‘Escuadrón Suicida’, unos buenos malos… ¿o eran malos buenos?


Will Smith y Margot Robbie lideran el 'Escuadrón Suicida' de David Ayer.A tenor de las críticas recibidas, debo de ser de los pocos que defienden Escuadrón Suicida. Y la verdad es que no me arrepiento. Argumentos a su favor tiene, como también los tiene en su contra. Vamos, lo que le viene a pasar al 80% de las películas, y lo que prácticamente ocurre en todas las cintas de superhéroes. El problema, o al menos uno de los más importantes, de la cinta de David Ayer (Corazones de acero), no radica en la propia historia, sino en algo que va más allá de la película, y que tiene un nombre: DC Cómics. La reciente obsesión por juntar en pantalla a un grupos de personajes conocidos por los amantes de los cómics está llevando a esta compañía a hacer películas irregulares, de difícil narrativa, pero con mucha espectacularidad.

La verdad es que esta película con un plantel de actores más que notable merece un análisis más profundo que el de la mera crítica, de ahí este extenso texto. A David Ayer se le puede acusar de muchas cosas, pero desde luego no de lo principal en cualquier película de superhéroes/supervillanos: entretenimiento. Porque esta reunión de malos no tan malos (hay buenos que son peores) es eso, puro y sencillo entretenimiento. El que quiera buscar algo más puede que lo encuentre, pero saldrá mayormente decepcionado. Y la verdad es que la película no busca nada más. Secuencias brillantemente ejecutadas, un humor algo irregular pero efectivo, sobre todo cuando recae sobre Margot Robbie (La leyenda de Tarzán) y su ya imprescindible Harley Quinn, y algunos diálogos que permiten hacer avanzar la acción son las señas de identidad. Vamos, lo mismo que ocurre en Los Vengadores y cintas similares.

Quizá la mejor defensa para este argumento es que Escuadrón Suicida dura dos horas y apenas se nota, logrando superar los baches propios de la narrativa de forma más o menos solvente. Pero volvamos sobre el reparto, o mejor dicho sobre esa pareja formada por Robbie y Jared Leto (El señor de la guerra), un Joker menos alocado y más psicópata que sin duda eleva el tono del film cada vez que aparece… y se hace poco. Ambos personajes, sin duda los mejor definidos e interpretados, son el mejor ejemplo de cómo los secundarios (o protagonistas con menor peso en la trama) pueden terminar por arrebatar el protagonismo de una historia. Y este sí es un punto débil de la película, que abordaré a continuación.

Pero junto a ellos hay todo un grupo de actores solventes, disfrutando de sus respectivos papeles y demostrando que la película puede funcionar en todos sus aspectos. El desarrollo dramático conseguido por Ayer, aunque claramente diferenciado en dos partes, es lo suficientemente sólido como para componer un mosaico de aventura, acción y humor en el que cada personaje, al menos los principales, está definido no solo por sus motivaciones, sino por su pasado y por su personalidad. Otra cosa es lo que ocurre con el resto de secundarios y lo que cabría esperar de la cinta. En cualquier caso, no se puede negar que esta cinta es una pieza más en la construcción de ese mundo cinematográfico de DC, y personalmente creo que es una pieza interesante y atractiva.

Al humo de las velas

Pero seamos sinceros. Escuadrón Suicida no es una película perfecta. De hecho, posiblemente no sea de las mejores de superhéroes. Y varios son sus problemas, que en principio no afectan al disfrute de estas aventuras, pero que sí pueden resultar determinantes para un tipo de público, sobre todo el más especializado. Para empezar, y como comentaba al inicio, DC Cómics llega tarde. Más bien, llega al humo de las velas a esta especie de fiesta en que se han convertido las películas de superhéroes. Con un tono más oscuro que su eterno rival, Marvel Cómics, la compañía ha querido resumir en un par de películas los años de trabajo en la pantalla grande que lleva su competidora. Y eso pasa factura, en algunos casos más grande que en otros.

En la película que nos ocupa, esto se traduce en una necesidad de presentar a demasiados personajes en una sola historia. Si algo han demostrado este tipo de films es que presentar a más de un personaje en la trama (además del héroe, claro está) tiende a ser un problema narrativo más que evidente. Ha pasado con todos, desde Spider-Man a Batman. Y si eso es así, ¿qué puede ocurrir cuando son 10 los roles a desarrollar? Aunque la opción elegida por Ayer no es la peor de todas, desde luego deja muchas lagunas. Para empezar, divide claramente la historia en dos, impidiendo un desarrollo más o menos profundo de la trama principal y su respectiva amenaza. Además, el director y guionista se ve obligado a desarrollar únicamente a los principales, dejando al resto a su suerte y a tratar de resumir su historia en una sola frase, con suerte en una mínima secuencia. Esta idea, aunque efectiva, termina por desdibujar a este grupo de villanos, convirtiendo a muchos de ellos en arquetipos lineales con poca o ninguna diferencia entre ellos, salvo sus habilidades y su aspecto, claro está.

Y precisamente los villanos es otro punto débil de la cinta. Puede parecer irónico que una cinta que se basa en un grupo de malos tenga como debilidad precisamente eso, pero así es. El problema es la necesaria humanización de los personajes. Todos ellos, sobre todo los principales, deben tener un aspecto con el que se puedan identificar los espectadores. Y esto termina siendo un problema, amén de escoger a actor como Will Smith (La verdad duele), héroe por antonomasia del cine de aventuras moderno, para un asesino a sueldo que parece más una figura paternal para el resto de supervillanos. La película utiliza dos herramientas para esa humanización, a cada cual más peligrosa. Por un lado, convertir a los presuntamente buenos, y en general a todos los que les rodean, en más malos que los propios villanos. Y por otro, demostrar que todos los malos lo que buscan, en realidad, es una vida tranquila, sencilla y en paz.

Eso es algo que no funciona, al menos no como vehículo para demostrar que son villanos sin escrúpulos que pueden lograr la redención con sus buenas acciones por un bien mayor. Y no funciona porque, además de que parecen héroes en lugar de antihéroes, los buenos parecen demasiado inocentes. Algo que representa a la perfección el personaje de Joel Kinnaman (serie House of cards), quien comienza la cinta aparentando un desprecio hacia su escuadrón de villanos y termina por ser amigo de asesinos, psicópatas y monstruos. Y ni siquiera la muerte inicial de un miembro del grupo puede eliminar la sensación de que estos antihéroes son héroes; para eso ya se cuidan mucho de que el único que muere es aquel que no tiene casi ni presentación. El resultado final es que Escuadrón Suicida funciona como película de superhéroes, no de supervillanos obligados a hacer el bien. Funciona por su entretenimiento, aunque falla en algunos aspectos que para muchos pueden ser fundamentales. Ahora bien, se disfruta mucho, tanto de la acción como del humor, de su banda sonora y de la locura que imprimen al conjunto Leto y Robbie. Al final, como todo, la película funciona porque se encuentra en un punto intermedio. Y puede que ese sea el problema.

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‘House of cards’ crece para mostrar el terror de la ambición en su 4ª T


Robin Wright y Kevin Spacey en la cuarta temporada de 'House of cards'La cuarta temporada de House of cards ha puesto de manifiesto dos cosas bien diferentes, una posiblemente más evidente y otra que merecería un estudio en profundidad. La primera, la evidente, es que un buen trabajo de personajes, con una historia sólida, es capaz de sobreponerse a todo tipo de críticas y a los puntos débiles que siempre existen en una trama. La segunda, la que debería estudiarse en las escuelas de guión, es que Beau Willimon (Los idus de marzo) ha sido capaz de hacer evolucionar la serie desde lo que parecía un punto de no retorno, ahondando en nuevos conflictos y ofreciendo giros inesperados por cuanto rompen con la tradición que hasta ahora se tenía en la producción.

Comenzaremos el análisis por este último. Después de tres temporadas en las que se ha abordado la ambición política y la crisis personal del matrimonio interpretado magistralmente por Kevin Spacey (Margin Call) y Robin Wright (Everest), estos 13 episodios, lejos de elegir entre uno u otro, han combinado ambas historias en algo mucho mayor, más complejos y con mucho mayor impacto. Dicho de otro modo, en lugar de enrocarse en su propia calidad, el producto de Willimon crece narrativa y dramáticamente hablando fusionando todos los aspectos que hasta ahora se habían abordado, en cierto modo, de forma independiente.

Así, esta cuarta temporada se convierte en una montaña rusa en la que los conflictos dan paso a la reflexión, la tormenta a la calma, y la paz al terror. Todo ello marcado por la ambición personal de dos personajes que han crecido a base de corrupción, de manipulación y del miedo que infunden en los que les rodean, sin miramientos hacia nadie y sin derramar una sola lágrima por los seres más queridos. En este sentido, la imagen final de la temporada de House of cards no solo resume a la perfección la esencia de cada capítulo, sino que abre las puertas a un nuevo escenario en el que el espectador ya no solo es cómplice de las artimañas de Frank Underwood; Claire Underwood, posiblemente más peligrosa, inteligente y despiadada que su marido, también se une al grupo.

Eso sí, no todo es una sinfonía política hábilmente interpretada. Estos episodios también incluyen la que posiblemente sea la mayor irregularidad dramática de toda la serie. La forma de resolver la trama secundaria protagonizada por Sebastian Arcelus (Lo mejor de mí) resulta algo burda, débilmente enlazada con el resto del desarrollo dramático y a todas luces introducido por una necesidad narrativa que no se podía, o no se sabía, resolver de otro modo. Si bien es cierto que el atentado contra el protagonista es necesario para romper con la dinámica establecida hasta ese momento, y que la desesperación del periodista desprestigiado y calumniado es más que evidente, la forma de mostrar los acontecimientos, así como la poca explicación de aquello que genera semejante reacción, queda entre unas tinieblas que no terminan de encajar en toda la historia. Claro que, viendo el desenlace posterior, casi resulta una mera anécdota.

Más y mejores personajes

Este crecimiento dramático y narrativo ha estado acompañado, como por otro lado cabía esperar, por la incorporación de más personajes, algunos mejores que otros, que han ofrecido no solo una mayor diversificación de las tramas secundarias, lo que ha sido un elemento clave de ese crecimiento, sino también una explicación a muchos aspectos de los protagonistas que se desconocían o, al menos, solo se intuían. Es el caso, por ejemplo, del rol interpretado por Ellen Burstyn (El secreto de Adaline), madre de la Primera Dama y clave para desentrañar algunos de los problemas y de las ambiciones del matrimonio protagonista.

En lo que a tramas secundarias se refiere, sin duda la principal es la representada por el principal enemigo de los Underwood en su carrera a la Casa Blanca. El papel interpretado por Joel Kinnaman (serie The Killing) representa ese nuevo modo de hacer política que, sin embargo, no deja de ser tan viejo como la propia sociedad. En este sentido, Willimon desgrana lo que podríamos considerar como nuevos políticos y nuevos partidos hasta desnudar una estrategia que, a pesar de redes sociales, falta de intimidad y transparencia, no deja de ser tan despiadada, cruel y mentirosa como la tradicional, lo cual todavía no sé si es más o menos peligroso.

Y a todo esto se suma, por supuesto, los tradicionales personajes secundarios, desde los más habituales (con luchas de poder a menor escala) hasta los más episódicos. Precisamente uno de ellos, el periodista interpretado por Boris McGiver (Lincoln) recoge el testigo dentro del cuarto poder para plantear una nueva amenaza a los Underwood, cuya respuesta por cierto es tan aterradora como impactante. En cierto modo, él es el desencadenante de lo que ocurra en una quinta temporada se muchos seguidores ya anhelan poco más de dos meses después de que finalizara en Estados Unidos.

Desde luego, esta cuarta temporada de House of cards es la mejor realizada hasta el momento. Y eso, en una serie convertida en producto de culto casi al instante, es mucho decir. Pero lo importante es comprender cómo ha sido capaz de superarse y de dejar atrás sus propias limitaciones. La ambición de los protagonistas y sus constantes traiciones personales han terminado por reventar la trama que hasta ahora se venía siguiendo, se han fusionado y han dado lugar a una criatura mucho más despiadada, más temible. Un proceso que ha elevado la serie hasta un nuevo concepto cuyas consecuencias tendrán que descubrirse a partir de febrero de 2017. Mientras tanto, siempre nos quedará ese último y escalofriante plano.

‘El niño 44’: sin crimen en el paraíso


Gary Oldman y Tom Hardy en un instante de 'El niño 44', de Daniel Espinosa.En una época cinematográfica en la que el apartado técnico ha alcanzado casi la perfección distinguir una buena película de otra mala es una ardua tarea. Hay excepciones, claro está, pero por regla general el lenguaje narrativo o los efectos visuales son similares de un film a otro. Ante esto, solo queda analizar la esencia, aquello por lo que siempre comienza una película: el guión. Puede ser repetitivo, pero con casos como la nueva película de Daniel Espinosa (Dinero fácil) es más que evidente que sin un buen guión nunca, jamás, podrá haber una buena película. Y un pequeño matiz: un mal guión no implica necesariamente malos personajes o situaciones inverosímiles.

No, un mal guión queda definido por su desarrollo dramático, por el tratamiento que hace de las líneas principal y secundarias de la trama. Y en esto falla estrepitosamente El niño 44, una suerte de thriller que deambula sin objetivo claro durante buena parte de su metraje en un intento por ofrecer al espectador algo más que la mera investigación de una serie de asesinatos en un entorno, el de la URSS, en el que no podían existir este tipo de crímenes por ser una enfermedad capitalista. Mal planteada desde el principio (para explicar la situación de los personajes no es necesario desarrollar secuencias completas), la película no posee un objetivo claro. Las revelaciones y los puntos de giro parecen ubicados en puntos de la trama equivocados, lo que genera una serie de desajustes alarmantes. Por poner un ejemplo, desde que se produce el primer asesinato hasta que el protagonista decide ponerse a investigar se suceden una serie de tramas secundarias que poco o nada aportan al thriller, salvo para convertirlo en un relato de envidias y corruptelas en el seno de la Unión Soviética. Y eso son unos 30 minutos.

Lo cierto es que lo mejor, y lo que salva un poco los muebles, es su reparto, que hace lo que puede con unos personajes poco definidos, básicos en sus motivaciones y que muchas veces actúan por instinto más que por unos objetivos claros. Cabe señalar en este sentido que los personajes secundarios son unos de los más damnificados por el mal diseño del guión, que les condena a tener presencia minoritaria a pesar de estar llamados a jugar un papel más relevante. Es lo que ocurre cuando la historia no fluye de forma natural, cuando se trata de obligar a los personajes y al propio desarrollo dramático a ir por un cauce en lugar de dejar que todo discurra por otro.

La verdad es que El niño 44 es un quiero y no puedo. Su intención de abarcar un sinfín de matices que definan el contexto social en el que transcurre la historia genera, en realidad, tantos desarrollos como historias tiene la película. Quizá la más absurda sea la persecución a homosexuales, sin relación alguna con los asesinatos y de una gratuidad asombrosa. Todos los problemas surgen, no cabe duda, de su mal elaborado guión, en el que las secuencias no solo no fluyen de forma orgánica, sino que están mal estructuradas. La cinta logra salvar en cierto modo su situación gracias a los actores y a una realización que, todo sea dicho, tiene un lenguaje interesante en algunos momentos que contrastan con otros caóticos y de caligrafía ininteligible. Las intenciones son buenas, pero aunque se trate de ocultar el crimen en el paraíso, las pruebas son tan evidentes que no queda más remedio que reconocer el delito.

Nota: 5/10

‘Una noche para sobrevivir’: un guión para superar con tiroteos


Ed Harris y Liam Neeson, dos amigos enfrentados en 'Una noche para sobrevivir'.Hay algo en el nuevo cine de Liam Neeson (Venganza) que atrae al espectador incluso sabiendo que lo que se está a punto de ver no es, ni mucho menos, lo mejor que puede dejar un actor de su categoría. Pero tal vez por eso, porque es un magnífico actor, es capaz de repetir frases, posturas y miradas en personajes casi fotocopiados de una película a otra sin que ello repercuta en el espectáculo… al menos no demasiado.

Y es que Una noche para sobrevivir tiene poco que añadir a lo mencionado en otros films de Neeson como “tipo duro” capaz no solo de disparar en las situaciones más inverosímiles, sino acertar al blanco con la máxima precisión. Da igual que sea un criminal, un policía o un agente secreto. El caso es resultar lo más frío posible a través de la sencillez y la simplicidad de una narrativa lineal, sin sorpresas y con mucha, mucha acción. Tramas, en definitiva, que pueden recordar vagamente a lo que en su día hizo Charles Bronson (El justiciero de la noche).

El conjunto lo ameniza Jaume Collet-Serra (La huérfana), especializado en dirigir a Neeson en todos los contextos imaginables. Su puesta en escena, aunque flaquea en algunas secuencias de acción, aprovecha foliaturas audiovisuales para hacer el producto más atractivo, una tarea en la que también tienen algo que decir los actores, sobre todo Ed Harris (Camino a la libertad), el único que parece querer aportar algo más a un personaje arquetípico.

El problema de Una noche para sobrevivir, al igual que el de el resto de películas similares, es que no hay nada en ella remarcable. Todo es correcto, es cierto, pero nada queda en la retina. Ni un giro argumental sólido, ni una secuencia brillante, ni un diálogo atractivo. La cinta pasa sin mayores problemas de una secuencia a otra entre persecuciones, tiroteos y miradas que matan más rápidamente que las balas. En definitiva, un producto para desconectar un par de horas de lo que hay fuera de la sala, pero nada más.

Nota: 5/10

Neeson tiene ‘Una noche para sobrevivir’ al ‘Lost River’ de Gosling


Estrenos 17abril2015Fin de semana de muchos estrenos, más o menos como lo ocurrido hace siete días. La única diferencia es que, en este caso, no hay ninguna película que pueda, a priori, erigirse como el principal estreno. Todos los films tienen atractivo en uno u otro sentido, para un tipo u otro de espectadores, y muchos de ellos con un reparto ciertamente interesante. Hoy viernes, 17 de abril, desde la comedia a la acción, pasando por el thriller o el drama, el espectador puede encontrar una amplia variedad de géneros.

Y por comenzar por una, destacamos Una noche para sobrevivir, nuevo film del español Jaume Collet-Serra (Non-Stop) que parece haberle cogido el gusto a dirigir cintas de acción de consumo tan rápido como la acción que se desarrolla en ellas. La historia arranca cuando un veterano mafioso y sicario de una importante familia neoyorquina, cuya vida transcurre entre alcohol y remordimientos por sus pecados del pasado, debe afrontar la decisión de defender a la familia a la que juró lealtad o a su verdadera familia. Todo porque su hijo, con el que perdió el contacto hace años, ha asesinado a un miembro de la familia, lo que le convierte en un objetivo. Entre los actores principales encontramos a Liam Neeson (Caminando entre las tumbas), Genesis Rodriguez (Tusk), Joel Kinnaman (serie The killing), Boyd Holbrook (Perdida), Ed Harris (Rompenieves), Vincent D’Onofrio (El juez) y Common (Selma).

Y esta semana también llega el debut como director y guionista de Ryan Gosling (Los idus de marzo). Lost River narra en clave de thriller fantástico la lucha de un padre por sacar a sus hijos adelante en los suburbios de Detroit. Para ello aceptará un trabajo que le abrirá las puertas a mundos que nunca hubiera imaginado. Mientras tanto, uno de sus hijos deberá hacer frente al acoso de un violento compañero de clase. Padre e hijo iniciarán un camino en el que nada es lo que parece y durante el cual se adentrarán en mundos mágicos. El reparto está encabezado por Christina Hendricks (serie Mad Men), Saoirse Ronan (Expiación), Iain De Caestecker (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Matt Smith (serie Doctor Who), Eva Mendes (Cruce de caminos) y Ben Mendelsohn (Mátalos suavemente).

Pasamos ahora a las novedades europeas, y entre ellas destaca La oveja Shaun: La película, adaptación de la serie británica de animación con plastilina escrita y dirigida por Mark Burton y Richard Starzak, ambos debutantes tras las cámaras. La trama sigue las aventuras de la oveja protagonista cuando decide tomarse un día libre en la granja y, por una serie de desafortunados incidentes, termina en plena Gran Ciudad con unos cuantos de sus amigos. Suya será la responsabilidad de que todos vuelvan sanos y salvos a su hogar. Entras las voces originales encontramos la de Justin Fletcher (serie Timmy Time), John Sparkes (Las chicas del calendario), Omid Djalili (Sexo en Nueva York 2) y Richard Webber.

Desde Francia nos llega Regreso a Ítaca, nuevo drama dirigido por Laurent Cantet (La clase) que aborda el paso del tiempo a través de la reunión que cinco amigos hacen en La Habana para celebrar el regreso del exilio de uno de ellos. Una reunión que se prolongará durante horas y en la que recordarán su juventud, sus aventuras y sus anhelos para el futuro, algo que contrasta con las decepciones que viven en el presente. El film cuenta con un reparto en el que destacan Isabel Santos (Casa vieja), Jorge Perugorría (Clara no es nombre de mujer), Pedro Julio Díaz Ferran, Néstor Jiménez (La guarida del topo) y Fernando Hechavarria.

También francesa es Clan salvaje, segundo largometraje de Jean-Charles Hue (La BM du Seigneur) que se enmarca en el mundo de las comunidades gitanas. El protagonista es un joven de 18 que está a punto de celebrar su bautismo cristiano. Será en ese momento cuando su hermanastro salga de la cárcel. Ambos se embarcarán en un viaje por el mundo de los “payos” en busca de cobre junto a su hermano pequeño, un chico problemático y violento. El film está protagonizado por un grupo de actores noveles encabezado por Frédéric Dorkel, Jason François, Michael Dauber, Moïse Dorkel y Philippe Martin.

La única representante española es Little Galicia, escrita y dirigida por Alber Ponte (El don de la duda) y que narra en clave cómica el viaje que realizan dos amigos a Nueva York. Uno de ellos, un golfo sin escrúpulos, debe asistir a una boda, aunque sus planes son otros muy distintos. El otro, un chico deprimido por un varapalo laboral, acepta acompañarle solo porque el viaje está pagado. Pero cuando lleguen a la ciudad y deba sustituir a su amigo en la boda, los enredos y los problemas no tardarán en aparecer. Adria Arjona, Paloma Bloyd (Perdona si te llamo amor), Stefano Villabona (Front cover), Amor Sanchez (Our boys), Inna Muratova y Luis Tosar (Musarañas) son algunos de sus protagonistas.

También pertenece a la comedia, aunque en un sentido diferente, La fiesta de despedida, cinta producida entre Israel y Alemania en 2014 cuya trama comienza cuando un grupo de amigos que conviven en una residencia de ancianos en Jerusalén deciden crear una máquina de eutanasia para cumplir con el último deseo de uno de ellos, enfermo terminal. Pero cuando la noticia empieza a extenderse por la residencia, más ancianos empiezan a pedirles ayuda, lo que les obligará a afrontar un dilema moral que no preveían. Tal Granit y Sharon Maymon debutan en el largometraje con esta historia protagonizada por Ze’ev Revach (White panther), Levana Finkelstein (A matter of size), Aliza Rosen (Himmo Melech Yerushalaim) e Ilan Dar (Tehilim).

Francia y Bélgica están detrás de La mecánica del corazón, cinta de animación del 2013 que gira en torno a un chico cuya vida pende de un reloj que reemplaza a su corazón. Y es que el día que nació hizo tanto frío que su corazón se paró, siendo sustituido por un reloj que le permitirá vivir siempre que siga tres reglas básicas, una de ellas no enamorarse. Pero cuando una joven andaluza entre en su vida desafiará todas las normas y se embarcará en un viaje que le llevará por toda Europa, y en el que conocerá las alegrías y los sufrimientos del amor. La película es la ópera prima de Stéphane Berla y Mathias Malzieu, autor de la novela en la que se basa y una de las voces originales del reparto, en el que también destacan Jean Rochefort (El artista y la modelo), Olivia Ruiz, Grand Corps Malade y Rossy de Palma (Kika).

El documental tiene como representante E Ágora? Lembra-me, cinta escrita y dirigida por Joaquim Pinto (Moleque de Rua) que narra el año de tratamiento experimental al que se sometió el director portugués en Madrid tras ser diagnosticado con el VIH y el VHC. El destino quiere que el día que comienza a tratarse el PP de Mariano Rajoy gana las elecciones. A través del relato íntimo de su lucha la película aborda temas como la crisis económica, los recortes en sanidad, el amor o, incluso, la historia del cine.

Y cerramos el repaso con un estreno que llega el sábado 18 de abril. Disney Junior Party es una experiencia interactiva para los más pequeños en la que se cuentan varias historias cortas protagonizadas por algunos de los personajes más de moda entre los niños, entre ellos Mickey Mouse, la Doctora Juguetes o la Princesa Sofía. Videoclips y juegos se intercalan en esta cinta dirigida por Jamie Mitchell (serie La princesa Sofía), Sherie Pollack (serie La casa de Mickey Mouse) y Norton Virgien (serie Doctora Juguetes).

‘The killing’ termina con una 4ª T apresurada que busca el final feliz


Mireille Enos y Joel Kinsman investigan un nuevo caso en la cuarta temporada de 'The killing'.Ha sido una de las series más interesantes de los últimos años. Sin embargo, su futuro siempre ha estado en vilo, siendo cancelada y renovada en varias ocasiones. Pero finalmente en este 2014 la cuarta y última temporada de The killing ha visto la luz, y como si de un fiel reflejo de lo que ocurre allende las fronteras de la ficción, los seis episodios con los que Veena Sud (serie Caso abierto) cierra los flecos que quedaron sueltos en la anterior temporada son, cuanto menos, irregulares, sobre todo en lo que respecta a sus protagonistas.

Y es que el principal motivo de esta especie de apéndice de la serie está pensado desde el principio para narrar qué ocurre con los dos policías después de descubrir la identidad del asesino de la tercera temporada. Para ello han sido necesarias muchas luchas en despachos y un cambio de productora (Netflix, responsable de Orange is the new black, es la encargada de este colofón). Y como no podía ser de otro modo, existe un asesinato, aunque la necesidad de acotarlo a media docena de capítulos resta complejidad a la trama. Además, el hecho de que buena parte del componente dramático esté relacionado con el final de la anterior etapa genera más expectación sobre los propios protagonistas que sobre el crimen en sí.

Protagonistas, por cierto, que sufren una serie de procesos emocionales de lo más errático. Tanto Mireille Enos (Sabotaje) como Joel Kinnaman (RoboCop) mantienen intactas las bases de sus personajes, pero Sud les lleva por un camino peligroso. Cuando uno sufre una crisis, el otro se mantiene firme. Y viceversa. Da la sensación en muchos momentos de estar ante una especie de toma y daca emocional en el que ninguno gana, lo que desdibuja sensiblemente a los personajes y, por extensión, el corazón de The killing. Buena parte de la responsabilidad de todo esto recae en el hecho de que ni el caso que investigan permite una obsesión como la de temporadas anteriores (por mucho que pretendan introducirlo con calzador en esa especie de relación materno filial con el sospechoso) ni genera los puntos de vista dispares entre los dos policías.

La problemática principal proviene, sin duda, de la longitud de esta cuarta temporada. La complejidad que tradicionalmente han tenido los personajes va en relación a la complejidad de los asesinatos que investigan. Tratar de introducir todo eso en apenas seis episodios es tarea imposible, y el resultado lo demuestra. Las intrigas policiales del asesinato se intuyen desde aproximadamente el tercer episodio; los dilemas morales que se extienden desde la temporada anterior se abordan de forma rápida y algo burda (dicho de otro modo, pierden los papeles demasiado rápido); y la resolución de ambas líneas argumentales se produce por una especie de deus ex machina disfrazado de uno de los personajes más importantes de la primera temporada.

Un final ‘made in Hollywood’

Aunque si algo bueno tenía The killing era su poco respeto por las estructuras tradicionales de Estados Unidos. Nutriéndose de la influencia del original (Forbrydelsen), la serie había sido capaz de crear unas complejas líneas argumentales en las que casi todos los personajes eran sospechosos de algo. En este sentido, sus responsables optaron por un desarrollo ajeno al “final feliz” tradicional de Hollywood, ofreciendo una serie de giros narrativos interesantes y determinantes para la trama. Tanto en el primer caso como en el segundo. Todo eso, empero, desaparece en esta última historia.

No me refiero con esto a la forma en que se solventa el caso arrastrado de la tercera temporada. Tampoco a la conclusión del crimen, algo previsible y con una argumentación un tanto burda. El problema reside en esa especie de secuencia anexa al resto que, vista en perspectiva, carece de sentido dramático alguno. Que los dos protagonistas terminen sugiriendo un futuro juntos teniendo en cuenta que en ningún momento se ha abordado el aspecto romántico es algo que chirría en todos los sentidos, sobre todo por la evolución que han sufrido los personajes.

El rol de Enos ha alcanzado a lo largo de las temporadas un grado de psicosis y de obsesión por su pasado y por los casos que investiga realmente alto. Por otro lado, la reconversión del policía al que da vida Kinnaman se entiende por la relación y la paternidad que está a punto de experimentar. La conclusión es que dichos personajes no solo pueden rehacer sus vidas de forma independiente, sino que el hecho de estar juntos resulta incluso contraproducente, sobre todo para él. Es por ello que la conclusión que se antoja más lógica es la que se produce unos minutos antes del final, con el personaje femenino yéndose en coche y él volviendo a su hogar.

Introducir ese final, que por cierto nada tiene que ver con las motivaciones iniciales de la temporada (es decir, no está relacionado con ninguno de los casos policiales) obliga al espectador a asistir a un final que, además, apenas encuentra explicación en el diálogo que mantienen los personajes. Nada se sabe de los motivos de cada uno para encontrarse en la situación que se encuentran años después. Lo único que parece estar claro es que sus vidas separados son tan grises como el ambiente de Seattle en el que transcurre la ficción. Y eso, para una serie que encuentra explicación para el más ínfimo detalle, es algo de difícil argumentación.

Parece evidente que esta última temporada de The killing se ha planteado simplemente como una conclusión a la historia de sus protagonistas, no como una auténtica trama en la que los personajes deban enfrentarse a sus propios miedos a través de un nuevo crimen. La duración de esta conclusión y, en consecuencia, el desarrollo de las dos tramas principales así lo confirman. Con todo, el balance general de la temporada no es excesivamente malo si no se atiende demasiado a ese epílogo propio de un drama romántico ‘made in Hollywood’ que choca frontalmente con el sentido general de la producción. Una finalización, por tanto, que viene a representar las idas y venidas de una serie que habría merecido algo mejor en su despedida.

‘RoboCop’: el fantasma dentro de la máquina


Joel Kinnaman es 'RoboCop', y Gary Oldman es el doctor que ayuda a crearlo.Habrá muchos que piensen que los remakes del cine de los años 80 y 90, sobre todo si las películas han alcanzado la categoría de iconos, son innecesarios y contraproducentes. En cierto modo es verdad. Pero hay ocasiones, y esta nueva versión del policía mitad hombre mitad robot lo es, en que la renovación del personaje y la trama se transforma en una especie de sentido homenaje cuyas diferencias principales estriban, sobre todo, en la necesidad de aportar una visión actualizada, intentando en la medida de lo posible respetar el espíritu de aquello en lo que se basan.

La película de José Padilha (Tropa de élite 2) se define casi desde el primer minuto gracias a ese uso deliberado y acertado de la banda sonora original acompañando al título del film en tamaño superlativo. Tradición y modernidad en una sola imagen que permite al espectador saber a lo que atenerse. Y no falla, la verdad. Este nuevo RoboCop tiene algunos momentos realmente brillantes en lo que a acción se refiere, pero además aporta algo de lo que su modelo carecía: el proceso de creación del personaje. No me refiero tanto a su creación técnica (si bien Padilha hace hincapié en la reconstrucción por piezas del policía), sino a su creación psicológica. El film muestra cómo la idea de un hombre dentro de la máquina se transforma, por necesidad, en una máquina dentro de un hombre. Empero, el meollo de la trama sigue siendo esa idea, tal vez etérea pero bien resuelta, de que por mucho que se quieran controlar las emociones de un ser humano, siempre habrá algo que luchará por aparecer y devolvernos nuestra humanidad. Llámese alma, conciencia o el fantasma dentro de la máquina.

Asimismo, la incorporación a la trama del personaje de la mujer (Abbie Cornish) y el hijo aportan un mayor grado de profundidad dramática a este nuevo policía metálico interpretado con solvencia por Joel Kinnaman (serie The killing). Sin embargo, la película, como suele ocurrir en estas ocasiones, debe luchar contra el mayor escollo que existe: el recuerdo, es decir, la idea que subyace en el colectivo de aquel primer RoboCop de 1987. Más allá de que el film original sea mejor o peor, su estatus de clásico del género la convierte en un problema para disfrutar de esta nueva versión. Las comparaciones son odiosas. Si a eso sumamos algunos elementos tan innecesarios como el personaje de Samuel L. Jackson (Cleaner), que no solo aporta muy poco sino que rompe el desarrollo natural de la trama, el film pierde algo de la fuerza que por derecho le corresponde.

Desde luego, esta versión dirigida por Padilha está pensada tanto para aquellos que conozcan el personaje como para los que se aproximen a él por primera vez. El contexto social y político, así como los aspectos emocionales de RoboCop, están actualizados y mucho más desarrollados. Es un film entretenido y con visos de poder ser, con los años, una muy buena propuesta de ciencia ficción y acción. Pero lucha contra la propia leyenda de su icono principal y eso, aunque los propios responsables sean conscientes, es difícil de sobrellevar.

Nota: 7/10

‘RoboCop’ llega en San Valentín cuando ‘Todo está perdido’


Estrenos 14febrero2014El fin de semana que comienza hoy viernes, 14 de febrero, no está marcado únicamente por el carácter romántico y comercial de la fecha. En lo que se refiere a estrenos, es prácticamente el primer día de estreno en el que no llegan películas nominadas a los Oscar. Salvo una de las propuestas, que tiene una participación en una categoría de las mal llamadas “inferiores”, y una nominada a la Mejor Película de habla no inglesa, el resto son propuestas destinadas única y exclusivamente al entretenimiento, algunas desde la acción y otras desde la comedia y el romanticismo. Aunque si hay que destacar alguno de los films, ése es sin lugar a dudas el remake del robot policía más famoso del cine.

En efecto, la nueva versión de RoboCop llega hoy a las pantallas españolas. Nuevos rostros delante y detrás de las cámaras para una historia que, aunque mantiene a grandes rasgos la trama original, presenta algunas novedades. La base narrativa, por tanto, sigue siendo la de un policía que lucha por acabar con la ola de crímenes de su ciudad. Cuando es gravemente herido en acto de servicio una empresa dedicada a la robótica y el armamento decide utilizar su conciencia y aquellas partes de su cuerpo que logran recuperarse para dar un paso más en la tecnología y crear un hombre con las cualidades únicas de una máquina. Sin embargo, buena parte de los protocolos introducidos en su cerebro empiezan a fallar cuando el hombre, poco a poco, tome control sobre su lado tecnológico y se rebele contra el control de una corporación a la que solo le interesan los beneficios económicos. Con un aspecto y unos efectos especiales de última generación, este reinicio de la saga está dirigido por José Padilha (Tropa de élite), teniendo como principal protagonista al televisivo Joel Kinnaman (serie The killing), que está arropado por un buen puñado de nombre conocidos como Gary Oldman (El caballero oscuro: La leyenda renace), Michael Keaton (Batman), Samuel L. Jackson (Oldboy), Abbie Cornish (Siete psicópatas), Jackie Earle Haley (Lincoln), Michael K. Williams (serie Boardwalk Empire) y Jay Baruchel (Juerga hasta el fin).

Aunque la mejor representante del ideal que representa el día de hoy es Cuento de invierno, romántica historia de amor a través del tiempo escrita y dirigida por Akiva Goldsman, guionista de Una mente maravillosa (2001) entre muchas otras y que debuta en la dirección de largometrajes. Basada en la novela de Marlk Helprin, el argumento gira en torno a un ladrón que se cuela en una casa pensando que no hay nadie. Cuando se encuentra con la hija enferma del propietario de la casa ambos se enamoran, pero la muerte de ella desencadenará una serie de acontecimientos que abarcarán más de un siglo de la historia de Nueva York, y que tendrán como protagonista al ladrón que, por diversos motivos, logra no envejecer durante todos esos años. Con Colin Farrell (La venganza del hombre muerto) como principal protagonista, la cinta cuenta además con Jessica Brown Findlay (serie Downton Abbey), Russell Crowe (El hombre de acero), Jennifer Connelly (Un invierno en la playa), William Hurt (Robin Hood), Matt Bomer (In time) y Will Smith (After Earth), entre otros.

Por su parte, Robert Redford vuelve a la cartelera española tras Pacto de silencio (2012) con Cuando todo está perdido, si bien en esta ocasión solo se pone delante de las cámaras. Es más, es el único que se pone delante de ellas, pues este drama marítimo narra la odisea que vive un veterano marinero cuando, durante un viaje en solitario por el Océano Índico, se despierta una mañana alarmado por una fuga de agua en su velero. Para colmo de males, se aproxima a una tormenta que amenaza con destrozar su barco. A pesar de que logra sobrevivir y reparar el navío, sus problemas empeoran a medida que pasan los días y se va quedando sin víveres y recursos con los que llegar a tierra firme o pedir ayuda. La cinta está escrita y dirigida por J. C. Chandor (Margin Call).

Y así concluyen los estrenos procedentes de Estados Unidos. En lo referente a la producción española, destaca la película Sólo para dos, comedia romántica con participación argentina que cuenta las dificultades amorosas de un matrimonio que regenta un hotel en el Caribe en el que solo se hospedan parejas. La falta de pasión de su relación y la presencia del primer soltero desde que se abrió el hotel darán lugar a mentiras, celos y un sinfín de enredos. Roberto Santiago (Al final del camino) es su director, mientras que el reparto principal lo conforman Santi Millán (La habitación de Fermat), Martina Gusman (Elefante blanco), Nicolás Cabré (Tres de corazones), Antonio Garrido (La chispa de la vida), Dafne Fernández (La caja 507) y Mariam Hernández (Amigos…).

Junto a ella, un drama de corte histórico y religioso que, con el título Bajo un manto de estrellas, narra los primeros días de la Guerra Civil desde el punto de vista de unos dominicos en un convento de Almagro, y cómo estos religiosos vivieron la incertidumbre de aquellos acontecimientos iniciales. Dirigida por Oscar Parra de Carrizosa (La presencia), la cinta está protagonizada por actores debutantes o poco conocidos como Manuel Aguilar (Reina Zanahoria), Zack Molina, Sergio Raboso, Antonio Esquinas (23-F: La película), Juan Salcedo y Víctor Merchán (Erzsébet).

En cuanto al cine europeo, dos son las propuestas que se estrenan hoy, y ambas llegan con algo de retraso a España. Por un lado tenemos Alabama Monroe, film nominado a los Oscar que sigue los acontecimientos que debe superar una pareja cuyo amor no se ha apagado durante siete años, tiempo en el que han tenido una hija. Pero cuando el destino ponga a prueba su relación será el momento de comprobar si realmente el lazo que les une es tan fuerte como ellos creían. Drama y romance en su máxima expresión en esta producción belga de 2012 que está dirigida por Felix Van Groeningen (Steve + Sky) y protagonizada por Veerle Baetens (Loft), Johan Heldenbergh (Turquaze), Nell Cattrysse, Geert Van Rampelberg (Swooni), Nils De Caster y Robbie Cleiren (Dirty mind).

Cierra las novedades de la cartelera La segunda mujer, cinta producida en Austria durante 2012 enmarcada en las tradiciones y la cultura musulmanas. La trama se inicia cuando una joven celebra su boda en el pequeño pueblo donde vive. Aunque en un principio todo el mundo piensa que se casa con un joven apuesto, la realidad se desvela cuando viaja a Viena para empezar su vida con su nuevo marido: el padre del joven. Su presencia no es bien recibida por los hijos del hombre, pero su primera esposa la aceptará como una digna sucesora que sabrá cuidar de la familia cuando ella no esté. Sin embargo, una serie de acontecimientos pondrán a prueba todas las relaciones y las tolerancias que surgen con su presencia en la casa. Ópera prima de Umut Dag, su reparto cuenta con Nihal G. Koldas (Adalet oyunu), Begüm Akkaya (Ask tutulmasi), Vedat Erincin (Todo un hombre), Murathan Muslu (Das pferd auf den balkon), Alev Imak y Aliye Esra Salebci (Yüregine sor).

T. 3 de ‘The killing’, personajes más complejos para un nuevo crimen


Mireille Enos y Joel Kinnaman investigan otro caso en la tercera temporada de 'The Killing'.Así como hay libros que se adaptan a la televisión o al cine, hay productos audiovisuales que perfectamente podrían convertirse en una novela, tanto por su trama como por las idas y venidas de su producción. No cabe duda de que uno de esos casos es The killing, versión norteamericana de la serie Forbrydelsen, que a principios de agosto finalizó su tercera temporada en Estados Unidos y que, tras dos cancelaciones y dos resurrecciones, finalmente verá una cuarta temporada a modo de epílogo que aporte una cierta coherencia a la conclusión, sobre todo, de los personajes. Y no deja de resultar curioso, la verdad, que un producto tan interesante como este haya tenido tantos problemas para seguir adelante, sobre todo teniendo en cuenta las numerosas producciones sin alma propia que circulan por los canales públicos y de pago.

Por cierto, lo de “alma propia” no es casualidad. Si la primera temporada se planteó como un remake puro y duro del original danés, la segunda dio un giro radical, no solo por alargar la trama de la primera parte (hay que recordar que en la versión europea cada caso es una temporada), sino por ofrecer una resolución radicalmente distinta, demostrando entre otras cosas que la serie tiene algo que ofrecer. Ahora, esta tercera temporada de 12 episodios va un paso más allá y narra un caso completamente distinto del original (al menos del que correspondería al segundo caso en Dinamarca) y se postula como una obra única, independiente y, sobre todo, muy interesante en sus propios giros argumentales. Para aquellos que no hayan visto todavía la temporada, esta comienza presentando a los personajes unos meses después de la conclusión del anterior caso de la joven desaparecida. Sarah Linden (Mireille Enos) trabaja en un puerto y Stephen Holder (Joel Kinnaman) tiene un nuevo compañero con el que debe iniciar la investigación del brutal asesinato de una joven prostituta. Pronto el caso queda relacionado con otro que Linden investigó hace años y por el cual un hombre está en el corredor de la muerte, uniendo de nuevo sus caminos para resolver el rompecabezas.

Evidentemente, y aunque la premisa inicial pueda parecer sencilla, esta nueva temporada de The killing posee todos los elementos que caracterizan a la serie, desde la compleja psicología del personaje de Mireille Enos (Guerra Mundial Z) hasta los oscuros recovecos de una investigación que tiene múltiples callejones sin salida, numerosos sospechosos y un trasfondo social y criminal mucho más complejo de lo que podría esperarse. Y al igual que en otras temporadas, el villano de la función queda oculto hasta el final, iniciando un juego con el espectador por adivinar la verdadera identidad que normalmente perderemos los que estamos a este lado de la pantalla. Este es, entre otros, el mayor aliciente de la producción. La facilidad de su creadora, Veena Sud (responsable también del original), para orquestar un sinfín de tramas secundarias con características para convertirse en principales pero sin llegar nunca a serlo es fascinante. Curas con un pasado oscuro, un hombre inocente y sospechoso al mismo tiempo en el corredor de la muerte, un joven con unos gustos sexuales un tanto especiales. Todos y cada uno de ellos de una profundidad moral y psicológica que normalmente no tienen secundarios de este tipo y, por tanto, todos con unas grandes posibilidades de convertirse en villanos.

Sin duda es este el otro gran atractivo de la serie, derivado del anterior. En todo momento de esta tercera temporada la serie se toma muy en serio a cada personaje. Apenas deja nada al azar, e incluso aquello que uno no llega a comprender o que puede parecer inconexo encuentra su explicación en la revelación del último episodio, por cierto mucho más impactante y perturbadora que la de la segunda temporada y, en cierto sentido, que las de la serie danesa. La calidad de los personajes, más allá de los protagonistas (de los que hablaremos a continuación), es lo que convierte a la serie, independientemente de sus tramas bien estructuradas o de un diseño visual que le debe mucho, muchísimo, a Seven (1995), en una de esas producciones que enganchan desde el primer momento, que mantienen al espectador esperando el siguiente capítulo para encontrar la solución del acertijo. Por cierto, y en relación a la película de Brad Pitt, decir a modo de detalle que el final de esta tercera temporada es un claro homenaje al final de aquella.

Intercambio de protagonismo

Aunque si hay algo realmente novedoso en esta temporada de The killing es el flujo de importancia y poder que se ha producido entre sus protagonistas. Si bien es cierto que el personaje de Enos sigue teniendo un peso específico e imprescindible en el caso a investigar, el personaje de Kinnaman sufre, por decirlo de algún modo, una evolución camaleónica para convertirse, psicológicamente hablando, en un rol muy similar al de su compañera. En otras palabras, la obsesión que caracterizó a Sarah Linden en temporadas anteriores queda ahora en manos de Stephen Holder. Un cambio que, personalmente, se agradece, entre otras cosas por Kinnaman demuestra un carisma pocas veces visto hasta ahora que lo convierte, por derecho propio, en el protagonista de la trama. No sé si atribuirlo a su aumento de peso (posiblemente para protagonizar RoboCop) o a la consciente importancia que se le otorga en la historia, pero desde luego hace sombra, casi literalmente, al resto del reparto. Y eso que no estamos hablando de malos actores.

Lo cierto es que, mientras en las temporadas anteriores la práctica totalidad del interés recaía en la protagonista, esta nueva tanda de capítulos reparte ese peso, permitiendo a la serie ganar en interés y crecer no solo dramáticamente, sino en complejidad. Queda así, por tanto, solventado uno de los problemas, por decir algo, que se daban antes: la proliferación de secundarios sin recorrido. El hecho de repartir un caso policial en dos temporadas obligaba a sacarse de la manga un sinfín de posibles villanos cuyo desarrollo era mínimo. Ahora, sin embargo, la limitación temporal y de personajes (por cierto, más tradicional dentro del género) obliga a una mayor evolución, a una presentación más profunda de sus motivaciones y de sus claroscuros. La mejor prueba de que se ha mejorado en este sentido es el personaje de Peter Sarsgaard (Blue Jasmine), el reo en el corredor de la muerte cuya trama personal en la cárcel corre en paralelo a la principal casi hasta el final. Por cierto, un final crudo, difícil y asépticamente bello en su resolución.

Su complejidad juega en todo momento con la idea de que existe algo más de lo que se cuenta en un primer momento sobre él, algo que se desvela progresivamente durante la temporada y en proporción directa a la proximidad de su ejecución. Es más, podría decirse que su arco dramático con los demás presos y los guardias es una serie en sí misma. Pero no es el único personaje interesante. El papel de Elias Koteas (Shutter Island) y, sobre todo, su pasado con el personaje de Enos, es uno de esos roles capaces de aportar algo casi con su mera presencia, por no hablar de la resolución que se le da al trío amoroso entre él, su mujer y Linden.

Todo ello, en definitiva, convierten a esta tercera temporada de The killing en una entrega mucho más completa y compleja que sus predecesoras, con un trasfondo social y criminal más interesante y con unos personajes mucho más desarrollados. El hecho de aprovechar al máximo las cualidades de los dos protagonistas ofrece, además, muchas más salidas narrativas al conjunto de la producción. El riesgo que se corre, claro está, es el de derivar en una serie típica con pareja de policías en el centro de la trama. Sin embargo, ni el tono general de la serie ni el futuro parece que lo vayan a permitir. Tan solo seis episodios es lo que tendrá la cuarta temporada, según las informaciones publicadas. Lo justo para resolver la complicada situación en la que terminan estos últimos 12 capítulos. Lo justo para cerrar como se merece una serie como esta.

Tráiler de ‘RoboCop’: mejores efectos y nuevo color reviven el clásico


Joel Kinnaman es 'Robocop' en este remake en el que sustituye el gris por el negro.El cine de los años 80 parece estar cada vez más de moda. O al menos eso es lo que desde Hollywood quieren intentar imponer. Ya sea a través de remakes o de cintas que directamente homenajean las bases narrativas y las estrellas de algunos de aquellos films (estoy hablando de la saga Los mercenarios), buena parte de las historias que se hicieron inmortales en esa época regresan a la pantalla grande con los medios actuales. Una de las últimas en sumarse es RoboCop, remake del famoso film de 1987 dirigido por Paul Verhoeven, realizador de la también reinterpretada Desafío Total. El pasado viernes se publicaba el segundo y más completo avance del film, y a tenor de lo visto parece claro que mantiene la tendencia de otros remakes.

Una tendencia que lleva la historia hasta el exceso en sus aspectos formales pero que intenta, con mayor o menor fortuna, mantener parte del espíritu del original. Por seguir con la comparación de la otra película dirigida por Verhoeven, en esta ocasión el desarrollo dramático del personaje principal, salvo algún detalle, parece mantenerse intacto, así como las motivaciones de los villanos, introduciendo algunos cambios interesantes que se pueden ver en el tráiler, como son los intereses de la corporación encargada de producir los robots que, como no podía ser de otro modo, homenajean a los originales pero introducen otros nuevos. La trama, por tanto, sigue los pasos del original: la compañía OmniCorp pretende implantar en Estados Unidos la tecnología robótica que tantos beneficios le ha reportado al ser usada en zonas de conflicto por el ejército. La oportunidad les llega cuando un policía resulta gravemente herido, permitiendo a la empresa poner en práctica uno de sus mayores deseos: crear la combinación perfecta entre hombre y máquina. El resultado es un éxito, pero con lo que no contaban es con la conciencia de un ser humano capaz de romper las reglas que se imponen a un robot.

Como decíamos antes, este nuevo RoboCop es más en todos los sentidos. Incluso en el color, luciendo un intenso negro que sustituye en buena parte de los planos al gris original (que, por cierto, se deja ver al final). Aunque lo más impactante son, sin duda, sus secuencias de acción y violencia, más elaboradas (lógicamente) que en el film original, aunque no por ello necesariamente mejores. Uno de los aspectos más criticados es la necesidad de realizar un remake de este tipo. El film original, con sus virtudes y sus defectos, posee el estatus de clásico, y eso es algo complicado contra lo que luchar. Empero, no es menos cierto que los tiempos cambian, y una revisión de un personaje como este, con los nuevos medios, se antoja interesante.

Más si tenemos en cuenta que el director, José Padilha (Tropa de élite), parece intentar mantener el espíritu y el mensaje que se hallaban en el film de Verhoeven, algo que se aprecia incluso en estos primeros minutos de avance. Desde luego, si hubiese que fiarse por el reparto, la película promete: Joel Kinnaman (serie The killing) será el encargado de dar vida a RoboCop, pero no es el único rostro conocido. Gary Oldman (Batman Begins), Michael Keaton (Los otros dos), Samuel L. Jackson (Los Vengadores), Abbie Cornish (Sucker Punch), Jackie Earle Haley (Watchmen), Jay Baruchel (Juerga hasta el fin) y Michael K. Williams (serie Boardwalk Empire) completan el reparto. Eso sí, para averiguar si es un digno relevo del film original habrá que esperar hasta el 7 de febrero del 2014 en España, y unos días más para verla en Estados Unidos. Por ahora, el tráiler lo tenéis a continuación.

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