‘Deadpool 2’: la familia es lo primero


Vaya por delante que disfruté mucho, muchísimo, de aquella inteligente e irónica gamberrada titulada Deadpool. Con ese film de 2016 Ryan Reynolds (Criminal) lograba dos cosas: adaptar fielmente al cine un personaje tan controvertido como este mercenario, y hacer olvidar sus anteriores incursiones en el cine de superhéroes. Ahora, dos años después y habiendo sentado las bases, ¿puede ofrecer algo nuevo una continuación? Bueno, nuevo realmente no, pero dos horas de diversión, violencia y un humor muy muy negro, eso es incuestionable. Y en los tiempos que corren, esto convierte a esta cinta en algo fuera de lo común.

Aunque más allá de violencia extrema, palabrotas y un sinfín de referencias culturales modernas, la realidad es que Deadpool 2 es, ante todo, una historia, el camino de un antihéroe que, como él mismo explica en el film, toca fondo para volver a levantarse y encontrarse a sí mismo. Y ese camino, con sus altibajos en una película que en algún que otro momento se hace un poco lenta, está sólidamente construido, equilibrando drama y humor a partes iguales para aprovechar los conflictos externos a los que se enfrenta el héroe como mecanismos para desenredar su propio arco dramático interno, centrado en su necesidad de encontrar un significado a su vida, una familia que se le ha arrebatado. Dicho de otro modo, todo lo que ocurre en el film está enfocado a explorar los dilemas morales a los que se enfrenta este mercenario.

Y hasta ahí la parte más, digamos, seria cinematográficamente hablando. Porque esta cinta de David Leitch (Atómica) es puro entretenimiento, pura diversión que debe ser entendida como una parodia de… bueno, de absolutamente todo. La mano firme del director en las secuencias de acción logra algunos de los momentos más impactantes del relato, pero es el guión el verdadero protagonista de esta historia. Su capacidad para reírse de todo, desde el cine de superhéroes hasta de su propio protagonista (el actor, no el personaje, que también) hacen de esta segunda parte un delirio del metalenguaje cinematográfico que permite al relato traspasar sus propias fronteras cinematográficas para incrustarse de lleno en nuestra realidad. A este festival ayudan mucho los cameos, incluyendo los nuevos X-Men, un fugaz Brad Pitt (La gran apuesta), y unos títulos de crédito iniciales simplemente insuperables, de nuevo parodiando una saga caracterizada por sus ‘intros’ (es decir, James Bond). Por cierto, atentos a los textos que aparecen.

En definitiva, Deadpool 2 es más de lo que ya ofreció la primera parte. Y lo es en todos los sentidos. Más acción, más violencia, más humor y, sobre todo, más historia. No implica que sea necesariamente mejor, pero la realidad es que sí que lo es. Como suele pasar en todos estos films, una vez se ha narrado el origen del personaje, la película se centra de lleno en sus motivaciones, en sus miedos y los retos que debe afrontar. Y lo hace sin perder una pizca de todo aquello que convierte a este mercenario bocazas en lo que es. Lo mejor que se puede decir de esta segunda parte es que deja con ganas de más, con ganas de seguir explorando la psicología de este antihéroe y de verle agujereado, troceado y golpeado mientras salva el mundo.

Nota: 8/10

Anuncios

‘Logan’: en busca del Edén… y la redención


La pequeña Dafne Keen da vida a la hija de 'Logan'La trilogía en solitario de Lobezno, el famoso mutante de Marvel, es posiblemente una de las más irregulares del mundo cinematográfico marvelita. De menos a más, la trayectoria de este personaje refleja una máxima del séptimo arte que ningún film, ni siquiera los de este tipo, debería olvidar: que cuanto más se profundiza en un personaje más interesante se vuelve la trama, incluso cuando esta tiene notables lagunas.

