‘Sonic: La película’: la velocidad del erizo


La verdad es que los antecedentes de la película no hacían presagiar nada bueno. Polémicas sobre el diseño del personaje aparte, el debut en el largometraje de Jeff Fowler contaba con predecesoras de calidad más o menos discutible. Pero una vez vista, la apuesta no ha sido nada mala, ofreciendo a pequeños y no tan pequeños (sobre todo aquellos que crecieron con los videojuegos) una propuesta con evidentes debilidades pero interesantes fortalezas.

Nadie duda, o no debería dudar, que Sonic: La película es un producto que no está pensado para plantear ningún debate o reflexión. Con un tratamiento absoluta y deliberadamente lineal, el film camina por terreno seguro y conocido, planteando secuencias mil veces vistas y una química entre el erizo supersónico y el personaje de James Marsden (Desvelando la verdad) que pivota sobre los principales argumentos cómicos y dramáticos de este tipo de relaciones. En este sentido, la cinta no ofrece nada nuevo al espectador, salvo tal vez ciertos recursos visuales del director, una dinámica fresca y ágil en las secuencias que hace avanzar la trama sin prisa pero sin pausa y, sobre todo, un Jim Carrey (Dark crimes) que da rienda suelta a ese humor que le hizo famoso allá por los 90, y que le permite hacerse con el control de todas las secuencias en las que aparece.

Pero la película ofrece algunas lecturas interesantes entre tanto chiste fácil, comentario sarcástico y gas visual. Más allá de la moraleja sobre la amistad y proteger a los que nos importan, la película plantea un debate interesante (siempre en los parámetros de una película familiar, claro está) sobre el ansia de poder, el control, la fuerza de una empresa privada sobre el ejército y los gobiernos, y el valor de las relaciones y las decisiones humanas en un mundo cada vez más mecanizado y controlado por máquinas. La contraposición de héroe y villano adquiere así una dimensión nueva, planteando incluso la lucha entre el valor y la fuerza del individuo frente al uso de herramientas para ganar. Dicho de otro modo, la naturaleza frente a la mano del hombre. Bajo este punto de vista adquiere una nueva interpretación ese final en el que los mayores fans del videojuego encontrarán a un Carrey caracterizado como el auténtico Dr. Robotnik.

Así, Sonic: La película es un entretenimiento para los más pequeños de la casa, una producción lineal, arquetípica, con personajes previsibles y secuencias que, más allá de su desarrollo visual, son capaces de ofrecer muy poco. Y con todas estas limitaciones, la cinta expone algunas reflexiones sobre el mundo moderno que pueden dar un nuevo sentido a algunas de las partes del film, al menos para los que tengan que acompañar al público potencial de esta adaptación. Los mayores conocedores del videojuego de SEGA sin duda podrán ver algunos homenajes a esas horas que emplearon jugando sus aventuras. No es una gran película, es cierto, pero sí un divertimento que conoce sus limitaciones, sabe lo que puede ofrecer y lo hace con eficacia. Y eso es más que muchas otras adaptaciones de videojuegos.

Nota: 6/10

‘Sonic’ llega a la gran pantalla para resolver un ‘Crimen a contrarreloj’


Superada la resaca de los Oscar, la vida cinematográfica continúa, y como no podía ser de otro modo, lo hace con películas de menor interés para los más atentos a los premios pero capaces de captar la atención del público en general, sobre todo de los más jóvenes y de nostálgicos de los videojuegos. Este viernes, 14 de febrero, la oferta cinematográfica que llega es de lo más variada.

Pero comenzamos el repaso con Sonic. La película, adaptación del archiconocido personaje del videojuego homónimo de SEGA, un erizo azul capaz de correr a gran velocidad. Superada la polémica sobre la primera versión del personaje, que obligó a retrasar el estreno para rediseñarlo, la trama combina humor y aventura para narrar cómo el protagonista encuentra un nuevo hogar en la Tierra, donde unirá fuerzas junto a un agente de policía de un pequeño pueblo para defender el planeta del malvado Dr. Robotnik, que pretende apoderarse del mundo. El film, con capital estadounidense, japonés y canadiense, está dirigido por Jeff Fowler, que debuta en el mundo del largometraje, y protagonizado por Ben Schwartz (serie House of lies), que pone la voz a Sonic; James Marsden (Desvelando la verdad), Jim Carrey (serie Kidding), Neal McDonough (Proud Mary), Adam Pally (I love dogs), Leanne Lapp (The age of adulting) y Tika Sumpter (De tonta, nada), entre otros.

Estados Unidos produce en exclusiva Crimen a contrarreloj, thriller con toques de terror y drama que arranca cuando un detective recibe una llamada de su sobrina en estado de pánico. Al acudir en su ayuda descubre que toda su familia ha sido brutalmente asesinada. Días después vuelve a recibir una llamada de su sobrina, pero esta vez ella le llama desde el pasado. A través de esta comunicación los dos deberán iniciar una carrera contrarreloj para que el detective salve a la persona que más quiere. Jacob Estes (The details) se pone detrás de las cámaras, mientras que Storm Reid (Un pliegue en el tiempo), Mykelti Williamson (Run the race), David Oyelowo (Un reino unido), Brian Tyree Henry (Viudas), Shinelle Azoroh (serie The Wesley’s) y Alfred Molina (El candidato) encabezan el reparto.

