‘El rey león’: realismo animal y deshumanizador


Son varias ya las películas que Disney ha revisionado ya en imagen real, pero la nueva versión del que posiblemente sea su mayor clásico moderno (si es que 25 años de vida puede considerarse moderno) ha dejado ver los aciertos y errores de esta estrategia con una claridad meridiana. No se trata de comparar un film con otro, sino más bien de comprobar cómo una misma historia varía en función de las herramientas utilizadas.

Porque siendo sinceros, la historia de este El rey león sigue teniendo la fuerza, interés y dramatismo de siempre. Una trama atemporal que encandila generación tras generación y que invita a revisionarse siempre que se puede. Sus conceptos shakesperianos, sus inmortales giros argumentales, su combinación de humor y drama, y sobre todo unos personajes perfectamente definidos y con una profundidad dramática fuera de toda duda siguen siendo los elementos que definen esta historia, y bajo ese prisma esta versión dirigida con inteligencia por Jon Favreau (El libro de la selva) se revela como un film sólido. De hecho, el director logra salir airoso de algunos de los momentos más complejos del relato, como son la canción ‘Yo voy a ser el rey león’ (magistral el modo en que utiliza los movimientos de cámara y los animales) y esa pelea final entre leones y hienas, todo un derroche de elegancia y belleza visual.

Ahora bien, la película peca en algo fundamental. Algo que, por otro lado, es comprensible si tenemos en cuenta su apuesta visual y su concepto de película realista con animales generados por ordenador. El clásico de animación humanizaba a los animales. Sonreían, lloraban, expresaban dolor, alegría, rabia, … Todo eso se pierde desde el momento en que los leones, sencillamente, no expresan muchos de esos sentimientos; o desde el momento en que los pájaros no pueden sonreír. Esto impide al espectador, por ejemplo, identificarse al máximo con los personajes. Si bien es cierto que el desarrollo dramático no se ve dificultado en ningún momento, también es cierto que muchas de las situaciones más complejas desde un punto de vista emocional no terminan de resolverse correctamente. Bajo este punto de vista, aunque es un film visualmente impecable el trasfondo de la historia queda algo suavizado.

De este modo, este realista El rey león es… muy realista. Tal vez demasiado para la historia tan compleja que se quiere contar. Favreau compone un relato sólido, espléndido en el apartado visual y muy original a la hora de afrontar algunos de los retos narrativos (en otros casos, como esa visión en las nubes de Mufasa, queda algo desdibujado). Un relato con una alta carga dramática que, sin embargo, en muchas ocasiones no logra trasladarse bien al film ante ese alarde de realismo animal que muestra en cada plano. La soberbia del joven Simba se pierde en esa tierna mirada de cachorro. Las dudas del Simba adulto tampoco logran encontrar salida en el rostro impasible del león. Tan solo la fiereza del combate final saca a relucir una inusitada fuerza. Esto es un problema para el film, es evidente, pero no es necesariamente algo malo que convierta la película en un fallido proyecto. Simplemente, es una nueva visión de una historia ya conocida. Y es una versión que maravilla por su calidad técnica y que contiene algunos momentos a tener en cuenta.

Nota: 7/10

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Su majestad ‘El rey león’, en carne y hueso digitales


Tras un fin de semana más bien discreto en lo que a grandes estrenos se refiere, este viernes 19 de julio llega a los cines españoles una de las películas más esperadas del año, remake a su vez de uno de los grandes títulos de Disney. Y en lo que a blockbusters se refiere, es el único, aunque este estreno llega acompañado de títulos interesantes para un amplio abanico de espectadores.

Pero comencemos el repaso por El rey león, regreso a la gran pantalla de esta clásica historia estrenada hace 25 años y que es uno de los grandes títulos de la animación tradicional. Ahora llega en carne y hueso digitales, es decir, con animales creados por CGI, continuando la apuesta de la casa de Mickey Mouse de trasladar sus clásicos a imagen real, manteniendo su esencia aunque con ciertas reinterpretaciones. Para aquellos que no conozcan esta historia, la cinta narra cómo un cachorro de león llamado a ser el rey de la sabana africana se ve obligado a huir después de la muerte de su padre, de la que se cree responsable después de que su tío, que lucha por el trono, le convenza de ello. En el exilio encontrará nuevos amigos y aprenderá a madurar para reclamar lo que le pertenece por derecho. Jon Favreau, que ya dirigió El libro de la selva (2016), se pone tras las cámaras de esta versión que adelanta su estreno al jueves 18 y que cuenta con las voces originales de Donald Glover (Han Solo: Una historia de Star Wars), Chiwetel Ejiofor (Doctor Strange), Beyoncé (Austin Powers en Miembro de Oro), James Earl Jones (Buscando un destino), John Oliver (El gurú del buen rollo), John Kani (Black Panther), Seth Rosen (The disaster artist) y Billy Eichner (Malditos vecinos 2), entre otros.

A este único estreno estadounidense se le suman otras novedades. Bosque maldito es el título del debut en el largometraje de Lee Cronin, quien se pone al mando de esta cinta de terror irlandesa cuya trama arranca cuando una madre soltera empieza a sospechar que algo siniestro surgido de las profundidades de un misterioso agujero ha transformado a su hijo. A partir de ese momento la línea que separa lo racional y lo inexplicable se difumina. El reparto está encabezado por Seána Kerslake (A date for mad Mary), James Cosmo (Monochrome), Kati Outinen (El Havre), Simone Kirby (The truth commissioner), Steve Hall (The foolish heart) y James Quinn Markey (serie Vikingos).

