‘Transformers: El último caballero’: robots de destrucción masiva


Mantener el interés en una saga cinematográfica (o de cualquier otro tipo), sea del género que sea, es todo un reto. Pero hacerlo con el mismo director una y otra vez tras las cámaras parece casi tarea imposible. Y la saga Transformers es un buen ejemplo, por desgracia para muchos que, como un servidor, ha crecido con estos robots capaces de adoptar formas de todo tipo de objetos, principalmente vehículos. Que Michael Bay siga ejecutando la parte visual de estos proyectos empieza a evidenciar un cansancio alarmante de ideas, utilizando siempre los mismos recursos narrativos para una batalla que, al final, termina siendo la misma film tras film. Y lo peor de todo es que los guiones cada vez tienen menos efectividad.

En esta ocasión, y con la excusa de la historia secreta de estos robots gigantes en la Tierra, la historia nos retrotrae a la época de Arturo y la Mesa Redonda. Más allá de lo idóneo o no de esta idea, el principal escollo que no logra superar Transformers: El último caballero es una narrativa con demasiados personajes secundarios luchando en diversos frentes, amén de la presencia de roles que no aportan absolutamente nada al conjunto, salvo metraje innecesario que alargan este espectáculo audiovisual y pirotécnico hasta las dos horas y media. Que las películas hayan crecido en complejidad visual y dramática es, hasta cierto punto, normal. Que lo hagan incorporando personajes autoparódicos sin relevancia ninguna no solo no es normal, sino que no aporta el toque de humor que podría presuponerse, e incluso resta credibilidad a un conjunto que, por lo demás, entretiene los suficiente como para no mirar demasiado el reloj.

Porque sí, al igual que sus predecesoras, la cinta entretiene. Tal vez no durante todo su metraje (una razón más para quitar minutos innecesarios), pero en líneas generales ofrece lo que promete: acción, aventura y mucha adrenalina. Ahora bien, nada más. La historia secreta de los Transformers se explica en los primeros instantes, y a pesar de algún que otro giro argumental a lo largo del desarrollo, la narrativa visual en los momentos en que los robots no se lían a tortazos es más bien deficiente, con diálogos que en algunos momentos rozan el absurdo en un intento de ser divertidos (que lo consigan o no depende, me imagino, de la predisposición de cada uno). Eso por no hablar del hecho de que en muchas ocasiones se solventa de un plumazo los momentos más relevantes de la trama. Y esta es la principal diferencia. Los primeros films, con sus defectos, narraban una historia con una cierta coherencia, con unos límites autoimpuestos para poder crecer.

Tras esta Transformers: El último caballero todo en la saga parece desmoronarse. El guionista abandona, el director parece dejar la silla, y se busca un cambio de sentido dramático y argumental. Desde luego, la saga necesita de un lavado de cara urgente, aunque la clave está en saber cómo debe ser dicho lavado. Por lo pronto, habrá que pensar qué hacer con un planeta, la Tierra, que ya no tiene Luna, cuya superficie se ha visto atacada por otro planeta y en la que, ahora sí, se han destruido definitivamente las pirámides de Egipto. Bueno, sea como sea, la puerta para las siguientes entregas queda abierta con el final de este film, así que todo es posible. Solo queda la esperanza de que estas películas vuelvan a demostrar, como dice su ‘slogan’, que hay más de los que los ojos ven.

Nota: 5/10

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Los hermanos Coen saludan a ‘Masacre’ con ‘¡Ave, César!’


Estrenos 19febrero2016Poco a poco los títulos con nominaciones a los Oscar están dejando paso a películas más “comerciales”, más enfocadas a distraer durante un par de horas que a estremecer con sus historias. Pero en esa transición la cartelera española todavía recibirá cintas que son, cuanto menos, diferentes. Y hoy viernes, 19 de febrero, va a ser uno de esos días. Comedias ácidas, cintas de acción, animación sorprendente y hasta relatos de época se dan cita en la amplia variedad de novedades que llegan.

Entre ellas destaca, sin duda, ¡Ave, César!, nueva comedia escrita y dirigida por los hermanos Coen (A propósito de Llewyn Davis) que recupera el espíritu más irónico, ácido y crítico de los directores. Ambientada en el Hollywood de los años 50, la trama se centra en las peripecias de un “arreglaproblemas” de uno de los estudios, que entre otras cosas deberá enfrentarse al secuestro de una de las estrellas. Y como suele ser habitual en estos hermanos, el reparto está plagado de grandes nombres, entre los que destacan George Clooney (Tomorrowland: El mundo del mañana), Scarlett Johansson (Vengadores: La era de Ultrón), Channing Tatum (Los odiosos ocho), Ralph Fiennes (Spectre), Jonah Hill (El lobo de Wall Street), Josh Brolin (Everest), Tilda Swinton (Y de repente tú), Alden Ehrenreich (Blue Jasmine), Frances McDormand (serie Olive Kitteridge), Alison Pill (serie The Newsroom) y Christopher Lambert (Electric slide).

Para los amantes de la acción y los superhéroes se estrena Masacre, traslación a la gran pantalla del conocido antihéroe de Marvel que supone el debut en el largometraje de Tim Miller y que narra los orígenes de Wade Wilson, un soldado de las fuerzas especiales convertido en mercenario que se somete a un experimento para luchar contra su enfermedad. Dicho experimento le otorga una curación acelerada y una serie de habilidades únicas, lo que le llevará a convertirse en Masacre y perseguir al hombre que ha acabado con su vida. Violencia y humor negro son las características de este personaje interpretado por Ryan Reynolds (Eternal), al que acompañan Morena Baccarin (serie Gotham), Gina Carano (Indomable), T.J. Miller (serie Silicon Valley), Style Dayne (Lecciones de amor) y Ed Skrein (Transporter Legacy).

Muy distinta es Anomalisa, propuesta de animación que sigue la banal existencia de un hombre deprimido y atormentado a pesar de tenerlo aparentemente todo. Marido, padre y autor de un libro de autoayuda superventas, su vida dará un vuelco durante un viaje de negocios en el que conocerá a una tímida comercial, en la que podría encontrar al amor de su vida. Charlie Kaufman (Cómo ser John Malkovich) es el autor de esta original película dirigida por él mismo en colaboración con Duke Johnson, y que tiene un reparto de voces integrado únicamente por David Thewlis (Macbeth), Jennifer Jason Leigh (Amores asesinos) y Tom Noonan (serie Daños y perjuicios).

El último de los estrenos norteamericanos, con colaboración canadiense en este caso, es Robots: La invasión, cinta de ciencia ficción y acción de 2014 que narra la invasión extraterrestre de una raza de robots que logran confinar a los humanos en sus casas mediante la implantación de unos chips. Si salen corren el riesgo de morir calcinados a manos de unas máquinas de matar tremendamente eficaces. La única esperanza parece estar en un grupo de jóvenes y en un plan para acabar con la nave nodriza que domina el cielo. Dirigida por Jon Wright (Tormented), la cinta está protagonizada por Gillian Anderson (serie La caza), Ben Kingsley (Aprendiendo a conducir), Callan McAuliffe (Soy el número cuatro), Milo Parker (Mr. Holmes) y Ella Hunt (Intruders).

Entre los estrenos europeos destacan las novedades españolas. Por un lado, La corona partida aborda las intrigas por la corona de Castilla entre Fernando V y Felipe el Hermoso, padre y marido respectivamente de Juana, legítima heredera al trono. Jordi Frades, director de la serie Isabel, es el responsable de poner en imágenes esta historia protagonizada por Rodolfo Sancho (Las nornas), Irene Escolar (Un otoño sin Berlín), Raúl Mérida (Reverso), Eusebio Poncela (La herencia Valdemar), José Coronado (Fuego) y Fernando Guillén Cuervo (Sangre de mayo).

Por otro, El mal que hacen los hombres narra, a modo de thriller, el mundo del narcotráfico y la violencia que conlleva. La historia se centra en un sicario y un médico anglosajón que esperan órdenes acerca de la joven hija de un narcotraficante que tienen secuestrada. La situación cambiará cuando un cuarto personaje entre en escena. Dirigida por Ramon Térmens (Negro Buenos Aires), la película está protagonizada por Daniel Faraldo (La hora de las sombras), Andrew Tarbet (Exodus: Dioses y reyes), Sergio Peris-Mencheta (Hablar), Priscilla Delgado (Los muertos no se tocan, nene) y Nikol Kollars (Sing for Darfur).

Desde Polonia llega Dioses, drama biográfico de 2014 dirigido por Lukasz Palkowski (Rezerwat) que aborda la vida de Zbigniew Religa, un cirujano del país que, en los años 80, luchó contra los cánones establecidos y los reparos sociales para llevar a cabo el primer trasplante de corazón con éxito. Tomasz Kot (Fotograf), Piotr Glowacki (Heavy mental), Magdalena Czerwinska (Kret), Rafal Zawierucha (Jack Strong) y Marian Zembala conforman el reparto principal.

Colombia, Argentina y Venezuela están detrás de El abrazo de la serpiente, aventura dramática que adapta el diario de Theodor Koch-Grunberg para narrar la relación que se establece entre un chamán de una tribu amazónica que ha decidido vivir aislado en la selva y un etnobotánico estadounidense, y que les llevará a cambiar su forma de ver el mundo. Ciro Guerra (Los viajes del viento) es el encargado de dirigir este film protagonizado por Jan Bijvoet (Borgman), Antonio Bolivar, Brionne Davis (Savaged) y Nibio Torres.

También sudamericana, en este caso de Brasil, es la cinta de animación El niño y el mundo, realizada por Alê Abreu (Garoto cósmico) en 2013. Su trama aborda la imagen del mundo que tiene un niño, tanto de los problemas como de la propia forma de las cosas. Así, la animación es tan sencilla y dinámica como la de un niño, combinando colores y una banda sonora que no siempre se ajusta a la visión de los adultos.

‘Transformers: La era de la extinción’: el transformio lo destruye todo


Optimus Prime deberá afrontar su mayor desafío en 'Transformers: La era de la extinción'.Ahora mismo no recuerdo ninguna saga cinematográfica que haya sido controlada por un único director/productor y haya sobrevivido para contarlo. Creativamente hablando, claro está. Y es que cuando un creador pasa demasiado tiempo enfrascado en un proyecto tras otro de características similares tiende a crear un bucle del que es muy difícil salir. Y si es alguien como Michael Bay (Dos policías rebeldes), lo normal es que dicho bucle se convierta en una orgía de destrucción, adrenalina y espectacularidad sin parangón. Esto no sería algo necesariamente malo si no fuera porque tras la fachada (y menuda fachada) debe existir una estructura sólida. Y por desgracia, ni siquiera el director es capaz de ocultar cosas como la nueva entrega de ‘Transformers’.

Cuando una película, a pesar de su espectáculo visual y de sus impecables efectos visuales y digitales, tiene momentos de tedio y diálogos que no van a ninguna parte algo falla. El texto escrito por Ehren Kruger, autor principal de esta saga cinematográfica, hace aguas en buena parte de su desarrollo, que por cierto es un tanto arriesgado para una película de estas características. Más allá de su duración, innecesaria a todas luces, Transformers: La era de la extinción presenta personajes y diálogos que intentan sin éxito recuperar el tono cómico y divertido que tuvieron sus antecesoras, sobre todo las dos primeras. El viaje que realizan Optimus Prime y la familia del personaje interpretado por Mark Wahlberg (El incidente) no termina de llenar los vacíos de acción que posee la trama, que por cierto modifica sustancialmente todo lo visto anteriormente, hasta el punto de convertir a estos robots espaciales en una creación mecánica, dejando aquello de la raza alienígena para otras épocas. Eso por no hablar del “transformio”, nuevo elemento que permite al director explorar vías diferentes de destrucción masiva.

Desde luego, el film gana enteros, y muchos, con las secuencias de acción, aunque incluso en estas se nota el cansancio narrativo y creativo de Bay, que no solo recurre a herramientas habituales en su cine, sino que reitera en numerosas ocasiones dichos recursos por si alguien no se había fijado la primera vez. Sin duda es espectacular, sobre todo en su tercio final con la presentación en sociedad de los Dinobots y esos combates a muerte entre los Autobots y una nueva raza de Decepticons que, como no podía ser de otro modo, recupera para la causa al villano por antonomasia de la saga. La cuestión es si todo esto es capaz de justificar el recorrido hecho con anterioridad. La respuesta dependerá del amor que se tenga por estos míticos juguetes.

Transformers: La era de la extinción se halla a medio camino entre el espectáculo más apabullante y el desarrollo más mediocre que puede conseguirse hoy en día en Hollywood. Desde luego, la película merece la pena gracias a esas transformaciones, a las secuencias de acción y a esos Dinobots que recuperan unos de los personajes más entrañables de las creaciones originales. Pero en ningún caso es una película entretenida. Esta cuarta entrega demuestra la decadencia en la que ha entrado la saga, y pide a gritos una renovación creativa en muchos de sus puestos claves, sobre todo en lo que a guión se refiere. Claro que existen algo más de 1.000 millones de razones para que todo siga igual en una futura entrega que no tardará en llenar las salas de cine y los bolsillos de sus principales responsables.

Nota: 5,5/10

‘Transformers’, el éxito de la colaboración entre humanos y robots


Optimus Prime es la gran estrella de 'Transformers', dirigida por Michael Bay.Hace unos días saltaba la noticia de que Transformers: La era de la extinción se ha convertido en la primera película del 2014 en superar los 1.000 millones de dólares de recaudación a nivel mundial. Y dado que el próximo 8 de agosto llega a los cines españoles, es un buen momento para repasar Transformers (2007), la película que dio origen a una de las sagas cinematográficas más rentables de los últimos tiempos, lo cual no significa que sea de las mejores. De hecho, esta nueva entrega, la cuarta en total, puede entenderse como un reinicio en muchos sentidos, lo cual da una idea del desgaste físico, artístico y creativo que han sufrido las aventuras de estos robots gigantes capaces de transformarse en todo tipo de aparatos eléctricos, principalmente vehículos.

A simple vista puede parecer que en líneas generales todas las películas, que por cierto cuentan con Michael Bay (La Roca) como director, son iguales, entregadas por completo a la acción y la destrucción desmedidas. Sin embargo, el original de hace siete años posee una serie de características que la convierten, con diferencia, en la mejor de todas. Y la primera de ellas es el guión escrito por Roberto Orci y Alex Kurtzman, guionistas de la serie Fringe y Star Trek (2009). Su libreto es un ejemplo perfecto de equilibrio entre trama, acción y humor, o lo que es lo mismo, los guionistas tratan de contar una historia entre las explosiones, la adrenalina y los cuerpos esculturales que suelen caracterizar las obras de Bay. Una historia que recoge el origen de la serie animada basada en estos juguetes de Hasbro y que aporta un trasfondo moral y humano a las máquinas protagonistas, acercando su naturaleza a algo comprensible para el espectador que desconozca estos juguetes de los años 80 del siglo XX.

Con una estructura dramática ajustada en su desarrollo, Orci y Kurtzman aprovechan dos tramas principales (militares y civiles) para sustentar la pesada carga de narrar una lucha intergaláctica entre dos grupos de robots gigantes. El hecho de introducir ambas líneas argumentales permite enriquecer el conjunto, en primer lugar, con los problemas corrientes del ser humano, representados por un Shia LaBeouf (Pacto de silencio) en estado de gracia; y en segundo lugar, con la relación entre humanos y robots, ésta basada tanto en la relación del protagonista con su coche como en la colaboración militar en la batalla final. Todo ello genera la sensación de estar ante una película en la que los humanos no son meros espectadores, sino que tienen una participación activa en el devenir de los acontecimientos, lo que al final no hace sino redundar en el resultado positivo del film.

Evidentemente, en este resultado también influye, y mucho, la labor de los actores, todos ellos magníficos en unos roles que nunca llegan a tomarse demasiado en serio a sí mismos y que, en consecuencia, aportan cierta comicidad al conjunto y restan gravedad o un exceso de seriedad a los acontecimientos que narra Transformers. Desde el propio LaBeouf hasta un histriónico John Turturro (Aprendiz de gigoló), todos los actores encuentran un cierto equilibrio en la dinámica de sus personajes, convirtiéndolos en iconos de personalidad que si bien no tienen demasiada gravedad dramática, sí son lo suficientemente completos como para encajar entre ellos y con los robots creados digitalmente. Puede que la única que desentone sea Megan Fox (Nueva York para principiantes), cuya labor no termina de resultar creíble en algunos momentos. Y esto no es únicamente un problema de la actriz.

Novedad digital

Aunque sin duda lo más relevante del film son sus efectos digitales. Unos meses antes de su estreno existía bastante expectación por comprobar si realmente podía resultar creíble que unos robots gigantes se transformaran en coches de tamaño corriente, tal y como se veía en la serie de televisión y en los juguetes con los que muchos de los espectadores, servidor entre ellos, habían crecido. El resultado salta a la vista. El realismo de dichas transformaciones, sobre todo el momento épico en el que Optimus Prime deja de ser un camión para convertirse en robot, es simplemente brillante. Aquí habría que hacer un pequeño paréntesis para hablar sobre la labor de Michael Bay en todo esto. El director de Dolor y dinero podrá ser muchas cosas. Es cierto que no destaca precisamente por historias de personajes, e incluso podría decirse que su cine es tan visual que elimina por completo el resto de componentes de una historia audiovisual. Pero incluso en esto hay que ser bueno, y Bay es el mejor.

Su forma de plantear la historia de Transformers en lo que a planificación se refiere es notablemente espectacular. Su uso de la cámara lenta en determinados momentos de la trama, principalmente en su batalla final, no solo permite una exhibición mayor de la calidad visual de los efectos, sino que aportan un mayor dramatismo y espectacularidad a los acontecimientos, que no por ello pierden un ápice de interés. Al fin y al cabo, y como decía al comienzo, esta primera entrega basa su éxito en que todos los elementos se supeditan a la historia. Una historia de acción, aventura y poca reflexión, es cierto, pero historia al fin y al cabo. Por poner un ejemplo, las dos continuaciones directas que tuvo esta película perdieron parte de esa esencia en favor de más efectos, más robots y combates más espectaculares.

No se trata, por tanto, de entrar a valorar si Bay es mejor o peor director que cualquier otro. Eso dependerá de quién sea el espejo en el que se mire. Pero lo que es innegable es su calidad como director de cine de acción, creando incluso una marca propia que patentó junto al productor Jerry Bruckheimer en varias de sus películas. Las persecuciones de coches, el uso de una notable banda sonora compuesta por Steve Jablonsky (serie Mujeres desesperadas) o ese maquillaje único que convierte a los actores en “personajes Bay” son algunas de sus señas de identidad. Y todos ellos, a pesar de repetirse película tras película, funcionan de tal modo que son capaces de convertir el guión más inverosímil en una épica aventura que incrusta al espectador en sus asientos.

Por desgracia, la evolución de la saga ha demostrado que tanto director como actores y equipo técnico no han tenido la energía necesaria para mantener el nivel, produciéndose una progresiva decadencia en las tramas y un aumento del número de efectos, sin que ello conlleve una mejora directamente proporcional. Puede que sea porque esta primera Transformers ofrecía novedad, pero eso no es motivo suficiente para que las demás películas pierdan calidad narrativa. De ahí la necesidad de “reiniciar” la saga con nuevos actores y personajes. En cualquier caso, la película de 2007 se revela como una épica aventura en la que todos los elementos son imprescindibles, y cuya trama es tan sencilla como directa. Su factura técnica es impecable, es cierto, pero incluso en este aspecto está al servicio de una historia cuyo trasfondo va más allá de un simple espectáculo.

‘Almost Human’ inicia demasiadas tramas sin concluir en su 1ª T


Karl Urban y Michael Ealy protagonizan la primera temporada de 'Almost Human'.En un mundo que cambia a pasos agigantados la tecnología supera todas las expectativas del ser humano. Imposible de controlar por las autoridades, las bandas criminales las utilizan para ir un paso por delante de la policía, que se ha visto obligada a utilizar unidades robóticas para combatir el crimen. Este es, a grandes rasgos, el argumento de Almost Human, serie creada por J. H. Wyman (guionista de Fringe) y con el beneplácito de J. J. Abrams (Perdidos), uno de los grandes gurús de la televisión. Cambiando algunas ideas, este podría ser también el proceso que sufre el propio Abrams, quien a pesar de seguir demostrando un inusitado olfato para todo aquello que es nuevo y diferente, parece estar quedándose atrás en lo que a los estilos actuales se refiere.

