‘Episodes’ termina y cierra ciclo en su quinta temporada


Aunque muchas veces las comparaciones son odiosas, equiparar en algunos aspectos unas cosas con otras puede ayudarnos a tomar perspectiva. Por ejemplo, en el caso de Episodes, la serie creada por David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie The class), equipararlo a cualquier otra producción, ya sea drama o comedia, permite apreciar mejor la calidad de una serie sencilla, una sitcom correcta y ajustada en tiempo y formato que, sin embargo, está planteada de principio a fin como un todo. Y eso es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de series.

Y esto es algo que se aprecia sobremanera en la quinta y última temporada por muchos motivos. El más importante, evidentemente, el dramático. El arco argumental de esta etapa final viene a ser una vuelta a los inicios para los protagonistas, un regreso al punto de partida con el que comenzó esta divertida ficción. La pareja de guionistas interpretada por Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Con la banca no se juega) se convierten en el punto de apoyo sobre el que la trama gira sobre sí misma para volver a situarles como al principio, es decir, construyendo una historia que no les termina de convencer para un actor, Matt LeBlanc (Los ángeles de Charlie) al que odian y aman casi a partes iguales.

Por supuesto, no es este el único elemento. Resulta también interesante el giro final de la serie, en el que los protagonistas convierten en episodio piloto del nuevo producto su propia experiencia con LeBlanc, una producción dentro de otra producción que acentúa el carácter cíclico de Episodes desde un punto de vista puramente formal y conceptual. Desconozco si esa era realmente la intención de sus creadores desde el comienzo o si ha sido algo obligado por las circunstancias, pero lo que sí parece claro, viendo el resultado final de la serie completa, es que alguna base debía existir, pues aunque en muchas ocasiones el desarrollo dramático ha podido parecer algo caótico, la realidad es que todo ha terminado encajando de forma armónica.

Y todo ello con humor ácido, con carcajadas blancas y sinceras, y con una cierta crítica profesional y social a un mundo, el de la televisión, marcado por las audiencias. Esta quinta temporada, en este sentido, también es ejemplar. Si durante etapas anteriores la trama se ha centrado fundamentalmente en el devenir de una pareja de guionistas ingleses y su calvario en Estados Unidos, en esta última parte (y que comenzó en la cuarta temporada) buena parte del peso también recae en el personaje de LeBlanc, al que se le enfrenta a situaciones que, en principio, ningún actor desea, como bien se encargan de demostrar en la trama. Y a su alrededor, todo un mundo movido por intereses personales, por rencillas y, por supuesto, por el dinero y la audiencia, capaz de perdonar todo. Y cuando digo todo, es todo.

El final deseado

Otro elemento que viene a confirmar el carácter circular de Episodes es el hecho de que esta última temporada cuenta con 7 episodios, los mismos que la primera allá por 2011 y dos menos que el resto de etapas. Puede parecer causalidad o una mera anécdota, pero lo cierto es que esta características de la conclusión de la serie condiciona en buena medida el desarrollo de la trama, mucho más directo y enfocado a cerrar las líneas argumentales todavía abiertas a lo largo de esta ficción. En este sentido, y a pesar de los problemas que puede ocasionar la falta de tiempo, se podría decir que es el final deseado.

Porque sí, la conclusión de la serie es lo que podría esperar y desear cualquier espectador de una producción tan blanca y limpia como esta. Nada de finales inesperados, nada de giros argumentales de última hora que puedan cambiar el destino de los protagonistas. Todo se desarrolla como estaba previsto, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y aunque es cierto que algunas historias secundarias pecan en exceso de un desarrollo y una resolución directa y simple, no lo es menos que la dinámica del trío protagonista es tan sólida que acapara toda la atención, por lo que las historias secundarias quedan, pues eso, en un segundo plano.

