Títulos conocidos, pequeñas joyas por descubrir y evolución en el ‘Cine de terror contemporáneo’


“No hay género cinematográfico más despreciado por la crítica “oficial” y, sin embargo, que haya obtenido más aceptación popular, que el cine de terror moderno”. La frase no pertenece a ningún director del género, sino a un crítico de cine. Sobre esta idea, el periodista Pedro J. Berruezo realiza todo un estudio de la evolución cinematográfica de un género tan particular que ha estado presente en las pantallas desde comienzos del cine. Bajo el título Cine de terror contemporáneo, el autor repasa de forma más o menos profunda (el libro posee poco más de 140 páginas) todos los mitos, personajes y elementos claves que han marcado el cine de terror desde finales de los años 70 hasta los años 90 del siglo pasado.

Editado en 2001 por La Factoría, el libro reparte en tres capítulos los diferentes aspectos del terror, centrando el primero en temas como las posesiones o los psycho killers, el segundo en la revisión que se hizo en esos años de los principales mitos del cine (vampiros, hombres lobo, zombies, …) y dejando para el último algunos títulos emblemáticos producidos fuera de las fronteras de Estados Unidos. Recopilar aquí todos los títulos sería tarea hercúlea, pero sí es relevante señalar que, más allá de ofrecer una visión completa del panorama cinematográfico previo al actual torture pornhomemade que parece reinar en las carteleras de principios del siglo XXI, permite descubrir a los seguidores del género muchas películas menores tal vez desconocidas pero igualmente interesantes.

Con una intención claramente evolutiva del género, Berruezo aborda cómo los diferentes títulos han ido influyendo de una manera u otra en las propuestas posteriores, introduciendo el contexto social en el que se realizan y los motivos por los que personajes como Freddy, Jason Voorhes o Michael Myers han pasado a ser mitos del género y a poseer su propia saga de películas que, en la primera década de este siglo, se han visto revisionadas hacia el slasher más violento.

Películas menores

Pero junto a títulos tan conocidos como La matanza de TexasDrácula de Bram StokerPosesión InfernalLa noche de los muertos vivientes se esconden en las líneas de este texto innumerables referencias a películas menos conocidas. Algunas de ellas piden a gritos una revisión y un redescubrimiento; otras sólo completan el panorama con una propuesta más bien casposa y de muy mala calidad que, sin embargo, pueden hacer las delicias de los seguidores más fieles.

De hecho, uno de los títulos que este libro me permitió descubrir fue Demons (1985), una especie de homenaje italiano de Posesión Infernal (1981) dirigido por Lamberto Bava (Crímenes en portada)  y con Dario Argento (Suspiria) como guionista y productor. La cinta aborda una posesión demoníaca que, poco a poco, va haciéndose con todos los espectadores de un cine (y de medio mundo) a raíz de la película que proyectan. Al igual que la película de Sam Raimi (Spiderman), utiliza todos los medios a su alcance para ofrecer un espectáculo violento, desagradable y provocativo en una reflexión metalingüística en la que muchos han querido ver un aviso de la influencia del cine de terror en la sociedad.

Algo similar a lo que ocurrió a raíz del estreno en los 90 de Scream (1996), de Wes Craven (Pesadilla en Elm Street), que también utilizaba el cine dentro del cine. Pero volvamos a los títulos menores más interesantes. Centrándonos en los vampiros, destacan Lifeforce (1985), de Tobe Hooper (La matanza de Texas), todo un espectáculo para los amantes de este cine en el que se mezclan murciélagos gigantes, destrucción masiva y unos chupasangre de lo más curioso: en lugar de conseguir la vitalidad a través de la sangre, lo hacen a través de besos, aunque el resultado es incluso más desagradable que el de un mordisco.

Concluiremos este repaso señalando un último título que es algo más conocido, pero en cualquier caso imprescindible. Hablamos de Reanimator (1985), dirigida por Stuart Gordon (Fortaleza infernal) y basada en el relato de H. P. Lovecraft, Herbert West, reanimador. La película, que dio pie a dos secuelas (a cada cual más gore e infame), resulta no sólo una gran adaptación de la obra literaria, sino que se revela como un relato con entidad propia, generando una sensación de malestar que no llega a convertirse en terror gracias a sus elementos cómicos, muchos de ellos aportados por el protagonista, el actor Jeffrey Combs (Agárrame esos fantasmas), que se convirtió con este papel en todo un mito del género. Pero el film incluye también la reflexión que ya se hacía Lovecraft sobre los límites de la ciencia y hasta dónde está dispuesto a llegar el ser humano por alcanzar el máximo conocimiento.

Una reflexión que, al igual que muchas otras incluidas en el libro de Berruezo, pocas veces se toma en serio por el género en el que se plantean, dominado por las vísceras, el miedo y la fantasía. Sin embargo, Cine de terror contemporáneo las pone sobre la mesa, logrando no sólo una obra para los fans más acérrimos, sino un estudio sobre lo que ha significado el terror a finales del siglo XX y lo que le diferencia de las propuestas anteriores. Incluso, y aunque no haya sido premeditado, permite comprender el porqué de muchas obras actuales.

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