‘Empire’ se hace adulta en su 2ª T. gracias a sus protagonistas


Terrence Howard, Taraji P. Henson y Jussie Smollett en un momento de la segunda temporada de 'Empire'.Es evidente que el éxito de una serie se mide por su audiencia. Eso no quiere decir, claro está, que sea acorde a su calidad. Pero hay ocasiones en que ese éxito tiene otros componentes, y el caso de Empire es uno de ellos. Posiblemente el fenómeno generado por esta familia de rasgos mafiosos con un emporio musical se circunscriba, en su mayoría, a Estados Unidos, pero es evidente que su peso en la televisión es muy alto. Tanto que en su segunda temporada ha contado con artistas como Alicia Keys, así como con cameos de un sinfín de estrellas del rap, el hip-hop o el R&B. Pero más allá de todo esto, lo cierto es que la serie ha sabido evolucionar en un sentido cuanto menos interesante.

Y es que mientras la primera temporada se centró en una especie de carrera por una herencia, estos 18 episodios de la ficción creada por Lee Daniels (El chico del periódico) y Danny Strong (El mayordomo) han ampliado miras y han profundizado notablemente en los dramas personales e intrafamiliares de los protagonistas, abordando no solo los conflictos, sino el carácter de los personajes de Terrence Howard (St. Vincent) y Taraji P. Henson (serie Person of interest), quienes por cierto hacen un trabajo excepcional. Gracias a esta apuesta, la producción abandona en cierto modo ese carácter telenovelesco que presentó en la anterior etapa (aunque siempre está presente cuando se le necesita), lo que ofrece más tiempo y espacio para analizar otros conceptos dramáticos en un sentido más amplio, desde la temática homosexual hasta la criminal, pasando por la familiar o esa necesidad de amor que parecen buscar todos los personajes jóvenes en la figura de Lucious Lyon.

Antes de continuar es conveniente destacar el papel de Terrence Howard más allá de una mera referencia. Su personaje, tanto sobre el papel como con la aportación del actor, registra un crecimiento espectacular en esta segunda etapa de Empire. Su arco dramático, protagonista en prácticamente todos los episodios, lleva al espectador a un viaje cargado de medias verdades, de absolutas mentiras y de decisiones directamente criminales. Ya sea en su comienzo en prisión, su lucha por recuperar su imperio musical o su final con su madre, todas sus decisiones están marcadas por el carácter violento y agresivo del personaje, que tiene como conclusión más directa lo vivido por el personaje de Jussie Smollett (The skinny).

Es él, realmente, el motor de toda la serie. Es cierto que la música es parte fundamental (que analizamos a continuación), pero sin duda el carácter dramático de la serie está definido por Lucious Lyon y, por extensión, por Cookie Lyon. Dos personajes que son, en realidad, similares pero distintos, como si uno se mirara en un espejo. Desde luego, las motivaciones son diferentes, e incluso su forma de afrontar determinadas decisiones es diametralmente opuesta, pero a la hora de la verdad ambos parecen estar cortados por el mismo patrón, lo que no hace sino enriquecer la trama, pues permite que el tratamiento narrativo se divida sobre los hombros de dos personajes excepcionales que han logrado, en muy poco tiempo, hacerse un hueco entre los mejores roles de la televisión actual.

Música, por favor

Aunque quizá lo más interesante de esta segunda temporada de Empire es que, junto a la evolución dramática de la serie ahondando en los traumas del pasado y los conflictos entre personajes, la música también ha evolucionado de forma notable. Mientras que en los primeros episodios todo parecía centrarse en los personajes de Smollett y Bryshere Y. Gray (lucha musical como reflejo de la lucha fratricida por el poder), en esta etapa se expande la proyección musical hasta convertirse casi en un sello propio. Además de la presencia de grandes artistas (a la mencionada Alicia Keys se suma, por ejemplo, Pitbull), lo realmente interesante es comprobar que el repertorio crece con la serie.

Puede parecer una nimiedad, pero solo hay que comparar con Nashville, otro de los éxitos musicales de las últimas temporadas que ha optado por un compromiso dramático más que musical, limitando las canciones a dos o tres temas más o menos conocidos o a fragmentos de canciones. En cambio, y puede que sea porque tanto Smollett como Y. Gray han firmado con sendas discográficas, en esta ficción con tintes mafiosos las canciones se convierten no solo en parte fundamental, sino en una clave narrativa. Como en cualquier musical que se precie, los temas interpretados por los actores (incluyendo Terrence Howard, que sorprende a propios y extraños) son una vía más de narrar el subtexto que contiene la trama, y que en este caso es bastante más complejo de lo que puede verse a simple vista en pantalla.

Y esta es la clave. Esta serie producida por el productor musical Timbaland, entre otros, aprovecha la música como una herramienta narrativa más, no como un complemento que descongestione la intensidad dramática de la historia. No son pocos los momentos en los que los personajes, a través de una canción, viven un punto de giro en la trama. Y son muchos más en los que el drama da lugar a un tema nuevo. Esta conexión entre sus dos componentes principales, unido a unos personajes simplemente brillantes y a un reparto en plena forma, es lo que ofrece un producto en constante evolución, que trata de evitar (aunque no siempre lo consigue) caer en una espiral de repetitivos dramas, ofreciendo al espectador música y desafíos narrativos nuevos.

Dicho esto, se puede decir que la segunda temporada de Empire es mejor que su debut. Evidentemente, sigue contando con varios handicaps, entre ellos la propia música, que puede ser motivo de rechazo si no se comparte la pasión de los protagonistas, e incluso el carácter algo telenovelesco al que sigue recurriendo en varios momentos, por fortuna cada vez más escasos. Pero con todo y con eso, estos 18 episodios son un soplo de aire fresco con respecto a lo visto en la primera temporada, un cambio en positivo que permite a los actores dar lo mejor de ellos mismos, creciendo y haciendo crecer a los personajes.

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‘Empire’, música y familia en una 1ª temporada de débiles personajes


La familia Lyon es el centro de las intrigas de la primera temporada de 'Empire'.Algo tienen los musicales que no dejan indiferente a nadie. Los detractores son enemigos declarados de un formato que consideran irreal. Los defensores encuentran en ellos una vía de entretenimiento que combina música, imagen, baile y coreografía. Pero lograr el equilibrio entre trama y música es uno de los retos más difíciles de conseguir, y prueba de ello es que las producciones de este género pocas veces se convierten en éxito en los últimos años, sobre todo si lo que se intenta es crear un drama musical. El último intento es Empire, serie creada por Lee Daniels y Danny Strong, director y guionista respectivamente de El mayordomo, cuya trama se centra en un sello musical familiar y las luchas internas por el poder de la compañía.

Y si algo deja claro su primera temporada de 12 episodios, cuya exitosa emisión en Estados Unidos terminó en marzo, es que es necesario tomar partido por uno de los dos aspectos, el dramático o el musical. En este caso la balanza se inclina hacia la música, con algunos números realmente brillantes y con voces como la de Jussie Smollett (Un muchacho llamado Norte), toda una revelación. En realidad, la música no solo adquiere protagonismo con las canciones, sino también con el propio desarrollo de la trama. A diferencia de otras producciones como Nashville, con la que guarda cierto parecido, los conflictos y los puntos de giro están irremediablemente ligados a la música como concepto general, desde el negocio propiamente dicho hasta la composición.

Esto genera toda una corriente que arrastra a personajes y trama hacia un terreno más suave, menos dramático. Que eso sea algo positivo o negativo depende del cristal con el que se mire y de los gustos de cada espectador. Lo que no es tan subjetivo es el efecto que esta apuesta tiene sobre dichos personajes y, fundamentalmente, sobre las tensas relaciones que existen entre ellos. Quizá lo más llamativo de Empire sea el vaivén de posiciones que adoptan los protagonistas, que se mueven en un amplio espectro de decisiones y emociones para tratar de conducir la trama por unos derroteros que, al final, no hacen sino generar un bucle constante del que se distrae al espectador gracias a la música.

La consecuencia más directa de este fenómeno es una debilitación gradual de los personajes. Los impactantes acontecimientos del episodio piloto, sobre todo en lo referente al rol de Terrence Howard (St. Vincent), sirven como hilo conductor y detonante de prácticamente todos los acontecimientos de la primera temporada. Empero, mientras la enfermedad del protagonista planea sobre las cabezas del resto de personajes como una amenazante nube de discordia, el asesinato del primer episodio es más bien un recurso intermitente que parece tener repercusión únicamente cuando se necesita que la trama adquiera un mayor grado de dramatismo. El problema de todo ello es que el desarrollo pierde consistencia, convirtiéndose en algo cada vez más previsible y con un interés menor que se sustenta, fundamentalmente, en la música y en los ganchos utilizados al final de cada episodios… y de la temporada.

Timbaland, el productor

A pesar de sus irregularidades, la apuesta de Empire por conceptos como la familia y la música tiene premio. El interés se mantiene durante buena parte del desarrollo dramático, los actores logran una buena labor y la parte musical es impecable. En este último aspecto se aprecia, sobre todo en determinados temas compuestos para la serie, la mano del productor musical Timbaland, cuyo trabajo con cantantes como Justin Timberlake recuerda, y mucho, al estilo musical del personaje de Smollett. Desconozco cuál ha sido su papel en el resultado final, aunque no es difícil de imaginar. Más allá de la música, la presencia de conocidos cantantes en papeles ficticios o interpretándose a ellos mismos da una idea del poder de convocatoria que ha tenido esta producción.

Y ya que he mencionado al reparto es conveniente destacar la labor de Taraji P. Henson (serie Person of interest), uno de los grandes atractivos de la producción. Tal vez sea por las diferentes características de este rol respecto a su papel previo, pero lo cierto es que su labor como acicate del resto de personajes es ejemplar. En buena medida es ella la que salva muchas situaciones, y desde luego es este personaje el que logra hacer avanzar la acción en muchos momentos de la temporada. Los problemas antes señalados también terminan lastrando a este rol, pero eso no hace sino destacar aún más la labor de Henson.

Sin duda el gran problema de la serie radica en la poca libertad de la que gozan sus personajes. Con unas personalidades tan marcadas como las de los roles de Howard y Henson la trama ha tendido hacia caminos algo más conflictivos en varios momentos de la temporada, pero siempre ha vuelto a los mismos derroteros. Esta constante rectificación de la naturaleza de los personajes ha impedido explorar nuevas situaciones, nuevas vías dramáticas que perfectamente podrían haber llevado a la serie a otro terreno, aunque con la más que evidente posibilidad de perder el alma musical que tanto caracteriza a esta ficción.

Así, Empire se revela en su primera temporada como un producto entretenido ideal para los amantes de la música (sobre todo del rap, el hip hop y el R&B). No exige demasiado a los espectadores, pero tampoco ofrece demasiado. La fórmula de drama familiar musical logra el éxito en aquellos momentos en los que mejor combina todos sus elementos, rebajando sus expectativas cuando se trata de explorar, aunque sea mínimamente, las relaciones entre los personajes. Es una consecuencia habitual y natural del género elegido. El éxito ha asegurado una segunda temporada, pero la pregunta que cabe hacerse es si mantendrá las debilidades que convierten a esta serie en lo que es y, sobre todo, si no se perderá parte de la esencia al tratar de corregir los defectos.

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