Y si bien es cierto que al final estos personajes secundarios, aunque divertidos y por momentos interesantes, no dejan de ser meras sombras en el fondo de la historia principal que permiten dar color al entorno en el que se desarrolla la trama, también lo es el hecho de que se echa en falta algo más de peso dramático y narrativo de los mismos en esta conclusión. Y es que ese es el principal problema de esta última temporada. Durante toda la serie varios secundarios habían disfrutado de un peso específico notable, siendo incluso determinantes en las decisiones de los protagonistas. Ahora, sin embargo, se convierten más bien en un contexto necesario, en una suerte de acompañamiento divertido al que se le tiene que dar un final, pero que no tiene demasiado impacto en el resto de la ficción.

En cualquier caso, es un problema menor de una sitcom diferente, fresca y dinámica, con un trío protagonista que, sin ser excepcional, sí evidencia una complicidad inusual. Esta quinta y última temporada de Episodes cierra por completo la serie de un modo pocas veces visto, y a pesar de ciertos problemas de equilibrio dramático entre la historia principal y los personajes secundarios, en líneas generales cumple lo que podría esperarse de una ficción de estas características. No es una obra cumbre de la comedia, ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente original como para ser una obra destacada, tanto por su argumento como por sus actores.

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Matt LeBlanc centra todas las risas en la 4ª temporada de ‘Episodes’


Matt LeBlanc es el gran protagonista de la cuarta temporada de 'Episodes'.Tras un pequeño intento de dirigir la serie hacia el drama, David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie Half & Half), creadores de Episodes, han optado por afrontar el futuro con humor. Con mucho humor. Por ello la cuarta temporada de esta ácida crítica al mundo de la televisión en Los Ángeles ha explorado mantenido la línea iniciada en la tercera temporada, explorando ahora la delicada situación de guionistas y actores cuando deben afrontar no solo la transición de un proyecto a otro, sino los intereses personales de los directivos de las cadenas. Eso sí, estos 9 episodios se ríen de si mismos como no lo habían hecho hasta ahora ninguna de las anteriores temporadas.

Y eso se debe, sobre todo, a la capacidad de situar a los personajes en contextos, digamos, surrealistas. Si durante las anteriores etapas se abordaban situaciones relativamente más habituales (infidelidades, fracasos profesionales, amistades, etc.), en esta todo se pone a prueba para testar, entre otras cosas, el grado de solidez que tienen los propios personajes. El resultado es espléndido, lo que da buena cuenta de la definición de los protagonistas, en especial Matt LeBlanc (Perdidos en el espacio), quien supera con creces las expectativas de la temporada en comparación con el resto de roles. Así, el arco dramático por el que pasan todos los personajes en esta “temporada de transición”, lejos de cambiarles, lo que permite es llegar a conocerles mejor, lo que en última instancia mejora el carácter general de toda la serie.

Pero como decía al comienzo, la clave de esta cuarta temporada de Episodes está en el humor. Y personalmente creo que es el humor más inteligente que se ha podido ver en esta ficción. Quizá el mejor ejemplo sea el propio comienzo, con el desfalco que ha sufrido LeBlanc y que perfectamente podría haber dirigido la trama hacia un terreno algo más dramático. En lugar de ello, los creadores optan por dar rienda suelta a todas las características que definen al personaje. La comparación entre lo que le han robado y lo que tiene, entre lo que tiene que perder y lo que desea mantener, es simplemente hilarante, demostrando además que, al final, son los que menos tienen los que peor parados salen.

El arco dramático del protagonista de Friends (por cierto, que la temporada incluye un cameo de David Swichwimmer, ‘Ross’ en la famosa serie) es sin duda el más completo. A ese comienzo se suman los intentos por recuperar a su ex mujer (con motivaciones poco románticas, dicho sea de paso) y el orgullo herido de su condición de conquistador y de estrella de televisión. En este último aspecto destaca sobremanera la relación con la otra línea argumental, la de la pareja de guionistas protagonista, que da lugar a una de las situaciones más cómicas de la serie… en la que apenas se media palabra.

Errores del pasado

Claro que no todo es sentar las nuevas líneas de trabajo para la próxima temporada de Episodes. Estos 9 capítulos también saben nutrirse, y de qué modo, del pasado de los personajes. Sin duda el mayor atractivo lo presentan, en este sentido, los personajes de Tamzin Greig (El nuevo exótico hotel Marigold) y Stephen Mangan (Rush), los sufridos guionistas británicos que ven cómo el pasado que creían haber dejado atrás vuelve en forma de amenaza de demanda por propiedad intelectual. Esta línea de trabajo, quizá la más intermitente de toda la temporada, es sin embargo la que más diversión aporta a estos personajes.

