‘Supergirl’ se entrega a la comedia dramática adolescente en su 2ª T.


No voy a defender que Supergirl sea una gran serie de superhéroes. Más bien, un entretenimiento inocente con superpoderes y efectos especiales de por medio. Pero la primera temporada presentaba, en cierto modo, varios conceptos interesantes relacionados con el mundo de los cómics y, en concreto, de DC Cómics. Todo eso parece haberse perdido, o al menos atenuado, en los 22 episodios de la segunda parte, que terminaron de emitirse en Estados Unidos en mayo y que, durante su desarrollo, han pasado por todo tipo de cambios para reubicar a la heroína de la capa en un contexto más adolescente, más romántico si se prefiere, con problemáticas que, en el fondo, se alejan en su mayoría de los valores promulgados en la anterior etapa.

Posiblemente todo esto tenga algo que ver (o mucho) con el cambio de cadena, pero sea como fuere la serie creada por Ali Adler (serie The New Normal), Greg Berlanti y Andrew Kreisberg (ambos autores de Arrow) ha dado un giro conceptual más que notable, tanto por el sentido que han adquirido las aventuras de la última hija de Krypton como por el tratamiento que los personajes, sobre todo los secundarios, han pasado a tener. Y este es el caso más llamativo. A lo largo de la primera temporada se construyeron una serie de relaciones y se presentaron diversas tramas secundarias que parecían estar llamadas a complementar los combates de la prima de Superman. De golpe y porrazo, o mejor dicho a golpe de teclado, sus responsables han eliminado buen parte de ese universo construido, han desaparecido personajes que tuvieron cierto impacto en la historia y se ha dado un nuevo sentido a algunos personajes. El caso más evidente es el de la hermana de la protagonista, interpretado por Chyler Leigh (Brake).

Muchos cambios, en efecto, pero lo relevante es si influyen, y cómo, en el desarrollo de Supergirl. Desde luego, la respuesta más inmediata y genérica es que sí, influyen y mucho. Y como en cualquier producción, la subjetividad juega un papel fundamental. Por un lado, todas estas modificaciones aportan al conjunto mayor dinamismo, incidiendo más en la aventura y en el carácter despreocupado y “blanco” de la serie. Dicho de otro modo, la segunda temporada acentúa el carácter más luminoso de la protagonista y, por ende, de la serie, acercándola a otras producciones como The flash en su primera temporada. Poco importa que el villano de turno sea más o menos poderoso; poco importan las dificultades de la heroína. Al final, todo sale bien, en algunos casos con ayuda (la incorporación de Superman, al que da vida Tyler Hoechlin -serie Teen wolf– es de lo más acertado de la trama) y en otros por su cuenta, lo que resta gravedad a la narración y la presenta como puro entretenimiento.

Pero por otro, convierten a la historia en una producción más de corte adolescente, con problemas amorosos que parecían superados, incluso, en algunos momentos de la primera temporada. Y esto, a priori, no sería algo negativo si no fuera porque el recorrido de estas tramas secundarias, al menos hasta el tercio final de la historia, es prácticamente inexistente, lo que evidencia la falta de fuerza de las mismas. Esto obliga a un tratamiento circular, es decir, a presentar un desarrollo positivo, un conflicto (si no el mismo, muy similar) que ponga en valor aún más la relación romántica, una disculpa (verbal o de acción) y vuelta a empezar. Posiblemente lo mejor de este caso es que, con el final que han tenido estos 22 capítulos, se ha apostado fuerte por hacer avanzar la acción y plantear una tercera temporada con nuevos retos. Al menos a tenor de las últimas imágenes.

Los Luthor, omnipresentes

Dejando a un lado el tratamiento dramático de la historia, la segunda temporada de Supergirl también confirma una idea que parecía entreverse en la primera tanda de episodios, y es el hecho de que sus creadores parecen haber hecho una apuesta clara por convertir este universo en la versión femenina de Superman, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Si en la anterior temporada se hizo a través de varios villanos tradicionalmente asociados al hombre de acero, en estos capítulos la presencia de la familia Luthor no hace sino confirmar ese aire de homenaje al superhéroe más icónico de DC. Y como no podía ser de otro modo, el nombre del archienemigo de Superman está representado por mujeres. No una, sino dos. Es evidente que su presencia en esta temporada, además de apoyar algunas tramas secundarias, tiene por objetivo crear toda una estructura que permita construir una auténtica confrontación héroe-villano capaz de perdurar en el tiempo y que sea ajena, en cierto modo, a las historias de cada temporada.

De este modo, el clan Luthor está llamado a convertirse en el otro pilar fundamental de la serie, una suerte de enemigo con el que jugar al gato y al ratón con el espectador. La labor en este caso de Katie McGrath (Jurassic World) y la química con Melissa Benoist (El viaje más largo) serán fundamentales para poder sostener el delicado equilibrio entre la amistad y la enemistad de ambos personajes, así como para decantar hacia un lado u otro en el momento exacto y con un desarrollo coherente.

Lo que también parece que va a aprovechar la serie es toda la iconografía cultural generada alrededor del héroe de la capa roja, lo que por cierto consolida esa versión femenina de Superman en que parece convertirse esta serie (y que personalmente considero que es un error). La presencia en esta temporada de Teri Hatcher, la Lois Lane de Lois & Clark: Las nuevas aventuras de Superman, unida a la ya conocida de Dean Cain (Superman en la misma serie) crean todo un metalenguaje que los más fieles seguidores del personaje y sus diferentes adaptaciones en cine y televisión comprenderán mejor que nadie. El guiño de Kevin Sorbo, protagonista de otra conocida serie como es Hércules: Sus viajes legendarios, apoya además la teoría de que la serie contará con la presencia de actores a los que se asocia con clásicos personajes del cine o la televisión.

No se puede decir que Supergirl haya sido nunca una serie oscura, o al menos dramática, como puede serlo Arrow. Sin embargo, esta segunda temporada ha experimentado un giro hacia el drama adolescente que ha afectado significativamente al desarrollo de la trama. Primero porque han surgido personajes casi de la nada que han arrastrado con ellos una serie de historias secundarias cuyo encaje en el universo ya creado de la trama principal es cuanto menos cuestionable. Segundo porque ha habido secundarios que, o bien se han quitado de en medio de un plumazo, o bien se les ha dado una salida un tanto, digamos, increíble (que el fotógrafo James Olsen se convierta en justiciero es de lo más surrealista que puede existir). El final de la temporada, abierto como es habitual, deja la esperanza de que, una vez sentadas todas las bases del cambio experimentado en estos 22 episodios, la serie recupere cierta normalidad.

‘Supergirl’, o cómo convertir una 1ª T. en un cúmulo de referencias


Melissa Benoist da vida a 'Supergirl' en su primera temporada.Si Arrow fue la punta de flecha del mundo DC en la televisión, The Flash se ha convertido en el producto irónico y destinado a distraer al espectador. Y con estas referencias, la nueva superheroína necesitaba diferenciarse de algún modo de sus predecesores. Es por eso que Supergirl ha tenido que recurrir a una fórmula ya conocida aunque no por ello menos eficaz. Ali Adler (serie The new normal) y los creadores de este mundo superheroico en televisión, Greg Berlanti y Andrew Kreisberg, optan por el humor adaptado a una serie de referencias cinéfilas, seriéfilas y de los cómics originales que buscan en todo momento hacer las delicias de los más fieles seguidores, pero que pierden por el camino una importante máxima narrativa.

Dicha máxima es, precisamente, que cualquier historia tiene que intentar llegar al máximo número de receptores posible. Ahí estuvo, por ejemplo, el éxito del arquero verde. El problema de esta prima del hombre de acero es que en su primera temporada de 20 episodios apenas ha tenido una definición propia. Todo en ella recuerda a algo, sobre todo si se tiene cierto conocimiento del universo en el que transcurre la historia. El dibujo de la heroína principal, a cargo de Melissa Benoist (Whiplash), no tiene grandes dilemas internos y presenta unos valores rectos que la convierten en una “niña buena”. Los villanos, ya sean terrícolas o extraterrestres, la atacan por miedo, por ignorancia o por venganza. Y ella al final salva el mundo aunque el mundo no quiera ser salvado.

El arco dramático de la protagonista y de estos primeros pasos de Supergirl se convierte, de este modo, en un refrito de historias, en una sucesión de aventuras que, aunque tiene un cierto hilo conductor dramático relacionado con el pasado de los protagonistas, en el fondo no ofrece ninguna carga dramática añadida a un presunto trasfondo moral o personal de la heroína. Dicho de otro modo, con roles más o menos planos las historias se vuelven, pues eso, planas, y en consecuencias las aventuras, recurriendo a notables efectos digitales, buscan únicamente un entretenimiento sencillo, directo e intrascendente.

Con todo, esta primera temporada logra en su tercio final ofrecer al espectador algo más, una cierta complejidad dramática que desvela ciertas caras ocultas hasta ese momento de muchos de los personajes principales. Esto, unido a decisiones poco ajustadas a la recta moral de la heroína, hacen que la trama apunte a algo diferente que habrá que descubrir en su segunda etapa, estrenada hace algunas semanas y que, aunque es evidente que no modificará sustancialmente su esencia, sí podría aportar algo más de entramado narrativo a un desarrollo excesivamente lineal y deliberadamente carente de conflictos reales más allá del malo de turno al que derrotar.

Secundarios al poder

Curiosamente, y esto empieza a ser algo habitual en este tipo de producciones, los personajes más interesantes son los secundarios. Frente a la debilidad inherente del personaje de Supergirl (debilidad dramática, claro está), roles como el de Calista Flockhart (serie Cinco hermanos) o el villano/aliado interpretado por Peter Facinelli (Crepúsculo) se convierten muchas veces en auténticos protagonistas de la trama por encima de la mujer de acero. Y esto, en cierta medida, también es una traslación de lo que le ocurre al personaje de Superman, lo que no deja de confirmar que esta serie es una suerte de reinterpretación de sus aventuras en clave femenina, cuando en realidad debería ser algo diferente.

Y me explico. Frente a la ausencia de Lois Lane o de Lex Luthor, los creadores de la serie se han buscado a una periodista con garra y que lucha por lo que considera correcto que interpreta magníficamente Flockhart, no sin ciertas referencias a aquel rol que plasmó para la eternidad Margot Kidder en Superman (1978), y que al final se convierte en un modelo para la joven heroína tanto dentro como fuera de la redacción en la que trabaja. Del mismo modo, aunque de forma menos evidente, la interpretación de Gene Hackman (Sin perdón) en aquel film también está presente en la labor de Facinelli, a medio camino entre el odio a lo que no conoce y la necesidad de hacer el bien. Por supuesto, la influencia de Lex Luthor se aprecia más en el aspecto del odio.

Ambos personajes son, sin embargo, solo un ejemplo de lo que ocurre en esta serie. En realidad, la historia sobre esa organización secreta que protege al planeta de los extraterrestres o todo lo que tiene que ver con el pasado de la protagonista son los grandes pilares narrativos en los que se sustenta esta primera temporada. Y en mayor o menor medida, aunque todos ellos cuentan con la heroína como nexo de unión, en realidad el personaje de Benoist no deja de ser eso, un nexo que podría cambiarse o sustituirse y no pasaría nada, o al menos no demasiado. Dicho de otro modo, su influencia en las diferentes historias que aparecen en la trama es mínima, en algunos casos nula.

Todo ello convierte a esta primera temporada de Supergirl en un producto excesivamente limpio, sin conflictos dramáticos excesivamente complejos y con una clara apuesta por el entretenimiento más simple y directo. Y es una apuesta tan legítima como cualquier otra, pero el problema es que los personajes carecen de dimensión y tienden a convertirse en estereotipos. Eso por no hablar del desarrollo plano de las tramas. La esperanza se encuentra en el final de la temporada, más agresivo y marcado por el impacto dramático de algunas decisiones que, esperemos, abra una nueva vía narrativa en la segunda temporada. Por supuesto, no espero que sea un cambio radical, pero sí al menos una modificación de la tendencia que se sigue hasta ahora.

De Niro es ‘El becario’ de ‘El último cazador de brujas’


Estrenos 30octubre2015Después de un par de fines de semana con una tanda de estrenos liderada por títulos atractivos y, en general, muy esperados, la última semana de octubre se toma un respiro para, posteriormente, recuperar con fuerza la atracción a las salas. Eso no quiere decir que este viernes, 30 de octubre, no tenga nombres interesantes e historias cuanto menos interesantes.

Una de esas historias es la de El becario, nueva comedia escrita y dirigida por Nancy Meyers (No es tan fácil) que, como su propio título indica, aborda el proceso de prácticas dentro de una empresa, aunque con un ligero matiz. El becario es un hombre de 70 años que, hastiado de la jubilación, decide aceptar el puesto en una empresa de moda online fundada por una joven que ansía controlarlo todo para lograr el éxito. El reparto principal cuenta con actores como Robert De Niro (La gran revancha), Anne Hathaway (Interstellar), Rene Russo (Thor), Nat Wolff (Ciudades de papel) y Adam DeVine (Dando la nota).

Muy distinta es El último cazador de brujas, cinta de acción y ciencia ficción al servicio de Vin Diesel (Fast & Furious 7) que, con todo, cuenta con un reparto de altura. Como se desprende del título, la trama sigue a un cazador de brujas que logró derrotar a la Reina Bruja. Sin embargo, antes de lograrlo la criatura le maldijo con la inmortalidad, lo que le ha impedido estar junto a su mujer y su hija en la otra vida. Siglos después, y ya en la actualidad, este cazador es el único que queda vivo para enfrentarse a una resucitada Reina Bruja que clama venganza. Breck Eisner (Sahara) es el encargado de poner en imágenes esta historia que cuenta en su reparto con Elijah Wood (Grand Piano), Michael Caine (Kingsman: Servicio Secreto), Rose Leslie (serie Juego de tronos) y Julie Engelbrecht (Die Mamba).

Desde Estados Unidos también llega La verdad, drama biográfico basado en el libro de Mary Mapes que narra el proceso de toma de decisión que llevaron a cabo esta productora de las noticias de la CBS y su socio, el presentador del programa Dan Rather, en torno a una información que llegó a sus manos durante las elecciones norteamericanas en 2004, en plena Guerra de Irak. Una información que cambiaría para siempre el rumbo de la historia y que tuvieron que defender con todos los medios a su disposición. El guionista James Vanderbilt (The amazing Spider-man) debuta con esta historia en la dirección, contando para ello con un reparto encabezado por Cate Blanchett (Monuments men), Robert Redford (Capitán América: El soldado de invierno), Elisabeth Moss (serie Mad men), Topher Grace (Spider-man 3), Dennis Quaid (El ladrón de palabras) y Bruce Greenwood (Más allá del amor).

La propuesta musical es Los últimos cinco años, adaptación de la obra teatral de Jason Robert Brown que dirige Richard LaGravenese (Hermosas criaturas). Producida en 2014, la trama se centra en la relación de amor entre una actriz en ciernes y un aspirante a escritor. Sin embargo, cinco años después de enamorarse sus sueños se han visto superados por la realidad de sus vidas, y lo único que les queda es una relación que no parece ir a ninguna parte. Ante esto, ambos se ven obligados a hacer un repaso de sus vidas para poder comprender en qué momento se desviaron del camino que habían emprendido. Anna Kendrick (Into the woods), Jeremy Jordan (serie Smash), Tamara Mintz, Cassandra Inman, Bettina Bresnan (Vamps) y Charly Bivona (Cymbeline) encabezan el reparto.

El capital norteamericano, en colaboración con el mexicano, también está presente en Little Boy, comedia dramática ambientada en la II Guerra Mundial cuyo argumento arranca cuando el padre de un niño es enviado al frente. El pequeño, rechazado por el resto de niños debido a su baja estatura, tiene en su padre a su único amigo, por lo que iniciará un largo viaje para poder traerlo de vuelta. Inspirado por su héroe de cómic favorito, para tener éxito en su aventura necesitará la ayuda del vecino japonés que representa al enemigo y al que nadie habla en todo el vecindario. Dirigida por Alejandro Monteverde (Bella), quien también participa en el guión, la película cuenta con un interesante reparto liderado por Jakob Salvati (serie Cleaners), Cary-Hiroyuki Tagawa (serie Revenge), Emily Watson (La teoría del todo), Tom Wilkinson (Negocios con resaca), Eduardo Verástegui (Cristiada), Ben Chaplin (El retrato de Dorian Gray), Michael Rapaport (Cuerpos especiales) y Kevin James (Pixels).

En lo que a lengua hispana se refiere lo más relevante es Truman, producción hispano argentina dirigida por Cesc Gay (Una pistola en cada mano) que comienza con el reencuentro de dos viejos amigos, uno recién llegado de Argentina. Acompañados por el perro de uno de ellos, las vidas de estos dos hombres cambiarán a lo largo de cuatro intensos días que estarán marcados por la difícil situación que atraviesan. Humor y drama se juntan en esta historia protagonizada por Ricardo Darín (Relatos salvajes), Javier Cámara (Perdiendo el norte), Dolores Fonzi (La patota) y Eduard Fernández (Felices 140).

Puramente española es Las aventuras de Moriana, comedia cuya trama sigue el desdichado camino de una mujer desahuciada con tres hijos a su cargo. Decidida a mirar siempre hacia delante, logra levantar un restaurante de la nada, pero el éxito no acompaña al proyecto. Su siguiente paso será sumamente ambicioso: rodar una película en la que implicará a toda su familia. Primer largometraje de ficción para David Perea, que escribe el guión, y Luis Soravilla, en el reparto encontramos a Terele Pávez (Mi gran noche), Enrique Villén (Viral), Geli Albaladejo (Volando voy), Antonio Hidalgo y Carolo Ruiz (Crimen ferpecto).

El último estreno procedente de España es el thriller dramático El cadáver de Anna Fritz, cinta dirigida por Hèctor Hernández Vicens (serie Pol & Cia) y con la que debuta en el largometraje. La historia, aunque sencilla, es sumamente perturbadora. Una joven y bella actriz acaba de morir. Tres jóvenes deciden colarse en el depósito para poder ver su belleza en persona por última vez. Sin embargo, cuando logran estar frente al cuerpo deciden que también serán los últimos en hacer el amor con ella. Alba Ribas (Animals), Cristian Valencia (Tú y yo), Albert Carbó (Di Di Hollywood) y Bernat Saumell (Eloïse) conforman el reparto.

Dejamos España para centrarnos en lo que llega de Europa, y entre ellos destaca Educación Siberiana, film italiano de 2013 basado en el libro de Nicolai Lilin que cuenta la vida de dos niños que crecen en el sur de la Rusia soviética educados tan solo en la violencia, el robo y el uso de armas. Dirigida por Gabriele Salvatores (No tengo miedo), la cinta cuenta en su reparto con John Malkovich (Memorias de un zombie adolescente) y Peter Stormare (El último desafío), a los que se suman Eleanor Tomlinson (Jack el caza gigantes) y Arnas Fedaravicius, entre otros.

Francia, Alemania y Bélgica están detrás de 3 corazones, drama romántico cuya trama arranca cuando un hombre pierde un tren a París y se ve obligado a esperar toda una noche al siguiente. Durante ese tiempo conoce a una mujer con la que parece compenetrarse a la perfección, aunque no sabe nada de ella. Cuando finalmente se separan, quedan en verse unos días después en la capital francesa, pero él no puede acudir. Durante los siguientes años tratará de encontrar a la mujer, incluso después de casarse con otra. Lo que no sabe es que su mujer y aquel amor son hermanas. Benoît Jacquot (Adiós a la reina) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Benoît Poelvoorde (El precio de la fama), Charlotte Gainsbourg (Samba), Chiara Mastroianni (Los canallas) y Catherine Deneuve (En un patio de París).

Y pasamos por último a los documentales. Entre ellos destaca The Propaganda Game, film que cuenta con capital español, estadounidense, alemán, francés, chino y norcoreano. La película, rodada de la mano del único extranjero que trabaja para el régimen de Corea del Norte, trata de abordar las mentiras y la manipulación de la información que existe en torno a lo que sucede en aquel país. La cinta está dirigida por Álvaro Longoria (Hijos de las nubes).

Un tema similar aborda El gran vuelo es una coproducción entre Chile y España de 2014 escrita, dirigida y producida por Carolina Astudillo Muñoz (El deseo de la civilización). Su argumento gira en torno a una mujer comunista que, durante los primeros años de dictadura franquista, escapó de una cárcel de Barcelona por la puerta principal. Fue en ese momento cuando su rastro se perdió, viviendo desde entonces en constante huida. Pero su fuga es también la de muchas mujeres que lucharon por su libertad, ya fuera en el régimen Franquista o en la rigidez de sus propios partidos.

Cierra la tanda de estrenos la obra El gran museo, producción austríaca de 2014 dirigida por Johannes Holzhausen (Family portraits) que traslada al espectador al interior del Museo Kunsthistorisches de Viena para mostrarle los entresijos y el día a día de uno de los espacios culturales más importantes del mundo.

El musical derrota al drama en la última temporada de ‘Smash’


'Smash' llega a los Tony en su segunda y última temporada.Hay historias que, a pesar de poseer un desarrollo coherente y una serie de bazas atractivas con las que atraer al público, no logran mantener el interés que se exige hoy en día a cualquier producción, sea cinematográfica o para televisión. La serie musical Smash ha visto cómo la fuerza que tuvo en la primera temporada ha ido decayendo durante su segunda etapa hasta obligarla a desaparecer, y uno de sus grandes problemas ha sido establecer como marco dramático el mundo del teatro, de los musicales y de la vanidad de los actores. Un mundo complicado de retratar en el que los conflictos se antojan algo inocentes y en el que las motivaciones no conectan con el público. Dos temporadas es lo que ha durado en pantalla, y como si de un autohomenaje se tratara, su creadora, Theresa Rebeck (guionista de Ley y orden: Acción criminal), ha decidido dar un final feliz a todos sus personajes y poner un broche de oro a la propia obra protagonista de la serie, el musical sobre Marilyn Monroe (Los caballeros las prefieren rubias) titulado ‘Bombshell’.

Estos nuevos 17 episodios afrontaban la difícil tarea de continuar narrando la lucha por la fama de sus dos actrices principales. Una rivalidad que se ha trasladado a un terreno mucho más general ajeno al propio musical, y que ha permitido introducir una nueva obra con nuevos números, nuevas canciones y nueva música. La forma de conseguirlo, a través de una lucha en los despachos que termina con el personaje de Katharine McPhee (Paz, amor y malentendidos) renunciando a su gran sueño, resulta algo forzada, pero obsequia con unos frutos realmente interesantes que se traducen en una obra capaz de competir en los Tony, los premios más prestigiosos del teatro norteamericano. Igualmente, la presencia de otra obra de teatro ha permitido a la serie expandir su marco dramático, incorporar nuevos personajes y dar salida a secundarios que en la primera temporada eran poco más que apoyos puntuales.

El devenir de Smash a lo largo de esta segunda tanda de episodios ha sido, en líneas generales, correcta. Desde luego, la serie nunca ha sido brillante, pero en ningún caso ha resultado mediocre o absurda. Si bien es cierto que buena parte de sus tramas secundarias son, por decirlo de algún modo, irrelevantes, el conflicto principal entre las dos actrices, en el que se ven involucrados de forma indirecta buena parte del resto de personajes, funciona lo suficientemente bien como para evolucionar hacia un punto de equilibrio que se rompe con esa gala final en la que la rivalidad vuelve a aflorar. Es más, todo en esta temporada está planteado para conducir al espectador hacia el clímax emotivo y feliz que tiene lugar en el último episodio, cuando los premios son entregados y los esfuerzos reconocidos.

Emotivo y feliz. La verdad es que, si se analiza fríamente, la opción de que todos los personajes, a pesar de lo que sufren y lo que se sacrifican (la muerte de uno de ellos es uno de los puntos fuertes de la temporada), terminen de la mejor forma posible chirría un poco. No me malinterpreten, encaja relativamente bien con el tono de la serie, que nunca sobrepasa la línea de la ligereza dramática endulzada con buenos números musicales. Pero teniendo en cuenta lo que se ha visto con anterioridad, algunas decisiones parecen poco lógicas. En realidad, los personajes se ven obligados a poner buena cara ante el inevitable final, a resolver sus problemas personales y a perdonar todo lo que previamente parecía insalvable. Es el sino de tener que finalizar una serie de forma más o menos coherente cuando todavía queda algo más que contar.

Más música en ‘Hit list’

Quizá la mejor consecuencia de que Smash hubiera agotado las posibilidades de su propia obra musical en la primera temporada es que ‘Hit list’ haya hecho acto de presencia. Ya he comentado que la presencia de dos obras de teatro ha expandido notablemente el tono dramático de la serie, planteando conflictos de intereses, rivalidades entre equipos creativos (y no entre los egos de dos actrices que quieren llegar a lo más alto) y, sobre todo, más música. Y si en esos primeros episodios la historia de ‘Bombshell’ pretendía ser una especie de reflejo de lo que viven las dos protagonistas, el nuevo musical es claramente un representación de lo que viven los protagonistas de dicha obra. Una especie de metalenguaje que tiene sus puntos buenos y sus puntos malos.

No cabe duda de que los buenos están relacionados con la música. Frescos y diferentes, los números musicales de la nueva obra se antojan atractivos ante la saturación que provoca la obra sobre Monroe. Es por eso que gana presencia a medida que avanza la temporada, sobre todo cuando uno de sus responsables sufre el funesto destino que sufre. Pero ahí queda todo. El potencial dramático que aportan los nuevos personajes se queda en eso, en potencial. Los secretos que acompañan al personaje de Jeremy Jordan (Joyful noise), quien por cierto no es una mala incorporación musicalmente hablando, se mueven en un ámbito de incertidumbre que obliga a realizar forzadas concesiones al dramatismo, como la relación romántica con el personaje de McPhee o la huída hacia adelante que tiene lugar con la tragedia de su amigo. Dramáticamente hablando, su rol representa la falta de objetivos de una obra que tiende a caer demasiadas veces en la exageración emocional. Por no hablar del personaje de Debra Messing (Lucky you), perdida en sus propias emociones.

Esta segunda temporada, más que una continuación, es un complemento, un intento por revitalizar lo ocurrido en la primera temporada, igualmente agradable, divertida y atractiva para los amantes al musical. La evolución dramática de sus protagonistas queda ahora relegada a un segundo plano, tal vez porque las transformaciones más interesantes se produjeron en aquellos episodios, tal vez porque sus responsables han sido incapaces de encontrar una nueva salida a esa evolución. Pensándolo bien, la ausencia de este tratamiento de personajes, ahora con problemas mucho menos interesantes, puede que haya sido determinante para introducir el nuevo musical y las nuevas canciones, distrayendo de este modo la atención sobre el resto de cosas y, en definitiva, volviendo más liviano el conjunto.

Sea como fuere Smash se despide con esta segunda temporada por todo lo alto, es decir, llevando sus dos obras a los premios Tony. Todos ganan, nadie pierde. El futuro de cada personaje se antoja brillante de diferentes modos. La verdad es que la serie, con sus altibajos y su tono ligero y agradable, merecería algo más de desarrollo. Empero, la desaparición de muchos de los aspectos dramáticos de la primera temporada, resumidos en que para lograr el éxito hay que hacer sacrificios personales, merma la producción. Sigue siendo entretenida, de eso no hay duda, pero no solo de música vive un musical. La serie que comenzó sustentando su historia en sus personajes ha terminado con un homenaje a su propia imagen gracias a ese último plano que acompaña este texto y que, curiosamente, define perfectamente la producción. No hay actores, solo Smash.

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