Desde Francia llega la comedia Al agua gambas, film que narra cómo un subcampeón de waterpolo es condenado a entrenar a Los gambas purpurina, un equipo gay, tras realizar unos comentarios homófobos. Aunque los jugadores están más interesados en la fiesta que en la competición, inician un viaje a Croacia para participar en el mayor acontecimiento deportivo homosexual del mundo, lo que dará la oportunidad al subcampeón de revisar sus prioridades en la vida. Dirigida a cuatro manos por Maxime Govare (Daddy Cool) y Cédric Le Gallo, para el que es su ópera prima, la cinta cuenta entre sus actores con Nicolas Gob (Cézanne y yo), Alban Lenoir (La mujer que sabía leer), Geoffrey Couët (Théo & Hugo: París 5:59), Michaël Abiteboul (Papá o mamá), David Baïot (Fort Buchanan) y Romain Lancry (Le doudou).

De 2018 es el thriller dramático Utoya. 22 de julio, con capital noruego y cuya trama narra en tiempo real la masacre de 2011 que causó un extremista armado de extrema derecha en un camping político de verano en el que estaban más de 500 jóvenes. La cinta sigue la vida de una joven y sus amigos minuto a minuto mientras tratan de sobrevivir a la pesadilla. Dirigida por Erik Poppe (Mil veces buenas noches), cuenta en su reparto prácticamente anónimo con Andrea Berntzen, Aleksander Holmen, Solveig Koløen Birkeland, Brede Fristad (Bare tjue) y Elli Rhiannon Müller Osbourne, entre otros.

Entre los estrenos de otros rincones del mundo destaca la canadiense Génesis, nuevo drama escrito y dirigido por Philippe Lesage (Los demonios) que tiene como protagonistas a tres adolescentes que viven el primer amor. Un joven se enamora de su mejor amigo mientras su hermanastra deja a su novio en busca de cierta libertad. Y mientras todo ello acontece, un niño conoce sus primeros deseos en un campamento de verano. Théodore Pellerin (Isla Blanca), Noée Abita (El gran baño), Brett Dier (Exeter), Mylène Mackay (Le trip à trois), Marc Beaupré (La Run) y Pier-Luc Funk (1987) son los principales actores de esta película de 2018.

Las novedades de ficción terminan con Ayla, la hija de la guerra, producción turca de 2017 que aborda, en clave dramática, los acontecimientos históricos y biográficos del sargento Süleyman, que en 1950, durante la Guerra de Corea, se encontró a una niña medio congelada, sin padres y sola. El vínculo que se forma entre ellos es instantáneo e inseparable, hasta el punto de que el militar arriesga su vida para salvar a la pequeña, a la que llama Ayla en referencia a la luna que había en la noche en la que se encontraron. Can Ulkay (Sarikamis Cocuklari) dirige este film protagonizado por Çetin Tekindor (Av Mevsimi), Ismail Hacioglu (Meryem), Kyung-jin Lee (Wonjun Sojoonghan Sarang), Kim Seol, Ali Atay (40) y Damla Sönmez (Kurtulus Son Durak).

Un único documental llega este viernes a las salas españolas. Se trata de Entendiendo a Ingmar Bergman, un retrato de la vida y obra del clásico director que, a través de escenas clave de su filmografía y entrevistas con sus colaboradores más cercanos y con una nueva generación de cineastas, aborda sus temas recurrentes y los elementos que construyen su mundo artístico. La cinta está dirigida a tres bandas por Margarethe von Trotta (El mundo abandonado), Felix Moeller (Verbotene filme) y Bettina Böhler.

‘Spider-Man: Lejos de casa’: resolviendo el misterio del cómic


Spider-Man ha vuelto a casa. No lo hizo en la anterior película en solitario. Curiosamente, lo logra en esta segunda aventura, y lo hace lejos de su Nueva York natal. Habrá quien achaque a este regreso a la esencia del personaje al cambio de localización, pero la realidad es que el cambio se encuentra en el guión, que aprovecha al máximo las posibilidades dramáticas del personaje y, sobre todo, del villano.

Porque la historia, en efecto, ahonda por completo en los dramas que siempre han acompañado al Hombre Araña. Lejos de dotarle de una gran responsabilidad ante grandes eventos intergalácticos, Spider-Man: Lejos de casa sitúa al protagonista en los clásicos dilemas entre su interés personal y su responsabilidad como héroe, haciéndole crecer en pantalla en las dos horas que dura el film. El rol al que vuelve a dar vida con extraordinario acierto Tom Holland (Edge of winter) comienza siendo un adolescente enamoradizo para terminar asumiendo sus errores, las consecuencias de los mismos y los sacrificios para enmendarlo. Tal vez era necesario ver una vez más esto en pantalla (al fin y al cabo, es la misma estructura dramática que el incidente que le lleva a ser un héroe), pero la verdad es que funciona como un engranaje preciso, convirtiendo la historia en una mezcla perfecta entre drama, humor adolescente, acción y una espectacularidad fuera de toda duda.

