‘La excepción a la regla’: no es oro todo lo que reluce


Hay nombres de Hollywood que simplemente elucubrando sobre una posible película logran que medio firmamento cinematográfico se comprometa a participar. Esto, claro está, tiene el riesgo de que luego la historia no sea lo esperado, pero la posibilidad de compartir cartel con algunos de los mitos del séptimo arte siempre es más atractiva que el hecho de que sea un film mediocre. Y aunque eso puede comprenderse en jóvenes actores con incipientes carreras, también se aplica a los más veteranos. Pues bien, todo eso y más es la nueva película de Warren Beatty (Enredos de sociedad), que no dirigía una película desde hace 15 años y en la que, ya sea porque nadie quería su proyecto o por mantener el absoluto control creativo, ejerce de productor, guionista, director y actor.

El resultado de esta La excepción a la regla puede analizarse, si se quiere, desde dos puntos de vista. Por un lado, el reparto y la puesta en escena. Los actores conforman un microcosmos en el que los sueños, las esperanzas, las frustraciones y los traumas del pasado tienen un peso fundamental para entender buena parte del desarrollo dramático del film. La pareja protagonista, aunque con poco carisma, logra aportar cierta presencia a unos roles, por otro lado, bastante arquetípicos. Todo ello narrado por un Beatty sobrio que juega, y mucho, con las luces y sombras, físicas y metafóricas.

Pero el problema que arrastra la historia es, valga la redundancia, la propia historia. El relato construido por el director y guionista peca casi siempre de imperfecciones que se acumulan hasta hacerse insoportables, llevando a los personajes a situaciones inconexas, muchas de ellas carentes de un trasfondo dramático coherente que justifique sus decisiones. La personalidad de Howard Hughes, además, imprime al relato un absurdo caos del que no se libra, por desgracia, ningún aspecto de la cinta, en la que entran y salen personajes secundarios sin demasiado objetivo, dejando en el espectador muchas veces la sensación de que se han dejado muchas cosas en la sala de montaje. De hecho, hay secuencias que directamente parecen cortadas antes de tiempo.

Así las cosas, La excepción a la regla se convierte más en una reunión de grandes y conocidos nombres de Hollywood que en un drama sólido y sobrio sobre el amor prohibido, el dolor del pasado o la búsqueda de lo que realmente queremos. Su desarrollo, marcado por cierto caos y la intermitencia de muchas líneas argumentales, termina por imprimir al conjunto un cierto tedio, impidiendo al espectador seguir la narración y el arco dramático de algunos roles. Da la sensación de que Warren Beatty ansiaba poner en marcha este proyecto fuera como fuera, y el resultado, a pesar de todas las estrellas que integran el reparto, no es ni mucho menos brillante.

Nota: 5/10

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1ª T de ‘Fargo’, una joya narrativa, visual e interpretativa


Martin Freeman y Billy Bob Thornton protagonizan la primera temporada de  'Fargo'.Hay series que con apenas unos segundos de metraje se postulan como algo diferente, atractivo, personal. Si su desarrollo posterior hace justicia a las primeras impresiones, la sensación que queda en el espectador es la de estar ante una obra superior, una joya de la pequeña pantalla que ya querrían tener muchas productoras de interminables y tediosos largometrajes. Por todo, por sus actores, por su planteamiento visual, por su guión, por su música, … por todo lo que uno pueda imaginarse, la primera temporada de Fargo es uno de esos productos imprescindibles y brillantes, contundentes desde su concepción hasta el más mínimo detalle que pueda imaginarse.

Se ha vendido como la adaptación a la televisión de la famosa película de los hermanos Coen estrenada en 1996, pero eso no es del todo cierto. Apenas el nombre y algunos aspectos de la premisa inicial es lo que ambas producciones tienen en común. ¡Ah!, y el humor ácido y terriblemente negro que Noah Hawley (serie The unusuals), creador de estos primeros 10 episodios, ha sabido trasladar de forma magistral. En realidad, la serie es mucho más compleja en su desarrollo y más rica en sus matices, tanto en la definición de personajes como en el crimen que centra toda la trama, y cuya complejidad va en aumento a medida que pasan los minutos.

