2ª T de ‘The Knick’, más complejidad a través de sus secundarios


Clive Owen sigue experimentando en la segunda temporada de 'The Knick'En su momento la primera temporada de The Knick dejó un buen sabor de boca, pero he de confesar que con el paso de los meses, y a la espera de una segunda parte anunciada, el recuerdo ha ido ganando en calidad, lo que a su vez ha despertado más expectación de la inicialmente prevista. Pues bien, una vez superada la segunda tanda de 10 episodios las impresiones no pueden ser mejores. Es cierto que la producción creada por Jack Amiel y Michael Begler (El príncipe y yo) ofrece más de lo mismo, y dado el estilo narrativo que imprime Steven Soderbergh (Traffic) y la fuerza de los personajes, esto podría bastar. Pero la trama va mucho más allá en un intento de enriquecer ese Nueva York de principios del siglo XX.

Y desde luego que lo consigue. Si bien es cierto que el arco dramático principal sigue teniendo como epicentro al doctor John Thackery (de nuevo un impresionante Clive Owen –Lazos de sangre-), la serie es capaz de aprovechar su tiempo al máximo para abrir el abanico de posibilidades narrativas y explorar una serie de tramas secundarias que, además de enriquecer la principal, como de hecho se presupone, tienen vida propia. La consecuencia más inmediata es una mayor complejidad dramática que tensa las relaciones entre personajes y nutre el paisaje de esa ciudad en ebullición y del hospital que trata de sobrevivir al tiempo que debe luchar por ser pionero en los avances médicos de la época.

Sin embargo, existe un efecto secundario que, ya sea previsto o imprevisto, es lo que marca la verdadera diferencia en la segunda temporada de The Knick. Esas tramas secundarias terminan por adquirir más peso que la propia historia principal, al menos en su conjunto. Mientras que la cámara de Soderbergh tuvo en la primera parte una dedicación exclusiva al personaje de Owen, en esta segunda tanda de episodios parece sentir una mayor predilección por ese fresco de personajes que rodea al revolucionario cirujano. Y esa predilección termina por convertir en importantes historias que, en otras situaciones, podrían resultar hasta circunstanciales.

Todo ello podría ser visto como una debilidad, es cierto. Perder el foco de un personaje tan sólido y bien definido como el de Owen siempre es un riesgo, pero en el caso de la serie se revela como una ventaja. Gracias a esa apertura de miras el espectador tiene acceso a una serie de matices que enriquecen tanto la historia como el mundo en el que se desarrolla. El racismo, que ya estuvo presente, adquiere aquí dimensiones mucho mayores. El cáncer, la sexualidad e incluso la psicología son otros componentes que definen una época de descubrimiento y de experimentación. Y la mayor evidencia de que las líneas secundarias tienen más importancia que la principal es, precisamente, el final de cada uno de los secundarios en el último episodio.

Todo tiene un motivo

Antes planteaba la posibilidad de que este cambio de sentido dramático y narrativo fuera imprevisto, casi por casualidad. Un análisis más profundo, sobre todo a raíz del final tan impactante que tiene la segunda temporada de The Knick, elimina esa posibilidad. Parece evidente que sus creadores han optado por no centrar la historia en un único personaje, convirtiéndola en un producto coral en el que cada uno de los roles pueda, a su modo, ser el estandarte de un aspecto de la sociedad neoyorquina de comienzos del siglo pasado. Desde la rica señora hasta el médico que da sus primeros pasos hacia el fascismo, pasando por truhanes y corruptos, el mundo que rodea al hospital se ha vuelto más grande y, a todas luces, más interesante.