Logan es un claro ejemplo. La debilidad del personaje principal, magníficamente interpretada por última vez (al menos oficialmente) por Hugh Jackman (Butter), dota al conjunto de una valentía y un poderío narrativo inusitado en este tipo de historias. El tratamiento argumental abandona las espectaculares secuencias de acción para bajar a la tierra y abordar la última lucha contra un enemigo que, aunque externo, no deja de ser un reflejo de los propios miedos y la impotencia de un personaje casi indestructible que ve próximo su final.

Esa dualidad, unido al carácter salvaje y al tiempo compasivo del protagonista, aporta una complejidad al desarrollo dramático sumamente interesante que convierte a este último film en algo diferente a lo que suelen ser los finales de trilogías, habitualmente más espectaculares y grandilocuentes. Eso no impide, sin embargo, que estemos ante una cinta puramente comercial, y como tal se entrega a incongruencias que solo pueden ser pasadas por alto si se quiere disfrutar del conjunto. Incongruencias que, por cierto, vienen dadas por la necesidad de dotar de acción y violencia a una trama, por lo demás, puramente dramática.

En cierto modo, Logan pone toda la carne en el asador en esa búsqueda del Edén que protagoniza la pequeña heroína de la historia. Búsqueda que se solapa con la redención de un personaje entregado por completo a su lucha interior. Sin duda, es la obra más interesante, completa y violenta (muy violenta) de la trilogía, y a pesar de pecar de exceso en algunas concesiones puramente comerciales, es el film que más explora las diferentes caras de un Lobezno al que Jackman ha engrandecido en pantalla.

Nota: 7/10

‘Doctor Strange’: la magia del ‘toque Marvel’


Benedict Cumberbatch da vida al 'Doctor Strange' de Marvel.Pocos personajes van quedando del extenso Universo Marvel que no tengan su adaptación a la gran o a la pequeña pantalla. Y a medida que se van sucediendo los superhéroes la saturación y el cansancio narrativo, que no visual, se va notando. La película que dirige Scott Derrickson (Sinister) es una evidencia de que siempre es mejor una buena historia que los orígenes de un personaje, por muy dramáticos que sean. Mejor aún: es infinitamente más interesante ver cómo se forja un héroe con una buena trama.

Y como le ocurre al protagonista de Doctor Strange al comienzo de la cinta, la película parece un quiero y no puedo, un intento de contar algo sumamente interesante que se solventa con minutos frenéticos cargados de efectos en el último tercio del film. Hasta entonces, esta historia protagonizada magníficamente por Benedict Cumberbatch (Amazing Grace) aborda de forma excesivamente larga el surgimiento de un hechicero y su viaje por las artes místicas. Más allá de críticas culturales o religiosas con poco fundamento, el verdadero problema del film es que está descompensado.

Descompensado en todos sus aspectos. Narrativamente hablando, es demasiado parsimoniosa al comienzo para acelerarse sin demasiado sentido al final. Interpretativamente hablando, el extraordinario elenco de actores está muy por encima de lo que puede ofrecer la cinta. Y visualmente, la historia saca mucho partido de sus escenas, pero la puesta en escena de Derrickson, más especializado en tenebrosos sustos y atmósferas agobiantes, es ciertamente limitada y en algunos momentos caótica.

Por fortuna, existe eso que se llama ‘toque Marvel’, y que podríamos entender como el entretenimiento sin daño ni maldad que permite al espectador pasar dos horas entretenidas. El problema es que cuando se compara Doctor Strange con otras grandes superproducciones similares no termina de funcionar correctamente. Lejos parecen quedar las épocas de Iron Man, Capitán América o Spider-man, tres personajes cuyas historias en el cine han sabido explicarse de forma mucho más orgánica. La magia de La Casa de las Ideas funciona en este caso, pero solo para salvar al espectador de una historia irregular.

Nota: 6,5/10

‘X-Men: Apocalipsis’: ¿la tercera parte siempre es la peor?


Los mutantes se enfrentan a su mayor enemigo en 'X-Men: Apocalipsis'.Si algo hay que reconocerle a Bryan Singer (Verano de corrupción) es que ha sabido trasladar a la perfección el mundo mutante de Marvel a la gran pantalla. Por supuesto, eso no quiere decir que no haya altibajos y momentos de crisis creativa, pero en líneas generales ha sabido mantener un cierto nivel narrativo y conceptual. Esta tercera parte de la segunda trilogía sobre los personajes confirma lo ya sabido y, aunque aporta pocas novedades, sí es capaz de hacer avanzar la historia hacia un futuro ciertamente interesante.

Quizá lo mejor de esta X-Men: Apocalipsis sea el tratamiento de los nuevos personajes, sobre los que descansa buena parte de la historia y que suponen un soplo de aire fresco a los roles ya conocidos. Y tal vez porque están llamados a ser los protagonistas, la labor de Sophie Turner, la famosa Sansa Stark de Juego de Tronos, y Tye Sheridan (Detour) es de lo mejor de la cinta, amén de la solvencia y peso que aportan los principales héroes de anteriores entregas.

Y aunque los personajes están bien tratados (curiosamente, el que peor parado sale es el villano de turno, interpretado por Oscar Isaac –Mojave-) y la trama posee buenas secuencias de acción mezcladas con cierta ironía, la película peca en exceso de conformismo y previsibilidad. A pesar de su espectacular y prometedor comienzo, el desarrollo dramático se desinfla poco a poco hasta convertirse en una línea temporal a la que se le ven los conflictos y puntos de giro con horas de antelación. Y el tratamiento de un personaje tan importante como Magneto (de nuevo un magnífico Michael Fassbender –Frank-) no es que se menosprecie, es que simplemente se repite de lo visto en películas previas, lo que termina por convertirle en una especie de recurso dramático que siempre sufre, se enfurece y finalmente recapacita para luego seguir su camino.

Es precisamente esta falta de frescura el problema que más se le puede achacar a un film que, por otro lado, es un espectáculo a la altura de sus predecesores. Desde luego, que lo peor de X-Men: Apocalipsis sea el modo en que se ha tratado el argumento no es algo demasiado alentador, pero esa debilidad logra suplirse con el desarrollo de varios personajes nuevos y con una espectacularidad sin parangón, amén de convertir el film en un nexo de unión entre todas las películas hechas sobre estos personajes (atentos al diálogo final entre Xavier y Magneto). En un momento dado se llega a decir en el film que “las terceras partes siempre son las peores”. En esta ocasión, y comparada con las anteriores, desde luego que no es mejor, pero no tiene que ser necesariamente peor, sobre todo si no se espera demasiado de ella.

Nota: 7/10

‘Capitán América: Civil War’: Una historia con espectáculo


Capitán América y Iron Man se enfrentan cara a cara en 'Capitán América: Civil War'.Esto de que los superhéroes se enfrenten unos a otros parece estar de moda. Tampoco es de extrañar, dado que una vez comprendido que los buenos siempre derrotarán a los malos, queda por dirimir qué buenos son mejores que otros, y para ello nada mejor que un combate. Ahora bien, lo que también es necesario dilucidar son los motivos de dicha lucha y su resultado final. Y en el caso de la nueva película de Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood), el fondo ha resultado casi mejor que la forma, a diferencia de la lucha de titanes de DC que se pudo ver hace algunas semanas.

Capitán América: Civil War es, ante todo, un thriller, una cinta de intriga con secuencias de acción perfectamente integrada y con ciertas dosis de drama. La trama juega en todo momento al despiste con el espectador y el grupo de héroes que en ella aparecen, convirtiendo la cinta más en una especie de nueva entrega de ‘Los Vengadores’ que en una cinta sobre el supersoldado de Marvel. Pero dejando eso a un lado, la elaboración de la historia termina resultado muy superior a lo visto habitualmente en estos films, más próxima a la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan que a obras como, incluso, ‘Iron Man’.

Una intriga que, además, justifica espléndidamente las motivaciones de todos y cada uno de los personajes a través de una persecución sin cuartel que termina, como bien reza el título, en una lucha fratricida cuyas consecuencias son incalculables, al menos para los no duchos en esta materia. Pero del mismo modo que el contenido es brillante, la apuesta narrativa de los hermanos Russo está excesivamente encorsetada. No es una mala narrativa, al contrario, pero da la sensación de que se podría haber sacado mucho más partido, por ejemplo, al combate entre superhéroes, por no hablar de otras persecuciones.

