La 2ª T. de ‘Tyrant’ mejora a pesar de los problemas que arrastra


Adam Rayner vuelve a luchar por el poder en 'Tyrant'Cuando una serie apuesta por un tipo de estructura y por, digamos, un nivel dramático concreto, es muy difícil que pueda desprenderse de esos límites auto impuestos. Los casos más evidentes de éxito suelen coincidir en un golpe de efecto en la primera temporada o, al menos, en la introducción paulatina de cambios a lo largo de los primeros episodios. Por eso el caso de Tyrant es un buen ejemplo de un querer y no poder, de tratar de profundizar en la idea pero manteniendo al mismo tiempo un tratamiento ligero, casi telenovelesco.

La segunda temporada de esta serie creada por Howard Gordon, Gideon Raff (autores ambos de Homeland) y Craig Wright (serie Greenleaf) evidencia los intentos de la trama por dar el paso a la edad adulta y abordar temas como las dictaduras, el terrorismo islamista o la traición de forma más profunda, más seria. Lo cierto es que el final de la anterior etapa daba pié a ello, y hasta cierto punto eso ha sido lo que ha permitido que en muchos momentos del desarrollo de estos 12 capítulos la serie haya alcanzado notables resultados, sobre todo cuando se ha centrado en el conflicto interno de un país árabe con el ISIS.

Es en esta guerra, con todas las decisiones que conlleva, lo que realmente acapara la atención en la segunda temporada de Tyrant, pues permite diversificar los efectos dramáticos de los acontecimientos. Dicho de otro modo, es el catalizador para que la trama adquiera un verdadero significado dramático, alejado de conceptos que habían sido poco o nada explicados en los anteriores episodios. Se puede decir que se ha producido una simplificación de la historia, poniendo el foco en un tema de actualidad que, además, genera a su vez otras ideas que se abordan, con mayor o menor fortuna, en las tramas secundarias.

El problema de esto es que el intento de madurar se queda a medio camino. Vaya por delante que ninguno de los actores, ninguno, tiene el carisma suficiente como para cargar sobre sus hombros con el tratamiento dramático que podría esperarse para esta historia, pero en este caso el problema no es el reparto, sino el arco narrativo y su desarrollo. A lo largo de toda esta temporada la serie deambula entre dos aguas, entre el cariz más melodramático y el más maduro, y eso termina por generar una indefinición inconveniente para el resultado final y para la resolución de esta etapa, tan impactante como inesperada.

Familia feliz

Quizá el mejor ejemplo de esta dualidad está en el cisma que se genera en la presunta “familia feliz” del protagonista. Mientras que el personaje de Adam Rayner (The task) adquiere un tono más sombrío de un hombre capaz de todo por lograr lo que considera justo y salvar a los que le importan, el resto de su núcleo familiar (mujer e hijos) se convierte casi en una rémora de la trama general. Poco interés tiene el fallido affair de la mujer con un abogado. Y mucho menos lo que ocurre con la hija, que directamente desaparece de la trama de forma tan brusca como calculada. El único que parece salvarse de la quema es el hijo interpretado por Noah Silver (Los últimos caballeros), que parece tener algo más de relevancia como futuro heredero.

El tiempo que Tyrant dedica en su segunda temporada a abordar la paulatina destrucción de esta familia es tiempo perdido que no se destina a conceptos mucho más interesantes, como la locura y la obsesión que se adueñan poco a poco del rol de Ashraf Barhom (Ágora), posiblemente uno de los mejores de la serie pero que, al no ahondar en su evolución hacia la locura conspiranoica, queda desdibujado y, en muchos casos, injustificado en sus decisiones. Una lástima, porque habría sido muy interesante poder comparar con solvencia los caminos tan diferentes que toman los dos hermanos protagonistas, sugeridos pero poco trabajados.

Y en medio de todo esto, una guerra, mujeres y el mundo islámico. Lo cierto es que posiblemente lo mejor de estos episodios sea precisamente ese contexto, a medio camino entre la opulencia de un palacio y las polvorientas calles de los pueblos. A pesar de que el tratamiento visual deja que desear (iluminación con poco contraste, planificación estándar incluso para las secuencias bélicas, etc.), el mundo árabe, con los problemas de terrorismo islámico que llegan en cada telediario, encuentra un notable reflejo en esta trama, lo que a su vez ayuda a mejorar la imagen algo alicaída de la primera temporada.

El mejor resumen de esta segunda temporada de Tyrant es que mejora respecto a la primera, pero todavía tiene mucho camino por recorrer. Por ahora, una tercera etapa en la que deberá solventar muchos problemas, algunos de ellos congénitos, para poder convertirse en un producto sumamente interesante. Puede que no sea ese su objetivo, y eso es tan loable como cualquier otra apuesta dramática, pero lo cierto es que algunos de sus pilares narrativos indican lo contrario, sobre todo si tenemos en cuenta el final de su último episodio, tan inesperado como impactante y que abre todo un mundo de posibilidades para ese futuro más inmediato. El futuro de este tirano al que hace referencia el título está, más que nunca, en el aire.

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La taquilla española sigue ‘Dando la nota’ y no mejora sus cifras


A la espera de algún título salvador que atraiga a miles de espectadores, la taquilla española sigue atravesando su particular desierto recaudatorio. Si el fin de semana pasado se lograban 4,1 millones de euros, la cantidad de esta semana es ligeramente superior según señala El Séptimo Arte, pero se mantiene muy lejos de los datos que se registraban hace apenas un mes. Y a pesar de esa ligera mejora, un repaso a los datos parciales de cada film no deja lugar para la esperanza, pues no solo ninguno de ellos supera el millón de euros, sino que el último del top 10 ni siquiera alcanza los 100.000 euros.

Dicho esto, hay que comenzar el análisis de este ranking diciendo que hay un nuevo número uno. Dando la nota: Aún más alto se corona en sus 302 salas con 871.984 euros, lo que deja una media de 2.887 euros. Desde luego, no es un mal balance, pero dado que no ha sido capaz de superar el millón de euros en su estreno no parece probable que alcance a recaudar más de 3 o 4 millones de euros, aunque dependerá en gran medida de cómo aguante la llegada de los próximos blockbusters. Y si esta comedia musical se ha colocado líder en la taquilla, la cinta Mad Max: Furia en la carretera se queda en segunda posición con 661.985 euros, aproximadamente un 39% menos que la semana de su estreno. Acumula ya 2,29 millones de euros, y con algo de fortuna podría llegar a superar los 4 millones, pero la llegada de grandes estrenos sin duda afectará a su rendimiento.

Otro estreno, la nueva versión de Poltergeist, se cuela en tercera posición con 591.625 euros repartidos en 533 pantallas, lo que ha dejado un balance de 1.110 euros en cada una. No son datos demasiado esperanzadores, por lo que el film de terror parece que solo podrá aspirar a lograr unos 2 millones de euros. Una cifra, por cierto, que dejó atrás hace muchas semanas Los Vengadores: La era de Ultrón, que esta semana ocupa el cuarto lugar del box office con 478.534 euros, un 43% menos que hace siete días. El descenso sigue la misma senda de semanas anteriores, pero eso no le impide presentar un total de unos 11 millones de euros cuando se cumple un mes desde su estreno, y todo apunta a que terminará por encima de los 12 millones.

Un tercer estreno se sitúa en mitad del top 10. Hablamos de Caza al asesino, que se estrenó en 227 salas y ha logrado recaudar en estos tres días 237.656 euros. Esto deja una media de 1.047 euros, lo que desde luego no deja lugar a la esperanza de unos resultados notables. Más bien, su objetivo prioritario es tratar de superar el millón de euros, y a partir de ahí tratar de mejorar todo lo que pueda. La sexta posición es para Suite francesa, que en su tercera semana obtiene 172.836 euros, un 34% menos de recaudación. Acumula casi 1,2 millones de euros, y a tenor del ritmo con el que desciende semana tras semana lo más probable es que supere, si es que lo logra, los 1,5 millones.

Algo mejor, aunque no demasiado, le va a El viaje más largo, que esta semana se queda en los 160.784 euros (-42%) y desciende cuatro posiciones. Su total es de 1,32 millones de euros, por lo que todo apunta a que terminará por encima de los 1,5 millones. Ahora bien, que sea capaz de llegar más allá es bastante improbable. Más o menos como el que La familia Bélier supere los 2 millones de euros. Su total es de 1,67 millones, de los cuales 136.691 euros pertenecen a este último fin de semana. La cifra supone un descenso del 20,6%.

La novena posición es para ¡Ups! ¿Dónde está Noé?, que supera por muy poco los 100.000 euros recaudados en 133 pantallas. Desde luego es un dato poco esperanzador, y el hecho de que logre unos 754 euros en cada una no mejora sus perspectivas, que ahora mismos pasan por acercarse todo lo que pueda al medio millón de euros. Cierra el top 10 otra de animación, La oveja Shaun: La película, que se queda en los 87.696 euros, un 30,5% menos. Su total es de 2,41 millones de euros, por lo que lo más probable es que termine ligeramente por encima de los 2,5 millones.

‘Nashville’ mejora sus personajes pero mantiene problemas en su 2ª T


Connie Britton vuelve a ser Rayna Jaymes en la segunda temporada de 'Nashville'.Hay ocasiones en que es complicado encontrar la evolución dramática de una producción. Su ritmo y su desarrollo suelen ser tan entretenidos que apenas dejan tiempo al espectador para asimilar el contenido último de lo que se cuenta en pantalla. La primera temporada de Nashville se sostenía fundamentalmente de la reiteración de conflictos y de las magníficas composiciones musicales que aderezaban el conjunto. Su segunda entrega, que terminó hace unos meses en Estados Unidos, puede parecer similar a la anterior, con problemas ya vistos y con música por doquier. Sin embargo, si uno se para a pensar en lo narrado durante estos nuevos 22 episodios no es difícil encontrar nuevos planteamientos dramáticos, aunque ello no implique necesariamente que la serie creada por Callie Khouri (Algo de que hablar) mejore en lo que a intensidad dramática se refiere.

Dichos planteamientos nuevos, distintos si se prefiere, tienen mucho que ver con la conclusión de la anterior temporada. El accidente sufrido por los personajes de Connie Britton (serie American Horror Story) y Charles Esten (serie Iluminada) en aquel último episodio no solo puede entenderse como un gancho de final de temporada, sino como un auténtico punto de inflexión a nivel general para redefinir las bases de la serie. Las consecuencias de ese acontecimiento, directas e indirectas, determinan el devenir de la práctica totalidad de los personajes, que interiorizan la idea del cambio de actitud como suya. De este modo, Khouri reconstruye las relaciones personales en clave diferente, lo que en definitiva permite a la serie avanzar y no anclarse en una serie de conflictos que, a todas luces, podían arrastrar la producción hacia un dramatismo excesivo.

Esta idea, además, permite que los protagonistas de Nashville encajen de forma más natural y lógica. Su cambio respecto a la temporada anterior es notable, sobre todo en algunos personajes como el interpretado por Jonathan Jackson (Viaje a las tinieblas), Avery en la ficción. Su papel, uno de los que más interés han adquirido, es el reflejo de esa evolución dramática que ha tenido la serie, que dicho en pocas palabras ha pasado de ser engreída a trabajar con humildad. Incluso roles como los de Hayden Panettiere (serie Héroes) o Clare Bowen (The clinic), los más flojos del conjunto, parecen ganar fortaleza y peso específico. La primera porque encuentra una senda algo más coherente en su papel protagonista, y la segunda porque su ñoñería choca con la cruda realidad. Como consecuencia, el final de sus respectivos arcos dramáticos de esta temporada es bastante más interesante que lo visto con anterioridad.

Y dado que la serie busca esa imagen de renovación, nada mejor que la incorporación de nuevos personajes y nueva música. Este último aspecto, por cierto, vuelve a ser lo más atractivo de la ficción, que incluye algunos números musicales realmente espléndidos, amén de canciones y letras que perfectamente podrían pertenecer a un artista de éxito. No ocurre lo mismo con los nuevos roles incorporados a la trama, que se limitan a representar el papel correspondiente sin demasiados contrastes. El músico amante, el productor despiadado, un nuevo triángulo amoroso, … Ninguno de ellos representa en sí mismos un auténtico reto en el desarrollo de la trama, más bien al contrario: se limitan a sostener algunos de los conflictos presentes y pasados.

Esto ya lo he visto

Pero como decía al comienzo, Nashville no termina de librarse en su segunda temporada de las irregularidades de su debut en la televisión. Unas irregularidades que tienen su origen en la presencia constante de conflictos, dramas y errores que se repiten de forma cíclica e intercambiando sus protagonistas. Si en la primera temporada el personaje de Panettiere tenía problemas con su madre, en esta ocasión es el rol de Bowen. Si en la primera temporada había un número determinado de parejas, en la segunda dichas parejas siguen siendo las mismas, pero intercambiando sus miembros. Todo ello, al final, mina la integridad del conjunto, que termina por verse como un entretenimiento previsible y sin complicaciones que puede disfrutarse gracias a su música.

En este sentido hay que destacar que algunas tramas secundarias tienden a reincidir en una idea una y otra vez. A pesar de que los personajes han evolucionado (algunos más que otros, todo hay que decirlo), sus historias no logran dar el paso definitivo. Esto lleva a que muchos de estos roles cometan el mismo error una y otra vez, abocados a un fracaso absoluto en aquellos aspectos de sus vidas en los que son más vulnerables. Se dice que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero en el caso que nos ocupa son unas cuantas más. De hecho, parece que dan vueltas en círculos para volver a caer en el mismo punto por el mismo motivo. El resultado es la incredulidad de algunas situaciones, que son forzadas para poder aportar dramatismo pero que, en definitiva, tienen un efecto disuasorio.

Con todo, sería injusto calificar a la serie como una mala producción. Gracias a ese ritmo del que hablaba antes su segunda temporada es bastante más entretenida que la primera, abriendo algo más el abanico de posibilidades dramáticas e introduciendo nuevos aspectos de la producción musical que todos aquellos aficionados podrán apreciar. Tal vez el género country no sea de los más conocidos fuera de Estados Unidos, pero la letra y la música son universales. La mejor prueba del éxito y la buena salud de la serie a pesar de sus debilidades es el hecho de que uno de los episodios, el penúltimo concretamente, cuenta con la participación de la Primera Dama, Michelle Obama, aunque no hay que obviar el hecho de que es un capítulo que enaltece el papel del ejército norteamericano. Sea como sea, su presencia supone un importante espaldarazo a la serie, cuya tercera temporada ya ha comenzado.

En cierto modo, Nashville ha sabido mejorar en su segunda temporada. Los pequeños ajustes realizados con brocha gorda han tenido el efecto necesario para que los protagonistas de este lienzo evolucionen a mejor. Algunas de sus situaciones dramáticas, como la crisis de ansiedad del personaje de Bowen, confirman esta mejora. Empero, sigue arrastrando algunos problemas, fundamentalmente por su empeño en volver sobre dramas y errores ya cometidos, como si la insistencia creara un mayor dramatismo. El efecto es el opuesto. La duda que se plantea ahora es si, una vez mejorados los personajes, la trama abandonará definitivamente sus bucles y se centrará en un desarrollo más directo.

‘Los Juegos del Hambre: En llamas’: la chispa de la revolución


Josh Hutcherson y Jennifer Lawrence volverán a luchar por sus vidas en 'Los Juegos del Hambre: En llamas', de Francis Lawrence.La palabra clave que define esta segunda parte de aquella entrega pre Oscar de Jennifer Lawrence por El lado bueno de las cosas no podría ser más apropiada: revolución. Porque sí, hay revolución, un cambio brusco en prácticamente todos los aspectos. Y es un cambio a mejor, afortunadamente. Desde el apartado visual, más correcto y con un sentido claro, hasta la trama, algo más compleja e interesante, el film gana enteros respecto a la película que le precede, aunque sigue pecando en algunos aspectos que, de seguir así, van camino de convertirse en definitorios de toda la saga.

La estructura dramática, casi desde el primer minuto, está planteada para ofrecer al espectador un espectáculo visual con un objetivo, el de mostrar los pasos que sigue todo proceso revolucionario: un acto en principio insignificante, la gestación de un icono de resistencia, la violencia desmedida y, sobre todo, la implicación de individuos a todos los niveles. Toda esta línea argumental, ausente en la primera parte (al menos de forma explícita), otorga al relato en su conjunto una solidez nueva, más interesante y capaz de mantener la atención en su primera parte, que de nuevo es excesivamente larga e innecesaria. La película dura unas dos horas y media, pero perfectamente se podrían recortar 30 minutos sin que se viese afectada negativamente.

Este es, de hecho, el principal handicap del film. Hasta que se producen los llamados Juegos del Hambre el guión de Simon Beaufoy (127 horas) y Michael Arndt (Toy Story 3) se recrea demasiado en la mala situación que viven los habitantes de los distritos y en la opulencia de la clase privilegiada (por cierto, este último aspecto vuelve a ser de lo mejor), sin dar la sensación de avanzar demasiado en ese caldo de cultivo revolucionario que, tal y como termina el film, será el protagonista de las dos películas en que se dividirá el último libro de Suzanne Collins. En este sentido, cabe destacar también que, a pesar de ganar en ritmo en su segunda mitad, el libreto peca en numerosas ocasiones, quizá demasiadas, de una previsibilidad asombrosa, anulando algunos elementos que habrían podido generar interesantes giros argumentales.

Independientemente de esto, el cambio va más allá que el mero contenido dramático. La película entretiene bastante más que su predecesora gracias sin duda a la labor de Francis Lawrence (Constantine), quien demuestra su capacidad narrativa para las secuencias de acción. Todo el segmento que tiene que ver con los juegos, sin llegar a ser excesivamente diferente, posee un carácter propio, más atractivo, lo que beneficia al resultado y ayuda a la labor de los actores, de nuevo todos ellos a muy buen nivel. La revolución se ha gestado. Los Juegos del Hambre: En llamas ha dado un salto cualitativo para introducir nuevos y más interesantes elementos dramáticos. Solucionado esto, solo queda esperar que los fallos de ritmo desaparezcan de las dos siguientes entregas.

Nota: 7/10

La 2ª temporada de ‘Alphas’ mejora su argumento antes de morir


'Alphas' ha sido cancelada tras su segunda temporada.Uno de los riesgos más peligrosos de una serie policíaca es caer en el tedio de resolver casos criminales demasiado similares episodio tras episodio. Es un problema que se puede trasladar a todo tipo de producciones televisivas de ficción que contengan elementos equivalentes. Es lo que le ocurrió a Alphas en su primera temporada. Su necesidad de presentar casos de personajes con cualidades superhumanas para ampliar el limitado espectro de los protagonistas llevó a la serie a una falta de objetivo que trató de paliarse con ese villano a escala global y un final realmente interesante. Como ya comentamos cuando hablamos de sus primeros episodios, parecía claro que una segunda temporada dirigiría sus miradas hacia una trama menos episódica. Así ha sido, y lo cierto es que el show televisivo ha ganado consistencia, aunque haya sido demasiado tarde.

Y es que esta segunda temporada, que consta de 13 capítulos, es un canto de cisne para este grupo de superhombres que, liderados por un doctor, deben hacer frente a las cada vez más claras amenazas de otros alphas, en concreto a la de un hombre inmortal que pretende acabar con la raza humana para dar paso a un nuevo orden. Para los lectores de los cómics, dicha trama les será harto conocida. Pero me desvío de lo verdaderamente importante. En efecto, es un canto de cisne. Mucho mejor que su primera entrega, el daño que hizo la falta de dirección de los primeros episodios impidió que acaparara más seguidores, obligando a cancelar la serie al final de esta entrega. Y es una lástima, pues deja en el aire numerosos interrogantes que abren, a su vez, nuevas vías de desarrollo dramático.

Sin lugar a dudas, la mayor presencia del villano se ha convertido en uno de los pilares fundamentales del saneamiento de la trama de esta serie. Interpretado por John Pyper-Ferguson (Betty Anne Waters) de forma más que solvente, su personaje aúna locura y comprensión, amor y odio, a partes iguales. Como todos los megalómanos, es capaz de buscar justificación a las ideas más descabelladas, generando un sinfín de debates en torno a diversos temas que enriquecen la trama. Pero además, los creadores de la serie, Michael Karnow (serie CatDog) y Zak Penn (Elektra), aprovechan su presencia para crear todo un mundo de estos superhombres a su alrededor, dando un sentido a la presencia cada vez mayor de estos personajes. Dicho de otro modo, justifican la necesidad de introducir nuevos personajes secundarios con el protagonismo de un principal.

Por otro lado, hay que reconocer que esta segunda temporada de Alphas gana en dramatismo, principalmente gracias a los conflictos internos y familiares del grupo protagonista. Si en los primeros episodios asistíamos a unas relaciones más bien tópicas en las que primaba la comicidad y un drama descafeinado, la propia serie adquiere conciencia de su propia entidad para tomarse algo más en serio. Algo que se personaliza en un personaje secundario, el de la hija del doctor (de nuevo interpretado por David Strathairn) que se vuelve pieza clave tanto para el desarrollo argumental de buena parte de la segunda temporada, como para el desenlace final y las motivaciones de algunos de los sucesos.

Tal vez sea demasiado tarde

Sí, es cierto que la serie mejora sus expectativas en esta nueva temporada. Los personajes, que se ven obligados en el último episodio de la anterior temporada a tomar conciencia de su lugar en la sociedad, están ligeramente evolucionados. Algunos como el de Ryan Cartwright (Sironia) deja a un lado su extremado autismo para volverse algo más cercano. Otros, como los de Azita Ghanizada (Blood shot) y Laura Mennell (Elegy) han aprendido a convivir con sus poderes y sus propios demonios internos. Empero, todo esto no es suficiente para mejorar la imagen global de la serie.

En cierto modo, puede que los creadores hayan llegado tarde. Si buena parte de la primera temporada se hubiese sacrificado para incluir estos nuevos 13 episodios en su predecesora tal vez estaríamos hablando de otro futuro para la serie. Salvando las distancias, es algo similar a lo que le ocurrió a Fringe, serie que comenzó de una forma y tuvo que modificar su camino a mitad de la primera temporada. Lástima que esta serie de superhéroes no virase su rumbo unos capítulos antes. Dicho esto, que nadie se engañe. La calidad a nivel narrativo de la producción no se equipara a las grandes series. Por poner un ejemplo cercano, no tiene nada que ver con Héroes, de la que debería haber tomado algún que otro apunte, al menos en lo referente a la entidad de los personajes.

Ese ha sido el principal punto débil de la serie de televisión apoyada por el canal SyFy. La decidida apuesta por un producto algo menos cargado de dramatismo que otras producciones actuales la convierte en una serie menor, aunque una cosa no esté necesariamente relacionada con la otra. Y me explico. Al igual que le ocurrió a la ya citada Héroes, la serie comenzó con el descubrimiento de las habilidades por parte de un grupo de individuos, y cómo estos se unían para ayudar a otros y, de paso, salvar el mundo. Como hemos dicho, la segunda temporada está cargada de dramatismo… pero es un dramatismo provocado por acontecimientos externos, no por la propia lucha personal de cada uno de los personajes contra sus demonios interiores. Esta falta de autoreflexión, sustituida por un contexto algo liviano y episodios con bastante acción, la convierten en un producto entretenido pero olvidable, perdiendo la capacidad de impactar al espectador. Para cuando han querido desarrollarlo en la segunda temporada, ya era tarde.

Decir que Alphas es una mala serie sería muy injusto. A lo largo de sus limitados 24 episodios ha demostrado que tenía potencial para ser, al menos, un producto potente dentro de la ciencia ficción. Sus personajes eran interesantes, los poderes y su explicación científica eran tan reales como creíbles, e incluso la presencia de un villano a escala global apuntaba hacia un conflicto que podría haber durado varias temporadas. Sin embargo, la serie está lejos, muy lejos del nivel que cabría esperar de ella. Y ello es, principalmente, porque nunca llegó a respetarse a sí misma. Sí, mucha acción y algunas secuencias realmente logradas, pero el aspecto narrativo queda en un segundo plano. Estamos en una época donde los espectadores buscan ante todo un producto que les cuente algo sólido. Por desgracia, Alphas se dio cuenta de eso demasiado tarde.

‘Torchwood’ mejora su evolución dramática en su segunda temporada


La primera temporada de Torchwood, serie nacida como un spin off de Doctor Who, dejó sensaciones muy variadas. Considerada de culto por miles de fans en todo el mundo, muchas críticas, entre las que se encuentra este blog, consideraban esos primeros 13 capítulos muy irregulares, pudiendo haber ofrecido mucho más de sí. En todos los casos, empero, dejó la sensación de que se iba por buen camino, de que las próximas aventuras del capitán Jack Harkness y su equipo mejorarían. Y lo cierto es que así es. La segunda temporada presenta un mundo fantástico mucho más compacto, más integrado en el aspecto real del conjunto y con un componente dramático más desarrollado y atractivo.

En estos nuevos 13 capítulos la amenaza de la fisura temporal une de un modo u otro todo lo que ocurre alrededor del equipo de contención alienígena. A diferencia de la primera temporada, donde varios capítulos simplemente tenían como misión mostrar la dinámica de trabajo de los protagonistas, ahora los casos, mucho más elaborados en su complejidad, están relacionados con un hilo conductor que debería haber servido ya en los episodios anteriores como detonante de una historia más directa que evitase distracciones algo simplonas (caso de los caníbales).

Puede que Torchwood se tome más en serio en esta segunda temporada; puede también que haya tomado conciencia de serie independiente y no como complemento a Doctor Who (personaje que curiosamente es mencionado más veces en esta nueva temporada). Sea como fuere, lo cierto es que ha crecido en calidad narrativa y dramática, ha mejorado sus efectos digitales y, lo más importante, sus personajes se han vuelto, por así decirlo, más adultos. Prueba de ello es que la protagonista introduzca a su novio y futuro marido en la búsqueda de alienígenas, algo que debería haber ocurrido mucho antes.

Gracias al cada vez mayor protagonismo del personaje interpretado por Kai Owen (serie Rocket Man), la serie entra en un terreno nuevo y atractivo en el que la protagonista debe lidiar con su trabajo y su vida privada por igual, buscando un equilibrio que generará toda clase de problemas. Se evitan así algunas situaciones algo forzadas vistas en la primera temporada, incluyendo un borrado de memoria por unas decisiones erróneas.

Más drama y sexo, mucho sexo

Sin duda, y al igual que ocurrió en los primeros 13 episodios, el punto álgido de esta segunda temporada se alcanza en sus dos últimos capítulos, cuando personajes que han estado presentes de un modo u otro a lo largo de la trama adquieren una relevancia fundamental en el devenir de los acontecimientos. Un protagonismo que conlleva una tensión dramática como nunca antes se había visto en Torchwood, y que cambiará el panorama de la serie para siempre. Esta progresión dramática, claro está, no habría sido posible sin los puntos de inflexión que se dosifican a lo largo de los capítulos.

Puntos de inflexión, por cierto, que no solo están relacionados con la evolución de los personajes, mucho más interesantes ahora que en sus primeras aventuras, sino también con su pasado. Numerosos episodios encierran, ya sea de forma indirecta o mediante flash-backs, acontecimientos del pasado que ayudan a comprender las decisiones a veces difíciles que deben tomar los protagonistas, en especial Harkness. Igualmente, el hecho de que todos y cada uno de los miembros del equipo sea golpeado moralmente una y otra vez obliga a sus creadores a exponer tanto sus debilidades como sus fortalezas, lo que a todas luces no hace sino aumentar su presencia, mejorar la comprensión del espectador y, en última instancia, convertirlos en personas de carne y hueso, en personajes identificables. A esto ayuda, sin duda, la labor de los actores, mucho más serios en su trabajo de lo que estuvieron en un primer momento, sobre todo Eve Myles (A bit of Tom Jones?) y Burn Gorman (Los crímenes de Oxford).

Pero si algo define a esta segunda temporada es la sexualidad de sus personajes. Como se menciona en un momento de la serie, “siempre estáis pensando en el sexo”, y en cierto modo, es así. Cualquier tabú en torno a las relaciones de pareja de cualquier índole queda roto desde un punto de vista verbal y físico. Si ya en la primera temporada se deja entrever la liberación sexual que parecen tener todos los personajes, en esta segunda es algo patente y que influye, de un modo u otro, en las relaciones internas del equipo y en su forma de afrontar los casos. Esto no significa, empero que haya que clasificar la serie como homosexual, heterosexual o bisexual, pues sería encasillarla en un concepto que no se ajusta a la realidad.

La impresión general de esta segunda temporada de Torchwood es la de un producto más elaborado, mucho menos ligero en sus planteamientos de puro entretenimiento y enfocado de forma más directa hacia un objetivo que, es de suponer, se resolverá en las siguientes temporadas. Para aquellos que disfrutaron con los primeros 13 capítulos, los siguientes ofrecen todo un mundo más complejo por descubrir; para los que no, es la ocasión ideal de reconciliarse con la serie.

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