Brad Pitt viaja a los confines de la galaxia con ‘Ad Astra’


Superamos el ecuador de septiembre, y lo hacemos con una de las propuestas más variadas e interesantes en lo que a estrenos se refiere. Ciencia ficción, musical, drama, terror, aventura, … Prácticamente todos los géneros se dan cita este viernes día 20, en el que un actor, además, contará con dos películas en la cartelera española.

Se trata de Brad Pitt, que ya contaba con Érase una vez… en Hollywood y que ahora estrena Ad Astra, cinta con capital brasileño, chino y estadounidense que une ciencia ficción, drama y thriller para narrar cómo un astronauta debe viajar a los límites exteriores del sistema solar para encontrar a su padre perdido hace décadas y desentrañar así un misterio que amenaza la supervivencia de la Tierra y que desafía la naturaleza de la existencia humana. Dirigida por James Gray (Z, la ciudad perdida), en el reparto también encontramos a Tommy Lee Jones (Desvelando la verdad), Liv Tyler (serie The Leftovers), Ruth Negga (serie Preacher), Donald Sutherland (El viaje de sus vidas), LisaGay Hamilton (El vicio del poder), John Ortiz (Bumblebee) y John Finn (Un don excepcional), entre otros.

Muy diferente es Blinded by the light (Cegado por la luz), coproducción musical entre Estados Unidos y Reino Unido que, siguiendo la estela de recientes películas, aprovecha la música de un artista para narrar una historia propia. Esta vez, la de Bruce Springsteen. La trama, basada en las memorias del periodista Sarfraz Manzoor, cuenta la historia de un adolescente británico de ascendencia paquistaní que en 1987, en medio de la agitación racial y económica de esos años, comienza a escribir poesía para escapar de su realidad. Cuando un compañero de clase le da a conocer la música de ‘The Boss’ no solo descubre un paralelismo con el artista, sino una salida a sus sueños y a su propia voz. Gurinder Chadha (El último virrey de la India) es la encargada de poner en imágenes esta historia en la que también participa como guionista. Entre los principales actores destacan Viveik Kalra (serie Next of Kin), Kulvinder Ghir (Level Up), Meera Ganatra (serie PREmature), Aaron Phagura, Dean-Charles Chapman (serie Juego de Tronos), Nikita Mehta y Nell Williams (London town).

Pasamos a los estrenos puramente europeos, entre los que destaca Downton Abbey, continuación de la famosa serie de televisión que, en esta ocasión, sitúa a la familia Crawley y su carismática servidumbre ante un momento crucial: la visita del rey y la reina de Inglaterra, que desatará una situación de intriga y romance que pondrá en peligro el futuro de todos ellos. Dirigida por Michael Engler (The Chaperone), que ya estuvo al frente de varios episodios de la serie, la película cuenta con el reparto original, entre ellos Maggie Smith (El nuevo exótico Hotel Marigold), Hugh Bonneville (Paddington 2), Laura Carmichael (Un reino unido), Michelle Dockery (El sentido de un final), Elizabeth McGovern (La buena esposa), Imelda Staunton (Maléfica), Geraldine James (Daphne), David Haig (Amor con preaviso), Tuppence Middleton (The imitation game) y Matthew Goode (La sociedad literaria y el pastel de piel de patata).

La propuesta de puro terror de la semana es Ghostland, producción de 2018 con capital francés y canadiense que escribe y dirige Pascal Laugier (Martyrs), y cuyo argumento tiene como protagonistas a una mujer y a sus dos hijas adolescentes, herederas todas ellas de una casa. La primera noche en su nuevo hogar sufren un brutal ataque por parte de unos intrusos, lo que les obligará a luchar por sus vidas. 16 años después, una de las hijas es una novelista de éxito, mientras que la otra es víctima de desequilibrios mentales y vive con su madre en la casa. Una reunión de las tres en ese lugar desatará una espiral de terror. Crystal Reed (serie Gotham), Mylène Farmer (Giorgino), Anastasia Phillips (Don’t talk to Irene), Emilia Jones (Residue), Taylor Hickson (Deadpool), Kevin Power (Los jinetes del Apocalipsis) y Rob Archer (El abuelo espía) son los principales actores.

Con algo de retraso llega la japonesa One cut of the dead, cinta de 2017 dirigida por Shin’ichirô Ueda (Okome to oppai), quien también participa en el guión. A medio camino entre la comedia y el cine de zombis, el argumento narra cómo la grabación de una película de serie B de muertos vivientes es interrumpida por un auténtico apocalipsis zombi. El reparto, prácticamente debutante, está encabezado por Takayuki Hamatsu, Yuzuki Akiyama, Harumi Shuhama (Waga haha no ki), Kazuaki Nagaya (Fukushima day) e Hiroshi Ichihara.

La animación cuenta con dos estrenos esta semana. Por un lado, Manou es la historia de una pequeña golondrina que, tras un incidente, termina criándose con una pareja de gaviotas. Crece pensando que es una de ellas, aunque nunca es aceptada como tal. Por ello, decide conocer a los pájaros de su misma especie y quedarse con ellos. Sin embargo, un peligro mucho mayor obligará a ambas especies a trabajar juntas. El debutante Christian Haas y la directora Andrea Block (Im windrausch) se ponen tras las cámaras de esta producción alemana que cuenta con las voces de Kate Winslet (Wonder wheel), Willem Dafoe (Asesinato en el Orient Express), Rob Paulsen (Unintended), Josh Keaton y Julie Nathanson (Searching…).

Por otro, Misión Katmandú, film canadiense de 2017 cuya trama tiene como protagonistas a una detective novata y a un investigador de ciencia. Juntos emprenderán una loca aventura para probar la existencia del Monstruo de las Nieves, enfrentándose a todo tipo de peligros acompañados de un guía y un pájaro parlanchín. Dirigida a cuatro manos por Pierre Greco (Le coq de St-Victor) y Nancy Florence Savard (La leyenda de Sarila), la cinta cuenta con las voces originales de Sylvie Moreau (J’espère que tu vas bien 2), Guillaume Lemay-Thivierge (Nitro rush), Rachid Badouri (Terapia padre-hijo) y Alexandrine Warren.

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3ª T. de ‘The Leftovers’, o cómo concluir sin dar demasiados detalles


Hay producciones que parecen prefabricadas por un programa informático. Otras tratan de aprovechar el tirón de algún otro producto de éxito. Y otras sencillamente son tan extrañas que en ocasiones hay que hacer un notable esfuerzo para comprender lo que se está contando. The Leftovers ha pertenecido a esta última categoría. La serie basada en la novela de Tom Perrotta y adaptada a la pequeña pantalla por Damon Lindelof (serie Perdidos) es una de esas producciones que, por su temática y su tratamiento, pueden generar casi tanta locura como la que se narra en su argumento. Su tercera y última temporada, sin embargo, ha optado por una narración algo más lineal, más coherente, tratando de dar un broche final adecuado a lo visto en estos casi 30 episodios.

Personalmente creo que lo consigue. En apenas 8 episodios esta etapa final da rienda suelta a algunos de los aspectos más importantes de la trama, entre ellos el religioso, el fanático y, sobre todo, las desapariciones de esos millones de personas que han sido el impulso dramático de la serie durante toda su duración. Y para poder explicarlo Lindelof y Perrotta optan por un tratamiento más clásico, con un desarrollo más lineal, sin demasiados saltos temporales ni apariciones y desapariciones de personajes en la escena. La historia, por resumir, se centra por completo en los personajes de Justin Theroux (La chica del tren) y Carrie Coon (Perdida), y lo hace no solo para encontrar una justificación a su trama, sino porque sobre sus hombros carga el verdadero significado y la moraleja de toda esta compleja historia.

En realidad, ambos personajes vienen a representar los dos grandes aspectos dramáticos de The Leftovers a lo largo de estas tres temporadas. Por un lado, la angustia existencial que generan las preguntas “¿por qué yo?” y “¿a dónde fueron?” los desaparecidos. Y al menos una de ellas sí encuentra respuesta, de ahí que el final de esta serie genere una satisfacción incompleta. En efecto, esta tercera temporada desvela qué ha ocurrido con aquellos que desaparecieron hace tantos años. A través de un final brillante que intercala imágenes y relato oral, el último episodio se convierte en una especie de epílogo, en la clásica conclusión que cierra la historia de los personajes años después, cuando todo lo relevante ha ocurrido sin necesidad de mostrarse en pantalla. Ese paso del tiempo, unido a la intensidad dramática habitual en la serie y al carácter del otro pilar argumental de la serie, genera un caldo de cultivo perfecto para aclarar buena parte de las ideas planteadas hasta ese momento en apenas unos minutos de metraje, evitando de este modo posibles complicaciones futuras con nuevas tramas en hipotéticas nuevas temporadas.

Y esto es algo relevante. Uno de los principales problemas que ha tenido la serie, y del que tampoco termina de librarse en su tercera entrega de episodios, es la falta de peso dramático de secundarios que, a priori, deberían de tener algo más de interés. Los hijos del personaje de Theroux son un buen ejemplo. Sus historias, aunque con conexiones con la trama principal, han sido demasiado independientes, lo que ha llevado en ocasiones a abandonar sus historias durante varios episodios para centrar el desarrollo en los protagonistas o en otros secundarios. La tercera temporada, en este sentido, directamente opta por dejar su presencia en este universo a una mera referencia residual, lo cual por otro lado aporta un mayor interés y dinamismo al conjunto. Y como ellos, varios secundarios más que no han terminado de cuajar en el extraño puzzle que es esta serie, aportando si cabe más complejidad y originalidad al conjunto pero complicando la comprensión de esta elaborada historia con un final relativamente simple.

El nuevo mesías

El otro gran elemento dramático es la religión. O mejor dicho, el fanatismo en todas sus formas. Y si bien este aspecto toma como epicentro el rol de Theroux, en realidad es algo muy presente en prácticamente todos los personajes que le rodean. Aunque ha sido el argumento de fondo para prácticamente toda la serie, con la secta o el personaje de Christopher Eccleston (Amelia) como recordatorios constantes, lo cierto es que en esta última temporada de The Leftovers adquiere ya una dimensión casi bíblica, toda vez que el protagonista se convierte, o más bien le convierten, en una especie de mesías capaz de resucitar y de guiar los pasos de la sociedad después del incidente.

Bajo este prisma pivota todo el desarrollo dramático de la serie, integrando en él a la perfección el otro gran pilar narrativo casi como un complemento necesario para aportar globalidad de conjunto. El final, sin ir más lejos, es el colofón a esta unión de contenidos, tanto por el hecho de que los dos personajes representan esas bases dramáticas como porque tiene como telón de fondo, al menos durante un tiempo, una boda, lo cual no es algo casual. Como toda buena conclusión, los aspectos que se habían ido planteando a lo largo de la trama tanto en el aspecto religioso como en el existencial tienen su resolución en esta temporada, algunos mejor tratados que otros, pero cerrando un ciclo de forma sólida y compacta.

Cosa muy distinta es que se queden algunas preguntas sin respuesta que, en el fondo, no impiden la comprensión de lo ocurrido. La principal sin duda es el motivo de las desapariciones. En efecto, se da respuesta a prácticamente todo menos al ‘por qué’, a ese motor dramático de la historia. Y aunque parezca contradictorio, esto en realidad tampoco es un obstáculo para entender, interpretar o disfrutar de la serie, al contrario, aporta más misterio y envuelve el modélico final en un halo de misterio que genera más interés si cabe en ese diálogo final entre los dos protagonistas. Con todo, este tratamiento dividido en dos partes también provoca cierta incongruencia dramática al introducir personajes secundarios algo innecesarios, y centrar en exceso la atención en ellos, en su pasado y en sus motivaciones. Da la sensación de haber querido contar una historia nueva con los mismos protagonistas pero otros secundarios que, al mismo tiempo, pudiera continuar la trama previa. Una combinación peligrosa que sale bien, pero que deja algunos momentos algo innecesarios.

Sea como fuere, la realidad es que The Leftovers finaliza como debería terminar cualquier serie. Su tercera y última temporada es el broche perfecto a un tratamiento atípico de la trama, a una narrativa quebrada en casi todos sus episodios, capaz de poner el foco en uno u otro personaje sin miedo a perder la coherencia o la atención del espectador. Si bien estos últimos 8 capítulos presentan un formato más tradicional (entendido esto dentro de lo que ha sido esta serie, claro está), lo cierto es que deja espacio siempre para jugar con la inteligencia y la perspicacia del espectador. Casi olvidándose de secundarios innecesarios, sus responsables optan por centrarse en los protagonistas para dar salida a una compleja trama, y lo consiguen con creces, conformando una serie tan misteriosa como interesante, tan dramática como compleja. Un producto dramático atípico muy a tener en cuenta.

‘The Leftovers’ opta por el cariz más humano y comprensible en su 2ª T


'The leftovers' aborda la pérdida de los seres queridos desde otro punto de vista en su segunda temporada.La primera temporada de The Leftovers dejó claras dos cosas: que la serie era una de las propuestas más originales y frescas de esa temporada, y que su misterio y el drama de los personajes hacían incomprensibles muchos de los momentos que se vivían en la trama. Pero una vez superado el choque inicial, la producción creada por Damon Lindelof (serie Perdidos) y Tom Perrotta (Juegos secretos) ha entrado en un desarrollo más coherente, más centrado en el presente de los personajes y no en sus consecuencias emocionales a raíz de la masiva desaparición de personas cuya explicación, por cierto, todavía tardará en conocerse.

La segunda temporada, de nuevo con un desarrollo en 10 episodios, tiene un arranque tanto o más sorprendente que el episodio piloto. Y aunque lo que podríamos considerar el primer acto del arco dramático posee una estructura algo inconexa, con saltos en el tiempo y personajes que en principio tienen poco o nada que ver entre ellos, el posterior avance de la trama no hace sino confirmar que esta etapa no solo es diferente, sino que resulta incluso más interesante. Y lo es porque, a pequeña escala, el espectador es capaz de vivir en primera persona la frustración y el miedo de una familia ante la desaparición de su hija.

Es este elemento uno de los que mejor pueden definir The Leftovers en su segunda parte. La serie opta por dejar a un lado ese carácter reflexivo e introspectivo que tanto caracterizó a la primera temporada para convertir el relato en una lucha constante entre el carácter violento y primario del ser humano y su comportamiento en sociedad. Con ese escenario idóneo llamado ‘Miracle’ (Milagro), Lindelof y Perrotta exploran todas las posibilidades de un pueblo “tocado” por Dios para salvarle de la desaparición masiva de personas. Eso, unido al carácter agnóstico del personaje de Kevin Carroll (Margaret), genera toda una corriente narrativa diferente, más dinámica y, en cierto modo, más interesante. La desaparición de su hija es, desde luego, el detonante de toda la trama, pero antes incluso se pueden percibir ciertos detalles sobre el carácter del personaje.

Aunque desde luego la muestra más evidente del cambio de estilo narrativo y conceptual es la secta Remanente Culpable. De blanco, fumadores y en completo silencio en la primera temporada, en esta segunda etapa, y con Liv Tyler (Un amigo para Frank) como principal rostro, modifican su comportamiento hacia un grupo más activo, más agresivo, y desde luego no tan silencioso. Algo que ya se pudo prever al final de la etapa anterior, que no por casualidad es similar al de estos 10 nuevos episodios, y que reflejan la dualidad de toda la serie en general entre el pacifismo y la guerra, entre el carácter calmado y reflexivo y la violencia que siempre representa el uso de la fuerza para lograr lo que se quiere. Que el cambio en esta secta sea algo positivo o negativo es cuestión de opiniones, pero a tenor de la evolución de la serie parece lógico pensar que ha sido para mejor.

Los del más allá

Ahora bien, este cambio no impide que The Leftovers siga teniendo un componente intrínsecamente intimista y reflexivo. El papel de Justin Theroux (Sácame del paraíso), cada vez más sólido como protagonista, mantiene su definición silenciosa, construida a base de miradas y de sentimientos reprimidos no solo hacia los que le rodean, sino incluso hacia aquellos que parecen conocerle mejor ya que, en esta ocasión, están dentro de su cabeza. El hecho de que este personaje ocupe, en cierto modo, el papel que tuvo su padre en la primera temporada, le hace evolucionar y abre la puerta hacia aspectos ignotos de este mundo tan peculiar como fascinante creado por Lindelof y Perrotta.

Es más, es gracias a él que la trama empieza a explicar algunos aspectos. O al menos, a eliminar posibilidades. El viaje que realiza el protagonista al más allá, original como pocos y desde luego una ruptura narrativa sumamente atractiva, deja algunas respuestas a preguntas cómo dónde están los desaparecidos o qué ocurre con determinados personajes. Claro que, al mismo tiempo, genera muchas otras incógnitas. Estos pocos episodios ambientados en un hotel, unidos a la estructura dramática del resto de la trama, más lineal y coherente, convierten a esta nueva etapa en un soplo de aire fresco, más interesante si cabe que la anterior y, a todas luces, más completa y compleja.

Aunque de nuevo, lo más interesante que deja esta temporada es el final o, mejor dicho, el futuro. Porque si el desarrollo, con clara influencia del cine negro y del suspense, deja al espectador con la sensación de comprender mejor lo que ocurre en ese pueblo salvado de las desapariciones, el final del último episodio abre un camino tan interesante como impredecible. Lejos de generar un gancho que deje a los espectadores expectantes ante el futuro incierto de los personajes, la serie opta por romper con el orden establecido durante todos los episodios (algo para lo que realmente nos preparan durante todos los episodios, aunque eso se comprende a posteriori), lo que en última instancia provoca un sentimiento contradictorio y una incertidumbre acerca del siguiente paso en el viaje de los protagonistas. En efecto, no es un gancho, pero su influencia puede ser mucho mayor.

El resumen más sencillo podría ser que The Leftovers mejora en todos los aspectos durante su segunda temporada. Menos aséptica narrativamente hablando, más emocional y visceral, la trama se nutre con personajes más mundanos y mucho menos reflexivos, pero no deja en ningún momento el espíritu que la convirtió en la revelación que fue en su primera temporada. Lo cierto es que sí, estos episodios ofrecen más en todos los sentidos, y lo hacen cambiando ligeramente algunas de sus máximas formales. Pero esta segunda etapa es mucho más. Es una continuación más que notable, y es la llave de un futuro que se antoja, al menos, atractivo. De mantener este camino podríamos estar ante una de las producciones más originales y diferentes de la televisión actual.

1ª T de ‘The Leftovers’, misterios e incógnitas para un futuro atractivo


El 2% de la población mundial desaparece en la primera temporada de 'The Leftovers'.Hay algo sumamente atractivo en el misterio. No me refiero al thriller, sino a lo desconocido. Hace años la serie Perdidos se convirtió en el estandarte de un tipo de trama que jugaba con el espectador a un juego sumamente peligroso, como después se pudo comprobar: plantear una serie de incógnitas a cada cual más surrealista para generar un sinfín de preguntas con un sinfín aún mayor de respuestas. Y como por arte de magia, se genera el atractivo. Uno de sus creadores, Damon Lindelof, plantea un juego similar en su nueva serie, considerada por muchos como un producto de culto aun cuando solo tiene una temporada. Se trata de The Leftovers, una de esas ficciones cuyo futuro es tan incierto como su presente.

En colaboración con Tom Perrotta (Juegos salvajes), quien ha escrito el libro en el que se basa la historia, Lindelof ofrece una premisa de lo más interesante. Un día, como por arte de magia, desaparece el 2% de la población mundial. No hay motivos aparentes, no hay respuestas. Su ausencia, independientemente del vacío que deja en los familiares, supone un golpe social del que el resto de habitantes (a los que hace referencia el título) se recuperan a duras penas. La mayoría tratan de seguir con sus vidas, pero muchos reaccionan de forma un tanto inesperada. Sectas que pretenden recordar, mesías que prodigan sus poderes, locuras que encuentran su origen en individuos imaginarios, … O lo que es lo mismo, esta primera entrega de tan solo 10 episodios trata de exponer el escenario de una situación totalmente atípica e incomprensible, así como las reacciones de los que se quedaron atrás.

Narrativamente hablando, The Leftovers aprovecha la confusión generada con su punto de partida para narrar el pasado de todos los personajes a través de fashbacks, un recurso cada vez más utilizado que parece sentar una especie de cátedra en determinadas tramas. Gracias a este recurso, Lindelof y Perrotta bucean en el pasado de sus protagonistas tanto para exponer el cambio que sufren a partir de la desaparición como la vida que llevaban previamente. Eso sí, lo hacen con la parquedad a la que nos tiene acostumbrados el primero, obligando al espectador a activar un razonamiento paralelo que le permita dar cierto sentido a lo que se ve en pantalla. Y este es uno de sus principales escollos. Son tantas tramas, tantos personajes y tantos agujeros narrativos que resulta muy complicado encontrar una respuesta coherente a todo lo que sucede, lo que puede provocar reacciones encontradas: o se sigue el juego de los guionistas o se desiste.

Lo que en cualquier caso es innegable es la factura técnica de la producción. Esta primera temporada logra, a través de la fotografía y la iluminación, recrear un mundo que tiende siempre al gris y los colores apagados. Todo en la obra se antoja con poca viveza, con tonos ocres y fríos que ayudan a la sensación de vacío que sienten los protagonistas. Protagonistas que, en mayor o menor medida, están interpretados de forma brillante por sus actores, sobre todo Justin Theroux (Caballeros, princesas y otras bestias), cuyo proceso de locura solo se llega a atisbar en estos primeros episodios, y Ann Dowd (serie Masters of sex), la gran villana silenciosa de la función. Si la serie es capaz de transmitir la angustia, la desolación y la incomprensión de sus personajes es gracias a los contrastes de sutileza y brutalidad de los que hacen gala.

Remanente silencioso

Uno de los elementos más perturbadores es la locura que parece afectar al personaje de Theroux, principal protagonista, y los lapsus de conciencia que sufre a consecuencia de ello. Aunque si algo destaca en The Leftovers por encima de cualquier otra cosa es la secta conocida como ‘Remanente Silencioso’, sobre todo porque es el nexo de unión entre la práctica totalidad de tramas secundarias que se plantean en esta primera temporada. Liderados por el personaje de Dowd, su presencia en un principio desconcertante y poco a poco comprensible es un concepto incluso sociológico que podría dar para numerosas reflexiones. Si bien es cierto que su presencia en la historia se limita a ser una especie de recordatorio de aquellos que se han ido, su futuro resulta un tanto ambiguo al desconocer las intenciones de esta especie de fantasmas en vida.

De hecho, se puede decir que este grupo representa mejor que cualquier otro elemento de la serie el verdadero espíritu de esta. Silenciosos y casi omnipresentes, su paso por la trama es sutil pero determinante, siendo necesario algún que otro episodio para narrar los orígenes de sus principales miembros. Así se podría definir la historia creada por Lindelof y Perrotta. Su desarrollo dramático es un tanto abrupto, muchas veces basado en el silencio y las reflexiones de ese nuevo mundo. Reflexiones que, por cierto, hay que considerar omnipresentes. Y sin embargo, la conclusión de esta primera temporada deja una sensación de cierta comprensión, lo que indica que la trama ha sabido avanzar de forma sutil y constante. Sin duda, a ello contribuye el noveno episodio, tan necesario como revelador.

El principal problema de esta producción es el amplio espectro de tramas y personajes que trata de abarcar. La experiencia de series anteriores con premisas similares indica que a medida que se avanza en dichas tramas secundarias, y a menos que se le preste una atención sincera y directa, su resolución es cada vez menos sencilla, obligando a las historias a complementarse entre ellas y a tratar de solventar los huecos dramáticos que se van dejando. Estos primeros episodios notan mucho esa profusión de historias. Por supuesto, la trama principal y las secundarias más importantes gozan del protagonismo necesario para tener sustento argumental, pero no así el resto de secundarias, que plantean casi más interrogantes que soluciones.

Eso es algo que pasaba mucho en Perdidos, y es algo que puede ocurrirle a The Leftovers si no se encuentra una solución. Aunque en realidad, la solución más directa pasa por saber cómo va a terminar y, sobre todo, el motivo por el que desaparecen las personas. Sabiendo la respuesta a esto la serie, independientemente de su complejidad formal o de sus misterios narrativos, puede convertirse en una gran producción televisiva. Desconociendo la respuesta el resultado será algo parecido a la ya citada Perdidos. Pero como decía al comienzo, el misterio engancha, y en eso esta serie es inmejorable.

‘Fast and Furious 6’ llega para adelantar a todos los estrenos


Estrenos 24mayo2013Llega el viernes y toca hablar de estrenos. Y como es habitual, la tanda de nuevos títulos que llega a las pantallas españolas viene liderada por una película que está llamada a provocar una asistencia masiva del público a las salas, consiguiendo algo similar a lo que hizo en su momento Iron Man 3, una de las pocas alegrías que ha tenido la taquilla en las últimas semanas. En esta ocasión, coches, adrenalina y mucha acción llegan acompañadas por thrillers, dramas de corte fantástico y mucho cine europeo, entre el que destaca algún que otro título español.

Y vamos con esa primera película. Si hablamos de coches, persecuciones, delitos y peleas aderezado con la presencia de Vin Diesel (Pitch Black) y Paul Walker (Ladrones), muchos tendrán en la mente la saga Fast & Furious. En efecto, hoy viernes, 24 de mayo, llega a España la sexta entrega, titulada cómo no Fast & Furious 6, de nuevo con Justin Lin como director tras encargarse de las últimas películas de la serie. En esta ocasión, la trama transcurre algún tiempo después de la finalización de la anterior película. Tras el golpe orquestado a un imperio mafioso, el equipo dirigido por Diesel y Walker vive dispersado sin poder volver a casa. Sin embargo, su oportunidad de conseguir un indulto llega con la propuesta de detener a una peligrosa banda de conductores mercenarios. Además de los dos protagonistas, muchos rostros conocidos de la saga repiten en sus respectivos papeles, como son Dwayne Johnson (G. I. Joe: La venganza), Michelle Rodriguez (Resident evil), Elsa Pataky (Di Di Hollywood), Tyrese Gibson (Transformers), Shea Whigham (serie Boardwalk Empire) y el rapero Ludacris (Max Payne), a los que habría que sumar nuevas incorporaciones como la de Gina Carano (Indomable) y Luke Evans (Immortals).

Otra de las propuestas más atractivas cambia algo de tercio, aunque sigue teniendo un claro componente del cine de acción. Hablamos de Dead Man Down (La venganza del hombre muerto), thriller que dirige Niels Arden Oplev, director de Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, la primera versión que se hizo de la famosa novela de Stieg Larsson. Este thriller arranca cuando la mano derecha de un señor del crimen debe hacer frente a un asesino que busca acabar con su jefe, no sin antes eliminar a toda la banda uno por uno. En medio de esta situación conoce a una joven que busca venganza por un crimen cometido contra ella. Lo que nadie parece sospechar es que el protagonista oculta un secreto del pasado. Protagonizada por Colin Farrell (Noche de miedo) y Noomi Rapace, precisamente Lisbeth Salander en la versión de Oplev, la película cuenta también con Terrence Howard (Red tails), Dominic Cooper (El doble del diablo) e Isabelle Huppert (Amor).

El otro estreno estadounidense lleva por título Un amigo para Frank y su argumento es, cuanto menos, curioso. Ambientada en el futuro, la historia se centra en un anciano cuya pasión y única actividad son los libros. Dado que su única amiga es la bibliotecaria de su ciudad, sus hijos deciden regalarle un robot que le cuide y le haga algo de compañía. Lo que al principio se convierte en una incomodidad para el hombre poco a poco se irá tornando en amistad y verdadero afecto. Dirigida por Jake Schreier, quien debuta así en el largometraje, esta comedia dramática con tintes de ciencia ficción está protagonizada por Frank Langella (La caja), James Marsden (27 vestidos), Liv Tyler (The ledge), Susan Sarandon (El cliente), Peter Sarsgaard (An education) y Jeremy Strong (Lincoln), entre otros.

Pasando a la producción nacional que llega este viernes lo primero que nos encontramos es La estrella, drama romántico que supone la ópera prima de Alberto Aranda, quien escribe y dirige este film basado en la novela de Belén Carmona, quien también colabora en el guión. Un guión que sigue a una joven cuya felicidad, al menos de forma aparente, se halla en cuidar de los demás. Tanto, que se olvida de cuidar de sí misma. Sin embargo, su don para el flamenco y para la vida en general le llevarán a descubrir que también tiene derecho a ser feliz. Ingrid Rubio (Que se mueran los feos), Carmen Machi (Los abrazos rotos), Marc Clotet (Mil cretins), Fele Martinez (Tesis), Carlos Blanco (Trastorno) y Rubén Sánchez forman el elenco principal.

Chaika es el otro film español, aunque en esta ocasión comparte producción con Georgia y Rusia. Su historia comienza cuando un joven vuelve a su hogar para enfrentarse a lo que queda de su pasado y de su familia. Durante su estancia empezará a recordar viejos y vagos recuerdos que el protagonista tenía de su madre, un viaje que le llevará a descubrir nuevos territorios desconocidos para él y nuevas revelaciones que modificarán esos recuerdos. Un drama en su definición más pura que dirige Miguel Ángel Jiménez (Ori) y que protagonizan Salome Demuria (Çölçü) y Gio Gabunia.

El director inglés Michael Winterbotton regresa a las pantallas españolas con The trip, producción del 2010 que cuenta como principales protagonistas con Steve Coogan y Rob Brydon, actores con los que ya coincidió en 24 Hour Party People. En esta ocasión la historia es una road movie que se centra en dos personajes que realizan un viaje por los mejores restaurantes de la campiña inglesa. Paul Popplewell (Redención), Margo Stilley (9 songs) y Claire Keelan (The last hangman) completan el reparto principal de esta comedia anglosajona.

En cuanto al resto del mundo, una de las películas que se estrenan hoy es El estudiante, realizada en Argentina en 2011. La trama comienza cuando un joven del interior del país sudamericano llega a Buenos Aires para estudiar en la universidad. Sin embargo, pronto comprende que nada de lo que estudia le interesa, por lo que empieza a deambular por la facultad conociendo gente. Todo cambia cuando entabla amistad con una joven que le introduce en política. Poco a poco aprenderá las técnicas hasta convertirse en un dirigente estudiantil. Dirigida por Santiago Mitre (El amor – primera parte), la película está protagonizada por Esteban Lamothe (La vida por Perón), Romina Paula (Medianeras), Ricardo Félix (La paz) y Valeria Correa (El hombre de al lado).

Por último tenemos que mencionar En otro país, film procedente de Corea del Sur que narra diferentes historias relacionadas entre sí a través de elementos comunes como un hotel, un socorrista o el hecho de que las mujeres protagonistas se llaman Anne y tienen relación de un modo u otro con el país asiático. Un drama que dirige Hong Sang-soo (Hahaha) y que protagonizan Isabelle Huppert, que repite estreno gracias a Un amigo para Frank, Kwon Hye Hyo y Jung Yu Mi, quienes debutan en la interpretación, Yoon Yeo-jeong (Hanyo) y Moon So-ri (Sa-kwa).

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