‘Los Vengadores’ son la luz en una semana negra para la taquilla


Todo lo que sube tiene que bajar. Y ambos procesos, subida y bajada, tienen una relación directamente proporcional en lo que a comportamiento se refiere. Por eso a nadie debería sorprenderle que el pasado fin de semana, sin grandes estrenos y con la presencia de Los Vengadores: La era de Ultrón muy reciente en la taquilla, solo se hayan registrado 3,68 millones de euros según Box Office Mojo, lo que representa un descenso de más del 50% respecto a la semana anterior. Claro que sin duda habrá influido notablemente el hecho de que estos días se está celebrando la Fiesta del Cine, lo que además modificará sustancialmente las previsiones de muchos films.

Sea como fuere, la secuela de Los Vengadores logra 1,57 millones de euros, lo que representa casi la mitad de la recaudación global y supone una pérdida del 64%. Es muy pronunciada, por lo que el inminente estreno de la nueva ‘Mad Max’ sin duda le hará perder la primera posición, pero eso no le impide tener unos ingresos acumulados de 7,12 millones de euros, por lo que no debería resultarle muy difícil terminar más allá de los 10 millones.

Y dos estrenos se cuelan entre los tres primeros. Por un lado El viaje más largo logra 342.149 euros repartidos en 321 salas, lo que deja un balance de 1.066 euros. No son datos demasiado esperanzadores para este drama, pero en cualquier caso no debería tener demasiados problemas para superar el millón de euros dado el público objetivo al que se dirige. Una recaudación, por cierto, muy similar a la de Suite francesa, que se queda en los 319.022 euros. Estrenada en 253 pantallas, su proporción de 1.261 euros es sensiblemente mejor, por lo que tampoco debería tener problemas para alcanzar el millón de euros. En cualquier caso, ambas películas no parece que tengan fuerza suficiente para llegar mucho más lejos.

La cuarta posición es para El maestro del agua, que en su tercera semana se queda en los 179.505 euros, un 67,6% menos. La cinta acumula ya 1,71 millones de euros, por lo que con algo de ayuda de la mencionada Fiesta del Cine podría terminar en el entorno de los 2,5 millones de euros. Por su parte, La familia Bélier se queda esta semana en mitad del top 10 con 152.313 euros más en su cuenta particular. La cantidad, que supone un 57,4% menos, deja el total a las puertas del millón de euros, cantidad que sin duda ya habrá superado, y sitúa su más inminente objetivo en los 1,3 millones de euros.

Más estrenos aparecen en el ranking. El gurú de las bodas logra colarse en el sexto lugar de este box office con 138.453 euros repartidos en 204 pantallas, es decir, 679 euros en cada una. Es un balance muy pobre que no augura nada bueno para esta comedia y que deja sus aspiraciones en el medio millón de euros, y eso con suerte. Algo parecido le ocurre a A cambio de nada, cuyo estreno en 105 salas se salda con 118.662 euros (1.130 euros de media). En este caso su comportamiento es algo mejor, pero no parece posible que termine por encima de los 750.000 euros.

La octava posición es para Fast & Furious 7, que tras un mes y medio en la cartelera logra 117.863 euros, un 65,48% menos que hace siete días. Eso sí, su total ya está por encima de los 13 millones, y lo más probable es que termine en una cantidad próxima a los 13,7 millones de euros. Una cifra, por cierto, con la que no puede soñar Superpoli en Las Vegas, que esta semana logra 108.500 euros (-62% aproximadamente), lo que sumado a las dos semanas anteriores hace un total de 911.840 euros. Parece evidente que superará el millón de euros, pero poco más.

Terminamos el repaso al top 10 con Sweet Home, estreno español que se queda en los 107.134 euros repartidos en 165 salas, lo que deja un balance de 649 euros. Sus objetivos ahora mismo son lograr acercarse lo más posible al medio millón de euros, y si tiene algo de suerte en la Fiesta del Cine, podría incluso aspirar a algo más, pero en ningún caso parece viable que llegue al millón de euros.

