Un personaje, dos historias en la primera temporada de ‘The Son’


La serie que ahora nos ocupa, The Son, es posiblemente el caso más evidente en los últimos años de una producción dual, de una historia diferenciada en dos partes claras que, para colmo, generan un interés diferente y provocan, en definitiva, casi dos historias independientes unidas por un nexo en forma de protagonista. La primera temporada de esta adaptación de la novela de Philipp Meyer, realizada a cuatro manos por Brian McGreevy y Lee Shipman (serie Hemlock Grove), se convierte así en una producción compleja, en algunos momentos irregular pero con un potencial prometedor gracias, fundamentalmente, a ese atractivo personaje que es Eli McCullough.

Para aquellos que no hayan visto estos primeros 10 episodios, la trama se mueve a caballo entre la madurez y la adolescencia de un personaje marcado por la muerte de su familia a manos de los indios, que le secuestran primero como esclavo y que le aceptan luego como uno de los suyos. Décadas después, a comienzos del siglo XX, este joven convertido en un exitoso hombre de negocios busca agrandar su fortuna y la de su familia con el petróleo al sur de Texas, todo ello con una escalada de enfrentamientos con México como telón de fondo. Con este argumento como base, la trama se construye con constantes saltos de una época a otra que pretenden, al menos en teoría, buscar un paralelismo y una explicación a las decisiones y acciones del protagonista. Y curiosamente, la parte más interesante suele ser la de su adolescencia, que en principio está tratada como un mero apoyo dramático y narrativo.

Posiblemente se deba al hecho de que esa historia de la adolescencia de este personaje cuenta con muchos más aspectos dramáticos y conflictivos que la parte en la que es adulto, donde es interpretado por Pierce Brosnan (Mejor otro día). En efecto, el calvario que sufre el joven en esta primera temporada de The Son, primero como esclavo al que maltratan y luego como un miembro más de la tribu que no es aceptado por todos, le convierte casi sin querer en el foco de toda la atención del espectador. Y si a esto sumamos el proceso de integración que vive y las consecuencias dramáticas que eso conlleva, entre ellas enfrentarse a los que, en principio, son de su raza, lo que obtenemos es un relato complejo, cargado de matices emocionales y con múltiples lecturas que se enriquecen con los actos de la otra trama que sostiene a la serie.

Curiosamente debería de ser al revés. La trama en la que el protagonista es adulto, en principio, aprovecha los acontecimientos de su etapa adolescente para que el espectador entienda mejor sus motivaciones, sus miedos y sus reacciones. Y hasta cierto punto, así es. Con todo, el proceso inverso adquiere un mayor interés, es decir, la historia termina por generar una mayor interés en lo que ocurre en el pasado, que es complementado con los actos del presente. En este proceso de cambio que se da a lo largo de la primera temporada también influyen, y mucho, los secundarios que se dan cita en cada rama del argumento. Son mucho más atractivos, más profundos desde un punto de vista dramático, los miembros de la tribu, destacando los personajes de Zahn McClarnon (serie Fargo) y Elizabeth Frances (Ghost forest), que los roles que acompañan a Brosnan.

La locura del petróleo

Todo esto no quiere decir que la historia protagonizada por Pierce Brosnan no sea capaz de ofrecer nada en esta primera temporada de The Son. Al contrario, podría entenderse como un reflejo de las tensiones sociales, políticas y culturales que convivían en una época convulsa marcada por la locura del petróleo y la riqueza. Es más, el modo en que los guionistas funden los diferentes aspectos en esta parte de la trama resulta notable, toda vez que logran una progresión orgánica de la trama que explota al máximo las posibilidades dramáticas que establecen todos los secundarios que aparecen. De la lucha por el poder al juego político y judicial para robar tierras; de la guerra por intereses personales a los amores prohibidos y el racismo. La trama, en este sentido, crece a medida que las verdaderas intenciones de muchos personajes van saliendo a la luz, y eso es algo a destacar.

El problema de esta parte de los 10 capítulos es que los secundarios no quedan bien definidos, o al menos no al mismo nivel que la intensidad de la trama. Por ejemplo, los hijos del protagonista parecen dibujados con línea gruesa, tendiendo a convertirlos en arquetipos cuyas decisiones y reacciones a los acontecimientos se antojan previsibles. Algo parecido ocurre con la familia amiga/enemiga encabezada por Carlos Bardem (Assassin’s Creed). Su presencia en la trama es irregular, adquiriendo relevancia en algunos momentos y quedando casi relegada a un mero elemento ornamental de fondo en otras. El hecho de que ande entre dos tierras dramáticamente hablando tampoco termina de ayudar a mostrar claramente la postura de cada uno de los personajes que integran este clan familiar, aunque es justo reconocer que logra el objetivo final de mostrar al personaje de Brosnan como un ambicioso hombre para quien los amigos significan más bien poco.

Y he aquí el meollo de esta serie. Hasta ahora he hablado de estas dos historias como algo independiente, y hasta cierto punto lo son ante la diferente definición del protagonista en sus años de adolescente y en sus años de adulto. Pero la magia de esta ficción radica en el camino que ha convertido a uno en otro, en aquellas vivencias y decisiones que le han llevado hasta donde está, tanto física como psicológicamente. Y es un viaje sumamente interesante. En esta primera temporada ya pueden intuirse algunos matices, algunas ideas que traspasan ambos arcos argumentales. La mayor evidencia es la secuencia en la que Brosnan ve a su ‘yo’ adolescente, un momento en el que, más allá de las connotaciones románticas que pueda tener, se aprecian ciertos reproches velados de su pasado ante las decisiones que ha tomado en su vida. Hay algo más que deberá ser explorado en sucesivas temporadas, y no hay nada más intrigante que conocer la historia de un personaje con tantos claroscuros.

En cierto modo, se puede decir que esta primera temporada de The Son es una presentación de algo mucho mayor. Una presentación algo inconexa en algunos momentos, con dos grandes líneas argumentales que discurren de forma paralela con diversas conexiones entre ellas. Esto puede llevar al espectador a elegir centrar su atención en una antes que en otra (personalmente, en la de juventud), pero es algo que debe intentar evitarse. Porque la serie ofrece bajo esta capa algo más, algo complejo y llamado a captar la atención si es que se aborda con sensatez. Por lo pronto, esta ficción promete un intenso drama que relata una época de la Historia compleja y marcada por la ambición y la guerra. La principal asignatura pendiente es un mejor tratamiento de los secundarios, sobre todo en la época de adulto. Pero eso es algo para lo que todavía hay tiempo.

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