Fin de semana de sagas con un hueco para el drama entre Pitt y Jolie


Estrenos 11marzo2016La cartelera española deja definitivamente atrás los estrenos de Oscar para empezar a abrir boca a los fans de las aventuras juveniles y al cine más palomitero. O lo que es lo mismo, se cambian las emociones más introspectivas por la espectacularidad. Este viernes, 11 de marzo, es buena prueba de ello, con dos grandes títulos que sin duda llenarán las salas de cine. Pero como toda buena transición, también queda hueco para las historias más dramáticas.

Aunque si hay que arrancar el repaso por algún sitio, ese es La serie Divergente: Leal – 1ª parte, continuación de la conocida saga de ciencia ficción juvenil escrita por Veronica Roth que, como reza su título, tendrá una continuación como manda la moda de dividir en dos el último episodio. La trama continúa tras los acontecimientos vividos en La serie Divergente: Insurgente, llevando a los protagonistas más allá de los muros de Chicago y descubriendo una verdad que les obligará a decidir en quién confiar y que cambiará lo que saben del mundo en el que viven. Robert Schwentke (RED) dirige la propuesta, como ya hizo con la anterior, mientras que Shailene Woolley (Bajo la misma estrella), Theo James (Supercutres), Naomi Watts (St. Vincent), Ansel Elgort (Carrie), Miles Teller (Whiplash), Jeff Daniels (serie The Newsroom), Jonny Weston (Sugar) y Maggie Q (El sicario de Dios) encabezan el reparto.

Y si esta aventura atraerá a los adolescentes a las salas, Kung Fu Panda 3 hará lo propio con los más pequeños de la casa. Esta tercera entrega de las aventuras animadas de Dreamworks narran el enfrentamiento del protagonista y sus amigos a una amenaza sobrenatural como no han conocido hasta ahora, a la que se suma un desafío mucho más terrenal y que pondrá patas arriba la familia a la que creía conocer. Dirigida a cuatro manos por Alessandro Carloni, que debuta en el largometraje, y Jennifer Yuh, quien ya trabajó en la segunda parte, la película, que podrá verse en 3D, cuenta con las voces en la versión original de Jack Black (serie The brink), Angelina Jolie (Maléfica), J.K. Simmons (Terminator: Génesis), Bryan Cranston (Godzilla), Dustin Hoffman (El coro), Jackie Chan (El super canguro), Seth Rogen (Steve Jobs), Lucy Liu (serie Elementary) y Kate Hudson (Una decisión peligrosa), entre otros.

Precisamente Angelina Jolie es la guionista y directora del drama romántico Frente al mar, que protagoniza junto a su marido, Brad Pitt (La gran apuesta), con todo el morbo extra cinematográfico que eso puede tener. La trama se centra en un matrimonio en horas bajas durante los años 70. Para solucionarlo, deciden trasladarse a un pequeño pueblo de Francia. El contacto con los lugareños y, sobre todo, con un joven matrimonio, les permitirá arreglar poco a poco su maltrecha unión. El reparto se completa con Mélanie Laurent (Ahora me ves…), Melvil Poupaud (La odisea de Alice), Niels Arestrup (Diplomacia) y Richard Bohringer (El almirante).

El drama también está presente en La hora decisiva, film con dosis de acción que narra el incidente ocurrido en la costa de Nueva Inglaterra en 1952, cuando un temporal de viento y frío partió por la mitad dos petroleros con decenas de hombres dentro. La trama narra el intento de rescate de la Guardia Costera y su lucha contra las inclemencias climatológicas. Basada en el libro de Casey Sherman y Michael J. Tugias, la película está dirigida por Craig Gillespie (Noche de miedo) y protagonizada por Chris Pine (Into the woods), Casey Affleck (Interstellar), Ben Foster (El único superviviente), Holliday Grainger (Cenicienta), Eric Bana (Líbranos del mal) y John Ortiz (La entrega).

A medio camino entre el drama, la aventura y el horror se encuentra Bone Tomahawk, western ambientado en 1850 y que arranca cuando un hombre llega a un pequeño pueblo de Estados Unidos. Su facilidad para meterse en líos le lleva a la cárcel rápidamente, pero a la mañana siguiente él y la mujer que le cuida desaparecen. La única pista del sheriff es una flecha perteneciente a una tribu de indios antropófagos. De este modo, cuatro hombres iniciarán un viaje que cambiará su percepción del mundo. Ópera prima de S. Craig Zahler, la película tiene un interesante reparto encabezado por Kurt Russell (Poseidón), Patrick Wilson (serie Fargo), Matthew Fox (serie Perdidos), Richard Jenkins (Asalto al poder), Lili Simmons (serie Banshee) y David Arquette (The key).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y sin duda el más internacional es Mustang, drama con capital francés, alemán, turco y qatarí que dirige Deniz Gamze Ergüven, en el que es su debut en el largometraje. La trama gira en torno a cinco jóvenes turcas que están comenzando a descubrir su sexualidad y que deben afrontar el carácter tradicional de sus familias, que dan mucho valor a la virtud de las mujeres. El equilibrio entre pasado y futuro condicionará sus decisiones. El film está protagonizado por Doga Zeynep Doguslu, Günes Sensoy, Elit Iscan (Hayat Var), Ilayda Akdogan, Ayberk Pekcan (Sueño de invierno) y Erol Afsin (serie Homeland).

Francia y España colaboran en No crezcas o morirás, cinta de terror dirigida por Thierry Poiraud (Goal of the Dead) que vuelve a llevar al cine el mundo de los zombies. La trama arranca cuando un grupo de adolescentes que vive en un orfanato en una isla perdida en medio del Atlántico descubren que su cuidador ha desaparecido. Inician entonces un viaje a la ciudad para disfrutar de su recién adquirida libertad, pero lo que descubren es que los adultos se han convertido en zombies a causa de un extraño virus. El reparto está encabezado por Darren Evans (El quinto poder), McKell David (Legacy), Madeleine Kelly y Fergus Riordan (Ghost Rider: Espíritu de venganza).

Y desde Italia llega El nombre del bambino, remake de la comedia francesa de 2012 titulada El nombre cuya trama se centra en la comida de varios amigos que se verá truncada cuando uno de ellos, que siempre ha votado al centro derecha, haga una broma con el nombre de su futuro hijo, asegurando que se llamará Benito, como Mussolini. Las confrontaciones que esta situación desencadena revelarán rencillas ocultas del pasado. Dirigida por Francesca Archibugi (Questione di cuore), la película está protagonizada por Micaela Ramazzotti (Bellas mariposas), Valeria Golino (El capital humano), Alessandro Gassman (Caos calmo), Luigi Lo Cascio (Marina) y Rocco Papaleo (La buca).

La animación tiene a un representante más modesto en El gran viaje de Sasha al Polo Norte, aventura producida entre Francia y Dinamarca ambientada en 1882. En esa época, una joven aristócrata rusa fascinada por el carácter aventurero de su abuelo decide emprender un viaje al Polo Norte para recuperar el barco rompehielos en el que viajaba, y que no ha regresado de su última expedición. Ópera prima de Rémi Chayé, la cinta cuenta con las voces originales de Christa Théret (Renoir), Féodor Atkine (Conexión Marsella) y Antony Hickling (Arthur y la guerra de los mundos).

Con algo de retraso llega Tribunal, drama del 2014 procedente de India que supone el debut en el largometraje de Chaitanya Tamhane. La trama arranca cuando un activista y cantante es juzgado ante un tribunal por un hecho tan surrealista como que una de sus canciones ha inducido al suicidio a un trabajador de aguas residuales. El proceso pondrá de manifiesto no solo el modo en que el suceso ha afectado a las personas más cercanas al hombre, sino un sistema judicial y legal obsoleto. El reparto está encabezado por Usha Bane, Vivek Gomber (The letters), Vira Sathidar y Geetanjali Kulkarni (Ragini MMS 2).

Terminamos el repaso de esta semana con 13. Miguel Poveda, documental dirigido por Paco Ortiz (Deportados, 1969). Tomando como punto de partida el concierto celebrado en Madrid en 2013 por sus 25 años en la música flamenca, la cinta recorre los momentos previos a su actuación para adentrarse en la figura del artista, en su trayectoria y en sus más íntimos deseos, miedos y anhelos.

Quinta temporada de ‘The Walking Dead’ (I), de la Terminal al inicio


Los protagonistas de 'The Walking Dead' comienzan la quinta temporada contra las cuerdas.Una de las críticas que suele recibir The walking dead es que es una serie en la que la acción va por etapas, teniendo momentos de gran dinamismo y otros de excesiva calma. Y aunque esto pueda ser cierto, es una crítica un tanto injustificada, pues incluso en esos momentos en los que supuestamente no ocurre nada el trasfondo dramático dota a los siguientes acontecimientos de una trascendencia aun mayor. Eso es algo que ha podido verse en esta primera etapa de la quinta temporada, que terminó hace dos semanas y de la que todavía muchos nos estamos recuperando. Y es que si algo define estos primeros 8 episodios no es precisamente su pausa narrativa.

Más bien al contrario. El final de la cuarta temporada dejó en el aire absolutamente todo, con esa emboscada en la Terminal y la amenaza al aire del protagonista, un Andrew Lincoln (Love Actually) cada vez más espléndido en su personaje. La serie creada por Frank Darabont (serie Mob city) a partir del cómic de Robert Kirkman, Charlie Adlar y Tony Moore generó unas expectativas que necesitaban ser cubiertas por este inicio de la nueva etapa. Las impresiones serán muy variopintos, pero en líneas generales se superaron con nota. Las consecuencias de lo visto en ese último episodio, que por cierto exige una revisión a cámara lenta, adquieren en el primer episodio de esta temporada un cariz épico, casi apocalíptico dentro del propio Apocalipsis en el que viven los personajes. El ritmo frenético, la acción sin descanso y esa sensación de estar en un campo de batalla suponen un inicio que permite acallar buena parte de las voces contrarias al desarrollo dramático de los personajes y que apoyan una apuesta por la acción más visual.

Pero como decía antes, The walking dead necesita, puede que de forma indispensable, abordar las relaciones entre sus personajes para poder avanzar. Prueba de ello es, precisamente, ese primer episodio, en el que el desarrollo dramático de capítulos anteriores tiene una relevancia fundamental. Es más, esta primera etapa, más allá de sus secuencias de acción y de sus momentos de tensión zombi (que los tiene, y mucho) hay una clara apuesta por situar al espectador con respecto al momento que viven los protagonistas, tanto los veteranos como los debutantes. Con una estructura dramática que puede resultar confusa, sus responsables aprovechan algunas lagunas en el desarrollo de la acción presente para abordar el pasado de personajes como el de Melissa McBride (La peligrosa vida de los altar boys), al que se perdió la pista durante la primera parte de la cuarta temporada.

Es este repaso al pasado de los personajes el que nutre la serie para el futuro más inmediato, demostrando una vez más que la ficción es tan sólida y tan amplia que da cobijo a la acción, el drama, la tensión e incluso el miedo, si bien es cierto que los zombis son, cada vez más, una excusa para abordar las miserias del ser humano y la evolución que viven este grupo de supervivientes. Dicho eso, resulta interesante comprobar cómo la historia ha vuelto a sus inicios, dejando la Terminal para volver a Atlanta, ciudad en la que se encuentra el grupo por primera vez. Un regreso que, evidentemente, no es casual, pues lo que ocurre en esa ciudad no solo certifica el paso del tiempo, sino el cambio de los personajes.

Rick Grames vs. Rick Grames

Claro que si hay un cambio llamativo es el del protagonista, Rick Grimes. La labor de Lincoln en este sentido es simplemente soberbia, digna de reconocimiento en forma de premios pero que, como es de suponer, nunca llegará. Pero volviendo a lo que nos ocupa, este inicio de la quinta temporada de The walking dead, con ese viaje del “término del camino” al comienzo del mismo, se convierte en una especie de broche de ciclo que deja reflexiones sumamente interesantes. La más importante es la influencia del mundo que rodea al grupo en la conducta de Grimes, algo que ya se dejaba ver a lo largo de los últimos capítulos pero que ahora, y a raíz de una serie de acontecimientos que no desvelaré, adquiere un grado de relevancia mucho mayor.

Por poner un ejemplo que todos los seguidores recordarán, su actitud respecto al enemigo de Atlanta es diametralmente opuesta a la que tuvo con el Gobernador, inolvidable papel interpretado por David Morrissey (Centurión). La ausencia de empatía, de escrúpulos y de bondad, unido a la obsesión por salvar a los que integran su grupo, le convierten en un ser peligroso, cada vez más inestable y menos reflexivo de lo que fue en los inicios de la serie. Una evolución interesante, magistralmente elaborada y cuyas consecuencias todavía no se han llegado a ver del todo, aunque poco a poco parecen vislumbrarse. Esto es, sin duda, el aspecto más interesante de la ficción desde un punto de vista dramático.

Estos primeros 8 episodios de la quinta temporada han servido, como digo, para cerrar en cierto modo el ciclo iniciado en aquella primera temporada. Sobre todo si atendemos al modo en que finaliza esta etapa, con un acontecimiento trágico donde los haya y acentuado por esa imagen final de la ciudad asolada por la muerte, como si la esperanza hubiera abandonado definitivamente el futuro de los personajes. Si a esto sumamos el hecho de que buena parte de los objetivos se esfuman con una de las confesiones más sorprendentes y cómicas de la serie (no tan sorprendente si se conoce el cómic), el resultado es ese reinicio para los personajes y para los espectadores. Reinicio representado por esa ciudad fantasma que antes era Atlanta.

Desde luego, este inicio de la quinta temporada de The walking dead ha sido un cóctel de emociones de lo más interesante. Puede que su desarrollo haya generado algo de confusión por esa necesidad de abordar, casi en cada episodio, el recorrido de los personajes hasta el momento presente de la serie, pero viendo la forma en que acaba el octavo episodio merece la pena. Personalmente esta ha sido una de las mejores etapas desde su inicio, no solo por el calado dramático que han adquirido los personajes (sobre todo el protagonista y su evolución moral), sino por la inteligente forma en que se ha vuelto a la casilla de salida. Habrá que esperar para comprobar cuál es el futuro de este grupo, pero una cosa parece clara: el ser humano sigue siendo más peligroso que los muertos vivientes.

‘Los Juegos del Hambre: Sinsajo I’: sin hambre y sin revolución


Jennifer Lawrence encabeza la revolución en 'Los Juegos del Hambre: Sinsajo. Parte 1".Es entristecedor comprobar cómo una saga cinematográfica se deja llevar peligrosamente hacia la ruina. Sin que ‘Los Juegos del Hambre’ haya sido nunca una buena serie de películas, lo cierto es que la primera fue algo mejor que la segunda, y esta indiscutiblemente mejor que la tercera… y presumiblemente que la cuarta, dado que ambas son una única historia. No me cabe duda de que muchos de los problemas que acumula esta nueva aventura protagonizada por Jennifer Lawrence (Winter’s bone) recaen precisamente en eso. Muchos, pero no todos.

Porque a pesar de tener un final que no es un final; a pesar de ser una especie de película puente hacia una conclusión mayor; a pesar de todo, una de las grandes debilidades de Los Juegos del Hambre: Sinsajo. Parte 1 reside en su desarrollo dramático, que se queda a medio camino de todo. Esta especie de drama adolescente enmarcado en una revolución no termina de definirse como un drama en el que la protagonista se vea abocada a elegir entre su mejor amigo y su verdadero amor. Los dilemas románticos quedan aparcados en favor de una supuesta revolución que apenas se muestra en dos o tres ocasiones. Entonces, ¿qué es lo que ocurre a lo largo de las dos horas de película? Pues en realidad, poca cosa. La línea argumental principal es una especie de toma y daca entre la protagonista y el personaje de Donald Sutherland (Orgullo y prejuicio), quien vuelve a conquistar la pantalla por encima del resto de actores. Y eso que el reparto es espectacular.

Todo ello no quiere decir que la labor de Francis Lawrence (Soy leyenda) como director no sea correcta. Visualmente la película resulta interesante, incluso entretenida en sus primeros compases, cuando transcurren las secuencias más dinámicas de la trama. Pero su pulso narrativo decae conforme decae el ritmo de un guión que se deja llevar. Por otro lado, tanto Lawrence director como Lawrence actriz dan la sensación de contener el dramatismo del personaje principal en un intento de acercar la historia a una juventud que no quiere intensidad emocional, o al menos eso se debe creer desde los estudios de Hollywood. El carácter contenido de la protagonista, a la que este papel le vino como anillo al dedo en sus inicios pero que ahora se le queda tremendamente corto, no es ninguna ayuda al carácter general de la historia.

Desde luego, Los Juegos del Hambre: Sinsajo. Parte 1 tiene el enorme problema de ser, en realidad, el planteamiento y el comienzo del nudo de una historia mucho mayor. Posiblemente si este film se ve de forma consecutiva con la segunda parte, a estrenar en un año, la sensación sea muy distinta. Pero en un afán recaudatorio se ha elegido este dichoso formato que no hace ningún bien a nadie, salvo a las productoras y sus arcas. El resultado es un film que se desinfla en su segunda mitad de forma alarmante, que no logra definirse entre revolución y romance, y cuyos protagonistas parecen más interesados en obtener los réditos rápidamente que en dar vida a sus personajes. A los seguidores de la saga literaria de Suzanne Collins les resultará emocionante; a los que hayan seguido la saga cinematográfica terminará resultando un poco tediosa; al resto posiblemente ni siquiera le interese.

Nota: 5,5/10

‘The Walking Dead’ T. 4 (I), la derrota del enemigo definitivo


Los protagonistas de 'The Walking Dead' tratan de vivir con normalidad en esta primera parte de la temporada 4.Aquellos que lean este blog de forma más o menos asidua sabrán que las series que se comentan y analizan se abordan desde el punto de vista de las temporadas, no de los episodios. En primer lugar por una cuestión logística, y en segundo lugar porque una serie, y esto lo digo por propia experiencia, se plantea como un conjunto, por lo que los capítulos no son más que fragmentos de una historia aún mayor, incluso en aquellas producciones donde poco o nada tienen que ver entre ellos. Sin embargo, The Walking Dead es un punto y aparte; es una serie distinta a todos los niveles. Desde su segunda temporada la estructura de cada entrega se divide en dos partes, pero en el caso de la cuarta temporada que ahora analizamos el fenómeno ha ido más allá, convirtiendo esta primera parte de 8 capítulos en un producto compacto, único, con sentido propio y, lo más importante, generando un punto de inflexión tanto o más importante que el que se produjo al final de la segunda temporada. Por todo ello es conveniente afrontar un análisis individualizado de cada una de sus partes.

Para gustos los colores, faltaría más, pero personalmente creo que el comienzo y el final de esta tanda de 8 episodios es lo mejor que se ha producido en toda esta ficción sobre un mundo apocalíptico plagado de zombis. Y lo es fundamentalmente por dos motivos. El primero de ellos, más sentimental que otra cosa, es la lucha por una normalidad social en medio del caos de muerte y terror en el que viven los protagonistas. La temporada, que retoma los acontecimientos de la tercera, presenta al grupo habitando la prisión, cultivando verduras y, en general, organizándose en una sociedad estable en la que el agua, la educación, la sanidad y los alimentos están más o menos asegurados. El contraste con el mundo exterior al otro lado de la verja se explica por sí solo, como es el caso de la imagen que acompaña el texto.

El otro pilar, empero, es más narrativo y mucho más acorde con lo que representa el sub género zombi, ya sea en cine o en televisión. Desde sus inicios, estos muertos vivientes no han sido más que una excusa para sacar a relucir los problemas y los miedos sociales. Pues bien, tras enfrentarse entre ellos, tras afrontar los riesgos que suponen aquellos con miedo a asumir la cruda realidad e incluso derrotar a megalómanos con ansias de dominar a sus semejantes, el personaje de Andrew Lincoln (Los seductores) y su grupo se enfrentan al que posiblemente sea el peor enemigo de todos: una enfermedad contagiosa. Puede parecer simple, pero es en ese aspecto donde reside la genialidad.

Los espectadores estamos tan acostumbrados a que los protagonistas destrocen cráneos a diestro y siniestro en cada episodio que resulta chocante verles simplemente luchar porque uno de ellos no caiga enfermo y muera, con todo lo que eso conlleva. A muchos tal vez les parezca incoherente para con el carácter general de The Walking Dead, pero en realidad es uno de los conflictos más dramáticos y aterradores a los que se puede enfrentar el ser humano en un mundo donde las medicinas escasean, donde la salubridad es una utopía y donde cualquier muerto, se encuentre donde se encuentre, se levanta para comer carne humana. Es un enemigo invisible y difícil de derrotar, amén de que puede provocar, como de hecho hace, una crisis de muertos vivientes en un espacio cerrado y claustrofóbico como es la prisión. Una especie de enemigo definitivo.