El problema de estos 10 capítulos radica, precisamente, en el protagonista. No porque no sea interesante, al contrario. Y mucho menos porque Clive Owen no haga un trabajo excepcional. Más bien, por el futuro que deja en una tercera temporada que Soderbergh ya ha avanzado que podría existir. Sin revelar demasiado del final de temporada (de los mejores que he visto, por cierto), sí hay que decir que la presencia de este cirujano drogadicto acapara, en el fondo, toda la atención de la serie. Por mucho que las tramas secundarias adquieran protagonismo, su papel sigue siendo fundamental para entender qué es la serie. Las expectativas creadas a su alrededor son tan grandes que genera serias dudas acerca de las posibilidades dramáticas más inmediatas.

Y para aquellos de gran sensibilidad, un consejo: la segunda temporada es mucho más impactante que la primera. Gracias a la trama principal protagonizada por Owen, centrada en su lucha contra la adicción y su obsesión por encontrar una cura física, la producción explora todo tipo de operaciones, incluyendo una operación a cráneo abierto cuyas consecuencias son las que todo el mundo puede imaginarse. Aunque sin duda la palma se la lleva ese final que no desvelaré y que requiere por parte del espectador una voluntad casi mayor que la del personaje que lo protagoniza. Todo un ejemplo de valentía (tanto del que lo ve como del que lo lleva a cabo) cuyas consecuencias son muy interesantes por el efecto que generan en el resto de médicos.

Así, la segunda temporada de The Knick es lo que muchas veces parece poco posible: que la continuación sea mejor que el original. El lenguaje visual de Soderbergh es capaz de aprovechar todas las novedades que incorpora la trama para potenciar sus efectos e introducir al espectador en nuevos e interesantes arcos dramáticos. Es cierto que todo tiene un fin, y puede que no sea del agrado de todo el mundo, pero desde luego el resultado es una serie más compleja, con muchos más matices y con un final que, aunque podría ser perfectamente el final de una serie, deja con ganas de saber más acerca del futuro de unos personajes tan atractivos. Ahora solo queda esperar a la siguiente operación programada.

1ª T de ‘The Knick’, serie de médicos con nuevo modelo dramático


Clive Owen encabeza el reparto de la primera temporada de 'The Knick'.Uno de los riesgos inherentes a las series de televisión deriva de su propia condición episódica. Normalmente, cuando un aficionado se aproxima por primera vez a una producción de estas características tiende a dejarlo en los primeros compases si no cubre sus expectativas. De ahí la relevancia de un buen episodio piloto. Pero esto puede provocar abandonar una trama que, con el paso del tiempo, crezca hasta crear una producción notable. Uno de los últimos casos es el de The Knick, creación de Jack Amiel y Michael Begler (Mamá a la fuerza) que dirige íntegramente Steven Soderbergh (Efectos secundarios). 10 episodios que se han convertido en una de las etapas más adultas e interesantes de la actual programación.

Su trama se centra en la actividad diaria del hospital Knickerbocker, cuya abreviatura da nombre a la serie. Con un cirujano adicto a la cocaína como principal protagonista, la producción ofrece una amplia visión de las necesidades médicas durante los primeros años del siglo XX, época en la que la electricidad todavía era un lujo al alcance de pocos, el racismo imperaba en la mayor parte de los estratos sociales y la medicina estaba, en muchos sentidos, todavía en pañales. Desde luego, la ficción tiene los elementos necesarios para alcanzar un peso dramático único, pero el desarrollo de su episodio piloto no fue todo lo que cabría esperar, posiblemente porque necesitaba plantear las numerosas tramas que se entrelazan en los pasillos de este hospital situado en la zona menos adinerada de la ciudad de Nueva York.

Pero lo cierto es que esa primera impresión es sin duda errónea. El desarrollo dramático de The Knick durante su temporada de estreno ha sido, en líneas generales, sobresaliente. Los personajes protagonistas, aunque sin deparar grandes sorpresas, sí ofrecen la consistencia suficiente como para dotar a las situaciones de la fuerza necesaria. La situación que vive, por ejemplo, el médico interpretado por André Holland (42), un hombre negro, se termina convirtiendo en uno de los mejores aspectos de la serie. Sus continuas luchas en un entorno que le discrimina y su fortaleza moral y física para salir adelante se combinan con una ironía que dota al conjunto de un humor ácido que ayuda, en cierto modo, a lidiar con las notables secuencias que pueden llegar a herir la sensibilidad de más de uno.

