‘Empire’ le canta al drama en su tercera temporada


El fenómeno de las series con la música como elemento definitorio es digno de estudio. Sobre todo porque ninguna de ellas parece ser capaz de mantener el equilibrio entre canciones y drama (o comedia, según sea el caso). O mejor dicho, entre el concepto que las define y la trama que las nutre. Todas ellas parecen abocadas, en mayor o menor medida, a terminar eligiendo por una u otra, perdiendo al final la esencia con la que nacieron. En el caso de Empire, esa inclinación por uno u otro factor se ha notado más que nunca en los 18 capítulos de la tercera temporada, y a pesar de los intentos por encontrar el equilibrio, la música parece ser la perdedora en esa pugna.

No quiero decir con esto que la ficción creada por Lee Daniels, director de El mayordomo (2013), y Danny Strong (guionista del mismo film) haya dejado de mostrar algunas de las mejores canciones de este género para la pequeña pantalla. Al contrario, la producción de nuevos temas para ser interpretados por los protagonistas ha aumentado. El problema es que mientras que en la segunda temporada se ha dedicado tiempo y esfuerzo a temas completos, en esta ocasión ese espacio ha quedado reducido a la mínima expresión, señalando simplemente la creación de discos, la grabación de los mismos, etc. Esto se ha traducido consecuentemente en una mayor presencia del drama familiar, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Entre los aspectos más positivos, sin lugar a dudas, la lucha por el control de esta mega productora musical y el componente familiar de esas intrigas, todo al más puro estilo telenovelesco que logra desprenderse de un cierto aire rancio gracias a los extraordinarios personajes que habitan este universo, destacando una vez más a Terrence Howard (serie Wayward Pines) y Taraji P. Henson (Figuras ocultas).

Dicha guerra por el poder deja algunos de los mejores momentos de la temporada, de eso no cabe duda, pero también aporta una nueva visión sumamente interesante con respecto a la trama, y es la amenaza externa a esta especie de familia mafiosa. Mientras que en episodios anteriores el arco dramático se ha centrado en los tejemanejes de hijos y padres para robar una compañía de miles de millones y un poder sin igual, en esta ocasión se introducen elementos ajenos que se convierten en una amenaza real para la extraña estabilidad que existe entre los protagonistas. De este modo, el apartado dramático de Empire gana peso específico en la trama, situando a los protagonistas ante nuevos retos que, por suerte o por desgracia y como ya he mencionado, también restan protagonismo a la música.

Cabe señalar que esta inclinación por el desarrollo dramático ha permitido también hacer avanzar algunos conflictos que parecían encallados, dando lugar a un final tan prometedor como peligroso, pues el recurso escogido para dotar a la serie de algo fresco y novedoso en la próxima temporada no solo es algo muy manido, sino que un mal tratamiento puede dar al traste con lo conseguido hasta ahora. Volviendo a la apuesta por la trama, también hay que destacar la solución algo tosca de varios conflictos heredados de la anterior temporada, el más importante el que tiene que ver con la muerte de un personaje relativamente importante hasta ese momento, lo que por otro lado ha dado lugar a la introducción de nuevos secundarios que pueden aportar mucho a la trama. Da la sensación de que la serie ha tratado de avanzar por un camino en el que no se ha tenido en cuenta, al menos no demasiado, la influencia de determinados conflictos y el modo en que estos se resuelven, como si de una huída hacia adelante se tratara.

No somos nada sin la música

Del mismo modo, la lucha de esta familia de músicos contra las amenazas exteriores se resuelve, al menos en uno de sus pilares narrativos, de una forma cuanto menos algo increíble. Si bien es cierto que el personaje de Lucious Lyon es capaz de cualquier cosa, el giro argumental final a su comportamiento durante buena parte de esta tercera temporada invita a pensar más en una necesidad dramática (sobre todo con lo que ocurre en el último episodio) que en una calculada estrategia empresarial y, en cierto modo, romántica, lo que en último término convierte a dicho giro argumental en algo un tanto irreal, complejo tanto por todo lo que se ha producido previamente como por el alto número de roles y acontecimientos que involucra. Eso sí, como detonante dramático funciona a la perfección, dejando una conclusión de temporada impactante y con un alto número de ramificaciones secundarias con un importante potencial de desarrollo.

Pero como decía al comienzo, una de las principales víctimas de esta apuesta por el drama es la música. Música que no solo queda en un segundo plano, a modo de contexto social y familiar para esas luchas intestinas entre los protagonistas, sino que se relega a algo casi anecdótico en muchos de los episodios de esta temporada de Empire. Si bien es cierto que no es un problema, pues al fin y al cabo la música sigue estando muy presente, sí resulta sintomático y es una posible brújula que señala el camino a seguir por esta ficción en un futuro cercano. Quizá la mejor prueba es que en la anterior temporada se lograron algunas de las más espectaculares colaboraciones entre músicos y actores, y entre los propios actores, de toda la serie, y posiblemente del panorama actual del género en la pequeña pantalla. Ahora, sin embargo, las interpretaciones completas se limitan a un puñado en momentos puntuales que, en algunos casos, son además telón de fondo para un conflicto mucho mayor, algo que por cierto debería haber sido una constante.

Sé que puede dar la sensación de que se ha producido un cambio radical en la serie, pero nada más lejos de la realidad. Viendo con perspectiva esta temporada la sensación que queda es, más bien, la de la gestación de un cambio dramático, la de una evolución hacia un formato que podrá gustar más o menos al público, y que será mejor o peor en función del grado de abandono de los valores con los que nació este drama. En realidad, a lo largo de estos 18 episodios el cambio se aprecia poco a poco, en algunos capítulos más que en otros, pero tiene su máximo exponente en ese epílogo final en el que, de nuevo, está únicamente la familia, el núcleo duro de esta ficción, lo que también manda un mensaje muy claro al espectador si tenemos en cuenta lo acontecido anteriormente.

En cualquier caso, Empire parece que no va a volver a ser la misma serie que comenzó hace ya tres temporadas. El cambio, sutil en algunos momentos y más brusco en otros, ya ha comenzado, y en la mano de sus creadores está el que sea algo orgánico o algo brusco. Por lo pronto, esta producción musical parece haber decidido cantarle al drama al más puro estilo Empire, esto es, con el rap y el hip-hop como telón de fondo y la violencia como seña de identidad. La pregunta es si la música va a seguir perdiendo protagonismo, una decisión que personalmente creo que sería equivocada a tenor del resultado que ha tenido en otras producciones similares. La respuesta, a partir de finales de septiembre en Estados Unidos.

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‘Empire’ se hace adulta en su 2ª T. gracias a sus protagonistas


Terrence Howard, Taraji P. Henson y Jussie Smollett en un momento de la segunda temporada de 'Empire'.Es evidente que el éxito de una serie se mide por su audiencia. Eso no quiere decir, claro está, que sea acorde a su calidad. Pero hay ocasiones en que ese éxito tiene otros componentes, y el caso de Empire es uno de ellos. Posiblemente el fenómeno generado por esta familia de rasgos mafiosos con un emporio musical se circunscriba, en su mayoría, a Estados Unidos, pero es evidente que su peso en la televisión es muy alto. Tanto que en su segunda temporada ha contado con artistas como Alicia Keys, así como con cameos de un sinfín de estrellas del rap, el hip-hop o el R&B. Pero más allá de todo esto, lo cierto es que la serie ha sabido evolucionar en un sentido cuanto menos interesante.

Y es que mientras la primera temporada se centró en una especie de carrera por una herencia, estos 18 episodios de la ficción creada por Lee Daniels (El chico del periódico) y Danny Strong (El mayordomo) han ampliado miras y han profundizado notablemente en los dramas personales e intrafamiliares de los protagonistas, abordando no solo los conflictos, sino el carácter de los personajes de Terrence Howard (St. Vincent) y Taraji P. Henson (serie Person of interest), quienes por cierto hacen un trabajo excepcional. Gracias a esta apuesta, la producción abandona en cierto modo ese carácter telenovelesco que presentó en la anterior etapa (aunque siempre está presente cuando se le necesita), lo que ofrece más tiempo y espacio para analizar otros conceptos dramáticos en un sentido más amplio, desde la temática homosexual hasta la criminal, pasando por la familiar o esa necesidad de amor que parecen buscar todos los personajes jóvenes en la figura de Lucious Lyon.

Antes de continuar es conveniente destacar el papel de Terrence Howard más allá de una mera referencia. Su personaje, tanto sobre el papel como con la aportación del actor, registra un crecimiento espectacular en esta segunda etapa de Empire. Su arco dramático, protagonista en prácticamente todos los episodios, lleva al espectador a un viaje cargado de medias verdades, de absolutas mentiras y de decisiones directamente criminales. Ya sea en su comienzo en prisión, su lucha por recuperar su imperio musical o su final con su madre, todas sus decisiones están marcadas por el carácter violento y agresivo del personaje, que tiene como conclusión más directa lo vivido por el personaje de Jussie Smollett (The skinny).

Es él, realmente, el motor de toda la serie. Es cierto que la música es parte fundamental (que analizamos a continuación), pero sin duda el carácter dramático de la serie está definido por Lucious Lyon y, por extensión, por Cookie Lyon. Dos personajes que son, en realidad, similares pero distintos, como si uno se mirara en un espejo. Desde luego, las motivaciones son diferentes, e incluso su forma de afrontar determinadas decisiones es diametralmente opuesta, pero a la hora de la verdad ambos parecen estar cortados por el mismo patrón, lo que no hace sino enriquecer la trama, pues permite que el tratamiento narrativo se divida sobre los hombros de dos personajes excepcionales que han logrado, en muy poco tiempo, hacerse un hueco entre los mejores roles de la televisión actual.

Música, por favor

Aunque quizá lo más interesante de esta segunda temporada de Empire es que, junto a la evolución dramática de la serie ahondando en los traumas del pasado y los conflictos entre personajes, la música también ha evolucionado de forma notable. Mientras que en los primeros episodios todo parecía centrarse en los personajes de Smollett y Bryshere Y. Gray (lucha musical como reflejo de la lucha fratricida por el poder), en esta etapa se expande la proyección musical hasta convertirse casi en un sello propio. Además de la presencia de grandes artistas (a la mencionada Alicia Keys se suma, por ejemplo, Pitbull), lo realmente interesante es comprobar que el repertorio crece con la serie.

Puede parecer una nimiedad, pero solo hay que comparar con Nashville, otro de los éxitos musicales de las últimas temporadas que ha optado por un compromiso dramático más que musical, limitando las canciones a dos o tres temas más o menos conocidos o a fragmentos de canciones. En cambio, y puede que sea porque tanto Smollett como Y. Gray han firmado con sendas discográficas, en esta ficción con tintes mafiosos las canciones se convierten no solo en parte fundamental, sino en una clave narrativa. Como en cualquier musical que se precie, los temas interpretados por los actores (incluyendo Terrence Howard, que sorprende a propios y extraños) son una vía más de narrar el subtexto que contiene la trama, y que en este caso es bastante más complejo de lo que puede verse a simple vista en pantalla.

Y esta es la clave. Esta serie producida por el productor musical Timbaland, entre otros, aprovecha la música como una herramienta narrativa más, no como un complemento que descongestione la intensidad dramática de la historia. No son pocos los momentos en los que los personajes, a través de una canción, viven un punto de giro en la trama. Y son muchos más en los que el drama da lugar a un tema nuevo. Esta conexión entre sus dos componentes principales, unido a unos personajes simplemente brillantes y a un reparto en plena forma, es lo que ofrece un producto en constante evolución, que trata de evitar (aunque no siempre lo consigue) caer en una espiral de repetitivos dramas, ofreciendo al espectador música y desafíos narrativos nuevos.

Dicho esto, se puede decir que la segunda temporada de Empire es mejor que su debut. Evidentemente, sigue contando con varios handicaps, entre ellos la propia música, que puede ser motivo de rechazo si no se comparte la pasión de los protagonistas, e incluso el carácter algo telenovelesco al que sigue recurriendo en varios momentos, por fortuna cada vez más escasos. Pero con todo y con eso, estos 18 episodios son un soplo de aire fresco con respecto a lo visto en la primera temporada, un cambio en positivo que permite a los actores dar lo mejor de ellos mismos, creciendo y haciendo crecer a los personajes.

‘Empire’, música y familia en una 1ª temporada de débiles personajes


La familia Lyon es el centro de las intrigas de la primera temporada de 'Empire'.Algo tienen los musicales que no dejan indiferente a nadie. Los detractores son enemigos declarados de un formato que consideran irreal. Los defensores encuentran en ellos una vía de entretenimiento que combina música, imagen, baile y coreografía. Pero lograr el equilibrio entre trama y música es uno de los retos más difíciles de conseguir, y prueba de ello es que las producciones de este género pocas veces se convierten en éxito en los últimos años, sobre todo si lo que se intenta es crear un drama musical. El último intento es Empire, serie creada por Lee Daniels y Danny Strong, director y guionista respectivamente de El mayordomo, cuya trama se centra en un sello musical familiar y las luchas internas por el poder de la compañía.

Y si algo deja claro su primera temporada de 12 episodios, cuya exitosa emisión en Estados Unidos terminó en marzo, es que es necesario tomar partido por uno de los dos aspectos, el dramático o el musical. En este caso la balanza se inclina hacia la música, con algunos números realmente brillantes y con voces como la de Jussie Smollett (Un muchacho llamado Norte), toda una revelación. En realidad, la música no solo adquiere protagonismo con las canciones, sino también con el propio desarrollo de la trama. A diferencia de otras producciones como Nashville, con la que guarda cierto parecido, los conflictos y los puntos de giro están irremediablemente ligados a la música como concepto general, desde el negocio propiamente dicho hasta la composición.

Esto genera toda una corriente que arrastra a personajes y trama hacia un terreno más suave, menos dramático. Que eso sea algo positivo o negativo depende del cristal con el que se mire y de los gustos de cada espectador. Lo que no es tan subjetivo es el efecto que esta apuesta tiene sobre dichos personajes y, fundamentalmente, sobre las tensas relaciones que existen entre ellos. Quizá lo más llamativo de Empire sea el vaivén de posiciones que adoptan los protagonistas, que se mueven en un amplio espectro de decisiones y emociones para tratar de conducir la trama por unos derroteros que, al final, no hacen sino generar un bucle constante del que se distrae al espectador gracias a la música.

La consecuencia más directa de este fenómeno es una debilitación gradual de los personajes. Los impactantes acontecimientos del episodio piloto, sobre todo en lo referente al rol de Terrence Howard (St. Vincent), sirven como hilo conductor y detonante de prácticamente todos los acontecimientos de la primera temporada. Empero, mientras la enfermedad del protagonista planea sobre las cabezas del resto de personajes como una amenazante nube de discordia, el asesinato del primer episodio es más bien un recurso intermitente que parece tener repercusión únicamente cuando se necesita que la trama adquiera un mayor grado de dramatismo. El problema de todo ello es que el desarrollo pierde consistencia, convirtiéndose en algo cada vez más previsible y con un interés menor que se sustenta, fundamentalmente, en la música y en los ganchos utilizados al final de cada episodios… y de la temporada.

Timbaland, el productor

A pesar de sus irregularidades, la apuesta de Empire por conceptos como la familia y la música tiene premio. El interés se mantiene durante buena parte del desarrollo dramático, los actores logran una buena labor y la parte musical es impecable. En este último aspecto se aprecia, sobre todo en determinados temas compuestos para la serie, la mano del productor musical Timbaland, cuyo trabajo con cantantes como Justin Timberlake recuerda, y mucho, al estilo musical del personaje de Smollett. Desconozco cuál ha sido su papel en el resultado final, aunque no es difícil de imaginar. Más allá de la música, la presencia de conocidos cantantes en papeles ficticios o interpretándose a ellos mismos da una idea del poder de convocatoria que ha tenido esta producción.

Y ya que he mencionado al reparto es conveniente destacar la labor de Taraji P. Henson (serie Person of interest), uno de los grandes atractivos de la producción. Tal vez sea por las diferentes características de este rol respecto a su papel previo, pero lo cierto es que su labor como acicate del resto de personajes es ejemplar. En buena medida es ella la que salva muchas situaciones, y desde luego es este personaje el que logra hacer avanzar la acción en muchos momentos de la temporada. Los problemas antes señalados también terminan lastrando a este rol, pero eso no hace sino destacar aún más la labor de Henson.

Sin duda el gran problema de la serie radica en la poca libertad de la que gozan sus personajes. Con unas personalidades tan marcadas como las de los roles de Howard y Henson la trama ha tendido hacia caminos algo más conflictivos en varios momentos de la temporada, pero siempre ha vuelto a los mismos derroteros. Esta constante rectificación de la naturaleza de los personajes ha impedido explorar nuevas situaciones, nuevas vías dramáticas que perfectamente podrían haber llevado a la serie a otro terreno, aunque con la más que evidente posibilidad de perder el alma musical que tanto caracteriza a esta ficción.

Así, Empire se revela en su primera temporada como un producto entretenido ideal para los amantes de la música (sobre todo del rap, el hip hop y el R&B). No exige demasiado a los espectadores, pero tampoco ofrece demasiado. La fórmula de drama familiar musical logra el éxito en aquellos momentos en los que mejor combina todos sus elementos, rebajando sus expectativas cuando se trata de explorar, aunque sea mínimamente, las relaciones entre los personajes. Es una consecuencia habitual y natural del género elegido. El éxito ha asegurado una segunda temporada, pero la pregunta que cabe hacerse es si mantendrá las debilidades que convierten a esta serie en lo que es y, sobre todo, si no se perderá parte de la esencia al tratar de corregir los defectos.

‘El mayordomo’: Una apuesta por los Oscar en blanco y negro


Forest Whitaker es 'El mayordomo', de Lee Daniels.Si en una película mezclamos acontecimientos históricos, racismo, mirada del hombre corriente, derechos civiles, buenos actores y ensalzamiento de los valores que Estados Unidos defiende (otra cosa es que los ponga en práctica), no hay duda de que estamos hablando de un más que posible candidato a los Oscar. La nueva película de Lee Daniels (El chico del periódico) responde punto por punto a tal descripción. Ahora bien, ¿es la mejor película del año? Y lo más importante, ¿es una buena película? A la primera pregunta todavía no puede responderse; a la segunda pregunta la respuesta, en el mejor de los casos, debería ser un “depende”.

Desde luego, El mayordomo cuenta con todos los pilares necesarios para ser un drama capaz de conmover al más frío de los espectadores. El sufrimiento del protagonista, que asiste como testigo privilegiado a décadas de lucha racial, es el vehículo perfecto para descubrir los trapos sucios de una sociedad dividida. Por otro lado, aprovecha con inteligencia alguno de los momentos más trágicos para evidenciar una falta de sensibilidad humana en unos individuos convencidos de que eran más que sus semejantes simplemente por el tono de piel. Y qué decir de los actores, de lejos lo mejor del conjunto. Casi con toda seguridad Forest Whitaker (Última llamada) y Cuba Gooding Jr. (Hombres de honor) tendrán presencia en las categorías de Mejor Actor y Mejor Actor Secundario en la próxima edición de los premios de Hollywood, es cierto, pero la que destaca es la famosa presentadora Oprah Winfrey en un papel difícil tanto por la complejidad psicológica como por la intermitente forma de presentarlo, siempre como un secundario a la sombra del rol principal.

Y es este uno de los puntos en los que empiezan los problemas de esta película, que no son precisamente pocos. Muchas de las tramas secundarias son abordadas sin demasiada conexión entre sus secuencias, obligando a rellenar las lagunas con el sentido común de cada uno de nosotros. Además, su forma de tratar el racismo y el cambio social que vivió Estados Unidos en esos años resulta, por decirlo de algún modo, excesivamente educativo. Habrá quien lo considere incluso adoctrinamiento. Ya desde la primera secuencia quedan patentes las intenciones de sus responsables para plasmar la evolución de los afroamericanos a lo largo de las décadas. El problema es que lo hace de forma tan evidente, tan poco sutil, que resulta hasta poco creíble. Por otro lado, el constante uso de la voz narrativa del protagonista, quien explica con todo detalle al espectador cómo debe abordar cada uno de los periodos clave de la trama, resta relevancia al contenido visual, llegando incluso a distorsionar algunos momentos dramáticos del film.

Y además de todo esto, es un relato previsible. El mayordomo nunca entra de lleno en la polémica. Se limita a mostrar la Historia estadounidense desde el punto de vista afroamericano, dando a entender que todo, o casi todo, ha estado determinado por el conflicto racial. La evolución social del ser humano, evidentemente, es mucho más compleja. El ejemplo más claro es la guerra de Vietnam, tratada de forma tangencial y sin ninguna sorpresa dramática en su haber. Con todo esto, habrá quienes aplaudan el dramatismo lacrimógeno que reside en los conflictos familiares y quienes la consideren como un homenaje a una parte de la sociedad norteamericana sin más mérito que unos buenos actores. No todo es blanco o negro. Como suele ocurrir en la vida real (y recordemos que esta historia está basada en un hecho verídico), la realidad se encuentra en esa zona gris intermedia.

Nota: 6/10

Unos variados estrenos ponen rumbo a los premios académicos


Estrenos 11octubre2013El otoño ha llegado con fuerza a España. Al menos en lo referente al cine. Si la semana pasada se estrenaba la estupenda Gravity, hoy viernes, 11 de octubre, llegan unos cuantos títulos que por referencias, protagonistas y temáticas tienen muchas papeletas de ser candidatos a los premios que en unos meses dará la Academia de Hollywood. Por supuesto, habrá que esperar, porque si todo lo que está por llegar mantiene el mismo nivel será complicado elegir sólo a un puñado de películas para ser las nominadas. Pero esto es adelantar muchos acontecimientos. Ahora mismo lo interesante es saber qué novedades llegan.

Y entre ellas sobresale El mayordomo, drama que recorre varias décadas de la historia de Estados Unidos a través de uno de los mayordomos de la casa blanca, un hombre afroamericano que luchó por huir de la segregación del sur en su juventud y que vivirá, durante sus años al servicio de varios presidentes, algunos de los acontecimientos más importantes del país. Con una temática de regusto académico, la película cuenta con un buen puñado de nombres que aportan más prestigio si cabe a la trama. El director es Lee Daniels (Precious) y el reparto cuenta con, entre otros, Forest Whitaker (El último rey de Escocia), la famosa presentadora Oprah Winfrey (Beloved), David Oyelowo (Jack Reacher), Terrence Howard (La venganza del hombre muerto), Cuba Gooding Jr. (Red Tails), Robin Williams (La gran boda), John Cusack (El enigma del cuervo), Liev Schreiber (Salt), Alan Rickman (Un plan perfecto), Jane Fonda (La madre del novio), Alex Pettyfer (Magic Mike), Vanessa Redgrave (Anonymous), James Marsden (2 guns) y los cantantes Lenny Kravitz y Mariah Carey.

Otro de los estrenos atractivos es Prisioneros, thriller que narra la angustiosa búsqueda de dos niñas desaparecidas por parte de la policía y sus padres. La trama arranca cuando dos familias de una zona residencial descubren que sus hijas pequeñas han desaparecido. La única pista es una caravana algo destartalada cuyo dueño es acusado del secuestro, aunque puesto en libertad por falta de pruebas. El paso de los días obligará a uno de los padres a tomar decisiones que sobrepasan la moralidad y la legalidad. Denis Villeneuve (Incendies) es el encargado de poner la historia en imágenes y de dirigir a Hugh Jackman (Lobezno inmortal), Jake Gyllenhaal (Código fuente), Terrence Howard, que estrena por partida doble con El mayordomo, Viola Davis (Criadas y señoras), Maria Bello (serie Touch), Melissa Leo (Objetivo: La Casa Blanca) y Paul Dano (Looper).

El tercer estreno norteamericano tampoco se queda atrás en lo que a nombres se refiere. The Bling Ring es lo nuevo de Sofía Coppola (Lost in Translation), que escribe y dirige esta trama inspirada en un hecho real: el de un grupo de cinco amigos adolescentes de Los Ángeles que, tras vigilar a los famosos por Internet, entraron a robar a sus casas, obteniendo un botín de unos 3 millones de dólares. Katie Chang (A birder’s guide to everything), Israel Broussard (Flipped), Emma Watson (saga Harry Potter), Claire Julien, Taissa Farmiga (serie American Horror Story), Georgia Rock y Leslie Mann (Si fuera fácil) son los principales protagonistas de este drama.

En cuanto al resto del mundo, España destaca otra vez por la cantidad de películas que presenta, ya sea en solitario o como co producción. Caníbal es sin duda la más laureada, habiendo pasado por varios festivales. El argumento gira en torno a un prestigioso sastre reservado cuya vida gira en torno al trabajo y la comida. Pero no cualquier comida. El hombre es caníbal, y se alimenta de mujeres desconocidas, turistas, … que no significan nada para él. Todo cambia cuando conoce a una joven inmigrante que busca desesperadamente a su hermana, a su vez vecina del caníbal. Nueva película de Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del bolchevique), la película está protagonizada por Antonio de la Torre (La gran familia española), al que acompañan María Alfonsa Rosso (La estrella), Olimpia Melinte (Killing time) y Delphine Tempels.

Argentina, Francia, España y Noruega son los países que están detrás de El médico alemán, drama escrito y dirigido por Lucía Puenzo (El niño pez) que narra el viaje de un médico nazi en 1960 a través de la Patagonia acompañando a una familia que va hacia el sur. El viaje reavivará sus recuerdos y sus ideales políticos, y aunque oculta su identidad, sus maneras, su educación y sus conocimientos sobre ciencia y medicina harán que la sospecha se cierna cada vez más sobre él. La película está protagonizada por Natalia Oreiro (Mi primera boda), Àlex Brendemühl (Héroes), Diego Peretti (Al final del camino), Florencia Bado, Elena Roger (Un amor) y Guillermo Pfening (Belgrano).

 Por cierto que los Oscar no solo están presentes este fin de semana en las posibilidades de los estrenos norteamericanos. Pie de página, nominada al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa, también se estrena. Producida en Israel en 2011, esta comedia romántica se centra en la relación entre un padre y un hijo, ambos catedráticos y ambos diametralmente opuestos. El primero nunca ha visto reconocido su trabajo, mientras el segundo es una estrella ascendente. Sin embargo, la distinción con un importante premio al padre hará aflorar tanto la necesidad de atención de uno como la envidia del otro. Escrita y dirigida por Joseph Cedar (Beaufort), el film cuenta en su reparto con Shlomo Bar-Aba (Nisuim Fiktiveem), Lior Ashkenazi (Kalevet), Aliza Rosen (Himmo Melech Yerushalaim), Yuval Scharf (The dealers) y Alma Zack (Zohi Sdom).

España y Argentina tienen también participación en Mujer conejo, en la que hay presente además capital venezolano. La trama comienza cuando una funcionaria estatal descubre que la policía argentina está controlada por la mafia. Desde entonces deberá salvar su vida si quiere llegar a desvelar esa información. Para ello huye al campo y termina en una zona infestada de conejos alterados genéticamente para que sean carnívoros. Sin embargo, allí descubre algo más, algo que acabaría con la mafia para siempre, aunque antes tendrá que salir con vida. Escrita y dirigida por Verónica Chen (Agua), la película está protagonizada por Haien Qiu (Extraños en la noche), Gloria Carrá (Las viudas de los jueves) y Luciano Cáceres (Carne de neón).

Y para terminar, algo de música, concretamente rock y, más concreto aún, del grupo Metallica. Nimród Antal (Predators) es el encargado de dirigir Metallica: Through the never, cinta que mezcla realidad y ficción al narrar la historia de un joven que ha de cumplir un encargo mientras se desarrolla un concierto de la banda repleto de público. Dane DeHann (Chronicle) da vida a este personaje, que se cruzará con los verdaderos integrantes de la banda y el equipo que les acompaña.

Diccineario

Cine y palabras

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