Pero hay más. Mucho más. Narrativamente hablando, esta primera parte de la cuarta temporada contiene uno de los mejores ejemplos sobre cómo dirigir la atención del espectador en la dirección elegida. A lo largo de los primeros cinco capítulos la acción se circunscribe casi en exclusiva a la cárcel y los problemas de epidemia que sufren los protagonistas. Gracias a momentos tan espectaculares como el del gran supermercado del primer episodio, o tan tensos como el del primer infectado que muere en la cárcel, la serie creada por Frank Darabont (The Majestic) genera tal expectación por el devenir de muchos de los personajes que, por un momento al menos, logra hacer olvidar la conclusión de la tercera temporada, en la que el Gobernador interpretado por David Morris (Blitz) huía después de enloquecer.

Viejos conocidos, nuevos futuros

Digo esto porque a partir del sexto capítulo la acción se centra exclusivamente en este último personaje, si bien es cierto que su presencia se anunciaba al final del anterior. El cambio tan radical que se produce en el desarrollo narrativo, haciendo desaparecer a los habituales personajes para centrarse en unos nuevos totalmente desconocidos para los espectadores es una apuesta arriesgada. Nada de paralelismos temporales (todo lo que ocurre sucede al mismo tiempo que la epidemia en la cárcel). Nada de hacer referencia a los acontecimientos pasados, salvo alguna mención secundaria y muy velada. Se podría decir que a partir de este momento The Walking Dead se convierte en otra serie, en una especie de spin off centrado en el Gobernador.

Siendo sinceros, el personaje tiene recorrido para eso y mucho más. La profundidad de su psicología, de sus ansias de poder, de su dolor y su miedo, le convierten sin lugar a dudas no solo en el villano perfecto, sino en uno de los mejores personajes que ha dado la serie. Evidentemente, esta primera parte de la temporada termina con un encuentro entre ambos bandos (cárcel y Gobernador), pero habría resultado poco lógico, por no decir poco interesante, que el personaje de Morris no hubiese tenido un desarrollo más amplio, unos momentos en los que fuese el absoluto protagonista y que mostrasen, para mayor deleite, cómo es capaz de hacerse con el control de un grupo de personas y llevarlas a una guerra, en lo que sin duda es una referencia a los dictadores de la primera mitad del siglo XX.

Pero esta fase inicial de la temporada no sería lo que es sin su episodio final, una apoteosis bélica en la que héroes, villanos y zombis se dan cita para modificar para siempre el mundo de la serie en el que los personajes se encontraban tan seguros y cómodos al principio. Dicho de otro modo, estos 8 episodios bien podrían haber sido una temporada completa, pues ninguno de los personajes termina del mismo modo en que empezó. La muerte de algunos (temida y casi anunciada a lo largo de varios episodios, pero no por ello menos dramática) y la separación de otros, así como el caos generado en ese sorprendente, fascinante y magnífico final, ha llevado a la disolución no solo del grupo protagonista, sino a la del grupo liderado por el Gobernador. Un conflicto en el que los únicos que ganan son los zombis, como deja claro esa imagen de la cárcel plagada de muertos vivientes. Una evidencia más de la mezquindad del ser humano, capaz de destruir aquello que no tiene con tal de que no lo tengan los demás, incluso cuando el contexto que les rodea invite a unir fuerzas.

Antes mencionaba el motivo por el que creo que es necesario comentar esta primera parte de la cuarta temporada de The Walking Dead. Sus características la convierten casi en una temporada única, tal vez puente entre lo ocurrido en el pasado y lo que está por llegar. Sea así o no, lo cierto es que posee entidad propia. La fortaleza de sus planteamientos narrativos, la violencia y el impacto de algunas de sus secuencias y, sobre todo, ese final salvaje y carente de piedad, se podrían considerar como los elementos básicos en la narración de cualquier historia autoconclusiva. La serie ya había probado este planteamiento de dividir las temporadas en dos partes. Sin embargo, hasta este momento no se había definido tan claramente el inicio y el fin de una era. Sin duda la segunda parte continuará la historia, pero será algo distinto. Hasta entonces, la serie nos deja el que posiblemente sea el mejor momento de toda la producción.

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