‘Blade Runner 2049’: el milagro de los replicantes


El dicho ‘Segundas partes nunca fueron buenas’ suele basarse en la idea de que, para una continuación, lo que se requiere es potenciar todo aquello que llamó la atención en la primera parte. Y por regla general esto se traduce en más acción, más efectos y, en resumen, más ruido. Pero hay ocasiones en que un director es capaz de ver más allá, de comprender bien una historia y completarla con otra igualmente interesante sin hundirla en el lodo de los intereses comerciales. Y ese director, en esta ocasión, es Denis Villeneuve (Enemy).

Su visión de esta Blade Runner 2049 es sencillamente brillante. Sin grandes alardes visuales, el realizador aprovecha el mundo creado por Ridley Scott allá por 1982 para potenciar al máximo el tono sombrío, frío y carente de contacto humano del primer film. Visualmente fascinante, la cinta ahonda aún más en ese mundo donde humanos y replantes conviven sin que, en el fondo, existan grandes diferencias entre ellos, ni siquiera emocionales. Con todo, Villeneuve es capaz de aportar su particular visión en momentos clave, ofreciendo eso tan difícil que es el toque personal en una continuación con vida propia al tiempo que respeta la estética tan exclusiva del original.

Con todo, el envoltorio no es lo único destacable. La historia de esta continuación, por definirla de algún modo, es totalmente independiente, con una estructura narrativa similar al original pero capaz de subsistir sin necesidad de conocer la primera historia. Su trama, aunque toma referentes del clásico de la ciencia ficción, explora sus propios dramas y su propia intriga para ofrecer al espectador un relato ágil, cargado de reflexión moral y social, con giros argumentales brillantes y unas pocas secuencias de acción perfectamente integradas en este viaje de autodescubrimiento del protagonista, que muchos compararán con el papel que tuvo Harrison Ford (Morning Glory) pero que, personalmente, creo que también tiene mucho, sobre todo en su tramo final, del rol de Rutger Hauer (El rito). Y eso sin hablar de un reparto más que notable en su conjunto.

Dicho esto, habrá quien se pregunte si es necesaria una continuación de Blade Runner. La respuesta, evidentemente, es no. Pero esa no es la cuestión. Blade Runner 2049 es una obra tan atemporal como el original, tan independiente, fuerte, con carga filosófica, sociológica y moral como su predecesora. No es una secuela, es una ampliación del universo creado hace ya tantos años. Y bajo este prisma es una obra notable, inmensa en algunos momentos. Villeneuve no solo se confirma como uno de los mejores directores actuales, sino que demuestra que es posible abrir el abanico de este universo futurista. No voy a decir que estemos ante un clásico moderno o una obra maestra, básicamente porque no crea nada nuevo ni revolucionario, pero desde luego debería ser un referente actual de cómo hacer cine. Buen cine.

Nota: 8,5/10

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El nuevo ‘Blade Runner’ persigue ‘La montaña entre nosotros’


La ciencia ficción se adueña este fin de semana de la cartelera española. Aunque es cierto que hoy viernes, 6 de octubre, son varias y muy variadas las propuestas que llegan a las salas de cine, lo cierto es que solo una de ellas parece acaparar todas las miradas, ya sea por la expectación que genera la secuela de un clásico inapelable de la ciencia ficción, ya sea por las propias características de la película. En cualquier caso, octubre comienza con una mirada al futuro.

Un futuro que lleva por título Blade Runner 2049, secuela del film de 1982 dirigido por Ridley Scott (Marte) y cuya trama transcurre 30 años después de los acontecimientos del primer film. El argumento arranca cuando un blade runner desentierra un secreto que puede convertir en caos el orden establecido. Su búsqueda de ayuda le llevará a encontrar a Rick Deckard, un blade runner que desapareció hace 30 años. Dirigida por Denis Villeneuve (La llegada), la cinta está protagonizada por Ryan Gosling (La La Land. La ciudad de las estrellas), Harrison Ford (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza), Robin Wright (Wonder Woman), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia vol. 2), Ana de Armas (Juego de armas), Machenzie Davis (Siempre amigas) y Jared Leto (Escuadrón suicida).

De Estados Unidos en exclusiva llega La montaña entre nosotros, drama con dosis de aventura y acción basado en la novela de Charles Martin y que dirige Hany Abu-Assad (Idol). El argumento gira en torno a dos desconocidos que, tras un accidentado viaje en avión, quedan atrapados en medio de una montaña cubierta de nieve. Cuando comprenden que nadie va a acudir en su ayuda emprenden un peligroso viaje por un paraje inhóspito y desconocido que creará una inesperada atracción entre ambos. Idris Elba (La Torre Oscura) y Kate Winslet (Belleza oculta) conforman la pareja protagonista, a los que acompañan Dermot Mulroney (Noche de venganza), Beau Bridges (serie Masters of sex) y Marci T. House (serie iZombie).

