Rovira no logra cerrar las puertas de ‘Jurassic World’ en la taquilla


Pues no, no ha podido ser. Dani Rovira, protagonista de Ocho apellidos vascos (2014), no ha sido capaz de vencer a los dinosaurios de Jurassic World. Personalmente me costaba mucho creer que eso pudiera llegar a suceder, pero en la taquilla todo es posible. Sea como fuere, han quedado patente dos cosas: primero, el enorme atractivo de Rovira entre el público español, y segundo que la cartelera española vive, ahora más que nunca, de los grandes estrenos. Tal vez sea por eso que esta semana, sin ningún título de estas características, la recaudación haya bajado hasta los 6,2 millones de euros tal y como recoge boxoffice.es, un 30% menos que hace una semana y menos también de lo que recaudó la cinta jurásica en el fin de semana de su estreno.

Por tanto, Jurassic World repite en lo más alto del box office, aunque lo hace con 3 millones de euros según datos recogidos en la cuenta de Twitter de Rentrak. Dicha cifra representa un 54,4% menos, pero en cualquier caso sigue siendo un magnífico dato parcial. En total acumula ya más de 12 millones de euros, por lo que no debería de tener problemas para terminar, incluso, superando los 2o millones antes de extinguirse de las salas. La comedia española Ahora o nunca se queda en segunda posición, aunque bastante alejada. Recauda 1,6 millones de euros, lo que la convierte en el mejor estreno español del año, y sitúa sus más inmediatos objetivos en los 7,5 millones.

La tercera posición es para otro estreno, Campanilla y la leyenda de la bestia, que también queda muy alejada del puesto anterior. Sus aproximadamente 300.000 euros obtenidos en 323 salas dejan una media de 928 euros, una cantidad que no invita a pensar en un futuro demasiado prometedor, sobre todo con la amenaza de nuevas cintas de animación más atractivas. En principio, y a menos que se produzca algún tipo de sorpresa, lo normal será que termine en el entorno de los 1,2 millones de euros. Cifra que posiblemente también alcance El niño 44, que logra también 300.000 euros. Su estreno deja igualmente un balance por pantalla inferior a los 1.000 euros, por lo que tendrá muy complicado alcanzar los 1,5 millones.

En mitad de este top 10 se encuentra Tomorrowland: El mundo del mañana, que logra 247.250 euros, casi un 47% menos que hace siete días. El pronunciado descenso, en la línea del resto de films que se mantienen de semanas anteriores, deja un total de 3,59 millones de euros, por lo que no debería de tener demasiados problemas en alcanzar los 4 millones, aunque no parece que pueda llegar mucho más lejos. La cinta pierde tres posiciones, lo mismo que le ocurre a Insidious: Capítulo 3, que esta semana en el entorno de los 200.000 euros, lo que representa un descenso de más del 40%. Su total se queda en los 1,5 millones de euros aproximadamente, por lo que todo apunta a que su balance general se mantendrá en los 1,75 millones, puede que incluso alcance los 2 millones.

El séptimo lugar es para Nuestro último verano en Escocia, que tras un buen fin de semana cae un 56% para sumar 120.700 euros durante los tres días que aquí analizamos. En total tiene ya 1,57 millones, por lo que no sería extraño que terminara por encima de los 1,75 millones de euros, aunque no llegará mucho más lejos. Por su parte, Dando la nota: Aún más alto se queda orbitando los 100.000 euros, por lo que deja de recaudar más de un 40% respecto a la semana anterior. Su total se queda a las puertas de los 2,5 millones, cifra que superará dentro de poco, pero teniendo en cuenta su evolución no parece probable que llegue más lejos.

Mad Max: Furia en la carretera se queda en novena posición con 64.619 euros, un 53% menos que el fin de semana anterior. A pesar del importante descenso, es uno de los films que menos puestos pierden respecto al anterior ranking. Su total se queda en los 3,71 millones de euros, y todo invita a pensar que no llegará a superar los 4 millones. El farolillo rojo de la semana es para Lejos del mundanal ruido, que se queda en los 61.800 euros. La cantidad, que representa un 62% menos, le permite sumar poco más de 300.000 euros, por lo que tendrá suerte si logra superar el medio millón antes de abandonar las salas.

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Quinta temporada de ‘The Walking Dead’ (II), de hombres y lobos


Rick Grimes pierde los papeles en la segunda parte de la quinta temporada de 'The Walking Dead'.Hay pocas series que generen sensaciones tan contradictorias como The walking dead. Su desarrollo dramático en 16 episodios divididos en dos etapas se pasa literalmente en un suspiro, dejando con ganas de saber más, de conocer el porvenir de unos personajes que se han ganado a pulso estar entre los mejores de la ficción moderna. Pero al mismo tiempo, en cada capítulo se desarrollan y se plantean tantas ideas que es necesario prestar atención a cada minuto de metraje. Y desde luego la segunda etapa de esta quinta temporada no lo es menos. Habrá quien tal vez crea que no ha habido un avance significativo en lo visto anteriormente, y que incluso crea que se ha perdido algo de violencia con respecto a temporadas previas. Bueno, pues para eso está este final de temporada.

Porque sí, los 8 episodios que ahora analizamos tienen de todo, desde desarrollo dramático hasta vísceras y, desde mi punto de vista, el momento más tenso, salvaje y violento visto en la serie. Pero sobre eso incidiré más adelante. Y es que si algo caracteriza a la serie creada por Frank Darabont (serie Mob city), y al cómic de Charlie Adlard, Robert Kirkman y Tony Moore en el que se basa, es el tratamiento de sus personajes, el modo en que evolucionan y, sobre todo, cómo su entorno les cambia hasta hacerles parecer otra persona. Y destaco la palabra “parecer”, pues en el fondo el espectador, compañero infatigable de sus desventuras, cambia con ellos, lo que le otorga un punto de vista único y privilegiado.

Todo ello queda representado en los últimos episodios de esta temporada de The walking dead. El contraste entre el grupo de Rick Grimes (de nuevo un soberbio Andrew Lincoln, visto en Love Actually) y la comunidad de Alejandría a la que llegan no solo refleja el cambio experimentado por los protagonistas, sino que genera una especie de salto temporal en el que pasado y presente se mezclan para encaminarse a un futuro común. O lo que es lo mismo, basta únicamente un repaso mental a las actitudes de la primera y segunda temporada para comprender que las decisiones de ese pueblo están muy próximas a las que habría tomado el propio Grimes en sus comienzos, antes de experimentar todo lo experimentado. Este contraste, no por casualidad, no crea animadversión hacia la violencia desarrollada en el protagonista, más bien al contrario: genera incomprensión hacia la actitud de un grupo de personajes que parecen vivir ajenos a la realidad de la ficción.

Aunque si hay que hablar de cambio es imprescindible mencionar lo ocurrido en el episodio 8, o lo que es lo mismo, en el primero de esta segunda etapa. Sin entrar en demasiados detalles, simplemente hay que destacar que es una de las pocas veces, si no la primera, en que una ficción muestra lo que experimenta un infectado por un mordisco de zombie. Y lo hace de la mejor forma posible. El cambio que se produce en el personaje es fundamentalmente psíquico, aprovechando todos los traumas, toda la muerte y la violencia desarrollada a lo largo de la serie para ofrecer un debate sobre la bondad, la crudeza y el instinto de supervivencia del ser humano. Una reflexión que impacta por el resultado final, pero que pone sobre la mesa interesantes propuestas que encuentran cierto eco en el resto de la temporada.

Puertas giratorias

El final de esta temporada de The walking dead pone de manifiesto que el grupo encabezado por el personaje de Lincoln ha dejado de ser inocente. Se ha convertido, en cierto modo, en lobos capaces no solo de defenderse, sino de tomar por la fuerza algo que consideran que debe ser salvado. Objetivamente, esto les convertiría en villanos, pero por supuesto es una idea que en ningún momento puede llegar a plantearse. Dicho esto, estos 8 capítulos están lejos de terminar de forma pacífica. El gancho utilizado, en esta ocasión, se ha desarrollado a lo largo de toda esta segunda parte, primero con esos zombies con W grabada en la frente, y luego con los primeros indicios de un grupo, posiblemente mayor, que se autodenominan “lobos”. La presencia de esta nueva amenaza, unido a la violencia de algunos momentos, plantea un futuro prometedor para la serie (aquellos que hayan leído la novela gráfica ya se hacen una idea).

Pero no puedo dejar pasar el momento más impactante de la temporada, y puede que de toda The walking dead. Me refiero a la secuencia desarrollada en esa puerta giratoria en la que tres personajes se ven acorralados por muertos vivientes a ambos lados de la misma. La tensión desarrollada está al nivel de otras muchas secuencias, es cierto, pero el grado de violencia es muy alto, diría incluso que extremo. Desmembramientos, mordiscos y explosiones de sangre se dan cita frente a los ojos de un aterrado Steven Yeun (Orígenes), quien compone una de las mejores interpretaciones de su personaje Glenn. Ambos conceptos, tensión y violencia, crean una de las mejores piezas en cuanto a intensidad dramática se refiere, y modifican sustancialmente el desarrollo posterior.

Claro que no es la única secuencia violenta, aunque es algo que solo los fans de la serie pueden “disfrutar”. Lo cierto es que la evolución del arco dramático principal, aquel que implica al rol de Lincoln, va en paralelo a la evolución del protagonista. Si en la primera parte se apreciaba el claro cambio experimentado en el personaje, en esta segunda parte dicho cambio no solo es manifiesto por el contraste con la comunidad de Alejandría, sino que se convierte en parte intrínseca de los argumentos narrativos. Ya no se trata de recurrir a la violencia para sobrevivir (matar para subsistir), sino que la violencia es parte del mundo en el que viven y debe ser utilizada para proteger a aquellos que la rechazan, incluso aunque no comprendan el verdadero significado de esa actitud (matar para salvar). En este sentido es muy significativo el final de la temporada, tanto lo que ocurre en la reunión junto al fuego como el renovado protagonismo de la katana.

Personalmente, The walking dead logra evolucionar definitivamente hacia un estado de violencia innata, lo que no solo hace que avance dramáticamente sino que mejora sustancialmente lo visto hasta ahora. Pero más allá de interpretaciones lo que está claro es que esta quinta temporada ha sabido sobreponerse a su carácter nómada para sentar las bases no solo de una narrativa más sedentaria (al menos desde la localización), sino del equilibrio entre profundidad dramática y violencia explícita. Unas bases necesarias para lo que está por llegar, que en palabras de su protagonista es una tormenta en toda regla. Lo bueno es que en octubre regresa. Lo malo es que hasta entonces tendremos que vagar como los muertos vivientes de esta magnífica serie.

Diccineario

Cine y palabras

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