La saga ‘Mad Max’ se renueva para enfurecer la cartelera española


Estrenos 15mayo2015Tan solo dos semanas después de que se estrenara Los Vengadores: La era de Ultrón llega a las carteleras otro gran estreno llamado a llenar las salas. Y como aquella, es una continuación, o más bien un remake, o más bien un reinicio, o más bien… Bueno, poco importa. Pero no solo de blockbusters vive la taquilla, o al menos no debería, así que junto a ella llegan hoy, viernes 15 de mayo, varios estrenos de todos los géneros y nacionalidades.

Pero comenzamos por Mad Max: Furia en la carretera, nueva aproximación al mundo creado por George Miller quien, por cierto, vuelve a ponerse tras las cámaras en esta historia que sitúa a su protagonista en un viaje solitario por un mundo desolado. Su vida cambiará cuando se encuentre en plena carretera con un grupo que huye de un violento Señor de la Guerra al que le han robado algo irreemplazable. Juntos deberán sobrevivir a una persecución en la que la ira, la rabia y la violencia les acompañarán en cada recodo del camino. El autor de la saga contará en esta ocasión con actores como Tom Hardy (La entrega) recuperando el papel que interpretara Mel Gibson (Arma letal); Charlize Theron (Mil maneras de morder el polvo), Rosie Huntington-Whiteley (Transformers: El lado oscuro de la luna), Nicholas Hoult (X-Men: Días del futuro pasado), Zoë Kravitz (X-Men: Primera generación), Hugh Keays-Byrne (Resistance) y Nathan Jones (Troya).

Estados Unidos también está presente, junto a España, en La deuda (Oliver’s deal), thriller que supone el debut en el largometraje de Barney Elliott. Con el trasfondo de una importante transacción financiera, la cinta narra la vida de tres personajes de distintas clases sociales que deberán comprometerse para conseguir lo que quieren en la vida. Codicia, ajustes de cuentas y anhelos de una vida mejor se mezclan en este film protagonizado por Stephen Dorff (Immortals), David Strathairn (Godzilla), Carlos Bardem (Alacrán enamorado), Brooke Langton (Los calientabanquillos) y Alberto Ammann (Tesis sobre un homicidio).

Sin abandonar el continente americano, toca hablar de Cautivos, producción canadiense dirigida por Atom Egoyan (Chloe) que centra su atención en la desesperada búsqueda de una niña desaparecida por parte de sus padres. Todo mientras los propios secuestradores de la pequeña observan a las reacciones de los progenitores y cómo afrontan el secuestro. Este thriller tiene como protagonistas a Ryan Reynolds (El invitado), Scott Speedman (Todos los días de mi vida), Rosario Dawson (Trance), Mireille Enos (serie The Killing), Kevin Durand (Noé) y Bruce Greenwood (Condenados).

La única representante puramente española en el ámbito de la ficción es Sicarivs, ópera prima escrita y dirigida por Javier Muñoz que, en clave de thriller, arranca cuando un sicario, que recibe la orden de matar a una mujer, se niega a cumplir con el pacto. A partir de ese momento inicia una carrera contrarreloj para eliminar a quienes le contrataron, consciente de que en su negocio nadie vive habiendo incumplido un contrato. Víctor Clavijo (serie Gran Hotel), Israel Elejalde (El gran salto adelante), Chete Lera (Los muertos van deprisa), Fernando Gil (serie Los quién), Pedro Casablanc (Un ramo de cactus) y Sebastián Haro (La luz con el tiempo dentro) son los principales protagonistas.

François Ozon (En la casa) escribe y dirige Una nueva amiga, drama francés basado en la novela de Ruth Rendell que aborda la relación que una mujer establece con el marido de su mejor amiga después de que ésta fallezca inesperadamente. Comprometida con cuidar tanto del hombre como del bebé, su vida cambiará de repente cuando un acontecimiento inesperado golpee su rutina, lo que le hará plantearse si realmente está preparada para la vida que está iniciando. El reparto está encabezado por Romain Duris (Los seductores), Anaïs Demoustier (Crónicas diplomáticas), Raphaël Personnaz (Marius), Jean-Claude Bolle-Reddat (Turf) y Aurore Clément (Rondo).

También francesa, aunque esta vez en clave de comedia dramática, es La profesora de historia, cinta dirigida por Marie-Castille Mention-Schaar (Bowling) que, como su propio título indica, tiene como protagonista a una profesora que debe enfrentarse a una difícil clase mientras lidia con su propia obsesión de haber fracasado en la vida. Todo cambia cuando decide apuntar a su aula a un concurso sobre lo que significa ser adolescente en un campo de concentración nazi. A partir de este momento, y a medida que se acerca la fecha límite, la mujer redescubrirá su amor por la enseñanza al tiempo que los alumnos se implican y se abren más a sus compañeros. Entre los actores más destacados están Ariane Ascaride (Fanny), Ahmed Dramé (Les petits princes), Noémie Merlant (Des lendemains qui chantent), Stéphane Bak (Les gamins) y Geneviève Mnich (Séraphine).

Dos son los documentales que llegan esta semana. No todo es vigilia es una producción hispano colombiana que aborda diversos aspectos de la vejez, desde el miedo a la muerte a la soledad por la pérdida del ser querido, todo ello a través de la relación de una pareja que, en el ocaso de sus vidas, ven cómo la posibilidad de tener que dejar su hogar e ir a una residencia de ancianos es cada vez mayor. Dirigida por Hermes Paralluelo (Yatasto), tiene como protagonistas a Antonio Paralluelo y Felisa Lou.

Finalmente, el largometraje De Echevarria a Etxeberria, dirigido por Ander Iriarte (Los inocentes) es un estudio antropológico sobre la relación entre la izquierda abertzale y la violencia en la localidad de Oiartzun. A través de diversos testimonios tanto de habitantes de la localidad como de gente natural de allí, el film analiza el concepto de la violencia desde sus múltiples facetas, incluyendo la de ETA, la policial, la política o la psicológica.

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‘The killing’ termina con una 4ª T apresurada que busca el final feliz


Mireille Enos y Joel Kinsman investigan un nuevo caso en la cuarta temporada de 'The killing'.Ha sido una de las series más interesantes de los últimos años. Sin embargo, su futuro siempre ha estado en vilo, siendo cancelada y renovada en varias ocasiones. Pero finalmente en este 2014 la cuarta y última temporada de The killing ha visto la luz, y como si de un fiel reflejo de lo que ocurre allende las fronteras de la ficción, los seis episodios con los que Veena Sud (serie Caso abierto) cierra los flecos que quedaron sueltos en la anterior temporada son, cuanto menos, irregulares, sobre todo en lo que respecta a sus protagonistas.

Y es que el principal motivo de esta especie de apéndice de la serie está pensado desde el principio para narrar qué ocurre con los dos policías después de descubrir la identidad del asesino de la tercera temporada. Para ello han sido necesarias muchas luchas en despachos y un cambio de productora (Netflix, responsable de Orange is the new black, es la encargada de este colofón). Y como no podía ser de otro modo, existe un asesinato, aunque la necesidad de acotarlo a media docena de capítulos resta complejidad a la trama. Además, el hecho de que buena parte del componente dramático esté relacionado con el final de la anterior etapa genera más expectación sobre los propios protagonistas que sobre el crimen en sí.

Protagonistas, por cierto, que sufren una serie de procesos emocionales de lo más errático. Tanto Mireille Enos (Sabotaje) como Joel Kinnaman (RoboCop) mantienen intactas las bases de sus personajes, pero Sud les lleva por un camino peligroso. Cuando uno sufre una crisis, el otro se mantiene firme. Y viceversa. Da la sensación en muchos momentos de estar ante una especie de toma y daca emocional en el que ninguno gana, lo que desdibuja sensiblemente a los personajes y, por extensión, el corazón de The killing. Buena parte de la responsabilidad de todo esto recae en el hecho de que ni el caso que investigan permite una obsesión como la de temporadas anteriores (por mucho que pretendan introducirlo con calzador en esa especie de relación materno filial con el sospechoso) ni genera los puntos de vista dispares entre los dos policías.

La problemática principal proviene, sin duda, de la longitud de esta cuarta temporada. La complejidad que tradicionalmente han tenido los personajes va en relación a la complejidad de los asesinatos que investigan. Tratar de introducir todo eso en apenas seis episodios es tarea imposible, y el resultado lo demuestra. Las intrigas policiales del asesinato se intuyen desde aproximadamente el tercer episodio; los dilemas morales que se extienden desde la temporada anterior se abordan de forma rápida y algo burda (dicho de otro modo, pierden los papeles demasiado rápido); y la resolución de ambas líneas argumentales se produce por una especie de deus ex machina disfrazado de uno de los personajes más importantes de la primera temporada.

Un final ‘made in Hollywood’

Aunque si algo bueno tenía The killing era su poco respeto por las estructuras tradicionales de Estados Unidos. Nutriéndose de la influencia del original (Forbrydelsen), la serie había sido capaz de crear unas complejas líneas argumentales en las que casi todos los personajes eran sospechosos de algo. En este sentido, sus responsables optaron por un desarrollo ajeno al “final feliz” tradicional de Hollywood, ofreciendo una serie de giros narrativos interesantes y determinantes para la trama. Tanto en el primer caso como en el segundo. Todo eso, empero, desaparece en esta última historia.

No me refiero con esto a la forma en que se solventa el caso arrastrado de la tercera temporada. Tampoco a la conclusión del crimen, algo previsible y con una argumentación un tanto burda. El problema reside en esa especie de secuencia anexa al resto que, vista en perspectiva, carece de sentido dramático alguno. Que los dos protagonistas terminen sugiriendo un futuro juntos teniendo en cuenta que en ningún momento se ha abordado el aspecto romántico es algo que chirría en todos los sentidos, sobre todo por la evolución que han sufrido los personajes.

El rol de Enos ha alcanzado a lo largo de las temporadas un grado de psicosis y de obsesión por su pasado y por los casos que investiga realmente alto. Por otro lado, la reconversión del policía al que da vida Kinnaman se entiende por la relación y la paternidad que está a punto de experimentar. La conclusión es que dichos personajes no solo pueden rehacer sus vidas de forma independiente, sino que el hecho de estar juntos resulta incluso contraproducente, sobre todo para él. Es por ello que la conclusión que se antoja más lógica es la que se produce unos minutos antes del final, con el personaje femenino yéndose en coche y él volviendo a su hogar.

Introducir ese final, que por cierto nada tiene que ver con las motivaciones iniciales de la temporada (es decir, no está relacionado con ninguno de los casos policiales) obliga al espectador a asistir a un final que, además, apenas encuentra explicación en el diálogo que mantienen los personajes. Nada se sabe de los motivos de cada uno para encontrarse en la situación que se encuentran años después. Lo único que parece estar claro es que sus vidas separados son tan grises como el ambiente de Seattle en el que transcurre la ficción. Y eso, para una serie que encuentra explicación para el más ínfimo detalle, es algo de difícil argumentación.

Parece evidente que esta última temporada de The killing se ha planteado simplemente como una conclusión a la historia de sus protagonistas, no como una auténtica trama en la que los personajes deban enfrentarse a sus propios miedos a través de un nuevo crimen. La duración de esta conclusión y, en consecuencia, el desarrollo de las dos tramas principales así lo confirman. Con todo, el balance general de la temporada no es excesivamente malo si no se atiende demasiado a ese epílogo propio de un drama romántico ‘made in Hollywood’ que choca frontalmente con el sentido general de la producción. Una finalización, por tanto, que viene a representar las idas y venidas de una serie que habría merecido algo mejor en su despedida.

El cine para adolescentes invade la cartelera española


Estrenos 19septiembre2014La segunda mitad del mes de septiembre va camino de convertirse en una tierra de nadie para las novedades que están por llegar. Hoy, viernes 19, son muchos los estrenos que aterrizan en la cartelera española, pero ninguno de ellos presenta a priori la fuerza necesaria para convertirse en un gran éxito. Por supuesto, todo puede ocurrir, pero teniendo en cuenta que los títulos con más peso de la semana (o lo que es lo mismo, aquellos con mayor distribución) van dirigidos a públicos muy concretos, no sería extraño que ninguno de ellos lograse marcar una diferencia significativa. Eso sí, los adolescentes tienen en esta ocasión un protagonismo especial.

Y es que las tres principales películas norteamericanas compiten por su atención. La primera de ellas es El corredor del laberinto, nuevo intento de iniciar una saga cinematográfica para los más jóvenes, en esta ocasión basada en las novelas de James Dashner. Ópera prima de Wes Ball, su trama gira en torno a un chico que un día despierta en un descampado rodeado de varios jóvenes y sin recordar nada de su pasado. La única forma de salir del claro es atravesando un ciclópeo laberinto que se abre durante el día y se cierra durante la noche, momento en el que no solo cambia su diseño, sino que unas criaturas campan a sus anchas por el entramado de altas paredes. El reparto está formado por Dylan O’Brien (Los becarios), Thomas Brodie-Sangster (serie Juego de Tronos), Kaya Scodelario (Ahora y siempre), Will Poulter (Somos los Miller), Aml Ameen (Red heart) y Blake Cooper (Prosper), entre otros.

Muy distinta es Si decido quedarme, drama romántico que adapta la novela de Gayle Forman y que sigue la vida de una joven cuya vida parece encaminada a conseguir todo lo que se proponga. Sin embargo, un terrible accidente la dejará al borde de la muerte. Será en ese momento cuando deba sopesar todos los aspectos de su vida y decidir si vive o si finalmente muere. R.J. Cutler, habitual director de series, entre las que se encuentra Nashville, es el encargado de poner en imágenes el guión y de dirigir a Chloë Grace Moretz (Kick-Ass 2. Con un par), Mireille Enos (Sabotage), Liana Liberato (Un invierno en la playa), Lauren Lee Smith (Three days in Havana), Jamie Blackley (El quinto poder) y Stacy Keach (Nebraska).

Otro de los estrenos estadounidenses es Así en la Tierra como en el Infierno, thriller de terror que vuelve a explotar el formato footage para abordar, en esta ocasión, el viaje de un grupo de exploradores a las catacumbas de la ciudad de París en la que los huesos sin catalogar y los tortuosos pasillos forman un laberinto que encierra un oscuro secreto. Cuando el grupo desvele la verdadera función de esta ciudad de los muertos se desatará un terror inimaginable. Dirigida por John Erick Dowdle (La trampa del mal), que también participa en el guión, la película tiene como actores principales a Ben Feldman (Monstruoso), Perdita Weeks (The invisible woman), Edwin Hodge (The purgue: La noche de las bestias), François Civil (Ellas) y Marion Lambert.

