‘Masters of Sex’ acelera el desarrollo y final de su última temporada


Los protagonistas de 'Masters of sex' hacen frente a sus miedos en la última temporada.Y en su cuarta temporada llegó al clímax. Masters of Sex, la serie creada por Michelle Ashford (serie Nuevos policías), ha puesto punto y final a esta historia sobre los padres de la revolución sexual. Y como ocurre en no pocas ocasiones, lo ha hecho de forma un tanto precipitada, cerrando tramas de modo abrupto y forzando el natural desarrollo tanto de personajes como de acontecimientos. Y sin que esto sea algo necesariamente negativo, sí revela que la serie podría haber dado para, al menos, una temporada más, toda vez que la historia de William Masters y Virginia Johnson siguió en los años posteriores al último de estos 10 episodios finales.

Con todo, hay que reconocer a Ashford su capacidad para estructurar la temporada de forma más o menos coherente. De hecho, la introducción de los personajes interpretados por Betty Gilpin (Una historia real) y Jeremy Strong (La gran apuesta) imprime al conjunto un renovado espíritu transgresor a todos los niveles, pues más allá del propio carácter de ambos roles se convierten en un reflejo de lo que ha sido la relación de los protagonistas a lo largo de estas temporadas. Una metáfora que los creadores de esta ficción se afanan en poner de manifiesto ya sea a través de diálogos o de situaciones, lo que permite al espectador apreciar matices que tal vez hubieran pasado por alto anteriormente.

A esto se suma, y quizá sea lo más interesante, la evolución moral y profesional del personaje de Michael Sheen (Passengers), que tras tocar fondo afronta todo un proceso de autocrítica y autoaceptación como pocas veces puede verse en una serie. La labor de Sheen, en este sentido, es espléndida, así como la del resto del reparto que asiste y/o participa de este cambio. A través de sus ojos se aprecia, asimismo, el cambio que se produce en otros roles secundarios y en la propia dinámica de la serie, que recupera tramas casi olvidadas para cerrar poco a poco los cabos sueltos que habían quedado de temporadas anteriores de Masters of Sex.

El problema, y no es un problema menor, es que dicha recuperación de tramas no conlleva una correcta finalización de las mismas. De hecho, muchos de estos hilos argumentales que complementan la trama principal simplemente se abandonan, como si fueran una incomodidad que pudiera dejarse morir por ausencia en la estructura dramática. Le ocurre al personaje de Annaleigh Ashford (Top five) y su relación lésbica, y le ocurre al interpretado por Kevin Christy (La montaña embrujada), que ha ido perdiendo interés y protagonismo con el paso de las temporadas hasta convertirse, en este tramo final, casi en una decoración más. Asimismo, en los últimos capítulos se aceleran de tal forma los acontecimientos que no solo da la sensación de ausencia de información, sino que se desvirtúa el carácter de algunos personajes.

Las prisas no son buenas

Bill Masters trata de recomponer su vida en la cuarta y última temporada de 'Masters of Sex'.La peor parada es, curiosamente, la otra protagonista principal interpretada por Lizzy Caplan (Ahora me ves 2). El personaje nunca ha terminado de definir una serie de motivaciones claras (lo que le ha otorgado un cierto interés y fuerza dramática), sobre todo en lo referente a su relación con el rol de Sheen, algo que cambia en esta última parte de la serie. El problema es que cambia en un sentido que termina cargándola con un cierto carácter manipulador tanto en el plano personal como laboral, alejado de otras actitudes mostradas a lo largo de toda la ficción y que, en cualquier caso, nunca habían sido tan evidentes como en los compases finales de este drama.

En el lado opuesto podría encontrarse la evolución del personaje de Caitlin FitzGerald (Adultos a la fuerza), aunque su caso es diferente. Su evolución ha ido de la mano del desarrollo dramático de Masters of Sex, por lo que la revolución que provoca en esta cuarta y última temporada es, hasta cierto punto, coherente. Otra cosa es que, ante la necesidad de cerrar la historia, se haya acelerado su proceso de cambio hasta convertirlo casi en un impulso que en un cambio meditado ante los tiempos que le ha tocado vivir. En cualquier caso, es posiblemente uno de los procesos más interesantes de la serie, y desde luego uno de los personajes más complejos y atractivos de esta ficción.

Ambos casos son los extremos de un proceso que, como decía al comienzo, es relativamente frecuente en el final de cualquier serie, sobre todo si este es inesperado. En el caso que nos ocupa, esta cuarta temporada combina el tratamiento narrativo natural de la historia con unas presiones dramáticas poco justificadas que hacen derivar la historia hacia una conclusión que, curiosamente, deja abiertas muchas tramas secundarias, quizá demasiadas. Un equilibrio cuyo resultado es una temporada que se desinfla de forma progresiva al tratar de integrar en el planteamiento del argumento las necesarias secuencias finales de cualquier historia, cuando esta todavía no había terminado lo que podríamos considerar como segundo acto.

Con esto en mente, la cuarta y última temporada de Masters of Sex deja un sabor agridulce, una sensación de que hay algo más en esta historia que no se ha contado, ya sea porque se ha condensado de un modo tosco todo lo acontecido en estos episodios, ya sea porque la historia todavía tenía muchas cosas interesantes que abordar. Sea como fuere, tampoco sería justo valorar una producción de este tipo por sus últimos compases, y de ahí la extraña sensación que deja en el espectador. Después de algunos momentos dramáticos y narrativos realmente espléndidos, la ficción de Michelle Ashford se despide con prisas, de forma algo atropellada y sin dar demasiadas explicaciones. Y como suele decirse, las prisas nunca son buenas consejeras.

Pitt y Cotillard son los ‘Aliados’ de ‘La reina de España’


Estrenos 25noviembre2016Fin de semana de numerosos e interesantes estrenos, sobre todo para un amplio y variado grupo de espectadores. Desde el thriller a la comedia, pasando por el drama, no solo las historias de las novedades que llegan este viernes, 25 de noviembre, son atractivas. También los nombres que las respaldan son el reclamo perfecto para que muchos nos acerquemos hasta las salas de cine.

Desde luego, la más atractiva es Aliados, nuevo film dirigido por Robert Zemeckis (El desafío) que une en pantalla a dos actores de la talla de Brad Pitt (La gran apuesta) y Marion Cotillard (Macbeth). Más allá de rumores morbosos de la prensa del corazón, lo interesante de este thriller dramático con dosis de romance radica en su historia, que gira en torno a un oficial de inteligencia norteamericano en la II Guerra Mundial y la relación que inicia con una integrante de la resistencia francesa, que será puesta en duda cuando surjan las sospechas de que ella es una espía nazi. En el reparto también encontramos a Lizzy Caplan (serie Masters of sex), Matthew Goode (The imitation game) y Jared Harris (Certain women).

Diferente es la temática de Marea negra, aunque posee un atractivo similar y un reparto con un buen puñado de estrellas y nombres conocidos. Basada en una historia real, la trama combina acción, drama e intriga para narrar el accidente de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, que en abril de 2010 provocó una de las peores catástrofes medioambientales y la muerte de 11 hombres. Las acciones de varios de los trabajadores permitieron, sin embargo, salvar muchas vidas. Peter Berg (El único superviviente) se pone tras las cámaras para contar esta historia en la que también participa como actor, y cuyo reparto está encabezado por Mark Wahlberg (Ted 2), Kurt Russell (Los odiosos ocho), John Malkovich (Cut bank), Kate Hudson (Una decisión peligrosa), Dylan O’Brien (El corredor del laberinto) y Gina Rodríguez (serie Jane the virgin).

También procede de norteamérica En el bosque, adaptación de 2015 de la novela de Jean Hegland que, con una combinación de thriller, ciencia ficción y drama, narra cómo en un futuro la Humanidad se enfrenta a su final al producirse un apagón masivo. En este contexto dos hermanas que viven con su padre en una casa a 40 kilómetros del pueblo más cercano deben lidiar contra el hambre, los saqueadores y su propia soledad. Dirigida por Patricia Rozema (Mansfield Park), la cinta está protagonizada por Ellen Page (X-Men: Días del futuro pasado), Evan Rachel Wood (Los idus de marzo), Max Minghella (Los becarios), Callum Keith Rennie (Cincuenta sombras de Grey) y Michael Eklund (Vendetta).

Estados Unidos participa, junto a Francia y Dinamarca, en la producción de The neon demon, thriller de terror creado y dirigido por Nicolas Winding Refn (Drive) cuya trama arranca cuando una bella joven de aspecto inocente desembarca en Los Ángeles para convertirse en modelo. Su meteórico ascenso despertará los recelos de muchas competidoras dispuestas a todo para robarle la belleza. Entre los principales actores destacan Elle Fanning (Maléfica), Jena Malone (Puro vicio), Keanu Reeves (La leyenda del samurai: 47 ronin), Christina Hendricks (serie Mad Men), Bella Heathcote (Sombras tenebrosas) y Abbey Lee (Dioses de Egipto).

Entre los estrenos españoles destaca La reina de España, cinta que llega a la cartelera acompañada de polémica y que continúa las aventuras de los personajes de La niña de tus ojos (1998), esta vez con el rodaje de una película sobre Isabel la Católica que protagonizará una gran estrella de Hollywood de origen español y que desatará todo tipo de situaciones que pondrán a prueba la buena marcha de esta superproducción. Dirigida por Fernando Trueba (El artista y la modelo), que se puso tras las cámaras del primer film, esta comedia cuenta en su reparto con Penélope Cruz (Agente contrainteligente), Antonio Resines (Ni pies ni cabeza), Jorge Sanz (El pregón), Santiago Segura (Mi gran noche), Loles León (La final), Rosa María Sardà (Ocho apellidos catalanes), Neus Asensi (Sólo química), Jesús Bonilla (serie Chiringuito de Pepe), Javier Cámara (Truman), Ana Belén (Antigua vida mía), Chino Darín (Pasaje de vida), Mandy Patinkin (serie Homeland), Cary Elwes (Camino hacia el éxito) y Clive Revill (Crimen y castigo).

También español es el drama romántico Amarás sobre todas las cosas, film dirigido por Chema de la Peña (23-F: la película) que narra la historia de amor a lo largo de cinco años de dos personajes que se separan y se reencuentran, se apasionan y decepcionan mutuamente, y cuya intermitente relación marca el devenir de sus vidas. Israel Elejalde (El gran salto adelante), Lidia Navarro (Salir pitando) y Antonio Velasco (Poveda) son los principales actores.

El tercer título procedente de España es Sicixia, drama que sigue el viaje por Galicia de un ingeniero de sonido que pretende captar la esencia de esta tierra. Su objetivo cambiará cuando conozca a una joven que trabaja en una cosecha de algas en la Costa da Morte. Ignacio Villar (Pradolongo) se pone tras las cámaras de esta historia protagonizada por Monti Castiñeiras (Dictado), Tamara Canosa (Lobos sucios), Marta Lado (Vilamor), Daniel Trillo, Arantxa Villar y Artur Trillo (serie Matalobos).

Puramente española es igualmente La pols, ópera prima escrita y dirigida por Llàtzer Garcia que arranca cuando dos hermanos que viven en las afueras de una ciudad afrontan la muerte de su padre. Un acontecimiento que, sin embargo, él parece olvidar súbitamente, huyendo del tanatorio y provocando una serie de preguntas en su hermana que se irán desvelando en el día y medio que transcurre entre la muerte y el entierro. En el reparto encontramos a Marta Aran, Laura López y Guillem Motos (Insensibles).

España, Portugal y Francia presentan La muerte de Luis XIV, drama biográfico que, como su propio título indica, narra la agonía del monarca en agosto de 1715, cuando una gangrena avanzó por su pierna sin que sus médicos fueran capaces de hacer nada. Desesperados, recurrirán a un charlatán que asegura tener una cura milagrosa. Tras las cámaras encontramos al español Albert Serra (Three Little Pigs), mientras que en el reparto destacan los nombres de Jean-Pierre Léaud (Visage), Patrick d’Assumçao (Tres recuerdos de mi juventud), Vicenç Altaió (Murieron por encima de sus posibilidades), Marc Susini (Ricky), Bernard Belin (Je règle mon pas sur le pas de mon père) e Irène Silvagni.

La cartelera recibe también el drama austríaco La primavera de Christine, segunda película de ficción de Mirjam Unger (Ternitz, Tennessee) que adapta la novela de Christine Nöstlinger ambientada en Viena durante 1945. La protagonista de la historia es una niña que debe huir de su casa ante los bombardeos de la aviación alemana durante la II Guerra Mundial. Sin haber conocido otra cosa que la guerra, la pequeña y toda su familia logra refugiarse en una casa a las afueras de la ciudad, donde encontrarán cierta calma hasta que llegan los rusos. Los actores principales son Zita Gaier, Ursula Strauss (DxM), Krista Stadler (Der Atem des Himmles) y Paula Brunner.

Desde Rumanía llega Los exámenes, drama escrito y dirigido por Cristian Mungiu (Más allá de las colinas) cuya trama gira en torno a un médico de 50 años cuyo pasado en Rumanía está prácticamente olvidado, y cuya única motivación es el futuro de su hija de 18 años, que tras los exámenes finales entrará en una prestigiosa escuela en Inglaterra. Sin embargo, la noche previa a la importante cita la joven es atacada en plena calle, lo que llevará al hombre a volcarse para evitar que nada perturbe el resultado de la prueba. Vlad Ivanov (Snowpiercer), Maria-Victoria Dragus (La cinta blanca), Ioachim Ciobanu (Pioneers’ Palace) y Adrian Titieni (Carmen) encabezan el reparto.

Fuera de Europa nos encontramos con Bar Bahar entre dos mundos, drama israelí que supone la ópera prima de Maysaloun Hamoud, y cuya historia gira en torno a tres jóvenes palestinas que deciden romper con su pasado y vivir libres en Tel Aviv. Sin embargo, pronto comprenden que su condición de mujeres palestinas no les permite escoger el amor libremente, lo que las llevará a tomar una decisión y elegir el mundo del que proceden o en el que ahora viven. El reparto, prácticamente anónimo, está encabezado por Sana Jammelieh, Shaden Kanboura, Mouna Hawa (Zaytoun) y Riyad Sliman (Al-hob wa al-sariqa wa mashakel ukhra).

En el género documental destaca Gimme Danger, lo nuevo de Jim Jarmusch (Flores rotas) que aborda el contexto social, político y cultural que dio origen al grupo musical The Stooges, del que luego saldría Iggy Pop y que se considera uno de los grupos de rock más importantes de la historia, entre otros motivos porque sentó las bases de lo que luego se conocería como rock alternativo.

‘Masters of Sex’ apuesta por los secundarios en su tercera temporada


Los problemas románticos entre los protagonistas se agudizan en la tercera temporada de 'Masters of Sex'.Uno de los fallos que se producen con facilidad a la hora de desarrollar una historia es dejar en un segundo plano las, valga la redundancia, tramas secundarias. Los problemas que esto puede generar engloban desde la pérdida de interés en personajes potencialmente atractivos hasta la debilidad de la estructura dramática. Y hasta cierto punto, era lo que ocurría en la serie Masters of Sex durante las dos primeras temporadas, sobre todo en la segunda. Tal vez por eso, Michelle Ashford (serie Nuevos policías), creadora de esta interesante producción basada en la novela de Thomas Maier, ha optado en esta tercera temporada por desarrollar el mundo de los personajes que se mueven detrás de la relación entre Bill Masters y Virginia Johnson.

De hecho, estos 12 episodios recuperan algunos personajes que parecían haberse perdido a lo largo del tratamiento de la historia. El caso más evidente es el de Beau Bridges (Fuga explosiva), mentor del protagonista, homosexual y con una carga dramática que prácticamente había desaparecido. Su vuelta a escena, además de coherente y enmarcada dentro de la historia de una forma impecablemente natural, ofrece al espectador una reflexión sobre el mundo en el que se desarrolla la trama, tanto a nivel social como personal. Gracias a este punto de apoyo, la serie enriquece ese espectro de romance/sexualidad que parecía acotado al estudio de los protagonistas y a los derivados del mismo, y que ahora tiene una vía de desarrollo ajena, en cierto modo, a esa historia principal.

Del mismo modo, el abanico de personajes secundarios que se dan cita en esta tercera temporada de Masters of Sex, unido a la cada vez mayor presencia de sus historias, crean un mundo mucho más interesante en el que la pareja protagonista es, en cierto modo, testigo, no catalizador. Desde la oposición religiosa y todo lo que eso conlleva (con un gancho de final de serie sumamente interesante), hasta el carácter más independiente del personaje de Annaleigh Ashford (Top five), la historia de la serie adquiere cada vez más ramificaciones, lo que en definitiva ayuda a que el episodio final deje un escenario más complejo, más incierto e indudablemente más atractivo.

En este contexto es importante destacar lo acaecido con el personaje de Caitlin FitzGerald (Adultos a la fuerza), esposa resignada que ya había experimentado cierta evolución en la anterior etapa y que, ahora, adquiere un rol mucho más notable. Más allá de la fortaleza de convertirse en una mujer independiente, lo realmente llamativo es la forma en que asume la infidelidad de su esposo, dotando de naturalidad no solo el acto en sí, sino la relación con la amante colaboradora, estableciendo un curioso triángulo que genera situaciones tan sorprendentes como bien tratadas desde un punto de vista dramático.

Nuevos olores

Todo esto no impide, por supuesto, que la trama principal de Masters of Sex siga su evolución. Al contrario, la enriquece de un modo que, en cierto sentido, se había perdido. Pero volviendo a esa trama principal, esta tercera temporada decide dar un giro completo a la relación entre los personajes de Michael Sheen (Lejos del mundanal ruido) y Lizzy Caplan (The interview) y situarles en un punto de inflexión tan atractivo como coherente. La tensión dramática entre ambos, desarrollada a lo largo de las temporadas anteriores en una especie de tira y afloja, rompe por completo en estos 12 capítulos de un modo inesperado.

En realidad, y conociendo el tono general de este drama, la forma en que el romance de estos personajes evoluciona no podría ser de otro modo. Lejos de disputas con objetos volando por la habitación, o de gritos que traspasan varias estancias, la seriedad que ambos doctores muestran en el modo de tratar su relación es un soplo de aire fresco que, además, añade un grado más de dificultad al desarrollo dramático de la serie. Y es que ese tira y afloja que antes mencionaba, y que ahora parece romperse al menos por uno de los extremos, sigue siendo vigente, precisamente, en el otro cabo, lo que provoca una situación de desequilibrio muy interesante.

Situación que es abordada de formas muy diversas por todos los personajes que rodean a los protagonistas, y evidentemente por los propios protagonistas. La aparición en escena del personaje de Josh Charles (Más allá de la muerte) no solo conlleva la evolución del estudio sobre sexualidad al campo de los olores y las fragancias, sino que se convierte en un punto de inflexión que pone patas arriba el mundo de prácticamente todos los roles que participan en la trama. Evidentemente, su efecto es mayor en aquellos cercanos a los protagonistas, pero eso no impide que no genere cierto impacto en el resto. Es él el que protagoniza, junto a Sheen y Caplan, algunas de las mejores secuencias de la temporada, y desde luego es él uno de los activos más importantes en el cambio que se produce en la serie al final de esta etapa.

Así las cosas, la tercera temporada de Masters of Sex se ha convertido en una de las mejores etapas de la serie. Superado el primer impacto de una serie con un tratamiento tan abierto de la sexualidad, estos episodios ofrecen al espectador un auténtico tratamiento de la sociedad en la que se enmarca la producción, más o menos como había ocurrido en la segunda temporada, pero unificando más la trama principal con las secundarias, y generando una tensión en aumento entre los personajes principales y los secundarios más relevantes. Un enriquecimiento, en definitiva, de la complejidad creativa de este producto cuya cuarta temporada promete, a tenor del final de esta, un mundo completamente nuevo.

Cruzar ‘El puente de los espías’ para entrar ‘En el corazón del mar’


Estrenos 4diciembre2015Puede que esta semana no llegue a las carteleras españolas ningún blockbuster en el sentido estricto de la palabra. Desde luego, no hay secuelas de grandes sagas, no hay esperados estrenos por los que los adolescentes esperen durante meses. En cambio, este viernes, 4 de diciembre, lo que sí llegan son cintas llamadas a tener un pequeño hueco en los principales premios de todo el mundo y, por qué no, a tener un cierto peso en la historia del cine. Títulos que, aunque no vuelvan loca a la gran masa, sí colmarán de satisfacción a más de uno.

Desde luego, eso es lo que se espera de El puente de los espías, nueva colaboración entre Steven Spielberg y Tom Hanks después de joyas como Salvar al soldado Ryan (1998), Atrápame si puedes (2002) y La terminal (2004). Con un guión en el que han participado los hermanos Coen (Fargo), la cinta arranca cuando un abogado de Brooklyn es convocado por la CIA en plena Guerra Fría para que negocie con la URSS la liberación de un piloto norteamericano derribado en espacio soviético, a cambio de entregar a un espía ruso. El delicado equilibrio de fuerzas al que deberá enfrentarse cambiará para siempre su percepción de la realidad. Basada en hechos reales, en el reparto también encontramos a Mark Rylance (Anonymous), Domenick Lombardozzi (El jugador), Victor Verhaeghe (Terminal legacy), Alan Alda (Un golpe de altura) y Amy Ryan (Plan de escape).

También es muy interesante el estreno de En el corazón del mar, adaptación de la novela de Nathaniel Philbrick que narra la verdadera historia se oculta detrás del mito de Moby Dick. Pero la cinta, a medio camino entre la aventura, la acción y el drama, va un paso más allá para narrar el infierno al que tuvieron que hacer frente estos marineros cuando, después de su encuentro con la gran ballena, se encontraron en medio de la nada, sin poder navegar y dudando de sus propias creencias. Ron Howard (Rush) dirige esta propuesta protagonizada por Chris Hemsworth (Vengadores: La era de Ultrón), Benjamin Walker (Abraham Lincoln: Cazador de vampiros), Tom Holland (Lo imposible), Cillian Murphy (Transcendence), Brendan Gleason (Al filo del mañana), Jordi Mollà (Colombiana) y Ben Whishaw (Spectre).

La comedia tiene a su máximo representante en Los tres reyes malos, cuya historia gira en torno a tres amigos con la tradición de celebrar la Nochebuena con una fiesta desenfrenada y llena de diversión. Pero a medida que se hacen adultos la tradición se va perdiendo poco a poco, lo que les llevará a plantearse una última cita navideña para encontrar el ‘Nutcracka Ball’, el santo grial de las fiestas de Nochebuena. Jonathan Levine (Memorias de un zombie adolescente) es el encargado de poner en imágenes esta trama protagonizada por Joseph Gordon-Levitt (Looper), Seth Rogen (The interview), Lizzy Caplan (serie Masters of sex), Anthony Mackie (Capitán América: El soldado de invierno), Michael Shannon (serie Boardwalk Empire), Miley Cyrus (Peligrosamente infiltrada) y James Franco (Todo saldrá bien).

Por su parte, Krampus: Maldita Navidad es una cinta de combina fantasía, comedia y terror a partes iguales para abordar, como se sugiere por el título, el espíritu navideño y los problemas familiares. La trama arranca cuando un niño, harto de las peleas familiares, decide no celebrar la Navidad, lo que hace enfurecer a un antiguo espíritu demoníaco que insuflará de vida a todas las figuritas que adornan la casa, lo que llevará a los miembros de la familia a unirse para defenderse. Dirigida por Michael Dougherty (Truco o trato), la película está protagonizada por Toni Collette (Mejor otro día), Adam Scott (La vida secreta de Walter Mitty), David Koechner (Hits), Allison Tolman (serie Fargo) y Conchata Ferrell (serie Dos hombres y medio).

Estados Unidos participa en El ardor, film que cuenta también con capital argentino, mexicano, brasileño y francés. A medio camino entre el drama y el western, esta historia escrita y dirigida por Pablo Fendrik (La sangre brota) narra la persecución de un joven solitario en medio de la selva tropical de Misiones, en Argentina, a un grupo de mercenarios que han asesinado brutalmente a un hombre y secuestrado a su hija. Gael García Bernal (serie Mozart in the jungle), Alice Braga (Elysium), Claudio Tolcachir (Mentiras piadosas), Chico Díaz (La selva), Jorge Sesán (Desbordar) y Lautaro Vilo encabezan el reparto.

También es muy internacional Langosta, comedia romántica de ciencia ficción que dirige Yorgos Lanthimos (Canino) y que cuenta con capital norteamericano, inglés, irlandés, francés, griego y de los países bajos. El argumento, ambientado en un futuro cercano, arranca cuando un hombre se escapa de un hotel para unirse a una resistencia que vive en un bosque. Y es que esta sociedad futurista encierra a las personas durante 45 días para que encuentren a su alma gemela. En caso de no lograrlo, son convertidas en un animal a su elección. Colin Farrell (serie True detective), Rachel Weisz (El legado de Bourne), Jessica Barden (Mindscape), Olivia Colman (serie Broadchurch), John C. Reilly (Chicago) y Léa Seydoux (La bella y la bestia) son los principales intérpretes.

Alemania, Bélgica y Francia colaboran en el drama La religiosa, producción de 2013 basada en la novela de Denis Diderot y cuya trama, ambientada en el siglo XVIII, narra la difícil vida de una joven bella e inteligente que es enviada por sus padres a un convento. Su forma de ser pronto choca con la rígida organización del lugar, enfrentándose constantemente a las madres superioras. Las vejaciones y los desprecios a los que la joven es sometida solo encuentran consuelo en los anhelos por escapar de esos muros. Guillaume Nicloux (Holiday) pone en imágenes esta historia protagonizada por Pauline Etienne (Paradis perdu), Isabelle Huppert (Amor), Louise Bourgoin (Black heaven) y Martina Gedeck (The door).

Desde España nos llega Barcelona nit d’hivern, continuación de la cinta de 2013 que vuelve a dirigir Dani de la Orden y que, como aquella, cuenta con un reparto coral para abordar las historias cruzadas de varios personajes en Navidad: unos padres primerizos, unos jóvenes que quieren ligar sin comprometerse a nada, una familia que recibe una gran noticia, … Entre los actores encontramos a Àlex Monner (Solo química), Asunción Balaguer (Fuga de cerebros), Montserrat Carulla (Siempre hay tiempo), Alberto San Juan (Las ovejas no pierden el tren) y Abel Folk (Próxima).

La última de las novedades españolas es Techo y comida, ópera prima que escribe y dirige Juan Miguel del Castillo que ahonda en las miserias de un sistema político que abandona a las personas cuando más necesitadas están. La trama se centra en una madre soltera sin trabajo y sin ayudas públicas de ningún tipo. Sin dinero para pagar el alquiler, sufre en silencio una situación que se agrava cuando el propietario, también necesitado de dinero, decide desahuciarla. El reparto está encabezado por Natalia de Molina (Cómo sobrevivir a una despedida), Mariana Cordero (Blue lips), Jaime López, Mercedes Hoyos (Déjate caer) y Gaspar Campuzano.

‘The interview’: la parodia de la discordia


Seth Rogen y James Franco protagonizan 'The Interview'.Sin duda la nueva gamberrada de Seth Rogen (Hazme reír) delante y detrás de la cámara será recordada por considerarse el detonante de una tensión casi bélica entre Estados Unidos y Corea del Norte. El morbo que genera ver la película que, supuestamente, generó el ciberataque a Sony es más que suficiente para convertir al film en un éxito que, de otro modo, casi seguro que no obtendría. Y da igual que sea buena o mala. La curiosidad radica en su realmente la crítica y la burla son para tanto. Bueno, eso me imagino que dependerá del cristal con el que se mire, pero en líneas generales sí, la feroz crítica y el sarcasmo más rudo están presentes. Y de qué modo.

Porque lejos de lo que pueda pensarse, The interview tiene críticas y dardos envenenados para todos los participantes en esta ácida comedia. Desde el líder norcoreano, presentado como un hombre atormentado por la figura de su padre y con gustos por la cultura norteamericana actual más iconoclasta (escucha a Katy Perry mientras bebe margaritas), hasta los norteamericanos, con ese presentador que confunde a Stalin con Stallone, todos los roles caen en una serie de estereotipos que, en el fondo, son los que dan vida a la maquinaria de este film cuyo clímax es un exceso detrás de otro. El guión en sí mismo no supone un reto dramático excesivo, pero lo cierto es que tampoco se busca, y dudo mucho que haya algún espectador que realmente espere encontrar algo más que unos cuantos chistes a cargo de sus protagonistas.

Así que sí, la respuesta al morbo generado por la polémica es afirmativa. El líder de Corea del Norte sale mal parado… como el resto de personajes. En este sentido, el guión trabaja sobre unos estereotipos que funcionan extremadamente bien gracias sobre todo a la simplicidad de la propuesta y a la previsibilidad de su desarrollo dramático, carente de grandes giros. La verdad es que es una trama sin momentos memorables, pero también sin momentos olvidables. Es, con sus virtudes y sus defectos, una película que se conoce de antemano, sobre todo si se ha visto algún film de Rogen y de su humor tendente a la reincidencia de gags relacionados con la sexualidad. Más allá de la crítica y de algunos momentos que arrancan sonoras carcajadas, la cinta pasa de forma discreta por la mente del espectador.

Una distracción que sabe lo que es y para qué está concebida. Ni más ni menos. The interview, en este sentido, es un film sincero. Sin duda la polémica generada ayudará a sanear las cuentas del film, pero tras todo el ruido mediático se esconde una propuesta con una dosis de crítica y de autocrítica notable. No será de lo mejor que pueda verse ahora mismo en la cartelera. Y desde luego, Seth Rogen tiene en su cartera films mucho más divertidos. Pero permite que nos olvidemos de dramas serios durante casi dos horas, sustituyendo los problemas reales por cotilleos, comedia y acción. Y eso tampoco está mal de vez en cuando.

Nota: 5,5/10

Channing Tatum llega a la cartelera española por partida doble


Estrenos 6febrero2015El mes de febrero de 2015 comienza más o menos como terminó enero, es decir, con nominados a los Oscar como principal atractivo. La diferencia con semanas anteriores es que hoy, viernes día 2, ese título llega acompañado de muchas propuestas de lo más diversas y con un atractivo mayúsculo, sobre todo para la gente más joven. Eso, y que uno de los actores protagonistas tiene presencia en la cartelera por partida doble. Entre tantos estrenos es difícil escoger por dónde comenzar, así que lo haremos con uno de los grandes candidatos a los Oscar.

Y ese no es otro que Foxcatcher, drama ambientado en el deporte olímpico que narra la historia real de Mark Schultz, ex campeón de lucha libre que en los años 80 vivía a la sombra de su hermano mayor, un afamado entrenador de este deporte. Ansioso por recuperar su viejo prestigio, el hombre acepta el encargo de un millonario, quien pretende crear un equipo para competir en las Olimpiadas de Seúl de 1988. Pero lo que comienza siendo un trampolín para volver al estrellato se convierte poco a poco en una relación oscura y turbulenta por el explosivo carácter del millonario, habituado a ejercer una fuerte presión psicológica en aquellos que le rodean. Dirigida por Bennett Miller (Moneyball: Rompiendo las reglas), la cinta está protagonizada por Steve Carell (Noche loca), Channing Tatum (Asalto al poder), Mark Ruffalo (Begin again), Sienna Miller (The girl) y Vanessa Redgrave (El mayordomo).

Precisamente Channing Tatum es el protagonista de El destino de Júpiter, nueva aventura épica de ciencia ficción escrita y dirigida por los hermanos Wachowski (Matrix) que en esta ocasión se centra en la vida de una joven que, a pesar de llevar una vida tranquila como limpiadora, sueña con lograr alcanzar las estrellas. Su sueño se hace realidad, aunque no de la forma que ella espera. Una noche un cazador ex militar modificado genéticamente la salva de morir asesinada y la traslada a un lugar seguro. Y es que la joven, según todos los indicadores genéticos, es la heredera de una estirpe que podría cambiar el equilibrio de todo el universo. Acción, aventura y mucha fantasía son los ingredientes de este film en el que también encontramos a Mila Kunis (Ted), Eddie Redmayne (La teoría del todo), Sean Bean (El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo), James D’Arcy (serie Los que matan), Maria Doyle Kennedy (Albert Nobbs) y Douglas Booth (Noé).

Aunque posiblemente el título que más morbo tiene sea The interview, comedia ideada, dirigida y protagonizada por Seth Rogen (Juerga hasta el fin) que ha sido el epicentro del supuesto ataque a Sony por parte de Corea del Norte como respuesta al argumento del film. Y es que la trama arranca cuando un presentador de televisión sensacionalista y su productor reciben la propuesta de entrevistar al líder norcoreano Kim Jong-un en su propio país. Será en ese momento, el más importante de sus vidas, cuando la CIA contacte con ellos para elaborar un intrincado plan y asesinar al presidente. El problema es que con dos espías aficionados todo puede salir mal. Tras las cámaras encontramos, junto a Rogen, al director Evan Goldberg, autor de la ya mencionada Juerga hasta el fin. El reparto se completa con James Franco (El origen del Planeta de los Simios), Lizzy Caplan (serie Masters of sex), Randall Park (Sex tape: Algo pasa en la nube) y Diana Bang (Lost Lagoon).

Para los más pequeños se estrena Bob Esponja: Un héroe fuera del agua, salto a la gran pantalla de las aventuras del famoso personaje de televisión que, además, pierde su condición de dibujo animado para convertirse en personajes diseñados por ordenador. Dirigida por Paul Tibbitt, miembro habitual de los episodios de la serie, la película sigue a los protagonistas en una aventura que les llevará a abandonar su tranquilo rincón del océano y salir a la superficie. Todo para recuperar un artefacto que puede cambiar el mundo tal y como lo conocemos. La cinta cuenta con las voces originales de la serie, es decir, Tom Kenny (serie Los padrinos mágicos), Clancy Brown (serie Sleepy Hollow) y Bill Fagerbakke (serie Cómo conocí a vuestra madre) entre otros, y tiene como estrellas invitadas a Antonio Banderas (Los mercenarios 3) y al músico Slash.

A medio camino entre la comedia y el terror se encuentra Tusk, lo nuevo de Kevin Smith (Vaya par de polis) como director y guionista. La cinta narra el viaje que realiza un joven podcaster a Canadá para entrevistar a un misántropo que hace años fue salvado por una morsa. Pero lo que comienza como una curiosa historia humana pronto se torna en pesadilla. El hombre, obsesionado con el animal que le salvó, secuestra al joven para sacar el animal que lleva dentro. Haley Joel Osment (El sexto sentido), Justin Long (La conspiración), Genesis Rodriguez (Al borde del abismo), Michael Parks (Argo) y Johnny Depp (Transcendence) encabezan el reparto.

La única representante europea de la semana es Timbuktu, drama ambientado en el extremismo religioso musulmán y nominado al Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa. La historia se centra en un hombre que vive tranquilamente en las dunas a las afueras de Tombouctou con su mujer y su hija, y cómo su vida cambia cuando mata accidentalmente a un pescador. Estando la ciudad gobernada por extremistas religiosos que se oponen a una interpretación libre y tolerante del islam, el hombre deberá afrontar una justicia que condena hasta el acto más insignificante. Dirigida por Abderrahmane Sissako (Bamako), quien participa en el guión, la película está protagonizada por Abel Jafri (Juliette), Hichem Yacoubi (Un profeta), Kettly Noël (Vidas al límite), Toulou Kiki e Ibrahim Ahmed.

‘Masters of Sex’ separa sexo y contexto social en su 2ª temporada


Lizzy Caplan y Michael Sheen mezcla placer y trabajo en la segunda temporada de 'Masters of Sex'.Que las comparaciones son odiosas lo demuestra normalmente el hecho de que una segunda parte o un remake no llega a tener la calidad del original. Hay excepciones, lo sé, pero es lo que ocurre en la inmensa mayoría de los casos. En la televisión, y más concretamente en las series, la segunda temporada tiende a sufrir un fenómeno similar. Resulta complicado mantener el interés en la historia y en los personajes. A primera vista, muchos seguidores de Masters of Sex puede que tengan esta sensación con su segunda temporada después de una primera entrega notable. Sin embargo, eso podría limitar un poco el contenido de esta creación de Michelle Ashford (serie Nuevos policías). Si durante aquellos episodios se abordó el impacto del sexo en una sociedad puritana, en esta el contexto social no es menos importante, aunque en otro sentido.

Se podría decir, por tanto, que reflejo social y sexualidad se dividen en dos, lo que lejos de debilitar al conjunto lo enriquece. En efecto, si durante la primera temporada existió una única trama principal (la relación de los protagonistas y la influencia del sexo), en estos 12 episodios nuevos dicha relación sigue existiendo, incluso evoluciona, pero otro aspecto hace acto de presencia: la lucha por los derechos de los afroamericanos. Perfectamente hilvanado a lo largo de esta entrega, el espectador asiste a una creciente presencia del racismo en el que vive la sociedad norteamericana en esa época, primero a través del estudio y luego de forma independiente con una trama propia que, todo sea dicho, también tiene algo de influencia sexual.

Cabe destacar en este sentido el papel de Caitlin FitzGerald (Damiselas en apuros), la mujer del protagonista. Si durante la anterior etapa de Masters of Sex su personaje era casi testimonial y un apoyo argumental para determinados conflictos morales, en esta crece visiblemente hasta el punto de lograr que su historia adquiera significado propio. no por casualidad, dicho crecimiento viene marcado por el sexo, como demuestra el hecho de que el personaje encuentre la valentía que antes le faltaba en ello. Sus decisiones, unido a la confesión que realiza al final de la temporada (y con la que confiesa conocer las infidelidades de su marido), dotan a este rol de una entereza interesante y abren las puertas a una mayor complejidad de la que cabría esperar.

Pero el contexto social no solo reside en esto. El comienzo de esta segunda entrega episódica retoma algunos argumentos que quedaron sin resolver al final de los primeros capítulos, como la sexualidad del personaje de Beau Bridges (Los descendientes) o la enfermedad del rol de Julianne Nicholson (Agosto). Ambas tramas quedan resueltas en los primeros episodios de forma más o menos solvente, eliminando de la ecuación unos personajes que, todo sea dicho, aportaban bastante peso al conjunto. La decisión de suprimirles, aunque resta algo de interés en los instantes siguientes, es decisiva para poder afrontar uno de los mejores momentos de la temporada, que no es otro que la transición a través de secuencias cortas de varios años de trabajo por parte de los protagonistas y que viene motivada, en buena medida, por ese contexto que antes mencionaba. Del mismo modo, la integración de algunos personajes secundarios a la trama principal, como es el caso del interpretado por Annaleigh Ashford (La boda de Rachel) simplifica notablemente la estructura dramática, ajustándose ahora a dos tramas principales y algunas secundarias esporádicas.

Traumas, la siguiente fase

Aunque la parte más interesante de esta segunda temporada de Masters of Sex sigue siendo la relación entre William Masters y Virginia Johnson, o lo que es lo mismo, entre Michael Sheen (Matar al mensajero) y Lizzy Caplan (Despedida de soltera). Si la primera temporada terminaba con ambos personajes envueltos en una relación a medio camino entre la investigación y el romance, en estos episodios el matiz es mucho más significativo, pues se disfraza de ciencia lo que es pura atracción. La ausencia de material científico y el incomparable marco de una habitación de hotel son las dos únicas herramientas que el espectador necesita para leer entre líneas de unos inteligentes diálogos. Con una salvedad. Dicha atracción física y romántica sí posee un componente médico: tratar de curar la impotencia a través de la superación de los traumas del pasado.

En este sentido, la serie da un interesante e importante paso hacia adelante al llevar el estudio a un nuevo campo. No se trata únicamente de reflejar el comportamiento del cuerpo humano durante el coito, sino de tratar de superar una disfunción. Y por encima del aspecto físico, lo más relevante son los componentes psicológicos de dichos problemas, cuya revelación dota a los personajes y al conjunto de la serie de un peso dramático mucho mayor. La relación con un hermano desconocido para la audiencia, con sus propios problemas derivados de un pasado común, es especialmente ilustradora y fascinante, ya que en cierto modo la guionista Ashford lo utiliza como espejo en el que el rol de Sheen se ve obligado a mirarse. Es uno de los últimos secundarios que aparecen en la trama, y desde luego es uno de los mejores momentos de esta etapa.

Hay que señalar igualmente la estrecha relación de simbiosis y complementación que tienen ambas historias principales. Vistas en conjunto, resulta interesante comprobar cómo la evolución de una incide de forma indirecta en la evolución de la otra, y viceversa. La actitud del personaje de Sheen hacia su esposa lleva a esta a volcarse con los derechos de los afroamericanos, aunque por motivos que no exactamente raciales. Pero además, la cada vez mayor independencia de ella hace que el protagonista tienda a revelar su auténtico yo a la mujer con la que pasa muchas noches. Se puede apreciar, por tanto, el distanciamiento entre unos y la aproximación de otros. Y todo ello girando en torno a los traumas del pasado, como confirma la trama secundaria iniciada por el encargado de grabar las sesiones y una de las pacientes.

Todo ello convierte a esta segunda temporada de Masters of Sex en un producto más complejo, con miras más altas y en el que la sexualidad deja de tener un protagonismo físico (lo que no hace que desaparezca, ni mucho menos) para optar por una presencia más psicológica, más social. O lo que es lo mismo, se pasa de la recopilación de datos a abordar las consecuencias de los actos. La forma de abordar este cambio por parte de los responsables puede parecer algo burda en un primer momento con la eliminación de algunos personajes, las transiciones de años o la falta de conflicto en el trío protagonista. Pero la conclusión de la temporada demuestra lo contrario: la complejidad es mucho más sutil, y la perspectiva para la próxima temporada es muy esperanzadora.

T. 1 de ‘Masters of Sex’, la ciencia del sexo en una sociedad cohibida


Lizzy Caplan y Michael Sheen, en un momento de 'Masters of sex'.Una de las revelaciones del año en lo que a la pequeña pantalla se refiere ha sido, sin lugar a dudas, la historia de William Masters y Virginia Johnson. La pregunta habitual que suscitan estos nombres es: ¿y quiénes son? Con los años y la cada vez más extendida presencia del sexo en nuestra sociedad estos dos pioneros han dejado de ser conocidos por el gran público, pero ellos fueron en buena medida los responsables de arrojar mucha luz sobre un acto tan natural y al mismo tiempo tan misterioso socialmente hablando como es el coito. Fueron ellos los que iniciaron una investigación científica sobre el sexo, sus fases, las reacciones que provoca y cómo incide en la vida del hombre y de la mujer. Masters of Sex, cuya primera temporada terminó a mediados del diciembre pasado, recoge esos primeros años de investigación y los conflictos a los que tuvieron que hacer frente.

Ahora bien, estos 12 episodios no tratan sobre sexo. Al menos no exclusivamente. Como no podía ser de otro modo, la motivación principal que sustenta toda la trama es la parte científica y todos los problemas que supera poco a poco. Desde el primer capítulo, en el que se plantean las premisas básicas, hasta el último, en el que el resultado de un año de investigación sale a la luz con resultado poco alentador, la serie siempre busca el espacio necesario para abordar el avance de la investigación. En este sentido, por cierto, es conveniente señalar y reconocer la valentía de los responsables a la hora de mostrar y hablar sobre sexo. Pero esta motivación, este estudio, no deja de ser eso, una premisa sobre la que construir algo mucho más interesante: el aspecto social del sexo.

Uno de los aspectos más interesantes es comprobar cómo a medida que avanza el estudio de Masters y Johnson no solo se derriban mitos y leyendas en torno al acto, sino los muros que constriñen a una sociedad, la de los años 60 y 70 del pasado siglo, muy encorsetada por unos convencionalismos que convertían el sexo en tabú. Es un reflejo de la revolución que años más tarde provocarían los investigadores con sus publicaciones. La serie recoge de forma sutil y al mismo tiempo contundente cómo los personajes, atrapados en una sociedad que no entiende de deseos y pasiones, liberan sus sentimientos a medida que el sexo se hace más y más presente en sus vidas. Más adelante hablaré de lo que me parece uno de los puntos más previsibles del conjunto, pero antes he de detenerme en el personaje de Beau Bridges (Los descendientes) porque es, posiblemente, el que más acusa dicho cambio.

Al menos es el que más perjudicado resulta con el inicio del estudio. Chantajeado por una condición sexual que por aquel entonces se consideraba una enfermedad (algún resto de esta ideología todavía perdura en la actualidad), desde ese momento su evolución y la influencia que tiene el experimento, tanto en él como en su matrimonio, reflejan la doble vida que la sociedad tenía en aquellos años. Su personaje, maravillosamente interpretado, por cierto, se debate en todo momento entre lo que la sociedad le ha enseñado que es correcto (ama a su esposa) y sus verdaderos sentimientos y necesidades que debe buscar en otra parte. Su dualidad, unido a ese concepto del sexo a medio camino entre la pulcritud y la curiosidad de lo novedoso, posiblemente represente mejor que cualquier otra línea argumental lo que trata de ser Masters of Sex, es decir, una transgresión, un continuo contraste entre lo admitido y lo prohibido, entre el tabú y la ciencia.

Un médico como los de antes

Sin duda, y aunque posee algunas trazas de prototipo trágico y sufridor, es uno de los mejores personajes de la trama. No quiere esto decir que los protagonistas no tengan interés, pero sí es cierto que son dos roles excesivamente previsibles, excesivamente arquetípicos. Sobre todo el de Masters, un espléndido Michael Sheen (Midnight in Paris) que vuelve a demostrar un talento innato para los personajes históricos. Su evolución a través del estudio y de su ayudante Johnson, a la que da vida Lizzy Caplan (Monstruoso), se anuncia casi desde el primer minuto, restando algo de interés a la relación que se gesta entre ellos. De hecho, y al margen del resto de acontecimientos que se van sucediendo en la trama, no es extraño que el espectador haga apuestas sobre el episodio en el que se van a producir, y cómo se van a producir, los inevitables puntos de giro.

Curiosamente, los efectos que provoca esta relación a todos los niveles tienen más interés que ella en sí misma. Ver cómo afecta al estudio, al matrimonio y al resto de personajes secundarios resulta mucho más enriquecedor, sobre todo porque produce una serie de tramas secundarias que completan notablemente el conjunto. Un conjunto, por cierto, que recrea la época de forma espléndida, tanto en diseño de producción como en vestuario, vehículos e incluso movimientos físicos. Todo para generar la sensación de vivir en un espacio asfixiante del que la única vía de escape, al menos para los protagonistas, es el tiempo que pasan en esa pequeña sala realizan los estudios sobre sexualidad.

No quiero terminar el comentario sin hacer referencia al último episodio en el que se realiza la presentación de los resultados del experimento. Más allá de que se conozca o no la historia real en la que se basa, más allá de que el resultado de la exposición del material se intuya casi desde el capítulo anterior, es interesante comprobar cómo para determinadas cosas la sociedad no ha cambiado en 50 años. Y lo más grave es el contexto en el que ocurre todo, supuestamente más abierto y receptivo. Que una sala llena de médicos se tome a broma un experimento sobre la sexualidad humana hasta que se aborda plenamente ese tema desde el punto de vista femenino refleja claramente el machismo imperante. Pero que un grupo de profesionales se escandalice por las imágenes que se grabaron durante el experimento es poco menos que ético. Como digo, después de medio siglo deberíamos haber cambiado, pero no es infrecuente ver esas mismas reacciones en determinados ámbitos. Por no hablar de la forma de entender la homosexualidad.

Es una serie diferente. Masters of Sex podrá incomodar a algunos, encantar a otros y dejar indiferente a más de uno. Pero es una producción valiente, arriesgada, que busca en todo momento reflejar el carácter de una sociedad que no permitía a sus individuos expresar sus sentimientos y emociones como ellos deseaban. Es una serie sobre ciencia, medicina y sexo, en efecto. Pero es una trama sobre los convencionalismos, sobre la forma de evolucionar y de romper con lo establecido. En cierto modo, ella misma busca romper ciertos tabúes televisivos, y personalmente creo que lo consigue.

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