cuando encuentran un bebé en una barca a la deriva, pero a pesar de sus deseos por formar una familia, el destino parece tener otros planes. El reparto, de altura, está encabezado por Michael Fassbender (Assassin’s Creed), Alicia Vikander (Jason Bourne), Rachel Weisz (La juventud) y Anthony Hayes (Healing).

También dramática, aunque en este caso de corte histórico y basada en una historia real, es Figuras ocultas, adaptación del libro escrito por Margot Lee Shetterly acerca del equipo de mujeres afroamericanas que en los años 60, en plena carrera espacial, aportó los datos necesarios a la NASA para desarrollar el primer programa de lanzamiento de una misión al espacio. Dirigido por Theodore Melfi (St. Vincent), el film está protagonizado por Octavia Spencer (De padres a hijas), Taraji P. Henson (serie Empire), Kirsten Dunst (serie Fargo), Kevin Costner (Criminal), Mahershala Ali (Los hombres libres de Jones), Glen Powell (Todos queremos algo), Janelle Monáe (Moonlight) y Jim Parsons (serie The Big Bang Theory).

Muy distinta es xXx: Reactivated, nueva entrega de la saga que recupera a Vin Diesel (El último cazador de brujas) como protagonista con esta historia en la que su personaje, dado por muerto, vuelve a la acción junto a su mano derecha para encontrar y recuperar una mortífera arma conocida como ‘La caja de Pandora’. Acción, aventura y dosis de intriga son los ingredientes de esta historia dirigida por D.J. Caruso (Disturbia) y cuyo reparto se completa con Deepika Padukone (Tamasha), Samuel L. Jackson (Los odiosos ocho), Nina Dobrev (Vamos de polis), Ice Cube (Infiltrados en Miami), Toni Collette (Ya te extraño), Donnie Yen (Rogue One: Una historia de Star Wars) y Ruby Rose (serie Orange is the new black).

Estados Unidos y Reino Unido colaboran en Loving, otro de los títulos que podrían tener presencia en los Oscar. Este intenso drama romántico, basado en la vida de Richard y Mildred Loving, narra su lucha en 1958 para regresar a su Virginia natal, estado del que fueron expulsados por cometer el delito de formar un matrimonio interracial. Una batalla que les llevaría más de una década. Escrita y dirigida por Jeff Nichols (Mud), la película está protagonizada por Joel Edgerton (La venganza de Jane), Ruth Negga (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Michael Shannon (Animales nocturnos), Marion Csokas (The equalizer), Nick Kroll (My blind brother), Jon Bass (Ratter) y Bill Camp (Jason Bourne).

Puramente europea es Colonia, producción de 2015 con capital francés, alemán y luxemburgués que, en clave de thriller con dosis de drama romántico, narra la historia de una joven que sigue el rastro que ha dejado su novio, capturado por la policía secreta de Pinochet, para poder encontrar el lugar en el que le tienen retenido. Florian Gallenberger (John Rabe) dirige esta cinta protagonizada por Emma Watson (Regresión), Daniel Brühl (El quinto poder), Michael Nyqvist (Reina Cristina), Martin Wuttke (El atlas de las nubes) y Vicky Krieps (Antes del frío invierno).

Más reciente es Toni Erdmann, film coproducido por Alemania, Austria y Rumanía en 2016 que ha sido escrito y dirigido por Maren Ade (Entre nosotros), y cuya trama gira en torno a una mujer cuya ordenada y aparentemente perfecta vida da un vuelco cuando su padre le hace una simple pregunta: ¿Eres feliz? La incapacidad de la joven de dar una respuesta le llevará a plantearse su modo de vida, y a crear un personaje imaginario que ayude a dar sentido a su entorno. Peter Simonischek (Biest), Sandra Hüller (Henri 4), Lucy Russell (I’m still here), Hadewych Minis (Borgman) y Trystan Pütter (Hannas reise) encabezan el reparto.

En lo que a estrenos españoles se refiere, Los del túnel es la ópera prima de Pepón Montero, una comedia que narra lo que ocurre después de una catástrofe. En concreto, la cinta se centra en un grupo de personas que, tras pasar 15 días encerrados en un túnel, son rescatados y, para celebrarlo, quedan a cenar todos los viernes. El problema es que esos encuentros solo reafirman el papel que cada uno tuvo en el incidente. Sin embargo, el “idiota del grupo” empieza a reflexionar sobre las posibilidades de dejar su papel en esa especie de pantomima. El reparto está integrado, entre otros, por Natalia de Molina (En tu cabeza), Arturo Valls (Rey Gitano), Raúl Cimas (Extraterrestre), Manolo Solo (Tarde para la ira), Teresa Gimpera (Dos rivales casi iguales) y Neus Asensi (Los muertos van deprisa).