Nicolas Cage (El aprendiz de brujo) vuelve a la cartelera española con Joe, drama del 2013 con ciertas dosis de oscuridad que narra el viaje de redención de un ex presidiario cuya vida transcurre pacífica y anónima en un pequeño pueblo de Texas. Su tendencia al alcohol al caer la noche encontrará alivio en la llegada de un joven que busca trabajo para mantener a su familia. Viendo una oportunidad de devolver a la sociedad lo que le quitó, se vuelca con él en su intento de enderezar la vida de ambos. David Gordon Green (Superfumados) dirige esta adaptación de la novela de Larry Brown, mientras que Tye Sheridan (Mud), Heather Kafka (Pit stop), Ronnie Gene Blevins (Samuel Bleaks), Sue Rock (Suicide notes) y Adriene Mishler (Good night) acompañan a Cage en el reparto principal.

Dejamos Estados Unidos para pasar al otro lado de la frontera. Desde Canadá llega La gran seducción, comedia dirigida por Don McKellar (Childstar) en la que un pequeño pueblo canadiense que vive de las ayudas públicas ve una oportunidad de prosperar cuando una importante empresa decide instalar allí una fábrica. La única condición es que haya un médico en el pueblo, algo poco probable. Todo cambia cuando un joven doctor debe pasar allí un mes, iniciándose una estrategia por parte de todos los habitantes para conseguir que se quede de forma permanente. Taylor Kitsch (El único superviviente) y Brendan Gleeson (Pacto de silencio) son los principales protagonistas, a los que se suman Liane Balaban (serie Sobrenatural), Gordon Pinset (serie Los Pilares de la Tierra) y Mary Walsh (Mambo italiano), entre otros.

En cuanto a los estrenos europeos, uno de los más relevantes es la francesa Yves Saint Laurent, que como su propio título indica aborda la vida del famoso diseñador de moda. En concreto, la cinta narra su juventud y auge, así como los demonios internos y el inmovilismo del mundo de la moda a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, contra los que tuvo que luchar durante buena parte de su vida profesional y personal. Basada en el libro de Laurence Benaïm, la película cuenta con Jalil Lespert (24 mesures) tras las cámaras, y con Pierre Niney (Tímidos anónimos), Guillaume Gallienne (Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!), Charlotte Le Bon (La espuma de los días), Laura Smet (Pauline et François), Nikolai Kinski (Fay grima), Ruben Alves (La jaula dorada) y Marie De Villepin (Baikonur) delante de ellas.

Desde Gran Bretaña llega God help the girl, ópera prima de Stuart Murdoch que, en clave musical, narra el drama romántico de una joven que escribe canciones para superar sus problemas emocionales, proceso durante el cual conocerá a una pareja que también utiliza la música para afrontar la encrucijada en la que se han convertido sus vidas. El reparto está compuesto por Emily Browning (Pompeya), Olly Alexander (Grandes esperanzas), Hannah Murray (Código de defensa), Pierre Boulanger (Monte Carlo) y Cora Bisset (Red road).

La única representante española es El amor no es lo que era, drama producido en 2013 que supone el debut en el largometraje de Gabriel Ochoa, quien además participa en el guión. El argumento se centra en tres parejas en diferentes etapas de su relación. Los miembros de una de ellas acaban de conocerse; otra, sin embargo, pasa por un momento de crisis sin comprender qué es lo que está fallando; por último, una pareja que hacía años que no se veía vuelve a reencontrarse. Aida Folch (El artista y la modelo), Alberto San Juan (Mientras duermes), Petra Martínez (Que se mueran los feos), Carlos Álvaez-Nóvoa (De tu ventana a la mía), Blanca Romero (Fin), José Coronado (Los últimos días) y Nicolás Coronado (serie Tierra de lobos) son los principales actores.

La griega Boy eating the bird’s food completa el grupo de novedades europeas de la semana, al menos en lo que a ficción se refiere. Ópera prima escrita y dirigida por Ektoras Lygizos, y estrenada en 2012, este intenso drama sobre los efectos de la crisis griega sigue a un joven contratenor que se ve obligado a robar la comida de su canario para subsistir. Reacio a pedir auxilio a amigos y familiares, con los que parece haber perdido toda relación, su vida transcurre entre los intentos de mantener vivo a su único amigo y las acciones desesperadas por solventar una situación extrema. Con una puesta en escena muy particular, la película tiene un limitado y casi anónimo reparto encabezado por Yiannis Papadopoulos (Antes del anochecer), Kleopatra Peraki, Vangelis Kommatas, Lila Mpaklesi (Paradeisos) y Kharálampos Goyós.

Del 2010 es el último de los estrenos de ficción. Fase 7 es una producción argentina enmarcada en la ciencia ficción que, en clave de thriller, narra la psicosis generada por el temor a un posible contagio de la Gripe A. En concreto, la trama se centra en los vecinos de un bloque de viviendas que harán lo que sea necesario para que la amenaza no llegue a sus hogares. Debut en la dirección de Nicolás Goldbart, quien también escribe el guión, la película cuenta con un reparto integrado por Daniel Hendler (Los paranoicos), Jazmín Stuart (La peli), Yayo Guridi (Bañeros III, todopoderosos), Federico Luppi (La habitación de Fermat) y Carlos Bermejo (Morir en San Hilario).

En lo que al género documental se refiere, Sacro GRA realiza un viaje por el anillo de 70 kilómetros que circunvala Roma. Una zona que, como explican los siete protagonistas de esta historia, no solo está alejado de los grandes monumentos de la ciudad eterna, sino que es un escaparate para los marginados de una capital que no termina de expandirse. La película está dirigida por Gianfranco Rosi (Boatman).

‘Sabotage’: un bosque de testosterona que no deja ver los árboles


Arnold Schwarzenegger protagoniza 'Sabotage', de David Ayer.Como si de uno de sus personajes se tratara, Arnold Schwarzenegger está dispuesto a demostrar que todavía no ha sido derrotado y a recuperar el trono que ostentaba allá por los años 80 y 90 del pasado siglo con películas como Commando (1985), Depredador (1987) o El último gran héroe (1993). Pero ni la época es la misma ni el actor está en la misma forma. Es por eso que películas como la que dirige David Ayer (Dueños de la calle) con irregular fortuna se antoja más una especie de homenaje a un tipo de cine de acción muy tradicional, alejado de grandes efectos digitales y capaces de entretener hasta su último fotograma. Un homenaje a un actor que ha aprendido una valiosa lección: el tiempo obliga a buscar apoyos. Pero todo ello, nostalgia y dinamismo incluidos, no debe impedir al espectador notar las evidentes carencias de un producto inacabado.

La primera y más importante es que su trama, aunque solventa en líneas generales todas las incógnitas que plantea, tiene un desarrollo algo intermitente. Mientras que en su primera mitad la acción es prácticamente constante, desde el momento en que la investigación sobre la muerte de los miembros del equipo toma el control el film pierde músculo y ralentiza notablemente su dinamismo. Esto no sería algo negativo si no fuera por el hecho de que su forma de abordar la intriga deja una serie de vacíos narrativos que el espectador debe rellenar por su cuenta y riesgo, lo que generará no pocos quebraderos de cabeza. Y al mismo tiempo, esto tampoco sería un problema si los personajes no quedaran relegados a la mínima expresión hacia el final del metraje.

En efecto, los problemas del arco narrativo pueden tolerarse gracias a una puesta en escena dinámica que ofrece algunos hallazgos interesantes, como aquellos en los que dos líneas temporales distintas se presentan entrelazadas. La acción del film, unido a unos diálogos que despertarán la nostalgia de más de uno, puede ser motivo suficiente para dejarse llevar. Empero, los personajes frenan el desarrollo hasta el punto de convertirse en meros peleles al servicio del gran maestro Schwarzenegger, quien por cierto se reserva uno de esos finales para quitarse el sombrero (la expresión de su rostro al ver que ha recibido un disparo tras acabar con todo un bar de matones es impagable). Pero volviendo a los secundarios, son ellos los que generan más interés en los primeros compases de la historia, ofreciendo un crisol de personalidades que podrían haber dado mucho más de sí, sobre todo las de Sam Worthington (Avatar) y Joe Manganiello (Qué esperar cuando estás esperando). La única que se salva es Mireille Enos (Guerra Mundial Z), cuya evolución es una carrera hacia delante en una espiral de violencia y paranoia de lo más interesante.

Así las cosas, Sabotage es lo que cabría esperar de este tipo de cine. Acción, violencia, diálogos tópicos y chistes sin demasiada gracia. Las bazas con las que juega son conocidas, o deberían serlo, por el espectador antes incluso de comprar la entrada. Y en este sentido cumple, y de qué manera, con su función. Pero rascando un poco la superficie uno puede encontrarse con una trama que, aunque interesante, se pierde en un laberinto de mentiras e intereses. David Ayer, quien vuelve a demostrar una cierta personalidad formal, no es capaz de dar forma al thriller que se esconde bajo tantos tiros y tantos cadáveres. Da la sensación de que podría haber llegado a algo más si hubiera tenido un poco más de trasfondo, de que en este caso el bosque no deja ver los árboles. Pero bueno, al fin y al cabo es una cinta para pasar el rato y para rememorar esos años dorados del cine de acción. Y para eso es ideal.

Nota: 6/10

Schwarzenegger trata de recuperar su estatus con un ‘Sabotage’


Estrenos 11julio2014El verano cinematográfico de este 2014 está siendo, cuanto menos, de perfil bajo. Aquellos que sigan viernes tras viernes las novedades que llegan a la cartelera habrán notado que muchos de los estrenos en principio más relevantes carecen de grandes estrellas o de tramas propias de esta época. Hoy, 11 de julio, los estrenos mantienen esa tendencia, pues salvo un thriller de acción a la antigua usanza, el resto de films se enmarcan en general en comedias amables y dramas sociales y románticos. Todo a la espera de que empiecen a llegar los grandes títulos, algo que ocurrirá la semana próxima. Por ahora, aquí va un resumen de estas nuevas películas.

Quizá un síntoma del fenómeno mencionado es el hecho de que uno de los films más relevantes es Sabotage, propuesta de acción e intriga que recupera la época dorada del género, tanto por su estrella como por la temática y el estilo visual utilizado. La historia gira en torno a las relaciones creadas en un grupo especial de la DEA encargado de las misiones más peligrosas y brutales. En una de esas misiones se hacen con una importante suma de dinero que logran esconder. Cuando algún tiempo después los agentes empiecen a morir uno a uno el equipo deberá investigar quién está detrás de todo sin poder confiar en nadie. Dirigida por David Ayer (Sin tregua), la película es un nuevo intento por parte de Arnold Schwarzenegger (Terminator) de recuperar un trono que perdió en los 90. Eso sí, para ello se rodea de un puñado de actores conocidos, entre los que destacan Sam Worthington (Avatar), Terrence Howard (Prisioneros), Olivia Williams (El sexto sentido), Joe Manganiello (serie True Blood), Max Martini (Pacific Rim), Mireille Enos (Guerra Mundial Z) y Josh Holloway (serie Intelligence).

Diametralmente opuesta es la temática de Más allá del amor, drama romántico adolescente basado en la novela de Scott Spencer que se encarga de dirigir Shana Feste (El mejor). Su trama aborda la relación entre una chica privilegiada y un joven carismático cuya pasión tendrá que luchar contra las opiniones de ambas familias, opuestas a dicho amor. Alex Pettyfer (Soy el número cuatro) y Gabriella Wilde (Carrie) son los principales protagonistas, a los que acompañan Robert Patrick (Terminator 2: El juicio final), Bruce Greenwood (El vuelo), Rhys Wakefield (The Purge: La noche de las bestias), Dayo Okeniyi (Runner Runner), Joely Richardson (Luces rojas) y Emma Rigby (El médico).

Igualmente distinta es otro de los estrenos que nos llegan de Estados Unidos. Producida en 2013, La batalla del año 3D es un musical dirigido por Benson Lee que se basa en un documental dirigido por el mismo director titulado Planet B-Boy (2007). Con la presencia de bailarines de hip-hop profesionales, la cinta narra los intentos de un antiguo y exitoso bailarín que, gracias a la fortuna que ha amasado, pretende devolver a Estados Unidos su lugar en las competiciones de baile. Para ello contrata a antiguos colaboradores, pero nuevos retos se le presentarán al tener que lidiar con los egos de las nuevas estrellas. Entre sus intérpretes encontramos a Josh Holloway, que también estrena Sabotage, Laz Alonso (Jugada perfecta), Josh Peck (Red Dawn), Caity Lotz (serie Arrow), el rapero Chris Brown (Ladrones) y el bailarín Jon ‘Do Knock’ Cruz.

Con más retraso nos llega Un plan perfecto, estrenada en 2012. Ópera prima escrita y dirigida por la actriz Jennifer Westfeldt (serie 24), quien se reserva un papel en el film, su argumento gira en torno a seis amigos cuya relación se ve marcada por la llegada de sus bebés. Mientras que los problemas crecen en los matrimonios a medida que van teniendo más niños, los dos únicos miembros de la pandilla que todavía permanecen solteros deciden tener un hijo mientras mantienen su independencia para salir con otras personas. La película, que se encuentra a medio camino entre la comedia coral y el drama, cuenta con Adam Scott (La vida secreta de Walter Mitty), Maya Rudolph (La boda de mi mejor amiga), Kristen Wiig (Casi perfecta), Megan Fox (Transformers), Chris O’Dowd (Calvary), Jon Hamm (serie Mad Men) y Edward Burns (Salvar al soldado Ryan).

Dejamos Estados Unidos para hablar del único estreno español de la semana, La cueva, historia de terror que comienza cuando un grupo de cinco amigos decide ir a pasar sus vacaciones en Formentera, donde durante varios días recorren los rincones más hermosos y desconocidos de la isla. Ataviados únicamente con sus mochilas, una de sus exploraciones les lleva a una cueva que deciden explorar. La situación se volverá insostenible cuando ninguno de ellos logre encontrar el camino de vuelta y tanto el agua como la comida empiecen a escasear. Alfredo Montero (Niñ@s) es el encargado de poner en imágenes un guión en el que también participa, mientras que Marta Castellote, Xoel Fernández (Mataharis), Eva García-Vacas (Holmes & Watson. Madrid days), Marcos Ortiz (La chispa de la vida) y Jorge Páez dan vida a los cinco amigos.

Otro título importante de la semana es El abuelo que saltó por la ventana y se largó, éxito sueco del 2013 que adapta la novela de Jonas Jonasson. El film sigue las peripecias de un abuelo que en el día de su 100 cumpleaños se escapa de su residencia. Rápidamente se ve envuelto en una trama criminal al robar una importante suma de dinero a un conocido capo. Aunque capturarle podría parecer sencillo, el anciano no es un hombre cualquiera. Su vida ha estado plagada de momentos imprescindibles en la Historia de la Humanidad, conociendo a personajes tan relevantes como Stalin, Hitler, Franco o Reagan. Dirigida por Felix Herngren (Varannan vecka), en el reparto de la película destacan Robert Gustafsson (Fyra nyanser av bruna), Iwar Wiklander (Las huellas imborrables), David Wiberg, Mia Skäringer (Mammas pojkar), Jens Hultén (Más allá de la frontera), Bianca Cruzeiro y Alan Ford (Snatch: Cerdos y diamantes).

Desde Reino Unido aterriza en España el drama romántico Ahora y siempre, film del 2012 con un interesante reparto que adapta la novela de Jenny Downham para contar cómo una joven diagnosticada con una enfermedad terminal se enfrenta al mundo a través de una lista de tareas que toda adolescente debería realizar. Y aunque poco a poco logra hacer su sueño realidad, la llegada de un nuevo vecino pondrá su mundo patas arriba. Tras las cámaras encontramos a Ol Parker (Rosas rojas), mientras que frente a ella se dejan ver nombres como los de Dakota Fanning (La guerra de los mundos), Jeremy Irvine (Grandes esperanzas), Olivia Williams, que repite estreno, Kaya Scodelario (Shank) y Paddy Considine (El ultimátum de Bourne).

También de 2012 es la co producción entre Alemania y Noruega titulada Dos vidas, una combinación de thriller y drama que dirigen a cuatro manos Georg Maas (NeuFundLand) y Judith Kaufmann, quien debuta de este modo en la dirección. Su trama se ambienta en Europa unos años después de la caída del Muro de Berlín. Una “hija de la guerra” (fruto del amor entre un soldado alemán y una mujer noruega), solicitada para declarar contra el estado noruego, se niega a colaborar en el juicio. Su reacción tendrá consecuencias inesperadas cuando toda su vida se vaya desmoronando poco a poco al descubrirse todos los secretos y mentiras sobre los que se construyó su infancia y la de sus hijos. Una situación que obligará a todos los miembros de la familia a posicionarse a su lado o contra ella. Juliane Köhler (El hundimiento), Liv Ullmann (Sonata de otoño), Sven Nordin (Ulykken), Ken Duken (Mi último día sin ti), Julia Bache-Wiig (En gansee snill mann) y Rainer Bock (Passion) son los actores principales.

Por último, hay que hablar de Borgman, thriller escrito y dirigido por Alex van Warmerdam (Los norteños) cuya historia se centra en un hombre que vive bajo tierra en un refugio que él mismo ha construido. Su vida, similar a la de otras personas, se ve alterada cuando un grupo de hombres armados, entre ellos un sacerdote, acudan al bosque en el que se esconde con la intención de matarle. El reparto está formado por Jan Bijvoet (Alabama Monroe), Hadewych Minis (Loft), Jeroen Perceval (Bullhead), Tom Dewispelaere (Frits en Freddy) y el propio Warmerdam.

T. 3 de ‘The killing’, personajes más complejos para un nuevo crimen


Mireille Enos y Joel Kinnaman investigan otro caso en la tercera temporada de 'The Killing'.Así como hay libros que se adaptan a la televisión o al cine, hay productos audiovisuales que perfectamente podrían convertirse en una novela, tanto por su trama como por las idas y venidas de su producción. No cabe duda de que uno de esos casos es The killing, versión norteamericana de la serie Forbrydelsen, que a principios de agosto finalizó su tercera temporada en Estados Unidos y que, tras dos cancelaciones y dos resurrecciones, finalmente verá una cuarta temporada a modo de epílogo que aporte una cierta coherencia a la conclusión, sobre todo, de los personajes. Y no deja de resultar curioso, la verdad, que un producto tan interesante como este haya tenido tantos problemas para seguir adelante, sobre todo teniendo en cuenta las numerosas producciones sin alma propia que circulan por los canales públicos y de pago.

Por cierto, lo de “alma propia” no es casualidad. Si la primera temporada se planteó como un remake puro y duro del original danés, la segunda dio un giro radical, no solo por alargar la trama de la primera parte (hay que recordar que en la versión europea cada caso es una temporada), sino por ofrecer una resolución radicalmente distinta, demostrando entre otras cosas que la serie tiene algo que ofrecer. Ahora, esta tercera temporada de 12 episodios va un paso más allá y narra un caso completamente distinto del original (al menos del que correspondería al segundo caso en Dinamarca) y se postula como una obra única, independiente y, sobre todo, muy interesante en sus propios giros argumentales. Para aquellos que no hayan visto todavía la temporada, esta comienza presentando a los personajes unos meses después de la conclusión del anterior caso de la joven desaparecida. Sarah Linden (Mireille Enos) trabaja en un puerto y Stephen Holder (Joel Kinnaman) tiene un nuevo compañero con el que debe iniciar la investigación del brutal asesinato de una joven prostituta. Pronto el caso queda relacionado con otro que Linden investigó hace años y por el cual un hombre está en el corredor de la muerte, uniendo de nuevo sus caminos para resolver el rompecabezas.

Evidentemente, y aunque la premisa inicial pueda parecer sencilla, esta nueva temporada de The killing posee todos los elementos que caracterizan a la serie, desde la compleja psicología del personaje de Mireille Enos (Guerra Mundial Z) hasta los oscuros recovecos de una investigación que tiene múltiples callejones sin salida, numerosos sospechosos y un trasfondo social y criminal mucho más complejo de lo que podría esperarse. Y al igual que en otras temporadas, el villano de la función queda oculto hasta el final, iniciando un juego con el espectador por adivinar la verdadera identidad que normalmente perderemos los que estamos a este lado de la pantalla. Este es, entre otros, el mayor aliciente de la producción. La facilidad de su creadora, Veena Sud (responsable también del original), para orquestar un sinfín de tramas secundarias con características para convertirse en principales pero sin llegar nunca a serlo es fascinante. Curas con un pasado oscuro, un hombre inocente y sospechoso al mismo tiempo en el corredor de la muerte, un joven con unos gustos sexuales un tanto especiales. Todos y cada uno de ellos de una profundidad moral y psicológica que normalmente no tienen secundarios de este tipo y, por tanto, todos con unas grandes posibilidades de convertirse en villanos.

Sin duda es este el otro gran atractivo de la serie, derivado del anterior. En todo momento de esta tercera temporada la serie se toma muy en serio a cada personaje. Apenas deja nada al azar, e incluso aquello que uno no llega a comprender o que puede parecer inconexo encuentra su explicación en la revelación del último episodio, por cierto mucho más impactante y perturbadora que la de la segunda temporada y, en cierto sentido, que las de la serie danesa. La calidad de los personajes, más allá de los protagonistas (de los que hablaremos a continuación), es lo que convierte a la serie, independientemente de sus tramas bien estructuradas o de un diseño visual que le debe mucho, muchísimo, a Seven (1995), en una de esas producciones que enganchan desde el primer momento, que mantienen al espectador esperando el siguiente capítulo para encontrar la solución del acertijo. Por cierto, y en relación a la película de Brad Pitt, decir a modo de detalle que el final de esta tercera temporada es un claro homenaje al final de aquella.

Intercambio de protagonismo

Aunque si hay algo realmente novedoso en esta temporada de The killing es el flujo de importancia y poder que se ha producido entre sus protagonistas. Si bien es cierto que el personaje de Enos sigue teniendo un peso específico e imprescindible en el caso a investigar, el personaje de Kinnaman sufre, por decirlo de algún modo, una evolución camaleónica para convertirse, psicológicamente hablando, en un rol muy similar al de su compañera. En otras palabras, la obsesión que caracterizó a Sarah Linden en temporadas anteriores queda ahora en manos de Stephen Holder. Un cambio que, personalmente, se agradece, entre otras cosas por Kinnaman demuestra un carisma pocas veces visto hasta ahora que lo convierte, por derecho propio, en el protagonista de la trama. No sé si atribuirlo a su aumento de peso (posiblemente para protagonizar RoboCop) o a la consciente importancia que se le otorga en la historia, pero desde luego hace sombra, casi literalmente, al resto del reparto. Y eso que no estamos hablando de malos actores.

