5ª T de ‘Juego de Tronos’, el arte de lograr que menos sea más


Peter Dinklage y Emilia Clarke, en un momento de la quinta temporada de 'Juego de Tronos'.Uno de los comentarios que más se han oído durante la quinta temporada de Juego de tronos ha sido que no ocurre nada, que su trama no avanza y que sus personajes se mantienen en una constante tensión que no lleva al argumento a ninguna parte. Personalmente soy de la opinión de que eso, en una serie como la creada por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss, no puede ocurrir ni aunque se intente. Pero incluso aunque eso fuera verdad, aunque su historia se hubiera anquilosado levemente, su final ha sido, con diferencia, el más impactante de toda la serie. Y no me refiero solo al episodio 10. Ni siquiera al ya famoso episodio 9.

En realidad, esta última temporada es un ejercicio minuciosamente medido para llevar al espectador en un viaje cuyo final le resulta inesperado (salvo para aquellos que hayan leído los libros, claro está). El desarrollo dramático de sus tramas principales responde a la teoría de los tres actos de forma casi milimétrica. Así, durante los tres primeros episodios se plantean las posiciones de los principales personajes. Los cuatro siguientes desarrolla los conflictos planteados, llevando a muchos de los protagonistas a situaciones límite. Y el tercer acto, o los tres últimos episodios, es un festival de emociones, de giros argumentales impactantes y de clímax indescriptibles. Repasando mentalmente el camino que han tomado estos 10 nuevos episodios la pregunta que nos debe asaltar es si realmente es cierto eso de que no ha pasado nada.

Si algo caracteriza a Juego de tronos casi desde el comienzo es que menos es más. Salvo contadas excepciones, la serie siempre se ha sentido más cómoda entre intrigas palaciegas, luchas de poder en la sombra y traiciones familiares que entre impactantes revelaciones, normalmente limitadas al episodio 9. Y desde luego la quinta temporada es uno de los mejores ejemplos, como demuestra la conversación entre los roles de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado) y Emilia Clarke (Dom Hemingway), uno de los mejores momentos de la temporada. El magistral desenlace que ha tenido esta entrega invita a reflexionar sobre el papel que han jugado todos los acontecimientos previos. Un papel imprescindible para comprender no solo el futuro de muchos de los personajes, sino los cambios emocionales, morales y físicos que sufren casi todos. Es, en este sentido, una temporada de transición, después de ese giro dramático que supuso la cuarta temporada. Una transición necesaria pero para nada aséptica.

Desde luego, lo más interesante son las lecturas que se hacen de las decisiones y las motivaciones de los principales personajes. Estamos tan acostumbrados a ver cómo los personajes de George R. R. Martin logran más o menos los objetivos más inmediatos que nunca nos hemos parado a pensar en las consecuencias de sus actos. Y eso, en definitiva, es el argumento de esta serie. Si el clan Lannister está acostumbrado a gobernar pisoteando a los demás, en esta temporada sus acciones tienen consecuencias imprevistas. Cuando la Khaleesi cree que puede gobernar simplemente liberando esclavos, una rebelión se alza contra ella. Y si los Stark creen que pueden seguir adelante sin pagar un alto precio, bueno… en este tema es mejor no entrar demasiado.

Tramas insustanciales

El resumen de todo el análisis anterior podría ser que, aunque no lo parezca, la trama avanza de forma notable, e incluso se producen cambios mucho más profundos en los personajes de lo que había podido verse hasta ahora. Sin embargo, eso no impide que hayan existido, casi por primera vez, tramas que no han aportado mucho, al menos a lo largo de la temporada (parece evidente que algo desencadenarán en la sexta entrega). Una de ellas es la historia ambientada en Dorne, ciudad a la que España ha dado vida y que, todo sea dicho, no ha sabido explotar más que la belleza de los escenarios. Su trama, un rescate secreto que se tuerce y que tiene como protagonista a Jaime Lannister (de nuevo Nikolaj Coster-Waldau, visto en Oblivion), se desarrolla con más pena que gloria, sin generar demasiado interés y preocupada más en mostrar los rasgos de esta nueva casa, intuidos en la temporada anterior, que por ofrecer algo consistente al espectador. Al menos hasta el último episodio.

También resulta sorprendente el tratamiento dado al personaje de Sophie Turner (Mi otro yo), una Sansa Stark que parecía haber madurado al final de la cuarta temporada y que, de nuevo, vuelve a ser esa niña atemorizada y traumatizada por el mundo de violencia y sangre en el que vive. Un giro que no logra funcionar demasiado bien en la definición de su personaje pero que, por otro lado, ayuda a consolidar la historia de Invernalia como una de las mejores, permitiendo además que otro personaje recoja el testigo de rol más odiado de la ficción. Sentimientos aparte, lo cierto es que su indefinición no hace sino jugar en su contra, no solo porque convierte a ese personaje en un ser débil y manipulable, sino porque no logra evolucionar, algo que en Juego de tronos no puede mantenerse por demasiado tiempo.

Y no puedo dejar de mencionar, aunque sea sutilmente, el final de esta quinta temporada. Como decía a más arriba, no se trata solo del último episodio, sino de todo el tercer acto de esta etapa. Tres finales de episodio simplemente indescriptibles, cada uno magistral en su concepción. Todos ellos han revelado aspectos muy significativos de la historia, más allá de la espectacularidad que puedan presentar en sendas batallas que superan, en muchos aspectos, a las mostradas hasta ahora. Aunque si hay algo que dejará sin palabras a los espectadores será la conclusión del episodio 10, un auténtico gancho dramático que, casualidad o no, tiene una clara influencia de uno de los episodios más conocidos de la Roma Clásica. Un final que, de ser cierto, cambia las reglas del juego por completo, obligando a tomar una nueva dirección que puede ser tan interesante como peligrosa.

Tal vez no sea la mejor temporada de Juego de tronos. La verdad es que la tercera y la cuarta entregas han sido insuperables. Pero desde luego mantiene el altísimo nivel dramático y técnico de toda la serie. De nuevo, sus creadores demuestran que no es necesario que ocurran grandes acontecimientos para que una producción sea capaz de crear expectación. La sensación de vivir una calma antes de una violenta tormenta, de que en ese remanso de paz todo se mueve para producir un terremoto que sacuda los cimientos dramáticos de la serie, está presente en todo momento. Benioff, Weiss y R. R. Martin vuelven a demostrar que menos es más. Y lograr que eso sea tan eficaz como lo es en esta serie es todo un arte.

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Tráiler de ‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: más y más de todo


El tráiler de 'Los Vengadores: La era de Ultrón' ofrece la primera imagen del personaje.De una secuela se espera siempre más y mejor. Si es un drama o un thriller, más intensidad emocional. Y si es una cinta de acción… pues eso, más acción. Pero cuando se habla de la continuación de un evento como el que fue Los Vengadores hace ya dos años es difícil pensar en algo más grande que la destrucción final de Nueva York. Por eso el primer tráiler generaba tanta expectación, y a tenor de lo que puede verse en el avance que Marvel hizo público ayer los fans verán cumplidas sus expectativas, al menos en lo que a espectacularidad se refiere. Aunque como está ocurriendo en la llamada “segunda fase”, los elementos más dramáticos de este grupo de superhéroes también están presentes. La trama de Los Vengadores: La era de Ultrón sitúa a los héroes ante un reto aún mayor al de su primera aventura juntos, pues deberán hacer frente no solo a sus problemas para trabajar juntos, sino a un enemigo que nace cuando Tony Stark trata de relanzar un antiguo programa que salvaguardaría la paz mundial. Cuando Ultrón haga acto de presencia y revele sus verdaderos planes solo ellos serán capaces de detenerle, aunque para ello tengan que sacrificar su propia vida.

A tenor de lo que puede verse en este primer avance, que como es habitual encontraréis al final del texto, los componentes dramáticos tendrán un papel fundamental. Más allá de las rencillas que nutren la dinámica del grupo (y que según parece volverán a aparecer), lo relevante es el carácter algo derrotista del montaje y de los momentos elegidos para el tráiler, dejando en el aire la sensación de estar ante el final de algo y ante un nuevo comienzo. El escudo roto del Capitán América es la imagen más elocuente de todas, sugiriendo la posibilidad de su muerte o, al menos, de su derrota. Y no sería algo descabellado si tenemos en cuenta la tradición de muerte y resurrección que existe en los cómics.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que esta continuación dirigida de nuevo por Joss Whedon, creador de series como Buffy, cazavampiros, busca un tratamiento visual de la historia similar al de su predecesora, en el que los contrastes o los juegos de luces quedan relegados a un segundo plano. Esto, que funcionó bien en la primera parte debido, en buena medida, al tono aventurero de la misma, genera un pequeño contraste con el tono de la trama, aunque por otro lado saca mucho partido a las secuencias de acción, sobre todo a la que protagonizan Hulk y el Hulkbuster. Lo que parece claro es que la película será más grande en todos los sentidos.

Habrá que esperar hasta mayo del 2015 para poder disfrutar de Los Vengadores: La era de Ultrón, que cuenta en su reparto con los actores que vienen dando vida a los superhéroes en las últimas películas, es decir, Chris Evans (Rompenieves) como Capitán América; Robert Downey Jr. (#Chef) como Iron Man; Chris Hemsworth (La cabaña en el bosque) como Thor; Scarlett Johansson (Lucy) como Viuda Negra; Jeremy Renner (El sueño de Ellis) como Ojo de Halcón; Mark Ruffalo (Begin Again) como Hulk; Samuel L. Jackson (RoboCop) como Nick Furia; Paul Bettany (Transcendence) como la voz de Jarvis; y Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre) como Maria Hill. Además, y como se puede ver en el tráiler, se incorporan Andy Serkis (King Kong), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla) como Quicksilver; y Elizabeth Olsen (Luces rojas) como Bruja Escarlata. Sin más dilación, el primer avance.

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