El thriller con sello español está representado por Callback, cuya historia, ambientada en Nueva York, sigue a un joven que trabaja como mozo de mudanzas y que sueña con ser actor. Su solitaria vida da un vuelco el día que conoce a Alexandra. Dirigida por Carles Torras (Open 24h), la película está protagonizada por Timothy Gibbs (Nick), Lilli Stein, Larry Fessenden (Pod) y Martin Bacigalupo.

Y este viernes también se produce el regreso de una de las criaturas más conocidas del cine. Shin Godzilla es el título de esta cinta japonesa en la que el monstruo regresa al país asiático en pleno siglo XXI para sembrar el caos y la destrucción en la población, que deberá recurrir a toda su fuerza para detenerlo. Hideaki Anno (Love & Pop) y Shinji Higuchi (Ataque a los Titanes) son los directores de este film interpretado por Satomi Ishihara (Sadako 3D), Yutaka Takenouchi (At home), Ren Ohsugi (U-31) e Hiroki Hasegawa (Kurage hime), entre otros.

También desde Japón llega Terra Formars, nueva cinta de Takashi Miike (13 asesinos) que adapta el manga creado por Yû Sasuga y Kenichi Tachibana en el que, con una combinación de ciencia ficción, acción y terror, se narra el viaje de 15 personas, seleccionadas entre lo peor de lo peor de la sociedad, a Marte, donde la Humanidad comenzó un proceso de terraformación hace 500 años enviando cucarachas y musgo. El objetivo de este grupo es acabar, precisamente, con las cucarachas, que han evolucionado hasta convertirse en humanoides con una fuerza y agilidad extremas. Para poder luchar contra ellas, cada uno de los exterminadores es modificado genéticamente con las capacidades de un insecto. La película, que llegó a los cines el 19 de enero, está protagonizada por Rinko Kikuchi (Pacific Rim), Rila Fukushima (Lobezno inmortal), Kane Kosugi (Tolerancia cero), Emi Takei (Clover) y Takayuki Yamada (Bakuman.)

En lo que a animación se refiere, dos propuestas. Por un lado, Blinky Bill, el koala se trata de una nueva aventura del conocido koala en la que deberá recorrer Australia para encontrar a su padre. Aventura y diversión en animación por ordenador en cuya dirección hay hasta cuatro nombres: Deane Taylor (Duck ugly), Noel Cleary, Alexs Stadermann (La abeja Maya: la película) y Alex Weight. En lo que a las voces de la versión original, encontramos las de Ryan Kwanten (serie True Blood), Charlotte Rose Hamlyn (serie Heidi), Barry Humphries (Un hombre de éxito), Deborah Mailman (Aviones de papel), Barry Otto (El gran Gatsby) y Rufus Sewell (Hércules).

Por otro, El regalo de Molly Monster es una aventura para toda la familia realizada a tres bandas por Matthias Bruhn, Michael Ekbladh y Ted Sieger (los tres debutantes en el largometraje) y con capital alemán, suizo y sueco. Su argumento se centra en un personaje cuya apacible vía en compañía de sus padres y su muñeco se ve alterada con la llegada de un hermano que obligará a la protagonista a iniciar un viaje que la llevará lejos de casa. Sophie Rois (3), Jay Simon (Heavy duty), Judy Winter (Rosenkavalier) y Tom Eastwood ponen las voces principales.

2ª T. de ‘Agentes de S.H.I.E.L.D.’, más superpoderes a la trama


El mundo alienígena adquiere protagonismo en la segunda temporada de 'Agentes de S.H.I.E.L.D.'.Cada vez resulta más evidente que para determinados géneros y determinadas tramas televisivas el formato episódico es infructuoso. La serie Agentes de S.H.I.E.L.D. lo experimentó en sus propias carnes durante la primera temporada, salvando los muebles como sus protagonistas, es decir, en el último momento. Pero una vez superado el bache, lo que nos encontramos en esta segunda etapa es un producto consciente de su dimensión, de sus posibilidades y de sus fortalezas. Y de nuevo como el grupo de protagonistas, ha sabido aprovecharlas en beneficio propio para evolucionar de forma espléndida.

Desde luego, lo más interesante de estos nuevos 22 episodios creados por Maurissa Tancharoen, Jed Whedon y Joss Whedon (serie Dollhouse) es la facilidad con la que entrelazan los diferentes arcos dramáticos de los personajes para conformar una historia fluida que salta de una trama a otra sin altibajos, sin excesivos sobresaltos y, lo más importante, de forma orgánica. Si bien es cierto que la perspectiva general es la de abordar el pasado del personaje interpretado por Chloe Bennet (serie Nashville), en la práctica esto ha permitido desarrollar el trasfondo del resto de roles a través de sus respectivas historias.

Esto no quita para que no existan momentos de cierta zozobra narrativa, como esa primera parte de esta temporada en la que Agentes de S.H.I.E.L.D. parece regodearse en exceso en la búsqueda de una localización a través de la obsesión de una escritura alienígena. Pero incluso ese aspecto, que gira sobre sí mismo en demasiadas ocasiones, debe ser visto dentro de una imagen mucho mayor que ayuda a comprender otros aspectos que posteriormente se desarrollarán en los capítulos. De hecho, es gracias a eso que el espectador puede llegar a comprender buena parte del mundo que se presenta en la segunda mitad de la temporada, que al igual que ocurrió en la primera entrega, es sensiblemente mejor.

La incorporación de nuevos personajes, además, ha generado un extraño equilibrio. Por un lado, no han logrado quitar el protagonismo al equipo principal, ya sean héroes o villanos, como es el caso del personaje de Brett Dalton (Beside Still Waters); por otro, han aportado el dinamismo y el contexto necesario para enriquecer la trama y crear una serie de historias paralelas que ayudan a la trama principal a desarrollarse libremente, sin la presión de tener que presentar conflictos constantemente y sin la necesidad de giros argumentales artificiosos. Dicho de otro modo, estas historias han ayudado a cubrir los huecos que invariablemente deja toda trama principal en su desarrollo, ofreciendo al espectador una imagen global del mundo Marvel que aborda la serie.

Más allá de los superhéroes

Una imagen global, por cierto, que se completa con algo que la casa responsable de superhéroes como Spider-Man o Iron Man ha sabido hacer mejor que nadie. Así, a lo largo de esta segunda temporada de Agentes de S.H.I.E.L.D. no solo se dejan ver algunos actores que encarnan a personajes relevantes en las películas que cada año llenan salas de cine en todo el mundo. También tienen especial relevancia los propios acontecimientos de dichas películas, que influyen en mayor o menor medida en el desarrollo de la propia serie.

Todo ello crea un gran fresco que los fieles seguidores de estas películas encontrarán sumamente interesante. Que el personaje de Ruth Negga (Guerra Mundial Z) sea capaz de ver lo que ocurrirá en Los Vengadores: La era de Ultrón, o que los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno (2014) determinen algunas historias secundarias de esta temporada son solo algunos ejemplos de cómo cuida los detalles la Casa de las Ideas y de la importancia que le da a la retroalimentación entre todos sus productos.

Aunque desde luego uno de los aspectos mejor abordados de esta segunda temporada es cómo ha evolucionado hacia los superhumanos, o mejor dicho los Inhumanos. Una de las máximas de la serie siempre ha sido la de presentar a un equipo sin superpoderes que es capaz de funcionar y resolver conflictos sin superhéroes, pero en esta tanda de episodios la trama ha evolucionado para presentar un mundo en el que hombres y superhombres, humanos y “mejorados”, conviven de diversos modos. Por supuesto, y como ocurre siempre en cualquier cómic, la transición ha sido dolorosa e incluso mortal para muchos personajes, pero el resultado no podría ser mejor, y sobre todo, dejar la trama en un mejor punto de arranque para la tercera temporada.

En definitiva, Agentes de S.H.I.E.L.D. no solo logra mantener el nivel en esta segunda temporada, sino que ha sabido evolucionar hasta encontrar un equilibrio entre el mundo de los superpoderes y el “mundo real” en el que en teoría se enmarcan los principales personajes. Como si de un cómic se tratara, y ese es uno de sus mayores logros, ha sabido encauzar todas las tramas para resolverlas en un doble episodio final que no solo deja la trama preparada para la siguiente etapa, sino que cierra un ciclo enriquecido por la naturalidad con la que se han sucedido y se han nutrido entre ellas las tramas. Un entretenimiento puro que no deja lugar para el aburrimiento. Poco más se le puede pedir.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: