‘Steve Jobs’: un genio entre bambalinas


Michael Fassbender es 'Steve Jobs'.No cabe duda de que Steve Jobs, cofundador de Apple, ha sido, es y será un personaje tan admirado como criticado, tan idolatrado como censurado. De ahí que una biografía sobre su persona resulte tan complicada. El más mínimo error puede convertir una obra en un culto a su figura o en una feroz y, en parte, injusta crítica hacia su trabajo. El guionista de su nuevo biopic, Aaron Sorkin (serie El ala oeste de la Casa Blanca) es consciente de ello, y eso se nota en el resultado final.

Porque sí, Steve Jobs es una película de Aaron Sorkin, no de Danny Boyle (La playa), si bien es cierto que en varias ocasiones se nota la mano del director. Y como película de Sorkin, la trama se desarrolla entre diálogos ágiles e interminables que diseccionan a los personajes con precisión cirujana, dejando desnudas sus almas y convirtiéndoles en verdaderos protagonistas de la atención del espectador. Gracias a secuencias como la conversación entre Jobs y John Sculley (un Jeff Daniels –Paper man– espléndido) la cinta logra un crecimiento dramático a base, curiosamente, de lo que se esconde detrás del escenario, una metáfora de lo que siempre ha sido la figura de Jobs, un hombre detrás de una máscara.

Pero si la labor de Sorkin es tan imprescindible como espléndida, lo que logra Michael Fassbender (Frank) en la piel del creador del iPhone es simplemente brillante. El actor se funde con el personaje hasta niveles pocas veces vistos, asumiendo sus imperfecciones y tratando de ensalzar la genialidad de sus ideas. Esa constante contradicción entre una forma de ser cuanto menos difícil y sus innovadoras ideas es el motor que permite mantener el interés en el personaje y en la historia. Y a él se suman, por supuesto, el resto de actores, todos ellos más que correctos en sus respectivos roles.

Así, Steve Jobs se revela como un retrato complejo, interesante y sumamente brillante del creador de la compañía de la manzana. Un relato que, apoyado únicamente en lo que ocurre detrás de las bambalinas de cada presentación, desarrolla las complicadas relaciones entre el protagonista y aquellos que le quieren y le apoyan. Una notable película que demuestra que el genio entre bambalinas muchas veces se impone al resto de genialidades, lo que no impide que cometa errores en su proceso creativo. Y no hablo de Jobs o de Boyle, sino del verdadero artífice de esta recomendable cinta.

Nota: 7,5/10

‘Marte’: Robinson Crusoe espacial


Matt Damon debe sobrevivir en 'Marte' solo con su ingenio.Cualquier proyecto de Ridley Scott (Black rain) relacionado con la ciencia ficción siempre genera expectación por motivos más que evidentes. Tal vez sea por eso que lo que se espera siempre de sus films es poco menos que la genialidad. Su última incursión en el género, aunque no alcance ese grado, sin duda es uno de los mejores ejercicios de entretenimiento, drama y fascinación por el planeta rojo de los últimos años. Y lo más interesante es que no recurre a grandes artificios ni a complejas historias, todo lo contrario.

Si algo hace atractiva a Marte es, precisamente, su sencillez. Sencillez en el desarrollo dramático, sencillez en su lenguaje narrativo y sencillez en sus personajes. El guión, aunque previsible, tiene la fuerza suficiente para estremecer, conmover y hacer reír a partes iguales. Nada en la historia hace pensar en un desenlace diferente al que todo el mundo tiene en mente, pero eso no impide que la tensión sea más que palpable en muchos momentos, sobre todo en el clímax. La narrativa utilizada por Scott acentúa este carácter natural, casi habitual, como si los paseos por Marte fueran algo de andar por casa.

Pero el reparto es, sin lugar a dudas, el principal responsable. Con la cantidad de nombres importantes que figuran lo normal sería que la historia tendiera hacia una suerte de cinta heroica en la alguien terminara sacrificándose. Nada de eso está presente, ni remotamente. Las decisiones, frías, calculadas y sopesadas de cara a la opinión pública, se toman en un marco muy diferente al de la típica cinta de aventuras. Y los actores, sin excepción, no solo conocen el alcance de sus roles, sino que los dotan de una vida sobria, sin estridencias patrióticas o enaltecedoras. Son, simple y llanamente, hombres en una situación extraordinaria.

Todo ello convierte a Marte en una obra diferente, curiosa en su forma y en su contenido, no tanto porque ofrezca algo novedoso, sino porque dentro de la comodidad de lo previsible es capaz de lograr el entretenimiento serio e inteligente que respeta al espectador. Ridley Scott recupera un buen tono narrativo, respetando los límites de su relato y aprovechando al máximo lo que le ofrecen sus actores. Un notable drama de un náufrago en un mar de polvo y tierra en el que nada crece y nada vive. Bueno, casi nada.

Nota: 7/10

‘The Newsroom’ termina con una temporada magnífica muy a su pesar


La redacción de ACN será registrada por el FBI en la tercera temporada de 'The Newsroom'.Lo habitual a la hora de afrontar una serie de televisión es crear una Biblia que recoja la evolución de las tramas y los personajes. Esto es fundamental sobre todo si se trata de producciones cuyas historias se desarrollan por temporadas, y no de forma episódica. ¿Pero qué ocurre cuando toda esa planificación, toda esa preparación, se termina antes de lo que el guionista tenía pensado? Bueno, la respuesta puede encontrarse en un sinfín de producciones. Y suele ser una respuesta más bien negativa. Sin embargo, el caso de The Newsroom ha sido ligeramente diferente. Es cierto que su tercera temporada, la última por obligación, evidencia lo peor que puede tener una serie, pero Aaron Sorkin (La red social), su creador, es capaz de sobreponerse para crear una pequeña trama que sirva de broche al mundo periodístico que refleja.

Y es ahí donde reside la genialidad de este guionista, más allá de sus brillantes e inteligentes diálogos o su habilidad para crear drama con un par de cruces de miradas. En efecto, los seis episodios que conforman esta conclusión son, a todas luces, un ejercicio de funambulismo. Todos y cada uno de ellos representan un delicado equilibrio entre la necesidad de acelerar la historia por parte de los productores y la necesidad de narrar la historia por parte de los guionistas. A raíz de esto, el espectador asiste a un desarrollo excesivamente abrupto que contrasta no solo con lo visto en temporadas anteriores, sino con el estilo general de la serie y del propio Sorkin, uno de los mejores guionistas en lo que a manejo de tempo narrativo se refiere. Los saltos temporales, la ausencia de motivaciones claras o la indefinición en algunos planteamientos convierten a esta temporada en la peor de las tres, no cabe duda.

Ahora bien, ¿es una mala temporada? Digamos que muchas series estarían interesadas en tener una temporada tan mala como esta. The Newsroom, con su particular estilo y su visión “poco realista” del mundo del periodismo, es capaz de crear seis episodios intensos, llenos de drama y momentos irónicos que incluso se permiten el lujo de tener algunos de esos inolvidables discursos éticos a los que su creador nos tiene acostumbrados. Centrado en esta ocasión en los conflictos que surgen entre la libertad de prensa, el derecho a preservar la identidad de las fuentes y los secretos de Estado, la trama es capaz de desarrollar, incluso con el poco espacio que le dan, una serie de pinceladas notables sobre la labor periodística y sobre cómo esta se sustenta en pilares tan sólidos y poco habituales como la integridad.

De hecho, y como señala el propio Sorkin, uno de los momentos más trágicos de la temporada llega precisamente cuando se abandonan dichos pilares, lo que termina por definir el carácter general de la serie, posiblemente en respuesta a aquellos que la consideran una mala serie por no ajustarse a la realidad. Independientemente de lo absurdo de dicha afirmación, lo cierto es que esta última temporada aprovecha las armas en su contra para crear un arco narrativo interesante, inevitablemente marcado por las necesidades de los directivos de la cadena pero coherente, sólido y magnífico en el resto de aspectos. Por cierto, que quien quiera ver una cierta crítica a dichos directivos en los acontecimientos que se narran en las tramas secundarias, que lo vea, porque seguramente no andará desencaminado.

La vida sigue

Jeff Daniels, Emily Mortimer y Jane Fonda en un momento de la tercera temporada de 'The Newsroom'.Así que sí, la tercera y última temporada de The Newsroom es un broche que encaja en la historia como un guante, una especie de envoltorio a lo narrado en las dos anteriores temporadas (sobre todo con el formato que tiene el episodio final) que desde luego no era el previsto, pero que en cualquier caso sale airoso de la prueba. Nada se deja al azar, nada queda abierto a posibles interpretaciones o a suposiciones por parte del espectador. Y aunque esto provoca que el desenlace de algunas tramas secundarias no posea la originalidad o la sorpresa que cabría esperar, no impide tampoco que el resultado final emocione como lo han hecho las entregas previas.

Eso se debe, además de la sólida estructura narrativa y de un reparto que vuelve a estar a un nivel muy alto, a la forma en que finaliza la serie. En muchas ocasiones nos encontramos conque una serie, sea buena, mala o regular, narra la historia de un personaje o de un grupo de personajes. O mejor dicho, un capítulo importante en la vida de dichos personajes. Una vez finalizado ese acontecimiento, mantener la producción carece del sentido inicial. Sin embargo, Aaron Sorkin logra que esta última temporada sea, en realidad, una despedida entre amigos, un “hasta luego” representado en ese último plano de Jeff Daniels (Buenas noches, y buena suerte) comenzando un nuevo informativo. La vida sigue más allá de la serie, del mismo modo que existía antes de que las cámaras se colaran en la redacción de ACN.

Este carácter transitorio podrá emocionar a unos, enervar a otros y dejar indiferente al resto. Para gustos los colores. Lo que está claro es que gracias a ello la serie no se convierte en un producto cerrado, acotado por los planos, los episodios y las temporadas. En realidad, se revela como una reflexión sobre el periodismo que va más allá de la propia redacción protagonista, que parece seguir su lucha por mantener vivas las bases del periodismo tanto si hay cámaras delante como si no. Esta interpretación metalingüística de la narrativa y del mensaje de la serie dotan al conjunto de una imagen mucho más elaborada, interesante y atractiva de lo que pueda parecer en un primer momento. Y eso es algo que solo son capaces de lograr maestros como Sorkin, le pese a quien le pese.

The Newsroom se despide de la mejor forma posible, es decir, haciendo lo mismo que logran sus personajes en la ficción. A pesar de los escollos, a pesar de las directrices de mandamases que se guían por ratios de público y no por lo que se narra, la serie ha sido fiel a su estilo con las herramientas de que disponía. La tercera y última temporada adolece de muchas cosas que sí tuvieron las dos temporadas previas, pero el talento de Aaron Sorkin y su equipo de guionistas permite que la trama alcance un desarrollo firme y contundente. Desde luego, los seis episodios deben ser vistos como lo que son: un arco argumental que permite cerrar todas las tramas abiertas. Una especie de canto de cisne antes de abandonar las pantallas que, no obstante, implanta en la imaginación del espectador un futuro brillante para ese equipo de periodistas de ACN.

El thriller y la comedia acaparan los grandes estrenos de la semana


Estrenos 14noviembre2014Noviembre está siendo un mes de muchos estrenos. Hoy, viernes 14, mantiene la tendencia de acumular varias novedades de diverso interés que tienen una cosa en común: evitar a toda costa competir directamente con el asegurado taquillazo de la semana que viene, la primera parte de la última parte de la saga ‘Los Juegos del Hambre’. Es por eso que muchos de los títulos, a pesar de tener nombres de peso y tramas interesantes, poseen un carácter minoritario. Eso sí, y dado que en la variedad está el gusto, comedia, thriller, ciencia ficción, drama y biopics aglutinan el grueso de estos estrenos que repasamos a continuación.

Comenzamos por Matar al mensajero, thriller basado en el libro del periodista Gary Webb que recoge sus vivencias durante los años ochenta, época en la que desveló la relación existente entre la CIA y los rebeldes de Nicaragua. Una lista de nombres y de actividades que inició una campaña de desprestigio contra él, puso su vida en peligro en más de una ocasión y, finalmente, le llevó al suicidio. Intriga política y periodística que llega de la mano de Michael Cuesta (El fin de la inocencia), quien dirige a un interesante reparto encabezado por Jeremy Renner (La gran estafa americana), Mary Elizabeth Winstead (La jungla: Un buen día para morir), Paz Vega (Grace de Mónaco), Michael Sheen (serie Masters of sex), Robert Patrick (Más allá del amor), Ray Liotta (Uno de los nuestros), Tim Blake Nelson (Lincoln), Barry Pepper (serie Los Kennedy), Rosemarie DeWitt (Los amos del barrio), Oliver Platt (#Chef), Andy García (Vamos de polis) y Michael Kenneth Williams (serie Boardwalk Empire).

Muy distinto es el otro gran estreno de la semana, Dos tontos todavía más tontos. Secuela de la película protagonizada por Jim Carrey (Kick-Ass 2. Con un par) y Jeff Daniels (serie The Newsroom) hace ahora 20 años, la historia retoma a los personajes para narrar el viaje que harán estos dos amigos para encontrar al hijo de uno de ellos, cuya existencia desconocían, y enfrentarse a la responsabilidad que eso supone. Al igual que la primera parte, esta comedia gamberra está dirigida por los hermanos Bobby y Peter Farrelly (Algo pasa con Mary), y en el reparto podemos encontrar junto a Carrey y a Daniels los nombres de Kathleen Turner (Una pareja de tres), Laurie Holden (serie The Walking Dead), Rob Riggle (Los becarios), Rachel Melvin (Boo), Steve Tom (Life of Lemon) y Bill Murray (El gran hotel Budapest).

Otro de los estrenos norteamericanos es La conspiración de noviembre, thriller de espionaje que adapta a la gran pantalla el libro de Bill Granger “There are no spies”. La trama sigue a un retirado agente de la CIA cuyo carácter y gran entrenamiento le convierten en un hombre muy peligroso. El tipo de hombre necesario para proteger a una testigo de un antiguo caso de conspiración. Sin embargo, pronto descubre que este trabajo le convierte en objetivo de un antiguo amigo de la agencia, lo que le induce a pensar en que hay un infiltrado en la CIA. Roger Donaldson (Species) es el encargado de poner en imágenes la historia, mientras que Pierce Brosnan (Mejor otro día) da vida al protagonista. Además, Olga Kurylenko (Oblivion), Luke Bracey (G.I. Joe: La venganza), Bill Smitrovich (Los diarios del ron) y Amila Terzimehic (Top je bio vreo) completan el reparto principal.

Aunque la propuesta más original es Orígenes, drama escrito y dirigido por Mike Cahill (Otra Tierra) que, en clave de ciencia ficción, narra la investigación de un biólogo molecular sobre la evolución del ojo humano. Tras un breve encuentro con una exótica joven su trabajo invadirá su vida por completo hasta que realiza un descubrimiento que cambia por completo sus creencias científicas y espirituales. Comenzará entonces un viaje por medio mundo en busca de fenómenos que validen su reciente teoría. El reparto está encabezado por Michael Pitt (serie Boardwalk Empire), Brit Marling (Pacto de silencio), Astrid Bergès-Frisbey (El sexo de los ángeles) y Steven Yeun (serie The walking dead).

También dramática, aunque esta vez con dosis de comedia, es el género al que pertenece The skeleton twins, film dirigido por Craig Johnson (True adolescents) cuyo argumento arranca cuando dos gemelos se reencuentran tras años de voluntaria separación. La reunión les llevará a analizar sus respectivas vidas y los motivos por los que les ha ido tan mal, comprendiendo que su incapacidad para aceptar el pasado y afrontar el futuro es la clave para dar un giro a su existencia. Bill Hader (Cosas que hacer antes de los 18) y Kristen Wiig (La vida secreta de Walter Mitty) forman la pareja protagonista, a la que acompañan un puñado de cómicos conocidos como Luke Wilson (Un funeral de muerte), Ty Burrell (serie Modern family), Joanna Gleason (Plan en Las Vegas) y Kathleen Rose Perkins (serie Episodes).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca Escobar: Paraíso perdido, thriller que gira en torno a la figura del narcotraficante Pablo Escobar. Producido entre España, Francia y Bélgica, La trama comienza cuando un joven surfero se enamora perdidamente de una joven colombiana en un costero pueblo que parece el paraíso en la Tierra. Su vida dará un vuelco cuando la chica decida presentarle a su tío, que no es otro que el famoso narcotraficante, iniciándose así una peligrosa relación entre ambos hombres. Ópera prima del actor Andrea Di Stefano (La vida de Pi), su reparto está encabezado por Josh Hutcherson (Los Juegos del Hambre), Benicio Del Toro (Snatch. Cerdos y diamantes), Brandy Corbet (Martha Marcy May Marlene), Claudia Traisac (serie Cuéntame cómo pasó) y Carlos Bardem (Alacrán enamorado).

La novedad española más interesante es La ignorancia de la sangre, thriller basado en la novela de Robert Wilson cuya trama sigue la investigación que debe realizar el jefe de Homicidios de Sevilla cuando un niño es secuestrado por la mafia rusa, a la que lleva siguiendo desde hace tiempo. Mientras la organización criminal le exige un precio muy alto por su liberación, otro caso irrumpe en su vida: un compañero infiltrado en una célula terrorista islámica le pide ayuda cuando comprende que los terroristas tienen intención de reclutar para la causa a su propio hijo. Dirigido por Manuel Gómez Pereira (El juego del ahorcado), el film está protagonizado por Juan Diego Botto (Silencio en la nieve), Paz Vega (Lucía y el sexo), Alberto San Juan (Una pistola en cada mano), Cuca Escribano (Retorno a Hansala) y Ken Appledorn (Anochece en la India).

Tras su paso por el Festival de Sitges, Asmodexia llega a varios cines españoles en un estreno muy limitado. Enmarcada en el terror, y más concretamente en las posesiones demoníacas, esta cinta española dirigida por Marc Carreté, con la que debuta en el largometraje, sigue el viaje que realizan un pasto y su nieta a Barcelona. Por el camino se enfrentarán a los poseídos cuerpos de varios individuos de voluntades débiles, entre ellos niños, y comprenderán que el pasado que pretenden olvidar puede ser lo único que ayude a la Humanidad. El reparto está encabezado por Lluís Marco (La voz dormida), Clàudia Pons (Elisa K), Marta Belmonte (Campamento Flipy), Irene Montalà (Insensibles) y Albert Baró (Los niños salvajes).

Francia y Alemania están detrás de la producción de Diplomacia, drama histórico que se centra en los acontecimientos que rodearon a la entrada de los aliados en Paris durante la II Guerra Mundial en agosto de 1944. La decisión de Hitler en ese momento fue destruir la capital francesa, pero las órdenes dadas al gobernador militar alemán nunca llegaron a cumplirse. Esta adaptación de la obra de teatro de Cyril Gely ahonda en las decisiones, relaciones políticas y comunicaciones de esas horas. Volker Schlöndorff (El silencio tras el disparo) se encarga de poner en imágenes el guión y de dirigir a André Dussollier (Micmacs), Niels Arestrup (Perder la razón), Burghart Klaussner (Nono, el niño detective), Robert Stadlober (Adams ende) y Charlie Nelson (El hombre del tren), entre otros.

También desde Alemania nos llega Vivir sin parar, drama del 2013 cuyo argumento gira en torno a un anciano que en su juventud fue un conocido corredor de maratón. A pesar de sus éxitos, entre los que está una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, su vida transcurre en una residencia de ancianos junto a su mujer de forma rutinaria. Frustrado y desesperado, decide calzarse sus viejas zapatillas y empezar a correr con el objetivo de repetir viejas glorias. Poco a poco logra el apoyo de la mayoría de sus amigos y vecinos, pero la muerte de su esposa le sumirá en una profunda depresión de la que deberá salir si quiere cumplir la promesa que le hizo a su esposa. Kilian Riedhof, tras una larga trayectoria en televisión, debuta en el largometraje cinematográfico con esta historia protagonizada por Dieter Hallervorden (The child), Tatja Seibt (Formentera), Heike Makatsch (La ladrona de libros) y Frederick Lau (Coming in).

El cine para toda la familia tiene su mayor representante en la danesa Antboy, el pequeño gran superhéroe, producción del 2013 basada en los libros de Kenneth Bøgh Andersen protagonizados por un niño solitario enamorado en secreto de una compañera de su escuela y acosado por los acusones de su clase que un día es mordido por una hormiga de extraño aspecto. A la mañana siguiente descubre que posee los poderes proporcionales de una hormiga. Sus nuevos poderes le llevarán a vivir grandes aventuras y a decidir cuál será su lugar en el mundo. Ópera prima de Ask Hasselbalch, la cinta cuenta en su reparto con los debutantes Oscar Dietz, Samuel Ting Graf y Amalie Kruse Jensen, a los que se une Nicolas Bro (War horse).

El único estreno animado del fin de semana es Niko 2: Hermano pequeño, problema grande, aventura del 2012 producida entre Finlandia, Alemania, Dinamarca e Irlanda que supone la continuación de las aventuras de este pequeño reno iniciadas en 2008. Dirigida por Kari Juusonen, autor de la primera entrega, y por Jørgen Lerdam (Pettson & Findus – Glömligheter), la trama comienza cuando la madre del pequeño protagonista inicia una relación con un nuevo novio, lo que creará tensiones en su familia. Para colmo, es acusado del secuestro de su nuevo hermanastro. Ante esto, el valiente reno solo podrá iniciar la búsqueda para demostrar su inocencia. Las voces principales, en su versión original, corresponden a Erik Carlson, Mikko Kivinen (Myrsky), Vuokko Hovatta (Suden arvoitus) y Aarre Karén (Thomas).

Cierra los estrenos el documental catalán La dama del ajedrez, debut en la dirección y el guión del productor Agustín Mezquiza (Lola, la película). La película busca los orígenes del actual ajedrez, en el que la reina tiene un papel fundamental. Dicha pieza, introducida por un erudito judío, se inspira en el creciente poder de las reinas consortes de occidente, algo que el propio erudito dejó plasmado en un libro incunable de 1495 cuyo paradero se desconoce… hasta ahora.

Segunda T. de ‘The Newsroom’, un único clímax para varios relatos


Un momento de la segunda temporada de 'The Newsroom'.Superar las primeras partes de cualquier saga, sea una serie de películas o una serie de temporadas, suele estar al alcance única y exclusivamente de unos pocos. No es que aquello de “segundas partes nunca fueron buenas” sea dogma de fe, sino que por regla general es difícil, muy difícil, superar lo planteado en el original y, además, responder a las expectativas creadas. Uno de esos pocos capaces de conseguirlo es Aaron Sorkin (Moneyball: rompiendo las reglas), quien en la segunda temporada de The Newsroom engrandece el resultado de la primera parte ofreciendo más y mejor de lo mismo, o lo que es lo mismo, enfrentando a sus personajes a situaciones mucho más complejas y moralmente comprometidas. Todo para evidenciar lo que, a su juicio, debería ser la profesión periodística.

Estos nuevos 9 episodios cuentan, como ya es seña de identidad de la serie, con acontecimientos verídicos como trasfondo de los problemas personales de sus protagonistas, aunque introduce nuevos matices: la presencia de historias periodísticas no reales o, al menos, no acontecidas de ese modo. Todo el arco argumental que nutre la segunda temporada desde su inicio hasta su final es en realidad una dramatización de un hecho similar ocurrido en la CNN en los años 90, cuando tuvo que retractarse por una falsa información que acusaba al gobierno de Estados Unidos de actos similares a los de la serie. Un arco argumental, por cierto, que sirve a Sorkin para aportar dos lecciones en dos campos muy diferentes. Por un lado, el periodístico, en el que viene a confirmar la idea de que un periodista nunca debe afrontar su profesión influenciado por su propia ideología, sea ésta la que sea.

Pero por otro, y es este el aspecto que más nos interesa ahora mismo, es una clase espléndida de cómo jugar narrativamente con los tiempos de un relato audiovisual. A lo largo de todos los episodios la acción es un constante flashback en el que, a través de entrevistas, se recuerda lo ocurrido durante casi un año. Muchos pensarán que el uso de texto sobreimprimido en la pantalla ayuda a seguir la acción, pero ahí reside precisamente una de las lecciones de guión que aporta Aaron Sorkin. En esta nueva temporada de The Newsroom apenas hay reseñas temporales. La mayoría de las guías que tiene el espectador para seguir la acción se hallan en los magistrales diálogos y en las constantes referencias a lo ocurrido anteriormente, generando una sinergia que fluye sin interrupción hasta ese plano final del último episodio que posee una fuerte carga simbólica que, a su vez, convierte en una especie de ciclo todo lo acontecido en la primera y la segunda temporada.

Ya lo he comentado en numerosas ocasiones. Un guión del autor de El ala oeste de la Casa Blanca es una obra que debe ser analizada por cualquier guionista que se inicie en la escritura. No por sus diálogos, que evidentemente han creado un estilo único y personal, sino por su forma de planificar todos y cada uno de los hechos para que confluyan en una única idea, en un único momento que provoque el clímax esperado y deseado. En una palabra, crear un guión acorde a las expectativas generadas. Puede parecer simple, pero no lo es. Y para muestra un botón. Los dos últimos episodios, un díptico sobre las elecciones norteamericanas de 2012 (una excusa como otra cualquiera para exponer sus ideales sobre demócratas y republicanos), poseen una fuerza que surge de todo lo acontecido anteriormente, de todas las tensiones y confrontaciones ocurridas entre los personajes. Todo, desde detalles tan insignificantes como la cobertura de una campaña política hasta la anécdota del libro firmado erróneamente en alemán, confluye en una secuencia que podría calificarse como épica, en la que el ritmo aumenta hasta hacer insoportable la mezcla de sentimientos.

Esa forma de manipular los tiempos, de ofrecer un trasfondo sólido y coherente a todas las decisiones tomadas en cuestión de minutos, es lo que convierte a ese capítulo 9 de esta segunda temporada en uno de los mejores de la serie, y posiblemente en uno de los mejores escritos para televisión. Y es lo que, por cierto, convierte al creador de The Newsroom en el referente en el que se ha convertido con apenas una decena de obras escritas. Incluso aunque exista una cierta irregularidad al inicio de la temporada en la que la historia no parecía avanzar en sus tramas secundarias y que, según el propio Sorkin, se debía a un bloqueo creativo. Esto, flaquezas incluidas, no es resultado únicamente de planificación dramática. Buena parte del éxito lo tiene la ejemplar definición de personajes que realiza y, como siempre, los inteligentes diálogos y largos discursos que contiene la serie. Algo que, por cierto, se contradice bastante con lo que cualquier manual suele recomendar.

¿Es relevante la ideología?

No he mencionado el reparto hasta ahora, y en realidad no merece mucho la pena analizarlo en profundidad, principalmente porque el nivel interpretativo es tan alto que habría que dedicar un texto en exclusiva para ellos. Destacar, eso sí, a Jeff Daniels (Aracnofobia), quien conseguía este año el Emmy al Mejor Actor. Viendo su labor en estos nuevos episodios es fácil comprender porqué. El actor logra transmitir con apenas unas miradas todas las emociones que chocan en su interior, amén de aportar un cierto tono irónico a sus discursos que, más que quitar hierro a determinados temas, lo que hace es poner un acento aún más destacado sobre ellos. Por poner dos ejemplos, la última mirada a cámara del episodio 5, indescriptible, en la que se desvela el lado más personal de su personaje; y su defensa de lo que debería ser el ideario republicano del último episodio, una sabia reflexión sobre el camino por el que nos llevan los extremismos.

Esto me lleva a otro gran aspecto en The Newsroom: la clara inclinación demócrata de Aaron Sorkin. Muchos de los detractores de su obra se apoyan en la idea de que sus guiones, más allá de discursos interminables o de personajes deliberadamente idealistas (no termino de ver el problema siempre y cuando se haga bien), rezuman por los cuatro costados de las hojas una clara ideología de izquierdas o, por ser políticamente correctos, progresista. Evidentemente, en una serie sobre lo que debería ser el periodismo no puede faltar esto. Sí, incluso los personajes abiertamente republicanos poseen una ideología algo demócrata o, por volver a ser políticamente correctos, de centro. Y sí, la visión que arroja sobre determinados aspectos del periodismo es a la par realista e idealista (una cosa es lo que ocurre y otra lo que debería ocurrir). En este aspecto, nada que reprochar.

Pero la pregunta es, precisamente, la que se hace más arriba. ¿Es relevante todo este contenido ideológico? Relevante para el producto audiovisual que se ofrece, claro está. Dejando a un lado posiciones políticas, aspiraciones sociales y demás conceptos morales superiores, la respuesta debería ser no. En realidad, da igual que defiendan una forma de entender periodismo o una forma de hacer política. Lo importante aquí es cómo se presenta, cómo Sorkin es capaz de introducir al espectador en un mundo único en el que todo pasa en un suspiro, en el que apenas hay tiempo de sentarse a meditar. Pensándolo bien, no da igual. Porque sin ese idealismo, sin esa marcada posición ideológica, la serie carecería de buena parte de su grandeza. Es necesario poner a los personajes en unas posiciones inflexibles para poder exponer claramente las ideas. Lo que da igual es si son de un color o de otro. El mundo, en el fondo, funciona así. La realidad es multicolor, pero el ser humano tiende a catalogarlo todo como blanco o negro. La genialidad en este caso es saber plasmarlo en un guión.

La segunda temporada de The Newsroom es, en definitiva, más y mejor. Si la primera temporada ofrecía una visión más o menos idealizada del funcionamiento de una redacción, esta nueva entrega revela algo más los entresijos periodísticos de una noticia importante fraguada a lo largo de meses. El hecho de que su resultado no sea el esperado permite, además, exponer ideas como la veracidad o la credibilidad. Aunque lo relevante, al menos desde un punto de vista cinematográfico, es la forma que tiene el creador de la serie de conducir todo lo ocurrido en 9 capítulos a un único momento, a un único clímax en el que no solo se dan solución a los conflictos (algunos, por cierto, con un sentido del humor muy característico), sino que plantea escenarios futuros (nuevas parejas, nuevos traumas, nuevos retos) y, gracias a ese plano final tan sencillo y al mismo tiempo cargado de significado, nuevas noticias que ofrecer.

Primera temporada de ‘The Newsroom’, la actualidad según Sorkin


Imagen promocional de 'The Newsroom'.Después de guiones como el de La red social (2010) y, sobre todo, de una serie como El ala oeste de la Casa Blanca, no voy a ser yo quien trate de descubrir el genio detrás del nombre Aaron Sorkin. La fluidez de sus diálogos, algunas veces difíciles de seguir, y la solidez de sus personajes, sinceros con sus propias ideas hasta extremos pocas veces vistos, se han convertido en unas señas de identidad que reflejan un tipo de historias comprometidas, dinámicas y de una calidad que roza la perfección. He de confesar que no he podido disfrutar todo lo que me hubiera gustado de su serie sobre el Gobierno de Estados Unidos; tal vez sea por eso que el estreno de The Newsroom, su nuevo proyecto, se me antojó todo un evento de la pequeña pantalla. Por eso, y por el mundo que refleja. Y lo cierto es que no ha cumplido las expectativas: las ha superado con creces.

Lo nuevo de Sorkin no solo es una obra de obligado visionado para cualquier amante del mundo audiovisual, sino que es un producto único en su esencia. Entretiene como el que más; emociona como pocas series lo logran hoy en día; y educa, sobre todo a las nuevas generaciones del periodismo. En efecto, su trama sigue las relaciones de los diferentes miembros de una redacción de noticias en un canal de pago en Estados Unidos y, como es habitual en su creador, este microcosmos sirve fundamentalmente para presentar todo un abanico de ideologías políticas y sociales que no hacen sino reflejar lo mejor y lo peor del ser humano en las situaciones más tensas de su cotidianidad, en esta ocasión la contrarreloj que siempre es realizar un producto diario en directo.

Por lo que me toca como periodista, hay que reconocer que el trabajo de documentación es sencillamente perfecto. La dinámica de trabajo, la velocidad de las decisiones ante situaciones límite, o los conflictos laborales que siempre surgen en este tipo de equipos quedan dibujados de forma clara y veraz por la mano maestra del guionista de Algunos hombres buenos (1992), lo que aporta un aroma de credibilidad fácil de identificar para cualquier espectador, tenga nociones de periodismo o no. Pero este pilar sobre el que se asienta la serie es una constante en el trabajo de Aaron Sorkin, por lo que… ¿lo único novedoso es que transcurre en una redacción? Bueno, no. El otro factor interesante y que realmente otorga ese carácter veraz es el uso en cada episodio (10 en total) de algún acontecimiento real.

Esta baza, que obliga al guionista a situar la acción un año atrás, genera en el espectador la sensación de revivir situaciones como el protagonismo del Tea Party o la muerte de Bin Laden, sin duda uno de los mejores episodios de toda esta primera temporada. Mención aparte merece el capítulo piloto, una auténtica obra maestra que merece la pena ser estudiada por guionistas, actores, directores y periodistas para comprender, cada uno en su área de especialización, cómo se perfila un buen trabajo.

Actores y sus personajes idealizados

Desde luego, considero The Newsroom una de las mejores series de televisión de los últimos tiempos. Su inteligencia, su mordacidad y el humor negro que caracteriza a Sorkin dan forma a unas historias conmovedoras, a veces dramáticas, pero siempre imprescindibles. Esto no impide, sin embargo, que no pueda ser criticada o, por lo menos, que no posea un cierto aire de falsa perfección en su fondo, sobre todo en los personajes principales, comparados en numerosas ocasiones con Don Quijote y Sancho Panza, no sin cierta razón.

En este punto es importante señalar la imprescindible labor del reparto al completo, desde un Jeff Daniels (Buenas noches, y buena suerte) que se come la pantalla en la piel de un republicano que no duda en atacar a su partido cuando defiende cosas indefendibles, hasta secundarios como Olivia Munn (Magic Mike) o Sam Waterston (Los gritos del silencio), pasando por una Emily Mortimer (Shutter Island) maravillosa en su antítesis del protagonista. Gracias a su trabajo, comedido aunque con un cierto toque histriónico que genera los momentos más cómicos de la temporada, la redacción de las noticias cobra vida y logra transmitir esa dinámica compleja de entender que se genera en el mundo de la información.

Pero como decía, este mundo informativo está idealizado. Lo que Sorkin plasma sobre el papel, y lo que se traslada a la pantalla, es una imagen poco fidedigna de lo que es el mundo de la política y el periodismo en líneas generales. Es, más bien, lo que debería ser. La prensa, bien escrita, bien audiovisual, debería ser un instrumento de denuncia y control del poder, no una herramienta de este para sus fines particulares. Este cambio, que se produce en el extraordinario piloto y se mantiene, no sin dificultades, a lo largo de los 10 episodios, es tal vez el factor más atractivo de la serie, por mucho que sea lo menos realista de la misma (al menos, en algunos de sus planteamientos).

Esto no impide, sin embargo, que The Newsroom no sea una serie disfrutable. Más bien al contrario. La serie se postula, al igual que la ya mencionada El ala oeste de la Casa Blanca, como un producto imprescindible para comprender el mundo político actual que rige la vida de todo el planeta (sí, más que nos pese, Estados Unidos sigue siendo imprescindible en el devenir del resto de países), capaz de aunar en un solo entorno, la redacción de una cadena de televisión, todos los aspectos de la sociedad actual, tanto positivos como negativos: política, nuevas tecnologías, intereses económicos, creencias morales y religiosas, … Lo mejor de todo es que Aaron Sorkin lo consigue con una naturalidad tan aparentemente sencilla que da la impresión de haber compartido con estos personajes todas las batallas de una vida. Y solo han sido 10 capítulos.

Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt combinan sus rasgos en ‘Looper’


Bruce Willis se ha ganado a pulso su lugar como estrella del cine de acción. Sin embargo, su participación en películas como El sexto sentidoDoce monos le ha colocado como uno de los nombres a tener en cuenta dentro del género fantástico. Precisamente con la cinta co-protagonizada por Brad Pitt está relacionado uno de sus próximos proyectos. Hablamos de Looper, del que apareció un primer e impactante trailer hace unos días (y que, como siempre, encontraréis al final del texto).

La premisa base ya es, cuanto menos, interesante. La Humanidad ha encontrado por fin la forma de realizar viajes en el tiempo y, como ocurre con casi todo lo que inventa, se crea un mercado negro que la mafia aprovecha para eliminar a sus enemigos. En este contexto, Joe (Joseph Gordon-Levitt) se dedica a asesinar por una buena suma de oro a la gente que dichos grupos envían desde el futuro. Pero todo cambia cuando una de sus víctimas sea él mismo, aunque con unos años de más, y que será interpretado por Willis.

Pero ese no es su único atractivo. La propuesta, dirigida por Rian Johnson (Brick) y con la participación de Emily Blunt (Destino oculto), Jeff Daniels (Buenas noches, y buena suerte), Piper Perabo (El bar Coyote) y Paul Dano (Pozos de ambición), supone todo un experimento en lo que a interpretaciones diferentes de un mismo personaje se refiere. Como es habitual, a la hora de tener que mostrar a un personaje en diferentes etapas de su vida se recurre a dos actores que, más o menos, tengan un parecido físico.

Los responsables de Looper, sin embargo, van más allá. Para los que estén familiarizados con el rostro de Gordon-Levitt la foto superior tal vez les haya parecido un poco extraña. No es para menos. Y es que, de cara a generar una mayor verosimilitud, tanto los rasgos del protagonista de (500) días juntos como los del famoso John McClaine se han modificado digitalmente, mezclándolos hasta encontrar un punto en común donde cada rostro presenta cualidades del otro.

Viajes en el tiempo

Como decimos, esta no es la primera vez que Bruce Willis viaja en el tiempo. Y tampoco es la primera vez que se encuentra con su yo más joven. Doce monos ya planteaba la posibilidad de que el personaje de Willis se encontrara con su versión más joven, infantil, al final del film, en un acto de auténtica paradoja, pues no solo salvaba el futuro del mundo, sino su propia vida.

Dirigida por el siempre interesante Terry Gilliam (El imaginario del Dr. Parnassus, la cinta abordaba el tema de los viajes en el tiempo de una forma mucho más apocalíptica y oscura de lo que lo hace Looper, que en ese sentido parece acercarse más a otras producciones como Time Cop.

En cualquier caso, la película de Johnson plantea algunas cuestiones que siempre han sido polémicas en las discusiones relacionadas con los viajes en el tiempo: cómo puede influir un cambio del pasado en el futuro, cuál es el efecto de conocer la situación del yo futuro y, sobre todo, qué ocurre si las dos versiones de uno mismo se encuentran en un mismo espacio de tiempo.

Todo esto y más a buen seguro se resolverá en Looper, cuyo estreno está previsto para el 28 de septiembre en Estados Unidos, y para octubre en España.

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