‘Heroes Reborn’, un producto víctima de su propia leyenda


Robbie Kay y Danika Yarosh son los héroes destinados a salvar el mundo en 'Héroes Reborn'.Desde que Toma Dos inició su andadura he analizado todo tipo de producciones, ya sean cinematográficas o seriadas. Pero creo que nunca había afrontado una ficción que fuera víctima de su propio mito, de la leyenda creada a su alrededor. Y es lo que le ha ocurrido a Heroes Reborn, una especie de reinicio/secuela del producto que allá por 2006 creó toda una corriente fan a su alrededor. Su creador, Tim Kring (serie Touch), ha tratado de recuperar el espíritu de aquella primera temporada (que no las siguientes, donde la trama descarriló notablemente), pero en su empeño ha cometido errores similares a los que presentaba aquella historia.

El primero y más relevante es que estos 13 episodios vuelven a contar con un amplio repertorio de personajes con poderes, todos ellos estratégicamente relacionados para un final apocalíptico en el que todo lo acontecido previamente encuentra un significado final. Más allá del mejor o peor desarrollo dramático de la historia, que analizaré más adelante, la historia ofrece pocos, por no decir ninguno, incentivos originales. En realidad, Kring aprovecha los mejores personajes de la trama original para que se conviertan en una suerte de mentores, en aquellos que entreguen el testigo a una nueva generación que, casualidad o no, tienen unos poderes similares, algunos incluso idénticos.

A esto se suma una estructura argumental parecida. Una misión para salvar el mundo, las visiones que sirven de guía, los protectores casi involuntarios de estos salvadores, los villanos de turno con poderes de todo tipo, etc. La combinación de unos y otros elementos convierte a Heroes Reborn en un reflejo demasiado nítido de aquella primera temporada, con la salvedad de que carece del halo de clasicismo que ya ha adquirido, a pesar de los pocos años transcurridos, esa historia. La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué un reinicio de este tipo? La respuesta parece evidente, a tenor de los fans que siempre ha tenido este universo, pero el modo de responder es lo que ya no es tan lógico.

Si algo han demostrado las actuales series de superhéroes es que, en líneas generales, lo que funciona es una construcción de pirámide invertida, es decir, pivotar la acción sobre un único individuo, cuya trama se desarrolla sólidamente durante varios episodios (incluso temporadas) y, posteriormente, introducir otros roles que complementen y antagonicen con el héroe de turno. Así ha ocurrido en Arrow, en Flash, en Daredevil y en un sinfín de producciones. Y es este, precisamente, el conflicto irresoluble al que se ve abocada esta nueva serie y/o continuación. Dado que el universo ya es conocido, y que los poderes son tan variados, se puede realizar una apuesta por mostrarlos todos juntos, en una especie de festival de imaginación. El problema es que esto conlleva la presencia de muchos, posiblemente demasiados, personajes con cierto peso en la trama, lo que a la larga termina por generar el mismo número de tramas secundarias con una importancia similar y, en consecuencia, una pérdida del interés real de la historia.

Más efectos, menos desarrollo

La principal consecuencia que sufre Heroes Reborn de todo esto, además del constante paralelismo con el original, es que el desarrollo dramático de los personajes es excesivamente plano, y con ello la historia pierde fuerza de forma gradual. A pesar de la presencia de personajes como los de Jack Coleman (Beautiful loser), Greg Grunberg (Speed asesino) o Masi Oka (Jobs), todos ellos recuperados de la trama inicial, la historia cuenta con tantos roles nuevos y desconocidos, y con un bagaje dramático a sus espaldas tan complejo, que es imposible lograr un desarrollo adecuado de todos ellos. Y dado que la historia no se centra en ninguno en particular (al menos no en lo que a tiempo de metraje se refiere), el resultado es que sí, el espectador conoce el papel de cada uno en la historia, pero no les llega a conocer lo suficiente como para comprender algunas de sus reacciones, por mucho que posteriormente pretendan explicarse.

De hecho, dicha explicación, que llega a mitad de temporada, es posiblemente lo mejor de toda la serie, un giro argumental que ayuda no solo a comprender toda la historia, sino a los personajes con los que se lleva conviviendo durante tantos episodios. Y aunque es un buen recurso, su impacto en el desarrollo posterior de la historia es prácticamente nulo, por no decir inexistente, pues el único impacto aparente (esa mariposa de la que tanto hablan en la trama) termina siendo más bien un simple efecto dramático sin mayor trascendencia. En resumen, unos episodios que podrían haber servido para dar un nuevo punto de vista a la trama se utilizan, simple y llanamente, para explicar al espectador algo que debería haberse desarrollado a lo largo de los 13 capítulos en una estructura quizá más tradicional, pero posiblemente más efectiva.

Esto no quiere decir que la serie no esté bien estructurada, al contrario. Las diferentes tramas que presenta poseen un manifiesto atractivo, sobre todo la protagonizada por Robbie Kay (serie Érase una vez). Y desde luego la historia aprovecha el vertiginoso avance en efectos digitales para crear algunos poderes espectaculares, incluida la referencia a los videojuegos que tanta relación tiene en los últimos años con el mundo de los superhéroes. Pero el problema es la ficción en su conjunto. Dicho de otro modo, las partes tienen una solidez que no tiene el todo, lo cual debería ser motivo de análisis por parte tanto de la productora como de su creador, que tiende a reincidir en una propuesta que parece abocada al fracaso a tenor de las cancelaciones anticipadas de sus últimos productos.

Posiblemente si Heroes Reborn hubiera sido una serie original, sin el bagaje cultural y social que ya tiene el universo creado por Tim Kring, habría logrado un efecto similar al de aquella primera temporada de 2006. Similar, que no igual, pues el tono oscuro de aquella no lo tiene esta, y la complejidad moral de muchos de sus personajes aquí brilla por su ausencia. Pero a lo problemas propios de la historia se les añade otro, en parte ajeno. El mito que rodea a la serie hace inevitables las comparaciones, o al menos tener presente en el recuerdo las sensaciones que ya ha dejado en los fans, sean buenas o malas. Y ya se sabe, las comparaciones son odiosas.

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‘Sharknado 3: Oh Hell No!’, el espacio… la última frontera


Los tiburones llegan al espacio en 'Sharknado 3'.No hay nada peor que una película (o una serie, puesto el caso) que se tome en serie una trama risible. Y da igual que tenga un presupuesto de millones de dólares o que sea una pequeña producción. Suele decirse que lo mejor es que un film conozca sus propias limitaciones. Por eso la saga de Sharknado ha llegado a donde ha llegado… que es al espacio. Porque la tercera parte, subtitulada para la ocasión Oh Hell No! (algo así como “Oh, demonios, no!”) es todo lo que se le puede pedir a una serie Z capaz de hacer reír con un tema que parece no dar para más, pero que en manos de Anthony C. Ferrante, director de las dos anteriores, adquiere dimensiones estratosféricas.

Lo cierto es que tratar de ver esta nueva entrega (que no la última) de las “terroríficas” aventuras de Ian Ziering (serie Sensación de vivir) contra los tornados de tiburones es una extraña mezcla de sufrimiento y deleite. Sufrimiento porque todas las secuencias de transición, en las que los personajes hablan y, en teoría, se desarrolla una trama, duelen en el alma. Y no solo porque los diálogos tengan menos sentido que la propia historia, sino porque los personajes son más planos que un folio en blanco. Y digo en blanco porque, en efecto, ningún protagonista, secundario o de los que pasan por allí tiene contenido alguno.

Pero por otro lado, y siempre que Sharknado 3 se entienda como lo que es (y como, de hecho, ella misma se presenta), la película produce un pequeño placer culpable al crear las situaciones más absurdas, irónicas y paródicas que puedan encontrarse en una pantalla, ya sea grande o pequeña. Los ataques de tiburones responden a esa teoría no escrita en el cine que afirma que cada continuación debe ser más de lo mismo. Literalmente más. Así, la tercera parte tiene más tiburones, más tornados, más ciudades devastadas y, sobre todo más altura.

Como se apreciará en la imagen que acompaña este texto, los tiburones llegan al espacio. Sin escafandra ni otro tipo de protección. El motivo de que sigan vivos y sean capaces de morder y comerse una nave espacial queda perfectamente explicado en la propia película: si son capaces de sobrevivir a un tornado, ¿por qué no van a poder hacerlo en el espacio? Ya puestos… Es bajo esta premisa autoparódica que lo permite todo donde la película es capaz de sobrevivir. Eso, y las magníficas sentencias que se escuchan bajo el ataque de los tiburones, algunas de las cuales no tienen desperdicio por su grado de estupidez.

Un producto consolidado

Desde luego, ya desde el comienzo Sharknado 3: Oh Hell No! marca una línea muy clara. Ese pseudo homenaje a James Bond, algunas referencias al gore más vulgar y el comienzo en Washington, con destrucción de la Casa Blanca incluida y ese Presidente de los Estados Unidos destrozando escualos mano a mano con el héroe sientan unas bases muy concretas. Por supuesto, el espectador es libre de tomarse en serio esta película, pero desde luego lo que señalan los primeros minutos es un tono opuesto a la seriedad. Es más, sobrepasa con mucho la autoparodia para convertirse, simple y llanamente, en un ejercicio de humor macabro.

Considerarla una cinta de terror sería equivocado. Ni hay miedo, ni hay sangre. Por no haber, no hay ni secuencias desagradables, pues la propia mediocridad de los efectos digitales impide que algunas muertes, ya sean de humanos o tiburones, se tomen en serio. Pero esta tercera parte deja también una reflexión cuanto menos curiosa, y es la de la consolidación que ha adquirido esta saga, no tanto por el tremendo éxito que supone haber llegado a tres entregas (que se dice pronto), sino por la cantidad de rostros conocidos que se pasean por sus fotogramas.

Sin duda los más llamativos son los de Bo Derek (10, la mujer perfecta) y David Hasselhoff (serie El coche fantástico), sobre todo por ser dos actores que marcaron una época para algunas generaciones. Pero no son los únicos. El apoyo más inesperado es el que hace George R. R. Martin, el creador de ‘Juego de Tronos’, en una pequeña secuencia en la que, como no, hay tiburones de por medio. Su presencia, teniendo en cuenta el éxito tanto de sus libros como de la serie que se inspira en ellos, da buena cuenta del alcance que tienen estas cintas de serie Z producidas por The Asylum.

Espero que de este análisis no se desprenda una valoración positiva de Sharknado 3: Oh Hell No!. La película es mala, muy mala. Pero lo es a conciencia, sabiendo en todo momento los absurdo de su trama, la cantidad de incongruencias que tiene y lo limitado de sus actores, sus personajes y sus efectos especiales. Y en este sentido, se podría decir que la cinta incluso se marca algún tanto, si es que eso es remotamente posible. Si alguien quiere acercarse a un film como este, un único consejo: dejen los análisis de cualquier tipo en un rincón de su mente porque la cinta no los va a pasar. Solo así podrá disfrutarse mínimamente (y a través de la risa) de una historia tan descabellada como esta.

Diccineario

Cine y palabras

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