‘La chica del tren’: juegos de memoria


Emily Blunt es 'La chica del tren' que presencia un asesinato.Si al terminar la nueva película de Tate Taylor (Criadas y señoras) uno empieza a recordar Perdida (2014), de David Fincher, es normal. Ambos films comparten una estructura narrativa, una temática y unos personajes cuyos caracteres se parecen vagamente, en algunos casos demasiado. Y evidentemente, la primera sale perdiendo respecto de la segunda. Pero el problema de La chica del tren no es parecerse a algo ya visto, sino su propio concepto de la historia.

Esta película, que adapta la famosa novela de Paula Hawkins, es en realidad un juego de memoria, una intriga basada en las lagunas de una alcohólica. Bajo esa premisa se construye una trama ciertamente débil, tópica como pocas que logra mantenerse a flote principalmente gracias a la labor de sus actores, sobre todo de Emily Blunt (Into the woods) y Justin Theroux (Zoolander 2), que aportan solidez a unos personajes ya de por sí bien construidos. Pero más allá de esto, la historia se revela excesivamente previsible, desvelando el principal secreto a mitad de metraje y, por tanto, dando pistas sobre la identidad del asesino.

Ahora bien, resulta interesante el arco dramático de la protagonista y cómo su mente se reconstruye poco a poco, no solo en los acontecimientos que centran este thriller, sino en un pasado que nos hace creer una cosa para luego revelarnos algo muy diferente. Es aquí donde más similitudes se pueden encontrar con la historia de David Fincher, y también donde la obra de Taylor tiene más debilidades. No en vano, a pesar del efectismo que supone dar un giro a la interpretación dramática de los acontecimientos, la realidad es que la historia deja algunas lagunas importantes que no pueden justificarse con la resolución de la historia.

Y a toda esta irregularidad se suma una narrativa algo pesada y reiterativa de Donovan. Durante muchos momentos La chica del tren quiere incidir en el alcoholismo de la protagonista, en los problemas que eso le genera con todos los que la rodean y en sus propias dudas morales. Y todo ese tiempo se quita de, por ejemplo, desarrollar más la relación con algunos secundarios que podría haber dotado de más carga dramática al giro interpretativo que pretende dar. Al final, la película se hace entretenida, puede que interesante para muchos espectadores, pero tiene más humo que fuego, y la sensación que produce es que pretende jugar más con la memoria que con los hechos ocurridos.

Nota: 6/10

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‘Del revés’: reinterpretar la vida de dentro hacia fuera


Tristeza, Miedo, Ira, Asco y Alegría son las emociones protagonistas de 'Del revés'.Pixar siempre se ha diferenciado de sus más directos competidores en la impecable factura técnica de sus películas. De hecho, cada nueva aventura suponía un reto técnico y artístico. Pero como era de esperar, tarde o temprano eso tenía que terminarse. Ahora bien, estamos hablando, literalmente, de unos genios, de unos avanzados a su época capaces de estremecer y encandilar sin necesidad de diálogos y de diseñar fluidos y movimientos orgánicos tan realistas como la vida misma. Por ello, el reto de su nueva película no estaba en la técnica, sino en el concepto narrado y el modo en que se narra. Y el resultado vuelve a demostrar la enorme distancia que existe con otros estudios, incluida la propia Disney.

Si algo encandila de Del revés es, desde luego, la traducción a la vida real de los acontecimientos que se narran. El paso de la infancia a la adolescencia de una niña de 11 años separada del mundo que siempre había conocido sirve de excusa para explorar un terreno hasta ahora ignoto. Con la aventura como vehículo narrativo, desde luego lo más fascinante del relato es comprender las consecuencias externas que tiene lo que ocurre en la mente de la pequeña. De dentro hacia fuera, como reza el título original. Y en esta deconstrucción de las emociones humanas hay hueco para todo, desde la comprensión de que no todo es blanco o negro (alegría o tristeza) hasta los sacrificios que hace nuestra mente de aquellos aspectos de nuestra infancia que lastran la madurez.

Por supuesto, todo con un colorido y un dinamismo inconfundibles. Habrá quienes quieran tacharla de infantil. Bueno, de todos los títulos de la productora es uno de los que más se ajusta a esta descripción. Pero una breve reflexión sobre el contenido obliga a modificar sensiblemente la valoración para introducir un factor que muchas películas de animación olvidan: este tipo de cine debe estar dirigido tanto a mayores como a pequeños. Y es aquí donde Pixar demuestra por enésima vez que sus cintas nunca podrán pasar de moda porque narran conflictos universales, momentos que todo ser humano ha vivido antes o después.

Es posible que Del revés posea algunos momentos de ralentización narrativa, permitiendo que el interés del público decaiga ligeramente. Sin embargo, toda la película es una genialidad, desde el colorido utilizado hasta el concepto narrativo, pasando por la traducción en imágenes del funcionamiento de los recuerdos, las emociones o el subconsciente. Desde luego, Pixar lo ha vuelto a conseguir, dejando atrás ciertas impresiones que apuntaban a un cansancio creativo. Y por si alguien quiere encontrar algún detalle técnico que marque la diferencia, ahí va uno muy personal: el bebe con el que comienza el film.

Nota: 8,5/10

‘El ultimátum de Bourne’, broche de oro para recuperar la memoria


Si algo ha definido a la saga de Jason Bourne durante sus tres primeras películas es que todas las persecuciones, conspiraciones y revelaciones terminaban cuando comenzaban los títulos de crédito. Poco importa lo rebuscado de su intriga, los riesgos a los que se enfrente el protagonista o los remotos países a los que le lleve su aventura; siempre existía un final cerrado a una trama autoconclusiva. En este sentido, El ultimátum de Bourne, dirigido de nuevo por Paul Greengrass (United 93) en 2007 es la esencia de la trilogía elevada a la máxima potencia, aunque también sirve de broche a una historia mucho mayor que las tres películas y que, en cierto modo, se deja ver en todas ellas.

Porque, en efecto, cada película mostraba la lucha del personaje interpretado por Matt Damon (Green Zone) por alcanzar una vida tranquila alejada del que años atrás fue su trabajo (que ahora ni siquiera recuerda tras una amnesia sufrida durante una misión), pero al mismo tiempo dejaba en el subconsciente la sensación de que había algo más, que siempre quedaría algún problema relacionado con Treadstone que tendría que resolver. En la trama de esta tercera película confluyen, como decimos, tanto una historia propia como el final de dicha sensación oculta. En sí misma, la historia no presenta demasiadas diferencias con otras: en esta ocasión, todo comienza cuando un periodista que sigue la pista de una operación encubierta se topa con Treadstone y con el nombre de Bourne, con quien contacta. Sin embargo, durante la reunión el periodista es asesinado, no sin antes revelar al protagonista algunos detalles de su pasado, lo que le llevará a una nueva búsqueda.

Greengrass compone en este final de trilogía posiblemente una de las obras más difíciles de su carrera. Como buena continuación, la acción se vuelve mucho más física, más eléctrica y más constante, por lo que la trama adquiere mucha más presencia en dichas secuencias, alternándolas con diálogos que, en algunas ocasiones, hacen referencia a hechos de films anteriores. Pero más allá de eso, lo que convierte a este El ultimátum de Bourne es un título a la altura de los demás es que los personajes, tanto el protagonista como los secundarios, adquieren una presencia mucho más significativa en la trama. Muchos de ellos evolucionan de forma atractiva y acorde a la información que el espectador va recibiendo, convirtiendo a villanos en aliados, y a secundarios en auténticos antagonistas.

Dicho esto, y tras ver otros títulos del director, no es descabellado afirmar que es el de mayor libertad creativa. Algunas de las frenéticas secuencias, con saltos de una ventana a otra, persecuciones por callejuelas o luchas cuerpo a cuerpo tan confusas como hipnóticas, no se han vuelto a repetir en ninguna otra, ni siquiera en la bélica Green Zone (2010). Greengrass da en esta conclusión de las aventuras de Bourne todo un recital de buen cine de acción enmarcado en la que posiblemente sea la trama más compleja de las tres. Un cine de acción que huye todo lo que puede de los efectos digitales al más puro estilo Bond para retomar esos orígenes de El caso Bourne (2002) y ensalzarlos para superar lo visto en El mito de Bourne (2004).

¿Quién es Jason Bourne?

Siguiendo esa estela sobre los orígenes del primer título, esta conclusión también toma prestado uno de los elementos más representativos de dicho film: el realismo. No tanto en su aspecto más físico o en el desarrollo de la trama, sino en el carácter de los personajes. Cierto es que las tres películas no habrían sido lo mismo sin el plantel de actores que han desfilado por ellas, algunos más conocidos que otros pero todos ellos realizando un trabajo que supera con mucho la mera profesionalidad, pero en el caso de El ultimátum de Bourne dicha labor alcanza las cotas de la realidad más mundana.

Y es que, a diferencia de otros personajes protagonistas de sagas como Rambo o el propio Bond, Jason Bourne en ningún momento, y más en esta película, parece tener esa aureola de nombre imborrable de la faz de la Tierra. Sí, posee conocimientos que el resto de los mortales apenas vislumbramos; sí, su entrenamiento le permite salir airoso de casi cualquier lucha en la que se ve envuelto. Pero una bala puede hacerle, y de hecho en alguna ocasión lo consigue, muy vulnerable ante aquellos que le persiguen.

El utlimátum de Bourne presenta así a un personaje más cercano que busca desesperadamente encontrar su verdadera identidad. Si en la primera película necesitaba saber de dónde venía, y en la segunda clamaba venganza, en esta última busca, ante todo, recuperarse a sí mismo a través de su nombre y el resto de sus datos, aunque eso le cueste la vida. Curiosamente, el film desvela en este ámbito dos importantes datos: que Jason Bourne no es su verdadero nombre y que un héroe de acción como este puede morir… aunque solo sea para huir de su pasado.

Diccineario

Cine y palabras

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