‘El círculo’: ser lo que no somos delante de una cámara


Pros y contras de la tecnología. Beneficios y riesgos de tener todos nuestros datos en internet, ya sea desperdigados por el espacio digital o condensados en una única cuenta. Eterno debate que, en la nueva película de James Ponsoldt (Aquí y ahora), escribe un nuevo episodio cuya aportación al debate es más bien escasa. Y no porque no invite a la reflexión o no exponga claramente la dualidad de un mundo en constante, rápido y peligroso desarrollo, sino porque, como película, plantea un tratamiento dramático cuanto menos cuestionable. Muy a pesar del excelente reparto que tiene, todo sea dicho.

Desde luego, lo más llamativo de El círculo es su apuesta visual y muchos de los hitos que conforman su trama. Bebiendo de producciones previas, ya sean cinematográficas o televisivas, Ponsoldt apuesta por el caos que generan millones de mensajes incapaces de ser leídos en un formato visual que puede llegar a ser confuso, pero que en el fondo termina por llegar al espectador del modo adecuado a lo que se quiere transmitir. A esto se suma un diseño de producción que se nutre directamente del funcionamiento de los grandes gigantes de internet, a los que por cierto el argumento hace una crítica cuanto menos contundente, al menos durante su primera mitad. Todo ello conforma un desarrollo inicial interesante que, sin embargo, se desinfla de forma alarmante.

Y es que, como se menciona en un momento del film, todos nos comportamos diferente delante de una cámara. Da la sensación de que la historia no quiere en ningún momento tomar partido a favor o en contra de la tecnología. En una suerte de búsqueda del equilibrio entre lo bueno y lo malo, la cinta se queda en tierra de nadie, convirtiéndose en una huída hacia adelante de la protagonista que, para denunciar los riesgos de una transparencia absoluta y poner en evidencia a sus jefes, decide recurrir al máximo extremo de la transparencia. Todo ello después de sufrir en sus carnes las nefastas consecuencias de que toda su vida sea retransmitida por una cámara. Pero no queda ahí la cosa. La cinta se centra tanto en el personaje de Emma Watson (saga Harry Potter) que se olvida de dar algo de “cariño”, aunque sea mínimo, a algunas tramas secundarias, sobre todo a la de la mejor amiga, cuya evolución está narrada de forma tan escueta que da la sensación de que se ha quedado algo por el camino en la sala de montaje.

El verdadero problema de El círculo es pura y sencillamente dramático. El tratamiento del guión es tosco, plagado de referencias a otros films e historias previas similares que han abordado, si no este, otros temas relacionados. Y eso se nota a pesar de los actores, más que nada porque lo que podría dar un aire diferente al relato, como son las tramas secundarias, se reducen a la mínima expresión, siendo totalmente inconexas y, hasta cierto punto incomprensibles. Da la sensación de que la historia comienza de un modo pero, a mitad de desarrollo, comprende que hay una cámara que observa lo que está ocurriendo, tratando de rectificar y comportarse como algo que no es. O dicho de otro modo, la película comienza apuntando en una dirección para cambiar de rumbo, hacerlo sin una explicación coherente y terminar de un modo cuanto menos cuestionable.

Nota: 6/10

‘Los becarios’: vendedores de la brecha digital


Vince Vaughn y Owen Wilson son 'Los becarios', de Shawn Levy.Algo tienen. No sabría decir muy bien el qué, pero las comedias de Vince Vaughn (Los amos del barrio), Owen Wilson (Los padres de ella) o Ben Stiller (Tropic Thunder) son productos que, a pesar de sus evidentes limitaciones artísticas y técnicas, siempre cumplen con sus expectativas, ofreciendo dos horas de diversión tan inocente como intrascendente. El caso de esta historia protagonizada por dos veteranos vendedores reconvertidos en becarios de Google no se aleja ni un ápice del desarrollo corriente de este tipo de comedias, pero no resulta ofensiva, algo que se antoja suficiente dentro de un género cada vez más dirigido al ámbito sexual.

Es más, la combinación de estilos tradicionales de comedia con el humor que generan las nuevas tecnologías y el fenómeno fan que parece ir aparejado a todos los especialistas en ellas da como resultado un film fresco que reviste los viejos gags con nuevas vestimentas. Ahí está, por ejemplo, la inevitable secuencia de la iniciación a la vida del pardillo de turno, o la crisis del protagonista ante la sensación de fracasar en un mundo que solo acepta el esfuerzo si viene acompañado de una habilidad innata para el entorno digital. En el fondo, todo es más de lo mismo, pero maquillado con una de las marcas más poderosas del momento. Lo dicho, todo muy previsible pero maquillado para lograr un producto entretenido, algo que no es necesariamente malo, más bien al contrario.

Por otro lado, la labor del director Shawn Levy (Noche en el museo), realizador curtido en este tipo de tramas, aporta al conjunto la entidad necesaria, y resuelve con bastante buen hacer algunos de los momentos más hilarantes de la película, como la mencionada iniciación al alcohol o el encuentro con un falso profesor Xavier, uno de los momentos más “frikis” del metraje. Más que tratar de aportar un punto de vista diferente, Levy ofrece una calidad artesanal que jamás se sale del guión, valga la expresión, pero que tampoco impide apreciar el mensaje que se esconde tras las bromas y los gags.

Un mensaje, por cierto, que encaja bastante bien en una sociedad en la que la brecha digital entre las nuevas generaciones y sus predecesoras es cada vez más evidente. Los protagonistas representan ese sector de la sociedad para el que los ordenadores e Internet son un mundo distinto y al que hay que acercarse con respeto y cuidado, mientras que sus rivales son jóvenes que han crecido con un nuevo lenguaje. Pero como suele ocurrir en estos casos, lo relevante no es tanto saber manejar una máquina como entender los valores que llevan al éxito. Algo parecido le pasa a Los becarios. Lo relevante no es tanto su forma, sino comprender qué es y cuáles son sus características. Una vez aceptado, se disfrutará casi tanto como la velocidad con la que se olvida.

Nota: 5,5/10

Diccineario

Cine y palabras

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