‘Zombieland: Mata y remata’: una nueva clase de zombi


Hace diez años aparecía en la cartelera una propuesta cuanto menos fresca y divertida, abordando la temática zombi desde un punto de visto diferente, desenfadado, pero manteniendo esa esencia de retórica moral y social que suelen tener este tipo de relatos. Ahora, su secuela plantea también el dilema de la necesidad de una segunda parte. Y teniendo en cuenta el carácter gamberro de la historia, la respuesta solo puede ser un rotundo sí.

En realidad, Zombieland: Mata y remata no ofrece nada relativamente nuevo a la historia. Más personajes, más acción, más zombis. Pero en ese marco de escenario conocido el guión ahonda en otros aspectos para dotarlos de una vida única, enriqueciendo de paso este universo postapocalíptico. Más allá de relaciones personales, de explorar ese concepto de familia disfuncional y el sacrificio personal por el bien del grupo, la película se convierte, como ya lo fue la original, en una parodia de la cultura popular y, en último término, en una autoparodia. En este sentido, el mejor momento de la cinta posiblemente sea el encuentro de los protagonistas con dos “copias baratas” en un lugar de culto de Elvis. La secuencia, desde su inicio hasta su final, sencillamente no tiene desperdicio, primero acentuando la burla a sus propios héroes y luego con un plano secuencia en el que el humor y la acción alcanzan su punto álgido.

En realidad, la historia es más bien simple, excesivamente lineal y, en algunos momentos, puede que incluso tediosa, aunque sin caer en el cansino ritmo de los chistes y las bromas extendidos hasta la extenuación. Pero Ruben Fleischer (30 minutos o menos) logra solventar esos problemas con una puesta en escena ágil, personal y fresca, marcando los tiempos narrativos y aprovechando el talento que tiene frente a la cámara para que los actores puedan dar lo mejor de ellos, consolidando unos personajes únicos y creando otros referentes nuevos. A todo esto se suman algunos momentos de verdadero gore y ese epílogo en los títulos de créditos que reafirma el carácter autoreferencial y paródico de todo el conjunto. La verdad es que una secuela de una película como Bienvenidos a Zombieland no es necesaria en sí misma, pero planteada de forma correcta, como es el caso, puede ser un complemento más que correcto para ampliar este universo en el que los zombis llevan nombres como Homer, Hawking, Ninja o T-800. Y desde luego, es un entretenimiento puro.

Y esto es, en realidad, lo más importante. Zombieland: Mata y remata no pretende ser nada más que lo que ofrece: una distracción de metraje ajustado con un reparto extraordinario, un humor gamberro que no deja títere con cabeza y algunos momentos de sangre y vísceras para los más acérrimos fans. Sin pretensiones, pero tampoco sin menospreciarse, esta secuela deja algunos momentos simplemente magistrales, y se convierte casi en un juego con el espectador para localizar las referencias culturales y su metalenguaje. Se supone que una secuela tiene que ser más que el original en todos los aspectos. Bueno, esta puede que peque de no serlo en su propia historia, pero sin duda tiene más zombis, más personajes, más sangre y, ante todo, más humor.

Nota: 6,5/10

‘Interstellar’: los Nolan crean una nueva odisea en el espacio


MAtthew McConaughey y Anne Hathaway son los principales protagonistas de 'Interstellar'.Hay películas que desde el primer fotograma se intuyen épicas, atemporales. Películas que, independientemente de su magnitud o de su presupuesto, tienen eso que muy pocas historias logran hoy en día: magia. Los hermanos Nolan, pues a pesar del genio individual de cada uno dependen mucho uno del otro, pertenecen a ese pequeño grupo capaz de narrar las historias más fantásticas e inverosímiles de la forma más humana posible. Con su última película van un paso más allá, utilizando la majestuosidad y grandiosidad del espacio para, en definitiva, adentrarse en los conflictos emocionales de un padre y una hija a través del espacio y del tiempo.

Y como todo artista que se precie, sabe reconocer que muchos otros antes que él han abonado el terreno que ahora él trabaja. O lo que es lo mismo, Christopher Nolan (Insomnio), en su calidad de director, es consciente de que las odiseas espaciales tienen un referente cultural inamovible, por lo que la mejor manera de triunfar es homenajeando el clásico de Stanley Kubrick. En cierto modo, Interstellar puede entenderse como una versión moderna y algo menos conceptual de 2001: Una odisea en el espacio, con las distancias más que evidentes que las separan en materia argumental y dramática. Pero a pesar de dichas diferencias, las influencias y las referencias son más que evidentes. Desde la estructura de su tercio final hasta detalles como los robots que acompañan la misión (una especie de fusión entre el monolito y HAL 9000), el film posee ese aire clásico y vanguardista que define al film de Kubrick.

Pero esta odisea moderna creada por los Nolan va más allá. Con un comienzo algo lento pero magistralmente elaborado, la película es una reflexión sobre la relatividad del tiempo y cómo eso afecta a los seres humanos. También es un intenso drama familiar en el que la mayor tragedia no es la separación entre padre e hija, sino las promesas difíciles de cumplir y los sacrificios de nuestra propia vida para salvar toda una especie. Los dilemas morales que se suceden en la historia, combinados con esa obsesión de director y guionista con el paso del tiempo y sus diferentes dimensiones, otorgan al conjunto un sentido grandilocuente de una historia que casi podría considerarse intimista. Todo ello con el trasfondo de la ciencia y el misterio de los agujeros negros, lo que por cierto genera uno de los mejores puntos de giro que tiene el film.

Estamos, por tanto, ante una de esas historias que tienen todos los elementos para convertirse en un clásico. Incluso en un referente. Aunque al igual que ocurre en Interstellar, solo el paso del tiempo permitirá saber si el film ha alcanzado ese lugar en el que pueda subsistir una vez su vida actual termine. Desde luego, los fans de Christopher Nolan (y de su hermano, aunque no sean conscientes) encontrarán en esta epopeya de ciencia ficción uno de los relatos más sólidos, emotivos y espectaculares de los últimos años. Los premios deberían caer por el propio peso de la gravedad, aunque como suele ocurrir con estas películas, posiblemente se queden orbitando. Por supuesto, eso no resta ningún mérito a lo que se puede disfrutar durante casi tres horas que apenas se notan.

Nota: 8,5/10

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