Este es, por cierto, el otro aspecto más comentado de estos primeros episodios. La crudeza con la que Soderbergh muestra las operaciones que el equipo de cirujanos lleva a cabo es indescriptible. Desde el primer episodio, en el que un parto termina convirtiéndose en una carnicería, hasta la recomposición de una nariz, toda secuencia que transcurre en la mesa de operaciones (por cierto, abierta al público y a los gérmenes) es garantía de una dureza visual que contrasta, y de qué modo, con la elegancia que caracteriza al resto del relato. En este sentido, la labor del director dota a la serie de una coherencia formal que aprovecha al máximo no solo el diseño del hospital, sino las características propias de esos años como los vehículos a caballo o el vestuario.

Una época al detalle

Todos estos elementos convierten a The Knick en un reflejo intenso, frío y, en cierto modo, objetivo, de la vida y el mundo de la medicina a comienzos del pasado siglo. No hay cabida, por tanto, para melodramas románticos, aunque existe un love interest muy bien tratado; no existe tampoco la profusión de casos médicos de otras producciones, aunque los que tratan lo hacen con el aliciente de ver en acción a unos hombres que podrían considerarse pioneros en muchos sentidos. Lo que define a la serie en estos primeros episodios es, precisamente, su capacidad para diferenciarse de la típica serie sobre médicos. Su ausencia de tramas episódicas (las más cortas duran entre dos y tres episodios) permite a los personajes implicarse de un modo u otro en el desarrollo de las diferentes historias, incluso aunque a priori nada tengan que ver.

Y hablando de personajes, no puede obviarse la labor de Clive Owen (Duplicity) como principal protagonista. En líneas generales el reparto es simplemente brillante, pero el caso de Owen deja patente la calidad interpretativa del actor. Su personaje, complejo desde su definición, adquiere un cierto aire de grandeza gracias a su trabajo, lo que a la larga redunda en un beneficio dramático al asistir a la caída en desgracia del protagonista por su incontrolable adicción. Una adicción, por cierto, cuya cura le llevará casi con toda seguridad a otra muy distinta y posiblemente más peligrosa, como deja entrever el último plano de la temporada.

Al final, la sensación que deja este hospital neoyorquino es la de una historia que bebe de su época, que sabe aprovechar todo el contexto social, político y económico para dotar a sus tramas de una fuerza distintiva. Los conflictos raciales afectan a la forma de entender las relaciones entre el médico negro y sus pacientes, muchos de ellos reticentes; los problemas comerciales provocan una crisis que deriva en una espiral autodestructiva para el protagonista; los problemas económicos se traducen en deudas con personajes de dudosa moral. Y así sucesivamente. Se establece así un vínculo entre ficción y realidad que nutre a los personajes, ya de por sí sólidos, y a las tramas, cuyo carácter de temporada favorece, sin lugar a dudas, el dramatismo de la serie.

Por tanto, y a pesar de que el primer episodio puede generar sensaciones encontradas, The Knick es una de esas series que gana adeptos con el trabajo dramático y la seriedad de sus propuestas. Su primera temporada es un ejemplo de que no siempre es necesario tener un piloto brillante para ser una brillante producción. Aquellos aficionados a las ficciones médicas encontrarán en esta historia algo diferente, fresco y atractivo. Los que no se hayan acercado a las temporadas de Anatomía de GreyHouseUrgencias no deberían dejarse llevar por las primeras impresiones. Estamos hablando de una obra cuyas ramificaciones, directas e indirectas, crean un mundo fascinante. Y la dirige Soderbergh, por si alguien necesita más alicientes.

