Spider-Man pretende salvar el mundo en Semana Santa


Estrenos 16abril2014Lo que ha ocurrido con los estrenos en España de esta Semana Santa es, cuanto menos, curioso. Y no lo digo porque se hayan adelantado a hoy miércoles, 16 de abril, por otro lado algo habitual cuando los viernes son festivos. No, lo curioso es que los estrenos se han dividido en dos fechas, hoy y mañana jueves, para ocupar las salas de forma progresiva. Más aún, el estreno que a priori tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los films más taquilleros del año es el único que se estrena el día 17 de abril, perdiendo la oportunidad no solo de competir desde el primer momento con el resto de novedades, sino desaprovechando las sesiones del miércoles de cara a su recaudación. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es de que el regreso del hombre araña es el estreno de la semana.

Así que comenzaremos por ella aunque se estrene mañana jueves. The Amazing Spider-Man: El poder de Electro es el título de esta nueva aventura arácnido que retoma la historia del famoso superhéroe de Marvel allí donde la dejó The Amazing Spider-Man hace un par de años. Peter Parker disfruta siendo un superhéroe, pero el pasado de sus padres sigue persiguiéndole. Su búsqueda de respuestas le llevará a descubrir los peligrosos experimentos en los que se vio envuelto su padre, debiendo luchar al mismo tiempo con tres peligrosos villanos de los que Electro, un hombre que es electricidad en estado puro, representa la mayor amenaza. Acción, humor y 3D es lo que promete esta cinta que, con toda probabilidad, hará las delicias de los fans del superhéroe. Marc Webb vuelve a ponerse tras las cámaras, mientras que los principales actores de la primera entrega repiten en sus respectivos personajes: Andrew Garfield (Leones por corderos) como Spider-Man; Emma Stone (Rumores y mentiras) como Gwen Stacy; Sally Field (Lincoln) como la tía May; Campbell Scott (serie Daños y perjuicios) como Richard Parker; Embeth Davidtz (La lista de Schindler) como Mary Parker; y Denis Leary (Sand) como el capitán Stacy. A ellos se suman los tres villanos interpretados por Jamie Foxx (Django desencadenado); Paul Giamatti (12 años de esclavitud) y Dane DeHaan (Chronicle).

Pasamos ahora a lo que llega hoy miércoles. Y uno de los títulos más destacados es El Tour de los Muppets, nueva aventura de los famosos muñecos televisivos que, en esta ocasión, se ven envueltos en una conspiración internacional cuando realizan una gira por todo el mundo. Dicha conspiración está encabezada, ni más ni menos, que por el Delincuente Número Uno, cuya mano derecha es Número Dos. Dirigida por James Bobin (Los Muppets), la cinta cuenta con Ricky Gervais (Increíble pero falso), Ty Burrell (serie Modern family) y Tina Fey (Noche loca), además de personajes tan conocidos como la rana Gustavo, la cerdita Peggy, Gonzo, el oso Fozzie y muchos más.

El último de los estrenos norteamericanos es La partícula de Dios, thriller de acción del 2011 protagonizado por Antonio Banderas (La piel que habito) que sigue la búsqueda que realiza un investigador privado al que un ruso le encarga encontrar a su mujer. Para poder cumplir con su objetivo deberá enfrentarse a los numerosos hombres que también están interesados en encontrar a la mujer. Para colmo, el contrato llega en un momento en que el hombre se plantea muchos aspectos de su profesión, sobre todo las motivaciones que le llevan a inmiscuirse en la vida privada de la gente. Dirigida por Tony Krantz (Otis), en el reparto encoframos numerosos rostros conocidos como los de Thomas Kretschmann (Valkiria), William Fichtner (El llanero solitario), Sienna Guillory (Corazón de tinta), Delroy Lindo (Domino), James Van Der Beek (serie Apartamento 23), Sam Elliott (Up in the air), Autumn Reeser (La vecina de al lado), Snoop Dogg (Día de entrenamiento), Bill Duke (Yellow) y Rebecca Mader (Los hombres que miraban fijamente a las cabras).