Quiero decir con esto que la primera temporada de la producción es fascinante en su acabado técnico y en las múltiples y originales ideas que proyecta sobre sus tramas. Sin embargo, su propia narrativa está anclada en una forma de hacer televisión que, poco a poco, está desapareciendo entre aquellos productos considerados como “lo mejor” de la pequeña pantalla, categoría en la que no hace mucho estaba el propio director y productor. Si de algo peca esta temporada de 13 episodios es de no definir claramente su objetivo. Su piloto, que a pesar de tener elementos atractivos no logra cuajar como debería, es el mejor ejemplo de ello, pues plantea unas premisas prometedoras (un policía traicionado por la mujer que ama, un grupo terrorista muy avanzado tecnológicamente, un posible romance, un compañero a priori peligroso, …) pero nunca las desarrolla, ni durante ese primer episodio ni durante el resto de la temporada.

Esto provoca sentimientos encontrados. Por un lado da la sensación de que Almost Human deambula por su propio universo sin apuntar en ninguna dirección. Las investigaciones policiales aisladas en cada capítulo permiten conocer un poco mejor esa sociedad del futuro totalmente computerizada, pero no desarrolla ninguna de las líneas argumentales que mencionábamos antes, salvo tal vez la relación con su nuevo compañero robot, personaje este que se revela entre lo mejor de la producción. Precisamente esa facilidad para mostrar este universo es la otra cara de la moneda, pues visualmente es tan rica que por momentos logra hacer olvidar el hecho de estar ante una serie que no va a ningún lado. Detalles como el cordón policial, los robots desnudos a modo de muñecos gigantes, o la propia pierna artificial del policía humano protagonista son algunos de esos detalles.

Sin embargo, y una vez terminada la temporada, la serie defrauda. Por si fuera poco, a lo largo de estos 13 capítulos hay varios momentos en los que una de las tramas episódicas deja abierto su final a una supuesta continuación o resolución en otra de las tramas, lo que añade más hilos argumentales que deben ser cerrados, y que por supuesto no se cierran. Una forma de hacer televisión y de entender el desarrollo dramático que, como decía al inicio, cada vez se adapta menos a los gustos actuales de las grandes series, más próximas a los arcos dramáticos por temporada en los que cabe un desarrollo de personajes algo mayor que a las historias autoconclusivas, sobre todo si estas dejan finales abiertos que nunca llegan a resolverse.

Un mejor final para el futuro

Todo esto, aunque parezca lo contrario, no convierte a esta primera parte de Almost Human en una mala propuesta. Simplemente la define como una producción excesivamente sencilla para lo que podría llegar a ser, en una ficción que parece temer sus propias posibilidades y el abanico de territorios sin explorar a los que podría llegar. En este sentido, no se aleja demasiado, precisamente, de las dos producciones que mencionaba al inicio. La primera supo cómo reconducir su historia, mientras que la segunda, sencillamente, se perdió en su propio misterio. Volviendo a la serie que nos ocupa, e independientemente de sus problemas de narrativa, esta temporada se revela como un entretenimiento puro, sencillo y extremadamente original en su concepción.

Una concepción que bebe mucho, y a medida que se suceden los episodios lo hace de forma más evidente, de Blade Runner (1982). El diseño urbano de la ciudad, el planteamiento de los neones nocturnos e incluso la banda sonora remiten sin disimulo alguno al clásico de la ciencia ficción. Lejos de resultar burdo, el homenaje otorga a esta creación de Wyman un aspecto mucho más sólido, a medio camino entre la comicidad de algunas situaciones que viven sus personajes y el drama que rodea a los protagonistas, sobre todo al personaje de Karl Urban (Star Trek). Más allá de esto y de otros detalles ya mencionados, lo que más fascina de estos episodios es el uso de la tecnología tanto en los crímenes cometidos como en el desarrollo de la propia especie humana, combinando no solo cibernética con humanos, sino avances científicos, estos últimos responsables de algunas de las mejores tramas.

Aunque como es habitual en este tipo de producciones, el pilar más sólido es la relación entre sus dos protagonistas, en este caso un hombre y una máquina, esta interpretada con solvencia y humor por Michael Ealy (Underworld: El despertar). El contraste de sus personalidades, que lleva a una inevitable distinción en su forma de afrontar los crímenes, genera algunos de los mejores momentos de la temporada, ya tengan a uno u otro como protagonista. Es gracias a la labor de ambos actores, que logran dotar de vida a sus respectivos roles más allá de lo escrito sobre el papel, que en muchas ocasiones la historia logra superar sus propias expectativas. A ellos y a Mackenzie Crook (Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra), cuya encarnación de un científico algo extravagante termina por erigirse como un rol imprescindible.