La fantasía y el drama se dan cita en La cabaña, producción estadounidense basada en el libro de William P. Young, Wayne Jacobsen y Brad Cummings y cuya historia arranca cuando un hombre que ha caído en una profunda depresión tras sufrir una tragedia familiar recibe una carta misteriosa en la que alguien le cita en una cabaña. Aceptar esa invitación no solo le cambiará la vida, sino que le obligará a enfrentarse a la tragedia y a verla desde otro punto de vista. Stuart Hazeldine (Exam) se pone tras las cámaras, mientras que Sam Worthington (Hasta el último hombre), Octavia Spencer (Figuras ocultas), Radha Mitchell (La oscuridad), Tim McGraw (Tomorrowland: El mundo del mañana) y Graham Greene (Unnatural) son los principales actores.

Desde Estados Unidos también llega Tu mejor amigo, comedia dramática de corte familiar que adapta la novela de W. Bruce Cameron cuya trama se centra en un perro que busca un sentido a su vida a través de los diferentes dueños que tiene. Dirigida por Lasse Hallström (Un viaje de diez metros), la película está protagonizada por Dennis Quaid (La verdad), Britt Robertson (El viaje más largo), Luke Kirby (serie Rectify), Josh Gad (Pixels), K.J. Apa (serie Riverdale), John Ortiz (Kong: La Isla Calavera), Gabrielle Rose (Mi amigo el gigante) y Juliet Rylance (serie The knick).

El principal estreno español de la semana es la comedia Toc toc, cinta dirigida por Vicente Villanueva (Lo contrario al amor) que traslada a la gran pantalla la obra homónima de Laurent Baffie en la que un grupo de personas diagnosticadas con TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) coincide en la sala de espera de su psiquiatra. Cuando este se retrasa y todos tienen que convivir no solo con sus manías y trastornos, sino con los de los demás, el caos se desata. Paco León (Embarazados), Alexandra Jiménez (100 metros), Rossy de Palma (Señor, dame paciencia), Oscar Martínez (El ciudadano ilustre), Adrián Lastra (Noctem) e Irma Cuevas (serie Vis a vis) encabezan el reparto.

Muy diferente es Morir, drama español que se centra en la vida de una joven pareja que debe hacer frente a su futuro y a la fortaleza de su amor cuando a él le diagnostican una grave enfermedad. Fernando Franco (La herida) es el director y uno de los guionistas de esta cinta protagonizada por Marian Álvarez (La niebla y la doncella), Andrés Gertrúdix (Que Dios nos perdone), Íñigo Aranburu (El guardián invisible) y Eduardo Rejón.

Entre el resto de estrenos europeos tenemos El jardín de Jeannette, adaptación de la novela de Guy de Maupassant ambientada en 1819, cuando una joven llena de sueños e inocencia regresa a su casa tras acabar sus estudios escolares en un convento. Es entonces cuando se casa con un vizconde que rápidamente se muestra como un hombre miserable e infiel, destruyendo poco a poco las ilusiones de la joven. Dirigida por Stéphane Brizé (No estoy hecho para ser amado), esta cinta franco belga cuenta en su reparto con Judith Chemla (Una dulce mentira), Jean-Pierre Darroussin (Golpe de calor), Yolanda Moreau (La infancia de un líder), Swann Arlaud (Baden Baden), Nina Meurisse (Las sillas musicales) y Olivier Perrier (Voy a ser mamá).

Con capital argentino y español se presenta El último traje, drama escrito y dirigido por Pablo Solarz (Juntos para siempre) que narra la búsqueda de un judío para encontrar a un amigo que también consiguió salir vivo de un campo de exterminio nazi. Entre los principales actores encontramos a Miguel Ángel Solá (El corredor nocturno), Ángela Molina (Murieron por encima de sus posibilidades), Martín Piroyansky (Permitidos), Natalia Verbeke (Las chicas de la sexta planta) y Julia Beerhold (Westfalia).

El último de los estrenos de ficción, que además llega el jueves día 5, es la japonesa Museum, film de 2016 que adapta el manga de Ryôsuke Tomo en el que un detective de la policía de Tokio debe investigar un asesinato desconcertante. La víctima ha sido brutalmente torturada, y junto al cadáver solo hay una nota que avanza que no será el único crimen. Comienza así una persecución a un asesino que parece atacar solo cuando llueve y que cubre su rostro con una máscara de una rana. Thriller y terror se mezclan en este film dirigido por Keishi Ohtomo (Kenshin, el guerrero samurai) y protagonizado por Masatô Ibu (Kuroshitsuji), Mikako Ichikawa (Shin Godzilla), Tomomi Maruyama (Nana 2) y Shûhei Nombra (Birigyaru).

En lo que a documental se refiere, Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca es la secuela del documental de 2006 que, en esta ocasión, se centra en los cambios de la revolución energética y sus consecuencias. Bonni Cohen y Jon Shenk (Audrie & Daisy) son sus directores.

‘Escuadrón Suicida’, unos buenos malos… ¿o eran malos buenos?


Will Smith y Margot Robbie lideran el 'Escuadrón Suicida' de David Ayer.A tenor de las críticas recibidas, debo de ser de los pocos que defienden Escuadrón Suicida. Y la verdad es que no me arrepiento. Argumentos a su favor tiene, como también los tiene en su contra. Vamos, lo que le viene a pasar al 80% de las películas, y lo que prácticamente ocurre en todas las cintas de superhéroes. El problema, o al menos uno de los más importantes, de la cinta de David Ayer (Corazones de acero), no radica en la propia historia, sino en algo que va más allá de la película, y que tiene un nombre: DC Cómics. La reciente obsesión por juntar en pantalla a un grupos de personajes conocidos por los amantes de los cómics está llevando a esta compañía a hacer películas irregulares, de difícil narrativa, pero con mucha espectacularidad.

La verdad es que esta película con un plantel de actores más que notable merece un análisis más profundo que el de la mera crítica, de ahí este extenso texto. A David Ayer se le puede acusar de muchas cosas, pero desde luego no de lo principal en cualquier película de superhéroes/supervillanos: entretenimiento. Porque esta reunión de malos no tan malos (hay buenos que son peores) es eso, puro y sencillo entretenimiento. El que quiera buscar algo más puede que lo encuentre, pero saldrá mayormente decepcionado. Y la verdad es que la película no busca nada más. Secuencias brillantemente ejecutadas, un humor algo irregular pero efectivo, sobre todo cuando recae sobre Margot Robbie (La leyenda de Tarzán) y su ya imprescindible Harley Quinn, y algunos diálogos que permiten hacer avanzar la acción son las señas de identidad. Vamos, lo mismo que ocurre en Los Vengadores y cintas similares.

Quizá la mejor defensa para este argumento es que Escuadrón Suicida dura dos horas y apenas se nota, logrando superar los baches propios de la narrativa de forma más o menos solvente. Pero volvamos sobre el reparto, o mejor dicho sobre esa pareja formada por Robbie y Jared Leto (El señor de la guerra), un Joker menos alocado y más psicópata que sin duda eleva el tono del film cada vez que aparece… y se hace poco. Ambos personajes, sin duda los mejor definidos e interpretados, son el mejor ejemplo de cómo los secundarios (o protagonistas con menor peso en la trama) pueden terminar por arrebatar el protagonismo de una historia. Y este sí es un punto débil de la película, que abordaré a continuación.

Pero junto a ellos hay todo un grupo de actores solventes, disfrutando de sus respectivos papeles y demostrando que la película puede funcionar en todos sus aspectos. El desarrollo dramático conseguido por Ayer, aunque claramente diferenciado en dos partes, es lo suficientemente sólido como para componer un mosaico de aventura, acción y humor en el que cada personaje, al menos los principales, está definido no solo por sus motivaciones, sino por su pasado y por su personalidad. Otra cosa es lo que ocurre con el resto de secundarios y lo que cabría esperar de la cinta. En cualquier caso, no se puede negar que esta cinta es una pieza más en la construcción de ese mundo cinematográfico de DC, y personalmente creo que es una pieza interesante y atractiva.

Al humo de las velas

Pero seamos sinceros. Escuadrón Suicida no es una película perfecta. De hecho, posiblemente no sea de las mejores de superhéroes. Y varios son sus problemas, que en principio no afectan al disfrute de estas aventuras, pero que sí pueden resultar determinantes para un tipo de público, sobre todo el más especializado. Para empezar, y como comentaba al inicio, DC Cómics llega tarde. Más bien, llega al humo de las velas a esta especie de fiesta en que se han convertido las películas de superhéroes. Con un tono más oscuro que su eterno rival, Marvel Cómics, la compañía ha querido resumir en un par de películas los años de trabajo en la pantalla grande que lleva su competidora. Y eso pasa factura, en algunos casos más grande que en otros.

En la película que nos ocupa, esto se traduce en una necesidad de presentar a demasiados personajes en una sola historia. Si algo han demostrado este tipo de films es que presentar a más de un personaje en la trama (además del héroe, claro está) tiende a ser un problema narrativo más que evidente. Ha pasado con todos, desde Spider-Man a Batman. Y si eso es así, ¿qué puede ocurrir cuando son 10 los roles a desarrollar? Aunque la opción elegida por Ayer no es la peor de todas, desde luego deja muchas lagunas. Para empezar, divide claramente la historia en dos, impidiendo un desarrollo más o menos profundo de la trama principal y su respectiva amenaza. Además, el director y guionista se ve obligado a desarrollar únicamente a los principales, dejando al resto a su suerte y a tratar de resumir su historia en una sola frase, con suerte en una mínima secuencia. Esta idea, aunque efectiva, termina por desdibujar a este grupo de villanos, convirtiendo a muchos de ellos en arquetipos lineales con poca o ninguna diferencia entre ellos, salvo sus habilidades y su aspecto, claro está.

Y precisamente los villanos es otro punto débil de la cinta. Puede parecer irónico que una cinta que se basa en un grupo de malos tenga como debilidad precisamente eso, pero así es. El problema es la necesaria humanización de los personajes. Todos ellos, sobre todo los principales, deben tener un aspecto con el que se puedan identificar los espectadores. Y esto termina siendo un problema, amén de escoger a actor como Will Smith (La verdad duele), héroe por antonomasia del cine de aventuras moderno, para un asesino a sueldo que parece más una figura paternal para el resto de supervillanos. La película utiliza dos herramientas para esa humanización, a cada cual más peligrosa. Por un lado, convertir a los presuntamente buenos, y en general a todos los que les rodean, en más malos que los propios villanos. Y por otro, demostrar que todos los malos lo que buscan, en realidad, es una vida tranquila, sencilla y en paz.

Eso es algo que no funciona, al menos no como vehículo para demostrar que son villanos sin escrúpulos que pueden lograr la redención con sus buenas acciones por un bien mayor. Y no funciona porque, además de que parecen héroes en lugar de antihéroes, los buenos parecen demasiado inocentes. Algo que representa a la perfección el personaje de Joel Kinnaman (serie House of cards), quien comienza la cinta aparentando un desprecio hacia su escuadrón de villanos y termina por ser amigo de asesinos, psicópatas y monstruos. Y ni siquiera la muerte inicial de un miembro del grupo puede eliminar la sensación de que estos antihéroes son héroes; para eso ya se cuidan mucho de que el único que muere es aquel que no tiene casi ni presentación. El resultado final es que Escuadrón Suicida funciona como película de superhéroes, no de supervillanos obligados a hacer el bien. Funciona por su entretenimiento, aunque falla en algunos aspectos que para muchos pueden ser fundamentales. Ahora bien, se disfruta mucho, tanto de la acción como del humor, de su banda sonora y de la locura que imprimen al conjunto Leto y Robbie. Al final, como todo, la película funciona porque se encuentra en un punto intermedio. Y puede que ese sea el problema.

‘Escuadrón Suicida’ lidera los primeros estrenos de agosto


Estrenos5agosto2016La cartelera española comienza el mes de agosto con el que posiblemente sea el estreno más esperado del verano, por no decir del año. Las críticas para todos los gustos y el notable reparto la precedente, pero esta cinta no es lo único que llega este viernes, 5 de agosto, como es lógico. Sin embargo, sí se puede decir que es el más importante, y prueba de ello es que la mayoría del resto de films no parecen querer competir contra su previsible éxito de taquilla.

Hablamos de Escuadrón suicida, nueva adaptación de un cómic, en esta ocasión de DC, que parte de una premisa cuanto menos original. Una oficial de inteligencia de Estados Unidos decide reclutar a los mayores villanos encarcelados gracias a los superhéroes para enfrentarse a un ente enigmático. Sin embargo, cuando el grupo se encuentra sobre el terreno descubre que su objetivo no era la victoria, sino ser una cabeza de turco ante el previsible fracaso, por lo que deberán decidir entre su redención o su huída hacia la libertad. Escrita y dirigida por David Ayer (Sabotage), la cinta, que promete acción, humor y diversión a raudales, cuenta con un reparto de vértigo en el que destacan Will Smith (La verdad duele), Jared Leto (Dallas Buyers Club), Margot Robbie (La leyenda de Tarzán), Jai Courtney (Terminator: Génesis), Cara Delevingne (Ciudades de papel), Viola Davis (serie Cómo defender a un asesino), Joel Kinnaman (Una noche para sobrevivir), Jay Hernandez (Ladrones), Adewale Akinnouye-Agbaje (Pompeya), Raymond Olubawale (Make your move), Scott Eastwood (El viaje más largo), Jim Parrack (serie True Blood), Common (Selma), Ezra Miller y Ben Affleck, estos repitiendo sus respectivos papeles en Batman v Superman: El amanecer de la Justicia.

Muy diferente es Mascotas, propuesta de animación producida entre Japón y Estados Unidos que dirigen a cuatro manos Yarrow Cheney, quien debuta en el largometraje, y Chris Renaud (Gru, mi villano favorito). La trama narra las aventuras que viven nuestros animales de compañía cuando se quedan solos en casa mientras sus dueños van a trabajar o al colegio. Proyectada en 2D y 3D, la cinta cuenta con las voces, en su versión original, de Louis C.K. (serie Horace and Pete), Eric Stonestreet (serie Modern family), Kevin Hart (Un espía y medio), Jenny Slate (Joshy), Ellie Kemper (Sex tape. Algo pasa en la nube) y Lake Bell (Golpe de Estado).

Desde Hollywood también llega Hello, my name is Doris, comedia romántica con toques dramáticos de 2015 cuya historia comienza cuando una mujer soltera entrada en años que no ha conocido el amor se enamora a primera vista de uno de sus compañeros de trabajo, mucho más joven que ella. Desde ese momento iniciará todo un proceso para conquistarle en el que involucrará incluso a la nieta de su mejor amiga. Michael Showalter (The Baxter) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Sally Field (Lincoln), Wendi McLendon-Covey (Juntos y revueltos), Beth Behrs (serie Dos chicas sin blanca) y Max Greenfield (Reencuentro de amigos).

Con algo de retraso llega la comedia dramática El verano de May, producción de 2013 que cuenta con capital norteamericano, jordano y qatarí. Escrito, dirigido y protagonizado por Cherien Dabis (Amerrika), el film arranca cuando una sofisticada neoyorquina regresa a Jordania, su país natal, para celebrar su boda. Allí salen a relucir innumerables problemas sociales y culturales que obligarán a la mujer a plantearse el paso que está a punto de dar. El reparto se completa con Bill Pullman (Lola Versus), Hiam Abbass (Inheritance) y James Garson Chick (La noche más oscura).

Antes de pasar a los estrenos europeos, Regreso a casa es un drama chino que adapta la novela de Geling Yan en la que, a principios de los setenta, un hombre logra escapar de un campo de trabajo en China para ver a su familia. Sin embargo, su hija, que no quiere que nada arruine su carrera como bailarina, se las ingenia para mantenerle alejado. Años más tarde, y una vez finalizada la Revolución Cultural, el hombre regresa legalmente a casa, solo para descubrir que su mujer, enferma, no le reconoce, aunque sigue esperando a que su marido vuelva. Dirigida por Zhang Yimou (Héroe), en el reparto destacan nombres como los de Gong Li (Memorias de una geisha), Ni Yan (Mural), Tao Guo (7 assassins), Huiwen Zhang y Daoming Chen (Ci ling).

Ahora sí, entre las novedades del Viejo Continente destaca Bella y perdida, drama italiano con tintes fantásticos que gira en torno a un pastor que cuida voluntariamente el Palacio de Carditello, perteneciente a los Borbones. Una propiedad ahora abandonada y desvalijada por ladrones que, además, han arrasado la comarca que lo rodea, ahora en manos de la Camorra. El pastor, junto con dos animales que logra salvar, iniciará un viaje cuyo final cambiará su vida. Pietro Marcello debuta en el largometraje de ficción con este film protagonizado por un reparto casi debutante integrado por Elio Germano (Padroni di casa), Gesuino Pittalis, Sergio Vitolo y Tommaso Cestrone.

Desde Alemania procede Mi vida a los sesenta, comedia dramática producida en 2014 centrada en la vida de una mujer que ha logrado el éxito profesional pero que ha fracasado en el plano sentimental. Cuando le dan la jubilación anticipada en su empresa decide quedarse embarazada y tener la familia que nunca había logrado. El destino querrá que el donante de esperma sea del hijo de un hombre con el que comenzará una relación de la forma más accidental posible. Ópera prima de Sigrid Hoerner, la cinta está protagonizada por Iris Berben (El equipo Tigre), Edgar Selge (El quinto poder), Carmen-Maja Antoni (La cinta blanca) y Björn von der Wellen (Si no nosotros, ¿quién?).

Sin duda el film más internacional es La memoria del agua, drama romántico producido en 2015 entre España, Alemania, Chile y Argentina cuyo argumento narra la difícil relación de un joven matrimonio después del fallecimiento de su hijo. Cada vez más distanciados a pesar del amor que sienten el uno por el otro, la cinta narra la fractura de la pareja y la búsqueda de todo aquello que permita reducir el dolor de la pérdida. Sin embargo, un reencuentro abre la puerta a retomar la relación, algo que podría cambiar para siempre sus vidas. Dirigida por Matías Bize (La vida de los peces), la película está protagonizada por Elena Anaya (Todos están muertos), Benjamín Vicuña (Drama), Pablo Cerda (Educación física) y Néstor Cantillana (No).

‘Réquiem por un sueño’, una espiral de autodestrucción por las drogas


Jared Leto y Jennifer Connelly protagonizan 'Réquiem por un sueño', dirigida por Darren Aronofsky.El reciente estreno de Noé y la polémica que ha generado han vuelto a poner a su director, Darren Aronofsky, en el punto de mira de muchos puritanos. La verdad es que no es la primera vez (y casi seguro que no será la última) que la polémica acompaña a sus películas. Una de esas ocasiones fue Réquiem por un sueño (2000), espléndida odisea basada en la novela de Hubert Selby Jr. que, a lo largo de varias estaciones, narra la decadencia de tres jóvenes como consecuencia de su adicción a las drogas y de la madre de uno de ellos cuya adicción a las anfetaminas es producida por su obsesión con un concurso de televisión. Jared Leto (Dallas Buyers Club), Jennifer Connelly, que también participa en la interpretación de Aronofsky del diluvio universal, Marlon Wayans (Scary Movie) y Ellen Burstyn (serie Political Animals) dan vida al cuarteto protagonista cuyas vidas entran en una espiral de autodestrucción cuyo final es, por decirlo suavemente, absolutamente descorazonador.

Porque si algo destaca en esta película es la ausencia total de delicadeza por parte de su director. El desarrollo dramático, estructurado en tres partes que se identifican con el verano, el otoño y el invierno, tiene todas las cualidades de una caída libre, de un descenso a los infiernos del ser humano en el que no caben contemplaciones de ningún tipo, y en el que los simbolismos toman el control a medida que se suceden las secuencias. Hay que aclarar que no es casualidad el hecho de que la vida de los protagonistas se vuelva lúgubre, fría y desoladora a medida que avanzan los meses en los que transcurre. El director identifica así el verano con la esperanza, el otoño con la decadencia y el invierno con la muerte, en este caso de los sueños que todos los personajes tenían en sus comienzos.

Es cierto que el cine ha abordado la problemática de las drogas desde muchos puntos de vista, pero la forma que tiene Aronofsky de adentrarse en los peligros de la adicción y en las consecuencias emocionales y físicas que tiene en los individuos es realmente impactante. En buena medida es gracias a que ubica la acción en las tres estaciones del año, concepto que no solo influye de forma subconsciente, sino que ofrece una serie de posibilidades narrativas únicas, como son las diferentes tonalidades cromáticas, el tono lumínico o la simple vestimenta de los protagonistas, lo que unido a su decadencia física les aporta un mayor dramatismo. De todos modos, no es el apartado técnico lo que más destaca, o al menos no con respecto a otras producciones que abordan la misma temática.

No, lo realmente interesante de Réquiem por un sueño es su forma de atender las relaciones humanas y cómo las drogas terminan por destruir todo aquello que se había creado (más o menos como hace el invierno con el verano). Por ejemplo, la relación con la que empiezan los tres protagonistas dista mucho de la que existe una vez terminan sus respectivos periplos adictivos. Más allá de que, por ejemplo, los personajes de Leto y Connelly forman una pareja con planes de futuro tanto personales como profesionales (planean abrir una tienda con el dinero que sacan de las drogas), lo más llamativo reside en que los cuatro personajes terminan sus respectivos arcos dramáticos solos, abandonados a su suerte y en unas situaciones decadentes, peligrosas para su propia integridad física e impactantes.

Alcanzar los sueños por la vía rápida

Tal vez el caso menos sobrecogedor sea el del personaje de Wayans, cuyo desarrollo queda en un segundo plano ante la velocidad con la que caen el resto de roles. Desde luego, ver cómo el brazo de Jared Leto se gangrena por la cantidad de inyecciones que se ha puesto, o cómo Jennifer Connelly llega a prostituirse en una orgía para conseguir dinero y seguir drogándose son dos de los momentos más desagradables de un film que, por otro lado, posee numerosos momentos para el recuerdo, muchos de ellos protagonizados por una Ellen Burstyn espléndida en su rol de mujer que se engancha a las drogas como única vía para conseguir un objetivo, para ella, vital.

Resulta interesante comprobar cómo este mensaje, el de utilizar las drogas para conseguir unos objetivos, subyace a lo largo de todo el desarrollo dramático de este Réquiem por un sueño. Puede que el caso de la mujer mayor que recurre a una peligrosa dieta a base de anfetaminas para poder ponerse un vestido que ya no le cabe y acudir a su programa de televisión favorito sea el más evidente. Sus recurrentes secuencias frente al televisor y la práctica ausencia de otro escenario que no sea su casa confieren a su obsesión un cariz angustioso y a la par decadente que se potencia con los numerosos momentos oníricos/delirantes de los efectos que un uso cada vez mayor de las drogas tienen en ella. Su final, demacrada, esquelética y en una camilla recibiendo descargas de electroshock lo explica todo.

El caso de los tres amigos tal vez sea menos claro formalmente hablando, pero es igualmente revelador. Los tres personajes buscan una vía de escape a su situación, ya sea para conseguir un futuro económico mejor, ya sea para dejar atrás un pasado marcado por la violencia y un barrio peligroso. El resultado es, si cabe, más dramático que el del personaje de Burstyn, pues mientras que ésta utiliza las drogas para su consumo, aquellos se nutren de las drogas en un principio como mercancía de venta, terminando poco a poco por consumir más de lo que venden. Esta vía rápida, además, se vuelve en su contra: el personaje de Leto termina mutilado, el de Wayans en la cárcel trabajando y vomitando, y el de Connelly en una orgía. El mensaje, por tanto, no reside tanto en que para conseguir los sueños no valen atajos, sino en que dichos atajos pueden situar al individuo en una posición mucho más peligrosa y alejada de su situación inicial.

No cabe duda de que Réquiem por un sueño es un film excepcional, una pequeña joya que en muchos círculos ya es considerada un clásico. Sea como fuere, Aronofsky completa aquí una de sus mejores obras, desarrollando muchas de las herramientas que le definen como realizador (el simbolismo, la narrativa densa, el uso del color) y consiguiendo crear un mundo que se derrumba a la vez que sus personajes, magníficamente interpretados por todos los actores. Es una película impactante y desagradable, muy recomendable pero que hiere sensibilidades. Aunque, en el fondo, es una consecuencia lógica de la temática que trata.

‘Dallas Buyers Club’: la soledad de los actores excepcionales


Jared Leto y Matthew McConaughey son lo mejor de 'Dallas Buyers Club', de Jean-Marc Vallée.Existe la idea implantada en el subconsciente social de que el término “telefilm” es equivalente a mala calidad. Sin embargo, esto no debería de ser así. Sin ir más lejos, Steven Spielberg rodó en sus inicios El diablo sobre ruedas (1971), una magistral lección de tensión dramática. Y en este sentido es en el que debemos enmarcar lo nuevo de Jean-Marc Vallée (Café de Flore) como director, en esos relatos que perfectamente podrían haber sido destinados a televisión. La diferencia, como a estas alturas muchos sabrán, estriba en la excepcional labor de sus dos intérpretes principales, que logran llevar el peso de la acción.

Porque son ellos, Matthew McConaughey (El inocente) y Jared Leto (Réquiem por un sueño) el auténtico interés a lo largo de un metraje que se hace difícil de sobrellevar en algunos momentos. El primero, siguiendo una tendencia al alza que esperemos se mantenga durante varios años, realiza un ejercicio realmente duro y complicado, pues más allá del evidente cambio físico logra introducir al espectador en la vida de un hombre desesperado cuyo único objetivo es sobrevivir todo lo que el sida le permita más allá de los miopes diagnósticos de unos médicos sorprendidos por la enfermedad (hay que recordar que la historia sucede en 1985). Con todo, el que se lleva la palma es Leto. Más allá de su travestismo que obliga a mirar dos veces para reconocerlo, lo realmente interesante, y lo que convierte su actuación en magistral, es la capacidad para transmitir la debilidad emocional de un personaje acosado por una sociedad intolerante y retrógrada que no solo le considera “raro” por su tendencia sexual, sino un peligro sanitario. El hecho de que, además, la película muestre la decadencia física provocada por la enfermedad no hace sino ensalzar su labor.

Pero más allá de todo esto, la película no logra sobreponerse a la previsibilidad de su argumento. Más allá de que uno conozca o no la historia real, el desarrollo dramático transita por lugares comunes, por puntos de giro sin demasiado dramatismo y por acciones y reacciones vistas con minutos de antelación. Si a esto añadimos una realización más bien corriente, sin recursos narrativos especiales y con una cierta tendencia a repetir determinados esquemas audiovisuales (anunciar un dolor de cabeza o un desmayo con un pitido sordo no ayuda nada a la narración), el resultado a grandes rasgos no está a la altura de sus actores. La consecuencia más directa de esta apuesta por un tono más bien monótono es que la trama pierde la posibilidad de explotar algo más la lucha de un hombre contra una organización estatal que le priva de sus derechos, algo que únicamente se menciona en sus últimos minutos. Un tema que, si bien es igualmente previsible, aporta un matiz distinto al devenir de la película.

No quiere decir todo esto que Dallas Buyers Club sea un mal film, ni mucho menos. Aunque solo sea por sus dos actores ya merece ser tenida en cuenta para cualquier recuento acerca de lo mejor del año. Sin embargo, la sensación final que deja es la de una película menor, o mejor dicho, que podría haber sido algo más. Tal vez sea por la falta de ambición de su guión, centrado siempre en la forma de distribuir los medicamentos ilegales. Tal vez sea la propia realización de Vallée, que en ningún momento brilla de forma autónoma. O tal vez sea que sus actores realizan un trabajo de tal magnitud que eclipsa por completo el resto de componentes. Personalmente me inclino por las dos primeras. De lo que no cabe duda es de que tanto McConaughey como Leto merecen toda nuestra atención.

Nota: 7/10

McConaughey lucha contra el sida, el romance y los cuentos de hadas


Estrenos 14marzo2014Tras un fin de semana marcado por el entretenimiento puro y duro le toca el turno, de nuevo, a los Oscar. Hoy viernes, 14 de marzo, llega a la cartelera española el último de los triunfadores en la pasada gala que quedaba por estrenarse. Un intenso drama sobre el sida que no llega solo, a diferencia de semanas anteriores. Muchas son las propuestas interesantes y ganadoras de diversos premios que, por fortuna, cubren prácticamente todos los grupos de espectadores, desde aquellos que abogan por la comedia hasta el drama romántico, pasando por el terror o el documental histórico.

Aunque es evidente que el más interesante es Dallas Buyers Club, cinta que se ha llevado 3 Oscars, entre ellos los de sus actores masculinos. Un drama que, como decíamos, se ambienta en el mundo del sida. En concreto, la cinta recoge la historia real de un cowboy al que se le diagnostica que tiene la enfermedad, se le da un fármaco altamente tóxico y una esperanza de vida de un mes. Negándose a aceptar ese destino decide acudir a México para someterse a un tratamiento no aprobado legalmente. Cosas del destino, el tratamiento logra alargarle la vida y le convierte, además, en el mayor promotor y defensor de este procedimiento, iniciando una lucha contra la Administración y una campaña de concienciación sobre la desinformación del Gobierno. El mayor atractivo de esta cinta dirigida por Jean-Marc Vallée (La reina Victoria) es ver tanto a Matthew McConaughey (Mud) como a Jared Leto (El señor de la guerra) en unos roles que les han reportado todo tipo de premios. Junto a ellos encontramos a Jennifer Garner (Juno), Denis O’Hare (serie American Horror Story: Coven), Steve Zahn (Sahara) y Michael O’Neill (J. Edgar).

También dentro del drama, aunque con temática muy distinta, se enmarca Una vida en tres días, cinta protagonizada por Kate Winslet (Revolutionary Road) y Josh Brolin (Men In Black III) cuyo argumento se centra en un adolescente que trata de cuidar de su solitaria madre. Las vidas de ambos se ven alteradas, durante el fin de semana del Día del Trabajo, acojan a un hombre necesitado que resulta ser un convicto fugado. Lo que comienza siendo un secuestro se convierte poco a poco en una relación que les cambiará para siempre. El film, que supone el regreso de Jason Reitman (Up in the air) a la dirección, es una adaptación de la novela de Joyce Maynard, y su reparto se completa con Gattlin Griffith (El río de los sueños), Tobey Maguire (El gran Gatsby), Tom Lipinski (serie The following), Clark Gregg (Los Vengadores), James Van Der Beek (serie Apartamento 23), J.K. Simmons (Spider-Man) y Maika Monroe (A cualquier precio).

El último de los estrenos estadounidenses es The woman, cinta de terror del 2011 dirigida por Lucky McKee (May) que gira en torno a un abogado que descubre a una mujer salvaje en los bosques cercanos a su casa de campo. Lejos de amedrentarse o avisar a las autoridades, decide intentar civilizarla y la introduce en su casa. Lo que no sabe es que la misteriosa mujer es el último miembro de un violento clan, lo que pondrá en peligro al abogado y al resto de su familia. El reparto está integrado por Pollyanna McIntosh (El mundo de los perdidos), Chris Krzykowski, Lauren Ashley Carter (Rising stars), Brandon Gerald Fuller y Sean Bridges (Jake’s closet).

Otro de los estrenos interesantes de la semana es La bella y la bestia, nueva aproximación al famoso cuento de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. Dirigida por Christophe Gans (El pacto de los lobos), la historia sigue a una joven que vive con su padre y que, por una serie de circunstancias, termina siendo apresada por una bestia que vive en un enorme castillo. Sin embargo, a medida que pasen los días y las semanas la joven descubrirá que la bestia es en realidad un hombre condenado por un antiguo hechizo. Más adulta y mágica, esta versión cuenta con Vincent Cassel (Trance) como Bestia, y con Léa Seydoux (La vida de Adèle) como Bella, a los que se suman Eduardo Noriega (El mal ajeno), André Dussollier (Micmacs) y Audrey Lamy (La croisière).

En cuanto a la producción española, en lo que a ficción se refiere la representante es Ocho apellidos vascos, comedia romántica que centra su atención en los conflictos sociales entre el norte y el sur del país a través de la historia de un joven sevillano que ve cómo sus encantos no funcionan con una chica del País Vasco. Dispuesto a conquistarla, viaja hasta un pueblo en Euskadi haciéndose pasar por vasco, donde deberá superar todo tipo de pruebas no solo de los amigos de la chica, sino de un padre muy tradicional. Emilio Martínez Lázaro (El otro lado de la cama) es el encargado de poner en imágenes la trama, mientras que frente a las cámaras encontramos a Clara Lago (Primos), Dani Rovira (serie B&B, de boca en boca), Karra Elejalde (También la lluvia), Carmen Machi (serie Aída) y Alberto López (El mundo es nuestro).

Alemania y Venezuela son los países que respaldan Pelo malo, ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de San Sebastián. Escrito y dirigido por Mariana Rondón (Postales de Leningrado), este drama gira en torno a un muchacho cuyo pelo rizado, el “pelo malo” del título, se convierte en epicentro de un conflicto entre él y su madre, viuda y desempleada. Él quiere alisárselo para la foto de su colegio y parecerse así a un cantante de moda, pero a medida que insiste la madre se vuelve cada vez más intolerante, actitud provocada también por la difícil situación que vive. Todo ello llevará al joven a tomar una drástica decisión. La cinta cuenta con un reparto en el que el único intérprete conocido es Berto Benites (Colombiana), junto al que encontramos a Samuel Lange Zambrano, Nelly Ramos, Samantha Castillo y María Emilia Sulbarán.

Por último, aunque no por eso menos importante, se estrena Las maestras de la República, documental ganador del Goya en la pasada edición escrito y dirigido por Pilar Pérez Solano (La fama y su séquito) que, mediante una reconstrucción dramatizada e imágenes de archivo, recupera de la memoria la labor de las mujeres que contribuyeron no solo a la modernización de la educación en España, sino que fueron piedra angular en la conquista de los derechos de la mujer. Marta Barriuso es la voz que narra los acontecimientos, mientras que Laura De Pedro (La perla de Jorge) da vida a una maestra de la época.

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