Anuncios

‘Rojos’, la evolución de los ideales tras el triunfo de la Revolución Rusa


Diane Keaton y Warren Beaty protagonizan 'Rojos'.La carrera de Warren Beatty como director es muy corta. Cuatro largometrajes para cine y uno para televisión es todo lo que atesora el protagonista de Bonnie y Clyde (1967) tras las cámaras. Pero prácticamente todas ellas son auténticas joyas dentro de su género. Una de ellas es Rojos, intenso drama de 1981 basado en la vida del periodista y activista John Reed y su lucha a favor del comunismo, una iniciativa que le llevó a vivir junto a su mujer, la escritora feminista Louise Bryant, la Revolución Rusa desde dentro, participando posteriormente en la creación del partido comunista de Estados Unidos. La película, más allá de su belleza formal y de un reparto sencillamente excepcional (en el que destacan Jack Nicholson y Diane Keaton, además del propio Beatty), recoge con inteligencia el sentimiento de frustración una vez superados los primeros compases de cualquier fenómeno social de este tipo, algo que la Historia ha demostrado en no pocas ocasiones.

Desde luego, las más de tres horas de metraje son tiempo más que suficiente para abordar diversas tramas y conflictos, tanto emocionales como sociales, pero en nuestro caso todos ellos tienen mucho que ver no solo con una interpretación algo extrema del comunismo, sino con la lucha entre sentimientos e ideología, entre el corazón y la mente. La relación de la pareja protagonista, hilo conductor del resto de tramas secundarias, es presentado como un tortuoso camino de encuentros, disputas y sentimientos encontrados que tienen su origen en una idea de amor libre que ninguno de los protagonistas es capaz de tolerar por mucho que lo intenten. Da igual las promesas que hagan o la imagen que pretendan ofrecer al mundo. En la intimidad de una casa vacía el temor a perder al ser amado y a la soledad es más fuerte que cualquier otro sentimiento, algo que les separa y que al mismo tiempo termina por unirles.

Pero si el romance entre estos personajes es el motor y la excusa para narrar el acontecimiento histórico, la propia Revolución Rusa adquiere un significativo papel en la segunda mitad del film, aunque no en el sentido que podríamos estar acostumbrados a ver. Beatty, quien también participa en el guión, disecciona a la perfección el proceso de frustración que deriva en insatisfacción cuando un movimiento tan relevante y radical como una revolución debe hacer frente a sus ideales para asentarse sobre unas bases coherentes para construir una sociedad. Mientras que el nacimiento se produce por el empuje de toda una sociedad para cambiar las cosas, el desarrollo y maduración debe ser coordinado por unos pocos, es decir, se debe dejar el poder en manos de alguien.

Personalmente, es esta segunda parte del film lo más interesante de toda la trama. La lucha contra el sistema del protagonista se convierte en una lucha contra sus propios compañeros, en una implicación cada vez mayor por defender unos ideales que considera no reflejados (o directamente violados) en la construcción de los nuevos partidos comunistas. Rojos se convierte, por tanto, en un documento muy interesante a analizar, no tanto como reflejo fiel de una época convulsa, sino como un proceso dramático en el que la indignación, la tristeza y el amor a una causa se entremezclan para derivar en una lucha interna que no hace sino demostrar que la sociedad necesita cambiar, aunque después no tenga muy definido cómo continuar.

La luz de una revolución

La película, por supuesto, es mucho más que la implicación política y social que demuestra Beatty. De hecho, las 12 nominaciones a los Oscar en 1981, algo que no se lograba desde 15 años antes, no son por su compromiso ideológico, sino por los valores formales y dramáticos que expone la cinta. Los segundos ya los hemos mencionado, y los primeros pasan inevitablemente por la labor del director de fotografía, Vittorio Storaro (El último emperador). Su labor, por la que ganó su segundo Oscar, ofrece los dos aspectos fundamentales de toda fotografía cinematográfica: la capacidad de emocionar y de narrar. En efecto, el uso de la luz por parte de Storaro permite al espectador acercarse más a los personajes, a sus emociones y a sus miedos.

La forma de presentar el hogar de los protagonistas, muchas veces en penumbras, transmite la idea de una soledad generada por esa confrontación interna entre emociones e ideología de la que antes hablábamos. Y eso es solo un ejemplo. El uso del color durante la Revolución Rusa o las diferentes discusiones del protagonista con compañeros de profesión y de partido aportan a la historia un naturalismo único, acercando la forma de realizar de Beatty (tradicional pero formalmente bella) al documento histórico que recrea, no tanto al movimiento ruso como al realismo de la azarosa vida de Reed.

El principal problema con el que se encuentra es, como suele ocurrir en estos casos, la duración de su metraje. Más de tres horas es, salvo honradas y muy escasas excepciones, una duración demasiado larga para mantener un nivel de interés alto durante todo el desarrollo dramático. Además, como toda historia basada en la vida de un personaje conocido presenta la dificultad de una narrativa coherente entre los saltos temporales imprescindibles para resumir décadas en minutos. Tal vez el film de Beatty peque en ciertos momentos de dichas flaquezas, pero lo cierto es que no son muy distintas de las que se pueden encontrar en cualquier guión, con la diferencia de que muchos otros no poseen el interés que puede generar esta.

En cualquier caso, Rojos es un clásico más que recomendable para cualquier persona que quiera acercarse a una época tan convulsa como las primeras dos décadas del siglo XX. Imprescindible para aquellos a los que les guste la Historia. Su plasmación de los sentimientos que genera una revolución, y de cómo estos evolucionan a medida que dicho movimiento debe consolidarse en algo sólido socialmente hablando, es uno de los mejores motivos para sentarse frente al televisor y recuperar esta historia de amor, de lucha por unos ideales y del nacimiento de un movimiento que cambió para siempre el panorama político y social del mundo.

‘El gran Gatsby’: la luz verde al final del túnel


Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire y Joel Edgerton en 'El gran Gatsby', de Baz Luhrman.Puede que muchos se rasguen las vestiduras con esta nueva versión de la obra de F. Scott Fitzgerald realizada por Baz Luhrman (Australia). Se hablará de su innegable despliegue visual. Se hablará también de la moderna música elegida para acompañar una historia de los dorados años 20 en Nueva York. Incluso se dirá que no es fiel al espíritu de la novela. Bueno, tal vez lo que cabría preguntarse es: ¿realmente es Baz Luhrman un director al uso? ¿Acaso su Romeo y Julieta de William Shakespeare (1996) se mantenía fiel al texto teatral? Es con esa idea en mente con la que hay que acudir a ver este El gran Gatsby.

Y precisamente con esa idea es con la que se puede separar el grano de la paja en esta historia de pasados ocultos, de excesos sociales y, en el fondo, de amor maldito. No cabe duda de que la forma, la carcasa que envuelve la trama es apabullante. El ambiente de derroche, lujo y fiestas que define el mundo del misterioso Gatsby (un maravilloso Leonardo DiCaprio que definitivamente ha alcanzado ese punto en el que da igual lo que haga, siempre estará soberbio) queda definido desde el primer momento a través de los ojos del narrador/protagonista. Curiosamente, la elección musical de Luhrman, lejos de resultar incompatible, termina por aportar el necesario punto de modernidad a una sociedad en auge y a las impresiones que recibe un joven de provincias que llega a la gran ciudad. Una apuesta arriesgada pero acertada.

Ahora bien, el director peca de nuevo en su talón de Aquiles más importante: el manejo de los tiempos. La historia centra tantos esfuerzos en introducir al espectador en el brillante espectáculo visual que tarda demasiado en ponerse seria y desarrollarse como es debido. De hecho, las pinceladas que va dando durante su primera mitad son tan evidentes que uno termina por sospechar que algo extraño ocurre con excesiva antelación, de ahí que cuando todo empieza a tomar forma la película se vuelve algo previsible. Eso no evita, sin embargo, que el desarrollo dramático en sí no tenga las suficientes dosis de tragedia, romance y tristeza, lo que termina dando a este luminoso túnel un punto de esperanza, un poco en similitud a esa característica esperanza de Gatsby al mirar cada noche la parpadeante luz verde.

Decir que El gran Gatsby, versión Luhrman, es una buena película tal vez sea excesivo. Es un entretenimiento muy bien realizado y con un reparto excepcional en el que ninguno de los actores desentona, con especial mención a Tobey Maguire (Pleasantville) y Joel Edgerton (El rey Arturo). Sin embargo, no trasciende más allá. Su duración de dos horas y media juega en su contra en gran medida por la falta de equilibrio narrativo entre la opulencia visual del conjunto y el intimismo dramático de la relación de amor imposible. Curiosamente, ambos elementos son vasos comunicantes, pues cuando uno se hace fuerte el otro se debilita. En el fondo, todos los elementos están ahí, pero se echa en falta un buen nexo de unión entre ellos.

Nota: 6,5/10

‘Hermosas criaturas’: luz y oscuridad empalagosas


Alice Englert lee un libro acompañada por Alden Ehrenreich y Viola Davis en 'Hermosas criaturas'.Le pese a quien le pese, la saga Crepúsculo ha sido muy dañina para el mundo de la literatura y del cine. Ante el final de la empalagosa saga de vampiros y hombres lobo son varios los proyectos que intentan por todos los medios repetir éxito o, al menos, cubrir parcialmente el vacío dejado en la legión de fans que interpretan como novedoso la transgresión puritanista de un icono tan violento y erótico como el del vampiro o el del hombre lobo. En esta ocasión le toca el turno a las brujas… perdón, a los “caster”, seres no-mortales con poderes increíbles que, a pesar de todo, también mueren. Y como no podía ser de otro modo, la historia está pensada, valga la redundancia, para no hacer pensar demasiado al espectador medio adolescente, cayendo en los más absurdos tópicos, en los diálogos imposibles y en una historia que, aunque adapta una novela, hace aguas más que el Titanic.

Pocas veces me ha ocurrido que haya tenido que mirar el reloj a los 15 minutos de comenzar un film en una sala de cine. A pesar del esfuerzo de sus actores, que en general son de lo mejor del film (sobre todo los más veteranos, unos soberbios y casi autoparódicos Jeremy Irons, Emma Thompson y Viola Davis), la incoherencia de sus personajes, condenados a la mediocridad ante la falta de definición y, sobre todo, de claroscuros en su personalidad. Y eso que se supone que la historia trata, en el fondo, de la elección que todo ser humano debe hacer en su adolescencia y que le definirá como adulto. Pero como decimos, los personajes son planos, tanto o más como su trama, carente de toda sorpresa o giro argumental.

A pesar de su simplicidad, la película logra atrapar al espectador durante algún tiempo, el necesario para narrar la historia del pasado que influye decisivamente en el presente y en el futuro, y para demostrar que el presupuesto es lo suficientemente elevado para derrochar algunos efectos visuales que, todo hay que decirlo, tienen su gracia si el conjunto no se toma demasiado en serio. Pasados esos minutos, y cuando se prevé lo que va a ocurrir, el metraje, unas dos horas que se hacen algo largas, vuelve al tedio con el que comienza, embarrando soberanamente la trama en un intento de hacerla diferente y fresca para el público al que va dirigida, sin conseguirlo.

Es una lástima que se desperdicie a actores de semejante calibre en un film como este. Desde luego, si el argumento, aun siendo para adolescentes, se hubiese afrontado de forma algo más seria, tal vez oscura y, desde luego, menos empalagosa (me pregunto cuándo los autores dejarán de utilizar el fantástico para hablar sobre los corazones rotos y los riesgos del primer amor/relación sexual), estaríamos hablando de una cinta curiosa, tal vez hasta interesante. No es el caso, y habrá que ver si tiene el éxito suficiente para aguantar una segunda parte. O lo que es lo mismo, si el público será capaz de aguantar la continuación de semejante pasteleo.

Nota: 4/10

‘Lincoln’: la luz de un hombre, las sombras de un presidente


Daniel Day-Lewis es 'Lincoln'.Steven Spielberg (Indiana Jones en busca del arca perdida) es uno de esos directores a los que les cuesta mucho ser reconocidos como verdaderos artistas. Es indudable su capacidad para entretener y realizar productos espectaculares, pero pocos (afortunadamente, cada vez más) son los que le reconocen como algo más, como un director de cine con mayúsculas capaz de abordar cualquier tipo de historia y adaptar su lenguaje cinematográfico a las necesidades de la trama. Para aquellos que todavía dudan, Lincoln es una muestra más de que estamos ante un genio, un hombre capaz de emocionar y maravillar con un relato tan sencillo y norteamericano como es la abolición de la esclavitud a través de la decimotercera enmienda a la Constitución de aquel país.

No es esta una de sus películas más fáciles de ver y entender. En todo momento, incluso en los minutos iniciales que se sirven de una breve explicación de la situación de Estados Unidos en aquella época, el director entabla un diálogo con el espectador de igual a igual que requiere no solo de atención, sino de un cambio de mentalidad respecto a la actualidad que vivimos. Eso, y eliminar los prejuicios positivos y negativos que podamos tener. Porque si algo bueno hay en este biopic es que nadie es bueno o malo, nadie posee la razón respecto a un determinado punto de vista.

De hecho, la imagen de Abraham Lincoln, que cobra vida gracias a la extraordinaria labor de un Daniel Day-Lewis (Pozos de ambición) que desaparece para dar paso al personaje, se muestra con tantas luces como sombras. Padre cariñoso y marido preocupado, como presidente no duda en utilizar todo su poder a través de la compra de votos, las amenazas veladas y la dilatación de una guerra abocada al fin, para poder lograr un objetivo tan moralmente loable como inmoralmente motivado. Sí, su deseo es terminar con la esclavitud, pero sus motivos se confunden, en muchas ocasiones, con el fin más mundano de terminar con una Guerra Civil que, en el fondo, ya había terminado sin necesidad de abolir la esclavitud.

Lincoln exuda elegancia por cada rincón de sus planos. Elegancia en la puesta en escena; elegancia en los actores secundarios, entre los que habría que destacar un Tommy Lee Jones (Men in black) que tiene a su cargo algunos de los momentos más emotivos del relato. Y elegancia en su fotografía, de nuevo a cargo de Janusz Kaminski (Munich), que refleja ese contraste entre el hombre que trata de mantenerse fiel a su moral y el político que se sirve de todas las herramientas necesarias para lograr un fin mayor. El mayor acierto, y lo que al final la convierte en una gran película, es que no oculta los aspectos más dudosos de la personalidad de los protagonistas de la época. A Spielberg podría habérsele ido de las manos, pero lo cierto es que nos ofrece un drama sólido, veraz, emotivo y bello. Y eso, mal que les pese a algunos, solo lo consiguen los grandes maestros del cine.

Nota: 9/10

‘La sombra de la traición’: espías expuestos a la luz


En cualquier combate existe una estrategia casi tan antigua como el propio ser humano: mostrar las intenciones para contraatacar con un movimiento inesperado o, por lo menos, oculto. Es lo que vulgarmente se denomina “un as en la manga”. Digo esto porque la nueva película de Richard Gere (Los amos de Brooklyn), que parece haber encontrado la fórmula para mantener la juventud, juega con esta idea, pero solo a medias, lo que termina por perjudicarla más que beneficiarla. Si en un film de espionaje como este, en el que un ex agente de la CIA y un agente del FBI se unen para dar caza a un antiguo asesino de la URSS al que nunca se identificó, se revela la identidad del malo en cuestión en el minuto 30 (literalmente), parece que no tiene mucho sentido mantener la trama de descubrir quién es quién.

Pero a pesar de todo, el director y guionista de la propuesta, Michael Brandt, opta por hacerlo. Basándose en que hay algo más que contar que la identidad de dicho asesino, la película sigue los derroteros del clásico cine de espías, pero con la salvedad de que el espectador conoce de antemano las intenciones de casi todos los personajes, lo que termina por restar interés al devenir de los mismos. Poco importan la mayoría de los diálogos, de las miradas o de las líneas de investigación. De hecho, salvo por alguna secuencia de acción más o menos interesante, el resto pierde interés a medida que avanza el metraje.

Y dado que el film desvela sus cartas nada más iniciar la partida, el espectador puede hacer un resumen mental de todos los films similares vistos hasta entonces para arrojar luz sobre algunos puntos oscuros de la trama antes de que lo haga el director, lo que convierte a la cinta en previsible dentro de la propia revelación que la misma hace. En el fondo, resulta frustrante ver cómo una historia que tenía todos los elementos para ser, cuanto menos, correcta dentro del género, deriva en un producto con poco o ningún sentido dramático, narrativamente ambiguo y estructuralmente absurdo.

Eso a pesar, como decimos, de unas secuencias de acción interesantes, correctas en su ejecución y bien dosificadas a lo largo de una trama que, por previsible, termina por hacerse algo larga. Más allá de actores (todos bastante correctos dado el material que tenían entre manos), dirección o fotografía, el verdadero pilar de este tipo de films son los giros finales que dan. Y La sombra de la traición, por desgracia, elimina toda sorpresa. Tal vez lo único que merezca la pena del final sea la cara de Gere durante el clímax final, con una mirada y una expresión tan sorprendentes como realistas. Pero eso no merece los 98 minutos de película.

Nota: 4/10

‘La fría luz del día’: de tiros por Madrid


Mabrouk El Mechri es un director francés que adquirió cierta relevancia en 2008 gracias a la película JCVD, protagonizada por Jean Claude Van Damme y que fue una suerte de obra biográfica. Tal vez por ello, su siguiente paso ha sido La fría luz del día, una producción de intriga y acción al más puro estilo tradicional, con estrellas clásicas y nuevos nombres del género que, digámoslo ya, falla en lo primordial en este tipo de películas: la tensión que une una secuencia tras otra.

Localizada en Madrid, la acción se centra en la búsqueda de un joven (Henry Cavill, el nuevo Superman) cuya familia es secuestrada durante unas vacaciones. En dicha búsqueda descubre que su padre, interpretado por Bruce Willis (R.E.D.), es un agente de la CIA, y que existe un maletín que debe ser la moneda de cambio de sus seres queridos. Desde luego, la cinta posee todos los elementos para convertirse en un solvente thriller, pero se queda a las puertas. Incluso eso puede que sea demasiado. El principal problema reside en el pulso narrativo de El Mechri que, a excepción de secuencias muy concretas, termina por aburrir más que entretener, heredando un estilo algo confuso y caótico de cintas como la saga Bourne pero que, evidentemente, no termina de dominar lo suficiente.

Algo a lo que contribuye un guión que camina por derroteros excesivamente conocidos aunque lo haga tratando de imprimir realismo a diálogos y situaciones. Lo único que le diferencia de otras producciones de este estilo es el decorado de las calles madrileñas, lo que puede convertir en un juego de identificación urbanística a esta constante persecución.

A su favor juegan, por un lado, un ritmo frenético que no da casi ninguna tregua al espectador para pararse a pensar en lo que está ocurriendo y, por otro, unos actores correctos en sus respectivos papeles, principalmente un Henry Cavill que oscila entre la figura de héroe (y superhéroe a tenor de las caídas que sufre y de las que sale sin un rasguño) y la de simple mortal, y de una Sigourney Weaver (Armas de mujer) como una agente implacable.

Claro que dichas fortalezas no son excesivamente consistentes, pues dicho ritmo termina una vez encendidas las luces (con el consecuente planteamiento de preguntas sin resolver) y las actuaciones pueden ser entendidas como una falta de definición por parte de un director al que el producto parece habérsele ido de las manos.  No hablemos ya de los personajes de Verónica Echegui (Yo soy La Juani) o de Óscar Jaenada (Noviembre), quienes parecen disfrutar más del hecho de participar en una película de Hollywood que en resultar creíbles en sus papeles (algo que también está bajo la responsabilidad de El Mechri). Una pena.

Nota: 5/10

Policías, visiones apocalípticas y reestrenos en 3D llegan a la cartelera en Semana Santa


Tras una semana marcada por la fantasía y el terror, la Semana Santa deja en España un fin de semana cargado de estrenos más tradicionales, con cintas de intriga y acción, comedias y reposiciones tridimensionales que tratarán de hacer la mayor caja posible en estos días festivos, motivo por el cual se adelantan los estrenos al miércoles 4 de abril.

La fría luz del día es la nueva propuesta de Bruce Willis en su intento por retomar los papeles de tipo duro que le hicieron famoso, como la saga Jungla de Cristal. Con todo, en este caso la acción tiene un marco familiar, y el actor da la alternativa a Henry Cavill (Inmortals), quien parece centrar sus esfuerzos en darse a conocer como actor de acción antes de meterse en las apretadas mallas de Superman en Man of Steel. Cavill es el verdadero protagonista de esta historia en la que un joven debe salvar a su familia de un secuestro, descubrir una conspiración y comprender la conexión entre su padre (Willis) y todo lo ocurrido. Acción sin tregua en esta cinta dirigida por Mabrouk El Mechri (JCVD) y en la que también aparecen Sigourney Weaver (Luces rojas) y los españoles Óscar Jaenada (Los perdedores) y Verónica Echegui (Katmandú, un espejo en el cielo).

La otra cinta importante de acción y drama es la española Grupo 7, dirigida por Alberto Rodríguez (7 vírgenes) y protagonizada por Antonio de la Torre (El prado de las estrellas), Mario Casas (Tres metros sobre el cielo) e Inma Cuesta (La voz dormida). La historia es un viaje continuo entre las debilidades y fortalezas de los miembros de un grupo de la policía para los que lo correcto y lo incorrecto pierde sentido en pos de su propia moralidad. Un poco en la línea de No habrá paz para los malvados.

El toque absolutamente dramático y algo sobrenatural lo pone Take Shelter, segunda obra de Jeff Nichols (Shotgun Stories) en la que un padre y marido, acosado por terribles pesadillas apocalípticas, trata de proteger a su familia de una tormenta que se avecina al considerar que dichos sueños sólo pueden significar una premonición… o algo que ha estado evitando toda su vida. Ponen rostro a los personajes el siempre enigmático e impecable Michael Shannon (Revolutionary Road) y la cada vez más solicitada Jessica Chastain (Criadas y señoras). El cuarto estreno relevante es la vuelta a la pantalla grande de Titanic, la mastodóntica producción dirigida por James Cameron (Avatar) y protagonizada por Leonardo DiCaprio (J. Edgar) y Kate Winslet (Contagio). Eso sí, y como no podía ser de otro modo, esta vez llega en 3D.

Las propuestas europeas para Semana Santa llegan del otro lado de los Pirineos. Gracias al éxito que ha tenido The Artist, las distribuidoras tratan de aprovechar el filón estrenando en nuestras pantallas Los infieles, dirigida por varios artistas (entre ellos el director y el protagonista de la película muda) y protagonizada por el propio Jean Dujardin, Gilles Lellouche (Cuenta atrás), Guillaume Canet (La guerra de los botones). Como su propio título indica, la historia aborda las infidelidades desde diversos puntos de vista en una serie de relatos cortos, ofreciendo toda una panorámica de técnicas, problemas y situaciones como consecuencia de ello.

El último estreno de este 4 de abril es Mi hijo y yo, film francés del 2010 que narra la historia de un padre, estrella del rugby y descendiente de estrellas de ese deporte, que trata de inculcar a su hijo la pasión que él siente, a pesar de que el niño parece más interesado en las matemáticas. Comedia con tintes dramáticos en la que destacan Gérard Lanvin (Secretos cantados), Olivier Marchal (Diamond 13) y Vincent Moscato (Astérix en los Juegos Olímpicos). Dirige y escribe la propuesta Phillipe Guillard en la que es su ópera prima.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: