‘Las tres luces’, el romanticismo de una Muerte cansada según Lang


La Muerte es el eje narrativo de 'Las tres luces' de Fritz Lang.El expresionismo alemán suele asociarse siempre a una estética que enfatiza el carácter onírico y simbólico de historias que tienen, o al menos eso se ha interpretado con el paso del tiempo, un trasfondo político marcado por una época histórica convulsa. Uno de los máximos referentes fue Fritz Lang, director del que ya hemos hablado en más de una ocasión en Toma Dos. Pero antes de grandes obras como Metrópolis (1927) hubo películas tal vez menores pero de un incipiente expresionismo que, contrariamente a lo que pueda pensarse, huía del contenido político o social para desarrollar el romanticismo en su forma más pura, es decir, aquella que ensalza el verdadero amor como aquel que traspasa la vida y la muerte. Me estoy refiriendo a Las tres luces (1921).

También conocida como La muerte cansada, su trama narra la desesperada lucha de una novia contra el destino y la propia muerte para salvar el alma de su amado, al que esta última se ha llevado inesperadamente. A través de tres relatos de diferentes influencias culturales la joven deberá demostrar a una humanizada muerte que en el mundo existen motivos para poder salvar un alma bondadosa. Sin embargo, el repetitivo y fatídico resultado de esas tres historias no solo abrirá los ojos a la joven ante una realidad difícil de aceptar, sino que llevarán a la mujer a encontrar el camino del verdadero amor. De este argumento se desprenden numerosos atractivos dramáticos, aunque como suele ocurrir en la obra de Lang lo más destacable es la factura técnica y la capacidad simbólica de su narrativa.

En efecto, el título de Las tres luces hace referencia a esas tres vidas que la joven debe salvar en parajes exóticos. Tres vidas representadas por tres velas a punto de consumirse en una habitación plagada de llamas de diferentes alturas que, como la vida misma, están condenadas a consumirse. En este contexto, el otro título que recibe la película no hace sino destacar el carácter casi derrotista de un personaje, la Muerte (al que da vida Bernhard Goetzke, visto en El misterio del cuarto azul), hastiado de una responsabilidad que le ha convertido en un ser distante, frío e insensible. Los diálogos entre este y la joven, interpretada por Lili Dagover (El gabinete del Doctor Caligari), reflejan una profundidad emocional que dista mucho de las clásicas diatribas sobre el sentido de la muerte, acercándose más a la necesidad de que exista amor en el mundo.

A este concepto subyacente del amor por encima de la muerte se suman otras ideas más expresionistas, como ese muro sin puertas ni ventanas que representa la separación entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, al que solo puede accederse a través de una escalera, elemento recurrente del movimiento artístico y cuyas interpretaciones van desde la conexión entre mundos al carácter laberíntico de una estructura que, según la perspectiva, va en un sentido o en otro. Todos estos elementos juegan a favor de una historia compuesta, en realidad, por tres historias casi idénticas que no hacen sino reforzar la idea principal de que nada puede detener el “trabajo” de Muerte, pero sí existe algo que puede sobreponerse a ello.

Tres mundos

Lo cierto es que las historias que se narran en Las tres luces importan relativamente poco en el análisis fílmico de este clásico de Lang. Puede parecer un contrasentido, pero en realidad cada una de esas historias debe ser vista como una especie de cuento corto cuya utilidad, más que dramática, es narrativa y argumental. Así, cada una de esas historias supone un escalón más (de nuevo el concepto de escalera) hacia la comprensión final de la protagonista, cuya lucha comienza siendo física y termina por ser espiritual. Eso no quiere decir, en ningún caso, que las tres historias no posean alicientes visuales que analizar.

Sin ir más lejos, la última de ellas incorpora un interesante recurso de combinación de tamaños que luego se utilizaría en otras obras del director. La aparición de elementos de pequeño tamaño en una secuencia protagonizada por actores a su tamaño real en la China Imperial encuentra, a su vez, un significado interesante que confirma no solo la idea de que todo elemento ante la Muerte parece ínfimo, sino que es el colofón al proceso iniciado con la primera historia ambientada en las Mil y una Noches, en la que la joven está a punto de salvar al amado hasta que este es alcanzado por una flecha lanzada por ese destino inevitable.

La conclusión del film es, además, uno de los momentos más emotivos y dramáticos de esta historia. Independientemente de lo que ocurre en la secuencia, y que no desvelaré, lo interesante se encuentra, como es habitual en el cine de Fritz Lang y en el expresionismo en general, en la interpretación de los acontecimientos. En realidad, la moraleja evidencia que el punto de vista de la joven protagonista era erróneo, pues tiende a verlo desde la egoísta perspectiva de aquel que vive y pretende cambiar el mundo para hacerlo a su semejanza, cuando en realidad debe ser él (o ella, en este caso) quien cambie para adaptarse a un mundo que es incapaz de controlar. Es este contraste de ideas el que dota al conjunto de un carácter mucho más emotivo y dramático del que cabría esperar viendo el desarrollo casi aventurero y onírico de sus historias.

Gracias a todo ello, Fritz Lang compone una obra atemporal, mágica y fundamental. Las tres luces se revela así como un clásico cuyo mensaje, a diferencia del expresionismo que llegó después, aborda el tema del amor y la muerte recurriendo a la fantasía pero creando un desarrollo dramático cuya estructura se podría considerar clásica. El planteamiento, nudo y desenlace se encuentran representados en este caso por tres historias que, aunque puedan parecer similares, esconden un trasfondo que hace evolucionar a la protagonista hasta alcanzar la comprensión final de que para que el amor venza a la muerte no es necesario luchar contra ella, sino aceptarla. Una obra, en definitiva, compleja y completa en todos sus aspectos.

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Hans Zimmer revoluciona la música del peplum con la banda sonora de ‘Gladiator’


El cambio de siglo en la realización audiovisual vino marcado principalmente por el estreno de Matrix, cinta que ha supuesto un antes y un después en el uso de los efectos digitales. Pero el siglo XXI también alumbró un fenómeno que marcó a diversos realizadores y productores, y que permitió revitalizar un género que se daba por muerto. Sin duda, Gladiator (2000) merece numerosos análisis desde diferentes puntos de vista, pero en esta ocasión centramos la atención en su elemento musical, tan importante o más como el ritmo, la estructura narrativa o los homenajes a diferentes films históricos que contiene esta película de Ridley Scott (Blade Runner).

Compuesta por Hans Zimmer, la banda sonora de este peplum moderno y, en cierto sentido, ya clásico, rompió con los cánones que hasta entonces se entendía debían tener este tipo de producciones. Si bien está centrada en la acción, el drama y la venganza, la película protagonizada por Russell Crowe (Los próximos tres días) presenta un importante y arraigado componente poético y romántico que, más allá de una fotografía conscientemente gris y pálida y de unos magistrales decorados a medio camino entre lo físico y lo digital, viene definido por la música.

Música, por cierto, que no sería lo mismo sin la mágica voz de Lisa Gerrard, auténtico descubrimiento de una banda sonora que descoloca casi tanto como hipnotiza. En efecto, el uso del lirismo y las ritmos pausados en momentos tan importantes como las batallas, los combates en la arena o las conspiraciones suponen un cambio radical en el tradicional ritmo frenético, metálico y grave de las secuencias de acción, pero al mismo tiempo ofrecen una visión imprescindible de lo que realmente acontece frente a nuestros ojos, y que no es otra cosa que el carácter del protagonista.

Aunque la música se utiliza en secuencias donde no aparece Crowe, la labor de Zimmer y Gerrard es clara y concisa. Toda la historia está vista a través de los ojos de un hombre sencillo, humilde y alejado de la pompa romana, cuyo único objetivo es servir a Roma para poder vivir una vida tranquila junto a su familia. En este sentido, el relato queda irremediablemente marcado por una carga emocional que dirige las acciones del protagonista, y que determinan todo su periplo hasta el aciago final, que por otro lado no es sino la conclusión que más desea, y que vuelve a quedar patente gracias a ese tema tan magistral titulado ‘Now we are free.

Influencia romana

El lirismo, sin embargo, también deja espacio para los momentos más brutales, en los que la acción, la sangre y el sadismo adquieren protagonismo. Así, algunas composiciones como ‘The battle’ combinan perfectamente los instrumentos de cuerda como los violines o las arpas (junto con las percusiones más suaves) con instrumentos más agresivos como los tambores o las trompetas, cuyo uso se mezcla con el choque de metal para dar un mayor efecto de dramatismo y tensión en plena batalla. Una épica que no es ajena a las influencias más clásicas y que obliga a recordar en todo momento que estamos ante un producto único, ante una historia contada mil y una veces pero desde un nuevo punto de vista.

Y como si de una repetición de la historia se tratase, esta “película de romanos” marcó un antes y un después en la forma de entender el peplum. Las cintas que la siguieron, como Alejandro Magno (2004), 300 (2006) o la propia El reino de los cielos (2005), también de Ridley Scott, repiten los patrones como si de buenos alumnos se tratara. Patrones como los ritmos militares para los combates, o el ya mencionado lirismo para los momentos más dramáticos de los guiones.

Por supuesto, todas incluyen los cambios necesarios para adaptar la estrategia al carácter de cada producto, pero en cualquier caso el uso de los instrumentos denominados “mágicos” otorgan ese carácter elevado y psicológico a unos protagonistas marcados por un destino que no han elegido, conscientes de cuál va a ser su final y cuyo único objetivo es regresar a sus hogares. Y todo combinado, como ya hemos mencionado, con las composiciones más tradicionales, aquellas ya conocidas capaces de ensalzar el valor de una batalla o de una lucha cuerpo a cuerpo a través del uso de percusión y viento metal.

Gladiator, por tanto, dio pie a una nueva forma de entender el peplum gracias a un estilo personal y único que, aunque inspirador, nunca ha sido capaz de ser repetido. Claro que de poco o nada serviría la música si el resto de elementos no fueran en consonancia. Pero ese análisis será en otra ocasión. A continuación, algunos de los temas de los que hemos hablado.

Now we are free

The battle

‘[REC]3: Génesis’: una boda fuera de lo común


En 2007, el cine de terror español vivió uno de sus momentos más dulces gracias al estreno de [REC], una propuesta innovadora en su forma y original en su fondo que hizo saltar de la butaca a más de uno, sobre todo con ese final resuelto con la visión nocturna de una cámara de vídeo. La pregunta que cabría hacerse sobre esta tercera parte es: ¿más de lo mismo? ¿merece la pena? Bueno, la respuesta es un rotundo sí. Sí para los seguidores del género zombi; sí para los fans del terror; y sí para los más nostálgicos que echen de menos producciones del tipo Braindead, tu madre se ha comido a mi perro.

Sin embargo, aviso para puritanos. La película de Paco Plaza, esta vez en solitario sin Jaume Balagueró, apuesta por un estilo más tradicional, dejando a un lado el formato casero y “amateur” para narrar los orígenes de la enfermedad zombie en medio de una boda de una forma más “cinematográfica”, si bien la transición de uno a otro es sencillamente perfecta y, al mismo tiempo, queda perfectamente marcada con un recurso que aquí no vamos a desvelar. Igualmente, la película tampoco es apta para determinados estómagos. El carácter más bien intrigante que poseían las dos primeras partes queda aquí paliado por una apuesta más salvaje, visceral y sangrienta que queda aderezada en todo momento por la comedia.

En efecto, el carácter cómico, casi autoparódico, de la película es, en el fondo, lo que convierte a este relato en un gran hallazgo de nuestro cine. Un humor que, a diferencia de cintas como Torrente, apuesta más por el elemento incoherente en una historia ya de por sí extravagante. Personajes que creen saber mucho de cine, animadores infantiles con un disfraz sospechosamente parecido a un personaje animado, o una crítica descarada a uno de los hechos más sangrantes de nuestros defensores de la propiedad intelectual son solo algunos de los momentos más delirantes y aplaudidos, a los que cabría sumar la forma de matar a los monstruos, a cada cual más gore.

Pero si el cambio formal que practican Paco Plaza y su equipo es más que evidente, no lo es menos la evolución de los personajes, sobre todo el de la novia, interpretada maravillosamente por Leticia Dolera (Spanish movie, donde imitaba a Manuela Velasco en… [REC]). Dos frases definen al detalle el cambio que da su personaje. Del “vais a flipar” que dice a una pareja al comienzo de todo el fenómeno, al “este es mi día” que suelta motosierra en mano contra unos zombis, no ocurre mucho en cuestión de minutos de metraje, pero hay todo un mundo en el aspecto narrativo. No soy el primero que lo dice, y no seré el último, pero el personaje de Dolera se convierte en una suerte de Uma Thurman en Kill Bill, lo que lejos de resultar ridículo termina por estimular el conjunto.

Un conjunto, por cierto, que bebe de numerosas referencias previas. De hecho, la cita anterior de Braindead, la tercera película de Peter Jackson, no es casual. Incluso uno de los asesinatos de zombis homenajea una de las escenas finales de dicha película. Pero lo novedoso, lo que realmente hace que la película se alce por encima de otras historias similares, es el romanticismo que impregna todo el relato. Al fin y al cabo, esto es una boda. La lucha desesperada de los recién casados por buscar una salida es lo que mueve a la historia, permitiendo además un equilibrio que resulta casi natural entre el drama, lo irreal y la comedia. De hecho, las peleas por la supervivencia, en esa apuesta por el gore más clásico, resultan menos dramáticas que una simple escena con un autobús como protagonista. Sencillamente espeluznante.

Película más que recomendable para los fans, [REC]3: Génesis promete diversión y vísceras a raudales. Eso sí, que nadie desvíe la atención a otra cosa. Los detalles son importantes, muy importantes. Ese es otro de los pilares fundamentales y sólidos del film. Todo lo que se cuenta, ya sea con cámara casera o en “formato cine”, es importante, por lo que atentos a todo lo que se mencione. No defraudará.

Nota: 8/10

Diccineario

Cine y palabras

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