Buena parte de la responsabilidad del éxito radica en su villano, un Jake Gyllenhaal (Okja) que engrandece a Mysterio no solo para consolidar sus motivaciones, sino para hacer mucho más dura la madurez que alcanza el héroe en esta historia. Sin necesidad de muertes impactante o de giros argumentales inesperados (salvo el de la primera escena post-créditos, que deja el futuro en una gran incógnita y recupera a uno de los mejores personajes y actores de las primeras películas), el villano construye un plan que obliga al héroe a asumir sus errores y, sobre todo, a ser consciente de todas sus capacidades y poderes, en concreto de ese “cosquilleo” de Peter Parker, como lo llaman en el film. Los fans de los cómics posiblemente puedan prever de antemano el desarrollo de la historia, pero eso no impide disfrutar de unas secuencias de acción tan espectaculares como bien diseñadas, sobre todo la de Londres y ese primer encuentro de Spider-Man con la fuerza del villano, todo un alarde de traslación a imagen en movimiento de las pesadillas que vive en los cómics y que resuelve el misterio de cómo hacer una buena adaptación al séptimo arte. Jon Watts, director de la primera entrega, parece haber solventado algunos errores narrativos para sacar todo el partido a la dinámica que genera el héroe arácnido.

Desde luego, Spider-Man: Lejos de casa no solo es una extraordinaria película de superhéroes, bien rodada y con personajes sólidos. Es, ante todo, un tratamiento minucioso y preciso de un personaje complejo, en constante lucha entre sus deseos personales y sus obligaciones, y siempre con temor a perder a sus seres queridos. Son ideas que se repiten, y que incluso utiliza el villano de turno para su propio beneficio. Incidir reiteradamente en estos conceptos dota al conjunto de una profundidad dramática que hacía tiempo que no se veía en las historias del personaje. Puede resultar algo infantil en algunos momentos, pero esto no es impedimento para disfrutar de una obra muy muy completa, un broche de oro a esta etapa del Universo Cinematográfico Marvel y una declaración de intenciones en toda regla.

Nota: 8/10

‘Spider-Man: Lejos de casa’ redescubre a The Beattles en ‘Yesterday’


Con el reciente reestreno de Vengadores: Endgame todavía en la retina, el mes de julio comienza de la mejor forma posible. Pocos estrenos pero todos ellos muy interesantes por diferentes motivos se dan cita este viernes día 5, incluyendo una de las propuestas superheroicas más esperadas de los últimos meses y un nueva cinta con The Beattles como telón de fondo.

Pero comencemos por Spider-Man: Lejos de casa, segunda aventura en solitario del superhéroe arácnido con el rostro de Tom Holland (Z, la ciudad perdida) y que cierra oficialmente el ciclo en el Universo Cinematográfico Marvel. La trama se sitúa inmediatamente después de los acontecimientos de la última entrega de ‘Vengadores’, con un Spider-Man/Peter Parker que trata de buscar su lugar en el mundo. Entre tanto, decide realizar un viaje con sus amigos de instituto por Europa, pero lo que iban a ser unas vacaciones en las que declararse a MJ se convierten en una nueva misión a cargo de Nick Furia, que le pide que se enfrente a una criaturas elementales que están generando el caos, y a las que solo parece plantar cara Mysterio, un hombre llegado de otra realidad. Dirigida por Jon Watts, que ya se puso tras las cámaras de la primera entrega de esta etapa, la película propone humor, acción y algo de dramatismo, contando para ello con un reparto que se completa con Jake Gyllenhaal (Los hermanos Sisters), Samuel L. Jackson (Glass), Zendaya (El gran showman), Jon Favreau (#Chef), Marisa Tomei (La primera purga: La noche de las bestias), Cobie Smulders (Asesinos internacionales) y Angourice Rice (La seducción).

Muy diferente de este blockbuster de Hollywood es la británica Yesterday, comedia de corte algo fantástico que juega con la idea de un mundo sin la música de The Beattles… y en el que un solo hombre recuerda las canciones. Con esta premisa arranca el nuevo film de Danny Boyle (T2: Trainspotting), que tiene como protagonista a un cantautor de escaso éxito que, después de sufrir un accidente, despierta en una realidad en la que nadie sabe quiénes son los músicos que integran la banda británica, por lo que sus canciones solo las conoce él. Ante esto, ¿cómo resistir la tentación de sacar provecho? Entre los principales actores encontramos a Himesh Patel (serie Gente de barrio), Lily James (Mamma Mia! Una y otra vez), Kate McKinnon (Cazafantasmas), Ana de Armas (Blade Runner 2049), Lamorne Morris (serie New girl) y Meera Syal (Absolutamente todo), además de la presencia de conocidos personajes de la televisión o la música como James Corden o Ed Sheeran.

Volviendo a Estados Unidos nos encontramos con La (des)educación de Cameron Post, drama que adapta la novela de Emily M. Danforth cuya protagonista es una niña de 12 años cuyos padres mueren en un accidente de coche. En ese momento la joven está descubriendo su homosexualidad, algo que se interrumpe al irse a vivir con su anticuada abuela paterna y su ultraconservadora tía. Su enamoramiento de su mejor amiga solo empeorará las cosas, por lo que su tía la envía a un campamento de conversión religiosa para “curar” su homosexualidad. Dirigida por Desiree Akhavan (Appropiate behavior), la cinta está protagonizada por Chloë Grace Moretz (The equalizer), Quinn Shephard (serie Rehenes), Sasha Lane (American honey), Marin Ireland (In the radiant city), John Gallagher Jr. (Calle Cloverfield 10) y Owen Campbell (Super dark times).

La producción española tiene como representante a 522. Un gato, un chino y mi padre, drama escrito y dirigido por Paco R. Baños (Ali) que gira en torno a una enferma de agorafobia que vive junto con su gato sin poder dar más de 522 pasos más allá de su apartamento. Su vida social se limita a un vecino amante y al dependiente de una tienda oriental. La muerte del animal y su deseo de darle sepultura en Portugal, el país natal de la joven, obligan a la protagonista a tratar de luchar contra su enfermedad, para lo que contará con la ayuda del dependiente. Juntos montarán su “hogar” en una camioneta y emprenderán un viaje que harán a la mujer enfrentarse con su pasado. Natalia de Molina (Techo y comida), Alberto Jo Lee (Paella today), Miguel Borges (Nascido em Angola), Maya Murofushi (Seguimi), João Lagarto (Stefan Zweig: Adiós a Europa) y Nadia de Santiago (Parada en el infierno) encabezan el reparto.

También española, aunque en este caso en el ámbito de la animación, es Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo, aventura que, como su propio título indica, está inspirada en el viaje que comenzó en 1519 en Sevilla y concluyó tres años después en el mismo sitio, lo que demostró que la Tierra era redonda por primera vez. El viaje comenzó con 5 naves y 240 hombres, y terminó solo con 18 marineros al borde de la muerte. Dirigida por Ángel Alonso (El ladrón de sueños), la cinta cuenta con las voces originales de Kiko Jáuregui (serie Hospital central), Iñaki Beraetxe (El final de la noche), Vito Rogado (serie Mi querido Klikowsky), Ander Vildósola Gala (Bon appétit) y Aintzane Krujeiras (Teresa eta Galtzagorri).

Terminamos este repaso a los estrenos con Varda por Agnès, documental francés que dirige la propia Agnès Varda (Jacquot de Nantes) y que repasa la experiencia de la directora en el séptimo arte, aportando luz y visión de lo que llamaba “escritura de cine”. La obra forma parte de una serie compuesta por seis películas documentales enfocadas a entender mejor el cine de la mano de personajes ilustres de esta profesión.

‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

‘Spider-Man: Homecoming’: por algo hay que empezar


Una película como la nueva aventura del Hombre Araña, al igual que otras adaptaciones de novelas, cómics, series, etc., puede ser analizada bajo el prisma de un fan o desde una perspectiva más objetiva. Y precisamente bajo esta última no puedo por menos que preguntarme cómo es posible que el personaje más famoso de Marvel haya tenido una trayectoria tan irregular desde que Sam Raimi abandonara los mandos del personaje (lo que ocurrió en aquella Spider-Man 2). Porque más allá de cambios de trajes y mejoras tecnológicas, la realidad es que el tratamiento de este héroe corriente que carga sobre sus hombros con la responsabilidad que genera la culpa no ha sido muy homogéneo que digamos.

Y desde luego, Spider-Man: Homecoming no es una excepción. Si bien es cierto que el desarrollo de la trama es notable y que el personaje interpretado por Tom Holland (Lo imposible) posiblemente sea el mejor de las diferentes sagas, la cinta es irregular en su tratamiento, pudiendo llegar a hacerse algo lenta en algunos momentos. Planteada como un producto que haga de puente entre lo visto hasta ahora en el mundo cinematográfico de Marvel y lo que está por llegar, esta nueva aventura presenta algunos giros dramáticos cuanto menos cuestionables que casi con toda seguridad harán recordar a los fans ciertas relaciones familiares totalmente innecesarias en este caso. Eso por no hablar del hecho de que hay más personajes secundarios que en una película coral, lo que termina por restar espacio y tiempo para un desarrollo algo más en profundidad del héroe y del villano.

No me malinterpreten. Ambos pilares de esta historia están bien definidos y poseen una solidez fuera de toda duda, pero eso no impide que se pierdan por el camino las explicaciones para algunas de sus decisiones. Con todo, la cinta deja varios momentos sobradamente impactantes, ya sea desde un punto de vista narrativo (el impacto de descubrir las identidades secretas, aunque sea en un contexto algo ilógico) o de acción. Respecto a este último aspecto, por cierto, alguien debería explicarme qué necesidad hay de poner en manos de directores “inexpertos” en la materia un producto tan complejo como este.

La labor de Jon Watts (Coche policial), aunque buena en muchos momentos, deja algo que desear en las secuencias de acción más complejas, recurriendo a un montaje confuso y a planos amplios que permitan desarrollar la espectacularidad del protagonista pero que restan intensidad a lo narrado. Bajo todo este prisma, Spider-Man: Homecoming se revela como un entretenimiento sólido que plantea las bases para un futuro que promete más de lo que ofrece este primer film. Demasiados personajes enturbian el estreno de uno de los mejores Spider-Man (si no el mejor) del cine, y la labor del director, buena en algunos momentos dramáticos, se pierde en las secuencias de acción. Eso por no hablar de lo que dirán los fans acerca del cambio de nombre de algunos personajes fundamentales en el imaginario arácnido o de ese final que parece destruir una dinámica que en los cómics ha funcionado durante décadas. Todo está por comenzar, y desde luego todo es mejorable.

Nota: 6,5/10

Fin de semana de adaptaciones en la cartelera española


Estrenos 15abril2016Abril está siendo un mes especialmente prolífico en lo que a estrenos se refiere. A diferencia de semanas anteriores, en lo que va de mes los estrenos se suceden por decenas de forma constante, ofreciendo al espectador una notable variedad de géneros donde elegir. Y este viernes, 15 de abril, no es diferente. Desde la fantasía hasta el drama, pasando por la comedia, el thriller o la dramatización histórica, las novedades de esta semana tienen un denominador común: la mayoría son títulos con cierto peso.

Es el caso, por ejemplo, de la nueva versión de El libro de la selva, novela de Rudyard Kipling que, en esta ocasión, está rodada en imagen real, con personajes humanos de carne y hueso, y aprovechando la tecnología 3D. La historia es la conocida: un niño que se ha criado con lobos en la selva se ve obligado a abandonar su manada y el mundo que siempre ha conocido ante la amenaza de varios animales que le ven como un peligro. Acción, aventura y humor son las claves de esta cinta dirigida por Jon Favreau (Iron Man) y con el debutante Neel Sethi como Mowgli, que estará arropado por las voces de Bill Murray (Aloha), Ben Kingsley (El desafío), Idris Elba (Caza al asesino), Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), Scarlett Johansson (¡Ave, César!), Christopher Walken (Jersey Boys) y Giancarlo Esposito (serie Érase una vez).

