‘Jumanji: siguiente nivel’: una aventura muy jugable


Ya antes de que se estrenara Jumanji: Bienvenidos a la jungla (2017) la pregunta que surgía era si es necesaria una continuación/remake del clásico de 1995. El resultado, con sus pros y sus contras, no fue del todo malo. Pero… ¿una secuela? Pues lo cierto es que, con esos pros y esos contras que sigue manteniendo, funciona mucho mejor esta nueva aventura, y lo hace precisamente porque conoce sus ventajas y las explota al máximo.

Los aficionados a los videojuegos sabrán que cualquier saga trata de mejorar diferentes aspectos en cada entrega, incorporando nuevos personajes, habilidades, escenarios, etc. Y eso es precisamente lo que hace Jumanji: siguiente nivel. La trama ahonda mucho más en la aventura en su más amplio sentido, no solo con las secuencias de acción sino con el desarrollo de la historia dentro de ese universo. En este sentido, pueden identificarse mucho mejor los momentos propios de todo videojuego, incluyendo esas aventuras de plataformas en forma de puentes colgantes con mandriles de por medio. Pero a todo esto se suma algo más de profundidad dramática. Las motivaciones de los protagonistas, aunque siguen siendo bastante simples, se rodean de un contexto más interesante. Y la incorporación de los personajes de Danny DeVito (Batman vuelve) y Danny Glover (Arma letal) es sencillamente perfecta.

De hecho, son ellos los que logran en buena medida suplir las carencias de un guión que, por lo demás, se desarrolla de forma excesivamente lineal. Tanto es así que no es difícil prever, por ejemplo, los momentos en que cada personaje va perdiendo sus vidas. Pero esa falta de ambición del guión se convierte en una ventaja gracias a un ritmo trepidante que apenas da tregua al espectador y, sobre todo, a los cuatro actores protagonistas, capaces de imitar gestos, expresiones y miradas de sus compañeros de reparto para poder ver siempre en ellos a un avatar interpretado por otro rol, lo que da una versatilidad única al conjunto. En cierto modo, el título de la película resume a la perfección el contenido de la misma. Un siguiente nivel que se disfruta y se juega más y mejor, con una historia igualmente sencilla pero a todas luces más efectiva.

Y todo apunta a que no será la última aventura. Jumanji: siguiente nivel desde luego mejora respecto al original. No es que sea una gran película, pero sabe lo que propone y lo que puede ofrecer, y es sincera tanto en sus intenciones como en sus posibilidades. Jake Kasdan, director de la primera parte, demuestra su habilidad y artesanía con unas secuencias de acción más que solventes, algunas con claras referencias a clásicos como Parque Jurásico (1993), aunque deja ver las costuras en los momentos más narrativos. La verdad es que todo funciona en este videojuego mejorado, y a tenor del final de la aventura, no hay dos sin tres.

Nota: 6,5/10

‘Midway’: una batalla a mitad de camino


El nombre de Roland Emmerich (El día de mañana) se asocia irremediablemente al cine de catástrofes y a la espectacularidad de la destrucción digital de ciudades, estados y, por qué no, del planeta entero. Y aunque el director ha demostrado ser capaz de realizar con éxito obras mucho más intimistas, lo cierto es que han pasado más bien desapercibidas en los últimos tiempos. Con su última película trata de unir esos dos universos, el del espectáculo visual y la profundidad dramática, con desigual fortuna.

En realidad, el problema de Midway, por llamarlo de algún modo, está en su guión. La película trata de abordar varios meses de conflicto bélico que explican cómo de la derrota de Pearl Harbor se llegó a esa batalla que cambió el curso de la historia de Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Y como relato global lo cierto es que la cinta logra el objetivo de mostrar la lucha aérea, naval y de espionaje que se desarrolló en esas semanas. A través de un reparto coral el espectador logra hacerse una idea de cómo se lograron gestar algunas de las estrategias que terminaron con el resultado ya conocido, intercalando durante el metraje algunas secuencias de acción a las que Emmerich saca provecho y demuestra, una vez más, su ágil lenguaje visual en los momentos épicos. Dejando a un lado un comienzo un poco irregular (si no es croma, se le parece demasiado, y mal hecho), la historia se plantea como una escalada de acción hasta esa batalla final en la que los planos subjetivos de los aviones marcan el relato.

El problema está en la parte dramática. O mejor dicho, en el reparto. No porque no esté bien elegido, más bien al contrario, todos los actores ofrecen una buena interpretación. Más bien porque son tantos personajes que es imposible identificarse con uno. Sí, es cierto que el grueso del relato se sustenta sobre los hombros de dos roles fundamentales, pero es que ni siquiera ellos ofrecen al espectador un trasfondo dramático lo suficientemente interesante como para resultar atractivos. Son, por decirlo de algún modo, excesivamente planos en su definición. A todo ello se suman unos secundarios que entran y salen de escena casi con la misma velocidad con la que se les olvida, lo que al final genera un mosaico de rostros que aportan poco o nada al conjunto de la historia. Eso por no hablar de la presencia de John Ford, que es mejor no comentar por mucho que sea un hecho histórico. Todo ello trastoca el relato, lo ralentiza, impide que el espectador llegue a introducirse de lleno en una trama que, en realidad, no existe, porque lo que se hace es plantear los acontecimientos uno detrás de otro.

Dicho de otro modo, Midway funciona muy bien como seudodocumental o documental ficcionado sobre los acontecimientos que acaecieron entre 1941 y 1942. Y ofrece unas batallas navales y aéreas lo suficientemente atractivas y bien rodadas, siempre con su componente patriota de por medio (lo de la bomba en la bandera de Japón como si se hiciese diana era algo que podía preverse desde la primera batalla). Pero la película falla en su componente dramático. No ofrece nada nuevo, y no solo eso. Existen tantos personajes con diferentes grados de protagonismo que el relato no puede sostenerlos a todos, por lo que el metraje entre conflicto y conflicto se vuelve tedioso, en algunos momentos innecesario, planteando una película a la que le podrían sobrar algunos minutos de metraje.

Nota: 6/10

‘Jumanji: Bienvenidos a la jungla’: pulse ‘Start’ si se atreve


Cuando en 1995 se presentaba Jumanji se hacía como una aventura familiar, un entretenimiento en torno a algo tan tradicional como un juego de mesa. Pero después de dos décadas, aquel film se ha convertido en una película de culto para varias generaciones, en un derroche de imaginación, humor, drama y acción con varias lecciones a aprender. Por eso se antojaba algo innecesario este remake/secuela que, en esta ocasión, se traslada a la jungla en lugar de traer la jungla a nuestro mundo.

Los tiempos cambian, y con ellos las formas de entretenimiento. Y por extensión, la de este juego de supervivencia selvático. Sin una explicación clara de los motivos por los que se convierte en videojuego, la mecánica de la película viene a ser la misma, salvo por detalles que restan la magia que sí tuvo la original: esa necesidad de jugar con dados, las consecuencias de hacer trampas y, sobre todo, las amenazas a las que se enfrentan los protagonistas. Es el contexto en realidad lo que convierte a esta aventura en una mera producción sin más recorrido que la distracción durante dos horas, amén de unos efectos especiales más correctos que otra cosa.

La cinta, desde luego, cumple con su función. El ritmo y las secuencias de acción se equilibran con el relato de la trama y un tratamiento que los aficionados a los videojuegos reconocerán al instante. Si a esto sumamos que los héroes tienen la mentalidad de unos adolescentes que no comprenden lo que ocurre, la combinación es hilarante por momentos, dejando vía libre a los actores para dar rienda suelta a un contraste entre físico y personalidad, entre el personaje de videojuego y el personaje en la vida real. Contraste que muchas veces salva un tratamiento más bien pobre de la historia, que tiende a olvidarse de los riesgos de la selva (como en la original) y se queda solo con los grandes animales que habitan entre los árboles.

Así, Jumanji: Bienvenidos a la jungla ofrece y confirma lo que se espera de ella, es decir, vivir una aventura durante las dos horas que dura esta historia. Con momentos divertidos y otros cargados de adrenalina, la película deja al margen el drama familiar o los problemas de los jóvenes para contar un relato cargado de acción, héroes y villanos de videojuego y PNJ. Y ese es precisamente lo que la convierte en una cinta que se olvida tan rápido como se consume. La falta de trasfondo, o al menos de un mensaje capaz de calar más que los músculos de Dwayne Johnson (serie Ballers), cuyo carisma por cierto salva buena parte del film, es lo que hace cuestionable esta adaptación, sobre todo para aquellos que vivieron y crecieron con el recuerdo del niño convertido en mono por hacer trampas en un juego de mesa.

Nota: 5,5/10

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