‘Robin Hood. Forajido, héroe, leyenda’: modernizando la Edad Media


Existe una tendencia relativamente reciente de querer actualizar los mitos y las leyendas de personajes clásicos de la cultura popular, entiendo que para hacerlos más atractivos. El problema de estas historias intregradas en la cultura popular es que las reinterpretaciones deben hacerse con pies de plomo, pues si no se puede terminar haciendo algo como esta nueva versión del famoso ladrón que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, es decir, una especie de Edad Media modernizada donde las Cruzadas son un combate bélico actual y donde Robin Hood se convierte casi más en El Zorro en algunos momentos.

Lo cierto es que la cinta de Otto Bathurst es un entretenimiento puro y duro, pero hecho sin demasiada cabeza. El uso y abuso de la cámara lenta y los cambios de ritmo en la grabación tratan de imprimir al conjunto una épica de la que carece de forma natural, pero se queda a medio camino. Bueno, en realidad este Robin Hood se queda a medio camino de casi todo lo que propone. Porque esta aventura de acción incluye humor y acción, pero también reivindicación política y, como mencionaba antes, incluso reinterpretación medieval de los combates bélicos actuales. Posiblemente esto sea lo más impactante de todo; su comienzo se asemeja a una incursión en alguna remota región árabe, con unos cruzados pertrechados con una suerte de chaleco antibalas y cambiando los fusiles por arcos. Todo en esta secuencia inicial sienta las bases de lo que luego será un irregular relato.

Con todo, el esfuerzo por reinterpretar el trasfondo de los personajes resulta encomiable. De hecho, puede ser lo más interesante del film, lo cual tampoco quiere decir mucho si tenemos en cuenta que tanto el desarrollo de la trama como las secuencias del relato no terminan de estar acordes a los protagonistas. Y eso es, entre otros motivos, porque el guión no llega nunca a encontrar su verdadera definición. Da la sensación de que en ningún momento narra nada propio, tomando ideas de diferentes películas. El hecho de que haya unas minas en las que los pobres son explotados, que se produzca una revuelta popular, que el joven Hood entrene sus habilidades a las órdenes de un maestro, … En definitiva, estamos ante una historia construida sobre piezas de otras, lo que hace que tenga pies de barro en cuanto se rasca un poco su superficie.

Habrá quienes accedan a este Robin Hood. Forajido, héroe, leyenda con la única pretensión de entretenerse, y lo conseguirán. Pero incluso aunque solo se busque eso, la cinta presenta numerosas incongruencias en su intento de ser más espectacular, más dinámica y más atractiva de lo que en realidad es. Los recursos narrativos del director Otto Bathurst se antojan limitados, excesivamente similares a los de otros directores con una mayor capacidad visual, y la trama nunca logra tener un espíritu propio. Es más, a pesar de la modernización de este mito y de la Edad Media que muestra, este Robin de Loxley no tiene demasiado de Robin de Loxley. Tal vez sea porque se presenta como los orígenes del personaje. En cualquier caso, la puerta está abierta a una segunda parte que, por el bien de este héroe, esperemos que sea diferente.

Nota: 5/10

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El nuevo ‘Robin Hood’ pretende impedir que Ralph rompa Internet


Diciembre comienza con estrenos adelantados. El Puente de la Constitución obliga a que las novedades lleguen a la cartelera española este miércoles 5 de diciembre, al menos en su mayoría. Y dado que hay más días de ocio, esta semana aterrizan títulos de lo más variados pero con la clara intención de llenar salas. Y desde luego muchos de ellos pueden conseguirlo.

Es el caso, por ejemplo, de Ralph rompe Internet, secuela de la exitosa cinta de Disney de 2012 que vuelve a mostrar el mundo de los videojuegos desde dentro, sumando además lo que existe detrás de las conexiones a la red. La trama sigue a los dos protagonistas de la primera entrega en busca de una pieza que permita salvar el mundo de uno de ellos. Pero para eso tendrán que adentrarse en el vasto mundo de Internet, donde encontrarán aliados y peligrosos enemigos en una realidad que no conocen. Phil Johnston debuta tras las cámaras codirigiendo la cinta junto a Rich Moore, autor la primera entrega, y entre las voces originales de esta producción hollywoodiense encontramos las de John C. Reilly (The Sisters Brothers), Sarah Silverman (La batalla de los sexos), Gal Gadot (Wonder Woman), Taraji P. Henson (Figuras ocultas), Jane Lynch (serie Glee) y Alfred Molina (Un hombre de familia).

Aventura y acción es lo que promete Robin Hood, nueva versión procedente de Hollywood del famoso personaje con la que debuta en el largometraje cinematográfico Otto Bathurst, director habituado a las series. La trama aborda los orígenes del héroe, que llega de las Cruzadas para encontrarse con un bosque de Sherwood lleno de mal y corrupción. Junto a una banda de forajidos intentará poner solución a eso, aunque las decisiones que tendrá que tomar no serán nada fáciles. Taron Egerton (Kingsman: El Círculo de Oro) da vida al protagonista, estando acompañado en el reparto por Jamie Foxx (Baby driver), Eve Hewson (serie The knick), Jamie Dornan (Cincuenta sombras liberadas), Paul Anderson (El renacido), Tim Minchin (serie Californication), Ben Mendelsohn (Ready Player One) y F. Murray Abraham (El gran hotel Budapest).

Otra nueva versión de un clásico, Suspiria, también llega a la cartelera. Con capital italiano y estadounidense, este remake del conocido film de Dario Argento de 1977 narra en clave de thriller de terror la llegada de una joven bailarina norteamericana a una prestigiosa escuela de danza. El mismo día que ingresa una antigua alumna recientemente expulsada es asesinada. Sin embargo, este no es un hecho aislado, lo que hace sospechar a la nueva alumna de que la escuela tiene algo que ver. Sospechas que aumentan cuando una compañera le asegura que antes de que la reciente víctima muriera le confesó un terrorífico secreto. Luca Guadagnino (Call me by your name) se pone tras las cámaras, mientras que entre las actrices destacan Dakota Johnson (Mejor… solteras), Tilda Swinton (Doctor Strange), Chloë Grace Moretz (Malditos vecinos 2), Mia Goth (El secreto de Marrowbone), Sylvie Testud (Tamara) y Angela Winkler (En tiempos de luz menguante).

Puramente estadounidense es el drama El regreso de Ben, nueva película escrita y dirigida por Peter Hedges (La extraña vida de Timothy Green) cuyo argumento arranca cuando un joven regresa a su casa en Nochebuena. Su madre le da la bienvenida, pero pronto se da cuenta de que su hijo no está bien, por lo que hará todo lo posible para que su familia no se derrumbe en unos días tan especiales. Julia Roberts (Wonder), Lucas Hedges (Tres anuncios en las afueras), Kathryn Newton (Lady Bird), Courtney B. Vance (Fiesta de empresa) y Tim Guinee (About Scout) encabezan el reparto.

Estados Unidos y México colaboran en Roma, nuevo proyecto de Alfonso Cuarón (Gravity) que llega a Netfilx y a cines seleccionados y que narra la turbulenta vida en los años 70 de una trabajadora doméstica y de su compañera, ambas de origen mixteco, a las órdenes de una familia de clase media en la colonia que da nombre al título, un barrio de Ciudad de México. Entre los principales actores, la mayoría anónimos, encontramos a Yalitza Aparicio, Nancy García García, Diego Cortina Autrey, Marina de Tavira (Ana y Bruno) y Carlos Peralta.

La única cinta que se estrena el viernes día 7 es Galveston, producción estadounidense que combina drama y acción a partir de una novela de Nic Pizzolatto, autor de la serie True Detective y encargado igualmente del guión de este film cuya trama se centra en un asesino a sueldo al que con 40 años le diagnosticaron cáncer de pulmón. Sospechando que su jefe quiere eliminarle, inicia un viaje con rumbo desconocido durante el cual se encuentra con una joven que le dará la oportunidad de darle un nuevo sentido a su vida. Mélanie Laurent (Plonger) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Ben Foster (Inferno), Elle Fanning (Mary Shelley), Jeffrey Grover (Yo soy la venganza), Lili Reinhart (serie Riverdale), Beau Bridges (La montaña entre nosotros) y María Valverde (Gernika).

Pasamos ahora a los estrenos puramente europeos, y entre ellos destaca la británica Rey de ladrones, nueva película de James Marsh (La teoría del todo) a partir de un artículo de Mark Seal acerca del modo en que se llevó a cabo un robo en la conocida compañía de depósitos londinense Hatton Garden Safe Deposit. La historia se centra en un veterano ladrón de 77 años que decide dar un último golpe, para lo que reúne a un grupo de la vieja escuela, entre 60 y 70 años, y a un joven. Aunque la banda logra su objetivo con éxito, llevándose un botín valorado en 14 millones de libras, sus posteriores disputas acerca del reparto y la filtración de los datos a la opinión pública complican el futuro de este grupo de ladrones. El reparto está encabezado por Michael Caine (Ahora me ves 2), Michael Gambon (La reina Victoria y Abdul), Ray Winstone (Caza al asesino), Jim Broadbent (Paddington 2), Paul Whitehouse (La muerte de Stalin), Francesca Annis (Shifty) y Charlie Cox (serie Daredevil).

Bélgica y Luxemburgo colaboran en Kursk, drama de acción basado en la tragedia real del submarino Kursk, que en el 2000 naufragó durante un ejercicio militar dejando atrapados a 118 marinos. A pesar de su desesperada situación, la comunidad internacional no logró desarrollar una estrategia a tiempo para salvar a la tripulación, mientras las familias luchaban contra las trabas burocráticas para intentar rescatar a estos hombres y mujeres. Dirigida por Thomas Vinterberg (La caza), la cinta está protagonizada, entre otros, por Léa Seydoux (Spectre), Colin Firth (Kingsman: Servicio Secreto), Matthias Schoenaerts (Suite francesa), Michael Nyqvist (Amenazados en la red) y Max von Sydow (Tan fuerte, tan cerca).

La única propuesta española es El rey, comedia dirigida a cuatro manos por el actor Alberto San Juan (Las furias) y Valentín Álvarez, ambos debutantes en el puesto de director. Basada en una obra del propio San Juan, la trama gira en torno a un anciano y recién destronado Juan Carlos I que, durante la madrugada, recibe los fantasmas de personas de su pasado, entre ellas Franco, Adolfo Suárez o Felipe González. A través de sus visitas irá recordando los momentos de su reinado para completar una pesadilla de la monarquía española. Luis Bermejo (Ánimas), Guillermo Toledo (Soy tu karma) y el propio San Juan integran el reparto.

El último de los estrenos de ficción es La familia, cinta de 2017 con capital noruego, chileno y venezolano en torno a la difícil relación entre un padre y su hijo en una zona marginal de Caracas. Dado que apenas se ven, el hombre por los trabajos que le permiten mantener al menor, el pequeño se pasa el día con sus amigos por las calles, jugando y aprendiendo la violencia que le rodea. Escrito y dirigido por Gustavo Rondón Córdova, quien debuta de este modo en el largometraje, este drama está protagonizado por Giovanni García (El amparo) y Reggie Reyes.

Un único documental cierra el repaso de esta semana. Apuntes para una película de atracos es el título de esta obra escrita y dirigida por León Siminiani (Mapa) que se centra en la relación entre un director de cine sin trabajo y un atracador de bancos encerrado en prisión. Su relación se convierte en amistad a medida que avanzan para lograr un objetivo común: hacer una película de atracos.

Rickman, un villano diferente en ‘Robin Hood, príncipe de los ladrones’


Alan Rickman fue capaz de ofrecer algo distinto en 'Robin Hood, príncipe de los ladrones'Tal vez no será recordado por su papel en este film, pero desde luego la labor de Alan Rickman (saga ‘Harry Potter’) en Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991) sí se recuerda si uno piensa exclusivamente en los pros y los contras de esta aventura clásica que recuperó a un personaje que la historia del cine ha tratado con irregularidad. Y hoy ese recuerdo está más presente que nunca por la noticia del fallecimiento del actor británico a los 69 años de edad víctima de un cáncer. La aventura del proscrito de Sherwood, que contó con Rickman como villano principal, fue la sexta película del actor en el cine, y le supuso varios premios de la crítica.

La labor de Rickman en la cinta, aunque eclipsada a priori por la presencia de actores como Kevin Costner (3 días para matar), Morgan Freeman (Ático sin ascensor) o Sean Connery (La trampa), resulta notable en tanto que ofrece una visión del villano muy diferente a la que siempre se había tenido en esta historia. Frío y calculador al tiempo que algo loco y supersticioso, el usurpador al que interpreta no es un hombre débil o sibilino, más bien todo lo contrario. El reino que impone con la ausencia del Rey Ricardo es, por tanto, un reino de terror, un estado dominado por cierto sadismo, oscuridad y superstición. En este contexto, Rickman recrea a un hombre de gesto descompensado, de semblante soberbio y capaz de todo por salirse con la suya.

De hecho, gracias a la labor del actor británico el personaje logra mantener un delicado equilibrio entre la autoparodia en la que podría haber caído y el exceso de histrionismo que perfectamente podría haber explotado. Por otro lado, el arco dramático que desarrolla el villano es, cuanto menos, limitado. Reducido al simple antagonista del héroe, sin más recorrido que algunas secuencias que tratan de espolear algunas de las acciones que lleva a cabo en la trama, su papel en el fondo está supeditado, y eso es algo que suele ocurrir en todas las versiones de Robin Hood, a una figura contra la que luchar, más que como un personaje con iniciativas propias.

Renovación del mito

Kevin Costner y Morgan Freeman en 'Robin Hood, príncipe de los ladrones'Pero Robin Hood, príncipe de los ladrones es mucho más que la labor de Rickman. Su función en la historia del personaje podría entenderse como una renovación de la historia, no solo en lo que a diseño de personajes se refiere, sino a los propios personajes en si. La introducción de Freeman como amigo del héroe, por delante del mítico Little John y el resto de su grupo, es una novedad que podrá gustar más o menos, pero que a todas luces es refrescante. A esto se une una idea muy interesante que pocas veces ha sido abordada: Robin Hood llega de las Cruzadas, pero no es él quién organiza a los proscritos, sino que se une a ellos para terminar liderándolos.

Aunque el desarrollo dramático es, a grandes rasgos, el mismo que en otras versiones, los matices que introduce esta cinta dirigida por Kevin Reynolds (Waterworld) son lo suficientemente importantes como para generar un aspecto diferente de una historia ampliamente conocida. El éxito no reside en este caso, por tanto, en contar algo diferente, sino en ofrecer una narrativa nueva de algo asentado en el imaginario colectivo.

Y bajo esta idea hay que entender la interpretación de Alan Rickman en Robin Hood, príncipe de los ladrones. Su aportación, visiblemente más oscura que la de sus predecesores e infinitamente más violenta, es el contrapunto idóneo para el héroe al que da vida Costner. Es cierto que, como villano de esta historia de aventuras, no ofrece una profundidad dramática excesivamente grande, pero como personaje es uno de los más interesantes que ha dado la historia del proscrito a lo largo de los años. Y es una de las interpretaciones que han convertido a Rickman en uno de los actores que mejor han dado vida a los villanos. Descanse en paz.

‘La princesa prometida’, aventuras y literatura de estilo clásico


Robin Wright y Cary Elwes protagonizan 'La princesa prometida', de Rob Reiner.El cine es un claro ejemplo de cómo el tiempo no pasa en balde por mucho dinero y recursos para mantenerse joven que uno pueda tener. Hace poco tuve la oportunidad de revisionar uno de los mejores clásicos de aventuras de los años 80, La princesa prometida (1987), dirigida por Rob Reiner (Algunos hombres buenos) y protagonizada por un puñado de actores que hoy en día se han convertido en estrellas más o menos importantes. No es este espacio para comentar lo bien o mal que ha envejecido cada uno, sino para analizar los motivos por los que un film tan sencillo y humilde como este no solo ha sabido mantenerse década tras década, sino que se ha erigido como un modelo perfecto del cine de aventuras.

La historia, para aquellos que no hayan tenido ocasión de verla, gira en torno a una joven cuyo amado parte en busca de aventuras. Al enterarse de que ha sido atacado por un temible pirata que nunca hace prisioneros se sume en una profunda depresión. Años después un apuesto y arrogante príncipe decide desposarla, pero unos días antes de la boda es secuestrada por tres personajes que buscan provocar una guerra entre su reino y otro vecino. Un misterioso enmascarado de negro frustrará sus planes y salvará a la princesa, pero desvelará otros mucho más peligrosos que tienen como autor al propio príncipe. Todo ello narrado desde la perspectiva de un cuento leído por un abuelo a su nieto enfermo.

Este último detalle tal vez sea el más relevante de la idea básica de la película. En sí mismo, el argumento y su desarrollo es tan sencillo y directo como entretenido y enternecedor, pero no reviste especial relevancia frente a otras cintas de aventuras con ingredientes similares. Lo que supone una cierta revolución, y que dota al conjunto de un aire mucho más especial, es el hecho de enfrentar la literatura y la imaginación a un mundo cada vez más dominado por la televisión, los ordenadores y los videojuegos. De hecho, el niño enfermo está jugando a un videojuego cuando recibe la visita de su abuelo, a lo que se muestra inicialmente reticente para sumergirse después en la pasión que levanta una obra de ficción literaria.

Ya hemos dicho que su guión, obra de William Goldman, autor de la novela homónima en la que está basada, es directo y sencillo, con una estructura de análisis claro que puede ser un buen ejemplo para iniciarse en esta especialización cinematográfica. Pero si la base literaria es clara (lo que no implica que no tenga interés, al contrario), la forma de narrar es igualmente eficaz. Nada de largos y enrevesados planos. Nada de jugar con los puntos de vista o con las diferentes posibilidades lumínicas. La princesa prometida es, desde su inicio hasta su fin, un cuento de aventuras, de amor y de acción, de comedia y de drama, y como tal está planteado. En cierto modo, todo se podría resumir en dos palabras: entretenimiento directo. Cierto es que estamos hablando de la década de los 80 del siglo pasado, pero en esos años ya se empezaba a experimentar con los efectos digitales como TRON (1982).

La importancia de los secundarios

Como suele ocurrir en este tipo de historias, la película de Reiner se apoya mucho en sus personajes secundarios. Puede que incluso sean lo mejor de la película. No quiero decir con esto que la labor de Cary Elwes (Sin compromiso) y Robin Wright (serie House of cards) no sea relevante, ni mucho menos. Sin embargo, a todo aquel que se le nombre este relato posiblemente lo primero que recuerde sea la frase: “Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”, pronunciada por el personaje de Mandy Patinkin, de actualidad gracias a la serie Homeland.

Dicha cita, junto a otros conceptos y la caracterización de muchos de los secundarios, aportan a la trama un aura única que termina por definir su verdadero carácter. En otras palabras, muestra su alma. No se trata ya de que el héroe recupere a su amada, sino de que las tramas secundarias de cada uno de los personajes encuentre su resolución en un único clímax que, como no podía ser de otro modo, se desarrolla mediante combates a espada y luchas cuerpo a cuerpo. Unas tramas secundarias, por cierto, que poseen un interés y una importancia casi tan relevante como la trama principal. Puede que la historia del personaje de Patinkin sea visualmente la más evidente, pero existen muchas otras: la del gigante que busca su sitio en un mundo que le rechaza, la del villano cuyos planes aspiran a mucho más que un simple matrimonio, … Todo conforma un paisaje mucho más rico que la propia historia de los protagonistas.

Todo esto no implica que La princesa prometida sea una obra muy distinta a otras aventuras como pueden ser las de Robin Hood, con las que guarda no pocos parecidos. La película contiene todas las facetas que se le pueden pedir a su género, desde personajes extraños hasta la combinación de acción y magia, pasando por personajes muy, muy característicos y por la combinación de géneros. La idea de aventura literaria, de un relato capaz de despertar la imaginación y la curiosidad de generaciones alienadas o conquistadas por la televisión y los videojuegos se muestra en su máximo esplendor gracias a una trama en la que comedia, drama, intriga y acción se entremezclan armónicamente. Mención especial habría que hacer a la banda sonora compuesta por Mark Knopfler, pero eso lo dejaremos para otra entrada de Toma Dos.

Lo más evidente es que, a pesar de los años y de la humildad que emana de cada fotograma, La princesa prometida sigue siendo un documento a analizar perfecto. Tal vez ese sea su secreto. En cualquier caso, las nuevas generaciones (que cada vez están más involucradas en el mundo digital) siguen descubriendo en sus imágenes y en las páginas de la novela todo un mundo capaz de motivar la imaginación de los más jóvenes. Es directa, clara y concisa. Para algunos esto puede ser una debilidad. Para otros será sin duda el legado de una forma tradicional y siempre eficaz de contar una historia.

Cómic en estado puro en la primera temporada de ‘Arrow’


Stephen Amell protagoniza la serie 'Arrow'.Con el paso de los años está siendo más y más evidente la influencia narrativa y dramática que la trilogía de ‘El Caballero Oscuro’ dirigida por Christopher Nolan (Insomnio) ha ejercido sobre ese particular género que es el cine de superhéroes. Y eso que solo han pasado 8 años desde el estreno de Batman Begins. Hasta ahora, dicha influencia era percibida únicamente en las salas de cine, pero la emisión de la primera temporada de Arrow en la televisión ha abierto el ámbito de influencia. La serie, creada por Greg Berlanti (serie Los increíbles Powell), Mark Guggenheim (serie FlashForward) y Andrew Kreisberg (serie Boston Legal) es una adaptación del cómic de DC Flecha Verde, personaje que guarda no pocas similitudes con el protagonista de la trilogía de Nolan y que, al menos en esta adaptación, posee numerosos puntos en común con las historias de otros superhéroes y, quizá lo más importante, es un cómic trasladado en esencia a la pantalla.

En concreto, el protagonista es un joven multimillonario que, tras ser rescatado de una isla desierta en la que sobrevivió durante más de cinco años, inicia una cruzada para limpiar su ciudad de criminales, tarea en la que utilizará a una serie de aliados. Evidentemente, el hombre que regresa no es el mismo que se fue, ni moral ni físicamente. Para lograr su objetivo utiliza una lista de nombres que su padre le entrega antes de morir y un disfraz similar al de Robin Hood, así como un arco con el que dispara todo tipo de flechas verdes modificadas.

Como suele ocurrir en este tipo de historias, lo más interesante no es la premisa inicial, sino la evolución de las diferentes historias que se dan cita alrededor del superhéroe. Y si bien es cierto que la producción no se caracteriza por una gran profundidad dramática, no es menos cierto que logra mantener el espíritu de cualquier historia de superhéroes, o dicho de otro modo no insulta al espectador. Los personajes, al menos en su gran mayoría, poseen un desarrollo limitado, siendo en muchas ocasiones algo arquetípicos: el joven vengador enmascarado, el interés romántico del protagonista, el compañero sensato y consejero, o la familia preocupada e ignorante de las actividades al margen de la ley. Pero más allá de todo eso, estos primeros 23 episodios poseen el interés necesario para seguir las aventuras sin realizar demasiadas preguntas, principalmente por poseer el conjunto una lógica interna que nunca se incumple.

Por otro lado, uno de los pilares más interesantes de la serie, al menos de esta primera temporada, es la alternancia constante entre presente y pasado, entre la lucha contra el mal y los acontecimientos que convirtieron en héroe a este joven náufrago. Estos dos relatos alternos, además de ofrecer una información mucho más detallada y una perspectiva más amplia de la trama, otorgan la posibilidad de centrarse en uno cuando el otro sea excesivamente débil, o de abandonarlo si lo exige el desarrollo del episodio, como de hecho ha ocurrido en alguna ocasión, manteniendo así el interés y un cierto nivel formal.

Un villano final

El arquero deberá hacer frente a un poderoso villano en la primera temporada de 'Arrow'.El otro gran interés de la trama de esta primera entrega ha sido la presencia de un villano que controla al resto de objetivos de este arquero verde. En este sentido, hay que remarcar que la temporada ha evolucionado desde una estructura episódica y autoconclusiva a una trama cuyo valor reside en la forma de afectar al resto de historias y de personajes. Lo que comienza como casos aislados que el héroe debe resolver termina por convertirse en una lucha contra un supervillano que amenaza con destruir la ciudad y que, además, controla al resto de villanos y posee muchas similitudes con el personaje de Norman Osborn, enemigo de Spider-man.

La forma en que se produce este cambio es lo realmente relevante, pues lo que comienza siendo una trama secundaria (o si se prefiere paralela) termina por adquirir protagonismo, hasta el punto de involucrar, como decimos, a todos los personajes protagonistas en la historia, provocando en el último episodio una serie de giros dramáticos algo sorprendentes en este tipo de argumentos, una de las pruebas más evidentes de la influencia que mencionábamos al inicio. Un cambio orgánico que se nutre de una previsión narrativa muy calculada y que permite a los responsables de la serie tener el tiempo suficiente de sentar las bases morales de cada uno de los integrantes de la serie.

Por supuesto, lo que no puede faltar es la acción y las diferentes secuencias de persecución y lucha. Con una factura técnica muy elevada, uno de los mayores atractivos visuales es comprobar cómo un arquero es capaz de acabar con varios enemigos a base únicamente de disparar flechas y golpear con su arco. En este sentido, los momentos de combate, sobre todo ese esperado final entre el protagonista y el villano Flecha Negra, son espectaculares. Casi tan espectaculares, de hecho, como ver el despliegue físico de su protagonista, un Stephen Amell (serie Sin cita previa) que aporta todo lo necesario tanto físicamente como dramáticamente hablando.

Al final, esta primera temporada de Arrow demuestra que en televisión no son todo médicos y abogados, dramas o comedias. También existe un hueco para las producciones más sencillas y directas, aquellas que buscan única y exclusivamente entretener al espectador y saciar el interés de los fieles seguidores de los cómics y los superhéroes. La serie lo consigue con creces, y aunque su evolución sea más bien limitada, tampoco cabe exigir más a este tipo de historias. El final de esta primera temporada, sin embargo, deja abierto un futuro incierto en el que, sin duda, deberán aparecer nuevos villanos y héroes. Todo sea bienvenido siempre y cuando mantenga el espíritu que la ha convertido en un producto digno de disfrutar.

Los cuentos dan forma a la Historia de ‘Érase una vez’ en su 2ºT


Príncipes y princesas deberán combatir en los mundos de fantasía y realidad en la 2ªT de 'Érase una vez'.Hace algo más de un año llegaba a las televisiones de medio mundo una serie tan original como curiosa en su concepto. Los personajes de los cuentos de hadas, a raíz de un hechizo maléfico, son enviados a nuestro mundo, un lugar sin magia y en el que son incapaces de recordar nada. La primera temporada de Érase una vez dejó un magnífico sabor de boca debido a su excepcional capacidad de combinar el mundo de cuento con la realidad y de equiparar profesiones reales con las características de los personajes mágicos, pero sobre todo debido a la reinterpretación de los cuentos conocidos por pequeños y mayores. El final de esos primeros episodios suponía el punto de partida de un panorama nuevo y diferente que abría un nuevo mundo a explorar, al menos narrativamente hablando. Sin embargo, lo que han conseguido sus responsables va mucho más allá de una mera continuación.

Los 22 episodios que componen esta segunda temporada poseen todo aquello que cabría esperar de una serie de semejantes características. Y a pesar de todo, supera las expectativas puestas después de ver la primera parte. Y lo hace fundamentalmente por un motivo tan sencillo y difícil de encontrar como es la fidelidad al espíritu de la producción. La idea de Adam Horrowitz (TRON: Legacy) y Edward Kitsis (serie Birds of Prey), al menos la que se desprende de cada uno de los aspectos formales, es ofrecer una aventura a medio camino entre la realidad y la fantasía, entre dos mundos que se complementan y que, de algún modo, aprenden el uno del otro. En medio una serie de personajes cuyos trazos gruesos de personalidad se mantienen pero que modifican sustancialmente lo que les hace únicos, es decir, sus detalles.

A decir verdad, lo más fascinante de esta nueva entrega de Érase una vez es la forma en que todos y cada uno de los personajes son relacionados entre sí, hasta el punto de modificar los cuentos y convertirlos en capítulos de una Historia mucho mayor. Resulta interesante comprobar cómo lo que se narra está planteado a modo de episodios del pasado de cada uno de los personajes en un mundo (o varios mundos) donde todos conviven de forma más o menos pacífica, y en el que inevitablemente han coincidido en alguna que otra ocasión. Esta riqueza en las relaciones, rompiendo con las barreras naturales de los cuentos de hadas, es lo que convierte a la serie en una delicia argumental que plantea un juego al espectador: descubrir quién es quién dentro de la trama.

Es difícil encontrar aspectos negativos, y los pocos que existen no son, en ningún caso, motivo suficiente para empañar la factura final de la producción. Uno de dichos elementos deriva precisamente de esa necesidad de expandir el universo de la serie a más y más cuentos, hasta el punto de sobrepasar este tipo de literatura para introducirse en otras totalmente diferentes. Me refiero al caso del Dr. Frankenstein, uno de los pocos excesos dentro de la trama que encajan de forma algo tosca con el resto de personajes. El hecho de introducir la ciencia y la medicina en un contexto tan entregado a la magia y a la lucha del bien contra el mal no deja de ser un elemento extraño, si bien es cierto que su papel posee una relevancia casi anecdótica. Por no mencionar el hecho de introducir a Robin Hood en un episodio, algo que parece casi un guiño irónico para los seguidores de la serie.

Rumpelstiltskin, el centro de todos los cuentos

Como decimos, la redefinición de los arquetípicos personajes de la literatura infantil es lo que marca la pauta de Érase una vez. Pero incluso dentro de esta estrategia hay diferentes categorías. A los personajes ya conocidos se han incorporado otros como el gigante que vive en un castillo en las nubes o el carismático Capitán Garfio (Colin O’Donoghue), sin duda uno de los mejores fichajes de la temporada. Pero si hay que hablar de un personaje imprescindible ese es Rumpelstiltskin, interpretado magistralmente por Robert Carlyle (El mundo nunca es suficiente), quien engrandece un ya de por sí inmenso papel. Prueba de ello es que a medida que ha ido avanzando la trama en esta segunda temporada su presencia se ha vuelto casi indispensable, y no precisamente por ser uno de los villanos de turno.

De hecho, es la piedra sobre la que se apoyan todas y cada una de las tramas secundarias, tanto en la realidad como en el mundo de fantasía. Más allá de los pactos que realiza para conseguir aquello que quiere, su valor dramático reside en la influencia que tiene sobre el resto de personajes, buenos y malos, por las relaciones que ha establecido en épocas anteriores. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de ser el protagonista de muchos cuentos diferentes y de encarnar de forma muy original a diferentes personajes, como pueden ser el cocodrilo que le arranca la mano al Capitán Garfio o la Bestia que enamora a una Bella interpretada por Emilie de Ravin (Recuérdame). Su figura está adquiriendo tal grado de importancia que poco a poco está logrando incluso superponerse al protagonismo del personaje de Jennifer Morrison (serie House) para acaparar todos los focos. Visto desde un punto de vista dramático, puede ser hasta positivo para el conjunto.

En cualquier caso, lo que deja patente esta segunda temporada es la capacidad creativa de sus responsables y la precisión con la que enlazan historias, personajes y tramas hasta convertirlas de forma natural en acontecimientos irremediablemente conectados. Estos nuevos 22 capítulos introducen nuevos personajes del mundo real y nuevas tramas que vuelven más compleja la premisa inicial. Dado que el final de la primera temporada solucionaba el nudo planteado de romper el hechizo, esta nueva tanda de episodios plantea una guerra abierta en varios frentes donde los buenos buscan hacer el bien (valga la redundancia) y los malos actúan por su propio interés. La culminación de esta batalla entre el bien y el mal, entre la magia y el mundo real, provocará cambios en los personajes, algunos de ellos tan interesantes como la posibilidad de que Blancanieves (Ginnifer Goodwin) inicie el camino para convertirse en villana.

Aunque tal vez lo mejor de esta nueva temporada de Érase una vez sea las bases que sienta para el futuro más inmediato. Unas bases que se intuyen poco a poco y que quedan claramente expuestas en el díptico final titulado La segunda estrella a la derecha… y directos hasta el amanecer, en clara referencia al cuento de Peter Pan. Nuevos escenarios, nuevos personajes y nuevas aventuras es lo que se espera de la tercera temporada, pero lo más interesante será, una vez más, comprobar si esa telaraña de personajes, historias y relaciones es lo suficientemente fuerte como para aguantar un análisis exhaustivo. Nada hace pensar lo contrario.

‘Adiós a la reina’: lealtades y amores palaciegos


La vida de Maria Antonieta, la esposa de Luis XVI y reina de Francia durante la Revolución Francesa, ha sido objeto de innumerables estudios, novelas y películas. Posiblemente, lo que más destaque de esta adaptación de la novela homónima de Chantal Thomas llevada a buen puerto por Benoît Jacquot (El séptimo cielo) sea el hecho de que la opulencia, la riqueza y el poder de la realeza queda eclipsado de un modo u otro por la precaria situación de sus sirvientes.

Cierto es que los elaborados vestidos y la riqueza de un decorado tan conocido como el Palacio de Versalles ya dan de por sí buena cuenta de la hipocresía de una clase social capaz de dejar a su pueblo morir de hambre con tal de poder disfrutar de un cargo tan irrelevante como una lectora, a la sazón protagonista del film. Pero con todo, ese conjunto parece lucir menos, y eso es gracias al contraste tan marcado entre las dependencias reales y las de los trabajadores, cuyas habitaciones apenas cuentan con una cama, una pequeña mesa y un estrecho armario.

La película ofrece una visión distinta, fresca y dramática de los acontecimientos que rodearon a la toma de la Bastilla, y la forma en que se vivieron tanto por parte de la nobleza como por parte de sus siervos, ciegos y sordos ante los rumores, informaciones contradictorias y hechos confirmados que llegaban a Versalles. En este sentido, la trama articula con firmeza y decisión un drama donde el amor, la lealtad y los intereses particulares conviven y se contraponen hasta límites insospechados.

Buena parte del atractivo del conjunto cabe encontrarlo en los actores, sobre todo en el trío de actrices protagonistas que dan vida a unos personajes que, aunque conocidos, terminan por resultar novedosos. Aunque Léa Seydoux (Robin Hood) compone con precisión las emociones de un personaje que se debate entre su amor y lealtad a la reina y su propio instinto de supervivencia, es Diane Kruger (Malditos bastardos) la que aporta una nueva visión al personaje de Maria Antonieta, tal vez más comedido que en otras ocasiones, pero sin duda mucho más extravagante en sus decisiones, cambiantes minuto tras minuto, y en su forma de afrontar los conflictos, sin duda determinada por su amor hacia Gabrielle de Polignac.

El film, empero, parece alargarse más allá de la hora y media que dura, lo que a todas luces juega en su contra. A pesar de poseer una planificación sobria y coherente, ésta no evoluciona a la vez que la trama, lo que impide una identificación con las emociones que viven todos los habitantes de Versalles. El problema de ritmo llega a afectar al desenlace final, que no logra superar el mero interés de conocer el final, lo que no deja de ser preocupante dado que la situación es a vida o muerte.

El relato, por tanto, adolece de lo que suelen padecer este tipo de películas: el excesivo conocimiento de la vida de los personajes. El interés de Adiós a la reina radica, por tanto, en poder ver desde otro punto de vista (el de los sirvientes) el miedo y la angustia que reinaron durante los últimos días en el Palacio de Versalles.

Nota:6/10

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