El invierno ya ha llegado a la séptima temporada de ‘Juego de tronos’


El tramo final de cualquier relato, lo que en cine se conoce como el tercer acto, se caracteriza por una mayor acción, menos desarrollo dramático y la resolución de los conflictos planteados durante las secuencias anteriores. De ahí que ver el final de una película sin conocer lo que ha ocurrido antes puede llevar a engaño, frustración o decepción. ¿Y qué tiene esto que ver con Juego de tronos? Pues en realidad todo. Porque su séptima temporada, más corta que las anteriores, está planteada como eso, como el comienzo del fin. El invierno ha llegado a la trama, pero también al tratamiento que David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss llevan a cabo en estos 7 episodios.

Y es que la historia ha entrado en una recta final frenética, marcada notablemente por la acción, la espectacularidad y los dragones. Vamos, todo lo que los seguidores han estado esperando durante años. Atrás han quedado, o al menos han sido relegados a un segundo plano, los largos y densos diálogos, las miradas capaces de explicar todo un universo complejo de emociones y las intrigas palaciegas. Siguen existiendo, claro está, pero su protagonismo merma considerablemente. Que esto sea mejor o peor es a gusto del consumidor, pero personalmente creo que entrar en estas discusiones aleja la atención del verdadero problema de esta temporada, que abordaré más adelante.

Este problema, del que se derivan muchos otros aspectos, no debe ser óbice para poder disfrutar de una de las temporadas más intensas de Juego de tronos. El ritmo de sus episodios es endiablado, sus personajes han evolucionado coherentemente y, en definitiva, todas las piezas se han ubicado en este tablero que es Poniente para poder dar salida a las tramas secundarias que hayan quedado todavía con vida. Esto ha permitido a sus creadores, por tanto, centrarse en el grueso de los personajes principales, en unificar las diferentes historias en una sola mucho más épica y grandilocuente en la que la espectacularidad es la protagonista.

Los guiones de estos episodios, por tanto, sustentan su atractivo mucho más en la acción. Y precisamente esa apuesta, dado que todavía existen muchos frentes abiertos, es la que provoca la aparición intermitente, en algunos casos demasiado intermitente, de determinados personajes, por no hablar de que su protagonismo en pantalla se ha reducido a la mínima expresión. Dicho de otro modo, la trama pone toda su atención en la lucha por el trono y en la lucha contra los muertos, dejando por el camino varios cadáveres dramáticos que pueden llegar a echarse de menos, sobre todo porque su desaparición no parece estar más justificada que por las necesidades dramáticas del momento.

Menos tiempo

Antes mencionaba que existe un gran problema en esta temporada, y ese es el tiempo. El hecho de que sean tan solo 7 episodios hace hincapié en dos cosas. Por un lado, que estamos ante el final de uno de los eventos televisivos más importantes de la historia. Y por otro, que existen menos minutos para narrar la historia. De hecho, más de dos horas de metraje con respecto a las anteriores temporadas de Juego de tronos. Y eso obliga a los guionistas a concentrarlo todo en menos espacio dramático. El resultado es, más allá de saltos temporales y viajes que parecen casi teletransportar a los protagonistas, una ausencia de intriga, de diálogos profundos que obliguen a la reflexión o a la búsqueda de intenciones ocultas.

Es más, todo en esta séptima etapa está enfocado a hacer avanzar la acción lo más rápido posible. El final de temporada, espectacular como siempre, es el resultado de ese proceso. Lo malo es que se quedan muchas cosas por el camino. Lo bueno es que la serie gana en dinamismo. Por supuesto, eso no quiere decir que no siga existiendo una parte de estrategia y de intriga. Sin duda, los acontecimientos de Invernalia son el mejor reflejo de ese pequeño resquicio que, como muchas cosas en esta etapa, termina muriendo (y no diré más para no desvelar nada). Pero no dejan de ser una pequeña isla en una trama mucho más directa y menos dada a subterfugios.

Puede que la mejor prueba de ello sea el último episodio y varias resoluciones dramáticas que se dan a lo largo de la temporada, algunas con un mayor impacto que otras. Todos los secretos, salvo la gran incógnita en torno al Rey de los Caminantes Blancos, parecen quedar resueltos en esta especie de final previo al gran final que parece anunciarse en la última temporada, aún más corta que la que ahora termina. Secretos, por cierto, que incluyen el verdadero origen de Jon Snow en una revelación que, por el momento en el que se hace y las imágenes que se muestran, puede tener muchas consecuencias.

Ahora lo importante es analizar esta séptima temporada de Juego de tronos, y el resultado no puede ser más diferente a lo visto hasta ahora. Esta es la única valoración objetiva que se puede hacer. A partir de aquí, las impresiones personales de cada uno. La serie apuesta por la acción más visual, por sacar el máximo partido a los combates, a sus dragones y a los enormes ejércitos que parecen no terminarse nunca a pesar de las cruentas batallas. Los diálogos, las conspiraciones y los asesinatos protegidos por las sombras parecen haber terminado, o al menos haber perdido protagonismo. No sé si esto convierte esta temporada en mejor o peor que las anteriores, pero sin duda deja algunos de los momentos más épicos de la serie, así como algunas de las secuencias mejor rodadas de toda esta historia. El invierno ha llegado para todos, como demuestra uno de los últimos planos de la temporada, y la pregunta que queda por hacerse es si los héroes serán capaces de sobrevivir a él. Para saberlo habrá que esperar a los seis episodios de la octava temporada.

Anuncios

‘Juego de tronos’ logra su máximo esplendor en su 6ª temporada


Jon Nieve a punto de entrar a luchar en la batalla de los bastardos en la 6ª T. de 'Juego de tronos'.Si alguien quiere entender por qué Juego de tronos es una de las mejores producciones televisivas de la actualidad, si no la mejor; si alguien quiere entender por qué la serie que adapta las novelas de George R.R. Martin es una de las mejores de la historia; y si alguien quiere entender, en definitiva, el fenómeno adaptado a la pequeña pantalla por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss que atrae tanto a los fans como a los mayores detractores de la fantasía, que se siente a ver con pausa y atención la sexta temporada. Porque no solo es la mejor entrega, sino que posiblemente sea el mejor desarrollo narrativo y de personajes que se vea en una producción cinematográfica o televisiva.

Los 10 episodios que componen esta etapa son, de forma individual y en su conjunto, una carrera hacia adelante perfectamente ejecutada. Una de las mayores críticas que se han hecho a la serie (y que en comentarios anteriores he suscrito) es la falta de desarrollo de algunas tramas, lo que deriva en falta de ritmo en muchos momentos de la historia, que necesita situar a los personajes en el tablero de juego que representa Poniente. Una carencia que no solo ha sido subsanada en esta primera temporada libre del yugo de las páginas impresas de Martin, sino que ha sido sustituida por una constante sucesión de giros argumentales que, además de hacer avanzar la trama a pasos agigantados, ha permitido a los personajes crecer y convertirse en lo que se espera de ellos desde hace mucho, mucho tiempo.

El mejor y más claro ejemplo es el de Sansa Stark, una Sophie Turner (X-Men: Apocalipsis) que por fin ha salido del cascarón para convertirse en el personaje que se intuía ya desde la cuarta temporada. La evolución que ha tenido, aunque irregular, es tan espectacular que roba buena parte del protagonismo al resto de roles que rodean a esta pelirroja de carácter cada vez más fuerte. Su papel en el destino de Invernalia y de los personajes involucrados en esta trama principal no solo es clave, sino que se antoja indispensable para el futuro, siendo por tanto el catalizador de la evolución que sufra la serie desde este punto de vista. Asimismo, el papel de Emilia Clarke (Terminator: Génesis), aunque fuerte desde las primera temporadas, parecía tener también un carácter dubitativo que se pierde por completo en estos episodios, lo que define mejor al personaje y le dirige hacia un final que se presume apoteósico.

Porque, en efecto, la sexta temporada de Juego de tronos es lo que podría considerarse como el paso del segundo al tercer acto de la historia. Todos los personajes, sin excepción, han dejado a un lado sus dudas existenciales, los problemas que arrastran o los dilemas morales y sociales que les impiden avanzar para dar rienda suelta a su verdadera personalidad, a sus deseos largamente anhelados pero siempre ocultados bajo capas y capas de intereses familiares, de problemas externos o de decisiones equivocadas. Una decisión dramática que tiene sus consecuencias, es cierto (sin ir más lejos, que los personajes lleguen a descontrolarse), pero que en esta ocasión, y dado que hay una base más que sólida de cinco temporadas, no solo es necesaria, es perfecta.

Menos personajes, más impacto

Aunque posiblemente la mejor decisión de los creadores, y eso es algo que puede deberse a que la historia ha adelantado a las novelas, es la eliminación de muchos, muchísimos personajes secundarios de cierto peso que terminaban por lastrar el avance de la historia precisamente por el interés de sus tramas particulares. Gracias a esta apuesta la trama no solo se carga de mayor peso dramático, sino que se aligera de historias que tenían poco o ningún sentido, centrándose en las intrigas principales, léase Lannister, Stark y Targaryen. Esta alternativa de Benioff y Weiss tiene su principal efecto en los numerosos momentos de carga dramática y espectacularidad de la temporada, posiblemente más que ninguna de sus predecesoras, aportando un dinamismo nunca visto hasta ahora.

Claro que a esto se suman villanos de nuevo cuño cuya fuerza es tal que convierte a los tradicionales “malos” en auténticos angelitos víctimas de un dolor y una humillación sin precedentes. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de Juego de tronos, donde la venganza no es que se sirva fría, es que directamente es un témpano de hielo. Pero refranes aparte, lo cierto es que la introducción de estos antagonistas, muchos de la temporada anterior, dota al conjunto de una frescura incomparable, pues genera nuevas tensiones dramáticas que complementan a las ya existentes y a las creadas también por la muerte o partida de esos personajes secundarios.

Antes he mencionado que esta temporada, la sexta, es posiblemente la que posea más episodios determinantes. Los más fieles seguidores estarán acostumbrados a que el episodio 9 sea el gran evento. Ya en la anterior temporada los últimos capítulos fueron, en realidad, todo un ascenso dramático y épico de consecuencias imprevistas. Pero en esta, en parte también por el precedente de la quinta, son prácticamente todos los episodios que impactan al espectador, ya sea por su fuerza épica, dramática o de intriga. Sin revelar grandes detalles, el episodio tres, el cinco, el ocho son grandes ejemplos para los guionistas acerca de cómo manejar los tiempos narrativos para generar emotividad, dramatismo o suspense. La pregunta que se plantea entonces es: ¿si la temporada es así, qué ocurre en el noveno episodio? Bueno, digamos que posiblemente es el mejor de toda la serie, y que contiene una de las mejores batallas del séptimo arte.

Y como colofón, un último episodio que no solo deja las piezas perfectamente agrupadas para la esperada guerra entre familias, sino que desvela, por fin, a qué podría hacer referencia esa ‘Canción de Hielo y Fuego’ que da nombre a la saga literaria. El origen de uno de los personajes más importantes de la serie permite la cuadratura del círculo, la integración de todas las historias. Y abre ante el espectador un futuro prometedor que, de repetir lo conseguido en esta secta temporada de Juego de tronos, convertirá a la serie en un pilar narrativo y audiovisual fundamental para el futuro del cine y la televisión. Un esplendor que, todo hay que decirlo, es difícil que se repita, pero que en cualquier caso convierte a esta etapa en la mejor de la serie. Y con el esplendor ha llegado el invierno.

El Apocalipsis mutante llega a España


Estrenos 20mayo2016Tras dos semanas alejados de aventuras superheróicas, la cartelera española vuelve a recibir una adaptación de historias sacadas de las viñetas de un cómic, en esta ocasión de Marvel. Pero el cine más comercial está acompañado esta semana por un buen puñado de estrenos que ofrecen a los espectadores una variada alternativa donde elegir, desde el drama histórico o el thriller hasta la comedia, pasando por el documental.

Pero si hay que comenzar por algún título, ese es X-Men: Apocalipsis, tercera entrega de la nueva hornada de mutantes dirigida de nuevo por Bryan Singer (Valkiria) y que suma al reparto habitual de las últimas películas varios rostros conocidos. La trama, para aquellos poco familiarizados con el mundo mutante, se centra en la lucha de unos jóvenes X-Men contra Apocalipsis, el primer mutante nacido en el Antiguo Egipto que ha acumulado poderes de otros como él a lo largo de los siglos y que despierta en un mundo que le decepciona, por lo que decide rodearse de cuatro guerreros para destruir a la Humanidad. James McAvoy (Victor Frankenstein), Michael Fassbender (Steve Jobs), Jennifer Lawrence (Joy), Rose Byrne (Espías), Nicholas Hoult (Equals), Evan Peters (serie American Horror Story: Hotel) y Lucas Till (Wolves) vuelven a interpretar a sus personajes, añadiéndose además los nombres de Oscar Isaac (Star Wars: El despertar de la fuerza), Sophie Turner (serie Juego de tronos), Tye Sheridan (Mud), Kodi Smit-McPhee (Slow west), Ben Hardy (serie Gente de barrio), Alexandra Shipp (Straight Outta Compton), Lana Condor y Olivia Munn (Mortdecai).

Muy distinta es la comedia estadounidense Es la jefa, vehículo de lucimiento personal para Melissa McCarthy (St. Vincent) en el que interpreta a una gigante de la industria que entra en prisión por uso de información privilegiada. Al salir está decidida a recuperar su lugar en la sociedad y convertirse en la persona más popular del país, pero no todo el mundo está dispuesto a seguirla y apoyarla. Ben Falcone (Tammy), quien se reserva un papel en la trama, dirige esta propuesta en la que también encontramos a Kristen Bell (serie House of lies), Peter Dinklage (Pixels), Kristen Schaal (Un paseo por el bosque) y Kathy Bates (El coro).

El drama de época lo pone Madame Bovary, nueva adaptación de la novela de Gustave Flaubert que gira en torno a la mujer de un doctor cuya vida en un pequeño pueblo la consume hasta el punto de desear una vida de pasión que está dispuesta a conseguir cueste lo que cueste. La cinta de 2014, dirigida por Sophie Barthes (Cold souls), está producida entre Estados Unidos, Alemania y Bélgica, y protagonizada por Mia Wasikowska (El viaje de tu vida), Ezra Miller (Tenemos que hablar de Kevin), Paul Giamatti (Parkland) y Rhys Ifans (The amazing Spider-man).

En cuanto al cine europeo que aterriza hoy en la cartelera, destaca Noche real, producción inglesa de 2015 a medio camino entre el drama, la comedia y el romance que aborda la salida de incógnito que realizaron el 8 de mayo de 1945, cuando finalizó la II Guerra Mundial, las princesas Isabel (hoy reina Isabel II) y Margarita. Ambas querían unirse a la celebración que se vivía en Londres mientras su padre, el rey Jorge, prepara su discurso. Una noche en la que tendrán sus primeros escarceos románticos. Julian Jarrold (La joven Jean Austen) pone en imágenes esta historia de época interpretada por Sarah Gadon (Belle) y Bel Powley (Side by side) como las jóvenes princesas, y Rupert Everett (Rosenn) y Emily Watson (Testamento de juventud) como el matrimonio real.

Desde España nos llega El rey tuerto, comedia dramática basada en la obra teatral de Marc Crehuet, quien se encarga también de su adaptación a la gran pantalla y de la dirección. La trama arranca cuando dos amigas se reúnen después de muchos años. A pesar de ser diametralmente diferentes, el encuentro transcurre de forma cordial hasta que se revela que el novio de una de ella dejó tuerto al otro en el transcurso de una manifestación. El hecho no solo romperá la relación de las amigas, sino que derivará en una serie de crisis de identidad cuyas consecuencias alcanzarán una magnitud inesperada. Mike Esparbé (Incidencias), Alain Hernández (Palmeras en la nieve), Ruth Llopis, Betsy Túrnez (serie Pop ràpid) y Xesc Cabot (Open 24h) encabezan el reparto.

También española es Seis y medio, intenso drama cuyo punto de partida es cuanto menos curioso. Una pareja debate cuánto se aman hasta el punto de calificarlo con una puntuación de 6,5. A partir de este momento su relación no volverá a ser la misma. Dirigida por Julio Fraga, quien debuta de este modo en el largometraje, la cinta está protagonizada por Homero Rodríguez-Soriano y Cristina Rojas.

Y España también está presente en Magallanes, producción que cuenta además con capital peruano y argentino cuya historia comienza cuando el protagonista que da nombre al film ve subirse a un taxi a una mujer que conoció años atrás. Dispuesto a conseguir redención, la busca para tratar de ayudarla, aunque lo último que ella parece querer es volver a verle. Ópera prima de Salvador del Solar, la cinta está protagonizada por Damián Alcázar (Olvidados), Magaly Solier (Amador), Federico Luppi (La corporación) y Christian Meier (serie Familia en venta).

China y Japón, con la colaboración de Francia, producen Más allá de las montañas, drama romántico escrito y dirigido por Jia Zhangke (Un toque de violencia) que gira en torno a un triángulo amoroso durante varias décadas desde finales de los años 90, y en el que dos amigos de la infancia se disputan el amor de una joven en China. El reparto está encabezado por Tao Zhao (Naturaleza muerta), Zhang Yi (Pi fu), Jing Dong Liang (Zhantai), Zijian Dong (Qing Chun Pai) y Silvia Chang (American Fusion).

En lo que a documentales se refiere, dos novedades. La primera es Malú, ni un paso atrás, que recoge la trayectoria de la que posiblemente sea la artista española más influyente del momento. La cinta ahonda en los miedos, las pasiones y los sueños de esta cantante con 13 álbumes publicados y 21 discos de platino. Telmo Iragorri y Curro Sánchez (Paco de Lucía: La búsqueda) dirigen la propuesta.

Francia y Alemania están detrás de Las estaciones, obra dirigida a cuatro manos por Jacques Perrin y Jacques Cluzard (Océanos) que desgrana la relación que se establece entre el hombre, los animales y las estaciones meteorológicas a lo largo de la historia.

‘Pixels’: la nostalgia de una época irrecuperable


Pac-Man es uno de los alienígenas de 'Pixels', dirigida por Chris Columbus.Hay una frase en la nueva película de Adam Sandler (Niños grandes) que podría aplicarse perfectamente al cine: los videojuegos antes eran previsibles, existían unos patrones que podían estudiarse; ahora las dinámicas son mucho más aleatorias. Y si hay algo que define al cine de este cómico es precisamente su previsibilidad. Esta nueva aventura con alienígenas pixelados en una especie de partida de videojuegos real confirma no solo la nostalgia que muchos sufrirán por un mundo ya extinto, sino el estancamiento de Sandler en el pasado, ya sea cinematográfico o cultural. Y eso en principio, mientras le reporte beneficios, no tiene nada de malo.

El problema es que Pixels tampoco tiene demasiado de positivo. El guión, plagado de lugares comunes y diálogos simples y con tendencia al absurdo, no logra en ningún momento revelarse como un verdadero homenaje a Pac-Man, Donkey Kong o Asteroids. Sí, existe una sensación generalizada de estar ante un producto que añora una época, una determinada forma de entretenimiento que iba más allá de la mera partida a un arcade. Pero nada más. La falta de conflictos reales, el humor encajado a la fuerza en muchos momentos y unos actores que parecen pasar por allí más que asumir la importancia de su papel (sólo Peter Dinklage parece conocer su verdadero sitio) impiden toda conexión emocional que supere el mero recuerdo de la infancia.

Con todo, es justo reconocerle al film un notable acierto, y es el alejamiento del humor más soez de su protagonista, rodeado para la ocasión por algunos de sus amigos de juergas cinematográficas. Las constantes referencias a los videojuegos y el más que vetado tema del sexo convierten a la trama en un producto apto para todos los públicos, lo que sumado a algunas secuencias de acción bien rodadas hacen que el film se desarrolle de manera regular, entreteniendo lo necesario e impidiendo que el espectador se aburra, al menos no mucho. Desde luego, la labor de Chris Columbus, director de las primeras entregas de Harry Potter, se nota en varios momentos, desde la partida de Pac-Man hasta la invasión final en la que se dan cita todo tipo de arcades.

El resumen podría ser que Pixels entretiene en la misma medida en que se olvida. Distrae durante sus casi dos horas de metraje, y los espectadores adultos podrán encontrar algunas referencias realmente divertidas, como pueden ser las piezas del Tetris “comiéndose” un edificio cada vez que hacen una línea. Pero nada más. La magia que pudiera tener Sandler en sus inicios parece haberse perdido definitivamente, y ni siquiera un regreso a los orígenes de los videojuegos parece devolverle ese estatus. Al final, no ofende, que ya es mucho, pero tampoco apasiona. Y la indiferencia que genera es lo peor que le puede pasar a un film.

Nota: 5/10

5ª T de ‘Juego de Tronos’, el arte de lograr que menos sea más


Peter Dinklage y Emilia Clarke, en un momento de la quinta temporada de 'Juego de Tronos'.Uno de los comentarios que más se han oído durante la quinta temporada de Juego de tronos ha sido que no ocurre nada, que su trama no avanza y que sus personajes se mantienen en una constante tensión que no lleva al argumento a ninguna parte. Personalmente soy de la opinión de que eso, en una serie como la creada por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss, no puede ocurrir ni aunque se intente. Pero incluso aunque eso fuera verdad, aunque su historia se hubiera anquilosado levemente, su final ha sido, con diferencia, el más impactante de toda la serie. Y no me refiero solo al episodio 10. Ni siquiera al ya famoso episodio 9.

En realidad, esta última temporada es un ejercicio minuciosamente medido para llevar al espectador en un viaje cuyo final le resulta inesperado (salvo para aquellos que hayan leído los libros, claro está). El desarrollo dramático de sus tramas principales responde a la teoría de los tres actos de forma casi milimétrica. Así, durante los tres primeros episodios se plantean las posiciones de los principales personajes. Los cuatro siguientes desarrolla los conflictos planteados, llevando a muchos de los protagonistas a situaciones límite. Y el tercer acto, o los tres últimos episodios, es un festival de emociones, de giros argumentales impactantes y de clímax indescriptibles. Repasando mentalmente el camino que han tomado estos 10 nuevos episodios la pregunta que nos debe asaltar es si realmente es cierto eso de que no ha pasado nada.

Si algo caracteriza a Juego de tronos casi desde el comienzo es que menos es más. Salvo contadas excepciones, la serie siempre se ha sentido más cómoda entre intrigas palaciegas, luchas de poder en la sombra y traiciones familiares que entre impactantes revelaciones, normalmente limitadas al episodio 9. Y desde luego la quinta temporada es uno de los mejores ejemplos, como demuestra la conversación entre los roles de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado) y Emilia Clarke (Dom Hemingway), uno de los mejores momentos de la temporada. El magistral desenlace que ha tenido esta entrega invita a reflexionar sobre el papel que han jugado todos los acontecimientos previos. Un papel imprescindible para comprender no solo el futuro de muchos de los personajes, sino los cambios emocionales, morales y físicos que sufren casi todos. Es, en este sentido, una temporada de transición, después de ese giro dramático que supuso la cuarta temporada. Una transición necesaria pero para nada aséptica.

Desde luego, lo más interesante son las lecturas que se hacen de las decisiones y las motivaciones de los principales personajes. Estamos tan acostumbrados a ver cómo los personajes de George R. R. Martin logran más o menos los objetivos más inmediatos que nunca nos hemos parado a pensar en las consecuencias de sus actos. Y eso, en definitiva, es el argumento de esta serie. Si el clan Lannister está acostumbrado a gobernar pisoteando a los demás, en esta temporada sus acciones tienen consecuencias imprevistas. Cuando la Khaleesi cree que puede gobernar simplemente liberando esclavos, una rebelión se alza contra ella. Y si los Stark creen que pueden seguir adelante sin pagar un alto precio, bueno… en este tema es mejor no entrar demasiado.

Tramas insustanciales

El resumen de todo el análisis anterior podría ser que, aunque no lo parezca, la trama avanza de forma notable, e incluso se producen cambios mucho más profundos en los personajes de lo que había podido verse hasta ahora. Sin embargo, eso no impide que hayan existido, casi por primera vez, tramas que no han aportado mucho, al menos a lo largo de la temporada (parece evidente que algo desencadenarán en la sexta entrega). Una de ellas es la historia ambientada en Dorne, ciudad a la que España ha dado vida y que, todo sea dicho, no ha sabido explotar más que la belleza de los escenarios. Su trama, un rescate secreto que se tuerce y que tiene como protagonista a Jaime Lannister (de nuevo Nikolaj Coster-Waldau, visto en Oblivion), se desarrolla con más pena que gloria, sin generar demasiado interés y preocupada más en mostrar los rasgos de esta nueva casa, intuidos en la temporada anterior, que por ofrecer algo consistente al espectador. Al menos hasta el último episodio.

También resulta sorprendente el tratamiento dado al personaje de Sophie Turner (Mi otro yo), una Sansa Stark que parecía haber madurado al final de la cuarta temporada y que, de nuevo, vuelve a ser esa niña atemorizada y traumatizada por el mundo de violencia y sangre en el que vive. Un giro que no logra funcionar demasiado bien en la definición de su personaje pero que, por otro lado, ayuda a consolidar la historia de Invernalia como una de las mejores, permitiendo además que otro personaje recoja el testigo de rol más odiado de la ficción. Sentimientos aparte, lo cierto es que su indefinición no hace sino jugar en su contra, no solo porque convierte a ese personaje en un ser débil y manipulable, sino porque no logra evolucionar, algo que en Juego de tronos no puede mantenerse por demasiado tiempo.

Y no puedo dejar de mencionar, aunque sea sutilmente, el final de esta quinta temporada. Como decía a más arriba, no se trata solo del último episodio, sino de todo el tercer acto de esta etapa. Tres finales de episodio simplemente indescriptibles, cada uno magistral en su concepción. Todos ellos han revelado aspectos muy significativos de la historia, más allá de la espectacularidad que puedan presentar en sendas batallas que superan, en muchos aspectos, a las mostradas hasta ahora. Aunque si hay algo que dejará sin palabras a los espectadores será la conclusión del episodio 10, un auténtico gancho dramático que, casualidad o no, tiene una clara influencia de uno de los episodios más conocidos de la Roma Clásica. Un final que, de ser cierto, cambia las reglas del juego por completo, obligando a tomar una nueva dirección que puede ser tan interesante como peligrosa.

Tal vez no sea la mejor temporada de Juego de tronos. La verdad es que la tercera y la cuarta entregas han sido insuperables. Pero desde luego mantiene el altísimo nivel dramático y técnico de toda la serie. De nuevo, sus creadores demuestran que no es necesario que ocurran grandes acontecimientos para que una producción sea capaz de crear expectación. La sensación de vivir una calma antes de una violenta tormenta, de que en ese remanso de paz todo se mueve para producir un terremoto que sacuda los cimientos dramáticos de la serie, está presente en todo momento. Benioff, Weiss y R. R. Martin vuelven a demostrar que menos es más. Y lograr que eso sea tan eficaz como lo es en esta serie es todo un arte.

La ‘Obsesión’ de Jennifer Lopez por ‘El año más violento’


Estrenos 20marzo2015Nuevo fin de semana, y nueva ocasión para disfrutar de varias novedades con interés para públicos de lo más diversos. Desde el drama criminal de época a la comedia dramática, desde la animación hasta el thriller, la mayor parte de los géneros encuentran representación en los estrenos que esta semana se han distribuido entre ayer jueves, 19 de marzo, y hoy viernes. A todo ello se suman nombres atractivos que se convierten, en muchos casos, en el principal atractivo de los films. Pero comencemos por las novedades de ayer.

J.C. Chandor (Margin call) escribe y dirige El año más violento, drama con dosis de acción que transcurre en Nueva York a principios de la década de los años 80. La trama se centra en un inmigrante hispano que trata de sacar adelante un negocio honesto en una ciudad asolada por la corrupción y el crimen. En este contexto, su vida personal y profesional se verán envueltos en una espiral de violencia y traición que le llevará a luchar por su supervivencia. El reparto está encabezado por Jessica Chastain (Interstellar), Oscar Isaac (Las dos caras de enero), David Oyelowo y Alessandro Nivola, ambos vistos en Selma, y Catalina Sandino Moreno (serie The bridge).

El thriller tiene su máximo representante en Obsesión, nueva película de Rob Cohen (A todo gas) que sirve de vehículo a Jennifer Lopez (El plan B) para regresar al largometraje tras dos años de ausencia. El argumento se centra en la vida de una madre recién separada que se refugia en su hijo para superar su divorcio. Todo cambia cuando se muda un carismático joven a la casa de al lado, iniciándose una relación de amistad que pronto se convierte en una atracción física que llevará a ambos personajes a superar límites que no creían posibles. Junto a la actriz destacan en el reparto Ryan Guzman (April Rain), Kristin Chenoweth (serie Glee), John Corbett (serie Sexo en Nueva York) e Ian Nelson (El juez).

Y precisamente Jennifer Lopez es una de las voces originales de Home: Hogar, dulce hogar, cinta de animación producida por Dreamworks que sigue las aventuras de un alienígena inadaptado que llega a la Tierra huyendo de sus propios congéneres. Cuando una joven aventurera le encuentra se entablará una amistad que permitirá al alienígena comprender que ser diferente, equivocarse y aprender es parte de la esencia del ser humano. Dirigida por Tim Johnson (Hormigaz), entre los actores que prestan su voz a esta comedia destacan Jim Parsons (serie The Big Bang Theory), la cantante Rihanna (Battleship), Steve Martin (No es tan fácil) y Matt Jones (Cooties).

La producción más europea de la semana es, sin duda, Pasolini, nuevo film de Abel Ferrara (El funeral) que aborda la vida del conocido director italiano y la confusión que rodeó su muerte en 1975. Producida entre Italia, Francia y Bélgica, el principal protagonista de la cinta es Willem Dafoe (El gran hotel Budapest), al que acompañan Maria de Medeiros (Pulp Fiction), Riccardo Scamarcio (En tercera persona), Giada Colagrande (Before It Had A Name) y Adriana Asti (La mejor juventud).

Los estrenos del jueves se completan con el documental National Gallery, escrito y dirigido por Frederick Wiseman (Zoo) y que, como su propio título indica, se adentra en la vida del famoso museo londinense. A través de su funcionamiento, de sus visitantes y de sus trabajadores el director retrata no solo la pintura que se expone, sino que establece una relación entre pintura y cine que nutre ambos artes.

Viernes 20 de marzo

El mayor aliciente lo presenta El hombre más enfadado de Brooklyn, última película en la que podremos ver a Robin Williams (La gran boda) como protagonista. La cinta, que adapta una película franco-israelí titulada The 92 minutes of Mr. Baum (1997), narra los intentos de un antipático hombre por enmendar no solo su forma de ser, sino los errores que ha cometido con aquellos a los que ama. Todo porque recibe la noticia de que le quedan 90 minutos de vida. Humor y drama se combinan en este film dirigido por Phil Alden Robinson (Campo de sueños) y en cuyo reparto encontramos, además, a Mila Kunis (El destino de Júpiter), Melissa Leo (Prisioneros), Peter Dinklage (serie Juego de tronos) y James Earl Jones (Conan, el bárbaro).

Desde Gran Bretaña aterriza la comedia dramática Pride, cuya acción se ubica en el verano de 1984, momento en el que un grupo de mineros de Gales decide ponerse en huelga por las medidas que impone Margaret Thatcher. En un acto de solidaridad, un grupo de activistas gays de Londres decide acudir en su apoyo. Sin embargo, el sindicato minero se mostrará reticente a tal ayuda por venir de donde viene. Matthew Warchus (Círculo de engaños) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Bill Nighy (Una cuestión de tiempo), Andrew Scott (serie Sherlock), Imelda Staunton (La maldición de Rookford), Dominic West (serie The wire) y Paddy Considine (Submarine).

Y también de Reino Unido, aunque en colaboración con Austria, procede Mi tierra, drama romántico de corte histórico que supone el debut en el largometraje de Fritz Urschitz. La trama se centra en una joven de origen austríaco y su padre que, huyendo de los nazis, se han acomodado en un pequeño pueblo inglés. A pesar de las penurias que sufren mantienen la fe en un futuro mejor. Un futuro que parece llegar cuando ella conoce a uno de los amigos de su padre, iniciándose una relación romántica entre ambos que permitirá a la joven llegar a comprender cuál es su sitio en el mundo. Natalie Press (Island), Matthias Habich (Barriere), Johannes Krisch (La conspiración del silencio), Katy Bartrop (Godforsaken) y Karl Fischer (Folge Mir) encabezan el reparto.

Y terminamos con un estrenos español. Capa caída supone el debut en el largometraje de Santiago Alvarado, y ahonda en el género de los superhéroes desde un punto de vista diferente. Narrado como un falso documental, el film sigue la vida rutinaria de Magno, un superhéroe con poderes increíbles que hace años fue repudiado y que ahora trabaja como frutero. Juanjo Pardo (Oculto), Francesc Pagès (Los últimos días) y Rafa Delacroix (serie La Riera) son algunos de sus actores.

‘Juego de Tronos’ llega a su punto de inflexión en la cuarta temporada


Peter Dinklage gana protagonismo en la cuarta temporada de 'Juego de Tronos'.Desde que finalizó la cuarta temporada de esa joya de la televisión llamada Juego de Tronos estoy dándole vueltas a qué etapa ha sido mejor. En concreto, las dudas me asaltan cuando comparo esta con la tercera temporada. En conjunto es evidente que estos nuevos 10 episodios han llevado la trama a un nuevo estadio, infinitamente más complejo y con nuevas piezas sobre el tablero de juegos que representan los Siete Reinos. La anterior temporada fue, en cuestiones de manejo de tensión y drama, mucho más equilibrada, manejando mejor los tiempos y jugando con los nervios del espectador. Esta, empero, se antoja mucho más dinámica, con giros narrativos en prácticamente cada secuencia, convirtiéndose en un viaje sin retorno que, como decía, ofrece una nueva perspectiva de esta batalla.

Antes de entrar en el detalle de esta nueva entrega creada por David Benioff (Troya) y D.B. Weiss, un aviso: aquellos que no hayan podido ver todavía el desarrollo de la temporada encontrarán algunos, muchos o demasiados spoilers, todo en función de lo que se conozca o se haya visto. Una vez dicho esto, comencemos por lo más genérico y principal: el papel de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado). No hace falta decir que su presencia a lo largo de la serie ha sido imprescindible. Si el personaje ya es de por sí único, con una inteligencia fuera de lo común y un pragmatismo y heroísmo que le convierten en el auténtico heredero de su apellido, la labor del actor aporta al personaje un encanto especial, a medio camino entre la picardía y el rencor, entre el miedo al rechazo y la burla. Pero lo que ocurre en el ecuador de esta temporada, con ese speech al ser juzgado por el asesinato de su sobrino el rey, es sencillamente magistral. Todas las emociones que se intuían a lo largo de la ficción estallan en una ira inusitada en él, dejando entrever una faceta hasta ahora desconocida cuya consecuencia directa es la muerte de otro personaje fundamental que deja un vacío muy destacado.

Este juicio, así como la muerte del personaje de Jack Gleeson (Cabeza de muerte), que por cierto va a provocar sentimientos encontrados de alivio y añoranza, se convierten en el motor de todo el desarrollo dramático de la cuarta temporada. Un desarrollo que, por cierto, es mucho más lineal y menos abrupto que en ocasiones anteriores. Salvo algunas ocasiones contadas, muchas de ellas de carácter secundario, la trama avanza por derroteros más o menos previsibles, lo cual no impide, ni mucho menos, que Juego de Tronos crezca en calidad en todos sus aspectos. Se puede decir, por tanto, que la presencia de Dinklage es más necesaria que nunca, acaparando todos los focos sobre él y convirtiendo en meros secundarios al resto de personajes y de tramas que en momentos anteriores habían adquirido categoría de protagonista. ¿Es esto un tropiezo? Puede que los más fieles seguidores echen en falta algunos elementos, pero lo bueno de estos capítulos es que con muy poco dan un giro radical a la trama que hasta ahora conocíamos, dejando todo preparado para un futuro muy prometedor.

De hecho, todas las tramas que ponen el acento en personajes alejados del trono de hierro completan un panorama que recuerda mucho a los preparativos antes de la guerra, o lo que es lo mismo, una tensa calma que augura momentos verdaderamente épicos. Es cierto que el episodio 9 de la temporada, del que hablo a continuación, acoge de nuevo un momento brillante, pero a diferencia de temporadas anteriores este tiene poco que ver con el resto de la trama, al menos a priori. Sin embargo, tanto este momento como el resto de acontecimientos que se suceden en los diferentes escenarios de la serie poseen un sabor especial. Prueba de ello es que prácticamente todos dejan entrever sus aspiraciones a un trono que ahora ocupa un niño más joven si cabe que el anterior, incluyendo el personaje de Aidan Gillen (Mister John), cuya presencia, aunque tardía en la temporada, ha sido de lo más reveladora.

Historias veladas

Como contrapunto a las numerosas revelaciones que se suceden en esta cuarta temporada de Juego de Tronos (entre ellas una madurez brutal de las hermanas Stark) se plantean numerosos conflictos que, aunque pueden pasar desapercibidos, no dejan de ser interesantes. El primero y más importante es el de los muertos más allá del Muro, abandonados en estos episodios salvo por un detalle tan breve como revelador que ofrece un sinfín de posibilidades. Otro de ellos es la presencia cada vez más inestable de los dragones, que poco a poco van descubriendo su incontrolable naturaleza. Mientras que en temporadas anteriores sus apariciones solían ser para ayudar al personaje de Emilia Clarke (Dom Hemingway), en esta se convierten en fieras que necesitan ser encadenadas para evitar males mayores. Y hablando de las hermanas Stark, no quiero dejar pasar la forma en que el rol interpretado por Maisie Williams (Heatstroke) deja morir a su captor, un detalle casi más aterrador que el combate cuerpo a cuerpo en el que los cráneos son reventados con las manos.

Mención aparte merece el ya imprescindible episodio 9, centrado en esta ocasión en un ataque al Muro de los Salvajes. Al igual que la batalla de la segunda temporada, la serie aprovecha este momento para dar rienda suelta a una narrativa visual fuera de lo común en el convencional formato de la televisión. Y para rizar más el rizo, la acción se divide en dos escenarios claramente diferenciados cuyas características obligan a una planificación distinta, lo que no hace sino engrandecer el planteamiento del episodio. No se trata, en realidad, de ofrecer varios minutos de violencia y acción, sino de mostrar cómo un grupo reducido de personajes es capaz de repeler un ataque envolvente de miles de atacantes. La facilidad con la que la cámara se mueve por los distintos escenarios sin perder nunca el sentido narrativo es ejemplar, permitiendo al espectador saber en todo momento dónde se ubican los personajes, cómo afrontan los combates y qué dilemas se plantean en sus cabezas. En este sentido hay que destacar un plano secuencia perfecto que recorre todo el campo de batalla de forma envolvente y cuyo dinamismo ya querrían muchos directores en sus películas.

Pero como decía, este ataque no tiene una relevancia especial en el desarrollo principal de la serie. Muy alejada física y conceptualmente de la acción que centra esta cuarta temporada, su presencia se antoja un tanto extraña en el conjunto de los episodios. Es de suponer que tendrá su influencia en futuros acontecimientos, pero eso es algo que, por ejemplo, se hizo mejor en etapas anteriores de la ficción. No quiere esto decir que no sea espectacular, increíble o atractiva, pero el hecho de que se enmarque en las tramas secundarias que antes mencionaba la convierten en un acontecimiento, digamos, para satisfacer las ganas de acción de responsables y aficionados. Personalmente el momento del juicio protagonizado por Dinklage y los acontecimientos derivados de su discurso resultan mucho más interesantes, impactantes y brutales que la propia batalla.

De lo que no cabe duda es de que Juego de Tronos es uno de esos raros casos en los que una serie mejora con cada temporada. Eso no impide que existan altibajos narrativos en cada una que podrán ser más o menos discutidos, pero el balance general es el de una ficción que sabe crecer, que no tiene miedo en eliminar personajes si eso va a enriquecer la acción, y que busca en todo momento desarrollarse visualmente hablando. Soy consciente de que gran parte del mérito pertenece a George R. R. Martin, el autor de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ en la que se enmarcan las novelas, pero la serie ha sabido ganarse un estatus propio (al fin y al cabo, podría no haber estado a la altura). Esta cuarta entrega es un claro punto de inflexión en muchos sentidos: la mayor parte de los villanos han muerto, y muchos de los más relevantes personajes están dispersados por el mapa. Su desarrollo tal vez no sea tan impactante como el de la temporada anterior, pero desde luego genera mucho más momentos interesantes, lo que juega en beneficio de un dinamismo que, al final, hace que 10 episodios sean pocos. Las ganas de más es el mejor síntoma de su grandeza.

Los X-Men del futuro pasado llegan a la taquilla sin muchos enemigos


Estrenos 6junio2014El verano cinematográfico continúa, y lo hace con una de las películas más esperadas por varios motivos. No solo es la nueva entrega de una saga exitosa, sino que además aborda un arco dramático de lo más interesante. Su importancia es de tal magnitud que hoy, viernes 6 de junio, apenas llegan más películas a la cartelera, y las que lo hacen es con algo de retraso respecto al estreno en sus países de origen, alejándose además del género al que pertenece este más que posible blockbuster, en un intento de copar las expectativas de otro público objetivo.

Pero comencemos por X-Men: Días del futuro pasado, nueva película con los mutantes de Marvel como protagonistas que presenta muchos alicientes para los seguidores de la saga. Para empezar, se basa en uno de los argumentos más exitosos de las viñetas. La trama se traslada a un futuro en el que los mutantes libran una guerra por su supervivencia contra unas máquinas humanoides gigantescas programadas para exterminarlos. El mundo que habitan ha sido destruido, y su única oportunidad es enviar a uno de ellos al pasado para que evite la cadena de acontecimientos que lleva a esa confrontación. El elegido no será otro que Lobezno. Otro de los atractivos es que la película vuelve a contar con Bryan Singer (X-Men) como director.

Aunque sin duda lo más interesante será ver a todos los mutantes de la saga reunidos en un único film e interpretados por los actores que les han dado vida: Hugh Jackman (Los miserables) como Lobezno; James McAvoy (Trance) y Patrick Stewart (Safe House) como Charles Xavier en dos momentos de su vida; Michael Fassbender (Shame) e Ian McKellen (El hobbit: La desolación de Smaug), ambos como Magneto; Jennifer Lawrence (La gran estafa americana) como Mística; Nicholas Hoult (Memorias de un zombie adolescente) como Bestia; Halle Berry (Monster’s Ball) como Tormenta; Anna Paquin (serie True Blood) como Pícara, Ellen Page (A Roma con amor) como Kitty Pryde; Shawn Ashmore (serie The following) como el hombre de hielo; y Daniel Cudmore (Alone in the dark) como Coloso. Además, se unen Peter Dinklage (serie Juego de tronos) como Bolívar Trask; Omar Sy (Intocable) como Bishop; y Evan Peters (serie American Horror Story).

Quizá el mejor ejemplo de que los mutantes se han impuesto antes incluso de su estreno es que es el único título estadounidense que llega a la cartelera española. A partir de aquí, por tanto, toca hablar fundamentalmente de Europa. Y lo hacemos con dos novedades españolas, una de ellas basada en un anuncio de televisión. Puede parecer extraño, pero el éxito de una campaña de lotería hace algunos años con un perro como protagonista es lo que sirve como punto de partida de Pancho, el perro millonario, comedia dirigida por Tom Fernández (La torre de Suso) que narra cómo el perro más rico del mundo debe hacer frente a un despiadado multimillonario que quiere convertirlo en un icono del mundo de los juguetes y quedarse así con su fortuna. Por suerte el cánido contará con la ayuda de un fiel administrador que busca, ante todo, que el perro protagonista abandone los malos hábitos. Además del susodicho animal, en el reparto encontramos rostros conocidos como los de Patricia Conde (Legami sporchi), Iván Massagué (Déjate caer), Secun de la Rosa (Lobos de Arga), Alex O’Dogherty (serie Doctor Mateo), Armando del Río (Un año en la Luna), Marta Hazas (serie Velvet), Manuel Baqueiro (serie Amar en tiempos revueltos), Eloy Azorín (Todo sobre mi madre) y María Castro (Los muertos van deprisa).

El otro estreno nacional es el film del 2013 titulado Blockbuster, lo nuevo de Tirso Calero (Carne cruda) como guionista y director. La trama arranca cuando un veterano actor que siente que su época de éxito ha pasado se topa con un joven director de cine cuya pasión por el medio y las ganas de aprender el oficio no solo le devolverá la confianza, sino que creará un vínculo entre ambos que les enseñará mucho sobre la vida. Frente a la cámara nos encontramos actores como Xúlio Abonjo (Gutbai, Charly), María José Alfonso (El cielo abierto), Fernando Esteso (Los liantes), Albert Forner (9 meses) y Ferran Gadea (Antes de morir piensa en mí), entre otros.

Inglaterra se encuentra detrás de la producción del 2013 The invisible woman, segunda película como director de Ralph Fiennes (Coriolanus). Basada en el libro de Claire Tomalin, narra el romance entre el escritor Charles Dickens, de 45 años, y Ellen Ternan, de 18, en una época en la que el primero ya estaba casado con su esposa Catherine. Una historia de amor que, cuando se descubrió, puso fin al matrimonio, aunque en los círculos sociales nunca se llegó a conocer. Fiennes se reserva el rol protagonista de esta historia, completándose el reparto con Felicity Jones (Hysteria), Kristin Scott Thomas (En la casa), John Kavanagh (The runaway), Tom Attwood, Susanna Hislop y Tom Burke (Third star).

La última de las películas europeas de este fin de semana es El hijo del otro, drama francés de 2012 dirigido por Lorraine Lévy (Mes amis, mes amours) que arranca cuando un joven israelí está a punto de entrar en el ejército. Es en ese momento cuando descubre que no es hijo biológico de sus padres, siendo en realidad un hijo palestino intercambiado al nacer en la confusión de la guerra. La revelación, que derrumba todo el mundo construido alrededor de las dos familias, obligará a los implicados a realizar un esfuerzo para superar los prejuicios de raza y de religión. Emmanuelle Devos (Reyes y reina), Pascal Elbé (Un coeur simple), Jules Sitruk (La aventura de los águilas), Mehdi Dehbi (Sweet Valentine) y Areen Omari (Private) son los principales protagonistas.

Finalmente toca hablar de Días de vinilo, comedia de 2012 escrita y dirigida por el debutante Gabriel Nesci, y cuya trama gira en torno a cuatro amigos y su pasión por la música. Sus vidas darán un vuelco cuando uno de ellos, que trabaja en un cementerio privado, decide casarse, provocando un sinfín de situaciones en las que el amor, la música y la amistad tendrán mucho que decir. El reparto está integrado por Gastón Pauls (Nueve reinas), Fernán Mirás (La ronda), Rafael Spregelburd (Música en espera), Ignacio Toselli (Yo soy sola), Inés Efron (El niño pez) y Leonardo Sbaraglia (Luces rojas).

‘X-Men: Días del futuro pasado’: los mutantes hallan sus orígenes


Hugh Jackman vuelve al pasado en 'X-Men: Días del futuro pasado' para alertar a Fassbender y a McAvoy.Hollywood se enroca cada vez más en sí mismo. La moderna industria del cine estadounidense tiende cada vez más a explotar sus iconos en un desmedido afán de obtener los mayores beneficios con el mínimo coste económico y artístico. Pero de vez en cuando se dan cita los suficientes elementos como para producir un film notable, completo artística y dramáticamente, y capaz de devolver a la saga a la que pertenece parte de todo aquello que suele perder por el camino. Pues bien, esta nueva entrega de los mutantes más famosos del cine (y de los cómics) es esto y mucho más. En cierto modo, su título no podría ser más apropiado, y no solo por el argumento.

En efecto, X-Men: Días del futuro pasado devuelve a la serie de películas a su estado original. Ya desde sus primeros momentos, y con unos títulos de crédito que recuerdan poderosamente a las primeras entregas, la película expone claramente sus intenciones. Si bien es cierto que su trama y el desarrollo dramático de los personajes es más lineal y menos complejo que en ocasiones anteriores, no lo es menos el hecho de estar ante la que posiblemente es, hasta ahora, la historia más oscura, trágica y violenta de todas. La primera secuencia en ese futuro apocalíptico donde los mutantes luchan sin esperanza es brutal y salvaje, con unas muertes pocas veces vistas en este tipo de productos. Algo que se repite hacia el final del film en una especie de bucle que, lejos de terminar donde empezó, ofrece un recorrido de lo más interesante por el pasado de los personajes.

Si algo bueno tiene la película es que parece haber aprendido de sus errores. Uno de los elementos que más lastraban las películas era el alto número de personajes que nunca llegaban a desarrollarse. Ahora, y salvo las excepciones de ese futuro distópico, la trama centra su atención en unos pocos roles, pudiendo además profundizar algo más en la definición de cada uno de ellos, en sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones. En esta ocasión la voz cantante la tiene el rol interpretado por James McAvoy (Wanted), verdadero motor dramático de todo el arco temporal. La contrapartida, por desgracia, es un olvido generalizado del resto de participantes en la trama, que a pesar de tener una presencia notable y ayudar a que la acción avance, se muestran algo más planos en su evolución dramática.

A esto habría que sumar la labor de Bryan Singer, director y artífice del éxito de los mutantes en el cine. Sin ser tan visionaria como la de Matthew Vaughn (Kick-Ass), su renovada mirada al mundo de la patrulla X aporta frescura a unos personajes que todavía empiezan a conocerse. Recursos como el formato televisivo de los años 80, la secuencia protagonizada por Quicksilver (al que da vida Evan Peters) o las batallas inicial y final son pruebas de que el director todavía tiene algo que decir. Eso por no hablar del hecho de que se haya optado por la trama en lugar de la acción, lo que nutre notablemente el film y aporta, además, la sensación de que no estamos ante un blockbuster de consumo rápido y olvidable, sino ante una nueva pieza del mundo que todavía se está construyendo.

Desde luego, X-Men: Días del futuro pasado se halla entre lo mejor de esta longeva saga. Más violenta que sus predecesoras, recupera buena parte de todo aquello que define este tipo de historias (el racismo, la lucha por la supervivencia, la evolución genética, …), y aprovecha la ocasión de reunir a los dos repartos para hacer numerosos guiños a los aficionados. Puede que los arcos dramáticos de sus personajes no sean tan completos, y puede que la trama tenga un desarrollo más directo y sencillo, pero lo cierto es que eso termina por resultar adecuado ante los constantes viajes hacia el pasado y el futuro. Futuro, por cierto, muy prometedor si se sigue esta senda y si, como se ve en la secuencia tras los títulos, los protagonistas siguen haciendo frente al apocalipsis.

Nota: 7,5/10

‘Tráiler de X-Men: Días del futuro pasado’: las sagas mutantes se unen


Cartel promocional de 'X-Men: Días del futuro pasado'.Apenas quedan dos meses para su estreno, pero 20th Century Fox ha sacado el que posiblemente sea el más completo e interesante tráiler de la nueva aventura mutante, X-Men: Días del futuro pasado. Tras varias semanas revelándose imágenes, artes conceptuales y vídeos promocionales, no ha sido hasta este momento que los fans pueden apreciar algunos de los secretos mejor guardados del film, como son los centinelas. Aunque no es lo único interesante que deja este avance. Si bien la trama ya era más o menos conocida, este segundo tráiler ofrece diferentes matices y, sobre todo, permite ver a algunos de los mutantes en acción.

La trama, como decimos, es conocida. Ambientada en un futuro en el que los mutantes están inmersos en una guerra por su supervivencia y viven en un mundo totalmente destruido, los líderes Charles Xavier y Magneto deciden enviar al pasado a Lobezno para que convenza a las versiones más jóvenes de ambos a que tomen caminos distintos, no solo en su particular enemistad, sino en sus decisiones frente a los humanos. La película, por tanto, supone aunar en una única trama a prácticamente todos los personajes que aparecieron en la trilogía original y en la película X-Men: Primera generación, amén de incluir otros nuevos, muchos de los cuales ya aparecen en este avance (o han aparecido en otros anteriores).

Eso sí, lo que desvela el vídeo no es únicamente el diseño de los enormes robots destinados a destruir a los mutantes, sino el propio tono del film, que parece aprovechar la actual tendencia de incidir en el aspecto trágico de todos estos personajes de las viñetas. En cierto modo, la película combina sus partes más oscuras (definidas en ese futuro apocalíptico) con algunas más ligeras propias de la acción en el pasado, aunque en ambos se desprende un cierto aire dramático que invita a pensar en un enfoque algo más adulto de la temática mutante. Del mismo modo, el diseño de la futurista ciudad ofrece la posibilidad de desarrollar al máximo las cualidades de los personajes, como esa imagen del hombre de hielo realizando sus famosos caminos por el aire.

La película supone el regreso tras las cámaras de Bryan Singer, creador de la trilogía, y reúne bajo un mismo techo a Hugh Jackman (Prisioneros), Patrick Stewart (Star Trek: Nemesis), Ian McKellen (El hobbit: La desolación de Smaug), James McAvoy (Trance), Michael Fassbender (El consejero), Jennifer Lawrence (La gran estafa americana), Halle Berry (Marea letal), Peter Dinklage (serie Juego de tronos), Ellen Page (The east), Nicholas Hoult (Jack el caza gigantes), Anna Paquin (serie True Blood), Evan Peters (serie American Horror Story: Coven), Shawn Ashmore (serie The following) y Omar Sy (Intocable), muchos de ellos recuperando los personajes originales de las tres primeras películas. Por cierto que el tráiler de la cinta, que encontraréis a continuación, se publicó con un cartel promocional interesante que muestra, a grandes rasgos, a los principales personajes. A continuación el vídeo.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: