‘Asesinato en el Orient Express’: pasajeros sin piedad


El principal hándicap de adapta al cine una novela mundialmente conocida que, además, es un clásico de la literatura de misterio, está precisamente en el argumento y, sobre todo, en la identidad del asesino. Y si además ya se ha llevado anteriormente a la gran pantalla con un buen plantel de actores, el desafío parece casi insalvable. De ahí que uno pueda preguntarse qué aporta esta nueva versión de la obra de Agatha Christie realizada y protagonizada por Kenneth Branagh (Cenicienta). Y la respuesta no es sencilla.

En efecto, la historia de Asesinato en el Orient Express no resulta especialmente atractiva para aquellos que ya conozcan el desenlace. A pesar de estar bien elaborada y con sólidos cimientos dramáticos, perfectamente planteados y desarrollados en sus momentos clave, lo cierto es que la trama puede llegar a resultar monótona en algunos momentos. Eso por no hablar del hecho de que su resolución no termina de arrojar demasiada luz al proceso por el cual el gran detective protagonista es capaz de establecer todas las conexiones entre los personajes.

Sin embargo, algo hay en esta versión que atrae poderosamente. Para empezar, un reparto plagado de estrellas y nombres del séptimo arte, algunos con mayor calidad artística que otros, pero todos ellos, en general, a un nivel extraordinario, fruto sin duda de la labor de Branagh. Lo más interesante, sin embargo, es la apuesta visual del director. Con una fotografía que explota al máximo las posibilidades del escenario nevado y acotado en el que se desarrolla la parte más importante de la trama, Branagh aprovecha todo lo que da de sí un vagón de tren para encontrar recursos narrativos soberbios. En la memoria quedan el descubrimiento del cadáver y la resolución final, claro homenaje a la pintura de ‘La última cena’ (en concreto, y en mi opinión, a la obra de Leonardo Da Vinci, pero eso queda a discreción del espectador).

Todo ello convierte este Asesinato en el Orient Express en una interesante experiencia visual, en un relato conocido visto con otros ojos y una interesante revisión del mensaje final de esta obra, en la que el bien y el mal se combinan hasta difuminar sus fronteras para convertir la investigación por asesinato en una reflexión sobre la justicia, la venganza y el dolor. Puede que aporte poco desde un punto de vista dramático, pero el modo en que se presenta es sumamente poderoso, y si esto se une a una sólida historia como esta, es muy sencillo y entretenido disfrutar de este viaje en tren.

Nota: 6,5/10

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‘La Momia’: la maldición de las malas decisiones


Debería ser relativamente sencillo hacer una película de aventuras sobre Egipto, sus maldiciones y toda la mitología que conlleva. No hablo de una película espléndida en todos sus aspectos, pero sí al menos entretenida y con ritmo trepidante. Pero lo que han creado entre Alex Kurtzman (Así somos) y Tom Cruise (Collateral) se antoja decidida y conscientemente mediocre. Es difícil poder explicar, si no, tal cúmulo de incongruencias narrativas y equivocadas decisiones artísticas. Y todo ello sin tener en cuenta los errores que muchos apasionados de los faraones sin duda encontrarán en un metraje de casi dos horas que, en algunas ocasiones, puede hacerse un poco lento.

En realidad, para comprender lo que ocurre con esta La Momia es fundamental prestar atención al logo inicial del film: Dark Universe. La apuesta de Universal por resucitar a todos sus monstruos clásicos en una especie de mundo en el que conviven sin demasiada paz ni armonía ha llevado a los responsables de este primer relato a mezclar churras con merinas. Demasiados personajes innecesarios, demasiadas referencias a otros monstruos y demasiada historia de fondo que posiblemente sirva para hilar el resto de películas, pero que para lo que cuenta esta trama es totalmente innecesario. Eso por no hablar de secuencias poco acertadas.

Pero el verdadero problema de esta cinta no es el concepto en el que se basa, sino su tratamiento. Para empezar, elegir a Cruise para semejante papel es cuanto menos cuestionable. Ni tiene la gracia que exige el personaje ni la química con su compañera de reparto. Y para continuar, la base sobre la que se sustenta todo el relato, la maldición egipcia, está tan cogida con pinzas que plantea más interrogantes que respuestas. Y para finalizar, las continuas referencias no solo a otros monstruos clásicos, sino a la película que Stephen Sommers (Van Helsing) dirigió en 1999 y que se ha convertido en todo un referente visual. Todo ello provoca la sensación de estar ante una producción sin un objetivo claro, más allá de la construcción de un universo posterior en el que se puedan desarrollar mejores historias. El problema es que si no se asientan bien los pilares todo se tambalea.

Podría haberse optado por una sencilla película de aventuras. Podría haberse optado por una cinta de acción. Incluso por algo más terrorífico con referencias a la mitología egipcia. Pero en lugar de todo eso, La Momia trata de ser una mala copia de su predecesora de hace 18 años, introduciendo para la ocasión personajes que pintan poco o nada en una historia que debería tener a Egipto en el centro de su ideario, pero que en realidad relega al país del Nilo a una simple excusa a la que recurrir cuando conviene. Incluso aceptando esto como algo positivo para que la historia pueda avanzar por otros senderos, la película se pierde en su propia ausencia de objetivo, dejando un desarrollo irregular, unos personajes poco sólidos y un final abierto que, sinceramente, crea más incógnitas sobre el futuro de las que responde.

Nota: 4/10

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