James Bond llega con la misión de superar ‘Lo imposible’ de Bayona


En buena parte de España este fin de semana será más largo de lo normal debido a la festividad de Todos los santos de mañana. Por ese motivo los estrenos que, en teoría, deberían de llegar el viernes 2 de noviembre se adelantan a hoy, miércoles 31 de octubre. Y nada mejor que cuatro días para disfrutar de los numerosos y variados estrenos que inundarán la cartelera… con permiso del tsunami de Bayona y Lo imposible. De entre todos ellos destaca casi en exclusiva lo nuevo de James Bond, un título más que apetecible que ha abierto boca gracias a sus trailers y al adelanto de su tema principal, interpretado por Adele. Pero hay mucho más: una de terror, un drama educativo, una intriga literario y cine español, mucho cine español.

De hecho, la nueva entrega del agente secreto más famoso y longevo de la historia del cine tiene una importante presencia española, la de Javier Bardem (Mar adentro) como el villano de la función. Con el nombre de Skyfall, Bond llega ya a su aventura número 23, en esta ocasión dirigida por Sam Mendes (Camino a la perdición). Su trama comienza con una misión fallida de Bond que deja al descubierto la identidad de varios agentes del MI6. Dado por muerto, deberá regresar cuando la sede de la agencia de espionaje sea atacada por alguien del pasado de M, superior de 007, lidiando con las amenazas externas e internas provenientes del propio Gobierno. Daniel Craig (Resistencia) vuelve a enfundarse el traje en esta entrega que, según parece, se aleja del estilo de otra famosa saga, la de Jason Bourne, para erigirse con un estilo único. Junto a Craig y Bardem, rostros conocidos de la saga y muchos otros nuevos y de gran relevancia: Judi Dench (Diario de un escándalo) repite como M, mientras que Ralph Fiennes (Escondidos en Brujas), Ben Whishaw (El perfume) y Naomie Harris (28 días después…) se incorporan en esta película.

Junto a ella llega, además, El ladrón de palabras, drama romántico escrito y dirigido a cuatro manos por Brian Klugman y Lee Sternthal en la que es la ópera prima para ambos. Protagonizada por un reparto coral realmente interesante, la cinta gira en torno a un joven escritor que encuentra el éxito con una novela. El problema surge cuando un anciano asegura que la historia está plagiada de una que él mismo escribió hace años, relatando los hechos que inspiraron los pasajes del libro. Historia de dos épocas y de dos amores, está protagonizada por Bradley Cooper (Resacón en Las Vegas), Jeremy Irons (El reino de los cielos), Dennis Quaid (El día de mañana), Zoe Saldana (Avatar), Olivia Wilde (In time), John Hannah (La Momia) y J. K. Simmons (Spider-Man).

La tercera en discordia es una de terror, y a tenor de lo visto en sus primeras imágenes, promete. Sinister sigue las desventuras de un escritor, padre de familia, que se muda a una casa en busca de la inspiración para su nuevo libro. Allí encuentra unos rollos de película en los que se ve a la familia que antes ocupaba la casa y que murió en extrañas circunstancias en esas mismas habitaciones. Poco a poco empieza a descubrir que dichas imágenes esconden la razón de sus muertes. Dirigida por Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose), la película tiene como principal reclamo a Ethan Hawke (Gattaca), quien está acompañado por Juliet Rylance (Animal), Fred Dalton Thompson (En la línea de fuego) y James Ransone (Los próximos tres días), entre otros.