En lo referente a la producción europea, uno de los títulos destacados es Tren de noche a Lisboa, que cuenta con capital alemán, suizo y portugués. La trama arranca cuando un profesor suizo de latín, griego y hebreo salva a una joven portuguesa del suicidio. Al poco tiempo empieza a leer una novela escrita por un doctor y poeta que luchó contra el dictador Salazar. La pasión que despierta el libro en el hombre le llevará a obsesionarse hasta el punto de abandonar su trabajo y viajar a Lisboa para enfrentarse al pasado de una forma que jamás hubiera imaginado. Basada en la novela de Pascal Mercier, la película está dirigida por Bille August (Adiós Bafana) y protagonizada por Jeremy Irons (Hermosas criaturas), Mélanie Laurent (Malditos bastardos), Jack Huston (serie Boardwalk Empire), Martina Gedeck (The door), Tom Courtenay (El cuarteto), Bruno Ganz (El consejero), Lena Olin (Chocolat), Christopher Lee (Sombras tenebrosas) y Charlotte Rampling (Melancolía).

También llega El pasado, producción francoitaliana que, en clave dramática, aborda el difícil proceso de divorcio entre un hombre que viaja de Teherán a París y su mujer francesa. Un proceso que se verá afectado por la conflictiva relación entre la mujer y su hija, y que tendrá inesperadas consecuencias cuando el hombre, en un intento de acercar posturas entre madre e hija, desvele un secreto del pasado. Asghar Farhadi (A propósito de Elly) escribe y dirige la cinta, mientras que frente a la cámara encontramos a Bérénice Bejo (The Artist), Tahar Rahim (Oro negro), Ali Mosaffa (Pele akher), Pauline Burlet (Dead man talking) y Elyes Aguis.

Finalmente, desde Suiza se presenta Hasta ver la luz, film de acción dirigido escrito y dirigido por Basil da Cunha que supone su debut en el largometraje. La historia sigue la solitaria vida de un joven que vive con su iguana y deambula por los barrios criollos de Lisboa durante la noche, todo con la intención de reunir el dinero necesario para saldar una deuda con un jefe de la banda local. Su vida dará un vuelco cuando se vea envuelto en un atraco que sale mal y sea perseguido por la policía hasta el amanecer. El reparto está integrado por actores debutantes, entre los que cabe destacar a Joao Veiga, Pedro Ferreira, Paulo Ribeiro, Nelson da Cruz Duarte Rodrigues y Ana Clara Baptista de Melo Soares Barros.

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McConaughey lucha contra el sida, el romance y los cuentos de hadas


Estrenos 14marzo2014Tras un fin de semana marcado por el entretenimiento puro y duro le toca el turno, de nuevo, a los Oscar. Hoy viernes, 14 de marzo, llega a la cartelera española el último de los triunfadores en la pasada gala que quedaba por estrenarse. Un intenso drama sobre el sida que no llega solo, a diferencia de semanas anteriores. Muchas son las propuestas interesantes y ganadoras de diversos premios que, por fortuna, cubren prácticamente todos los grupos de espectadores, desde aquellos que abogan por la comedia hasta el drama romántico, pasando por el terror o el documental histórico.

Aunque es evidente que el más interesante es Dallas Buyers Club, cinta que se ha llevado 3 Oscars, entre ellos los de sus actores masculinos. Un drama que, como decíamos, se ambienta en el mundo del sida. En concreto, la cinta recoge la historia real de un cowboy al que se le diagnostica que tiene la enfermedad, se le da un fármaco altamente tóxico y una esperanza de vida de un mes. Negándose a aceptar ese destino decide acudir a México para someterse a un tratamiento no aprobado legalmente. Cosas del destino, el tratamiento logra alargarle la vida y le convierte, además, en el mayor promotor y defensor de este procedimiento, iniciando una lucha contra la Administración y una campaña de concienciación sobre la desinformación del Gobierno. El mayor atractivo de esta cinta dirigida por Jean-Marc Vallée (La reina Victoria) es ver tanto a Matthew McConaughey (Mud) como a Jared Leto (El señor de la guerra) en unos roles que les han reportado todo tipo de premios. Junto a ellos encontramos a Jennifer Garner (Juno), Denis O’Hare (serie American Horror Story: Coven), Steve Zahn (Sahara) y Michael O’Neill (J. Edgar).

También dentro del drama, aunque con temática muy distinta, se enmarca Una vida en tres días, cinta protagonizada por Kate Winslet (Revolutionary Road) y Josh Brolin (Men In Black III) cuyo argumento se centra en un adolescente que trata de cuidar de su solitaria madre. Las vidas de ambos se ven alteradas, durante el fin de semana del Día del Trabajo, acojan a un hombre necesitado que resulta ser un convicto fugado. Lo que comienza siendo un secuestro se convierte poco a poco en una relación que les cambiará para siempre. El film, que supone el regreso de Jason Reitman (Up in the air) a la dirección, es una adaptación de la novela de Joyce Maynard, y su reparto se completa con Gattlin Griffith (El río de los sueños), Tobey Maguire (El gran Gatsby), Tom Lipinski (serie The following), Clark Gregg (Los Vengadores), James Van Der Beek (serie Apartamento 23), J.K. Simmons (Spider-Man) y Maika Monroe (A cualquier precio).

El último de los estrenos estadounidenses es The woman, cinta de terror del 2011 dirigida por Lucky McKee (May) que gira en torno a un abogado que descubre a una mujer salvaje en los bosques cercanos a su casa de campo. Lejos de amedrentarse o avisar a las autoridades, decide intentar civilizarla y la introduce en su casa. Lo que no sabe es que la misteriosa mujer es el último miembro de un violento clan, lo que pondrá en peligro al abogado y al resto de su familia. El reparto está integrado por Pollyanna McIntosh (El mundo de los perdidos), Chris Krzykowski, Lauren Ashley Carter (Rising stars), Brandon Gerald Fuller y Sean Bridges (Jake’s closet).

Otro de los estrenos interesantes de la semana es La bella y la bestia, nueva aproximación al famoso cuento de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. Dirigida por Christophe Gans (El pacto de los lobos), la historia sigue a una joven que vive con su padre y que, por una serie de circunstancias, termina siendo apresada por una bestia que vive en un enorme castillo. Sin embargo, a medida que pasen los días y las semanas la joven descubrirá que la bestia es en realidad un hombre condenado por un antiguo hechizo. Más adulta y mágica, esta versión cuenta con Vincent Cassel (Trance) como Bestia, y con Léa Seydoux (La vida de Adèle) como Bella, a los que se suman Eduardo Noriega (El mal ajeno), André Dussollier (Micmacs) y Audrey Lamy (La croisière).

En cuanto a la producción española, en lo que a ficción se refiere la representante es Ocho apellidos vascos, comedia romántica que centra su atención en los conflictos sociales entre el norte y el sur del país a través de la historia de un joven sevillano que ve cómo sus encantos no funcionan con una chica del País Vasco. Dispuesto a conquistarla, viaja hasta un pueblo en Euskadi haciéndose pasar por vasco, donde deberá superar todo tipo de pruebas no solo de los amigos de la chica, sino de un padre muy tradicional. Emilio Martínez Lázaro (El otro lado de la cama) es el encargado de poner en imágenes la trama, mientras que frente a las cámaras encontramos a Clara Lago (Primos), Dani Rovira (serie B&B, de boca en boca), Karra Elejalde (También la lluvia), Carmen Machi (serie Aída) y Alberto López (El mundo es nuestro).

Alemania y Venezuela son los países que respaldan Pelo malo, ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de San Sebastián. Escrito y dirigido por Mariana Rondón (Postales de Leningrado), este drama gira en torno a un muchacho cuyo pelo rizado, el “pelo malo” del título, se convierte en epicentro de un conflicto entre él y su madre, viuda y desempleada. Él quiere alisárselo para la foto de su colegio y parecerse así a un cantante de moda, pero a medida que insiste la madre se vuelve cada vez más intolerante, actitud provocada también por la difícil situación que vive. Todo ello llevará al joven a tomar una drástica decisión. La cinta cuenta con un reparto en el que el único intérprete conocido es Berto Benites (Colombiana), junto al que encontramos a Samuel Lange Zambrano, Nelly Ramos, Samantha Castillo y María Emilia Sulbarán.

Por último, aunque no por eso menos importante, se estrena Las maestras de la República, documental ganador del Goya en la pasada edición escrito y dirigido por Pilar Pérez Solano (La fama y su séquito) que, mediante una reconstrucción dramatizada e imágenes de archivo, recupera de la memoria la labor de las mujeres que contribuyeron no solo a la modernización de la educación en España, sino que fueron piedra angular en la conquista de los derechos de la mujer. Marta Barriuso es la voz que narra los acontecimientos, mientras que Laura De Pedro (La perla de Jorge) da vida a una maestra de la época.

‘Apartamento 23’ pierde a sus secundarios y sus objetivos en la 2ª T


'Apartamento 23' comienza su segunda temporada con fuerza para perderla progresivamente.El pasado mes de octubre analizábamos en este espacio los primeros siete episodios de Apartamento 23, serie cómica creada por Nahnatchka Khan (serie Una chica corriente) que giraba en torno a una joven que llegaba a Nueva York con la intención de triunfar y terminaba sirviendo cafés y compartiendo piso con una joven cuya forma de ver la vida es, digamos, distinta. Ya en esos primeros episodios se apreciaban problemas graves, no tanto en el concepto cómico de la producción o en los personajes, sino en el desarrollo. Su segunda temporada de 19 capítulos, lejos de desviar la atención de estos problemas, los acentúa hasta convertirlos casi en un pilar de su narración, algo que habría funcionado de estar enmarcada en el género absurdo. Por desgracia, el efecto ha sido el opuesto.

Soy consciente de que es una serie episódica, pero incluso en estos casos existe, aunque sea de forma testimonial, un argumento que cohesione la mayor parte de sus elementos. Y una de las cosas más curiosas de la serie es que, en cierto modo, existe: la protagonista busca en todo momento lograr su sueño de trabajar en Wall Street. Bajo este prisma, la trama se desarrolla con relativa lógica, presentando las desventuras de la joven hasta que logra su objetivo. El problema es la distribución episódica. Desconozco si ha sido un problema interno de la producción o si realmente se perdió el norte durante la preparación del contenido de cada episodio, pero existen numerosos problemas que afectan notablemente a la comprensión de los acontecimientos. El principal de ellos es el hecho de que la protagonista, de nuevo con los rasgos de Dreama Walker (Compliance), pasa de trabajar en una cafetería a conseguir un puesto en una empresa para volver a la cafetería como si se hubiera tratado de un sueño.

Al inicio hacía referencia al absurdo. A pesar de los numerosos momentos surrealistas de esta segunda temporada (y que son sin duda lo mejor del conjunto), Apartamento 23 no es una serie que deba ser catalogada en esta categoría, precisamente por la existencia de numerosos conceptos que la atan a la realidad (búsqueda de trabajo, lugares reconocibles, problemas y soluciones reales, etc.). Es por eso que situaciones como la vivida con su trabajo dificultan la comprensión y ofrecen la imagen de error o problema narrativo que genera confusión en los espectadores. Y la consecuencia más directa de esto es la pérdida de interés, algo que puede apreciarse en el descenso de calidad que presentan los últimos capítulos de esta segunda entrega, amén de la desaparición de secundarios como el de Liza Lapira (Repo Men). Un descenso de calidad, por cierto, motivado igualmente por la repetitiva estructura de sus episodios, en los que las personalidades de las dos protagonistas chocan en algún concepto moral para, al final, solucionarlo poniéndose cada una en el lugar de la otra y viendo la vida con otros ojos.

Todo esto convierte estos capítulos en lo que podríamos equiparar al inicio de una montaña rusa: comienza subiendo para terminar en una caída en picado. He de reconocer que los primeros episodios, sobre todo aquellos que tuvieron como epicentro la relación de James Van Der Beek con su personaje en la serie Dawson crece, fueron de lo mejor de la serie. La autoparodia del actor recuperó los mejores momentos de la primera temporada para convertirse por derecho propio en el verdadero interés de la producción. El problema llega cuando dicha vía dramática se elimina, necesitando desde entonces una forma de rellenar las tramas secundarias que completen a la irregular trama principal. Y he aquí que la serie se encuentra con dos frentes abiertos.

Los personajes evolucionan, no cambian

El primero de dichos frentes era encontrarle una motivación al actor que se interpreta a sí mismo. Desparecida la vía autoparódica del famoso venido a menos que vive del éxito que tuvo en el pasado, la labor de Van Der Beek en la serie queda relegada al mero secundario irónico cuya presencia suele generar humor casi exclusivamente con su presencia. Algo parecido a lo que hacía el personaje de Lapira, tal vez por eso eliminado. Cada vez más diluido, el personaje ha logrado hacerse un hueco en esta segunda temporada apoyándose fundamentalmente en los personajes de Krysten Ritter (Life happens) y de Ray Ford (Brother to brother), este último con algo más de libertad para dar vida a su histriónico personaje.

El segundo ha sido dotar al personaje de la “puta” que da nombre a la serie en su título original de una cierta estabilidad en forma de novio/amante del que se enamora sin querer reconocerlo y que, todo hay que decirlo, es su media naranja. El conflicto que se plantea es si un personaje como el que interpreta Ritter es capaz de cambiar de esa forma de la noche a la mañana, pasando de ser una joven que solo busca dejar huella en la vida social de Nueva York a una que busca divertirse cada vez más con un hombre en exclusiva. El giro de su personaje, si bien es cierto que se produce progresivamente, tiene su origen de forma brusca y algo precipitada, utilizando para ello un recurso habitual en la serie como es el flash-back. Y a pesar de que logra su objetivo (completar la serie) no termina de encajar en la naturaleza del personaje.

Todo esto, unido a otras tramas secundarias que comienzan pero no terminan de cuajar, da la sensación de estar ante una serie que va a la deriva a partir de su primera mitad. La falta de objetivo más allá de su personaje principal no solo provoca cierto caos, sino que difumina los valores que hicieron atractivos a muchos de los personajes, entre los que destaca Van Der Beek, auténtico corazón de la producción. Y todo esto a pesar de contar con episodios realmente logrados que arrancan la risa en casi todo su metraje, muy positivo si, por desgracia, no se produjera de forma esporádica.

Tal vez haya sido excesivamente duro este comentario de la segunda temporada de Apartamento 23. En realidad, no es una mala serie, al menos no en su punto de partida. Más bien es una serie frustrada, incapaz de encontrar su verdadera naturaleza o, mejor dicho, incapaz de evolucionar con el desarrollo de sus personajes. Este tipo de ficciones encuentran su sustento en los personajes, y si lo que se intenta es cambiar a los personajes en lugar del foco de la trama, suele producirse lo que al final ocurre: una pérdida progresiva del interés y su consecuente cancelación. Y eso siempre es algo a lamentar.

‘Apartamento 23’, buenos secundarios sin trama principal


James Van Der Beek, Dreama Walker y Krysten Ritter, protagonistas de 'Apartamento 23'.Es indudable que la comedia de situación en televisión está cambiando. Habrá quien crea que lo hace para mejor, y quien piense que el género nunca había estado en mejor estado de forma. Pero lo que parece claro, tanto por las producciones premiadas como por las que tienen más éxito, que la fórmula de Friends o de Seinfield, por poner algunos ejemplos, forma ya parte de la historia. Nuevas temáticas, estilos formales menos encorsetados, problemáticas más originales, … Una de las últimas incorporaciones a este club ha sido Apartamento 23, serie creada por Nahnatchka Khan (serie Una chica corriente) y cuya primera temporada de apenas siete episodios terminó de emitirse en Estados Unidos en mayo del año pasado. Unos episodios que sirvieron de prueba para su segunda (y última) temporada y que ya dejan entrever diversas flaquezas en su planteamiento, a medio camino entre lo clásico y lo moderno.

La historia no podría ser más simple. Una joven llega a Nueva York con la promesa de un trabajo en Wall Street y unas ganas incontenibles de comerse el mundo. Lo tiene todo en su vida: un trabajo, un novio desde hace años, unos padres sacrificados que lo han dado todo por ella. Pero todo cambia cuando pisa su empresa por primera vez. Afectada por la crisis financiera, ha quebrado y todos los trabajadores tratan de salvar y llevarse lo que pueden. Sin trabajo y sin casa, termina viviendo con una chica que es la envidia de toda joven triunfadora en la gran manzana, pero que al mismo tiempo posee una moralidad y una forma de ver el mundo algo distorsionada. Entre medias, famosos como James Van Der Beek (Dawson Crece), un vecino fisgón y una vecina obsesionada con la p*** del Apartamento 23.

Esta última referencia, por cierto, no es gratuita. El título original del programa es Don’t trust the b*** in apartment 23 (“No te fíes de la p*** del apartamento 23”), y en sí mismo el título contiene algunos de los mejores referentes de la serie. Desde luego, sus puntos fuertes residen tanto en el personaje de Krysten Ritter (Algo pasa en Las Vegas) como en los secundarios que aparecen y la parodia, ácida y muchas veces sin escrúpulo ninguno, de los famosos que han desaparecido prácticamente del panorama audiovisual tras un éxito arrollador en los años 90 del siglo XX. El mejor exponente es el propio Van Der Beek, cuyas constantes referencias a la serie que le impulsó a la fama y sus dudas acerca de su influencia en la sociedad le convierten en el icono cómico más sólido de toda la producción.

Igualmente, el resto de secundarios crean un microcosmos único, a medio camino entre la psicosis que genera una ciudad tan grande y bulliciosa como Nueva York y el ridículo que pueden llegar a generar la fama y el papel de modelo a imitar. Es en este aspecto donde más se desarrollar el personaje de Ritter, una mujer joven sin preocupaciones que vive, a tenor de lo visto, de su destreza natural para engatusar a todo el que se cruza en su camino, y cuya visión de la vida y de las relaciones humanas la convierten en… pues eso, en un personaje odioso y repelente en la vida real, pero gracioso y hasta comprensible en la ficción de Apartamento 23.

Un protagonista sin fuerza

Me imagino que muchos a estas alturas se estarán preguntando qué pasa con la protagonista. En efecto, hemos hablado de secundarios y del personaje al que hace referencia el título original de la serie, pero ninguna mención de la joven que llega a la Gran Manzana. Este es el principal problema de Apartamento 23. Su protagonista, a la que da vida Dreama Walker (Gran Torino), brilla por su ausencia en estos primeros siete episodios. O más bien, está tan poco y mal definido que termina por ser arrollado por el resto de roles. En cierto modo, parece más bien una excusa para mostrar el lado más salvaje del resto de personajes, utilizando al que debería ser el eje de la serie (junto al personaje de Ritter) en un apoyo para sobresalir.

En este sentido, la serie no funciona, y termina lastrando toda la producción. Su arco dramático, que debería moverse por los problemas típicos de la mujer neoyorquina (al menos por lo que plantea en su piloto) y por la relación entre las compañeras de piso, se desvanece demasiado pronto entre los arcos de los demás para aparecer, aunque de forma tímida, al final de esta primera entrega. Todo para hacer ver al espectador que, por un lado, la arpía que tiene por compañera es en realidad una mujer buena y con corazón, con unos sentimientos fácilmente identificables a pesar de estar bañados por una capa de cinismo y egocentrismo. Y por otro, para demostrar que todo el mundo puede cambiar, aunque sea de forma episódica y sin demasiada influencia en el futuro más inmediato. En otras palabras, el personaje de Walker no es más que el catalizador para la moraleja de cada episodio, sin que luego exista una referencia real a lo ocurrido en los siguientes episodios.

A esto habría que sumar el hecho de que, más allá de la parodia a los famosos y de algún que otro gag interesante, los problemas que aborda la serie y la estructura narrativa, el formato de la sitcom es excesivamente plano, sin una definición clara por una idea narrativa concreta. Curiosamente, la impresión final que queda en el espectador es la de un cierto caos, una anarquía que encaja bien con la del personaje del Apartamento 23, pero que no ayuda demasiado a sentar unas bases que identifiquen de forma rápida y directa al producto. Es de suponer que esto ha tenido buena parte de culpa en el devenir posterior de la serie, cuya cancelación tras la segunda temporada ha estado precedida por unas variaciones constantes de su posición en la programación y, consecuentemente, por un importante y pronunciado descenso en la audiencia.

Apartamento 23 no es, ni mucho menos, una buena serie cómica. Pertenece a ese sector de las series y películas (sean del género que sean) que resultan simpáticas, lo cual en el fondo quiere decir que ni gusta ni desagrada, ni enciende ni enfría. Vamos, que pasa más bien desapercibida. Y es una pena, pues tiene algunas ideas realmente interesantes, como la ya mencionada autoparodia de actores famosos venidos a menos (por ahí aparecen Dean Cain o Kevin Sorbo) y la mirada a determinados estereotipos que transitan las calles de Nueva York. Pero esto son elementos secundarios que deberían enriquecer una relación principal sólida y que, por desgracia, tiene una definición más bien inexistente. Claro que todo esto ocurre únicamente en siete episodios que se antojan una especie de conejillo de indias para comprobar si la fórmula funciona. Una segunda temporada con formato completo debería dar salida a todas las irregularidades de su primera entrega.

Diccineario

Cine y palabras

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