El invierno ya ha llegado a la séptima temporada de ‘Juego de tronos’


El tramo final de cualquier relato, lo que en cine se conoce como el tercer acto, se caracteriza por una mayor acción, menos desarrollo dramático y la resolución de los conflictos planteados durante las secuencias anteriores. De ahí que ver el final de una película sin conocer lo que ha ocurrido antes puede llevar a engaño, frustración o decepción. ¿Y qué tiene esto que ver con Juego de tronos? Pues en realidad todo. Porque su séptima temporada, más corta que las anteriores, está planteada como eso, como el comienzo del fin. El invierno ha llegado a la trama, pero también al tratamiento que David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss llevan a cabo en estos 7 episodios.

Y es que la historia ha entrado en una recta final frenética, marcada notablemente por la acción, la espectacularidad y los dragones. Vamos, todo lo que los seguidores han estado esperando durante años. Atrás han quedado, o al menos han sido relegados a un segundo plano, los largos y densos diálogos, las miradas capaces de explicar todo un universo complejo de emociones y las intrigas palaciegas. Siguen existiendo, claro está, pero su protagonismo merma considerablemente. Que esto sea mejor o peor es a gusto del consumidor, pero personalmente creo que entrar en estas discusiones aleja la atención del verdadero problema de esta temporada, que abordaré más adelante.

Este problema, del que se derivan muchos otros aspectos, no debe ser óbice para poder disfrutar de una de las temporadas más intensas de Juego de tronos. El ritmo de sus episodios es endiablado, sus personajes han evolucionado coherentemente y, en definitiva, todas las piezas se han ubicado en este tablero que es Poniente para poder dar salida a las tramas secundarias que hayan quedado todavía con vida. Esto ha permitido a sus creadores, por tanto, centrarse en el grueso de los personajes principales, en unificar las diferentes historias en una sola mucho más épica y grandilocuente en la que la espectacularidad es la protagonista.

Los guiones de estos episodios, por tanto, sustentan su atractivo mucho más en la acción. Y precisamente esa apuesta, dado que todavía existen muchos frentes abiertos, es la que provoca la aparición intermitente, en algunos casos demasiado intermitente, de determinados personajes, por no hablar de que su protagonismo en pantalla se ha reducido a la mínima expresión. Dicho de otro modo, la trama pone toda su atención en la lucha por el trono y en la lucha contra los muertos, dejando por el camino varios cadáveres dramáticos que pueden llegar a echarse de menos, sobre todo porque su desaparición no parece estar más justificada que por las necesidades dramáticas del momento.

Menos tiempo

Antes mencionaba que existe un gran problema en esta temporada, y ese es el tiempo. El hecho de que sean tan solo 7 episodios hace hincapié en dos cosas. Por un lado, que estamos ante el final de uno de los eventos televisivos más importantes de la historia. Y por otro, que existen menos minutos para narrar la historia. De hecho, más de dos horas de metraje con respecto a las anteriores temporadas de Juego de tronos. Y eso obliga a los guionistas a concentrarlo todo en menos espacio dramático. El resultado es, más allá de saltos temporales y viajes que parecen casi teletransportar a los protagonistas, una ausencia de intriga, de diálogos profundos que obliguen a la reflexión o a la búsqueda de intenciones ocultas.

Es más, todo en esta séptima etapa está enfocado a hacer avanzar la acción lo más rápido posible. El final de temporada, espectacular como siempre, es el resultado de ese proceso. Lo malo es que se quedan muchas cosas por el camino. Lo bueno es que la serie gana en dinamismo. Por supuesto, eso no quiere decir que no siga existiendo una parte de estrategia y de intriga. Sin duda, los acontecimientos de Invernalia son el mejor reflejo de ese pequeño resquicio que, como muchas cosas en esta etapa, termina muriendo (y no diré más para no desvelar nada). Pero no dejan de ser una pequeña isla en una trama mucho más directa y menos dada a subterfugios.

Puede que la mejor prueba de ello sea el último episodio y varias resoluciones dramáticas que se dan a lo largo de la temporada, algunas con un mayor impacto que otras. Todos los secretos, salvo la gran incógnita en torno al Rey de los Caminantes Blancos, parecen quedar resueltos en esta especie de final previo al gran final que parece anunciarse en la última temporada, aún más corta que la que ahora termina. Secretos, por cierto, que incluyen el verdadero origen de Jon Snow en una revelación que, por el momento en el que se hace y las imágenes que se muestran, puede tener muchas consecuencias.

Ahora lo importante es analizar esta séptima temporada de Juego de tronos, y el resultado no puede ser más diferente a lo visto hasta ahora. Esta es la única valoración objetiva que se puede hacer. A partir de aquí, las impresiones personales de cada uno. La serie apuesta por la acción más visual, por sacar el máximo partido a los combates, a sus dragones y a los enormes ejércitos que parecen no terminarse nunca a pesar de las cruentas batallas. Los diálogos, las conspiraciones y los asesinatos protegidos por las sombras parecen haber terminado, o al menos haber perdido protagonismo. No sé si esto convierte esta temporada en mejor o peor que las anteriores, pero sin duda deja algunos de los momentos más épicos de la serie, así como algunas de las secuencias mejor rodadas de toda esta historia. El invierno ha llegado para todos, como demuestra uno de los últimos planos de la temporada, y la pregunta que queda por hacerse es si los héroes serán capaces de sobrevivir a él. Para saberlo habrá que esperar a los seis episodios de la octava temporada.

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‘Juego de tronos’ logra su máximo esplendor en su 6ª temporada


Jon Nieve a punto de entrar a luchar en la batalla de los bastardos en la 6ª T. de 'Juego de tronos'.Si alguien quiere entender por qué Juego de tronos es una de las mejores producciones televisivas de la actualidad, si no la mejor; si alguien quiere entender por qué la serie que adapta las novelas de George R.R. Martin es una de las mejores de la historia; y si alguien quiere entender, en definitiva, el fenómeno adaptado a la pequeña pantalla por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss que atrae tanto a los fans como a los mayores detractores de la fantasía, que se siente a ver con pausa y atención la sexta temporada. Porque no solo es la mejor entrega, sino que posiblemente sea el mejor desarrollo narrativo y de personajes que se vea en una producción cinematográfica o televisiva.

Los 10 episodios que componen esta etapa son, de forma individual y en su conjunto, una carrera hacia adelante perfectamente ejecutada. Una de las mayores críticas que se han hecho a la serie (y que en comentarios anteriores he suscrito) es la falta de desarrollo de algunas tramas, lo que deriva en falta de ritmo en muchos momentos de la historia, que necesita situar a los personajes en el tablero de juego que representa Poniente. Una carencia que no solo ha sido subsanada en esta primera temporada libre del yugo de las páginas impresas de Martin, sino que ha sido sustituida por una constante sucesión de giros argumentales que, además de hacer avanzar la trama a pasos agigantados, ha permitido a los personajes crecer y convertirse en lo que se espera de ellos desde hace mucho, mucho tiempo.

El mejor y más claro ejemplo es el de Sansa Stark, una Sophie Turner (X-Men: Apocalipsis) que por fin ha salido del cascarón para convertirse en el personaje que se intuía ya desde la cuarta temporada. La evolución que ha tenido, aunque irregular, es tan espectacular que roba buena parte del protagonismo al resto de roles que rodean a esta pelirroja de carácter cada vez más fuerte. Su papel en el destino de Invernalia y de los personajes involucrados en esta trama principal no solo es clave, sino que se antoja indispensable para el futuro, siendo por tanto el catalizador de la evolución que sufra la serie desde este punto de vista. Asimismo, el papel de Emilia Clarke (Terminator: Génesis), aunque fuerte desde las primera temporadas, parecía tener también un carácter dubitativo que se pierde por completo en estos episodios, lo que define mejor al personaje y le dirige hacia un final que se presume apoteósico.

Porque, en efecto, la sexta temporada de Juego de tronos es lo que podría considerarse como el paso del segundo al tercer acto de la historia. Todos los personajes, sin excepción, han dejado a un lado sus dudas existenciales, los problemas que arrastran o los dilemas morales y sociales que les impiden avanzar para dar rienda suelta a su verdadera personalidad, a sus deseos largamente anhelados pero siempre ocultados bajo capas y capas de intereses familiares, de problemas externos o de decisiones equivocadas. Una decisión dramática que tiene sus consecuencias, es cierto (sin ir más lejos, que los personajes lleguen a descontrolarse), pero que en esta ocasión, y dado que hay una base más que sólida de cinco temporadas, no solo es necesaria, es perfecta.

Menos personajes, más impacto

Aunque posiblemente la mejor decisión de los creadores, y eso es algo que puede deberse a que la historia ha adelantado a las novelas, es la eliminación de muchos, muchísimos personajes secundarios de cierto peso que terminaban por lastrar el avance de la historia precisamente por el interés de sus tramas particulares. Gracias a esta apuesta la trama no solo se carga de mayor peso dramático, sino que se aligera de historias que tenían poco o ningún sentido, centrándose en las intrigas principales, léase Lannister, Stark y Targaryen. Esta alternativa de Benioff y Weiss tiene su principal efecto en los numerosos momentos de carga dramática y espectacularidad de la temporada, posiblemente más que ninguna de sus predecesoras, aportando un dinamismo nunca visto hasta ahora.

Claro que a esto se suman villanos de nuevo cuño cuya fuerza es tal que convierte a los tradicionales “malos” en auténticos angelitos víctimas de un dolor y una humillación sin precedentes. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de Juego de tronos, donde la venganza no es que se sirva fría, es que directamente es un témpano de hielo. Pero refranes aparte, lo cierto es que la introducción de estos antagonistas, muchos de la temporada anterior, dota al conjunto de una frescura incomparable, pues genera nuevas tensiones dramáticas que complementan a las ya existentes y a las creadas también por la muerte o partida de esos personajes secundarios.

Antes he mencionado que esta temporada, la sexta, es posiblemente la que posea más episodios determinantes. Los más fieles seguidores estarán acostumbrados a que el episodio 9 sea el gran evento. Ya en la anterior temporada los últimos capítulos fueron, en realidad, todo un ascenso dramático y épico de consecuencias imprevistas. Pero en esta, en parte también por el precedente de la quinta, son prácticamente todos los episodios que impactan al espectador, ya sea por su fuerza épica, dramática o de intriga. Sin revelar grandes detalles, el episodio tres, el cinco, el ocho son grandes ejemplos para los guionistas acerca de cómo manejar los tiempos narrativos para generar emotividad, dramatismo o suspense. La pregunta que se plantea entonces es: ¿si la temporada es así, qué ocurre en el noveno episodio? Bueno, digamos que posiblemente es el mejor de toda la serie, y que contiene una de las mejores batallas del séptimo arte.

Y como colofón, un último episodio que no solo deja las piezas perfectamente agrupadas para la esperada guerra entre familias, sino que desvela, por fin, a qué podría hacer referencia esa ‘Canción de Hielo y Fuego’ que da nombre a la saga literaria. El origen de uno de los personajes más importantes de la serie permite la cuadratura del círculo, la integración de todas las historias. Y abre ante el espectador un futuro prometedor que, de repetir lo conseguido en esta secta temporada de Juego de tronos, convertirá a la serie en un pilar narrativo y audiovisual fundamental para el futuro del cine y la televisión. Un esplendor que, todo hay que decirlo, es difícil que se repita, pero que en cualquier caso convierte a esta etapa en la mejor de la serie. Y con el esplendor ha llegado el invierno.

‘Dioses de Egipto’: demasiada fantasía para tan poca mitología


Nikolaj Coster-Waldau da vida a Horus en 'Dioses de Egipto'.La nueva película de Alex Proyas (Yo, Robot) es el mejor ejemplo de lo que Hollywood tiende a hacer con historias que tienen un base sólida. Los amantes de Egipto posiblemente encuentren la esencia de la mitología que rodea la historia de Osiris, Isis, Seth y Horus, incluyendo las luchas diarias de Ra por volver a salir cada mañana o el Juicio de Osiris, aunque un poco pervertido en su esencia. Sin embargo, la parafernalia que rodea a estos elementos, incluyendo un Egipto mágico y un tanto extraño, desvirtúan por completo lo que podría ser una cinta de aventuras mucho más humilde y sincera.

Sin entrar en el fondo de la elección de actores (algunos un tanto cuestionables), lo cierto es que Dioses de Egipto arranca con fuerza, asesinato fratricida y usurpación de poder incluidos. Y aunque los primeros compases de la trama, aproximadamente hasta el comienzo del segundo acto, sientan unas sólidas bases, la historia trata de abarcar tantos elementos de la mitología egipcia que termina por crear una amalgama de subtramas que perjudica el ritmo narrativo. Es entonces cuando el interés decae, los diálogos se tornan esposos y las secuencias de acción, espectaculares, introducen un lenguaje formal un tanto extraño.

A todo ello se suma, además, la necesidad de productores, director y guionista de introducir monstruos y amenazas de dimensiones apocalípticas para justificar un clímax que los egipcios narraron de forma mucho más sencilla y, a todas luces, menos caótica. Y aun siendo conscientes de la necesidad y el tono fantástico de la propuesta, dicho final no deja de poseer una grandilocuencia excesiva para el carácter aventurero y mágico que tiene el desarrollo en muchos compases del metraje. Dicho de otro modo, es demasiado final para tan poco aperitivo.

Así, Dioses de Egipto no es ni tan mediocre como muchos auguraban ni es una aventura humilde que permita explorar la magia del Egipto mitológico. Es, simple y llanamente, una cinta de fantasía que toma como justificación la lucha entre Horus y Seth para dar rienda suelta a una imaginación que muchas veces excede los límites que se marca la propia película. El problema de esto no es que no resulte creíble (hablamos de dioses con forma animal), sino que traiciona las reglas que parece plantear al comienzo, lo que llevará a mucha gente a desconectar de la trama. Aunque, con un poco de suerte, despertará la curiosidad por las relaciones entre los Dioses de Egipto. Y eso, al menos, ya es algo.

Nota: 6/10

Vuelve Dory para buscar a los ‘Dioses de Egipto’


Estrenos 22junio2016Los estrenos del último fin de semana de junio se adelantan. Al menos los más importantes. Este miércoles, día 22, llegan a la cartelera un buen puñado de novedades llamadas a reinar en la taquilla española, sin duda con la intención de aprovechar las Fiestas de San Juan que se celebran en buena parte de la geografía nacional. Y si hay que hablar de un estreno, ese es una nueva secuela.

Claro que en esta ocasión secuela tal vez no sea la denominación más acertada. La nueva película de Pixar, que lleva por nombre Buscando a Dory, recupera a los personajes del clásico Buscando a Nemo (2003) para narrar una nueva aventura, esta vez centrada en el famoso pez con poca memoria que arrancó más de una sonrisa y más de una lágrima. En concreto, Dory recuerda que tiene una familia en algún lugar, y que puede que la estén buscando, por lo que convence a sus amigos para iniciar un viaje que les llevará por medio mundo. Una premisa tan sencilla como la de la primera parte que a buen seguro volverá a hacer las delicias de grandes y pequeños, amén de mostrar una animación única del entorno marino. Andrew Stanton, director de la primera parte, repite tras las cámaras, acompañado para la ocasión por Angus MacLane, que debuta en el largometraje. Entre las voces originales encontramos a Ellen DeGeneres (Carta de amor), Albert Brooks (La verdad duele), Hayden Rolence, Ed O’Neill (serie Modern Family), Kaitlin Olson (Vacaciones), Ty Burrell (Butter), Diane Keaton (La gran boda), Idris Elba (Caza al asesino) y Dominic West (Pride).

Muy diferente es el otro gran estreno, Dioses de Egipto, epopeya de acción y efectos especiales que narra, no sin ciertas licencias, uno de los episodios más importantes de la mitología Egipcia: la lucha entre el dios Horus y su tío Set, dios de la oscuridad. La historia arranca cuando un joven que quiere salvar a su amada emprende un viaje para buscar a Horus, el dios halcón, y pedir su ayuda para recuperar el trono de Egipto, usurpado por Set, quien ha destruido la próspera tierra del Nilo. Así, mortal e inmortal emprenden una batalla contra las fuerzas del mal que les llevará al Más Allá y a lugares emblemáticos de la tierra de los faraones. Alex Proyas regresa a la dirección después de que en 2009 realizara Señales del futuro, mientras que el reparto está encabezado por Gerard Butler (Objetivo: Londres), Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Brenton Thwaites (Maléfica), Geoffrey Rush (La mejor oferta), Chadwick Boseman (Decisión final) y Courtney Eaton (Mad Max: Furia en la carretera), entre otros.

Otra secuela, aunque esta vez en clave de comedia gamberra, cierra el trío de estrenos procedente de Hollywood. Se trata de Malditos vecinos 2, que vuelve a contar con el equipo principal y con una trama que, a grandes rasgos, juega con los mismos elementos que llevaron a la primera parte al éxito. En esta ocasión, el matrimonio protagonista afronta la llegada de su segundo hijo, lo que les lleva a querer mudarse a una casa más grande. Pero cuando pretenden vender la vivienda actual descubren que una hermandad universitaria, esta vez de chicas, se ha mudado a la casa de al lado, lo que hará más difícil la venta. Para poder echarlas recurrirán a un viejo amigo experto en estos temas. Nicholas Stoller (Paso de ti) vuelve a ponerse tras las cámaras, mientras que el reparto vuelven a encabezarlo Seth Rogen (Steve Jobs), Zac Efron (El chico del periódico), Rose Byrne (Espías), Dave Franco (Negocios con resaca) y Lisa Kudrow (Rumores y mentiras), a los que se suman Chloë Grace Moretz (La quinta ola), Selena Gomez (Spring breakers) y Kiersey Clemons (Dope).

Entre las novedades europeas destaca lo nuevo de Stephen Frears (Philomena), titulado The program. La trama, producida entre Francia y Reino Unido y basada en el libro de David Walsh, narra la conspiración de Lance Armstrong y su desesperada carrera por ganar, en un engaño a la comunidad internacional que ha supuesto una de las mayores decepciones deportivas de la historia. Este drama está protagonizado por Ben Foster (El único superviviente), Chris O’Dowd (St. Vincent), Jesse Plemons (serie Fargo), Lee Pace (Guardianes de la galaxia), Dustin Hoffman (El coro) y Guillaume Canet (En solitario).

Puramente francesa es la comedia Un hombre de altura, adaptación europea de la cinta argentina Corazón de León (2013) cuya historia, para aquellos que no hayan visto el film original, arranca cuando una joven y guapa abogada rompe su matrimonio. Abierta a volver a encontrar el amor, la mujer entra en contacto con un hombre que ha encontrado su teléfono. La primera conversación deja claro que algo entre ellos puede surgir, pero cuando queden para conocerse las diferencias físicas entre ambos y las convenciones sociales no dejarán de poner trabas a su amor. Dirigida por Laurent Tirard (El pequeño Nicolás), la película cuenta en su reparto con Jean Dujardin (Monuments Men), Virginie Efira (20 años no importan), Cédric Kahn (Tedio), Stéphanie Papanian y César Domboy (El desafío).

Alemania está presente en la producción india 7 diosas, comedia dramática dirigida por Pan Nalin (Valley of flowers) en la que una fotógrafa de éxito reúne a sus mejores amigas en la víspera de su boda en una idílica playa. Las mujeres son un reflejo de la sociedad india actual, y aunque todo está preparado para que la noche se convierta en una celebración por todo lo alto, un pequeño detalle puede dar al traste con la fiesta: ninguna de las amigas sabe con quién se ha prometido la novia. Sarah-Jane Dias (Panjaa), Anushka Manchanda, Amrit Maghera (Someday…), Pavleen Gujral y Sandhya Mridul (Strings) encabezan el reparto.

La producción española está representada por Benidorm mon amour, ópera prima de Santiago Pumarola que, en clave de comedia, aborda el viaje de tres amigos cuando uno de ellos logra un permiso en la Mili. Dispuestos a pasar un fin de semana inolvidable, emprenden su camino hacia Benidorm, donde conocerán a un grupo de francesas espectaculares, pero donde se verán envueltos también en una trama de policías y ladrones de medio pelo que les situará al borde de la muerte. La cinta está protagonizada por José Lamuño (Cómo sobrevivir a una despedida), Nazaret Aracil (serie Esposados), Miguel Barberá (serie Toledo) y Ferran Gadea (Blockbuster).

España y México colaboran en el drama Pozoamargo, nueva cinta escrita y dirigida por Enrique Rivero (Parque vía) que arranca cuando el protagonista descubre que tiene una enfermedad venérea. La culpa y el autocastigo son tales que decide huir y refugiarse en el campo como un campesino, trabajando para expiar sus pecados. Todo cambiará cuando una serie de acontecimientos le abran la puerta a una posible redención. Natalia de Molina (Techo y comida), Elsa Díaz, Jesús Gallego y Xuaco Carballido (Cenizas del cielo) encabezan el reparto.

Respecto a las novedades sudamericanas, la principal propuesta es Desde allá, coproducción entre México y Venezuela que gira en torno al propietario de un laboratorio de prótesis dentales que dedica su tiempo libre a buscar jóvenes en paradas de autobús para ofrecerles dinero y observarles mientras se masturban. Pero no es esta la única obsesión del hombre. Otra de sus aficiones es espiar a un hombre de avanzada edad con el que le une un pasado común. Todo cambiará cuando lleve a su casa al líder de una pequeña banda de delincuentes. Ópera prima de Lorenzo Vigas, la cinta cuenta con Alfredo Castro (Las niñas quispe), Luis Silva, Jericó Montilla y Catherina Cardozo (Travesía) entre sus principales actores.

Desde Brasil nos llega La orilla (Beira-Mar), debut en el largometraje de ficción de los directores Filipe Matzembacher y Marcio Reolon cuya trama se centra en la relación de dos amigos que aprovechan un viaje a una ciudad de la costa para abordar el distanciamiento en su relación, los conflictos con la familia y el futuro que a ambos les espera. El reparto está encabezado por Francisco Gick, Elisa Brittes (Os Senhores da Guerra 2: Passo da Cruz), Mauricio Barcellos y Mateus Almada.

Finalizamos el repaso de esta semana con Phantom Boy, película de animación que cuenta con capital francés y belga y que, en clave de fantasía y cine negro, sigue las aventuras de un niño internado en un hospital que se convierte, junto a un policía con la pierna rota y una intrépida periodista, en la única esperanza para salvar Nueva York de la amenaza de un hombre desfigurado que podría colapsar la ciudad. Dirigida a cuatro manos por Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol, autores de Un gato en París, la película cuenta, en su versión original, con las voces de Edouard Baer (Pollo con ciruelas), Audrey Tatou (La delicadeza) y Jean-Pierre Marielle (Max).

Medem se enfrenta a ‘American Ultra’ y a ‘La visita’ de Shyamalan


estrenos 11septiembre2015Segunda semana de estrenos del mes de septiembre, y segunda ocasión en que los agentes secretos centran las miradas de la cartelera. Si la semana pasada era una propuesta española, hoy viernes, 11 de septiembre, le toca el turno a una versión algo más “fumeta” de Jason Bourne. Pero además de todo esto, la semana cinematográfica llega cargada de interesantes y variadas propuestas, destacando sobremanera el cine español, con el regreso de uno de los directores más interesantes del panorama actual.

Pero comencemos por American Ultra, comedia de acción dirigida por Nima Nourizadeh (Project X) que se centra en un joven que pasa sus días colocado con todo tipo de drogas junto a su novia, con la que vive y que comparte sus mismas aficiones. Todo cambia cuando un grupo trate de acabar con su vida, lo que le llevará a descubrir que en realidad es un agente secreto que se ha convertido en objetivo del gobierno. Propuesta cuanto menos curiosa que protagonizan Jesse Eisenberg (Ahora me ves…), Kristen Stewart (Siempre Alice), Topher Grace (Interstellar), John Leguizamo (#Chef), Bill Pullman (The equalizer) y Connie Britton (serie Nashville).

El otro gran estreno de Estados Unidos es La visita, nuevo trabajo escrito y dirigido por M. Night Shyamalan (serie Wayward Pines) que, como no podía ser de otro modo, combina terror, thriller y drama para crear una historia, a priori, atractiva y sorprendente. En este caso, la trama gira en torno a dos niños que van a pasar el fin de semana en la cabaña de campo en la que viven sus abuelos. Lo que comienza siendo un viaje familiar se convierte en pesadilla a medida que los pequeños van descubriendo los secretos que esconden sus familiares. Kathryn Hahn (Tomorrowland. El mundo del mañana), Deanna Dunagan (Mariachi gringo), Peter McRobbie (Puro vicio), Ed Oxenbould (Paper planes) y Olivia DeJonge (The sisterhood of night) encabezan el reparto.

El representante español más importante es Ma ma, título del último film de Julio Medem (Caótica Ana) que arranca cuando una profesora en paro es diagnosticada de cáncer de mama. Será a partir de ese momento cuando la mujer decida vivir la vida como nunca antes lo había hecho, desprendiendo una vitalidad que ni siquiera ella conocía. Su vida y la de sus familiares más directos cambiará para siempre, dotando de humor y una felicidad muy frágil a todas sus decisiones. El reparto lo integran, entre otros, Penélope Cruz (El consejero), Luis Tosar (Musarañas), Asier Etxendia (Los días no vividos), Silvia Abascal (Pasaje de vida) y Àlex Brendemühl (Insensibles).

La comedia dramática de la semana es Los exiliados románticos, escrita y dirigida por Jonás Trueba (Los ilusos). Con un viaje a ninguna parte como telón de fondo, la historia gira en torno a cuatro amigos que parecen buscar los últimos retazos de su juventud, de sus amores idílicos y de la identidad del género masculino. Una viaje sin rumbo fijo pero con el que buscan una identidad a su propia forma de ser. Vito Sanz (Biografía de un bebé), Francesco Carril, Luis E. Parés (El futuro), Renata Antonante e Isabelle Stoffel (El cónsul de Sodoma) son los principales actores de esta cinta.

El último estreno español es Los héroes del mal, ópera prima de Zoe Berriatúa apadrinada por Álex de la Iglesia (Las brujas de Zugarramurdi). Con un claro componente dramático, la trama se centra en la amistad que se desarrolla entre tres jóvenes asociales. Una amistad cultivada por la violencia, el alcohol y las drogas que pronto desemboca en una espiral de venganza hacia aquellos que les han humillado a lo largo de sus vidas. Pero cuando uno de ellos rebasa el límite todo será puesto en entredicho. El reparto está encabezado por Jorge Clemente (El club de los incomprendidos), Beatriz Sánchez Medina, Emilio Palacios (serie B&b, de boca en boca) y Macarena Gómez (Al final todos mueren).

Entre el resto de novedades europeas destaca la francesa Una semana en Córcega, nuevo film de Jean-François Richet (Asalto al distrito 13) que, en clave cómica, narra las vacaciones que dos divorciados de cuarenta y tantos deciden pasar junto a sus respectivas hijas. Todo se complica cuando una de ellas se enamora del padre de la otra, dando lugar a toda clase de enredos para intentar seducirle. Humor, drama y romance se mezclan en este film protagonizado por Vincent Cassel (El niño 44), François Cluzet (En solitario), Alice Isaaz (Fiston) y Lola Le Lann.

Muy interesante también es Una segunda oportunidad, producción sueco danesa de 2014 que presenta como principal atractivo un reparto muy conocido para los seriéfilos. A modo de thriller dramático, el argumento aborda la relación entre dos policías muy diferentes. Uno es un feliz padre de familia, con una vida estable y tranquila; el otro, recién divorciado, ha caído en el alcoholismo y en una espiral autodestructiva. Sus vidas dan un vuelco el día que descubren a un bebé en un armario durante uno de sus casos. A partir de entonces, sus papeles parecen intercambiarse, y ambos deberán apoyarse mutuamente para poder superar sus propias dudas. Dirigida por Susanne Bier (Serena), la cinta cuenta entre sus actores con Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Ulrich Thomsen (serie Banshee), Maria Bonnevie (Lo que nadie sabe) y Nikolaj Lie Kaas (serie Forbrydelsen).

En 2014 también se produjo Reina y patria, nuevo film de John Boorman (El sastre de Panamá) que cuenta con capital irlandés, francés y rumano. Ambientada en la Guerra de Corea, la historia se centra en un muchacho soñador cuyos deseos son hacer el servicio militar y declararse a una joven a la que ve cada día. Pero su pesadilla comenzará cuando sea llamado a filas, sufriendo los constantes ataques de un instructor que tortura a su pelotón. Solo la amistad con otro recluta, un bromista amoral con el que no comparte prácticamente nada, le permitirá sobrevivir al infierno de la guerra. Caleb Landry Jones (Contraband), David Thewlis (La teoría del todo), Richard E. Grant (Dom Hemingway), Callum Turner (serie Leaving) y Tamsin Egerton (Grand piano) encabezan el reparto.

Por último, y procedente de Noruega, llega a la cartelera Capitán Diente de Sable y el tesoro de Lama Rama, comedia de aventuras y acción dirigida a cuatro manos por John Andreas Andersen (Headhunters) y Lisa Marie Gamlem (Mormor og de åtte ungen) que narra los deseos de un joven de 11 años de unirse a la tripulación del capitán y convertirse así en un pirata. Por una serie de acontecimientos se verá envuelto en una traición y será capturado por unos pescadores que han robado el barco del famoso corsario, por lo que deberá luchar para recuperarlo y ganarse así la confianza del capitán. El reparto está encabezado por Kyrre Haugen Sydness (La leyenda de Ragnarok), Anders Baasmo Christiansen (Kon-tiki), Tuva Novotny (Mammas pojkar) y Fridtjov Såheim (Las huellas imborrables).

5ª T de ‘Juego de Tronos’, el arte de lograr que menos sea más


Peter Dinklage y Emilia Clarke, en un momento de la quinta temporada de 'Juego de Tronos'.Uno de los comentarios que más se han oído durante la quinta temporada de Juego de tronos ha sido que no ocurre nada, que su trama no avanza y que sus personajes se mantienen en una constante tensión que no lleva al argumento a ninguna parte. Personalmente soy de la opinión de que eso, en una serie como la creada por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss, no puede ocurrir ni aunque se intente. Pero incluso aunque eso fuera verdad, aunque su historia se hubiera anquilosado levemente, su final ha sido, con diferencia, el más impactante de toda la serie. Y no me refiero solo al episodio 10. Ni siquiera al ya famoso episodio 9.

En realidad, esta última temporada es un ejercicio minuciosamente medido para llevar al espectador en un viaje cuyo final le resulta inesperado (salvo para aquellos que hayan leído los libros, claro está). El desarrollo dramático de sus tramas principales responde a la teoría de los tres actos de forma casi milimétrica. Así, durante los tres primeros episodios se plantean las posiciones de los principales personajes. Los cuatro siguientes desarrolla los conflictos planteados, llevando a muchos de los protagonistas a situaciones límite. Y el tercer acto, o los tres últimos episodios, es un festival de emociones, de giros argumentales impactantes y de clímax indescriptibles. Repasando mentalmente el camino que han tomado estos 10 nuevos episodios la pregunta que nos debe asaltar es si realmente es cierto eso de que no ha pasado nada.

Si algo caracteriza a Juego de tronos casi desde el comienzo es que menos es más. Salvo contadas excepciones, la serie siempre se ha sentido más cómoda entre intrigas palaciegas, luchas de poder en la sombra y traiciones familiares que entre impactantes revelaciones, normalmente limitadas al episodio 9. Y desde luego la quinta temporada es uno de los mejores ejemplos, como demuestra la conversación entre los roles de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado) y Emilia Clarke (Dom Hemingway), uno de los mejores momentos de la temporada. El magistral desenlace que ha tenido esta entrega invita a reflexionar sobre el papel que han jugado todos los acontecimientos previos. Un papel imprescindible para comprender no solo el futuro de muchos de los personajes, sino los cambios emocionales, morales y físicos que sufren casi todos. Es, en este sentido, una temporada de transición, después de ese giro dramático que supuso la cuarta temporada. Una transición necesaria pero para nada aséptica.

Desde luego, lo más interesante son las lecturas que se hacen de las decisiones y las motivaciones de los principales personajes. Estamos tan acostumbrados a ver cómo los personajes de George R. R. Martin logran más o menos los objetivos más inmediatos que nunca nos hemos parado a pensar en las consecuencias de sus actos. Y eso, en definitiva, es el argumento de esta serie. Si el clan Lannister está acostumbrado a gobernar pisoteando a los demás, en esta temporada sus acciones tienen consecuencias imprevistas. Cuando la Khaleesi cree que puede gobernar simplemente liberando esclavos, una rebelión se alza contra ella. Y si los Stark creen que pueden seguir adelante sin pagar un alto precio, bueno… en este tema es mejor no entrar demasiado.

Tramas insustanciales

El resumen de todo el análisis anterior podría ser que, aunque no lo parezca, la trama avanza de forma notable, e incluso se producen cambios mucho más profundos en los personajes de lo que había podido verse hasta ahora. Sin embargo, eso no impide que hayan existido, casi por primera vez, tramas que no han aportado mucho, al menos a lo largo de la temporada (parece evidente que algo desencadenarán en la sexta entrega). Una de ellas es la historia ambientada en Dorne, ciudad a la que España ha dado vida y que, todo sea dicho, no ha sabido explotar más que la belleza de los escenarios. Su trama, un rescate secreto que se tuerce y que tiene como protagonista a Jaime Lannister (de nuevo Nikolaj Coster-Waldau, visto en Oblivion), se desarrolla con más pena que gloria, sin generar demasiado interés y preocupada más en mostrar los rasgos de esta nueva casa, intuidos en la temporada anterior, que por ofrecer algo consistente al espectador. Al menos hasta el último episodio.

También resulta sorprendente el tratamiento dado al personaje de Sophie Turner (Mi otro yo), una Sansa Stark que parecía haber madurado al final de la cuarta temporada y que, de nuevo, vuelve a ser esa niña atemorizada y traumatizada por el mundo de violencia y sangre en el que vive. Un giro que no logra funcionar demasiado bien en la definición de su personaje pero que, por otro lado, ayuda a consolidar la historia de Invernalia como una de las mejores, permitiendo además que otro personaje recoja el testigo de rol más odiado de la ficción. Sentimientos aparte, lo cierto es que su indefinición no hace sino jugar en su contra, no solo porque convierte a ese personaje en un ser débil y manipulable, sino porque no logra evolucionar, algo que en Juego de tronos no puede mantenerse por demasiado tiempo.

Y no puedo dejar de mencionar, aunque sea sutilmente, el final de esta quinta temporada. Como decía a más arriba, no se trata solo del último episodio, sino de todo el tercer acto de esta etapa. Tres finales de episodio simplemente indescriptibles, cada uno magistral en su concepción. Todos ellos han revelado aspectos muy significativos de la historia, más allá de la espectacularidad que puedan presentar en sendas batallas que superan, en muchos aspectos, a las mostradas hasta ahora. Aunque si hay algo que dejará sin palabras a los espectadores será la conclusión del episodio 10, un auténtico gancho dramático que, casualidad o no, tiene una clara influencia de uno de los episodios más conocidos de la Roma Clásica. Un final que, de ser cierto, cambia las reglas del juego por completo, obligando a tomar una nueva dirección que puede ser tan interesante como peligrosa.

Tal vez no sea la mejor temporada de Juego de tronos. La verdad es que la tercera y la cuarta entregas han sido insuperables. Pero desde luego mantiene el altísimo nivel dramático y técnico de toda la serie. De nuevo, sus creadores demuestran que no es necesario que ocurran grandes acontecimientos para que una producción sea capaz de crear expectación. La sensación de vivir una calma antes de una violenta tormenta, de que en ese remanso de paz todo se mueve para producir un terremoto que sacuda los cimientos dramáticos de la serie, está presente en todo momento. Benioff, Weiss y R. R. Martin vuelven a demostrar que menos es más. Y lograr que eso sea tan eficaz como lo es en esta serie es todo un arte.

Los Transformers, ante su extinción, y Favreau ante la cocina rápida


Estrenos 8agosto2014Puede que sea coincidencia, pero tras varios fines de semana con numerosos estrenos hoy viernes, 8 de agosto, tan solo cuatro títulos engrosan la lista de novedades en la cartelera española. ¿Y qué diferencia hay con días anteriores? Bueno, pues que los robots alienígenas capaces de transformarse en coches, aviones, tanques y hasta dinosaurios están de vuelta, y eso es motivo más que suficiente para tratar de no competir directamente con ellos. Sobre todo si ya han superado los 1.000 millones de dólares recaudados a nivel mundial. Empero, todavía hay esperanza para aquellos que prefieran algo más tranquilo y con un mayor contenido dramático y emocional gracias al resto de novedades.

Como la actualidad manda, es imprescindible que comencemos el repaso con Transformers: La era de la extinción, cuarta entrega de la saga iniciada por Michael Bay, director de las cuatro, hace ya siete años. Una entrega que cambia a sus actores y que tiene un cierto aire de renovación tras el cansancio creativo que parecía haberse apoderado de las dos secuelas anteriores. Su trama arranca con una espectacular batalla que destruye una ciudad entera pero que logra salvar a la Humanidad. Sin embargo, tras este ataque un misterioso grupo aparece con el objetivo de hacerse con el control de los Autobots, liderados por un Optimus Prime que todavía se recupera de sus heridas. Todo cambiará cuando una amenaza como jamás se había visto llegue a la Tierra con el objetivo de acabar con todo signo de vida, lo que incluye a Transformers y humanos, que unirán sus fuerzas para salvar el planeta al que llaman hogar. Acción, espectacularidad y aventuras sin pretensiones es lo que a todas luces van a encontrar los fans de estos personajes de Hasbro, que en esta ocasión verán en pantalla a Mark Wahlberg (Dolor y dinero), Nicola Peltz (serie Bates motel), Jack Reynor (Cold), Stanley Tucci (Los Juegos del Hambre: En llamas), Kelsey Grammer (serie Boss), Sophia Myles (Outlander), Titus Welliver (Argo) y T.J. Miller (serie Silicon Valley), entre muchos otros.

Aunque como digo, no es el único estreno. De hecho, el que más oportunidades podría tener de competir con la épica de Michael Bay es #Chef, primera película cuyo título es un hashtag de Twitter, lo que ya es de por sí una de las mejores publicidades de los últimos tiempos. Escrita, dirigida y protagonizada por Jon Favreau, responsable del éxito de Iron Man (2008), la película narra el viaje físico y espiritual de un chef que deja su trabajo en un importante restaurante al enfrentarse a un controlador dueño que limita su creatividad. Por circunstancias de la vida termina montando un negocio de comida rápida en una caravana junto a su ex mujer, su hijo y su mejor amigo, lo que le devolverá a sus raíces. Una comedia que ha generado muy buenas sensaciones allá por donde ha pasado y que cuenta con un reparto realmente espectacular en el que se dan cita nombres como los de John Leguizamo (Kick-Ass 2. Con un par), Bobby Cannavale (Blue Jasmine), Scarlett Johansson (Capitán América: El soldado de invierno), Dustin Hoffman (serie Luck), Sofía Vergara (serie Modern Family), Oliver Platt (Amor y otras drogas), Robert Downey Jr. (Iron Man 2), Emjay Anthony (No es tan fácil) y Amy Sedaris (Tanner Hall).

Los otros dos estrenos proceden de Europa. Mil veces buenas noches es un proyecto financiado a tres bandas por Noruega, Irlanda y Suecia y dirigido por Erik Poppe (Hawaii, Oslo) en 2013. Su trama gira en torno a una reportera gráfica especializada en conflictos bélicos que deberá decidir entre su familia y su trabajo cuando su propia vida se vea en peligro durante la realización de su labor. Será en ese momento cuando deba resolver las dudas sobre la importancia de su trabajo en un entorno en el que la muerte es algo habitual. Este drama está protagonizado por Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Juliette Binoche (Copia certificada), Maria Doyle Kennedy (serie Los Tudor), Chloë Annett (Pasty faces), Lauryn Canny, Larry Mullen Jr. (Man on the train) y Eve Macklin (serie Love/Hate).

Finalmente, Shirley: Visions of reality es una producción austríaca de 2013 que, a través de los cuadros de Edward Hopper, narra la lucha de una mujer por romper los límites que la sociedad de los años 30 del siglo pasado le impone en todos los aspectos de su vida. Una lucha que afianzará sus convicciones sociopolíticas, culturales y profesionales. Escrita y dirigida por Gustav Deutsch (60 seconds of solitude in year zero), la película cuenta entre sus actores con Stephanie Cumming, Christoph Bach (Blindflug), Florentín Groll (El violín rojo), Elfriede Irrall (Eden) y Tom Hanslmaier (Planet USA).

‘Juego de Tronos’ llega a su punto de inflexión en la cuarta temporada


Peter Dinklage gana protagonismo en la cuarta temporada de 'Juego de Tronos'.Desde que finalizó la cuarta temporada de esa joya de la televisión llamada Juego de Tronos estoy dándole vueltas a qué etapa ha sido mejor. En concreto, las dudas me asaltan cuando comparo esta con la tercera temporada. En conjunto es evidente que estos nuevos 10 episodios han llevado la trama a un nuevo estadio, infinitamente más complejo y con nuevas piezas sobre el tablero de juegos que representan los Siete Reinos. La anterior temporada fue, en cuestiones de manejo de tensión y drama, mucho más equilibrada, manejando mejor los tiempos y jugando con los nervios del espectador. Esta, empero, se antoja mucho más dinámica, con giros narrativos en prácticamente cada secuencia, convirtiéndose en un viaje sin retorno que, como decía, ofrece una nueva perspectiva de esta batalla.

Antes de entrar en el detalle de esta nueva entrega creada por David Benioff (Troya) y D.B. Weiss, un aviso: aquellos que no hayan podido ver todavía el desarrollo de la temporada encontrarán algunos, muchos o demasiados spoilers, todo en función de lo que se conozca o se haya visto. Una vez dicho esto, comencemos por lo más genérico y principal: el papel de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado). No hace falta decir que su presencia a lo largo de la serie ha sido imprescindible. Si el personaje ya es de por sí único, con una inteligencia fuera de lo común y un pragmatismo y heroísmo que le convierten en el auténtico heredero de su apellido, la labor del actor aporta al personaje un encanto especial, a medio camino entre la picardía y el rencor, entre el miedo al rechazo y la burla. Pero lo que ocurre en el ecuador de esta temporada, con ese speech al ser juzgado por el asesinato de su sobrino el rey, es sencillamente magistral. Todas las emociones que se intuían a lo largo de la ficción estallan en una ira inusitada en él, dejando entrever una faceta hasta ahora desconocida cuya consecuencia directa es la muerte de otro personaje fundamental que deja un vacío muy destacado.

Este juicio, así como la muerte del personaje de Jack Gleeson (Cabeza de muerte), que por cierto va a provocar sentimientos encontrados de alivio y añoranza, se convierten en el motor de todo el desarrollo dramático de la cuarta temporada. Un desarrollo que, por cierto, es mucho más lineal y menos abrupto que en ocasiones anteriores. Salvo algunas ocasiones contadas, muchas de ellas de carácter secundario, la trama avanza por derroteros más o menos previsibles, lo cual no impide, ni mucho menos, que Juego de Tronos crezca en calidad en todos sus aspectos. Se puede decir, por tanto, que la presencia de Dinklage es más necesaria que nunca, acaparando todos los focos sobre él y convirtiendo en meros secundarios al resto de personajes y de tramas que en momentos anteriores habían adquirido categoría de protagonista. ¿Es esto un tropiezo? Puede que los más fieles seguidores echen en falta algunos elementos, pero lo bueno de estos capítulos es que con muy poco dan un giro radical a la trama que hasta ahora conocíamos, dejando todo preparado para un futuro muy prometedor.

De hecho, todas las tramas que ponen el acento en personajes alejados del trono de hierro completan un panorama que recuerda mucho a los preparativos antes de la guerra, o lo que es lo mismo, una tensa calma que augura momentos verdaderamente épicos. Es cierto que el episodio 9 de la temporada, del que hablo a continuación, acoge de nuevo un momento brillante, pero a diferencia de temporadas anteriores este tiene poco que ver con el resto de la trama, al menos a priori. Sin embargo, tanto este momento como el resto de acontecimientos que se suceden en los diferentes escenarios de la serie poseen un sabor especial. Prueba de ello es que prácticamente todos dejan entrever sus aspiraciones a un trono que ahora ocupa un niño más joven si cabe que el anterior, incluyendo el personaje de Aidan Gillen (Mister John), cuya presencia, aunque tardía en la temporada, ha sido de lo más reveladora.

Historias veladas

Como contrapunto a las numerosas revelaciones que se suceden en esta cuarta temporada de Juego de Tronos (entre ellas una madurez brutal de las hermanas Stark) se plantean numerosos conflictos que, aunque pueden pasar desapercibidos, no dejan de ser interesantes. El primero y más importante es el de los muertos más allá del Muro, abandonados en estos episodios salvo por un detalle tan breve como revelador que ofrece un sinfín de posibilidades. Otro de ellos es la presencia cada vez más inestable de los dragones, que poco a poco van descubriendo su incontrolable naturaleza. Mientras que en temporadas anteriores sus apariciones solían ser para ayudar al personaje de Emilia Clarke (Dom Hemingway), en esta se convierten en fieras que necesitan ser encadenadas para evitar males mayores. Y hablando de las hermanas Stark, no quiero dejar pasar la forma en que el rol interpretado por Maisie Williams (Heatstroke) deja morir a su captor, un detalle casi más aterrador que el combate cuerpo a cuerpo en el que los cráneos son reventados con las manos.

Mención aparte merece el ya imprescindible episodio 9, centrado en esta ocasión en un ataque al Muro de los Salvajes. Al igual que la batalla de la segunda temporada, la serie aprovecha este momento para dar rienda suelta a una narrativa visual fuera de lo común en el convencional formato de la televisión. Y para rizar más el rizo, la acción se divide en dos escenarios claramente diferenciados cuyas características obligan a una planificación distinta, lo que no hace sino engrandecer el planteamiento del episodio. No se trata, en realidad, de ofrecer varios minutos de violencia y acción, sino de mostrar cómo un grupo reducido de personajes es capaz de repeler un ataque envolvente de miles de atacantes. La facilidad con la que la cámara se mueve por los distintos escenarios sin perder nunca el sentido narrativo es ejemplar, permitiendo al espectador saber en todo momento dónde se ubican los personajes, cómo afrontan los combates y qué dilemas se plantean en sus cabezas. En este sentido hay que destacar un plano secuencia perfecto que recorre todo el campo de batalla de forma envolvente y cuyo dinamismo ya querrían muchos directores en sus películas.

Pero como decía, este ataque no tiene una relevancia especial en el desarrollo principal de la serie. Muy alejada física y conceptualmente de la acción que centra esta cuarta temporada, su presencia se antoja un tanto extraña en el conjunto de los episodios. Es de suponer que tendrá su influencia en futuros acontecimientos, pero eso es algo que, por ejemplo, se hizo mejor en etapas anteriores de la ficción. No quiere esto decir que no sea espectacular, increíble o atractiva, pero el hecho de que se enmarque en las tramas secundarias que antes mencionaba la convierten en un acontecimiento, digamos, para satisfacer las ganas de acción de responsables y aficionados. Personalmente el momento del juicio protagonizado por Dinklage y los acontecimientos derivados de su discurso resultan mucho más interesantes, impactantes y brutales que la propia batalla.

De lo que no cabe duda es de que Juego de Tronos es uno de esos raros casos en los que una serie mejora con cada temporada. Eso no impide que existan altibajos narrativos en cada una que podrán ser más o menos discutidos, pero el balance general es el de una ficción que sabe crecer, que no tiene miedo en eliminar personajes si eso va a enriquecer la acción, y que busca en todo momento desarrollarse visualmente hablando. Soy consciente de que gran parte del mérito pertenece a George R. R. Martin, el autor de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ en la que se enmarcan las novelas, pero la serie ha sabido ganarse un estatus propio (al fin y al cabo, podría no haber estado a la altura). Esta cuarta entrega es un claro punto de inflexión en muchos sentidos: la mayor parte de los villanos han muerto, y muchos de los más relevantes personajes están dispersados por el mapa. Su desarrollo tal vez no sea tan impactante como el de la temporada anterior, pero desde luego genera mucho más momentos interesantes, lo que juega en beneficio de un dinamismo que, al final, hace que 10 episodios sean pocos. Las ganas de más es el mejor síntoma de su grandeza.

Vampiros, venganzas, intrigas y un nuevo ‘Tarzán’ copan los estrenos


Estrenos 13junio2014Fin de semana flojo en lo que a grandes estrenos se refiere. Ninguna de las películas presentadas hoy viernes, 13 de junio, tiene a priori la fuerza necesaria para convertirse en un sólido candidato a conquistar la taquilla. Pero como el cine no es solo dinero o espectáculo, muchas de las novedades que llegan a la cartelera cuentan a su favor con un interés artístico que va más allá del mero entretenimiento. Estrenos de perfil bajo que, sin embargo, abarcan un amplio abanico de géneros y gustos cinematográficos, por lo que no será difícil encontrar algo que nos atraiga a las salas.

Sin duda una de las características de estos estrenos es que proceden fundamentalmente de Europa y Estados Unidos. Uno de los más llamativos es la nueva versión de Tarzán producida en Alemania y proyectada en 3D. Presentada como una especie de reinicio del personaje creador por Edgar Rice Burroughs y ambientada en la época moderna, la historia narra cómo una pareja de multimillonarios muere en un accidente de avión en África y su hijo, el único superviviente, es adoptado por un grupo de gorilas. Mientras el pequeño crece, la empresa de sus padres es dirigida por un director general que tratará por todos los medios de obtener beneficio destruyendo diversos lugares naturales. Sólo Tarzán, con la ayuda de una guía turística, se interpondrá en sus objetivos. Aventuras, diversión y drama enfocados a los más pequeños es lo que propone el director Reinhard Klooss (Animals united), quien cuenta con las voces, en el reparto original, de Kellan Lutz (Hércules: El origen de la leyenda), Spencer Locke (Karaoke man), Robert Capron (El diario de Greg), Jaime Ray Newman (serie Eureka), Brian Huskey (Noche de miedo), Mark Deklin (serie Lone star) y Trevor St. John (Los elegidos).

Uno de los estrenos norteamericanos que llegan es la comedia No hay dos sin tres, nueva película de Nick Cassavetes (El diario de Noa) cuyo argumento es tan sencillo como prometedor: varias mujeres deciden unirse en un frente común contra un conquistador empedernido que las ha estado engañando. Desde luego, lo más interesante es el reparto coral que protagoniza la cinta, en el que encontramos a Cameron Díaz (Un plan perfecto), Leslie Mann (El cambiazo), Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Don Johnson (Django desencadenado), Kate Upton (Los tres chiflados), la cantante Nicki Minaj y Taylor Kinney (La noche más oscura).

Estados Unidos también está presente en el thriller Las dos caras de enero, adqptación de la novela homónima de Patricia Highsmith. Coproducida por Reino Unido y Francia, la trama sigue a un joven que trabaja como guía turístico en Grecia, lo que aprovecha para estafar a sus clientes. Su vida entrará en una peligrosa espiral cuando conozca a una glamurosa, sofisticada y misteriosa pareja que le invitará a introducirse en su modo de vida. Ópera prima de Hossein Amini, quien desempeña tareas de dirección y guión, la película presenta un cartel de actores muy interesante, siendo los más destacados Viggo Mortensen (El señor de los anillos: La Comunidad del anillo), Kirsten Dunst (Un amor entre dos mundos), Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis), Daisy Bevan (El misterio del collar) y David Warshofsky (Capitán Phillips).

Otro de los nombres propios de estos estrenos es el de Jim Jarmusch (Los límites del control), que vuelve a ponerse tras las cámaras después de cuatro años de ausencia. Y lo hace con Sólo los amantes sobreviven, drama romántico con dosis de terror producido entre Alemania y Reino Unido que narra la relación entre un atormentado músico y su enigmática amante. Ambos son vampiros que deambulan por un mundo desolado. Sin embargo, su idilio se verá interrumpido por la llegada de la hermana pequeña de ella. Precedida de buenos comentarios, la cinta cuenta en su reparto con Tilda Swinton (Snowpiercer), Tom Hiddleston (Thor: El mundo oscuro), Anton Yelchin (Star Trek: En la oscuridad), Mia Wasikowska (Stoker), John Hurt (El topo) y Jeffrey Wright (Los juegos del hambre: En llamas).

Con algo de retraso respecto a su estreno en Estados Unidos nos llega Not that funny, comedia dramática del 2012 dirigida por Lauralee Farrer, quien debuta de este modo en el largometraje de ficción. El film se centra en la vida de una joven que, harta de la vida que la rodea y de un novio egocéntrico, decide volver a sus orígenes y buscar un hombre que le haga ver el mundo desde otro punto de vista. Su vecino, un chico sencillo y aparentemente normal, tratará entonces de convertirse en ese hombre. Tony Hale (Cuerpos especiales), Timothy V. Murphy (serie Hijos de la Anarquía), Brigid Brannagh (Algo más que cómplices), Erin Way (serie Alphas), John Kapelos (Junkyard dog) y Nick Thune (Dreamworld) conforman el reparto principal.

Volviendo a centrarnos en Europa, otra de las novedades es Violette, coproducción francobelga de 2013 que se ambienta a principios del siglo XX y que gira en torno a la relación entre una joven y Simone de Beauvoir en los años de la posguerra. Una relación que llevará a ambas mujeres a establecer una amistad que durará mientras vivan y a fortalecer sus propias convicciones, relacionadas ambas con la pasión por escribir de Violette. Martin Provost (El vientre de Juliette) se encarga de poner el guión en imágenes, mientras que frente a la cámara encontramos a Emmanuelle Devos (Crónica de una mentira), Sandrine Kiberlain (Las chicas de la sexta planta), Olivier Gourmet (El ejercicio del poder), Catherine Hiegel (Felpudo maldito) y Olivier Py (Cada uno busca su gato), entre otros.

Finalizamos el repaso con Meteora, película dirigida por Spiros Stathoulopoulos (PVC-1) que cuenta en clave romántica una historia tan clásica como el propio cine: un hombre y una mujer se enamoran. El problema es que ambos pertenecen a diferentes órdenes religiosas. El film, que incorpora ciertas dosis de drama, está protagonizado por Theo Alexander (El Greco), Tamila Koulieva-Karantinaki (Mia thalassa makria), Giorgos Karakantas, Dimitris Hristidis y Stelios Mavroudakos.

3ª temporada de ‘Juego de Tronos’, modelo de desarrollo dramático


Emilia Clarke en uno de los impactantes momentos de la tercera temporada de 'Juego de Tronos'.Aquellos que por un motivo u otro no vean la serie Juego de Tronos posiblemente piensen que lo que van a leer a continuación obedece a un criterio poco objetivo. Es posible. Aun así, no puedo encontrar otro calificativo para la tercera temporada de esta producción basada en los libros de George R. R. Martin que el de perfecta. Tal vez sea aventurar demasiado, pero es muy probable que estos 10 episodios sean estudiados por los futuros guionistas como el ejemplo más claro de lo que debe hacerse para generar tensión dramática e intriga, y sobre cómo guiar al espectador a uno de los momentos más dramáticos de los últimos años, tanto en cine como en televisión. Sea objetivo o no, analizando fríamente el desarrollo de la trama no cabe duda de que estamos ante uno de los mejores trabajos de la temporada.

Cierto es que el trabajo de David Benioff (Troya) y D. B. Weiss se basa en la evolución que presentan las novelas, pero no reside ahí la espectacular labor de estos dos guionistas. No, el trabajo de llevar a la pantalla tantas historias transcurriendo al mismo tiempo en lugares tan diversos y con personajes tan dispares es lo verdaderamente interesante, sobre todo si logran que capítulo tras capítulo esta producción con uno de los comienzos más hermosos de la televisión tenga coherencia e interés. Si a esto sumamos su capacidad para impactar al espectador, tenemos el plato perfecto. Y eso que tras dos temporada uno debería estar escarmentado. En la primera temporada fue el protagonista el que murió, interpretado por Sean Bean (El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo), dando un giro novedoso al final de la temporada. En la segunda fue una cruenta batalla la que modificó el rumbo de la trama en uno de los episodios más épicos y mejor rodados de la pequeña pantalla.

Sin revelar ningún detalle de esta tercera temporada, se puede decir que la complejidad dramática que se intuía al final de su predecesora queda más o menos resuelta en ésta, y como no podía ser de otro modo lo hace de forma brutal y sangrienta en una progresión rítmica muy, muy interesante. Muchos especialistas opinan que los primeros episodios poseen una cadencia algo lenta, sobre todo teniendo en cuenta cómo terminó la segunda temporada. Sin embargo, no debería ser interpretado como ritmo pausado, sino como reorganización del escenario. La serie se toma un tiempo precioso en situar a cada personaje en su sitio y con sus ambiciones. Desde luego, aquellos que esperen violencia tendrán que esperar, pero los que disfruten con los intensos y sibilinos diálogos se desharán en elogios hacia este comienzo.

La trama, como es lógico, evoluciona cada vez más hacia un enfrentamiento directo entre los principales personajes. Empero, no es esto lo relevante, sino el camino que cada uno recorre y cómo dicho camino desvela y define el carácter de cada uno de ellos. A través de diálogos, pero sobre todo de acciones y decisiones, los guionistas muestran al espectador un auténtico “juego de tronos”, una partida de ajedrez en la que cada participante mueve sus fichas. Un combate casi más estratégico que físico en el que lo relevante es la imagen que se proyecta sobre tus enemigos. Posiblemente el personaje que mejor refleja esto sea el de Emilia Clarke (Spike Island), la madre de dragones que se ha convertido en líder de un ejército casi perfecto a base de buscar la libertad allá donde va. Las espectaculares imágenes de los miles de hombres moviéndose y los alegatos contra la esclavitud del personaje evidencian un carácter que va más allá de la mera lucha por un trono hecho con espadas. Es una declaración de intenciones.

Un episodio 9 inmortal

El personaje de Nikolaj Coster-Waldau sufrirá un cambio en la tercera temporada de 'Juego de Tronos'.Pero si algo ha impactado por encima de cualquier otra cosa ha sido el episodio 9 de la temporada, llamado a cambiar el rumbo del relato al igual que hicieron los novenos capítulos de entregas anteriores. Si la temporada debe ser mostrada como ejemplo de evolución dramática, estos 60 minutos son el modelo para aprender cuál es la mejor forma de generar emociones encontradas en el espectador. El episodio posee todo aquello que en la teoría del guión se explica: una acción y una reacción, el paso de un momento álgido a otro lúgubre y viceversa. Benioff y Weiss llevan dicha teoría a su máxima expresión. Claro que no es menos cierto que los acontecimientos se nutren poco a poco de lo que ocurre en anteriores episodios, pero es sin duda la forma de contarlo lo que convierte a este Las lluvias de Castamere (así se titula el capítulo) en una pieza bella, inquietante y angustiosa como pocas.

Desde luego, Juego de Tronos es una serie que siempre se ha apoyado en la calidad de sus guiones. Pero eso es únicamente el esqueleto. La factura técnica y visual del conjunto se ha superado con los años, y ha alcanzado en esta temporada un grado muy elevado de perfección. Más allá de la integración de fotografía, escenarios digitales y espacios naturales, el diseño del vestuario, los detalles de armas y armaduras o los planos escogidos en muchas ocasiones ofrecen una riqueza formal que convierten a la producción en un proyecto único.

Con todo, sería injusto no repetir una mención especial a un reparto sencillamente brillante en todos sus aspectos. No pueden existir críticas para ninguno de los miembros, ni siquiera los secundarios. Cada uno en su medida, los intérpretes aportan veracidad y peligrosidad a sus diálogos. En la memoria quedan las conversaciones entre los Lannister, principalmente entre los personajes de Peter Dinklage (I love you too), llamado una temporada más a convertirse en una pieza clave, y el de Charles Dance (Templario), cuya sola presencia infunde el miedo que se le presupone. Por no hablar del odio que generan roles como el de Jack Gleeson (All good children) como el joven rey o de la evolución que sufren personajes como el de Nikolaj Coster-Waldau (Mamá), que ha pasado de ser algo odioso a convertirse en un ser humilde que incluso inspira lástima.

Ver en esta tercera temporada de Juego de Tronos una evolución de las regias luchas entre los Siete Reinos implica un acercamiento a la serie muy superficial. En efecto, entretiene mucho, muchísimo, pero no se limita simplemente a eso. Enamora, apasiona y, lo más importante, trata con un gran respeto e inteligencia al espectador. Cierto es que la proliferación de nombres puede inducir a la confusión, pero es un mal menor cuando se sigue la trama con cierta atención. Eliminada dicha traba, lo que se abre ante los ojos del espectador es un verdadero juego de inteligencia y astucia, una partida en la que los personajes no luchan por un reino, sino por emociones e ideales tan antiguos y humanos como la venganza, el odio, la libertad o la ira. Por mucha fantasía que atesore, la serie es en realidad un reflejo de las luchas intestinas más comunes del día a día. Y eso la diferencia del resto.

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