Muy diferente es Victor Frankenstein, coproducción entre Estados Unidos e Inglaterra que reinterpreta el personaje del famoso doctor de Mary Shelley. En concreto, cuenta la historia a través de los ojos de Igor, el famoso ayudante del doctor, al que conoce cuando todavía es un joven estudiante de medicina, y al que ayuda a convertirse en la leyenda que ha perdurado a lo largo de los años. Paul McGuigan (El caso Slevin) es el encargado de poner en imágenes esta trama protagonizada por James McAvoy (X-Men: Días del futuro pasado), Daniel Radcliffe (Amigos de más), Andrew Scott (Spectre) y Jessica Brown Findlay (Lullaby).

Y como no hay dos sin tres, también llega este fin de semana otra adaptación, en este caso del film argentino El secreto de sus ojos (2009), titulado para la ocasión El secreto de una obsesión. La historia se centra en el brutal asesinato de la hija adolescente de una supervisora del FBI, hecho que cambia por completo las vidas de los integrantes de su equipo, y que tendrá consecuencias incluso varias décadas después. Dirigido por Billy Ray (El precio de la verdad), este drama está protagonizado por Julia Roberts (Agosto), Nicole Kidman (No confíes en nadie), Chiwetel Ejiofor (Marte), Michael Kelly (serie House of cards) y Don Harvey (Vice), entre otros.

Entre los estrenos europeos destaca sobremanera El héroe de Berlín, drama histórico con capital francés, alemán y canadiense que narra la victoria de Jesse Owens en las Olimpiadas de Berlín en 1936, bajo el gobierno de Hitler. La cinta aborda los problemas sociales y raciales a los que tuvo que enfrentarse el joven atleta antes de decidirse a competir en representación de Estados Unidos. Stephen Hopkins (Bajo sospecha) es el encargado de dirigir el film, en el que encontramos a Stephan James (Selma), William Hurt (La huésped), Jeremy Irons (Hermosas criaturas), Jason Sudeikis (Somos los Miller) y Carice van Houten (serie Juego de tronos).

Desde Reino Unido llega The Lady in the van, comedia dramática que lleva a la gran pantalla la historia real vivida por el guionista de la cinta, Alan Bennett (La locura del Rey Jorge), durante 15 años. En ese tiempo una mujer aparcó su furgoneta en el acceso a la casa en la que vivía el hombre. Lo que comenzó como un favor con cierto recelo se terminó convirtiendo en amistad. Dirigida por Nicholas Hytner (El crisol), la película está protagonizada por Dominic Cooper (Need for speed), Maggie Smith (El exótico Hotel Marigold), James Corden (Into the woods), Eleanor Matsuura (Blood moon) y Jim Broadbent (Paddington).

Francia propone para esta semana el drama romántico Mi amor, cinta dirigida por Maïwenn (Polisse) que arranca cuando una joven sufre un grave accidente mientras esquiaba. El largo proceso de rehabilitación le llevará a pensar en una tumultuosa relación con un hombre al que adoró más que a su vida, pero con el que todo ha terminado. El reparto está encabezado por Vincent Cassel (El niño 44), Louis Garrel (Un castillo en Italia), Emmanuelle Bercot (Clément) e Isild Le Besco (Una nueva amiga).

Otro de los estrenos europeos es Redención: Los casos del departamento Q, tercera adaptación de las novelas de Jussi Adler-Olsen que cuenta con capital noruego, danés, alemán y sueco, y cuya trama comienza cuando se descubre el mensaje en una botella lanzada al mar, un grito de ayuda escrito en sangre. El caso llega al departamento Q, encargado de crímenes sin resolver, dando lugar a una investigación que llevará a los policías a retomar un viejo y diabólico caso. Dirigida por Hans Petter Moland (Uno tras otro), la cinta cuenta con los algunos de los actores de los anteriores films, entre ellos Nikolaj Lie Kaas (serie Forbrydelsen), Fares Fares (serie Tyrant), Jakob Oftebro (Cuando despierta la bestia) y Johanne Louise Schmidt.

También cuenta con capital de varios países el drama histórico Reina Cristina, traslación a la gran pantalla de la vida de Cristina de Suecia, una mujer avanzada a su tiempo y que mantuvo en todo momento una lucha interna entre sus responsabilidades, sus deseos de vivir la vida de una determinada forma, el amor de su padre y las enseñanzas de su religión. Producida entre Finlandia, Alemania, Canadá, Suecia y Francia, la película está dirigida por Mika Kaurismäki (Divorcio a la finlandesa), y su reparto está encabezado por Malin Buska (Happy End), Sarah Gadon (Enemy), Michael Nyqvist (serie Hora cero) y François Arnaud (Yo maté a mi madre).

Con algo de retraso se estrena Cantinflas, biopic del famoso actor mexicano producido por ese país en 2014. En concreto, la trama gira en torno al desarrollo de La vuelta al mundo en 80 días (1956), película que le valió al cómico un Globo de Oro. Dirigida por Sebastian del Amo (El fantástico mundo de Juan Orol), la película está protagonizada por Óscar Jaenada (La fría luz del día), Michael Imperioli (serie Los Soprano), Joaquín Cosio (Jirón de niebla) y Teresa Ruiz (Mariachi gringo).

Finalmente, desde Argentina llega El incendio, drama dirigido por Juan Schnitman (Grande para la ciudad) cuya premisa inicial es tan sencilla como contundente. Una joven pareja está a punto de entrar a vivir en su nuevo piso, pero el futuro de esa vida juntos se ve retrasado porque el agente inmobiliario se retrasa en la entrega de llaves. Ese breve espacio de tiempo es el detonante que hará aflorar los celos, los reproches, los anhelos y las dudas en la pareja. Pilar Gamboa (Todos mienten) y Juan Barberini (El estudiante) son los dos protagonistas.

‘#Chef’: un buen menú para el paladar digital


Jon Favreau escribe, dirige y protagoniza '#Chef', en la que podemos ver a John Leguizamo.Jon Favreau, mundialmente aclamado gracias al éxito de Iron Man (2008) y Iron Man 2 (2010), es uno de esos directores que se han desarrollado en proyectos pequeños, sin pretensiones y con una clara vocación de puro entretenimiento. Por eso, cuando regresan al mundo que les vio nacer siempre se produce una cierta expectación por ver si son capaces de adaptarse a las exigencias de un guión y de un rodaje de dimensiones mucho más modestas. En el caso que nos ocupa el resultado de esta fábula sobre la madurez, la búsqueda personal y las relaciones que se crean y se destruyen entre fogones es óptimo, debido fundamentalmente a que los actores desprenden un carisma y una comodidad que traspasa historia, personajes y pantalla.

El director, autor también del texto, construye, o mejor dicho deconstruye, la vida acomodada de este #Chef para reflexionar sobre la necesidad de disfrutar con lo que nos rodea, desde el trabajo hasta los amigos o la familia. El camión, que no es otra cosa que un símbolo de su pasión por la comida, se convierte de este modo en nexo de unión para todas las piezas que componen la rota vida del protagonista, quien toca fondo a raíz de una mala crítica en un blog. Este último aspecto, por cierto, es el otro gran pilar de la obra. El punto de inflexión que supone el texto publicado en ‘El paladar digital’ introduce en la historia la importancia de la tecnología y las redes sociales en nuestras vidas, representadas en este caso por el joven Emjay Anthony (No es tan fácil) y cuya influencia en el devenir de la historia se revela clave además de tremendamente creativo a nivel visual.

Hay que reconocer, sin embargo, que el guión presenta una serie de problemas que no terminan de ser resueltos. Más allá de las concesiones que le pide al espectador, y que tienen que ver fundamentalmente con el trasfondo de algunas relaciones, lo relevante está en que sufre un bache narrativo durante el comienzo del segundo acto, cuando el personaje se encuentra sin rumbo. Es en este momento cuando la trama pierde cierta relevancia, además de interés, lo que termina por perjudicar el conjunto. Pero incluso esta irregularidad queda paliada por la espectacular labor de un reparto que disfruta con lo que hace, ya sean un minuto o una hora. Por supuesto, la relación de los personajes de Favreau, Anthony y John Leguizamo (Moulin Rouge) en el camión es imprescindible, pero quizá el mejor ejemplo se encuentre en la secuencia que protagoniza Robert Downey Jr. (Salidos de cuentas), uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje.

Una película como #Chef no debe ser vista con demasiadas expectativas. Para bien o para mal, no promete más de lo que puede abarcar, ni pretende ser otra cosa más que una comedia entrañable que, eso sí, despierta un apetito voraz. Gracias a un reparto impecable y a una originalidad visual interesante, sobre todo en su último tramo, la película supera sus problemas narrativos para mostrar que la verdadera felicidad no se halla en una buena crítica o en la cocina de un exitoso restaurante, sino en aquello que realmente nos hace disfrutar cuando lo llevamos a cabo con los nuestros. Puede que sea necesario superar determinadas irregularidades en el guión, pero al igual que con un buen plato, la espera merece la pena.

Nota: 6,5/10

Los Transformers, ante su extinción, y Favreau ante la cocina rápida


Estrenos 8agosto2014Puede que sea coincidencia, pero tras varios fines de semana con numerosos estrenos hoy viernes, 8 de agosto, tan solo cuatro títulos engrosan la lista de novedades en la cartelera española. ¿Y qué diferencia hay con días anteriores? Bueno, pues que los robots alienígenas capaces de transformarse en coches, aviones, tanques y hasta dinosaurios están de vuelta, y eso es motivo más que suficiente para tratar de no competir directamente con ellos. Sobre todo si ya han superado los 1.000 millones de dólares recaudados a nivel mundial. Empero, todavía hay esperanza para aquellos que prefieran algo más tranquilo y con un mayor contenido dramático y emocional gracias al resto de novedades.

Como la actualidad manda, es imprescindible que comencemos el repaso con Transformers: La era de la extinción, cuarta entrega de la saga iniciada por Michael Bay, director de las cuatro, hace ya siete años. Una entrega que cambia a sus actores y que tiene un cierto aire de renovación tras el cansancio creativo que parecía haberse apoderado de las dos secuelas anteriores. Su trama arranca con una espectacular batalla que destruye una ciudad entera pero que logra salvar a la Humanidad. Sin embargo, tras este ataque un misterioso grupo aparece con el objetivo de hacerse con el control de los Autobots, liderados por un Optimus Prime que todavía se recupera de sus heridas. Todo cambiará cuando una amenaza como jamás se había visto llegue a la Tierra con el objetivo de acabar con todo signo de vida, lo que incluye a Transformers y humanos, que unirán sus fuerzas para salvar el planeta al que llaman hogar. Acción, espectacularidad y aventuras sin pretensiones es lo que a todas luces van a encontrar los fans de estos personajes de Hasbro, que en esta ocasión verán en pantalla a Mark Wahlberg (Dolor y dinero), Nicola Peltz (serie Bates motel), Jack Reynor (Cold), Stanley Tucci (Los Juegos del Hambre: En llamas), Kelsey Grammer (serie Boss), Sophia Myles (Outlander), Titus Welliver (Argo) y T.J. Miller (serie Silicon Valley), entre muchos otros.

Aunque como digo, no es el único estreno. De hecho, el que más oportunidades podría tener de competir con la épica de Michael Bay es #Chef, primera película cuyo título es un hashtag de Twitter, lo que ya es de por sí una de las mejores publicidades de los últimos tiempos. Escrita, dirigida y protagonizada por Jon Favreau, responsable del éxito de Iron Man (2008), la película narra el viaje físico y espiritual de un chef que deja su trabajo en un importante restaurante al enfrentarse a un controlador dueño que limita su creatividad. Por circunstancias de la vida termina montando un negocio de comida rápida en una caravana junto a su ex mujer, su hijo y su mejor amigo, lo que le devolverá a sus raíces. Una comedia que ha generado muy buenas sensaciones allá por donde ha pasado y que cuenta con un reparto realmente espectacular en el que se dan cita nombres como los de John Leguizamo (Kick-Ass 2. Con un par), Bobby Cannavale (Blue Jasmine), Scarlett Johansson (Capitán América: El soldado de invierno), Dustin Hoffman (serie Luck), Sofía Vergara (serie Modern Family), Oliver Platt (Amor y otras drogas), Robert Downey Jr. (Iron Man 2), Emjay Anthony (No es tan fácil) y Amy Sedaris (Tanner Hall).

Los otros dos estrenos proceden de Europa. Mil veces buenas noches es un proyecto financiado a tres bandas por Noruega, Irlanda y Suecia y dirigido por Erik Poppe (Hawaii, Oslo) en 2013. Su trama gira en torno a una reportera gráfica especializada en conflictos bélicos que deberá decidir entre su familia y su trabajo cuando su propia vida se vea en peligro durante la realización de su labor. Será en ese momento cuando deba resolver las dudas sobre la importancia de su trabajo en un entorno en el que la muerte es algo habitual. Este drama está protagonizado por Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Juliette Binoche (Copia certificada), Maria Doyle Kennedy (serie Los Tudor), Chloë Annett (Pasty faces), Lauryn Canny, Larry Mullen Jr. (Man on the train) y Eve Macklin (serie Love/Hate).

Finalmente, Shirley: Visions of reality es una producción austríaca de 2013 que, a través de los cuadros de Edward Hopper, narra la lucha de una mujer por romper los límites que la sociedad de los años 30 del siglo pasado le impone en todos los aspectos de su vida. Una lucha que afianzará sus convicciones sociopolíticas, culturales y profesionales. Escrita y dirigida por Gustav Deutsch (60 seconds of solitude in year zero), la película cuenta entre sus actores con Stephanie Cumming, Christoph Bach (Blindflug), Florentín Groll (El violín rojo), Elfriede Irrall (Eden) y Tom Hanslmaier (Planet USA).

Los personajes de ‘Revolution’ pierden coherencia en su 2ª temporada


Billy Burke y Elizabeth Mitchell tendrán que luchar contra un nuevo enemigo en la segunda temporada de 'Revolution'.No sé si será por los actores, por el desarrollo de la trama o simplemente por la factura técnica, pero el caso es que hay series que, teniendo todo lo necesario para lograr el éxito, no terminan de funcionar. Uno de los últimos casos es el de Revolution, serie de ciencia ficción que sin tener grandes pretensiones ofrecía algo un poco diferente. Es cierto que su primera temporada tuvo para muchos más sombras que luces, pero la idea de una sociedad moderna que se ve obligada a retroceder casi a la Edad Media por la ausencia de electricidad era una premisa interesante. Su segunda temporada, y si nadie lo remedia (léase la presión de los fans) la última, va un poco más allá en esta idea, repartiendo su evolución en dos claras líneas de trabajo que, aunque interesantes, no terminan de funcionar. En esta ocasión, irónicamente, el problema son los propios protagonistas.

Estos nuevos 22 episodios retoman la acción unos meses después de la conclusión de la anterior etapa, aprovechando los primeros capítulos para situar a cada uno de los personajes principales e introducir otros nuevos. El principal escollo con el que se encuentra su creador, Eric Kripke (serie Sobrenatural) es que se opera un cambio en dichos personajes que nunca termina de materializarse en decisiones y acciones concretas. Salvo los roles interpretados por Billy Burke (Crepúsculo) y Tracy Spiridakos (Engañada en la red), cuya transformación es bastante evidente, el resto combina las características de la primera temporada con las novedades de la segunda. Quizá el caso más llamativo sea el de David Lyons (Come reza ama), Monroe en la ficción. Su arco dramático es cuanto menos incongruente, no solo con su propia naturaleza sino en el sentido general de la serie. La necesidad de transformarlo de villano a héroe impide a sus responsables acometer una transformación lógica y natural motivada por sus propios intereses, los cuales tratan de usarse al final de la temporada para tratar de justificar sus acciones. La introducción del personaje del hijo y esa especie de amor-odio con el rol de Burke no hacen sino ridiculizar un buen villano.

Todo esto ocurre, fundamentalmente, por la incorporación a la trama de los llamados Patriotas, una nueva amenaza planteada al final de la temporada anterior que, en teoría, debería de haber servido para un propósito doble: dotar de más acción y complejidad a la trama, y generar dos frentes de combate claros. El resultado es, como la serie en general, irregular. No cabe duda de que la presencia de estos villanos, cuyas actividades son más crueles de lo visto hasta ahora (al fin y al cabo, debían hacer “bueno” al personaje de Lyons), aportan un grado notable de interés y de intriga al arco argumental, pero su desarrollo no es todo lo fluido que cabría esperar. Su presencia se plantea de forma pausada e incluso velada para, al final, precipitar los acontecimientos y derivarlo todo a un único momento en el que son derrotados. Es de suponer que esto, más que un problema de planteamiento, es una necesidad ante la finalización inesperada de Revolution. Por cierto, es de agradecer que sus responsables, entre los que se encuentran J.J. Abrams (serie Fringe) y Jon Favreau (Iron Man), hayan optado por cerrar los ciclos planteados en esta temporada, y no dejando todos los interrogantes en el aire.

En lo referente al reparto merece una mención especial Giancarlo Esposito (serie Érase una vez), cuya presencia sigue siendo de lo mejor del conjunto, incluso con el caótico camino que sigue en estos episodios. Su rol, algo más separado del resto que en la temporada anterior, se convierte en una especie de vengador solitario cuyo único objetivo es acabar con aquellos que han matado a su mujer. Su facilidad para hacer todo lo necesario por lograr su objetivo, unido a su falta de empatía incluso con su hijo (solo cuando lo pierde es cuando realmente lucha por él) le otorgan una presencia mucho más consistente que en la primera temporada, cuando todo esto se presentaba bajo la bandera de los enemigos. Su final, uno de los pocos que unen las dos líneas argumentales de las que hablaba, es quizá el más claro ejemplo, junto con el papel de Monroe, de que la historia, a pesar de los intentos por controlarla, se les había escapado de las manos a los creadores.

Y llegó la nanotecnología

Aunque pueda parecer lo contrario, uno de los pilares de Revolution ha sido la incorporación a la trama de la nanotecnología, responsable del apagón y la mayor amenaza de esta temporada, aunque solo protagonice una trama secundaria. Su desarrollo ha sido, a pesar de algunos altibajos, de lo mejor de la serie, y la forma en que Kripke logra finalizar su arco dramático es brillante, abriendo la puerta a un futuro en el que humanos y máquinas deberán enfrentarse irremediablemente. Es más, uno de los mejores episodios de la temporada, aquel que transcurre en la mente del personaje de Zak Orth (Vicky Cristina Barcelona), es la pieza que permite comprender la naturaleza de esta tecnología que consume toda la energía del planeta y cuyo objetivo se desvela en el último capítulo. Su presentación a lo largo de la temporada es, al igual que la de los Patriotas, pausada e intermitente, planteando numerosos interrogantes que se resuelven con relativo acierto a medida que se desarrolla la trama.

Lo que juega en su contra es su propia condición de secundaria. Es cierto que hacia el final de esta etapa ambas líneas argumentases tienden a unirse, pero el hecho de que solo algunos personajes estén implicados en ella, sin llegar nunca a involucrar a los demás, debilita su fuerza y su importancia, sin duda reservando su protagonismo para una hipotética tercera temporada. Esto deriva, por ejemplo, en un desarrollo que muchas veces recurre a giros de difícil aceptación, como son las constantes desapariciones del personaje de Orth y la falta total de consecuencias en el resto de personajes. Eso por no hablar del hecho de que la explicación para muchos de los fenómenos que ocurren se ofrece al espectador, pero no al resto de personajes (al menos no de forma directa y contundente), lo que ahonda en esa idea de que las dos tramas, que en muchas ocasiones se intentan combinar, son dos entes separados que entretienen pero fracturan la serie.

A pesar de todo, es justo reconocer que la serie posee un pulso narrativo notable. Apenas existen episodios en los que el ritmo decaiga, logrando un dinamismo similar al de la primera temporada e introduciendo nuevos personajes que dan al conjunto un cierto lavado de cara que debe ser reconocido. El hecho de que la trama se pierda algunas veces en historias que no llevan a ningún lado (lo de irse a México a buscar un personaje para que simplemente engrose el reparto tiene poca justificación) solo es un obstáculo si uno no se entrega al entretenimiento que supone ver una serie cuya factura técnica es más que buena. Al fin y al cabo, las presentaciones de la producción nunca han sido las de convertirse en un producto referente de la ciencia ficción. Si tenemos esto en cuenta, se podría decir que logra su objetivo.

El problema de Revolution, tanto en su primera como en su segunda temporada, es que nunca ha tenido claro cuál era su sitio en el nutrido mundo de las series actuales. ¿Es una serie de acción? ¿Es una trama que busca explorar algo más que situaciones comunes? ¿Sus personajes saben cuál es su sitio? Estas y otras preguntas no terminan de responderse, y esa indefinición es lo que, finalmente, ha llevado a su cancelación en esta segunda temporada. Tal y como finaliza da la sensación de que en episodios futuros podrían encontrarse las respuestas, pero si eso finalmente llegamos a verlo será con otra productora. El balance que deja la serie, por tanto, es la de un entretenimiento cuyas aspiraciones fueron desapareciendo poco a poco, hasta el punto de reducirse a un mero folletín de aventuras. Como decía al principio, el principal problema reside en muchos de sus personajes, sobre todo en aquellos que no han sabido evolucionar con las tramas. La premisa era buena; el desarrollo no tanto. Y esto es algo que le ocurre mucho a J.J. Abrams.

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