Al final, esta primera temporada de Almost Human se queda en un quiero y no puedo, en un intento de trasladar las clásicas historias de una pareja de policías condenada a entenderse a un futuro donde la tecnología sea la protagonista. Vista así, la serie es todo un éxito, pues tiene todos los elementos para entretener episodio tras episodio. Empero, la trama pelea en demasiados frentes abiertos. Peor aún, abre nuevos conflictos sin cerrar (o al menos encarrilar) los anteriores, lo que a la larga genera insatisfacción, incertidumbre y cierta incomprensión. En este sentido no es extraño que una hipotética segunda temporada, en la que deberían resolverse muchas de las dudas que ha generado, esté todavía sin confirmar, si bien la serie no ha sido oficialmente cancelada. Por el bien de la trama y del universo que ha creado en estos capítulos, esperemos que tenga la oportunidad de redimir sus errores.

‘Pacific Rim’: la Tierra como ring de lucha libre


Robots y alienigenas se ven las caras en 'Pacific Rim', de Guillermo del Toro.Si algo está caracterizando al verano cinematográfico de este 2013 es la escalada de destrucción planetaria que se produce película tras película. Desde luego, de todas ellas se lleva la palma lo nuevo de Guillermo del Toro después de cinco años de silencio desde Hellboy II. El ejército dorado (2008). Desconozco si esta película es resultado de la frustración por no haber podido llevar a la gran pantalla el relato de H. P. Lovecraft En las montañas de la locura, proyecto maldito para el director mexicano, pero lo que sí se desprende de esta superproducción es que se lo ha pasado en grande. Casi tanto como los espectadores.

No cabe duda de que el autor de Pacific Rim es un director de género. Y no lo digo porque todas sus historias se enmarquen dentro del género fantástico, sino porque maneja los elementos de forma versátil e ingeniosa. En el caso que nos ocupa, su labor se centra sobre todo en el aspecto visual y narrativo de la historia. Esta película de alienígenas contra robots es, en una palabra, impactante. Del Toro consigue transmitir con maestría las múltiples sensaciones que se entremezclan en unos protagonistas que deben conectar sus mentes para manejar unos enormes robots. Miedo, ansiedad, euforia. Gracias a la primera secuencia y a un resumen inicial bastante efectivo el director de Blade II (2002) establece las bases para lo que más tarde será la trama, y consigue que el público conecte con unas criaturas metálicas de dimensiones colosales.

Sí, el acabado técnico es impresionante. El diseño de monstruos y robots fascina. Todo en ella invita al festival de espectacularidad, acción y exceso que en el fondo es. Un homenaje a toda esa cultura popular de décadas atrás. Pero si alguien acude pensando en ver algo similar a El laberinto del fauno (2006) que se vaya olvidando. La historia es simple, tal vez demasiado. Más allá de que los conflictos internos y externos de los personajes son un poco prototípicos, el devenir de la propia historia responde al esquema tradicional del héroe que no busca serlo, o lo que es lo mismo de la última esperanza de la humanidad. No hay nada de malo en ello, pero sí desluce un tanto el conjunto, que pierde fuerza en sus secuencias menos espectaculares. Por no hablar del protagonista, Charlie Hunnam, quien o bien no ha sabido quitarse de encima la chupa de cuero de su personaje en Hijos de la anarquía o es que simplemente tiene ese único registro interpretativo.

En cualquier caso, Pacific Rim es una oportunidad única de entretenimiento cinematográfico, un festival para los amantes de la ciencia ficción que se postula como la destrucción definitiva del planeta. Al menos hasta que llegue la siguiente o, incluso, su segunda parte, anunciada hace unos días y que presenta la dificultad de contar una nueva historia tras el cierre de la narrada en este film. Que nadie busque una profunda historia de redención, venganza y patriotismo terrestre. Es lo que es, y eso se sabe simplemente viendo su cartel. Es lo bueno que tiene. No tendrá un elaborado guión, pero lo que promete lo cumple. Es más, supera las expectativas.

Nota: 7/10

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