Es este último aspecto, la creciente complicación de la historia, uno de los pilares fundamentales de la calidad de Fargo, pues a pesar de las numerosas desviaciones, tramas secundarias, personajes y aristas que surgen durante los capítulos, la serie mantiene una claridad y una sencillez pasmosas. Y eso es gracias, sobre todo, a la estructura narrativa de este drama, que aprovecha cada inicio de episodio para narrar algo aparentemente ajeno a la historia pero incuestionablemente fundamental para su comprensión. Desde ese episodio piloto, con un hombre saliendo medio desnudo del maletero de un coche, hasta el último episodio, con el agujero en el hielo, todos los inicios aportan no solo un marco incomparable para poder desarrollar la trama, sino que generan una lírica visual y narrativa espléndida.

Lírica que, por cierto, bebe mucho del estilo visual de los Coen (y esto sí es algo que puede considerarse auténticamente común a ambas producciones). Los paisajes nevados, los largos y pausados planos con poco movimiento, e incluso diversos encuadres que dramatizan sobremanera lo que ocurre en pantalla (apoyados por una banda sonora simplemente magistral), crean un lenguaje bello, casi hipnótico, que sumerge al espectador en esta historia “basada en hechos reales” y con la que solo puede maravillarse y reírse. Maravillarse con los actores y la estructura dramática; reírse con las situaciones planteadas por la trama y con unos roles secundarios a cada cual más absurdo e incompetente. Este envoltorio para la ya de por sí impecable historia convierte a la serie en un producto de referencia del 2014 que acabamos de dejar atrás.

Del reparto y los personajes

Claro que todo esto podría no ser suficiente si los personajes fueran arquetípicos, sin profundidad dramática o carentes de evolución alguna. Normalmente un buen tratamiento de la historia conlleva unos personajes a la altura, pero eso no debe impedir su reconocimiento. En el caso de Fargo todo el reparto, sin excepción, logra una labor espléndida al dotar a sus personajes de un cierto carácter patético y un tanto simple, como si de ovejas se tratara. El símil no pretende ser, ni mucho menos, ofensivo. Más bien, lo que intento aclarar es que dichas ovejas se ven asediadas por un lobo con piel de cordero y forma humana que lleva los rasgos de Billy Bob Thornton (El juez), posiblemente el mejor villano del año.

Analizar su rol requeriría páginas y páginas, por lo que aquí daremos unas sencillas pinceladas para intentar, en la medida de lo posible, abrir el apetito por descubrir el carácter dramático de un rol atípico, capaz de intimidar con una sonrisa y un simple saludo. Parco en palabras, la presencia de Thornton dota al personaje de una entidad única. Gracias a sus miradas, a la cadencia en sus movimientos y a la sencillez con la que afronta problemas y encargos el villano se convierte en el verdadero protagonista, generando el interés que pueden no suscitar otros momentos de la serie y, lo más importante, creando expectación cada vez que aparece en pantalla. La naturalidad con la que vive su rutina, que consiste en asesinar, transforma los primeros momentos de shock en… pues eso, en rutina. Esto provoca que en los últimos episodios se esperen cosas casi imposibles. En este sentido, la capacidad de mantener al personaje ajustado a su propia naturaleza es otro de los aspectos más interesantes de la serie.

Y aunque el personaje de Thornton termina por acaparar todos los focos, es importante no menospreciar la labor de Martin Freeman (El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos), quien coge el rol que en su día interpretara William H. Macy (serie Shameless) para dar una vuelta de tuerca a ese vendedor apocado, ridiculizado por su mujer, su familia y sus vecinos, y convertirlo en un hombre triunfador al que la muerte y el asesinato han logrado liberar de las ataduras morales y sociales que le constreñían. La evolución de su rol, que el actor logra plasmar en el lenguaje corporal y en el detalle del habla (o lo que es lo mismo, una vez liberado no para de hablar), permiten un interesante estudio de la sutileza moral que debe tener todo personaje para lograr los cambios sin apenas esfuerzo y, lo más importante, con una naturalidad pasmosa. Sin duda, esto tiene mucho que ver con el hecho de que el crimen revela su verdadera naturaleza, que por cierto es bastante más desagradable que la fachada creada en los primeros episodios.