Este extremo puede que reste algo de brillo a Capitán América: Civil War, pero por supuesto no logra contrarrestar su enorme calidad, lo cual demuestra una vez más que un buen guión es la base de cualquier buen film. El modo en que todo se integra en una trama con un giro argumental final notablemente interesante es digno de aplaudir, sobre todo en un momento en el que las cintas de superhéroes parecen un poco abandonadas en ese sentido. Y para los fans de Spider-Man: sus pocos minutos en pantalla es de lo mejor de la cinta, lo que habría que tomarse como una promesa para el futuro del trepamuros. En definitiva, un entretenimiento sin parangón con más fondo que forma. ¿Se puede pedir algo más a estas películas?

Nota: 8/10

1ª T. de ‘Daredevil’, una oscuridad pocas veces vista en Marvel


Charlie Cox da vida a Matt Murdock, 'Daredevil' en la primera temporada.Habrá quien ponga el grito, pero la serie sobre Daredevil, el superhéroe ciego de Marvel, es lo más cercano que ha estado esta casa del Batman de Christopher Nolan (Origen). Y si tenemos en cuenta que su trilogía es lo mejor del género, es decir mucho. Evidentemente hay muchas distancias que salvar, pero lo que ha hecho Drew Goddard (La cabaña en el bosque) con este personaje es más que notable, alejando la trama de infantilismos y puro entretenimiento marca de la casa para ofrecer un mundo adulto, ajeno a maquillajes innecesarios y con una de las mejores atmósferas creadas para la pequeña pantalla. Y eso solo en la primera temporada.

Lo cierto es que estos 13 episodios son un gran ejemplo de cómo lograr el equilibrio entre todos los elementos de una ficción, tanto narrativos como visuales. Desde el punto de vista más superficial posible, la apuesta visual y formal resulta apabullante. El apagado color de las secuencias, ya sea de día o de noche, aporta al relato una tosquedad única, un aire malsano de violencia y decadencia que ahonda en el contexto en el que se mueve el protagonista interpretado estupendamente por Charlie Cox (serie Boardwalk Empire). Esa oscuridad constante, así como los tonos rojizos que siempre están presentes, no solo sitúan al espectador en el punto de vista del héroe, sino que oprimen las líneas argumentales hasta eliminar el poco aire que tienen.

Esto, lejos de generar angustia, lo que provoca es un constante crecimiento en la tensión dramática de Daredevil. Tensión que se libera, y de qué modo, con unas coreografías de combate simplemente indescriptibles. Ya sea con armas o con puños desnudos, el carácter violento de este personaje que no tiene remordimientos en lanzar a villanos desde azoteas, o en romper tantos huesos como sea necesario, se traslada a la crudeza de su cruzada particular, que tiene como máximo exponente ese plano secuencia en un pasillo en el que, mostrando muy poco, se narra mucho. En cierto modo, esta es también una forma de mostrar el mundo de un personaje ciego que, sin embargo, es capaz de percibir más que el resto del mundo.

Sin duda, el realismo de esta lucha es uno de los grandes atractivos y de los mayores aciertos de la serie. Tan habituales como los golpes son las suturas que después deben parar las hemorragias. Dicho de otro modo, es un personaje que sangra, que a pesar de contar con un superpoder, su cuerpo es machacado una y otra vez por golpes, cortes y fracturas. Y no se esconde. Es esta crudeza, esta necesidad de mostrar el color rojo de la sangre, lo que convierte a esta primera temporada en un producto muy alejado de Marvel, sobre todo de lo que habitualmente ha hecho en cine. Precisamente esto es lo que genera el soplo de aire fresco que aportan Matt Murdock y el resto de personajes.

De actores y trama

Claro que su apartado técnico y visual no es lo más atractivo de Daredevil. La verdadera sustancia de la serie se halla sobre el papel, en el desarrollo de sus diferentes líneas argumentales y en la definición de sus personajes. A pesar de que la trama principal está claramente definida (a algunos podría parecerles algo burdo) como el héroe contra el villano, son las líneas argumentales secundarias las que aportan riqueza al conjunto, sobre todo porque, aunque corren de forma paralela, terminan por incidir en el desarrollo de la principal. El secreto del héroe a sus amigos, la violencia que guarda el villano interpretado por Vincent D’Onofrio (Jurassic World) o la investigación periodística son algunos ejemplos.

A esto hay que sumar, sin duda, el dibujo de los personajes. A través de los flashbacks que se viven en muchos momentos de la temporada el espectador es capaz de apreciar la trayectoria de cada uno, tanto héroes como villanos, pero el verdadero interés radica en sus relaciones presentes. El modo en que, por ejemplo, afrontan el secreto de Murdock es tan significativo como impactante en la trama, que se ve obligada a evolucionar de un modo sensiblemente diferente. Aunque tal vez el mejor elogio que se puede hacer a los personajes es, precisamente, que pueden morir. Sus reacciones, sus puntos de vista y sus decisiones se basan en todo momento en el miedo a lo que pueda ocurrir, en la imposibilidad de luchar contra algo más grande (principal argumento transversal de la serie, por cierto), lo que aporta un halo de realismo y veracidad que, evidentemente, es evitado en puntuales momentos para poder desarrollar algunos aspectos de la historia.

Es destacable también la labor de los actores, sobre todo de los principales. A las magníficas actuaciones de Cox y D’Onofrio se suma un reparto que, en mayor o menor medida, engrandecen unos perfiles que sobre el papel podrían parecer poco definidos. Sin ir más lejos, el grupo de villanos manejados por ese archienemigo del mundo marvelita que es Wilson Fisk, alias ‘Kingpin’, alternan una pose meramente decorativa con un auténtico perfil determinante, lo que sugiere una irregularidad en el guión, aunque solo sea en el tratamiento. Lo mismo ocurre, aunque en menor medida, con el bando de los héroes, donde algunos personajes parecen entrar y salir de escena por necesidades de la acción, y no porque su historia no tenga más recorrido. Este, que podría ser un lastre importante de la primera temporada, queda minimizado gracias precisamente a la labor de los actores, amén del ritmo que imprime el desarrollo de la trama principal.

El mejor resumen que se puede hacer de la primera temporada de Daredevil es que logra un equilibrio perfecto entre todos sus elementos. La trama se desarrolla de forma fluida a lo largo de los episodios hasta lograr un clímax espléndido. Los actores, en este sentido, ofrecen un trabajo ejemplar, conscientes de su lugar en la trama y adaptándose a ciertos baches que puede tener la historia. Y la apuesta formal, con siluetas, sombras y luchas tan realistas como espectaculares, es el envoltorio ideal para una historia sobre un hombre que lucha para hacer de su ciudad un lugar mejor. Y lucha tanto en los tribunales como en las calles. La oscuridad que desprende en cada plano convierte a este superhéroe en una creación más adulta de lo que cabría esperar, y hace que la producción sea uno de los productos más recomendables de la nueva hornada televisiva.

‘Ant-Man’: el grande se comió al pequeño


Paul Rudd es 'Ant-Man', un hombre capaz de reducir su tamaño y controlar a las hormigas.Siempre he pensado, sobre todo a raíz de la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan (El truco final), que el cine de superhéroes tiene dos niveles muy diferenciados. En realidad, pasa lo mismo en los cómics. Marvel es consciente de ello, y por eso en el particular universo que está creando hay grandes películas y hay pequeñas películas, estas últimas complementando lo narrado en las primeras. Y aunque pueda parecer un juego de palabras y de ideas, la última propuesta de la Casa de las Ideas sobre un superhéroe que puede encoger su tamaño es… pues eso, pequeña.

Podría achacarse a un guión previsible, plagado de lugares comunes y chistes fáciles. Podría ser cosa de Peyton Reed (Abajo el amor), quien se limita a mover la cámara para obtener una narrativa estándar. E incluso podría culparse a los actores, enfrascados en lograr que sus personajes no sean excesivamente ridículos y arquetípicos en muchas ocasiones. Pero en realidad el problema de Ant-Man es conceptual, algo que se aprecia en los pocos momentos de auténtica lucidez que tiene la película, y que coinciden no por casualidad con el juego de perspectivas y con el riesgo de empequeñecer sin control hasta llegar a desaparecer en un mundo subatómico.

Son estos pequeños fragmentos los que evidencian que tras la fachada irónica y distraída que se empeña en tener el film existe algo más, algo que perfectamente podría haber redefinido la trama hacia un concepto más adulto, más serio si se prefiere, y que podría haber dotado al personaje protagonista de una mayor entidad. Las referencias a El increíble hombre menguante (1957) son más que evidentes, y desde luego se convierten en las secuencias más interesantes del relato, ya sea con ese primer encuentro del personaje de Paul Rudd (Mal ejemplo) con su nueva naturaleza menguante o con la batalla final, todo un alarde de equilibrio entre las diferentes perspectivas y el efecto que eso conlleva.

Aunque como película pequeña que es, sus responsables prefieren convertirla en un mero entretenimiento que permita encajar al personaje en el universo Marvel antes que darle un protagonismo real. Solo el tiempo confirmará si la opción elegida es correcta o relega al personaje a la segunda línea de desarrollo. Es decir, si los grandes superhéroes se comen a este pequeño Ant-Man. Esta apuesta por la espectacularidad y la grandilocuencia convierten al film en un producto entretenido, pero le roban un alma que habría puesto de manifiesto un carácter mucho más intimista y personal. Todo sea por el espectáculo superheróico.

Nota: 6/10

‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: doble de acción, mitad de drama


'Los Vengadores. La era de Ultrón' supone para los héroes la prueba más dura de sus vidas.Cada uno a su modo, MarvelDC Cómics han cambiado el modo de entender el cine de superhéroes. El primero ha redefinido el concepto de entretenimiento; el segundo ha elevado este género a cotas que parecían inimaginables. Pero si algo ha hecho la casa de héroes como Spider-Man o Iron Man es crear un mundo cinematográfico que traslada de forma magistral el mundo de los cómics. Esto implica que, aunque para disfrutar de una película no hace falta ver el resto, todas y cada una se nutren entre ellas. Y en esto ha tenido buena parte de responsabilidad Joss Whedon (serie Buffy Cazavampiros), quien con la continuación de Los Vengadores (2012) vuelve a demostrar su habilidad para el dinamismo visual.

Porque lo cierto es que Los Vengadores: La era de Ultrón es un constante movimiento. Las peleas, los momentos irónicos, e incluso los momentos más dramáticos, contienen una agilidad narrativa fuera de toda duda. Es, al igual que le ocurría a su predecesora, un cómic en movimiento, algo que queda patente con la declaración de intenciones de la primera secuencia y ese plano en el que aparecen todos los superhéroes en formación de ataque. A partir de ese momento poco margen existe para la reflexión, lo cual no quiere decir que no exista un cierto desarrollo dramático. No mucho, pero existe. Si a esto se suma la comodidad de unos actores que disfrutan de sus personajes lo que obtenemos es un relato entretenido como pocos que invita al espectador a evadirse de todo lo que le rodea.

Ahora bien, la película se encuentra con un escollo relativamente importante que no logra solventar, y es el hecho de tener que luchar contra su propia naturaleza. Sin los conflictos personales que poblaron la primera entrega lo que queda es un arco dramático algo plano, sin grandes giros argumentales y, desde luego, con pocas o ninguna sorpresa. Se puede decir que la película es lineal, una carencia que se suple, y muy bien, con el dinamismo de sus secuencias y el ritmo desenfrenado de la narración, que apenas deja tiempo para la reflexión. Plagada de efectos visuales a cada cual más espectacular (los planos generales de combate son simplemente brillantes), la película cojea en el plano emocional al no existir las fricciones entre los héroes que sí se vivieron en el film original. Incluso el intento de incorporar la vida secreta de uno de los protagonistas, que en un principio parece dotar de mayor gravedad a la trama, se diluye entre rayos y puñetazos.

