Compromiso social y lucha contra el racismo ganan en unos Oscar 2019 muy repartidos y previsibles


Puede que a muchos no se lo parezca, pero de un tiempo a esta parte los Oscar, y Hollywood, se está abriendo a nuevas culturas, a nuevas formas de entender el cine. Ahí están, por ejemplo, los numerosos premios que realizadores extranjeros o con ascendencia no norteamericana han conseguido en las últimas ediciones, amén de las nominaciones de algunos títulos que, hasta ahora, parecían vetados en estos premios. Y aunque esta 91 edición se ha desarrollado (en todos los sentidos) sin sobresaltos de ningún tipo, es conveniente analizar algunos premios y, sobre todo, el impacto cultural que parecen estar teniendo.

Porque si se analizan los títulos y los nombres premiados en los últimos años lo que nos encontramos es una tendencia a premiar la fantasía o la ciencia ficción, a premiar reflexiones sobre la sociedad y cómo esta influye sobre las personas y, sobre todo, a premiar a realizadores de otras culturas. Y este 2019 no ha sido diferente. Si bien es cierto que Green Book se ha llevado algunos de los premios principales, incluida Mejor Película, la presencia de Roma en categorías tan importantes como Mejor Director o Mejor Película de Habla No Inglesa viene a confirmar lo ocurrido en los últimos tiempos, más allá de debates sobre luchas de modelo entre la Academia y Netflix. El reparto de premios, más que previsible, no genera apenas controversias, pero sí invita a comprobar cómo Hollywood se está abriendo a nuevas sensibilidades, permitiendo convivir historias propias con relatos de otras culturas, de otros países, realizadas por directores con diferentes experiencias y formas de entender el cine que han roto las barreras idiomáticas y culturales para meterse en la lucha por las principales categorías. Es cierto que eso siempre ha ocurrido a lo largo de estos más de 90 años, pero de un tiempo a esta parte parece haberse convertido en una constante.

Aunque estos Oscar dejan otras reflexiones. Para empezar, el fracaso de El vicio del poder, que solo logra el Mejor Maquillaje, o de Vengadores: Infinity War, que se queda sin ninguno de los premios técnicos a los que optaba a pesar de la notable carga visual de la cinta. Esto invita, a su vez, a otra reflexión. Dejando a un lado la anécdota de que Black Panther compitiera como Mejor Película, los tres premios que logra la cinta de Marvel vienen a demostrar dos cosas. Por un lado, que el cine de superhéroes no tiene que ser, necesariamente, un aluvión de efectos digitales que saturen los sentidos del espectador. Por otro, que muchas veces la humildad del producto es más interesante y atractiva que la grandilocuencia. Y esto es algo que se puede aplicar, en general, a todos los títulos que copaban las principales categorías.

Lo cierto es que esta 91 edición de los Oscar deja poco margen al análisis cinematográfico de los premios en tanto en cuanto el reparto de estatuillas parecía haberse establecido de antemano. Pocas sorpresas, es cierto, salvo tal vez para los defensores acérrimos de alguna película, algún actor o algún director. Y aunque RomaGreen Book han sido las dos grandes triunfadoras al estar presentes en las principales categorías de premiados, la cinta que más estatuillas logra es Bohemian Rhapsody, que como no podía ser de otro modo triunfa en la parte sonora y en la labor de su protagonista, pero que se queda sin nada en el resto de nominaciones. Destacar igualmente el premio recogido por Spike Lee por el guión de Infiltrado en el KKKlan, el primero de su carrera, y el regreso a España de Rodrigo Sorogoyen (El reino) sin el Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción.

En definitiva, unos premios con un marcado mensaje social y comprometido. La ganadora del premio a la Mejor Película es una historia sobre la tolerancia, el racismo y la homofobia. El ganador a Mejor Director, de origen mexicano, lo logra con una historia sobre su infancia de un gran contenido emocional, poético y, en cierto modo, de denuncia social y defensa del papel de la mujer en el avance de la sociedad. Y podríamos seguir así con las historias contra el racismo que han sido protagonistas en otras categorías. Lo cierto es que Hollywood, aun manteniendo su esencia, cada vez aprecia más las historias diferentes, procedan de donde procedan, pertenezcan al género al que pertenezcan. Y esta solo puede ser considerada una buena noticia.

A continuación encontraréis la lista de Ganadores de la 91ª edición de los Oscar.

Mejor película: Green Book.

Mejor director: Alfonso Cuarón, por Roma.

Mejor actor principal: Rami Malek, por Bohemian Rhapsody.

Mejor actriz principal: Olivia Colman, por La favorita.

Mejor actriz de reparto: Regina King, por El blues de Beale Street.

Mejor actor de reparto: Mahershala Ali, por Green Book.

Mejor película de animación: Spider-Man: Un nuevo universo.

Mejor película de habla no inglesa: Roma, de Alfonso Cuarón (México).

Mejor guión adaptado: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott y Spike Lee, por Infiltrado en el KKKlan.

Mejor guión original: Nick Vallelonga, Brian Currie y Peter Farrelly, por Green Book.

Mejor documental: Free Solo, de Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi.

Mejores efectos visuales: Paul Lambert, Ian Hunter, Tristan Myles, J.D. Schwalm, por First Man (El primer hombre).

Mejor fotografía: Alfonso Cuarón, por Roma.

Mejor montaje: John Ottman, por Bohemian Rhapsody.

Mejor diseño de producción: Hannah Beachler y Jay Hart, por Black Panther.

Mejor vestuario: Ruth Carter, por Black Panther.

Mejor maquillaje: Greg Cannom, Kate Biscoe y Patricia Dehaney, por El vicio del poder.

Mejor banda sonora: Ludwig Göransson, por Black Panther.

Mejor canción original: Lady Gaga, Mark Ronson, Anthony Rossmando y Andrew Wyatt por ‘Shallow’, de Ha nacido una estrella.

Mejor mezcla de sonido: Paul Massey, Tim Cavagin y John Casali, por Bohemian Rhapsody.

Mejor montaje de sonido: John Warhurst y Nina Hartstone, por Bohemian Rhapsody.

Mejor cortometraje: Skin, de Guy Nattiv y Jaime Ray Newman.

Mejor corto animado: Bao, de Domee Shi y Becky Neiman-Cobb.

Mejor corto documental: Period. End of Sentence, de Rayka Zehtabchi y Melissa Berton.

Pasado y futuro del cine y el boxeo se citan en el ring de la cartelera


Último fin de semana de enero, y la cartelera se llena de novedades cuanto menos variadas, y desde luego interesantes en lo que a nombres e historias se refiere. Acción, drama, intriga y la presencia de grandes veteranos y estrellas incipientes del cine se dan cita este 25 de enero. Y para comenzar el repaso nada mejor que la nueva película de boxeo con Rocky Balboa.

En efecto, llega a la cartelera española Creed II: La leyenda de Rocky, secuela de la película homónima de 2015 que, además, continúa la historia narrada en la saga Rocky. Y en esta ocasión lo hace más fiel que nunca a los hechos que ocurrieron, pues la trama enfrentará al hijo de Apollo Creed con el hijo de Ivan Drago. Ambos reviven el duelo de sus padres en el ring con el aliciente de la venganza por la muerte del primero a manos del segundo. Todo ello con un trasfondo dramático y personal para el protagonista que le obligará a escoger entre sus ansias de honrar la memoria de su padre y su propia familia. Dirigida por Steven Caple Jr. (The land), la película está protagonizada por Sylvester Stallone (Los mercenarios 3), Michael B. Jordan (Black Panther), Tessa Thompson (serie Westworld), Dolph Lundgren (Aquaman), Florian Munteanu, Phylicia Rashad (Good deeds), Russell Hornsby (serie Grimm), Milo Ventimiglia (serie This is us) y Brigitte Nielsen (Big money rustlas).

Muy diferente es la comedia Familia al instante, que está inspirada en hechos reales y cuya historia se centra en un matrimonio que se plantea formar una familia, y para ello termina adoptando a tres hermanos. Su inexperiencia como padres para tratar con tres jóvenes dará lugar a divertidas situaciones mientras tratan de aprender a ser padres de la noche a la mañana. Sean Anders (Padres por desigual) se pone tras las cámaras de este film en cuyo reparto encontramos a Mark Wahlberg (Todo el dinero del mundo), Rose Byrne (Juliet, desnuda), Isabela Moner (Transformers: El último caballero), Julie Hagerty (Ella es el chico) y Octavia Spencer (La forma del agua).

También se estrena esta semana The old man & the gun, el último trabajo de Robert Redford (La verdad) como actor antes de retirarse. Dirigida por David Lowery (A ghost story) y basada en un artículo del New Yorker escrito por David Grann, la cinta gira en torno al ladrón de bancos Forrest Tucker, quien con 80 años y habiéndose escapado 18 veces de prisión, vive ahora en un hogar de jubilados y ha encontrado el amor. Pero cuando ve por televisión a un detective siente la necesidad de dar un último golpe y demostrar que sigue pudiendo poner en jaque a la policía. Casey Affleck (Triple 9), Sissy Spacek (Criadas y señoras), Danny Glover (Proud Mary), Tom Waits (Siete psicópatas) y Tika Sumpter (Michelle & Obama) son algunos de los nombres que acompañan a Redford ante las cámaras.

La última de las novedades estadounidenses es El blues de Beale Street, drama romántico con trasfondo criminal basado en la novela de James Baldwin cuyo argumento se centra en una joven de Harlem y su carrera contrarreloj para probar la inocencia de su novio, del que lleva un hijo en su interior. Dirigida por Barry Jenkins (Moonlight), la cinta está protagonizada por KiKi Layne, Stephan James (El héroe de Berlín), Regina King (serie The leftovers), Colman Domingo (serie Fear the walking dead), Teyonah Parris (Chi-Raq) y Michael Beach (Canal Street).

Pasamos ahora a las cintas europeas, y lo hacemos con La casa de Jack, drama con toques de terror dirigido escrito y dirigido por Lars Von Trier (Melancolía) que sigue a un personaje a través de cinco crímenes que le definen como un asesino en serie. Incapaz de adaptarse a la sociedad, considerar sus actos como una obra de arte, y aunque la policía cada vez cierra más el cerco en torno a él, sus actos resultarán más y más arriesgados. Todo ello con el trasfondo de la descripción que él mismo hace de sus actos, de su condición y sus pensamientos. Esta producción con capital danés, francés, alemán y sueco cuenta con un reparto encabezado por Matt Dillon (Tierra del mal), Bruno Ganz (Fortuna), Uma Thurman (Una buena receta), Siobhan Fallon Hogan (serie Wayward Pines), Sofie Gråbøl (serie Forbrydelsen) y Jeremy Davies (Una historia casi divertida).

Desde Italia nos llega Bendita locura, comedia cuya trama arranca cuando el propietario de una tienda de artículos religiosos se ve perdido tras el abandono de su mujer. Deprimido y desesperado, todo cambia cuando entra a trabajar una joven dependienta cuyo carácter alocado y descarado pone patas arriba su mundo. Será por su recomendación que el hombre se introduzca en el mundo de las citas online, con resultados desastrosos. Carlo Verdone (Enemigos íntimos) dirige, protagoniza y colabora en el guión de este film protagonizado, además, por Ilenia Pastorelli (Niente di serio), Maria Pia Calzone (Dobbiamo parlare), Lucrezia Lante Della Rovere (Quantum of Solace) y Paola Minaccioni (Miami beach), entre otros.

Rusia, Polonia y Serbia colaboran en Dovlatov, drama biográfico que dirige Aleksey German (Garpastum) en torno a la figura del irónico y brillante escritor. La historia se centra en seis días de su vida en la Unión Soviética de los años 70, cuando luchó por preservar su talento y decencia mientras veía cómo el resto de artistas eran víctimas de la maquinaria soviética. Milan Maric (Dobra zena), Danila Kozlovsky (Matilda), Helena Sujecka (Las inocentes), Artur Beschastny (Blueberry fields forever) y Elena Lyadova (Leviatán) encabezan el reparto.

Italia también está detrás, junto a Alemania y Austria, de Ötzi, el hombre de hielo, drama de 2017 ambientado hace más de 5.300 años, en la era neolítica. El argumento se centra en un clan, concretamente en el líder y guardián de un santuario sagrado. Un día que sale a cazar el asentamiento es atacado y todos sus miembros asesinados, salvo un bebé. A su regreso, y cegado por el dolor, el hombre emprende una búsqueda de venganza, aunque no le quedará más remedio que hacerlo llevándose al bebé con él. Felix Randau (Northern star) escribe y dirige esta cinta entre cuyos actores principales encontramos a Jürgen Vogel (Ostwind 2), André Hennicke (Solness), Susanne Wuest (Hey bunny), Sabin Tambrea (Marie Curie) y Martin Augustin Schneider.

Terminamos este repaso con dos cintas de animación. El viento entre las cañas es una coproducción entre Francia y Bélgica que recoge cinco cortos para niños y niñas en un maravilloso canto a la libertad. Cada uno de esos cortos está dirigido por un director diferente: Arnaud Demuynck, Nicolas Liguori, Anaïs Sorrentino, Rémi Durin y Madina Iskhakova.

Por su parte, Las aventuras del pequeño Colón es una aventura brasileña de 2016 para toda la familia. Dirigida por Rodrigo Gava (Turma da Mônica em Uma Aventura No Tempo), la historia se centra en tres grandes personajes históricos en su niñez: Cristobal Colón, Leonardo Da Vinci y Mona Lisa. Juntos se embarcan en una aventura para llegar a una isla en la que, según la leyenda, hay un tesoro escondido desde hace miles de años. Juntos deberán superar muchos peligros y aprender a apoyarse unos en otros sacando el máximo partido a sus capacidades.

‘The Leftovers’ opta por el cariz más humano y comprensible en su 2ª T


'The leftovers' aborda la pérdida de los seres queridos desde otro punto de vista en su segunda temporada.La primera temporada de The Leftovers dejó claras dos cosas: que la serie era una de las propuestas más originales y frescas de esa temporada, y que su misterio y el drama de los personajes hacían incomprensibles muchos de los momentos que se vivían en la trama. Pero una vez superado el choque inicial, la producción creada por Damon Lindelof (serie Perdidos) y Tom Perrotta (Juegos secretos) ha entrado en un desarrollo más coherente, más centrado en el presente de los personajes y no en sus consecuencias emocionales a raíz de la masiva desaparición de personas cuya explicación, por cierto, todavía tardará en conocerse.

La segunda temporada, de nuevo con un desarrollo en 10 episodios, tiene un arranque tanto o más sorprendente que el episodio piloto. Y aunque lo que podríamos considerar el primer acto del arco dramático posee una estructura algo inconexa, con saltos en el tiempo y personajes que en principio tienen poco o nada que ver entre ellos, el posterior avance de la trama no hace sino confirmar que esta etapa no solo es diferente, sino que resulta incluso más interesante. Y lo es porque, a pequeña escala, el espectador es capaz de vivir en primera persona la frustración y el miedo de una familia ante la desaparición de su hija.

Es este elemento uno de los que mejor pueden definir The Leftovers en su segunda parte. La serie opta por dejar a un lado ese carácter reflexivo e introspectivo que tanto caracterizó a la primera temporada para convertir el relato en una lucha constante entre el carácter violento y primario del ser humano y su comportamiento en sociedad. Con ese escenario idóneo llamado ‘Miracle’ (Milagro), Lindelof y Perrotta exploran todas las posibilidades de un pueblo “tocado” por Dios para salvarle de la desaparición masiva de personas. Eso, unido al carácter agnóstico del personaje de Kevin Carroll (Margaret), genera toda una corriente narrativa diferente, más dinámica y, en cierto modo, más interesante. La desaparición de su hija es, desde luego, el detonante de toda la trama, pero antes incluso se pueden percibir ciertos detalles sobre el carácter del personaje.

Aunque desde luego la muestra más evidente del cambio de estilo narrativo y conceptual es la secta Remanente Culpable. De blanco, fumadores y en completo silencio en la primera temporada, en esta segunda etapa, y con Liv Tyler (Un amigo para Frank) como principal rostro, modifican su comportamiento hacia un grupo más activo, más agresivo, y desde luego no tan silencioso. Algo que ya se pudo prever al final de la etapa anterior, que no por casualidad es similar al de estos 10 nuevos episodios, y que reflejan la dualidad de toda la serie en general entre el pacifismo y la guerra, entre el carácter calmado y reflexivo y la violencia que siempre representa el uso de la fuerza para lograr lo que se quiere. Que el cambio en esta secta sea algo positivo o negativo es cuestión de opiniones, pero a tenor de la evolución de la serie parece lógico pensar que ha sido para mejor.

Los del más allá

Ahora bien, este cambio no impide que The Leftovers siga teniendo un componente intrínsecamente intimista y reflexivo. El papel de Justin Theroux (Sácame del paraíso), cada vez más sólido como protagonista, mantiene su definición silenciosa, construida a base de miradas y de sentimientos reprimidos no solo hacia los que le rodean, sino incluso hacia aquellos que parecen conocerle mejor ya que, en esta ocasión, están dentro de su cabeza. El hecho de que este personaje ocupe, en cierto modo, el papel que tuvo su padre en la primera temporada, le hace evolucionar y abre la puerta hacia aspectos ignotos de este mundo tan peculiar como fascinante creado por Lindelof y Perrotta.

Es más, es gracias a él que la trama empieza a explicar algunos aspectos. O al menos, a eliminar posibilidades. El viaje que realiza el protagonista al más allá, original como pocos y desde luego una ruptura narrativa sumamente atractiva, deja algunas respuestas a preguntas cómo dónde están los desaparecidos o qué ocurre con determinados personajes. Claro que, al mismo tiempo, genera muchas otras incógnitas. Estos pocos episodios ambientados en un hotel, unidos a la estructura dramática del resto de la trama, más lineal y coherente, convierten a esta nueva etapa en un soplo de aire fresco, más interesante si cabe que la anterior y, a todas luces, más completa y compleja.

Aunque de nuevo, lo más interesante que deja esta temporada es el final o, mejor dicho, el futuro. Porque si el desarrollo, con clara influencia del cine negro y del suspense, deja al espectador con la sensación de comprender mejor lo que ocurre en ese pueblo salvado de las desapariciones, el final del último episodio abre un camino tan interesante como impredecible. Lejos de generar un gancho que deje a los espectadores expectantes ante el futuro incierto de los personajes, la serie opta por romper con el orden establecido durante todos los episodios (algo para lo que realmente nos preparan durante todos los episodios, aunque eso se comprende a posteriori), lo que en última instancia provoca un sentimiento contradictorio y una incertidumbre acerca del siguiente paso en el viaje de los protagonistas. En efecto, no es un gancho, pero su influencia puede ser mucho mayor.

El resumen más sencillo podría ser que The Leftovers mejora en todos los aspectos durante su segunda temporada. Menos aséptica narrativamente hablando, más emocional y visceral, la trama se nutre con personajes más mundanos y mucho menos reflexivos, pero no deja en ningún momento el espíritu que la convirtió en la revelación que fue en su primera temporada. Lo cierto es que sí, estos episodios ofrecen más en todos los sentidos, y lo hacen cambiando ligeramente algunas de sus máximas formales. Pero esta segunda etapa es mucho más. Es una continuación más que notable, y es la llave de un futuro que se antoja, al menos, atractivo. De mantener este camino podríamos estar ante una de las producciones más originales y diferentes de la televisión actual.

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