Al menos, y no es un detalle menor, si la relacionamos con la “tercera pata” narrativa de la temporada, y que es la relación lésbica entre los personajes de Kathleen Rose Perkins (Perdida) y Andrea Savage (La cena), este último de nueva incorporación que, hasta cierto punto, es el auténtico punto de inflexión en la serie. En efecto, es gracias a ella que el personaje de LeBlanc termina donde termina. Y es gracias a ella que los roles de Greig y Mangan terminan como terminan. Su presencia, que crece a medida que se desarrolla el personaje, es el punto de partida para una serie de acontecimientos que hacen temblar los cimientos narrativos lo suficiente como para cambiar la situación.

No se trata, por tanto, de haber modificado los parámetros de esta ficción, sino de moldear su contexto para enfocar la trama hacia un nuevo futuro. Lo cierto es que el desarrollo de la temporada ya se preveía con el final de la tercera etapa, pero a pesar de ello la forma en que se ha desarrollado, que podría resumirse como ruptura en casi todos sus aspectos, ha sido muy gratificante. Es cierto que se pierde algo de frescura en muchas de las secuencias (algo que debe ser cuidado), y que en este proceso algunos secundarios parecen perder protagonismo, pero el resultado es más que notable, ofreciendo al espectador un viaje hilarante por los egos, las envidias y las ambiciones de un mundo tan irreal que resulta creíble.

Así las cosas, la cuarta temporada de Episodes logra mantener el ritmo narrativo y el nivel de anteriores temporadas, aunque en cierto modo es una temporada de transición, una temporada que entre la antigua serie de ‘Discos’ y la nueva producción, que ya nace con dificultades e inconvenientes. En medio de este proceso de cambio, el humor hace gala de todo su esplendor, lo que no deja de ser un reto. La pérdida de protagonismo de algunos personajes se compensa con el inmenso trabajo de LeBlanc, que demuestra una vez más por qué es el alma de esta producción. La quinta temporada promete risas sin descanso.

El thriller y la comedia acaparan los grandes estrenos de la semana


Estrenos 14noviembre2014Noviembre está siendo un mes de muchos estrenos. Hoy, viernes 14, mantiene la tendencia de acumular varias novedades de diverso interés que tienen una cosa en común: evitar a toda costa competir directamente con el asegurado taquillazo de la semana que viene, la primera parte de la última parte de la saga ‘Los Juegos del Hambre’. Es por eso que muchos de los títulos, a pesar de tener nombres de peso y tramas interesantes, poseen un carácter minoritario. Eso sí, y dado que en la variedad está el gusto, comedia, thriller, ciencia ficción, drama y biopics aglutinan el grueso de estos estrenos que repasamos a continuación.

Comenzamos por Matar al mensajero, thriller basado en el libro del periodista Gary Webb que recoge sus vivencias durante los años ochenta, época en la que desveló la relación existente entre la CIA y los rebeldes de Nicaragua. Una lista de nombres y de actividades que inició una campaña de desprestigio contra él, puso su vida en peligro en más de una ocasión y, finalmente, le llevó al suicidio. Intriga política y periodística que llega de la mano de Michael Cuesta (El fin de la inocencia), quien dirige a un interesante reparto encabezado por Jeremy Renner (La gran estafa americana), Mary Elizabeth Winstead (La jungla: Un buen día para morir), Paz Vega (Grace de Mónaco), Michael Sheen (serie Masters of sex), Robert Patrick (Más allá del amor), Ray Liotta (Uno de los nuestros), Tim Blake Nelson (Lincoln), Barry Pepper (serie Los Kennedy), Rosemarie DeWitt (Los amos del barrio), Oliver Platt (#Chef), Andy García (Vamos de polis) y Michael Kenneth Williams (serie Boardwalk Empire).

Muy distinto es el otro gran estreno de la semana, Dos tontos todavía más tontos. Secuela de la película protagonizada por Jim Carrey (Kick-Ass 2. Con un par) y Jeff Daniels (serie The Newsroom) hace ahora 20 años, la historia retoma a los personajes para narrar el viaje que harán estos dos amigos para encontrar al hijo de uno de ellos, cuya existencia desconocían, y enfrentarse a la responsabilidad que eso supone. Al igual que la primera parte, esta comedia gamberra está dirigida por los hermanos Bobby y Peter Farrelly (Algo pasa con Mary), y en el reparto podemos encontrar junto a Carrey y a Daniels los nombres de Kathleen Turner (Una pareja de tres), Laurie Holden (serie The Walking Dead), Rob Riggle (Los becarios), Rachel Melvin (Boo), Steve Tom (Life of Lemon) y Bill Murray (El gran hotel Budapest).

Otro de los estrenos norteamericanos es La conspiración de noviembre, thriller de espionaje que adapta a la gran pantalla el libro de Bill Granger “There are no spies”. La trama sigue a un retirado agente de la CIA cuyo carácter y gran entrenamiento le convierten en un hombre muy peligroso. El tipo de hombre necesario para proteger a una testigo de un antiguo caso de conspiración. Sin embargo, pronto descubre que este trabajo le convierte en objetivo de un antiguo amigo de la agencia, lo que le induce a pensar en que hay un infiltrado en la CIA. Roger Donaldson (Species) es el encargado de poner en imágenes la historia, mientras que Pierce Brosnan (Mejor otro día) da vida al protagonista. Además, Olga Kurylenko (Oblivion), Luke Bracey (G.I. Joe: La venganza), Bill Smitrovich (Los diarios del ron) y Amila Terzimehic (Top je bio vreo) completan el reparto principal.

Aunque la propuesta más original es Orígenes, drama escrito y dirigido por Mike Cahill (Otra Tierra) que, en clave de ciencia ficción, narra la investigación de un biólogo molecular sobre la evolución del ojo humano. Tras un breve encuentro con una exótica joven su trabajo invadirá su vida por completo hasta que realiza un descubrimiento que cambia por completo sus creencias científicas y espirituales. Comenzará entonces un viaje por medio mundo en busca de fenómenos que validen su reciente teoría. El reparto está encabezado por Michael Pitt (serie Boardwalk Empire), Brit Marling (Pacto de silencio), Astrid Bergès-Frisbey (El sexo de los ángeles) y Steven Yeun (serie The walking dead).

También dramática, aunque esta vez con dosis de comedia, es el género al que pertenece The skeleton twins, film dirigido por Craig Johnson (True adolescents) cuyo argumento arranca cuando dos gemelos se reencuentran tras años de voluntaria separación. La reunión les llevará a analizar sus respectivas vidas y los motivos por los que les ha ido tan mal, comprendiendo que su incapacidad para aceptar el pasado y afrontar el futuro es la clave para dar un giro a su existencia. Bill Hader (Cosas que hacer antes de los 18) y Kristen Wiig (La vida secreta de Walter Mitty) forman la pareja protagonista, a la que acompañan un puñado de cómicos conocidos como Luke Wilson (Un funeral de muerte), Ty Burrell (serie Modern family), Joanna Gleason (Plan en Las Vegas) y Kathleen Rose Perkins (serie Episodes).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca Escobar: Paraíso perdido, thriller que gira en torno a la figura del narcotraficante Pablo Escobar. Producido entre España, Francia y Bélgica, La trama comienza cuando un joven surfero se enamora perdidamente de una joven colombiana en un costero pueblo que parece el paraíso en la Tierra. Su vida dará un vuelco cuando la chica decida presentarle a su tío, que no es otro que el famoso narcotraficante, iniciándose así una peligrosa relación entre ambos hombres. Ópera prima del actor Andrea Di Stefano (La vida de Pi), su reparto está encabezado por Josh Hutcherson (Los Juegos del Hambre), Benicio Del Toro (Snatch. Cerdos y diamantes), Brandy Corbet (Martha Marcy May Marlene), Claudia Traisac (serie Cuéntame cómo pasó) y Carlos Bardem (Alacrán enamorado).

La novedad española más interesante es La ignorancia de la sangre, thriller basado en la novela de Robert Wilson cuya trama sigue la investigación que debe realizar el jefe de Homicidios de Sevilla cuando un niño es secuestrado por la mafia rusa, a la que lleva siguiendo desde hace tiempo. Mientras la organización criminal le exige un precio muy alto por su liberación, otro caso irrumpe en su vida: un compañero infiltrado en una célula terrorista islámica le pide ayuda cuando comprende que los terroristas tienen intención de reclutar para la causa a su propio hijo. Dirigido por Manuel Gómez Pereira (El juego del ahorcado), el film está protagonizado por Juan Diego Botto (Silencio en la nieve), Paz Vega (Lucía y el sexo), Alberto San Juan (Una pistola en cada mano), Cuca Escribano (Retorno a Hansala) y Ken Appledorn (Anochece en la India).

Tras su paso por el Festival de Sitges, Asmodexia llega a varios cines españoles en un estreno muy limitado. Enmarcada en el terror, y más concretamente en las posesiones demoníacas, esta cinta española dirigida por Marc Carreté, con la que debuta en el largometraje, sigue el viaje que realizan un pasto y su nieta a Barcelona. Por el camino se enfrentarán a los poseídos cuerpos de varios individuos de voluntades débiles, entre ellos niños, y comprenderán que el pasado que pretenden olvidar puede ser lo único que ayude a la Humanidad. El reparto está encabezado por Lluís Marco (La voz dormida), Clàudia Pons (Elisa K), Marta Belmonte (Campamento Flipy), Irene Montalà (Insensibles) y Albert Baró (Los niños salvajes).

Francia y Alemania están detrás de la producción de Diplomacia, drama histórico que se centra en los acontecimientos que rodearon a la entrada de los aliados en Paris durante la II Guerra Mundial en agosto de 1944. La decisión de Hitler en ese momento fue destruir la capital francesa, pero las órdenes dadas al gobernador militar alemán nunca llegaron a cumplirse. Esta adaptación de la obra de teatro de Cyril Gely ahonda en las decisiones, relaciones políticas y comunicaciones de esas horas. Volker Schlöndorff (El silencio tras el disparo) se encarga de poner en imágenes el guión y de dirigir a André Dussollier (Micmacs), Niels Arestrup (Perder la razón), Burghart Klaussner (Nono, el niño detective), Robert Stadlober (Adams ende) y Charlie Nelson (El hombre del tren), entre otros.

También desde Alemania nos llega Vivir sin parar, drama del 2013 cuyo argumento gira en torno a un anciano que en su juventud fue un conocido corredor de maratón. A pesar de sus éxitos, entre los que está una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, su vida transcurre en una residencia de ancianos junto a su mujer de forma rutinaria. Frustrado y desesperado, decide calzarse sus viejas zapatillas y empezar a correr con el objetivo de repetir viejas glorias. Poco a poco logra el apoyo de la mayoría de sus amigos y vecinos, pero la muerte de su esposa le sumirá en una profunda depresión de la que deberá salir si quiere cumplir la promesa que le hizo a su esposa. Kilian Riedhof, tras una larga trayectoria en televisión, debuta en el largometraje cinematográfico con esta historia protagonizada por Dieter Hallervorden (The child), Tatja Seibt (Formentera), Heike Makatsch (La ladrona de libros) y Frederick Lau (Coming in).

El cine para toda la familia tiene su mayor representante en la danesa Antboy, el pequeño gran superhéroe, producción del 2013 basada en los libros de Kenneth Bøgh Andersen protagonizados por un niño solitario enamorado en secreto de una compañera de su escuela y acosado por los acusones de su clase que un día es mordido por una hormiga de extraño aspecto. A la mañana siguiente descubre que posee los poderes proporcionales de una hormiga. Sus nuevos poderes le llevarán a vivir grandes aventuras y a decidir cuál será su lugar en el mundo. Ópera prima de Ask Hasselbalch, la cinta cuenta en su reparto con los debutantes Oscar Dietz, Samuel Ting Graf y Amalie Kruse Jensen, a los que se une Nicolas Bro (War horse).

El único estreno animado del fin de semana es Niko 2: Hermano pequeño, problema grande, aventura del 2012 producida entre Finlandia, Alemania, Dinamarca e Irlanda que supone la continuación de las aventuras de este pequeño reno iniciadas en 2008. Dirigida por Kari Juusonen, autor de la primera entrega, y por Jørgen Lerdam (Pettson & Findus – Glömligheter), la trama comienza cuando la madre del pequeño protagonista inicia una relación con un nuevo novio, lo que creará tensiones en su familia. Para colmo, es acusado del secuestro de su nuevo hermanastro. Ante esto, el valiente reno solo podrá iniciar la búsqueda para demostrar su inocencia. Las voces principales, en su versión original, corresponden a Erik Carlson, Mikko Kivinen (Myrsky), Vuokko Hovatta (Suden arvoitus) y Aarre Karén (Thomas).

Cierra los estrenos el documental catalán La dama del ajedrez, debut en la dirección y el guión del productor Agustín Mezquiza (Lola, la película). La película busca los orígenes del actual ajedrez, en el que la reina tiene un papel fundamental. Dicha pieza, introducida por un erudito judío, se inspira en el creciente poder de las reinas consortes de occidente, algo que el propio erudito dejó plasmado en un libro incunable de 1495 cuyo paradero se desconoce… hasta ahora.

3ª T de ‘Episodes’, la encrucijada profesional para volver al inicio


Tamsin Greig, Stephen Mangan y Matt LeBlanc vuelven en la tercera temporada de 'Episodes'.Tras una temporada de presentación y otra de conflicto, la serie Episodes ha confirmado en su tercera entrega que es una de las comedias más frescas y originales de la televisión. Alejada de dramas románticos o de diferencias culturales, la nueva etapa de 9 episodios ha recuperado buena parte del espíritu inicial para centrarse sobre todo en el pasado y futuro profesional de un mundo, el cinematográfico y audiovisual, que en muchas ocasiones sitúa a sus profesionales en un cruce de intereses del que es difícil salir airoso. Sus responsables, David Crane y Jeffrey Klarik, creadores de la serie The class, ofrecen así la visión de un otro aspecto de la dinámica laboral en una serie de televisión. Pero como ocurre en este tipo de comedias, hay más. Mucho más.

Aunque todo pasa, en definitiva, por sus personajes. Alabar la labor de Matt LeBlanc, el inolvidable Joey de la serie Friends, es decir poco de la producción, y desde luego sería realmente injusto con el propio actor. Siendo consciente de lo que su personaje ha sido para innumerables generaciones, en esta temporada apura más si cabe la herencia de la mítica comedia para aprovechar gestos, guiños e incluso frases propias de aquel actor italoamericano de dudoso talento e inteligencia. Es evidente que esta serie aprovecha al máximo su legado, pero desde luego no alcanzaría la calidad que derrocha si no fuera por el resto del reparto, sobre todo por la pareja de guionistas protagonista, a la que dan vida Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Zombis party), quienes adquieren en esta nueva temporada un papel algo más cómico con respecto a lo que venían haciendo, evidenciando el carácter tan radicalmente distinto de los británicos con respecto a los angelinos. Sobre todo si nos centramos en el rol de Greig.

La dinámica de estos tres personajes es lo que da vida a la tercera entrega de Episodes. No es que durante las etapas anteriores no fueran clave, pero debido al tema que se desarrolla en estos episodios dicha relación adquiere un mayor significado. El hecho de que los guionistas deseen volver a su tierra natal y que el actor ansíe dejar la patética serie en la que trabaja para buscar nuevos e interesantes proyectos es el marco idóneo para desarrollar sus personalidades en un sentido algo distinto. Mientras que en los capítulos anteriores todos estos personajes buscan un beneficio inmediato y personal, en esta ocasión su visión de futuro es la que produce algunos de los mejores gags, sobre todo durante el último episodio y esa lucha por un guión maravilloso que todas las productoras luchan por producir pero que los guionistas no quieren desarrollar. El conflicto de intereses, con un final abierto que sitúa al trío protagonista ante un más que posible regreso a la casilla de salida, es tan sencillo como efectivo.

Y como suele ocurrir con este tipo de sitcoms (le ocurre igual a The Big Bang Theory), cuanto más extravagante mejor. Si durante las temporadas anteriores el personaje de John Pankow (Morning Glory) marcaba la pauta de los comportamientos surrealistas, la presencia de Chris Diamantopoulos (Empire State) riza el rizo de la locura, hasta el punto de ser un personaje literalmente esquizofrénico capaz de mantener una discusión con una docena de huevos o de sufrir efectos secundarios de lo más embarazoso. El rol, aunque temporal a todas luces, es un interesante punto de inflexión para algunas de las tramas secundarias, como es la que aborda la dinámica de las altas esferas de una productora. Su presencia, además, supone un soplo de aire fresco al grupo de secundarios que, aunque divertidos, poseen poco recorrido y presencia.

Algunas cosas nunca cambian

Al comienzo decía que Episodes ha sabido recuperar el espíritu inicial. En realidad nunca lo perdió, pero es cierto que durante estos 9 episodios la serie ha vuelto a ahondar en algunos conflictos propios de los inicios de la ficción. Sin ir más lejos, la pareja formada por Mangan y Greig recupera la dinámica que perdió durante su particular drama. Del mismo modo, LeBlanc demuestra que su personaje, confundido para la ocasión con él mismo, nunca podrá cambiar por mucho que lo intente, como evidencia su intento infructuoso de mantener una relación estable. Todo ello permite al espectador encontrar un equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el futuro. O lo que es lo mismo, asiste a la encrucijada que viven todos los personajes en un momento de transición como el que aborda la temporada.

Eso sí, si algo puede achacarse a esta nueva temporada es la ausencia casi total del componente dramático en su trama. Tal vez sea porque el experimento no funcionó en la etapa anterior (personalmente no lo creo) o tal vez porque la poca duración de cada etapa obliga a centrarse en un único aspecto, algo que se solucionaría si, de una vez por todas, la serie adoptase un formato algo más tradicional para este tipo de producciones. Sea como sea, esa ausencia de drama hace que incluso los momentos más tristes de la evolución de los personajes se vean como algo anecdótico, centrando la atención en las caras más cómicas de los mismos. Es, por ejemplo, lo que ocurre con la ruptura de LeBlanc o la reconciliación de los guionistas, ambos momentos abordados más como un freno en el ritmo que como un altibajo emocional.

Otro de los aspectos que destacan de esta nueva temporada, y que también estaba presente en las anteriores, es la facilidad de los guionistas para combinar perfectamente las diferentes tramas que se desarrollan en la serie, componiendo un mosaico interesante de conflictos, acciones y reacciones que dotan al conjunto de una unidad espléndida. Que una conversación relacionada con la trama principal genere una serie de acontecimientos que afecten al resto de tramas es algo relativamente normal. Pero que dichos efectos permitan a la ficción evolucionar en conjunto indica que el arco dramático fluye de forma natural y armoniosa, lo que a su vez remite a la frescura y originalidad a la que hacía referencia al inicio.

Tal vez no sea una serie muy conocida. De hecho, da la sensación de que temporada tras temporada tiene problemas para continuar, como de hecho le ocurre a ‘Discos’, la serie que protagoniza Episodes. Pero desde luego es una de las propuestas más divertidas de la televisión, a disfrutar por aquellos que la siguen y a descubrir por aquellos que todavía no han tenido la oportunidad. Esta tercera temporada demuestra que no se trata de una sitcom al uso, en la que un capítulo apenas tiene que ver con el siguiente. Todo está conectado, tanto personajes como tramas, y esa es una seña de identidad de lo más interesante. Algunos tal vez argumenten que se echa en falta algo de peso dramático, pero en realidad importa poco. Sus personajes, sean o no dramáticos, sean o no cómicos, poseen una definición que no todas las comedias poseen. Y aunque solo fuera por eso merecería la pena asomarse a este rodaje de pesadilla. Por fortuna, hay más. Mucho más.

Diccineario

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