Algo ayuda, además de la continua sucesión de luchas y persecuciones, la presencia de un villano como Ultrón, al que da vida un James Spader (serie Boston Legal) cuya labor solo podrá apreciarse en todo su esplendor en la versión original. El resto de nuevos personajes suponen una distracción de las irregularidades del film, es cierto, pero su introducción en un film tan repleto de personajes impide que se desarrollen como es debido, lo que les convierte en meros testigos de lo que ocurre en pantalla. Sí, tienen ciertos momentos de protagonismo y gloria, pero su presencia queda lejos de la que tienen el resto de héroes, algo motivado principalmente porque éstos han tenido la oportunidad de brillar con luz propia en sus respectivas sagas. Tratar de presentar en sociedad nuevos héroes en un film tan saturado termina por diluirlos en un maremagno de poderes.

Lo que no cabe duda es que Los Vengadores: La era de Ultrón cumple con lo que promete, y lo hace con nota. Tal vez haya perdido el factor sorpresa de la primera entrega; tal vez su aspecto dramático no tiene la misma fuerza. Pero todo eso queda eclipsado por una agilidad visual y narrativa innegables, y que convierten a Whedon en uno de los nombres de peso en esta segunda etapa de Marvel, que terminará este año. Dos horas y media de acción en estado puro, humor irónico para los momentos más relajados y poca profundidad dramática que se pasan con bastante velocidad. Ahora toca esperar al próximo villano, que para aquellos que no puedan aguantar las ganas de conocerlo será… el que aparece en la secuencia post títulos de créditos.

Nota: 7/10

‘Big Hero 6’: programada para no herir a los humanos


Los protagonistas de 'Big Hero 6' se preparan para su primera aventura.No creo que nadie espere encontrar en una cinta de Disney una historia desgarradora con un final duro pero realista. La compañía es lo que es, y esos valores, gusten más o menos, son sus señas de identidad. Pero de un tiempo a esta parte sus mensajes han cambiado ligeramente. Con Frozen: El reino del hielo se cambiaron las tornas en lo que a héroes, villanos y damiselas en apuros se refiere. El resultado todavía lo estamos viendo. En esta primera colaboración con Marvel, casa que posee el cómic en el que se basa, ocurre algo parecido, aunque con la diferencia de que, en esta ocasión, los personajes y el desarrollo de la trama son algo más típicos, tópicos y previsibles.

Porque si algo se le puede achacar a Big Hero 6 es que tanto su historia como sus personajes secundarios carecen de grandes matices. El desarrollo dramático transcurre por cauces habituales, sin demasiados sobresaltos y con giros argumentales más o menos previsibles. Evidentemente, la historia está pensada para los más pequeños. Pero incluso en este marco hay espacio para algo ligeramente diferente que obliga a reflexionar sobre algunas ideas como la pérdida, la forma de afrontar el dolor, la ira o la venganza. En este sentido, el momento en que el joven protagonista modifica la programación de su robot para convertirlo en una máquina de matar es tan impactante como aterradora.

Y por supuesto, tenemos a Baymax, el achuchable robot médico que acompaña al joven protagonista y que se convierte en el alma de la historia por méritos propios desde el primer minuto. Su presencia en pantalla no solo da sentido al conjunto, sino que eleva el grado de entretenimiento, risas y diversión a cotas que no se alcanzan salvo en el tramo final, cuando tiene lugar la gran batalla, todo un alarde de dinamismo, colorido y frases manidas. Desde luego, sin esta especie de primo lejano del muñeco de Michelin la cinta no sería lo que es. Y desde luego, si la acción que tiene en su tramo final estaríamos ante una propuesta mucho más monótona y lenta, como demuestran sus primeros minutos hasta la llegada del mencionado robot.

Está claro que el éxito de Big Hero 6 está asegurado, así como el merchandising que acompañará a la cinta estas Navidades. Pero más allá de todo el envoltorio, la película presenta un mensaje y una moraleja muy interesantes, tal vez no apto para todos los niños pero indudablemente didáctico. Lástima que sus puntos débiles residan en sus secundarios y en un guión excesivamente simple. De haber dotado al conjunto de algo más de solidez narrativa y de unos secundarios con vida propia estaríamos hablando de un importante título de la animación moderna. De este modo, solo se puede decir que es una película muy entretenida que se pasa en un suspiro entre risas y acción. Que es más de lo que puede decirse de otras cintas, por cierto.

Nota: 6,5/10

Tráiler de ‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: más y más de todo


El tráiler de 'Los Vengadores: La era de Ultrón' ofrece la primera imagen del personaje.De una secuela se espera siempre más y mejor. Si es un drama o un thriller, más intensidad emocional. Y si es una cinta de acción… pues eso, más acción. Pero cuando se habla de la continuación de un evento como el que fue Los Vengadores hace ya dos años es difícil pensar en algo más grande que la destrucción final de Nueva York. Por eso el primer tráiler generaba tanta expectación, y a tenor de lo que puede verse en el avance que Marvel hizo público ayer los fans verán cumplidas sus expectativas, al menos en lo que a espectacularidad se refiere. Aunque como está ocurriendo en la llamada “segunda fase”, los elementos más dramáticos de este grupo de superhéroes también están presentes. La trama de Los Vengadores: La era de Ultrón sitúa a los héroes ante un reto aún mayor al de su primera aventura juntos, pues deberán hacer frente no solo a sus problemas para trabajar juntos, sino a un enemigo que nace cuando Tony Stark trata de relanzar un antiguo programa que salvaguardaría la paz mundial. Cuando Ultrón haga acto de presencia y revele sus verdaderos planes solo ellos serán capaces de detenerle, aunque para ello tengan que sacrificar su propia vida.

A tenor de lo que puede verse en este primer avance, que como es habitual encontraréis al final del texto, los componentes dramáticos tendrán un papel fundamental. Más allá de las rencillas que nutren la dinámica del grupo (y que según parece volverán a aparecer), lo relevante es el carácter algo derrotista del montaje y de los momentos elegidos para el tráiler, dejando en el aire la sensación de estar ante el final de algo y ante un nuevo comienzo. El escudo roto del Capitán América es la imagen más elocuente de todas, sugiriendo la posibilidad de su muerte o, al menos, de su derrota. Y no sería algo descabellado si tenemos en cuenta la tradición de muerte y resurrección que existe en los cómics.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que esta continuación dirigida de nuevo por Joss Whedon, creador de series como Buffy, cazavampiros, busca un tratamiento visual de la historia similar al de su predecesora, en el que los contrastes o los juegos de luces quedan relegados a un segundo plano. Esto, que funcionó bien en la primera parte debido, en buena medida, al tono aventurero de la misma, genera un pequeño contraste con el tono de la trama, aunque por otro lado saca mucho partido a las secuencias de acción, sobre todo a la que protagonizan Hulk y el Hulkbuster. Lo que parece claro es que la película será más grande en todos los sentidos.

Habrá que esperar hasta mayo del 2015 para poder disfrutar de Los Vengadores: La era de Ultrón, que cuenta en su reparto con los actores que vienen dando vida a los superhéroes en las últimas películas, es decir, Chris Evans (Rompenieves) como Capitán América; Robert Downey Jr. (#Chef) como Iron Man; Chris Hemsworth (La cabaña en el bosque) como Thor; Scarlett Johansson (Lucy) como Viuda Negra; Jeremy Renner (El sueño de Ellis) como Ojo de Halcón; Mark Ruffalo (Begin Again) como Hulk; Samuel L. Jackson (RoboCop) como Nick Furia; Paul Bettany (Transcendence) como la voz de Jarvis; y Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre) como Maria Hill. Además, y como se puede ver en el tráiler, se incorporan Andy Serkis (King Kong), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla) como Quicksilver; y Elizabeth Olsen (Luces rojas) como Bruja Escarlata. Sin más dilación, el primer avance.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: