1ª T. de ‘American Gods’, el viaje del héroe en la guerra de los dioses


Puede que para muchos el nombre de Neil Gaiman no tenga especial interés, pero el autor británico no solo es uno de los creadores de fantasía más interesantes de las últimas décadas, sino que su interpretación de los mitos y los dioses clásicos invita a una reflexión sobre el mundo, el ser humano y la sociedad que muy pocos escritores consiguen. Y eso es precisamente lo que se esconde tras la primera temporada de American Gods, adaptación en formato de serie de una de sus novelas más conocidas. Recién estrenada la segunda etapa, es obligado revisar algunos de los pilares narrativos de los primeros ocho episodios de la ficción creada por Bryan Fuller (serie Hannibal) y Michael Green (guionista de Blade Runner 2049).

Para aquellos que no conozcan su argumento, la historia arranca cuando un hombre sale de prisión. Ese mismo día se entera que su novia y su mejor amigo han muerto en un accidente de tráfico que apunta a que estaban teniendo una aventura. El expresidiario conoce además a un misterioso hombre que responde al nombre de Sr. Miércoles, quien le contrata para iniciar un viaje que le llevará a ser protagonista en una guerra en la que los antiguos y los nuevos dioses y mitos luchan por el favor y el control de los hombres. Visto así la serie podría entenderse como una propuesta de ciencia ficción al estilo más clásico, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, Fuller y Green realizan un planteamiento completamente diferente, optando más por el drama y la intriga y, sobre todo, por un desarrollo de personajes muy arriesgado en los tiempos que corren.

Porque al igual que los antiguos dioses de American Gods, esta primera temporada recurre a algo que ya no suele verse, y es dedicar toda una temporada, episodio tras episodio, a desarrollar los orígenes, motivaciones y posicionamiento de cada uno de los personajes secundarios que aparecen en la historia. De este modo, esta etapa se convierte más en un escaparate de seres míticos, de dioses en la tierra que pasan desapercibidos entre nosotros pero a los que se les rinde, o se les ha rendido alguna vez, culto de un modo u otro. Y es algo completamente gratificante. Como ocurre con los nuevos dioses (los nuevos media, los media, la tecnología, …), el actual ritmo de la sociedad parece impedir una cierta pausa y reflexión, y que una serie de estas características sea capaz de desafiar esto para presentar algo más pausado y tradicional es, a la vez que admirable, una suerte de vínculo metalingüístico entre realidad y ficción que hace aún más compleja la serie.

Para muchos tal vez esta estructura narrativa de esta primera etapa sea algo negativo para la propia ficción, y hasta cierto punto es cierto, pues centrar la atención en los personajes secundarios muchas veces distrae del objetivo principal, e incluso impide un seguimiento natural de la trama. Sin embargo, enriquece notablemente el universo en el que se desarrolla la acción, y teniendo en cuenta la complejidad que se antoja va a tener el argumento, resulta gratificante poder conocer las motivaciones y la posición de cada uno de los roles. Esto permite, además, una reinterpretación de muchos seres mitológicos y divinos de diferentes culturas y épocas de la civilización, una seña de identidad de Gaiman que los creadores de esta ficción televisiva logran captar a la perfección.

Composición de las tramas

Todo ello genera, por otro lado, algo muy interesante para cualquier profesional y aficionado a las complejas historias, y es la construcción de un “árbol” de tramas en el que cada arco argumental secundario es una rama que se une al resto en un tronco central que no es otro que la guerra que se avecina. Vista así, esta primera temporada de American Gods se convierte en un interesante compendio de detalles y líneas dramáticas que se entrelazan, se nutren y modifican unas a otras, y sobre todo se hacen crecer entre ellas. El viaje de los dos protagonistas permite al espectador asomarse a una visión de las creencias religiosas antiguas (y modernas, aunque en menor medida) tan particular como acertada, pero ante todo le permite descubrir los vínculos de esas antiguas deidades, de su devenir durante siglos en una tierra en la que la fe parece haber desaparecido. A través del Sr. Miércoles, rol magistralmente interpretado por Ian McShane (John Wick: Pacto de sangre), se va desenmarañando una intrincada madeja de viejos rencores, de encuentros pasados y de traiciones presentes.

Aunque la parte dramática no sería nada sin un apartado visual espléndido que no solo saca el máximo provecho a la historia en sí, sino que capta la esencia estética de la obra de Gaiman. A medio camino entre la belleza y la visceralidad, la complejidad dramática de los personajes se nutre con una puesta en escena única que oscila entre la road movie y el viaje del héroe para encontrar su sentido en el mundo. Asimismo, la serie aprovecha para presentar los ambientes en los que se mueven los secundarios, cada uno de ellos definiéndoles de una forma muy precisa que contribuye, además, a esa reinterpretación de los mitos que realiza Gaiman. Todo ello, fondo y forma, crea una obra diferente, no apta para todos los públicos y capaz de poner a prueba la paciencia de muchos espectadores. Pero no hay atajos para poder afrontar la complejidad de una historia de estas características, y al igual que ocurre con otras series de dimensiones tan grandes, la paciencia al final tiene su recompensa.

Esta primera temporada nos deja, por tanto, el viaje iniciativo de un héroe que se adentra en un mundo de dioses, mitos y seres mágicos. Un mundo que convive con el nuestro a plena vista y que, sin embargo, el común de los mortales es incapaz de ver. Bajo este prisma, esta ficción se convierte en una versión moderna de clásicas historias, lo que aporta al conjunto un sentido mucho mayor, engrandeciendo su propia esencia y trascendiendo sus propias limitaciones televisivas para revelarse como una historia atemporal, única y brillante. Serían necesarias muchas entradas en este rincón de Internet para analizar todos y cada uno de los matices que representan a los dioses, así como cada interpretación que de sus mitos se realiza. Baste decir que, por ejemplo, los personajes de Anubis e Ibis son sencillamente perfectos, cada uno convertido en una versión moderna de su función en el Antiguo Egipto, balanza del juicio de Osiris incluida.

Lo que representa este comienzo de American Gods es el punto de partida de un complejo juego en el que los intereses y los conflictos se contraponen unos con otros. La belleza formal de su propuesta, la profundidad de sus personajes y de sus arcos dramáticos, y el toque de humor característico de Gaiman (la escena con todos los Jesús provocados por las ramificaciones de la religión católica es tan hilarante como cierta) componen ocho episodios no solo recomendables, sino sumamente interesantes para todo aquel aficionado a la historia, a los mitos clásicos y, sobre todo, al contraste que generan con una sociedad de consumo como la actual. Fuller y Green componen una sinfonía en la que cada paso del viaje, cada dios o ser mitológico que aparece, queda representado por una nota característica que enriquece el conjunto hasta dotarlo de una vida única, propia y diferente a lo visto habitualmente en televisión.

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‘First Man (El primer hombre)’: un pequeño paso para el cine


¿Podría Damien Chazelle (Whiplash) realizar una película sin la música como eje principal? Esa pregunta se planteó tras el anuncio de que el viaje a la Luna de Neil Armstrong iba a ser su nuevo proyecto. Ahora, dicha duda queda resuelta en un relativo ‘No’. Porque la realidad es que la música sigue teniendo un papel fundamental en la historia, pero el pulso narrativo y dramático que el joven director demostró en sus dos anteriores films se diluye en exceso en el intimismo que imprime al relato.

Lo que sí vuelve a demostrar Chazelle es un lenguaje audiovisual único, bello, magistralmente ejecutado para transportar al espectador al universo que crea en cada film. En este sentido, First Man (El primer hombre) nos convierte en astronautas por un día, metiéndonos en la piel de Armstrong y compartiendo su punto de vista, sus sentimientos, sus miedos y sus logros. En este sentido, la práctica ausencia de planos generales combinada con planos cortos y subjetivos crean esa sensación de angustia en muchos momentos del relato. Bajo esta premisa, resulta interesante analizar la narrativa de los despegues o el alunizaje, así como los viajes espaciales, alejados de espectaculares planos en la inmensidad del universo para situarnos en lo poco que se ve desde el interior de un traje de astronauta.

El principal problema se halla, por tanto, en el propio guión. El pulso narrativo es sumamente irregular, incapaz de abordar los verdaderos sentimientos de fondo del protagonista, presentado como un hombre frío con sentimientos muy encerrados en su interior. La cinta, aunque plantea algunos conflictos emocionales, no ahonda demasiado en ellos, limitándose a relatar la carrera espacial y el trabajo de los astronautas sin dedicar demasiado tiempo, por ejemplo, al impacto de la prematura muerte en el seno familiar, siempre presente pero nunca analizada en detalle. Asimismo, las diferentes historias secundarias sencillamente se quedan en una suerte de contexto a la del protagonista.

Desde luego, First Man (El primer hombre) podría dar más de sí… o tal vez no. La sensación de estar ante una historia sin mayor épica que la de poner un pie en la Luna y escuchar la histórica frase se agranda a medida que pasan los minutos. Ni la labor maravillosa de Chazelle tras las cámaras ni la de los actores delante de ellas (el reparto está sencillamente perfecto) pueden disimular la falta de garra dramática de la historia, que se limita a relatar hechos sin entrar demasiado en los aspectos más polémicos y conflictivos del relato (los muertos del programa espacial, los conflictos personales y familiares, la competición espacial con la URSS, etc.). La cinta lo mira todo desde un punto de vista personal, pero parece olvidarse que en esa perspectiva también tienen cabida el resto de elementos que conforman el mundo que nos rodea. Lo que hizo Armstrong fue un gran paso para la Humanidad; lo que ha hecho Chazelle es un pequeño paso para el cine.

Nota: 6,5/10

‘El rascacielos’: la jungla en llamas


Que la nueva película de Rawson Marshall Thurber (Cuestión de pelotas) bebe de películas como Jungla de cristal (1988) y El coloso en llamas (1974) es evidente, así que no entraré a valorar las diversas referencias que puede tener esta cinta de acción a detalles y conceptos vistos en esos films. No, lo realmente interesante es si la cinta tiene entidad propia como para aportar algo nuevo al género en el que se enmarca, o al menos para distraer durante casi dos horas. Y la respuesta es un “sí” con matices.

Porque desde luego que El rascacielos entretiene. Desde su punto de partida con un espectacular edificio de sofisticada tecnología hasta su conclusión marcada por la acción y un toque dramático poco habitual en este tipo de films, la cinta posee un ritmo trepidante, alternando el desarrollo de la historia (mínimo, como es habitual) con espectaculares secuencias donde la adrenalina se adueña del conjunto. El lenguaje narrativo empleado por Marshall Thurber, además, explota al máximo algunos de los momentos más icónicos del film, generando una mayor ansiedad a las situaciones que vive el protagonista al que da vida Dwayne Johnson (Un espía y medio), quien por cierto vuelve a demostrar su personalidad y carisma a la hora de dar vida a estos personajes.

Ahora bien, el film flaquea en aspectos importantes. Para empezar, el guión apenas tiene profundidad dramática. El desarrollo de la historia no solo es lineal y previsible, sino que no aporta en ningún momento un auténtico punto de inflexión o un suspense ante un futuro incierto. Los buenos son los buenos, los malos son los malos y aquí ganan los que ganan y pierden los que pierden. En este sentido, el film no ofrece nada nuevo salvo los nuevos efectos y una narrativa que, eso sí, no pisa el freno prácticamente en ningún momento, lo cual es de agradecer porque ayuda a pasar por alto algunas de sus debilidades.

Con sus aciertos y sus debilidades El rascacielos ofrece lo que promete, ni más ni menos. Acción, adrenalina, algo de contenido dramático para que no sea un cúmulo de efectos especiales, y una duración ajustada que deja poco margen para el aburrimiento. Ni pretende ser un drama de supervivencia ni una historia de superación del héroe. Simplemente, una cinta de acción para la época veraniega con claras influencias de clásicos del género. Con lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Nota: 6/10

Dwayne Johnson salva ‘El rascacielos’ de los monstruos


Verano en estado puro es lo que nos deja este viernes, 13 de julio, en las pantallas de toda España. Y curiosamente, ninguno de los estrenos es de terror. Al menos de terror en estado puro. Eso sí, la acción, el drama y el humor están asegurados en los principales estrenos, algunos de ellos con vocación de convertirse en uno de los títulos de estos meses.

Comenzamos el repaso con El rascacielos, nueva cinta de acción protagonizada por Dwayne Johnson (Jumanji: Bienvenidos a la jungla) con claras influencias de Jungla de cristal (1988) y El coloso en llamas (1974). Dirigida por Rawson Marshall Thurber (Un espía y medio), la cinta gira en torno a un veterano de guerra y ex líder del equipo de rescate de rehenes del FBI que se dedica a supervisar la seguridad en los rascacielos más modernos del mundo. Algo sale mal en su último trabajo, el edificio más moderno del mundo ubicado en Hong Kong, y se declara un incendio del que es acusado. Dispuesto demostrar su inocencia, deberá encontrar a los culpables y rescatar a su familia, que se ha quedado encerrada en una de las plantas. El reparto se completa con Neve Campbell (serie House of cards), Pablo Schreiber (Juego de ladrones), Noah Taylor (Free fire), Kevin Rankin (Comanchería), Roland Møller (Atómica) y Byron Mann (La gran apuesta), entre otros.

Muy diferente es el biopic dramático Mary Shelley, film con capital estadounidense, inglés y luxemburgués que, como su propio título indica, narra la vida de la autora de ‘Frankenstein’ y el romance que mantuvo con Percy Shelley que sirvió de inspiración años más tarde para crear la novela gótica. Haifaa Al-Mansour (La bicicleta verde) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Elle Fanning (Vivir de noche), Douglas Booth (El destino de Júpiter), Maisie Williams (serie Juego de tronos), Bel Powley (Carrie Pilby) y Joanne Froggatt (serie Downton Abbey).

Puramente norteamericana es Hotel Transilvania 3: Unas vacaciones monstruosas, nueva entrega de la saga de animación con los principales monstruos del cine y la literatura que, en esta ocasión, sitúa a los protagonistas en un crucero en el que Drácula y el resto de monstruos podrán, después de siglos de trabajo, relajarse con unas merecidas vacaciones. Pero el sueño pronto se torna en pesadilla cuando la hija del vampiro descubre que la capitana del barco esconde un oscuro secreto que podría acabar con todos los monstruos. Genndy Tartakovsky, autor de toda la saga, vuelve a ponerse tras las cámaras en esta tercera entrega que cuenta con las voces en su versión original de Mel Brooks (Los productores), Adam Sandler (Pixels), Selena Gomez (Una lucha incierta), Andy Samberg (La autopsia 10), Kathryn Hahn (Captain Fantastic), Steve Buscemi (La muerte de Stalin) y Kevin James (Niños grandes 2).

La principal propuesta española de la semana es El mejor verano de mi vida, comedia familiar dirigida por Dani de la Orden (El pregón) que tiene como protagonista a un vendedor de robots de cocina cuyo sueño es trabajar en el mundo financiero. En plena crisis de pareja y acosado por las deudas, le promete a su hijo que se irán de vacaciones si saca todo sobresalientes. Dado que el chico cumple, se embarca con toda su familia en un viaje que cambiará sus vidas para siempre. El humorista Leo Harlem (Villaviciosa de al lado) es el principal protagonista de este film que se estrena el jueves 12 y en cuyo reparto encontramos también a Maggie Civantos (serie Vis a vis), Toni Acosta (Incidencias), Sílvia Abril (Vulcania) y Berto Romero (Ocho apellidos catalanes).

La misma nacionalidad tiene No quiero perderte nunca, cinta que retrata el dolor de una mujer tras la pérdida de su madre, viviendo un proceso mental similar al que llevó a su madre a un lugar del que nunca pudo volver. Escrita y dirigida por Alejo Levis (Todo parecía perfecto), la película cuenta con Aida Oset (Frontera), Montse Ribas, Maria Ribera (Tres dies ambos família) y Carla Torres como sus principales actrices.

Entre el resto de estrenos europeos encontramos Lola Pater, coproducción franco belga que se centra en un hombre que, cuando su madre muere, decide ir en busca de su padre, quien les abandonó hace 25 años. Pero ahora el progenitor se llama Lola, algo que el joven tendrá que aceptar no sin dificultades. Este drama está escrito y dirigido por Nadir Moknèche (Goodbye Morocco) y protagonizado por Tewfik Jallab (Asalto al convoy), Fanny Ardant (Mis días felices), Nadia Kaci (Le puits), Véronique Dumont (Mon ange) y Lucie Debay (El rey de los belgas).

Francia y Canadá colaboran en La bruma, cinta cuyo argumento arranca cuando una misteriosa niebla mortal se extiende por toda la ciudad de París. La gente se ve obligada a sobrevivir y refugiarse en pisos y tejados de la ciudad. Una familia tendrá que afrontar el hecho de que, para poder salir con vida, tendrán que correr el riesgo de atravesar la niebla. Dirigida por Daniel Roby (White skin), esta propuesta de ciencia ficción está protagonizada por Romain Duris (Alto el fuego), Olga Kurylenko (Un día perfecto), Fantine Harduin (Le boyage de Fanny), Michel Robin (Aquarium) y Anna Gaylor (La familia no se escoge).

Por último, La cámara de Claire es el título de la comedia dramática de 2017 escrita y dirigida por Hong Sang-soo (Lo tuyo y tú) que arranca cuando una trabajadora de la industria del cine es despedida mientras trabaja en el Festival de Cannes. Allí conoce a una mujer que se dedica a la fotografía. Con capital francés y de Corea del Sur, la cinta tiene un reparto encabezado por Isabelle Huppert (Elle), Kim Min-hee (La doncella), Chang Mi-hee (Gwibooin) y Jung Jin-young (Gangnam 1970).

Butler juega al ‘Juego de ladrones’ y McAvoy realiza una ‘Inmersión’


El mes de abril comienza, en lo que a estrenos se refiere, de un modo muy diferente a como terminó marzo. Sin grandes estrenos que puedan convertirse en blockbusters, la cartelera española se llena este viernes día 6 de varias propuestas para todo tipo de públicos, desde el thriller hasta la comedia, pasando por la animación.

Y dado que no hay ningún gran título, comenzamos por Juego de ladrones, cinta estadounidense que combina acción y drama que arranca cuando un grupo de ladrones especializado en robos de bancos decide ir a por su mayor reto. En su camino, sin embargo, se encuentra una unidad de élite de la policía de Los Ángeles que suele disparar antes de detener a nadie. Ópera prima de Christian Gudegast, autor también de la historia, la película está protagonizada por Gerard Butler (Geostorm), Pablo Schreiber (Traces), O’Shea Jackson Jr. (Straight Outta Compton), el rapero 50 Cent (Espías), Maurice Compte (Memorias de un asesino internacional), Evan Jones (Mil maneras de morder el polvo) y Brian Van Holt (Una bala en la cabeza).

Estados Unidos también participa, junto a Alemania, Francia y España, en Inmersión, thriller dramático con toques románticos dirigido por Wim Wenders (Todo saldrá bien) y que adapta la novela de J.M. Ledgard. El argumento gira en torno a la relación entre un hombre y una mujer que se conocen en un remoto hotel y se enamoran casi en contra de su voluntad. Cuando se separan descubrimos que él es agente del servicio secreto británico y ella busca el origen de la vida en nuestro planeta. Dos mundos separados que llevará su amor a límites que nunca imaginaron. James McAvoy (Atómica), Alicia Vikander (La luz entre los océanos), Alexander Siddig (serie Da Vinci’s demons) y Reda Kateb (Los caballeros blancos) encabezan el reparto.

Francia y Bélgica coproducen Un sol interior, comedia dramática que sigue los pasos de una artista parisina, madre divorciada, que busca el amor entre un plantel de hombres de muy diferentes perfiles sociales, aunque solo encuentra decepciones. Dirigida por Claire Denis (Los canallas), la película tiene como protagonistas a Juliette Binoche (Ghost in the Shell), Xavier Beauvois (El secreto del hielo), Philippe Katerine (Opium), Josiane Balasko (Mes héros) y Nicolas Duvauchelle (Dalida).

Puramente española es Campeones, nueva comedia con tintes dramáticos dirigida por Javier Fesser (Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo) cuya trama se centra en un entrenador profesional de baloncesto que, tras cometer una infracción al volante, es obligado a trabajar con un equipo de chicos con discapacidad intelectual como trabajos comunitarios. Pero lo que comienza siendo una obligación terminará por darle increíbles lecciones de vida que le abrirán los ojos a una realidad que desconocía. En el reparto destacan los nombres de Javier Gutiérrez (El autor), Itziar Castro (Matar a Dios), Luisa Gavasa (La novia), Daniel Freire (Cruzados), Juan Margallo (La reina de España) y Athenea Mata (serie La dársena de poniente).

También procede de España Miss Dalí, drama que aborda la relación entre el artista Salvador Dalí y su hermana Anna María a lo largo de los años. Escrita y dirigida por Ventura Pons (El virus de la por), la cinta está protagonizada por Claire Bloom (Max Rose), Siân Phillips (La guerra de Murphy), Vicky Peña (Juegos de familia), Josep Maria Pou (Abracadabra), Joan Pera (Forasters) y Joan Carreras (Insensibles), entre otros.

El tercer estreno español es Resort Paraíso, thriller dirigido por Enrique García (321 días en Michigan) que arranca cuando una pareja que atraviesa un mal momento decide refugiarse en el hotel donde ella trabaja, cerrado durante la temporada invernal. La mujer tiene acceso a todos los elementos del lugar y un plan para pasar desapercibidos, pero cuando son descubiertos por uno de los guardias de seguridad comienza un macabro juego del gato y el ratón. En el reparto encontramos, entre otros, los nombres de Nora Aguirre, Susana Almahano, Rafael Castillo-Romero, Virginia de Morata (Maniac Tales) y Noelia Galdeano.

Este viernes también se estrena la japonesa Verano de una familia de Tokio, nueva entrega de la saga de películas que vuelve a dirigir Yôji Yamada (La casa del tejado rojo) y que, en esta ocasión, se centra en los intentos de toda la familia porque el abuelo deje de conducir después de sufrir un accidente. Isao Hashizume (Después de la tormenta), Kazuko Yoshiyuki (Umi suzume), Masahiko Nishimura (Zen), Yui Natsukawa (Soromon no gishou) y Tomoko Nakajima (Cha no aji) vuelven a dar vida a los principales personajes.

La única representante de la animación es Have a nice day, cinta que combina comedia y crimen y que ha sido escrita y dirigida por Jian Liu (Piercing I). Su trama arranca cuando un chófer roba una importante suma de dinero a su jefe para poder pagarle a su novia una operación de cirugía plástica. Durante la noche comenzarán a perseguirle para recuperar el dinero robado. Entre las voces de su versión original, además del propio Liu, encontramos las de Changlong Zhu, Kai Cao, Siming Yang y Haitao Shi.

En cuanto al documental, Marea Humana realiza un viaje por 23 países para mostrar la vida a la que se enfrentan los millones de refugiados que huyen de la guerra, la represión y el hambre en el mundo. Con capital estadounidense, alemán y chino, el film está dirigido por Ai Weiwei (Lao ma ti hua).

Acción, drama y cine de época se reparten un fin de semana de Oscar


Estrenos 26febrero2016Fin de semana de Oscar. Y no solo porque el domingo se entreguen las preciadas estatuillas, sino porque hoy viernes, 26 de febrero, llegan a las pantallas españolas varias cintas que compiten en las principales categorías de la entrega de premios. El drama es, sin duda, el género predominante, pero no es el único. La comedia y el cine bélico también tienen importantes representantes entre las novedades que se presentan hoy.

Pero comencemos por los nominados. Entre ellos destaca sobremanera La habitación, cinta con capital irlandés y canadiense que adapta la novela de Emma Donoghue. Este intenso drama arranca cuando una madre logra escapar junto a su hijo del hombre que la ha tenido retenida durante cinco años. Cinco años en los que el niño, de esa misma edad, no ha conocido nada más que una minúscula habitación sin ventanas que la mujer ha convertido en todo un universo de alegría y diversión. La forma en que el pequeño se enfrenta al nuevo mundo que se abre ante él cambiará la vida de todos los que desde ese momento le rodean, sobre todo de su madre y sus abuelos. Lenny Abrahamson (Frank) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Brie Larson (El jugador), William H. Macy (Único disparo), Jacob Tremblay (Los pitufos 2), Joan Allen (Un buen matrimonio) y Amanda Brugel (serie Covert Affairs).

El otro gran estreno es Brooklyn, cinta que también ahonda en el drama, que también es la adaptación de una novela, en este caso escrita por Colm Tóibín, y que también está producida por Irlanda y Canadá, a los que se suma Estados Unidos. Ambientada en Nueva York durante los años 50, la trama gira en torno a una joven irlandesa que decide dejar la comodidad de su vida para cruzar el océano e iniciar un futuro en América. La añoranza inicial deja paso a un romance que abrirá las puertas de un nuevo y prometedor mundo. Pero la constante presencia del pasado la obligará a tomar una decisión entre las dos vidas que parecen convivir en su día a día. Dirigida por John Crowley (Circuito cerrado), la película cuenta con un reparto encabezado por Saoirse Ronan (El gran hotel Budapest), Domhnall Gleeson (El renacido), Julie Walters (Mamma mia!), Emory Cohen (serie Smash) y Jim Broadbent (Paddington).

Puramente americana es 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi, nuevo proyecto de Michael Bay (Dolor y dinero) que adapta el libro de Mitchell Zuckoff acerca del ataque al consulado americano de Bengasi por parte de un grupo terrorista islamista. El suceso, que se produjo un año después del 11-S, obligó a la poca seguridad que había en ese momento a defender el territorio estadounidense durante varias horas. John Krasinski (Tierra prometida), Pablo Schreiber (serie The brink), James Badge Dale (El desafío), Toby Stephens (serie Black Sails), Max Martini (Sabotage) y David Denman (El regalo) son los principales actores.

Muy diferente es El bosque de los suicidios, film de terror que supone el debut en la dirección de Jason Zada, y que gira en torno a la búsqueda de una joven norteamericana en el bosque de Aokigahara, en la falda del Monte Fuji en Japón. Allí ha desaparecido su hermana gemela, pero a pesar de las advertencias de no desviarse del sendero, la joven decide adentrarse en el bosque para encontrar las respuestas y saber qué le ha ocurrido a su hermana. Lo que allí encontrará pondrá a prueba su propia supervivencia. El reparto está encabezado por Natalie Dormer (serie Juego de tronos), Taylor Kinney (No hay dos sin tres), Yukiyoshi Ozawa (Joker game), Eoin Macken (Cold) y Rina Takasaki.

Pasamos ahora a los estrenos europeos, más concretamente españoles. Tenemos que hablar es la nueva comedia dirigida por David Serrano (Días de cine) que aborda los problemas de relación de una joven que parece tenerlo todo: un novio que la quiere, un trabajo, una buena casa. Sin embargo, cuando él le pide matrimonio ella deberá afrontar el hecho de que todavía sigue casada con su anterior pareja, Jorge, pues los papeles del divorcio nunca llegaron a firmarse. Pedírselos no sería algo demasiado complicado si no fuera porque él no ha superado la ruptura y porque es el responsable de la ruina en la que se encuentran los padres de ella. Así las cosas, la novia deberá idear un complicado plan para lograr que todo salga bien para ambas partes. Entre los actores principales destacan Hugo Silva (Mi gran noche), Michelle Jenner (serie Isabel), Óscar Ladoire (Negociador), Verónica Forqué (La dama boba), Ernesto Sevilla (Rey Gitano) y Belén Cuesta (Ocho apellidos catalanes).

Totalmente opuesta es La decisión de Julia, drama que arranca cuando una mujer llega a un hotel de Madrid para alojarse en la misma habitación que, 20 años antes,en la que, 20 años antes, vivió una experiencia que marcó para siempre su vida. Será en este espacio donde reciba a unos invitados para llevar a cabo una decisión meditada y tomada hace tiempo, y que consiste en el relato de una existencia marcada por amores a escondidas, huidas precipitadas y un descenso a los infiernos. Norberto López Amado (serie Mar de plástico) es el encargado de dirigir esta propuesta protagonizada por Fernando Cayo (El desconocido), Marta Belaustegui (Amores locos), Josean Bengoetxea (Loreak) y Yolanda Ulloa (Linko).

‘The brink’ encuentra la crítica ácida en el humor de su 1ª T


Jack Black es uno de los protagonistas de 'The brink'.A muchos críticos del modo de vida americano les costará imaginar que sus ciudadanos sean capaces de reírse de si mismos. La realidad es que no hay que hacer un gran esfuerzo, sobre todo si se compara con otros rincones del mundo y si se ha podido ver una pequeña joya del humor como es The brink. Y digo “joya” porque posiblemente no tenga mucha repercusión en la gran oferta audiovisual de la televisión que disfrutamos hoy en día. Incluso su forma de estructurar las tres tramas que sustentan la historia puede estar algo descompensada. Pero esta obra de Kim y Roberto Benabib (este último guionista de Weeds), cuya primera temporada consta de 10 episodios, es un festival de risas, de situaciones hilarantes y, sobre todo, de ideas y comentarios muy duros contra el mayor representante del capitalismo. Y eso no se ve todos los días.

De hecho, esta historia acerca de la situación crítica que vive Estados Unidos (‘brink’ vendría a significar ‘a punto de’) ante la inminencia de la guerra en Oriente Medio no deja títere con cabeza. Desde diplomáticos fumetas y algo inconscientes, hasta dictadores clínicamente locos y altos cargos de la Casa Blanca obsesionados con el sexo, pasando por un ejército representado por un camello y su acompañante, todo en la serie supone una provocación. Y aunque es cierto que los personajes son, cuanto menos, unos perdedores que buscan una forma de convertirse en héroes por un interés personal (salvo, tal vez, el rol del espléndido Tim Robbins –Un día perfecto-), en realidad son los diálogos, inteligentes y ácidos, los que llevan la voz cantante.

Puede parecer lo contrario, pero más que la acción (por cierto, algunas de las secuencias son magníficas), más que los conflictos diplomáticos o la parodia de las relaciones internacionales que refleja esta primera temporada de The brink, lo interesante siempre se encuentra en lo que los personajes dicen, en cómo lo dicen e, incluso, en lo que callan. Ejemplos hay muchos, demasiados para enumerarlos aquí. Desde la conversación en la que el personaje de Robbins logra detener un conflicto armado, hasta esa parodia de tribunal militar en el que Estados Unidos no reconoce haber iniciado una guerra entre dos países por el error de dos pilotos drogados, estos primeros 10 episodios se convierten en un desarrollo hilarante de un tema, por cierto, que en principio es poco dado a la risa.

Es importante tener en cuenta que uno de los principales atractivos, y también una de sus debilidades, es la estructura narrativa escogida. Con tres historias independientes pero al mismo tiempo complementarias, la trama se desarrolla en tres grandes escenarios que permiten a sus creadores explorar no solo las oportunidades cómicas de sus protagonistas, sino también algunos clichés de las culturas que protagonizan este divertido crisol. Desde luego, las ventajas saltan a la vista, pero las desventajas también están ahí. Más allá de que, al final, unas tramas terminan imponiéndose a otras (con todo lo que eso conlleva de pérdida de relevancia de algunos personajes), la distribución de los tiempos impide a la serie dibujar unos secundarios sólidos, más allá de convertirlos en parodias que complementan el surrealista mundo que refleja la serie. La verdad es que tampoco se necesita mucho más, pero eso no quita para que se tenga la sensación de perder algo de fuerza en algunos momentos de la temporada.

La confianza de los actores

Tim Robbins se convierte en el héroe de 'The Brink'.Claro que el humor, la ironía y la crítica política, social y militar de The brink no serían lo mismo sin el reparto, simplemente genial en todos sus aspectos. Tal vez sea por el carácter de héroe que tiene, por los problemas internos y externos a los que tiene que hacer frente, o porque es Tim Robbins, pero desde luego el rol de Walter Larson el faro de toda esta primera temporada. Más allá de sus dotes de líder, de su desprecio por sus compañeros de profesión o de su forma de entender el matrimonio, lo realmente interesante es el modo en que evoluciona, siempre a medio camino entre el deber de su cargo y sus debilidades como hombre. Esa dualidad, que provoca algunos de los momentos más surrealistas, también se convierte en uno de los aspectos más interesantes de la trama.

Pero junto a Robbins habría que destacar a Jack Black (El gran año), quien se aleja de histrionismos y payasadas para encontrar su vena cómica más “seria”; Pablo Schreiber (serie Orange is the new black), cuyo dúo con Eric Ladin (serie Boardwalk Empire) hace las veces de martillo para romper las reticencias iniciales con el género de la serie (el momento en la cabina del caza con ambos colocados y mareados es inigualable); Carla Gugino (serie Wayward Pines), que termina siendo una pieza importante en este curioso mosaico. Y así sucesivamente. En realidad, desde los mayores protagonistas hasta los secundarios menos importantes, todos los roles encuentran un sentido a su presencia en la trama, aunque sea puramente testimonial o como herramientas de usar y tirar para el desarrollo de la historia.

Lo mejor que se puede hacer con esta serie es entregarse a su surrealismo, a sus situaciones casi imposibles y al modo en que sus creadores llevan a los personajes, a través de la trama, a una situación límite, al borde de una guerra mundial provocada, al menos en parte, por los propios Estados Unidos. Quien quiera encontrar risas posiblemente se sature, pero esta primera temporada también deja una serie de reflexiones interesantes para todo aquel que las acepte y que las quiera ver. Tal vez no sea una producción sesuda ni dramática; sus personajes, desde luego, no tiene el carisma ni la elaboración de otras ficciones políticas. Pero precisamente porque aplica con inteligencia el humor al contexto pre bélico que desarrolla la denuncia social y política sale a la luz, lo que termina por convertir al producto en algo más que una mera parodia.

Así, The brink sabe evolucionar en su primera temporada desde un comienzo puramente cómico, sin demasiado atractivo más allá de las risas aseguradas, para revelarse como una comedia política que reparte críticas para todos los gustos y países, Estados Unidos a la cabeza. Ese componente de mirarse en el espejo e identificar sus propias debilidades tal vez sea lo más destacable, pero desde luego no es lo único.Y tal y como terminan estos 10 episodios, la segunda temporada se presenta más interesante todavía, trasladando el foco del conflicto a otra zona del mundo donde apenas entran los países desarrollados. Parece que las risas estarán aseguradas.

‘Orange is the new black’ gana interés y pierde protagonista en su 2ª T


La rivalidad entre Kate Mulgrew y Lorraine Toussaint acapara la atención de la segunda temporada de 'Orange Is The New Black'.A primera vista, las diferencias entre una serie para televisión y una película cinematográfica son evidentes. Duración, formato, estructura narrativa e incluso los efectos visuales marcan las pautas más básicas, si bien este último aspecto cada vez es menos relevante. Pero existen otros aspectos tal vez menos evidentes que marcan distinciones fundamentales que, por diversos motivos, pueden pasarse por alto. Una de esas características propias es el protagonismo del producto, algo en lo que la segunda temporada de Orange is the new black tiene mucho que decir. Y es que a pesar de que la primera entrega fue un soplo de aire fresco por la temática abordada y los personajes presentados, estos nuevos 13 episodios han superado las expectativas gracias a un interés creciente en el microcosmos que conforma la cárcel de mujeres, dejando a un lado a la supuesta protagonista.

En efecto, la nueva temporada de la serie creada por Jenji Kohan (serie Weeds) abandona en cierto modo la línea argumental protagonizada por Taylor Schilling (Argo) para centrar todos sus esfuerzos en abordar las relaciones humanas de un grupo de presas que, de un modo u otro, están entre rejas por errores cometidos en lugar de por ser un peligro real y físico para la sociedad. La introducción de un nuevo y soberbio personaje, interpretado brillantemente por Lorraine Toussaint (El solista) confirma esta idea. La presencia de un rol verdaderamente maligno y superior en todos los aspectos a sus congéneres supone un factor desestabilizador en el equilibrio de las internas de esa cárcel, fundamentalmente porque en el tiempo que dura la temporada, apenas unos meses, es capaz de hacerse con el control de personas y negocios. Y como digo, todo ello sin contar con Schilling, dando un mayor protagonismo a Red, el personaje al que da vida Kate Mulgrew (Perception), y a “Ojos Locos”, papel por el que Uzo Aduba ha recibido un Emmy.

Sobre todo esta última. Desde que comenzó la serie su personaje ha sido uno de los pocos que son capaces de generar risa e inquietud a partes iguales. La capacidad de la actriz para transmitir no solo los bruscos cambios de ánimo del personaje, sino la complejidad psicológica de las ideas que pasan por su mente, es abrumadora. En este sentido, en esta segunda temporada de Orange is the new black logra alcanzar un peldaño más al apoyarse en el personaje de Toussaint y convertirse en un ser casi maquiavélico, leal hasta extremos inimaginables y violento cuando su jefa es atacada. La secuencia de la ducha en la que apalea a una “disidente” es, simple y llanamente, espeluznante y reveladora. De hecho, es posible que sea de lo mejor que tienen estos 13 capítulos. Pero más allá de este personaje, el desarrollo dramático de esta trama que nace como secundaria pero se convierte en principal es brillante en su uso de la sutileza moral. Puede que sea por eso que termina acaparando toda la atención posible.

Con todo esto la pregunta que cabe hacerse es: ¿y qué pasa con el personaje de Schilling? Pues más bien poco. Como decía al comienzo, esta ficción creada por Kohan es un buen ejemplo para comprobar que en televisión, si algo no funciona y se dan los elementos adecuados, el cambio es posible. Su personaje, justificación para introducir al espectador en ese mundo entre rejas, se desvanece notablemente a lo largo de la temporada, llegando incluso a ser una mera sombra en varios capítulos. Su trama, con el desarrollo de su relación amor/odio entre su amante lesbiana (una Laura Prepon –The kitchen– casi testimonial) y su ex novio (al que da vida el protagonista de American Pie, Jason Biggs), pierde buena parte del interés dramático que pudo tener en su primera temporada, convirtiéndose casi en una suerte de muletilla irónica que sirve de contraste para los demás problemas, muchos de ellos bastante más sólidos. Esto no quiere decir, claro está, que no tenga cierto protagonismo, sobre todo en los primeros compases de esta etapa, pero sin duda ha perdido mucha fuerza, en buena medida debido a la presencia del personaje interpretado por Toussaint.

A vueltas con el pasado

Esta segunda temporada de Orange is the new black mantiene intacta su estructura narrativa, aunque lo hace con menos variedad que en la temporada de su estreno. Por supuesto, la práctica totalidad de los episodios cuentan con una serie de flashbacks que ayudan a comprender a los personajes más allá de los motivos por los que ingresan en la cárcel. La obsesión del personaje de Yael Stone (West) o los problemas de acogida del rol interpretado por Danielle Brooks son solo algunos ejemplos. En relación con esto, una de las cosas más interesantes que incorporan estos nuevos capítulos es la reinterpretación de este concepto, ofreciendo al espectador un marco más amplio que nutre de forma indiscutible el crisol de personalidades que viven en ese recinto.

Y no hablo solo de las presas. Los responsables de la serie optan por una mayor introducción de los guardias que trabajan entre esos mismos barrotes, presentándoles fuera de su entorno para poder, de ese modo, definirlos de forma más precisa. Si durante la primera etapa fue el personaje de Michael Harney (serie True Detective) el que tuvo el peso en este sentido, en esta segunda parte es Nick Sandow (All roads lead), Joe Caputo en la ficción, el que toma el relevo. Su arco dramático, motivado por los deseos de prosperar y de hacer algo bien en una cárcel que se cae a pedazos, es el otro gran pilar sobre el que se asienta la temporada, permitiendo un desarrollo más profundo y algo más caricaturesco de este funcionario de prisiones al que todo parece salirle mal a pesar de sus buenas intenciones.

Aunque hablar sobre los vigilantes y no hacerlo del personaje de Pablo Schreiber (Los amos de Dogtown) puede ser poco menos que contradictorio. En realidad, este es uno de los pocos “peros” que se le puede poner a la segunda temporada. Su personaje, que abandonaba la cárcel al final de la primera temporada, tiene en esta una presencia mínima, solamente justificable como detonante de la evolución de alguna trama secundaria. Y es una lástima, pues tanto la labor del actor como la definición sobre el papel son de lo mejor que ha dado este producto en los dos años de vida que tiene. Y eso dentro de un cúmulo de personajes que, en líneas generales, son inolvidables. Su ausencia trata de disimularse con el resto de vigilantes, pero un hueco así es difícil de cubrir. La ironía y el desagrado que aportó en los primeros episodios desaparecen en esta nueva etapa, lo que a la larga dota al conjunto de otros aires, si no distintos al menos sí modificados.

Pero en conjunto, la segunda temporada de Orange is the new black confirma que lo visto en la primera etapa no fue un éxito fulgurante. Gracias a los elaborados personajes que pueblan la cárcel la serie ha sabido rearmarse para convertirse en una producción coral donde las historias de las presas tienen más interés y peso que la de la propia protagonista, quien por cierto sigue siendo de lo más débil del conjunto. La incorporación de nuevos personajes, además de enriquecer ese particular universo, ha hecho avanzar el carácter dramático de la obra creada por Jenji Kohan, dotándola de un tono irónicamente dramático mucho mayor. En este proceso de transformación, como es lógico, ha habido víctimas que se han quedado por el camino. Algunas son recuperables (caso del rol de Schreiber), pero todo apunta a que otras dejarán de existir definitivamente (caso de la vida previa de la protagonista). Sea cual sea el futuro, parece claro que si se sigue de este modo la tercera temperada consolidará la serie como una de las más frescas del panorama actual.

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