‘Deadpool 2’: la familia es lo primero


Vaya por delante que disfruté mucho, muchísimo, de aquella inteligente e irónica gamberrada titulada Deadpool. Con ese film de 2016 Ryan Reynolds (Criminal) lograba dos cosas: adaptar fielmente al cine un personaje tan controvertido como este mercenario, y hacer olvidar sus anteriores incursiones en el cine de superhéroes. Ahora, dos años después y habiendo sentado las bases, ¿puede ofrecer algo nuevo una continuación? Bueno, nuevo realmente no, pero dos horas de diversión, violencia y un humor muy muy negro, eso es incuestionable. Y en los tiempos que corren, esto convierte a esta cinta en algo fuera de lo común.

Aunque más allá de violencia extrema, palabrotas y un sinfín de referencias culturales modernas, la realidad es que Deadpool 2 es, ante todo, una historia, el camino de un antihéroe que, como él mismo explica en el film, toca fondo para volver a levantarse y encontrarse a sí mismo. Y ese camino, con sus altibajos en una película que en algún que otro momento se hace un poco lenta, está sólidamente construido, equilibrando drama y humor a partes iguales para aprovechar los conflictos externos a los que se enfrenta el héroe como mecanismos para desenredar su propio arco dramático interno, centrado en su necesidad de encontrar un significado a su vida, una familia que se le ha arrebatado. Dicho de otro modo, todo lo que ocurre en el film está enfocado a explorar los dilemas morales a los que se enfrenta este mercenario.

Y hasta ahí la parte más, digamos, seria cinematográficamente hablando. Porque esta cinta de David Leitch (Atómica) es puro entretenimiento, pura diversión que debe ser entendida como una parodia de… bueno, de absolutamente todo. La mano firme del director en las secuencias de acción logra algunos de los momentos más impactantes del relato, pero es el guión el verdadero protagonista de esta historia. Su capacidad para reírse de todo, desde el cine de superhéroes hasta de su propio protagonista (el actor, no el personaje, que también) hacen de esta segunda parte un delirio del metalenguaje cinematográfico que permite al relato traspasar sus propias fronteras cinematográficas para incrustarse de lleno en nuestra realidad. A este festival ayudan mucho los cameos, incluyendo los nuevos X-Men, un fugaz Brad Pitt (La gran apuesta), y unos títulos de crédito iniciales simplemente insuperables, de nuevo parodiando una saga caracterizada por sus ‘intros’ (es decir, James Bond). Por cierto, atentos a los textos que aparecen.

En definitiva, Deadpool 2 es más de lo que ya ofreció la primera parte. Y lo es en todos los sentidos. Más acción, más violencia, más humor y, sobre todo, más historia. No implica que sea necesariamente mejor, pero la realidad es que sí que lo es. Como suele pasar en todos estos films, una vez se ha narrado el origen del personaje, la película se centra de lleno en sus motivaciones, en sus miedos y los retos que debe afrontar. Y lo hace sin perder una pizca de todo aquello que convierte a este mercenario bocazas en lo que es. Lo mejor que se puede decir de esta segunda parte es que deja con ganas de más, con ganas de seguir explorando la psicología de este antihéroe y de verle agujereado, troceado y golpeado mientras salva el mundo.

Nota: 8/10

‘Contraband’: la familia es lo primero


Una de las prácticas habituales de Hollywood es realizar una versión de una película europea con el mismo director o productor de la original. Éste es el caso de Contraband, cinta de acción que dirige Baltasar Kormákur, a su vez protagonista y productor de Reykjavik-Rotterdam, historia que la primera toma como punto de partida. En pantalla, una serie de actores solventes en sus roles de héroes, damiselas en apuros, traidores y villanos que conforman un paisaje interesante aunque previsible, y que se aleja en cierto modo de los estándares norteamericanos, lo que siempre es de agradecer.

La película, protagonizada por Mark Wahlberg (cómodo en este tipo de personajes), comienza cuando un contrabando se tuerce y, para salvar la vida de su cuñado, nuestro héroe, antiguo contrabandista (el John Lennon del negocio, como le llaman en un momento de la historia), debe realizar un encargo en Panamá para evitar que su familia sufra daño alguno. Sin embargo, no todo es lo que parece, y las traiciones y malas decisiones complicarán un a priori sencillo plan. Como hemos mencionado, la historia no deja nada a la imaginación, aunque no por ello convierte a esta película coprotagonizada por Kate Beckinsale (Underworld), Ben Foster (X-Men: la decisión final) y Giovanni Ribisi (Avatar) en aburrida o con poco interés.

Más bien al contrario, aunque parezca sorprendente. Gracias a un guión hilado milimétricamente y a unas situaciones algo rocambolescas pero finalmente verosímiles el metraje logra mantener el interés hasta el final, llegando incluso a olvidar que, en una historia de Hollywood de este tipo, el bueno siempre se queda con la chica. En este sentido, la película de Kormákur se aleja de los estándares que antes mencionábamos para acercarse más al concepto europeo donde la tragedia puede invadir la trama en cualquier momento, y donde los personajes se muestran más humanos que en una típica producción norteamericana.

Entretenida y sólida, Contraband conoce perfectamente sus limitaciones, evitando ser algo que no es y ofreciendo un producto que deja una sensación agradable gracias a una resolución que deja todos los cabos atados a favor del protagonista apenas unos minutos después de haber puesto su mundo contra las cuerdas. No será uno de los pilares del thriller, pero tampoco lo busca. Simplemente, un nuevo vistazo al sórdido mundo del crimen, con una fotografía dura y fría, unos personajes secundarios que tienen más caras ocultas que visibles, y una serie de secuencias de acción bien resueltas. No hay nada de malo en ello.

Nota: 5,5/10

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