La presencia de ambos actores eleva Fargo a un nivel que muy pocas series logran. Sería injusto no reconocer la labor de Allison Tolman, quien prácticamente debuta en esta producción, o de Colin Hanks (serie Dexter), pero lo cierto es que sus papeles quedan bastante empequeñecidos ante lo que logran Thornton y Freeman. Sea como fuere, lo cierto es que la serie no se basa realmente en los personajes, sino en una narrativa impecable, capaz de exprimir al máximo las posibilidades de un puzzle criminal en el que muchos otros autores se perderían. La capacidad de Hawley para centrar la atención en un aspecto de la trama, solucionarlo y utilizarlo para desarrollar el conjunto entero es lo que hace de esta primera temporada una verdadera joya imprescindible. La única pega que se le puede poner es que haya terminado y que muchos de sus personajes no regresen en la ya anunciada segunda temporada.

‘Matar al mensajero’: los mismos héroes y villanos sobre el papel


Jeremy Renner da vida a Gary Webb en 'Matar al mensajero', dirigida por Michael Cuesta.Hay algo muy curioso en los thrillers ambientados en la corrupción política y el mundo del periodismo: todos ellos son, en esencia, iguales sobre el papel, pero todos ellos dejan un buen sabor de boca una vez que los títulos de crédito hacen acto de presencia. Es cierto que algunos son mejores que otros; que algunos directamente son soporíferos; y que muchos otros son directamente inverosímiles. Pero la base de verdad que suele acompañar este tipo de historias hacen que sus guiones posean una fortaleza única que lleva a los espectadores a estremecerse, indignarse y compadecerse con lo ocurrido en la trama. Lo nuevo de Michael Cuesta (Roadie) no es distinto, para bien y para mal.

Desde luego, si alguien acude a ver Matar al mensajero con la esperanza de encontrar una isla en un océano, mejor será que desista. Nada en la película interpretada por Jeremy Renner (En tierra de hombres), quien por cierto vuelve a un terreno dramático que maneja muy bien, supone una novedad. En este sentido, el desarrollo dramático puede preverse con varios minutos de antelación, pues las situaciones y los lugares son comunes a los que han presentado muchas otras películas (mejores películas) antes que esta. La puesta en escena de Cuesta, además, tampoco opta por una visión más transgresora de esta lucha quijotesca contra unos gigantes que, en esta ocasión, son gigantes de verdad. De hecho, es en el apartado visual donde más flojea el film.

Entonces, ¿no hay nada en ella digno de mención? No hay nada… y todo. Tal vez sea por la época de corrupción que vivimos; tal vez influya el hecho de que determinados aspectos del Gobierno de un país siguen siendo ajenos al gran público; o simplemente que este tipo de thrillers apasionan. Sea como fuere, la película entretiene gracias precisamente a no salirse del guión establecido, a presentar una lucha imposible de un hombre contra el sistema. Una lucha que, todo sea dicho, le otorga una victoria pírrica. Pero el resultado es lo de menos. Lo más interesante reside en el viaje personal y destructivo que vive el protagonista y el modo en que aquellos que le rodean reaccionan al desarrollo de los acontecimientos. Eso y la reivindicación de una profesión, el periodismo, que necesita más hombres como Gary Webb.

La conclusión de Matar al mensajero, por tanto, es que es una aportación más a este tipo de historias. No tiene nada de original, pero aun así entretiene. No tiene pretensiones de ningún tipo, y a pesar de ello logra generar una cierta incomodidad en el espectador al mostrar la espiral en la que se introduce sin red de seguridad. Posiblemente en otras circunstancias esta historia no habría pasado de un mero telefilm, pero gracias al espectacular reparto y a algunas secuencias bastante impactantes (la primera amenaza al protagonista, el final ideal que contrasta con el real, …) la película alcanza un nivel medio. Una prueba más de que a veces es mejor no experimentar y dejar las cosas como están.

Nota: 6/10

‘#Chef’: un buen menú para el paladar digital


Jon Favreau escribe, dirige y protagoniza '#Chef', en la que podemos ver a John Leguizamo.Jon Favreau, mundialmente aclamado gracias al éxito de Iron Man (2008) y Iron Man 2 (2010), es uno de esos directores que se han desarrollado en proyectos pequeños, sin pretensiones y con una clara vocación de puro entretenimiento. Por eso, cuando regresan al mundo que les vio nacer siempre se produce una cierta expectación por ver si son capaces de adaptarse a las exigencias de un guión y de un rodaje de dimensiones mucho más modestas. En el caso que nos ocupa el resultado de esta fábula sobre la madurez, la búsqueda personal y las relaciones que se crean y se destruyen entre fogones es óptimo, debido fundamentalmente a que los actores desprenden un carisma y una comodidad que traspasa historia, personajes y pantalla.

El director, autor también del texto, construye, o mejor dicho deconstruye, la vida acomodada de este #Chef para reflexionar sobre la necesidad de disfrutar con lo que nos rodea, desde el trabajo hasta los amigos o la familia. El camión, que no es otra cosa que un símbolo de su pasión por la comida, se convierte de este modo en nexo de unión para todas las piezas que componen la rota vida del protagonista, quien toca fondo a raíz de una mala crítica en un blog. Este último aspecto, por cierto, es el otro gran pilar de la obra. El punto de inflexión que supone el texto publicado en ‘El paladar digital’ introduce en la historia la importancia de la tecnología y las redes sociales en nuestras vidas, representadas en este caso por el joven Emjay Anthony (No es tan fácil) y cuya influencia en el devenir de la historia se revela clave además de tremendamente creativo a nivel visual.

Hay que reconocer, sin embargo, que el guión presenta una serie de problemas que no terminan de ser resueltos. Más allá de las concesiones que le pide al espectador, y que tienen que ver fundamentalmente con el trasfondo de algunas relaciones, lo relevante está en que sufre un bache narrativo durante el comienzo del segundo acto, cuando el personaje se encuentra sin rumbo. Es en este momento cuando la trama pierde cierta relevancia, además de interés, lo que termina por perjudicar el conjunto. Pero incluso esta irregularidad queda paliada por la espectacular labor de un reparto que disfruta con lo que hace, ya sean un minuto o una hora. Por supuesto, la relación de los personajes de Favreau, Anthony y John Leguizamo (Moulin Rouge) en el camión es imprescindible, pero quizá el mejor ejemplo se encuentre en la secuencia que protagoniza Robert Downey Jr. (Salidos de cuentas), uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje.

Una película como #Chef no debe ser vista con demasiadas expectativas. Para bien o para mal, no promete más de lo que puede abarcar, ni pretende ser otra cosa más que una comedia entrañable que, eso sí, despierta un apetito voraz. Gracias a un reparto impecable y a una originalidad visual interesante, sobre todo en su último tramo, la película supera sus problemas narrativos para mostrar que la verdadera felicidad no se halla en una buena crítica o en la cocina de un exitoso restaurante, sino en aquello que realmente nos hace disfrutar cuando lo llevamos a cabo con los nuestros. Puede que sea necesario superar determinadas irregularidades en el guión, pero al igual que con un buen plato, la espera merece la pena.

Nota: 6,5/10

Los Transformers, ante su extinción, y Favreau ante la cocina rápida


Estrenos 8agosto2014Puede que sea coincidencia, pero tras varios fines de semana con numerosos estrenos hoy viernes, 8 de agosto, tan solo cuatro títulos engrosan la lista de novedades en la cartelera española. ¿Y qué diferencia hay con días anteriores? Bueno, pues que los robots alienígenas capaces de transformarse en coches, aviones, tanques y hasta dinosaurios están de vuelta, y eso es motivo más que suficiente para tratar de no competir directamente con ellos. Sobre todo si ya han superado los 1.000 millones de dólares recaudados a nivel mundial. Empero, todavía hay esperanza para aquellos que prefieran algo más tranquilo y con un mayor contenido dramático y emocional gracias al resto de novedades.

Como la actualidad manda, es imprescindible que comencemos el repaso con Transformers: La era de la extinción, cuarta entrega de la saga iniciada por Michael Bay, director de las cuatro, hace ya siete años. Una entrega que cambia a sus actores y que tiene un cierto aire de renovación tras el cansancio creativo que parecía haberse apoderado de las dos secuelas anteriores. Su trama arranca con una espectacular batalla que destruye una ciudad entera pero que logra salvar a la Humanidad. Sin embargo, tras este ataque un misterioso grupo aparece con el objetivo de hacerse con el control de los Autobots, liderados por un Optimus Prime que todavía se recupera de sus heridas. Todo cambiará cuando una amenaza como jamás se había visto llegue a la Tierra con el objetivo de acabar con todo signo de vida, lo que incluye a Transformers y humanos, que unirán sus fuerzas para salvar el planeta al que llaman hogar. Acción, espectacularidad y aventuras sin pretensiones es lo que a todas luces van a encontrar los fans de estos personajes de Hasbro, que en esta ocasión verán en pantalla a Mark Wahlberg (Dolor y dinero), Nicola Peltz (serie Bates motel), Jack Reynor (Cold), Stanley Tucci (Los Juegos del Hambre: En llamas), Kelsey Grammer (serie Boss), Sophia Myles (Outlander), Titus Welliver (Argo) y T.J. Miller (serie Silicon Valley), entre muchos otros.

Aunque como digo, no es el único estreno. De hecho, el que más oportunidades podría tener de competir con la épica de Michael Bay es #Chef, primera película cuyo título es un hashtag de Twitter, lo que ya es de por sí una de las mejores publicidades de los últimos tiempos. Escrita, dirigida y protagonizada por Jon Favreau, responsable del éxito de Iron Man (2008), la película narra el viaje físico y espiritual de un chef que deja su trabajo en un importante restaurante al enfrentarse a un controlador dueño que limita su creatividad. Por circunstancias de la vida termina montando un negocio de comida rápida en una caravana junto a su ex mujer, su hijo y su mejor amigo, lo que le devolverá a sus raíces. Una comedia que ha generado muy buenas sensaciones allá por donde ha pasado y que cuenta con un reparto realmente espectacular en el que se dan cita nombres como los de John Leguizamo (Kick-Ass 2. Con un par), Bobby Cannavale (Blue Jasmine), Scarlett Johansson (Capitán América: El soldado de invierno), Dustin Hoffman (serie Luck), Sofía Vergara (serie Modern Family), Oliver Platt (Amor y otras drogas), Robert Downey Jr. (Iron Man 2), Emjay Anthony (No es tan fácil) y Amy Sedaris (Tanner Hall).

Los otros dos estrenos proceden de Europa. Mil veces buenas noches es un proyecto financiado a tres bandas por Noruega, Irlanda y Suecia y dirigido por Erik Poppe (Hawaii, Oslo) en 2013. Su trama gira en torno a una reportera gráfica especializada en conflictos bélicos que deberá decidir entre su familia y su trabajo cuando su propia vida se vea en peligro durante la realización de su labor. Será en ese momento cuando deba resolver las dudas sobre la importancia de su trabajo en un entorno en el que la muerte es algo habitual. Este drama está protagonizado por Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Juliette Binoche (Copia certificada), Maria Doyle Kennedy (serie Los Tudor), Chloë Annett (Pasty faces), Lauryn Canny, Larry Mullen Jr. (Man on the train) y Eve Macklin (serie Love/Hate).

Finalmente, Shirley: Visions of reality es una producción austríaca de 2013 que, a través de los cuadros de Edward Hopper, narra la lucha de una mujer por romper los límites que la sociedad de los años 30 del siglo pasado le impone en todos los aspectos de su vida. Una lucha que afianzará sus convicciones sociopolíticas, culturales y profesionales. Escrita y dirigida por Gustav Deutsch (60 seconds of solitude in year zero), la película cuenta entre sus actores con Stephanie Cumming, Christoph Bach (Blindflug), Florentín Groll (El violín rojo), Elfriede Irrall (Eden) y Tom Hanslmaier (Planet USA).

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