1ª T. de ‘Legión’, o cómo lograr una serie inusual basada en cómics


El mundo de las adaptaciones de cómics a la pequeña pantalla está siendo tan exitosa como repetitiva. La estructura narrativa de las diferentes series que han surgido a lo largo de estos últimos años comparten la base de enfrentar al héroe contra un enemigo externo, salir derrotado varias veces, replantearse sus propios miedos y motivaciones y, finalmente, vencer la mencionada amenaza en un heroico acto que represente su cambio psicológico y emocional. Es por eso que un producto como Legión, surgido de la mente de Noah Hawley (serie The unusuals), no solo es un soplo de aire fresco en este mundo superheroico, sino que aprovecha al propio protagonista para ofrecer una historia completamente diferente en su forma, compleja y retorcida, que obliga al espectador a prestar una inusual atención a la historia y los personajes, habitualmente de lo más flojo en estas ficciones.

Para aquellos que no conozcan la historia, un breve resumen. El protagonista es un joven y poderoso mutante encerrado en un psiquiátrico por considerar que está enfermo. Sin embargo, un grupo formado por mutantes y no mutantes decide rescatarle junto a otra mutante para que se una a su grupo, explicándole que lo que muchos consideran una enfermedad (incluso él mismo lo ha llegado a creer) es en realidad un increíble poder telépata. Sin embargo, sí existe algo dentro de él que trata de poseerle y robarle su poder, una entidad que ansía vengarse del padre del joven, al que este nunca llegó a conocer.

Narrado así, el argumento de esta primera temporada de 8 episodios puede resultar algo sencillo, e incluso similar al de series ya vistas. Pero Legión dista mucho de ser una serie convencional. Hawley aprovecha las posibilidades que ofrece el mundo de la mente, los recuerdos y los poderes mutantes para construir una narrativa tan fragmentada como la mente del protagonista, con constantes saltos en el tiempo dramático y con numerosas líneas argumentales paralelas que vienen a explicar lo que ocurre en el mundo real y lo que ocurre en el plano psíquico. La combinación es tal que, salvo por algunos tratamientos formales con sutiles diferencias (en algunos casos mucho más evidentes), puede llegar a confundirse el espacio en el que se desarrolla la acción.

Y aunque esto pueda considerarse una debilidad, pues sin duda muchos espectadores pueden dejar de lado la serie, en realidad es su mayor fortaleza. La serie es sumamente compleja, es cierto, pero al mismo tiempo copa todas las expectativas. De hecho, las supera. El que la trama se articule de un modo más o menos lineal, con el héroe luchando contra una amenaza externa y una interna, dota al conjunto de una coherencia que, de otro modo, se perdería. Por otro lado, el caos que puede parecer a simple vista su tratamiento formal termina, una vez superados los primeros capítulos, por ser algo enriquecedor, pues permite apreciar una amplia variedad de matices que aportan una mayor profundidad dramática a los personajes, sobre todo al protagonista, del que se desvelan poco a poco aspectos que deberán ser tratados en las siguientes temporadas.

Más allá de los poderes

De hecho, y aunque a priori es una serie sobre mutantes con extraordinarios poderes, Legión logra su máximo esplendor precisamente en el tratamiento de los personajes y en el modo en que presenta el enfrentamiento entre el bien y el mal dejando esos poderes a un lado, y recurriendo a ellos únicamente como herramienta para desarrollar aspectos de la trama mucho más profundos desde un punto de vista dramático. Esto hace que la primera temporada se distancie, y mucho, de producciones similares, convirtiéndola por ende en algo casi único en su forma y su contenido. Asimismo, la aportación cromática del diseño de producción es simplemente brillante, abordando la evolución del protagonista a través de una paleta de colores enriquecedora en todos los sentidos posibles.

Por su parte, el reparto, espectacular del primero al último, aporta a los personajes una entidad y una sobriedad sin igual. Incluso aquellos definidos más por su ironía logran engrandecer sus respectivos papeles gracias a una apuesta por llevar todo al extremo, siempre considerando unos límites. Evidentemente, esto convierte en muchas ocasiones a los protagonistas en arquetípicos, limitando en cierto modo la versatilidad y los diversos rostros que todos ellos tienen. Sin embargo, estas debilidades, que en realidad son puntuales, se compensan con el tratamiento argumental, con esa apuesta por los mundos de la mente, los recuerdos y la psicología, que ponen a los héroes ante situaciones tan complejas como peligrosas.

Y por si el camino recorrido en esta primera temporada no fuese lo suficientemente interesante, el episodio final deja en el aire muchas preguntas y tramas secundarias abiertas, amén de dar a la principal una futura segunda oportunidad que, esperemos, llegue más pronto que tarde. El hecho de que Hawley explore durante estos capítulos el pasado del protagonista interpretado por Dan Stevens (La Bella y la Bestia) enriquece los matices de este joven acusado de estar loco. De nuevo, sus poderes son algo casi secundario, dando más relevancia a sus todavía desconocidos orígenes (al menos para aquellos que no conozcan su trayectoria en los cómics) y generando la expectación necesaria para demandar más sobre él en la siguiente temporada.

El mejor resumen de Legión podría ser que es una serie de superhéroes muy, muy inusual. Alejada de formatos tradicionales y recurriendo a un personaje relativamente poco conocido entre el gran público, esta primera temporada absorbe todas las potencialidades de las capacidades y las explota al máximo, generando un universo único, colorido y fragmentado en el que realidad y ficción, mente y espacio físico se confunden para contar una compleja historia de miedos internos, amenazas externas y remordimientos arrastrados durante décadas. Una serie, en definitiva, en la que los mutantes son más bien personajes que deben afrontar sus problemas como cualquier otro. Una serie en la que los poderes no tienen el protagonismo. El problema es que esto puede cambiar a medida que se desarrollen esas capacidades sobrehumanas, pero esperemos que eso tarde en llegar, si es que llega alguna vez. Por lo pronto, solo se puede disfrutar de este debut.

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‘Logan’: en busca del Edén… y la redención


La pequeña Dafne Keen da vida a la hija de 'Logan'La trilogía en solitario de Lobezno, el famoso mutante de Marvel, es posiblemente una de las más irregulares del mundo cinematográfico marvelita. De menos a más, la trayectoria de este personaje refleja una máxima del séptimo arte que ningún film, ni siquiera los de este tipo, debería olvidar: que cuanto más se profundiza en un personaje más interesante se vuelve la trama, incluso cuando esta tiene notables lagunas.

Logan es un claro ejemplo. La debilidad del personaje principal, magníficamente interpretada por última vez (al menos oficialmente) por Hugh Jackman (Butter), dota al conjunto de una valentía y un poderío narrativo inusitado en este tipo de historias. El tratamiento argumental abandona las espectaculares secuencias de acción para bajar a la tierra y abordar la última lucha contra un enemigo que, aunque externo, no deja de ser un reflejo de los propios miedos y la impotencia de un personaje casi indestructible que ve próximo su final.

Esa dualidad, unido al carácter salvaje y al tiempo compasivo del protagonista, aporta una complejidad al desarrollo dramático sumamente interesante que convierte a este último film en algo diferente a lo que suelen ser los finales de trilogías, habitualmente más espectaculares y grandilocuentes. Eso no impide, sin embargo, que estemos ante una cinta puramente comercial, y como tal se entrega a incongruencias que solo pueden ser pasadas por alto si se quiere disfrutar del conjunto. Incongruencias que, por cierto, vienen dadas por la necesidad de dotar de acción y violencia a una trama, por lo demás, puramente dramática.

En cierto modo, Logan pone toda la carne en el asador en esa búsqueda del Edén que protagoniza la pequeña heroína de la historia. Búsqueda que se solapa con la redención de un personaje entregado por completo a su lucha interior. Sin duda, es la obra más interesante, completa y violenta (muy violenta) de la trilogía, y a pesar de pecar de exceso en algunas concesiones puramente comerciales, es el film que más explora las diferentes caras de un Lobezno al que Jackman ha engrandecido en pantalla.

Nota: 7/10

‘Lobezno inmortal’: Jackman sigue siendo Logan incluso sin poderes


Svetlana Khodchenkova y Hugh Jackman en 'Lobezno inmortal'. de James Mangold.Aquellos que no sean muy aficionados a los mutantes más famosos del cómic tal vez no conozcan en profundidad el personaje de Lobezno. Baste decir que su carácter, su capacidad de curar cualquier herida y su esqueleto recubierto de un metal indestructible (incluyendo unas enormes garras) le han convertido en uno de los mayores iconos entre los superhéroes. De ahí la necesidad de Marvel de explotar al máximo su imagen. El problema es que dicho atractivo no nace únicamente del propio personaje, sino de su continuo contraste con los compañeros que le rodean. Tal vez por eso ninguna de sus incursiones en solitario ha terminado de cuajar, incluyendo esta última dirigida por James Mangold (En la cuerda floja).

Desde luego, tiene suficientes elementos para convertirse en una interesante cinta de acción. El guión, sin llegar a ser excesivamente brillante, sí tiene el desarrollo suficiente para narrar una historia de redención tan propia del personaje, a pesar de algunos descensos alarmantes en el ritmo. Ni qué decir tiene que Hugh Jackman (Australia) vuelve a demostrar que Lobezno es él y viceversa. Incluso en una historia como esta, donde el superhéroe pierde buena parte de las señas de identidad que le definen, la labor de Jackman ayuda a afianzar las raíces de un rol que debería descansar cuando el actor se niegue a continuar.

Sin embargo, existen varios “peros” secundarios que tienen mucho que ver con la labor de Mangold tras las cámaras. No es la primera vez que se pone al frente de una cinta de acción, y a pesar de todo muchas de las secuencias de combate ofrecen un desarrollo algo tosco, burdo según se mire, con movimiento desenfrenado que oculta la terrible verdad de que no ocurre nada delante de las cámaras. El hecho de que los numerosos extras que simulan ser samuráis se dediquen a saltar y realizar acrobacias sin aportar nada a la acción es llamativo, del mismo modo que esa extraña pasión del director por lanzar a los personajes contra todo tipo de objetos, presumiblemente para demostrar que, ante todo, son superhombres.

Tampoco ayuda al conjunto el hecho de que la historia verse sobre la pérdida del poder regenerativo del protagonista y éste sobreviva casi sin pestañear a diversos disparos en zonas críticas del cuerpo humano. Detalles, sí. Pero detalles que distraen lo suficiente para que el conjunto resulte mermado. Una lástima, pues Lobezno inmortal podría disfrutarse mucho más.

Nota: 6/10

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