‘Slender Man’: terror sin alma de la era digital


Hace no demasiado tiempo la existencia de videoclubes permitía una categoría de películas ‘directas a vídeo’, entre las que podían encontrarse verdaderas joyas de cualquier género pero también, y en su mayoría, obras de bajo presupuesto y de una calidad técnica y artística más bien baja. Ahora, de vez en cuando llega a las salas de cine alguna producción de este tipo, como es el caso que nos ocupa. Desconozco los motivos que llevan a estrenar algo como Slender Man, pero desde luego el resultado es muy mediocre, lo cual por otro lado no resulta ninguna sorpresa.

Solo con echar un vistazo a su argumento la cinta ya se perfila como un relato arquetípico y previsible, pero eso podría ser un inconveniente relativamente bien solventado si no fuera porque el resto de elementos de esta película de terror son igualmente previsibles. Partiendo de la base de que no genera en ningún momento ni el miedo ni el suspense que cabe esperar de una producción de estas características, esta película que toma como referente el primer mito creado en la web no ofrece nada interesante al espectador. Las protagonistas no solo tienen una definición típica, sino que están perfiladas con trazo grueso, sin motivación ni mucho menos contraste.

Posiblemente lo peor, sin embargo, sea el hecho de que el mito de este personaje se aborda de un modo superficial, resolviendo en unos minutos su definición como si de algo incómodo se tratara. La cinta no opta en ningún momento ni por asumir alguna de las definiciones que en internet se hace de esta criatura, ni por aportar algo nuevo al personaje, lo cual por cierto habría sido un giro cuanto menos curioso. Pero no. Guionista y director evidencian una incomodidad notable a la hora de narrar esta historia, sin ofrecer un lenguaje visual y dramático adecuado, tomando planos de algún que otro film y planteando una historia plana, sin giros argumentales y con muy pocos sustos que hagan al espectador estremecerse en la butaca. Eso sí, gritos todos los que queramos y alguno más, como si de una slasher movie se tratara.

Si hay que sacar algún punto positivo a Slender Man es el hecho de que no tiene un final feliz, de que ofrece una sensación de fatalidad casi desde el comienzo de la pesadilla que viven las protagonistas. Pero eso no basta para compensar sus múltiples fallos. Ni el guión ofrece nada nuevo a un mito creado en el mundo de lo digital ni la realización aprovecha las posibilidades del personaje para generar todo tipo de situaciones terroríficas. Es sencillamente una obra hecha sin espíritu, sin un interés por algo más que tratar de terminar el trabajo. De hecho, la obra se desarrolla de forma casi tan zombificada como las víctimas de esta criatura con evidentes influencias de muchos otros mitos, entre ellos los de H. P. Lovecraft.

Nota: 3/10

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‘Person of interest’, final lógico y a la altura para una gran serie


La quinta temporada de 'Person of interest' presenta la lucha definitiva entre inteligencias artificiales.La profusión de series y el nuevo fenómeno que han generado han puesto de manifiesto algo que muchas veces puede pasar desapercibido: es muy difícil lograr que una producción aguante en un mismo nivel dramático, artístico y narrativo durante toda su existencia. Muchas veces es culpa de los productores, que quieren alargar más de lo debido una historia; otras veces es simplemente que la idea, aunque sea buena, tiene difícil recorrido. Por eso ficciones como Person of interest deberían ser analizadas y apreciadas como algo no solo fresco y diferente en un mundo televisivo dominado por policías, médicos y abogados, sino como algo diferente por la coherencia y la capacidad de evolución que tienen. Su quinta y última temporada es testimonio de ello.

Los últimos 13 episodios de la serie, con una temporada notablemente más corta que las anteriores, tienen el inconfundible sello de Jonathan Nolan (Memento), y quienes sigan la filmografía de su hermano Christopher (Interstellar) saben a qué me refiero. A pesar de la evidente sensación de final de ciclo que tienen estos capítulos, el desarrollo dramático de la historia sigue siendo la prioridad, tal vez más acelerado de lo debido pero en cualquier caso contundente y descarnado, presentando ante el espectador una guerra entre el bien y el mal en un sentido casi literal. Y como en toda guerra, hay víctimas. Quizá sea esto lo más destacable de esta última etapa, pues la serie no permite sentimentalismos de ningún tipo, haciendo honor a lo acontecido en temporadas anteriores.

No solo eso. La quinta temporada de Person of interest es todo un ejemplo de cómo debe finalizarse una trama, o mejor dicho de cómo hay que afrontar dicho final. Los guionistas, y en general los autores de cualquier historia, tienden a modificar el curso natural de los acontecimientos para evitar que sus personajes, a los que inevitablemente se coge cariño, afronten grandes e insalvables males. De ahí que la estructura de conflictos crecientes hasta llegar al clímax siempre termine con el héroe victorioso. Sin embargo, Nolan opta aquí por una estrategia diferente, o al menos por una resolución diferente. En efecto, estos últimos capítulos posiblemente sean los más angustiosos de toda la serie, situando a los protagonistas en una espiral de violencia incontrolada en la que siempre están un paso por detrás.

Sin embargo, el final no es feliz, o al menos no todo lo que cabría esperar. No hay lugar para heroicidades sin consecuencias, por lo que el tratamiento apenas deja espacio para la reflexión o para los buenos sentimientos. Tal vez este sea el motivo por el que el personaje interpretado por Jim Caviezel (Plan de escape) da un giro más que notable en su personalidad en esta etapa, algo que no queda del todo explicado y que chirría un poco en algunos momentos. Pero volviendo al tratamiento narrativo, la conclusión de la serie es todo lo que un tercer acto debería ser. Una vez explicada la historia y con un desarrollo previo consolidado, solo queda la resolución, y esta no puede por menos que ser tan espectacular como descarnada.

Una serie para el recuerdo

Los héroes afrontan su último desafío en la quinta temporada de 'Person of interest'.Y vaya si lo es. Si bien es cierto que algunos de los mejores episodios de Person of interest pertenecen a la tercera temporada, esta última etapa deja en el recuerdo algunos de los momentos más importantes de la ficción. Me refiero, por ejemplo, al protagonizado casi en exclusiva por el rol de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza), viviendo un bucle infinito que recuerda poderosamente a otras historias contadas por Nolan. Y por supuesto el final, capaz de aunar en pocos segundos sensaciones tan dispares como angustia, tristeza, orgullo o satisfacción. A riesgo de repetirme, eso solo es posible gracias al desarrollo de todas las temporadas y a una conclusión que, aunque esperada y lógica, es fiel a lo que el espectador ha visto a lo largo de estos 103 episodios.

Precisamente el desarrollo de la serie es lo que más se recuerda durante los episodios y momentos finales de esta quinta etapa. Atrás quedan las sensaciones de estar ante un producto tópico y típico que dejaron los primeros compases de la serie. Sus dubitativos comienzos con una estructura repetitiva y algo similar a otros productos de corte policíaco terminaron convirtiéndose en pasos firmes por una senda más compleja y complicada pero indudablemente más interesante. De los números que emitía la máquina (y que de hecho se han mantenido durante toda la serie como un referente), con poca o ninguna relación entre ellos, se ha pasado a situar la acción en auténticos arcos argumentales en los que la idea inicial se integra en guerras de bandas, policías corruptos y, finalmente, una lucha entre inteligencias artificiales.

El final de la serie, además, contempla una interesante y hasta ahora inexplorada idea que, dada la conclusión de la secuencia con la que se cierra esta magnífica producción, podría llevarse a cabo, aunque habría que ver si con la misma eficacia que hasta ahora. En efecto, limitar el dominio de una máquina al acotado mundo de la ciudad de Nueva York ha permitido a la ficción no desviarse de su objetivo final, pero es evidente que resulta poco creíble en una trama de estas características. De ahí que, aunque sea de forma testimonial, se haya planteado la posibilidad de historias paralelas en otras ciudades. Si a esto sumamos que el testigo es recogido por uno de los protagonistas, el futuro de posibilidades es tan grande que solo la inteligencia artificial protagonista sería capaz de contemplarlas todas.

Pero es adelantarse mucho al presente. Por lo pronto, Person of interest termina con una quinta temporada simplemente notable, tal vez no a la altura de la calidad conseguida en sus momentos más álgidos pero en cualquier caso sí en el mismo nivel que el conjunto de todas las etapas por las que ha pasado el producto. Y eso, en definitiva, convierte a la serie en algo excepcional, en una ficción que, aunque no pertenezca a ese reducido grupo de grandes títulos, sí tiene todo lo necesario para ser una obra de culto. Desde su trama hasta sus personajes, pasando por el tratamiento dramático o por la crudeza y seriedad de muchas de sus propuestas, la obra de Jonathan Nolan confirma no solo que estamos ante algo más que notable, sino que su autor es uno de los creadores más en forma del panorama actual.

‘Person of interest’ lleva a sus personajes al límite en la 4ª T


Los protagonistas de 'Person of interest' serán puestos a prueba en la cuarta temporada.Es muy interesante lo que está logrando Jonathan Nolan, guionista de Interstellar (2014), con Person of interest. Lo que comenzó siendo un thriller con dosis de ciencia ficción en clave policíaca ha terminado siendo, en su cuarta temporada, una especie de intriga sobre una guerra entre dos inteligencias artificiales en la que los humanos, a medio camino entre meros peones y recursos valiosos, son los soldados. Pero lo interesante no es tanto su evolución, algo que se intuía ya a lo largo de la tercera temporada, como la capacidad de los guionistas para desarrollar en 22 episodios lo que muchos otros solventan, como mucho en media temporada.

Y es que esta última entrega de la serie protagonizada por Jim Caviezel (Plan de escape) y Michael Emerson (serie Perdidos) ha sido capaz de narrar el conflicto entre héroes y villanos sin que exista un resultado satisfactorio. La verdad es que pocos creadores tienen la valentía de situar a sus personajes en situaciones cada vez más complejas y más difíciles emocionalmente hablando. Con una integración de cada trama episódica en la guerra general que se desarrolla en la historia, esta cuarta temporada es un claro reflejo de que no importa quien gana los combates, sino quien gana la guerra. Y es ahí donde los personajes protagonistas se ven desbordados por un contexto más grande y más omnipotente que ellos. En este sentido, el desarrollo dramático de la serie es un constante giro argumental que cierra el círculo sobre un conflicto cuya resolución, lejos de resolver ciertas dudas, plantea nuevos y enigmáticos retos.

Con todo, y a pesar del constante caminar hacia delante de Person of interest, esta cuarta temporada no logra colmar las expectativas creadas por la tercera. No quiere eso decir que sea una mala temporada, más bien confirma que la anterior etapa fue, con diferencia, la mejor que ha ofrecido esta ficción. Tal vez sea por el delicado equilibrio entre la estructura clásica (los números que salen, el crimen que hay que investigar, la víctima a la que proteger) y la nueva (centrada en el conflicto y con un diseño basado en temporadas, no en episodios aislados). Tal vez sea que los giros argumentales no resultan tan relevantes. Personalmente me inclino por lo primero, entre otras cosas porque la temporada, y esto es algo que queda patente en sus últimos episodios, pide a gritos una trama centrada en el conflicto entre las máquinas que tenga un desarrollo más largo.

Pero sea como fuere, lo que está claro es que ha sabido reinventarse a sí misma y, lo más importante, ha abierto toda una interesante línea dramática para la próxima tanda de episodios. Y es que cada vez es más complicado encontrar producciones que sean capaces de cambiar de aires y no mueran en el intento (o no lo hagan mediante el sistema deus ex machina). El cambio de sede de los protagonistas, la incorporación de nuevos personajes, la desaparición de muchos otros y, sobre todo, los efectos que el pasado tiene sobre los personajes son algunas muestras de que Nolan maneja los tiempos dramáticos como pocos guionistas, lo que le ha permitido construir todo un mundo orgánico que evoluciona y en el que las historias pueden finalizar coherentemente. Baste señalar, sin ir más lejos, el modo en que se ha concluido la trama secundaria protagonizada por Enrico Colantoni (Contagio), el capo de la mafia enfrentado a una nueva y amenazadora banda. Su historia, poco integrada en el resto, se estaba convirtiendo en un lastre para el desarrollo a pesar de ser un buen complemento. Su ausencia en los próximos episodios ofrece nuevas posibilidades.

Nuevos enemigo, nuevos formatos

La consolidación de Samaritano como el enemigo a derrotar ha dotado a Person of interest de nuevos aires. Ya se intuía al final de la anterior temporada, y desde luego estos 22 capítulos han demostrado que los protagonistas pueden ser puestos a prueba hasta la extenuación sin llegar a resultar ridículo o repetitivo. En buena medida eso es gracias a que la presencia de un único enemigo y el abandono, hasta cierto punto, del tradicional formato de los números que canta la máquina ha permitido a la serie explorar nuevas formas narrativas, nuevos formatos que enriquezcan el conjunto y generen renovadas expectativas.

Más allá de la inclusión en muchos episodios de pinceladas que permiten hacer avanzar a la trama por el arco dramático general de la historia, lo interesante cabe encontrarlo en la exploración que se hace del pasado de los protagonistas, sobre todo del estoico rol de Caviezel (quien por cierto ha sabido dar a su papel un toque de humor negro hasta ahora desconocido). En este sentido, el capítulo 20 es revelador, tanto por la arquitectura dramática de su guión como por las revelaciones que conlleva, y que revelan casi por primera vez el lado más humano de un personaje que, como se menciona en la serie, parece Superman. Es sin duda uno de los mejores episodios, pero es también una muestra de lo que es capaz de ofrecer la serie más allá de la resolución de los casos policiales o de los crímenes que todavía no se han cometido.

Claro que lo más interesante sigue siendo la evolución de la guerra entre Samaritano y la máquina. El punto de inflexión que supone la desaparición del personaje de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza) podría equipararse a lo que ocurrió en la tercera entrega con el rol de Taraji P. Henson (En qué piensan los hombres), aunque sin el impacto dramático que esta tuvo. Sin embargo, y dado que se enmarca en el conflicto, sus consecuencias son igualmente determinantes, sobre todo con la resolución propuesta por los creadores. Habrá que esperar a la siguiente temporada para comprobar si a todo este desarrollo le sigue una conclusión adecuada. Pero sobre todo, esta guerra ha permitido también resolver algunas de la líneas abiertas en la segunda temporada y que habían logrado mantenerse hasta ahora, como la relación entre la máquina y su creador, o los conflictos entre algunos protagonistas.

Todo esto convierte a la cuarta temporada de Person of interest en una especie de transición hacia un futuro mejor para sus protagonistas. Esto no debe entenderse como una irregularidad en el tono general de la serie, sino más bien como una necesidad ante el gigante dramático que se había creado. Existían demasiadas tramas secundarias, demasiados personajes cuyos arcos dramáticos no habían sido concluidos. Estos episodios han servido para atar varios cabos sueltos, pero también para desarrollar la trama principal y llevarla a un nuevo terreno en el que el combate es decididamente abierto. El dramático final, con los héroes salvando a la máquina entre una lluvia de balas, es el resumen perfecto para una temporada que ha arrinconado a sus propios personajes. Por el bien de la serie, esperemos que su lucha siga en la próxima temporada.

‘Person of interest’ da un salto cualitativo en su tercera temporada


'Person Of Interest' da un salto cualitativo en su trama durante la tercera temporada.Hace poco leí en algún foro que la serie Person of interest debería catalogarse entre los fracasos del todopoderoso J.J. Abrams (serie Fringe) dado que su estructura es repetitiva. Vamos, que visto uno, vistos todos. Todas las opiniones son respetables, no cabe duda, pero tal afirmación no encaja en absoluto con lo vivido en la tercera temporada de la serie creada por Jonathan Nolan, guionista habitual de las películas dirigidas por su hermano Christopher, entre ellas El caballero oscuro (2008) o El truco final (El prestigio) (2006). Porque si algo destaca en estos nuevos 23 episodios es una evolución dramática sin comparación alguna en la televisión actual. Los giros narrativos, el ritmo frenético al que son sometidos los personajes y la forma de atar absolutamente todos los cabos sueltos de las anteriores temporadas convierten a esta entrega en la mejor de todas, pero también en una de las mejores del año.

De hecho, en determinados aspectos el tratamiento de la historia y de los personajes debería ser objeto de estudio de todos los aspirantes a guionista. Nolan, quien vuelve a demostrar su genialidad a la hora de componer tramas (algo que debería empezar a ser reconocido de algún modo), compone una auténtica montaña rusa de emociones y nudos narrativos que se solventan de las formas más impactantes, obligando al espectador no solo a estar pegado a la pantalla, sino a prestar atención a todos los detalles y las relaciones que se generan entre los personajes. Su capacidad para afrontar todo tipo de situaciones sin miedo a los cambios que puedan producir en el arco dramático es lo que aporta al conjunto la sensación descorazonadora que planea sobre toda la temporada.

El resultado más palpable de todo esto es el hecho de que Person of interest ha aprovechado estos episodios para, como decía al inicio, encajar todas las piezas sueltas que se habían ido presentando durante los capítulos previos. Elementos como el grupo Vigilancia, el proyecto Luces del Norte, el pasado de los personajes o la red mafiosa denominada HR encuentran su final en esta tercera entrega. Pero contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo hacen de forma positiva, sino más bien realista. La propia producción destruye sus cimientos para demostrar que el uso de una inteligencia artificial capaz de velar por nosotros no es necesariamente sinónimo de éxito. Es más, la evolución de los principales personajes, los interpretados por Jim Caviezel (Transit) y Michael Emerson (serie Perdidos), evidencia una desconfianza cada vez mayor hacia un instrumento que no puede ser controlado. Al revés, es la máquina la que controla.

Esta desconfianza alcanza dos puntos álgidos, uno previo a una catástrofe y otro posterior a otra crisis. Jonathan Nolan aprovecha la necesidad de terminar con las tramas secundarias para dividir la temporada en dos partes bien diferenciadas. La primera se centra en la destrucción definitiva de los policías corruptos que integran HR. Con un desarrollo algo intermitente, los primeros episodios abordan la investigación que realizan los protagonistas en su intento por cercar la organización criminal. La forma en que la máquina anticipa el final, con esos números que hacen referencia a todos los policías, nunca lleva a pensar, ni por un momento, en la resolución tan dramática e inesperada que proponen los responsables de la serie. Un punto de inflexión emotivo y brutal que genera los dos mejores episodios de la temporada: la muerte de un personaje importante en la trama y la posterior venganza, una espiral de violencia desatada que encaja notablemente bien con el tono algo más calmado de la serie.

Guerra de dioses

Jim Caviezel desata toda su furia en la tercera temporada de 'Person of Interest'.Aunque sin duda es la segunda parte de esta temporada de Person of interest la que más aporta al futuro de la serie. Una vez concluido el tema del crimen organizado (algo que, por cierto, se estaba alargando un poco), la ficción dirige su mirada hacia los aspectos más técnicos y tecnológicos de la trama. Con la incorporación del personaje de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza) algunos episodios antes, la serie no solo cubría la baja del otro personaje, sino que presentaba la forma en que los “números relevantes” eran resueltos por el Gobierno. Pero también ha servido de nexo de unión para una trama mucho mayor: la de la presencia de otra máquina, un proyecto llamado Samaritano cuyo poder, al ser un sistema abierto y sin control, es infinitamente mayor.

La lucha, por tanto, no se desarrolla solo en un plano humano y físico, sino también en un virtual en el que dos inteligencias artificiales ostentan un poder inigualable. El resultado de este combate es el otro gran momento de la temporada. Un episodio final impactante, revelador y magistralmente desarrollado que confirma esa imagen algo decadente de toda la temporada, en la que los protagonistas, dicho vulgarmente, no dan pie con bola. Este planteamiento, en el que por muy buenos que sean los buenos no triunfan sobre los malos, es lo que aporta interés a la serie, y es lo que la convierte en un producto extraño en su género y, porqué no, un modelo a seguir. El hecho de que, además, el personaje de Emerson pierda la fe en su creación y se convierta en cabeza de turco de los diferentes enemigos a los que se enfrenta hace que el futuro de la serie, cuya próxima temporada ya se ha confirmado, sea incierto y apasionante. Hablando de villanos, no puede obviarse la labor de John Nolan (El mundo está lleno de hombres casados) como la némesis de Finch, un hombre frío y calculador cuya obsesión por la máquina le lleva, en una imagen inquietante que cierra la temporada, a ponerse a las órdenes de una inteligencia artificial superior.

A grandes rasgos, se puede decir que estos capítulos han hecho dar a la serie un salto cualitativo pocas veces visto en una trama. Lo normal es que, poco a poco, los conflictos se vayan presentando y se sitúa a los héroes ante una situación extrema de la que solo saldrán dando lo mejor de ellos mismos. La genialidad de todo esto es que dichos conflictos desembocan en una situación que obliga a los héroes a rendirse, pasar a la clandestinidad y separarse. La gran labor de los guionistas, con Nolan a la cabeza, ha sido introducir poco a poco en la estructura habitual de los episodios (sale un número, se investiga y se salva una vida) una trama mucho mayor. Ahí está, por ejemplo, el episodio en el que deben salvar al creador de Samaritano, o todos aquellos en los que el personaje de Amy Acker (La cabaña en el bosque) es presentado realizando misiones paralelas que en principio no tienen sentido pero que, echando la vista atrás, conforman un puzzle magistralmente compuesto.

La mejor prueba de que estamos ante un punto y aparte en la producción(personalmente creo que incluso a nivel general de series) es que la producción ha destruido por completo su formato inicial. Ha dejado de ser una serie episódica en el que las tramas tenían un nexo de unión algo débil para convertirse en… bueno, lo cierto es que no podemos saber en qué se ha convertido, pues esa sorpresa se reserva para la cuarta temporada. Lo que está claro es que esta tercera entrega ha sabido aprovechar perfectamente su estructura tradicional para introducir nuevos elementos hasta llegar a presentar una auténtica lucha de poder que supera cualquier expectativa previa. Eso, y la ausencia total de miedo a la hora de eliminar personajes de la ecuación. Eso siempre ha sido algo que honra a los guionistas. Y si se hace de una forma elegante y dramática, como es el caso, es ejemplar. Ahora toca esperar, pues solo las máquinas saben lo que nos depara el futuro de Person of interest.

El Gran Hermano nos mantiene vigilados en ‘Person of Interest’ (1ª Temporada)


Parece razonable pensar que de dos cerebros creativos como el de Jonathan Nolan, guionista de buena parte de las películas de su hermano, Christopher Nolan (El caballero oscuro), y el de J. J. Abrams, responsable de series como PerdidosFringe, sólo podía surgir un producto original y diferente. Person of Interest, la serie creada por el primero y producida por el segundo alberga ambos calificativos, y cuenta con muchos más que se han dejado ver a lo largo de los 23 capítulos de su primera temporada. Sin embargo, y con el anuncio de una segunda parte bajo el brazo, da la sensación de que todavía queda mucho trabajo por hacer, de que es necesaria una mayor claridad de ideas no tanto en la historia general o en el desarrollo de los personajes, sino más bien en la forma de contar dicha trama.

A priori, la historia no puede partir de una premisa mejor: con la psicosis de terror que se adueñó de Estados Unidos tras el 11-S, un genio de la informática (Michael Emerson, el Ben Linus de Perdidos) crea una máquina capaz de prever los atentados globales, los asesinatos individuales y, en general, cualquier acto premeditado que implique la muerte de una persona. Tras vender el sistema al Gobierno, comprende que los pequeños crímenes no son del interés de las altas esferas, por lo que se propone solucionarlos él mismo con la ayuda de un ex agente de la CIA de las fuerzas especiales (Jim Caviezel), una especie de superhombre capaz de enfrentarse a todo tipo de situaciones y salir bien parado de ellas.

La originalidad, por supuesto, no se limita al papel. Visualmente, la serie ofrece los alicientes necesarios para atraer a todo tipo de público, desde los amantes de las conspiraciones hasta los fieles seguidores del cine policíaco, con el añadido del uso de las nuevas tecnologías, que a medida que se suceden los episodios va adquiriendo un nuevo significado. Sumado a esto, el uso de planos desde cámaras callejeras y de seguridad, y de audios telefónicos, aportan una sensación más o menos real de vigilancia constante, de estar sometidos a un Gran Hermano que es capaz de verlo todo. Claro que, a diferencia del ideado por George Orwell en 1984, su objetivo es principalmente salvar vidas, no atenazarlas bajo un poder único.

Planificado o no, los creadores y guionistas de la serie han sabido adaptarse a un público cada vez más exigente. Si la primera temporada comienza con casos más o menos corrientes (si es que ha habido algo de eso en una serie donde todo comienza con un número de la seguridad social), a medida que se nos introduce en el mundo de los dos personajes principales y en el de los policías que les ayudan (y que afortunadamente han ganado peso en la trama) los casos se vuelven más complejos en su génesis, más difíciles de resolver y abarcando más de un episodio, lo que además de ofrecer algo de continuidad, permite al espectador tener la sensación de presenciar algo más consistente narrativamente hablando y más realista, pues a pesar de la ficción parece poco probable que dos hombres sean capaces de superar cualquier obstáculo policial, mafioso o político que se encuentran.

Un pasado aún por resolver

Pero estos aciertos también tienen una cara algo menos amable. A lo largo de los capítulos el espectador asiste a, al menos, tres tramas no autoconclusivas en un único capítulo. Tres tramas que, en mayor o menor medida, están tratadas como si de una principal se tratara, cuando lo cierto es que uno de los puntos más interesantes, y visto el final de la temporada, sin duda el verdadero pilar de la serie, se aborda de forma intermitente, algo inconexa y confusa. Al final, la sensación que permanece es la de estar ante una historia que no tiene claro hacia donde camina, y que parece oscilar entre un carácter altruista de los dos justicieros, y la necesidad de dotarles de algo de legalidad luchando contra la corrupción política y policial, las mafias, etc.

Dicho pilar fundamental, por cierto, no es otro que el pasado de ambos personajes. Si bien es cierto que la historia de Caviezel se desvela de forma bastante clara, es la del personaje de Emerson la que ofrece más lagunas, en buena medida por los continuos saltos al pasado que tanto parecen gustarle a Jonathan Nolan. Se desvela el origen de su cojera y cómo crea y vende la máquina, pero poco más. Diversos personajes aparecen en dichos flashbacks que, sin lugar a dudas, tienen un papel determinante en el desarrollo de la máquina, pero que apenas evolucionan en dichos recuerdos.

Claro que, en base al final de temporada que se ha planificado, este será el tema primordial de la segunda temporada. Por tanto, solo cabe esperar que los próximos episodios se centren más en esa trama y muestren la evolución de las relaciones entre estos “fuera de la ley” y los representantes de la misma (a cargo de Taraji P. Henson y Kevin Chapman). Mientras tanto, seguiremos preguntándonos si, en verdad, nos mantienen tan vigilados como pretende hacernos creer Person of Interest.

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