Para aquellos que prefieran el drama más social también se estrena, aunque con algo de retraso, El profesor (Detachment), film protagonizado por Adrien Brody (El pianista) que sigue la labor de un profesor sustituto que posee un auténtico don para empatizar con los alumnos, pero que nunca lo pone a prueba al no estar demasiado tiempo en un mismo centro. Todo cambia cuando llega a un instituto donde todos, incluida la Administración, vive en una constante apatía, por lo que su labor de enseñanza y su facilidad de contacto con los alumnos y profesores será más necesaria que nunca. Dirige el conjunto Tony Kaye (American History X), y en el reparto también encontramos a Marcia Gay Harden (Hacia rutas salvajes), James Caan (Misery), Christina Hendricks (Como la vida misma), Lucy Liu (El caso Slevin), Blythe Danner (Los padres de ella), Tim Blake Nelson (O Brother!), William Petersen (el inolvidable Gil Grissom de C.S.I.) y Bryan Cranston (Pequeña Miss Sunshine).

Entrando en los estrenos europeos, la única propuesta que llega a España es Submarine, co producción de 2010 entre Inglaterra y Estados Unidos. La historia sigue a un joven de 15 años que se plantea dos objetivos antes de su cumpleaños: perder la virginidad con una joven de la que está enamorada y lograr que su madre no deje a su padre por un antiguo amor del instituto. A medio camino entre la comedia romántica y el drama, la propuesta está dirigida por Richard Ayoade, en la que es su ópera prima. Basada en la novela de Joe Dunthorne (que el propio Ayoade adapta), la película está protagonizada por Craig Roberts (Jane Eyre), Yasmin Paige (Ballet Shoes), Noah Taylor (Vanilla Sky), Paddy Considine (Arma fatal) y Sally Hawkins (Nunca me abandones).

Centrándonos en la producción nacional, sin duda el título que más llama la atención es O apóstolo, cinta de animación que mezcla terror, humor y fantasía, y cuyos personajes toman los rasgos físicos de los actores que prestan sus voces. El argumento da inicio con la fuga de un convicto de la cárcel para encontrar un tesoro escondido hace años en un pueblecito de Galicia. Sin embargo, lo que allí se encontrará va más allá de lo que tenía previsto: siniestros ancianos, desapariciones extrañas o un siniestro sacerdote son algunos de los elementos con los que tendrá que lidiar antes de hacerse con el botín. Escrita y dirigida por Fernando Cortizo, supone su primer largometraje, y para la ocasión ha contado con varios nombres de peso del cine español: Carlos Blanco (Trastorno), Jorge Sanz (La niña de tus ojos), el difunto Paul Naschy (La herencia Valdemar), Geraldine Chaplin (Hable con ella), Luis Tosar (Los lunes al sol) y Manuel Manquiña (Los muertos van deprisa).

Del mismo modo, se estrena Vulnerables, primera película de Miguel Cruz Carretero en la que una joven diseñadora de éxito de Madrid se ve obligada a trasladarse a una finca familiar en La Mancha con motivo de la frágil salud de su primer hijo. Allí deberá enfrentarse a sus propios fantasmas del pasado, aunque la verdadera amenaza llegará de fuera y será mucho más real. Paula Echevarría (Luz de domingo) protagoniza este thriller en el que también encontramos a Joaquín Perles (La voz dormida), Álvaro Daguerre y Mara Blanco (serie MIR).

Los estrenos españoles se completan con El hombre de las mariposas, drama del 2011 en torno a un ex militar soviético que vive escondido en un apartado caserón entre viñedos debido a que se le acusa de tener relación la mafia del Este. Su vida cambia cuando recibe la inesperada visita de su conflictiva sobrina de 12 años, de la que deberá hacerse cargo. Ópera prima de Maxi Valero, la película está protagonizada por Sergio Caballero (9 meses), Claudia Silva ([REC]), Ana Milán (Al final del camino), Carlos Manuel Díaz (Luna caliente) y Vasilo Gandyuk.

La oferta de películas que llegan hoy se completa con el documental alemán Ralf König, rey de los cómics, un repaso a la trayectoria de este importante dibujante y humorista alemán cuya obra fue decisiva en los movimientos de la emergente comunidad gay de los años 70 en Alemania. Dirige la propuesta Rosa von Praunheim (Der rosa Riese).

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