Lo cierto es que, mientras en las temporadas anteriores la práctica totalidad del interés recaía en la protagonista, esta nueva tanda de capítulos reparte ese peso, permitiendo a la serie ganar en interés y crecer no solo dramáticamente, sino en complejidad. Queda así, por tanto, solventado uno de los problemas, por decir algo, que se daban antes: la proliferación de secundarios sin recorrido. El hecho de repartir un caso policial en dos temporadas obligaba a sacarse de la manga un sinfín de posibles villanos cuyo desarrollo era mínimo. Ahora, sin embargo, la limitación temporal y de personajes (por cierto, más tradicional dentro del género) obliga a una mayor evolución, a una presentación más profunda de sus motivaciones y de sus claroscuros. La mejor prueba de que se ha mejorado en este sentido es el personaje de Peter Sarsgaard (Blue Jasmine), el reo en el corredor de la muerte cuya trama personal en la cárcel corre en paralelo a la principal casi hasta el final. Por cierto, un final crudo, difícil y asépticamente bello en su resolución.

Su complejidad juega en todo momento con la idea de que existe algo más de lo que se cuenta en un primer momento sobre él, algo que se desvela progresivamente durante la temporada y en proporción directa a la proximidad de su ejecución. Es más, podría decirse que su arco dramático con los demás presos y los guardias es una serie en sí misma. Pero no es el único personaje interesante. El papel de Elias Koteas (Shutter Island) y, sobre todo, su pasado con el personaje de Enos, es uno de esos roles capaces de aportar algo casi con su mera presencia, por no hablar de la resolución que se le da al trío amoroso entre él, su mujer y Linden.

Todo ello, en definitiva, convierten a esta tercera temporada de The killing en una entrega mucho más completa y compleja que sus predecesoras, con un trasfondo social y criminal más interesante y con unos personajes mucho más desarrollados. El hecho de aprovechar al máximo las cualidades de los dos protagonistas ofrece, además, muchas más salidas narrativas al conjunto de la producción. El riesgo que se corre, claro está, es el de derivar en una serie típica con pareja de policías en el centro de la trama. Sin embargo, ni el tono general de la serie ni el futuro parece que lo vayan a permitir. Tan solo seis episodios es lo que tendrá la cuarta temporada, según las informaciones publicadas. Lo justo para resolver la complicada situación en la que terminan estos últimos 12 capítulos. Lo justo para cerrar como se merece una serie como esta.

Brad Pitt se enfrenta a los zombis… y a los pitufos


Estrenos 2agosto2013Ya está aquí. Hoy viernes, 2 de agosto, llega a las pantallas de toda España el que es uno de los fenómenos cinematográficos del verano. Su calidad será mejor o peor, gustará más o menos y casi con toda probabilidad levantará pasiones en uno y otro sentido, pero no cabe ninguna duda de que la fórmula Brad Pitt (12 monos) y zombis es uno de los mayores reclamos de la época estival. Prueba de ello es el poco número de películas que han decidido estrenarse el mismo día, más o menos como ocurre con este tipo de blockbusters. Con una excepción: en la lucha por la recaudación se posiciona firme otro proyecto de características opuestas pero que será sin duda otro éxito veraniego.

Parece claro, por tanto, que el estreno de la semana es Guerra Mundial Z, adaptación de la novela homónima de Max Brooks que, sin embargo, guarda pocos parecidos con el contenido de la misma. El film da inicio cuando un extraño virus convierte a las personas en seres irreconocibles, inconscientes, feroces y violentos. Lo más peligroso es que el virus se transmite por un simple mordisco, por lo que su expansión a nivel mundial es rápida y exponencial. En este contexto un antiguo investigador de las Naciones Unidas debe volver a su peligroso trabajo para encontrar la fuente de la infección, conseguir una vacuna y salvar a su familia. Más que terror y tensión la película, dirigida por Marc Forster (007: Quantum of Solace), lo que promete es acción y efectos espectaculares tanto en 2D como en 3D. Eso y el atractivo de su estrella, un Brad Pitt que se embarca en un proyecto en el que está acompañado por un grupo de estrellas de la televisión y del cine como Mireille Enos (serie The killing), James Badge Dale (serie Rubicón), Matthew Fox (el inolvidable Jack Shephard de Perdidos), David Morse (Shangai), Daniella Kertesz (serie Ha-Emet Ha’Eroma) y Ludi Boeken (Lucky Punch).

El otro gran estreno es Los pitufos 2, llamado a ser uno de los mayores éxitos entre los más pequeños. Continuación de la película de 2011, la trama vuelve a contar los intentos del brujo Gargamel por acabar con los pitufos. En esta ocasión su plan pasa por crear una copia de los pequeños seres azules, pero una vez creados comprende que su plan solo puede tener éxito con la esencia de un pitufo. El hecho de que Pitufina conozca la forma de derrotarle lleva al malvado brujo a secuestrarla y trasladarla a París, por lo que el resto de la aldea irá en su búsqueda, reuniéndose de nuevo con sus amigos humanos. Como toda buena continuación, no solo mantiene los elementos que convirtieron a su predecesora en un éxito, sino que repiten la mayoría del equipo de la primera entrega. Así, el director es Raja Gosnell (Nunca me han besado), quien dirige a Neil Patrick Harris (serie Cómo conocí a vuestra madre), Hank Azaria (Godzilla), Jayma Mays (serie Glee) y Brendan Gleeson (Troya) en los papeles humanos y a Katy Perry, Christina Ricci (Monster), Anton Yelchin (Star Trek: En la oscuridad) y Shaquille O’Neal (Scary Movie 4) como las voces de algunos de los pitufos.

Terminando con los estrenos norteamericanos, toca centrarse en los europeos. Uno de ellos es Lo que el día debe a la noche, intenso drama romántico que se basa en el libro de Yasmina Khadra. La historia gira en torno a un joven que es cuidado por su tío en Argelia después de que su padre se haya quedado arruinado. Su vida pasará en un ambiente privilegiado de fuertes lazos de amistad que no lograrán romper ni la II Guerra Mundial ni los nacionalismos surgidos en esa época. Sin embargo, la llegada de una joven que se convierte en el objeto de deseo de todos ellos pondrá a prueba todas sus relaciones. Dirigida por Alexandre Arcady (Mariage mixte), quien también participa en el guión, la película está protagonizada por Nora Arnezeder (El ladrón de palabras), Fu’ad Aït Aattou (Une vieille maîtresse), Anne Parillaud (Deadlines), Vincent Perez (Cyrano de Bergerac) y Anne Consigny (La escafandra y la mariposa), entre otros.

Benedek Fliegauf (Tejút) es el autor de Sólo el viento, drama co producido entre Alemania, Hungría y Francia en 2012 que narra el día a día de una familia gitana a las afueras de Budapest cuyos miembros deben ocultar sus orígenes tras el asesinato de cinco familias zíngaras. El reparto está integrado por una serie de actores noveles como son Katalin Toldi, Gyöngyi Lendvai, Lajos Sárkány y György Toldi.

Por último, y realizada en 2011, llega a la cartelera la producción alemana Romeos, drama social cuya trama se centra en un joven transgénero cuyos sueños en la gran ciudad se ven truncados cuando debe hacer servicios comunitarios en una residencia de mujeres en la que será el único hombre, algo que terminará provocándole mucha ansiedad. Ópera prima de Sabine Bernardi (que escribe y dirige), el reparto principal está compuesto por Rick Okon (Rock it!), Maximilian Befort (Emil y los detectives), Liv Lisa Fries (La ola) y Felix Brocke.

Los gangsters se enfrentan a mamás y marginados en los estrenos


Estrenos 8febrero2013.Tras un fin de semana bastante flojo en lo que a estrenos y, sobre todo, recaudación se refiere, el 8 de febrero no llega tampoco excesivamente cargado, aunque las expectativas puestas en los nuevos títulos sí son mayores. Tanto por los nombres que refrendan las películas como por las temáticas, las nominaciones o el éxito que han tenido en los países donde se han estrenado, los estrenos de este viernes se antojan interesantes y esperanzadores de cara a mover una taquilla que, ante la falta de interesantes propuestas, lleva prácticamente inmóvil unas tres semanas.

El primero de estos estrenos es Gangster Squad, subtitulada en España Brigada de élite. Dirigida por Ruben Fleischer (Bienvenidos a Zombieland) y basada en una novela de Paul Lieberman, la trama se inspira en los personajes y sucesos ocurridos en la década de los 50 en Los Ángeles, años en los que el mafioso Mickey Cohen era el dueño de la ciudad californiana. Su control sobre las drogas, el juego y la policía es absoluto, pero un grupo de adjuntos al Departamento de Policía plantará cara a su reinado, iniciando una guerra sin cuartel entre los dos bandos. Acción y cine negro son los dos grandes ingredientes de esta historia que protagonizan Sean Penn (Un lugar donde quedarse), Josh Brolin (Valor de ley), Ryan Gosling (Los idus de marzo), Emma Stone (Rumores y mentiras), Anthony Mackie (Dime con cuántos), Robert Patrick (Golpe de efecto), Michael Peña (Sin tregua), Giovanni Ribisi (Contraband) y Mireille Enos (serie The killing).

Seguimos con una de terror. Mamá, coproducción entre España y Alaska, ha sido la gran revelación en Estados Unidos. Con Guillermo del Toro (El laberinto del fauno) como productor ejecutivo, el film se presenta como la nueva vuelta de tuerca del género. Todo comienza cuando una pareja se entera de que sus sobrinas, desaparecidas hace cinco años cuando su padre mató a su madre, han estado viviendo en una cabaña en el bosque. Resulta increíble que hayan sobrevivido, por lo que deciden acogerlas y ofrecer a las pequeñas un hogar, pero pronto comprenderán que algo más ha llegado a la casa con ellas. Algo que ha estado cuidando de ellas durante todos esos años. Dirigida por Andrés Muschietti, la obra está basada en un cortometraje del mismo título realizado por el director, quien debuta así en el largometraje. Frente a la cámara encontramos a Jessica Chastain (La noche más oscura), Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de Tronos), Megan Charpentier (Jennifer’s body), Isabelle Nélisse (Whitewash), Daniel Kash (En el camino) y Javier Botet ([REC]).

Stephen Chbosky es el gran protagonista de otro de los estrenos del fin de semana. Él es el autor de Las ventajas de ser un marginado, drama romántico adolescente con un sabor independiente, fresco y novedoso que no solo está escrito y dirigido por el realizador (en la que es su ópera prima), sino que también está basado en su libro. El argumento gira en torno a un inteligente joven que, como ocurre en estos casos, es un marginado en su instituto. Todo cambia cuando dos populares y carismáticos hermanos deciden acogerle bajo sus alas y abrirle las puertas a todo un mundo de nuevas experiencias que parecían vetadas para él. Sin embargo, este cambio también hará que se abran viejas heridas y sacará a flote un secreto celosamente guardado. Los principales protagonistas son Logan Lerman (Percy Jackson y el ladrón del rayo), Emma Watson (saga Harry Potter) y Ezra Miller (Tenemos que hablar de Kevin), a los que acompañan, entre otros, Dylan McDermott (En campaña todo vale), Kate Walsh (serie Sin cita previa), Tom Savini (Abierto hasta el amanecer), Paul Rudd (La cena) y Joan Cusack (Confesiones de una compradora compulsiva).

Otra producción española, aunque esta vez de forma íntegra, es Muertos de amor, comedia dirigida por Mikel Aguirresarobe, quien da el salto al largometraje con esta propuesta en la que un joven que hace algún tiempo perdió un brazo en un accidente, y con ello su trabajo, vive consumido por los celos amorosos provocados por la idea de que su mujer le pueda traicionar con los hombres que se cruzan en su vida. Miedo que se acrecentará cuando ella entre a trabajar en el restaurante de un famoso cocinero muy conocido por ser un Don Juan. La película está protagonizada por Javier Veiga (Escuela de seducción), Marta Hazas (Lo contrario al amor), Ramón Esquinas (Amigos…), Ivan Massagué (Déjate caer), Cesc Casanovas y Carmen Ruiz (En fuera de juego).

Desde el continente americano nos llega la siguiente propuesta, y nunca mejor dicho. Producida a tres bandas entre Estados Unidos, Chile y México, No narra la delicada situación de un publicista contratado en 1988 para diseñar la campaña a favor del NO al apoyo al gobierno de Augusto Pinochet en Chile. Una misión audaz y arriesgada que deberá sortear la vigilancia del Gobierno y que contará con unos recursos muy limitados. Dirigida por Pablo Larraín (Post Mortem), quien se encarga también de la adaptación de la obra de Antonio Skármeta, el film está protagonizado por Gael García Bernal (También la lluvia), junto al que podemos encontrar a Alfredo Castro (La buena vida), Antonia Zegers (La vida de los peces) y Néstor Cantillana (Radio Corazón), entre otros.

Como siempre, concluimos los estrenos del fin de semana con la sección documental, en este caso representada por Marina Abramovic: la artista está presente, obra del 2012 dirigida por Matthew Akers, quien debuta en el largometraje, y Jeff Dupre (Out of the past). El film sigue a la valiente artista durante todo el proceso de una gran retrospectiva de su obra que prepara el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

El subgénero zombi da un salto cualitativo: Trailer de ‘World War Z’


La evolución que han sufrido los grandes monstruos del cine y la literatura daría (y de hecho ya ha producido) para más de un denso libro. Pero mientras los vampiros, los hombres lobo e incluso las momias se han encaminado en general hacia un concepto más aventurero o, si se prefiere, menos terrorífico, el mundo de los zombis se ha mantenido fiel a un concepto mucho más sangriento y visceral. Siempre hay excepciones, como es el próximo estreno de Warm Bodies, en la que un muerto viviente se enamora de una humana y empieza a volverse humano. Con todo, el subgénero zombi ha dado un paso adelante, un salto cualitativo en su concepto de acción, terror y violencia, y este llega con la adaptación de una novela, World War Z, que cuenta nada más y nada menos que con Brad Pitt (Troya) como protagonista, y de la cual podéis ver el trailer al final del artículo.

Hace unos días comentábamos en Toma Dos que Amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder, ofrecía algo más que la simple amenaza de un grupo de muertos vivientes cuyo único objetivo es comer carne humana. Para ello, el director contó con una serie de actores poco dados a este tipo de films considerados tradicionalmente de serie B. Pues bien, la superproducción de Pitt (además de protagonista es productor a través de su compañía, Plan B) utiliza el mismo concepto para dotar de una mayor carga dramática a su historia, centrada en un empleado de las Naciones Unidas que debe recorrer el mundo en busca de una solución a una pandemia mundial de muertos vivientes ante la que los ejércitos y gobiernos nada pueden hacer, y mientras debe proteger a su mujer y sus dos hijas de los constantes ataques del ejército de zombis. En este sentido, cabe señalar que el resto del reparto está integrado por actores como Mireille Enos (la protagonista de The Killing), Eric West (The marriage counselor), Matthew Fox (En el punto de mira) o David Morse (Contact).

Con todo, la cinta apuesta por un estilo absolutamente espectacular en el que la acción prima por encima del resto de elementos (al menos a raíz de lo visto en estas primeras imágenes en movimiento). Grandes planos generales de ciudades en ruinas, inmensos ejércitos de zombis que parecen moverse como si de una plaga se tratara, y huidas desenfrenadas de situaciones peligrosas parecen ser los ingredientes de esta versión de la historia de Max Brooks que adapta Damon Lindelof (uno de los creadores de Perdidos) y dirige Mac Foster (007: Quantum of Solace), algo que ya se deja ver en el sorprendente trailer.

Y es que este director alemán, que hasta hace bien poco no destacaba precisamente por sus cintas de acción, hizo un muy buen trabajo con su particular visión de James Bond, ofreciendo un espectáculo visual y un dinamismo narrativo como pocos en la saga del agente secreto. Dichos elementos ya se dejan intuir en estos primeros minutos gracias, sobre todo, al buen diseño del ejército zombi comportándose de forma impulsiva y creando esa sobrecogedora imagen de la pirámide humana que crece sin control para intentar superar un alto muro. Un entretenimiento en estado puro que llegará a las pantallas el 21 de julio del 2013 en Estados Unidos y el 2 de agosto del mismo año en España.

A continuación tenéis el trailer de World War Z y justo debajo el de Warm Bodies.

La 2ª temporada de ‘The killing’ riza el rizo de la trama original


Es muy poco frecuente el caso de un remake o, si se prefiere, una nueva versión de una misma historia, que sea mejor que la original. Al menos en el ámbito cinematográfico. Carácter de los personajes, connotaciones culturales, entornos únicos. El caso de The killing, sin embargo, peca de muchos errores, pero pocos de ellos tienen que ver con la trama propiamente dicha o con el dibujo de personajes, sino con el concepto de la serie de televisión, muy alejado del original danés. Si la versión interpretada por Sofie Gråbøl (La sustituta), que por cierto hace un cameo en la norteamericana, estaba planteada como un producto autoconclusivo en cada una de sus temporadas, con casos diferentes y personajes nuevos, la versión norteamericana, escrita igualmente por la guionista del original, Veena Sud (serie Caso abierto), dejó muy abierta la primera temporada. Tanto, que fue recibida con más críticas que halagos, y no es para menos, pues suspendía la historia en uno de sus momentos más álgidos.

Sin embargo, que nadie se lleve a engaño. La segunda temporada, lejos de mantener la línea narrativa del original, plantea una historia totalmente nueva, fresca y diferente, con un culpable distinto y un desarrollo de los personajes que poco o nada tiene que ver con lo que ocurre en la danesa. Da la sensación de que Veena Sud optó por frenar la serie para tomar una dirección nueva que llamara la atención del espectador ante la decepción que supuso terminar una primera temporada con todas las cartas todavía boca abajo. Y lo logra, por supuesto. Desde el primer minuto de estos nuevos 13 episodios, los últimos de la serie, por cierto.

Entrando de lleno en el arco dramático principal, hay que reconocer que sigue a grandes rasgos lo ya visto en Forbrydelsen. La pareja de policías, la investigación, la presencia del candidato a la alcaldía a cada paso que se avanza, las tramas de corrupción, la crisis familiar en el entorno de la chica muerta. Pero ahí queda todo. En realidad, plantearse la visión de esta segunda temporada con la trama original es un error importante, aunque eso hará que los giros narrativos tengan una mayor fuerza dramática. Comenzando por el disparo que sufre el concejal y que le deja en silla de ruedas, y continuando con la muerte del que fue culpable en la versión danesa, la historia se complica mucho, muchísimo más.

Porque ese es, quizá, el elemento más significativo de la segunda temporada de The killing: su intento de rizar el rizo. Habrá a quienes les encante la complicada trama urdida por los responsables, y que salpica a prácticamente todos los personajes que, en un momento u otro, han sido sospechosos (y a alguno que nadie podría esperar); otros, por el contrario, creeran innecesaria tanta ida y venida de pistas, sospechas y culpables. En cualquier caso, hay que reconocer que, con estos 13 episodios, el producto norteamericano logra diferenciarse del danés, convirtiéndose ambos en primos o, como mucho, en hermanos.

Diferentes personajes, situaciones forzadas

No solamente cambia la trama. También lo hacen los personajes, aunque algunos sigan manteniendo ese carácter tan único que les diferencia. Hablamos, por supuesto, de Mireille Enos (serie Big love) y su personaje Sarah Linden, que lleva al extremo el carácter obsesivo del original para colocarla al borde de la locura; una locura provocada, todo hay que decirlo, por un apego emocional mayor hacia su compañero, Joel Kinnaman (El invitado), uno de los mejores personajes de esta versión norteamericana y que más desarrollo tiene en esta segunda temporada.

Antes mencionábamos que la trama es mucho más compleja. Esto provoca dos fenómenos que van muy unidos pero que no son exactamente complementarios. Por un lado, existe una profusión de personajes que enriquecen sustancialmente la intriga. Una reserva india, un proyecto urbanístico, una campaña política nueva. Todas las líneas de investigación que se abren y se cierran a lo largo de los capítulos tienen la necesidad de presentar nuevos rostros que, como si de un truco de magia se tratara, distraen la atención de lo que realmente ocurrió, lo que mantiene la tensión y la incertidumbre prácticamente hasta el final, enganchando al espectador capítulo tras capítulo a una historia que, en un determinado punto, parece interminable.

Y es esto lo peor de la serie. En general, todos los elementos poseen una calidad muy alta, sobre todo los dos pilares sobre los que se asienta toda historia policíaca: investigación y personajes. Empero, y en un intento de alargar la temporada hasta los 13 episodios para igualarla con la primera, la historia utiliza demasiados caminos secundarios hasta volverse casi ridícula, obsesiva e innecesariamente oscura. Algunas de las tramas secundarias, si bien interesantes, terminan por no aportar gran cosa a la principal, lo que dificulta el seguimiento del asesinato. Puede que el más claro ejemplo de esta cuadratura del círculo sea el número final de implicados en la muerte de Rosie Larsen (Katie Findlay), personaje que cuenta en esta ocasión con más minutos y alguna que otra frase. Demasiados culpables, algunos sencillamente circunstanciales e innecesarios salvo para otorgar al conjunto de un carácter lacrimógeno.

La verdad es que esta segunda temporada de The killing no solo hace olvidar el original, sino que se erige como un producto casi único en sí mismo, capaz de remediar en unas pocas secuencias el sinsabor que dejó la primera temporada. La conclusión del último episodio, final de temporada y serie, puede que sea una de las resoluciones más tensas de los últimos años, pero el camino hasta llegar allí peca en exceso de longitud narrativa. El cambio de dirección, mucho más política y menos pasional, es atractivo y loable, pero 13 episodios se antojan demasiados.

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