Terror y humor se mezclan en Fantasy Island, aventura con capital hollywoodiense que dirige Jeff Wadlow (Verdad o reto) y que adapta la serie homónima emitida entre 1978 y 1984. El argumento gira en torno a un grupo de personas que ganan un viaje a una isla tropical para hacer realidad sus sueños. Pero al llegar allí las fantasías se convertirán en pesadillas, por lo que deberán resolver el misterio que se oculta en la isla para poder salir con vida. Entre los principales actores encontramos a Portia Doubleday (Carrie), Maggie Q (Un robo inesperado), Michael Rooker (Guardianes de la galaxia Vol. 2), Kim Coates (Oficial Downe), Lucy Hale (Dude), Michael Peña (Mula), Ryan Hansen (serie Veronica Mars) y Charlotte McKinney (Baywatch: Los vigilantes de la playa).

Entre los estrenos europeos destaca Casanova, su último amor, producción francesa de 2019 que, como su propio título indica, aborda la vida del famoso libertino italiano. La cinta se centra en su llegada a Londres forzado por el exilio. En la ciudad británica conoce a una joven prostituta de la que llega a enamorarse tanto que empieza a ignorar a las demás mujeres. Pero la joven le rechaza planteándole un desafío: “Solo me tendrás si dejas de desearme”. Dirigida por Benoît Jacquot (Adiós a la reina), la película está protagonizada por Vincent Lindon (Rodin), Stacy Martin (Mi vida con Amanda), Valeria Golino (Acuarela), Catherine Bailey (Historia de una pasión) y Jesuthasan Antonythasan (Dheepan).

La producción española de la semana es la comedia Hasta que la boda nos separe, remake de la cinta francesa The wedding planner de 2017. La historia tiene como protagonista a una treintañera que trabaja organizando bodas al considerarlo un negocio muy lucrativo. Disfruta de su vida sin ataduras ni compromisos. Una noche conoce a un joven con el que mantiene una aventura, pero para él es algo más: es un momento de debilidad porque tiene novia. Cuando esta descubre la tarjeta de visita de la organizadora de bodas entre las cosas del hombre lo interpreta como una propuesta de matrimonio. El lío se agranda cuando descubren que ambas mujeres son amigas de la infancia. Dani de la Orden (El pregón) se pone tras las cámaras de este film cuyo reparto cuenta con Belén Cuesta (Parking), Álex García (La novia), Silvia Alonso (Durante la tormenta), Antonio Dechent (Cuando dejes de quererme), Mariam Hernández (Noctem), Adrián Lastra (Toc Toc) y Gracia Olayo (Superlópez), entre muchos otros nombres conocidos de la comedia española.

Con mucho retraso se estrena You go to my head, drama con toques de misterio y fantasía de 2017 que dirige Dimitri de Clercq (Un bruit qui rend fou). Su trama tiene como protagonista a una joven que sufre de amnesia post-traumática después de sufrir un accidente de coche en el desierto. La primera persona con la que se encuentra tras recuperar la conciencia asegura ser su marido, llevándola a su casa e iniciando una vida juntos. Poco a poco ella se enamora de él, pero a medida que su memoria va recuperando fragmentos del pasado la relación de ambos comenzará a peligrar. Con capital francés, alemán y belga, la película está protagonizada por Delfine Bafort (Promises written in the water), Svetozar Cvtkovic (Amanet) y Arend Pinoy (Een ander zijn geluk).

Francia y Alemania, en esta ocasión junto a Israel, producen Sinónimos, cinta dirigida por Nadav Lapid (Love letter to cinema) que, en clave de comedia dramática, arranca cuando un joven de Israel llega a París. Nada más aterrizar en la capital francesa se queda literalmente desnudo, sin posesiones y sin identidad. Esta oportunidad de partir de cero le lleva a renegar de su país de origen y del hebreo, iniciando al mismo tiempo una relación con una pareja. Esta producción de 2019 tiene como principales actores a Tom Mercier, Quentin Dolmaire (Un violento deseo de felicidad), Louise Chevillotte (Amante por un día), Uria Hayik y Olivier Loustau (Tout nous sépare).

La última de las novedades en imagen real es El huevo del dinosaurio, drama coproducido por China y Mongolia que escribe y dirige Quan’an Wang (La boda de Tuya). El argumento tiene como protagonista a un joven e inexperto policía al que se le encarga asegurar la escena de un asesinato en la estepa de Mongolia. Dado que no conoce los peligros de la zona, recibe la ayuda de una pastora lugareña que parece asustar tanto a los lobos como a su nuevo compañeros. Juntos deberán pasar la noche hasta que se levante el cadáver. Pero ella tiene sus propios planes. Dulamjav Enkhtaivan, Aorigeletu, Norovsambuu y Gangtemuer Arild integran un debutante reparto.

Terminamos este repaso con El amor está en el agua, cinta de animación japonesa que, a medio camino entre la comedia y el drama, narra la historia de una joven universitaria que se muda a un pueblo de la costa para coger olas. Pero cuando se desata un fuego en el pueblo conocerá a un bombero con el que comparte su afición por el surf. Poco a poco la joven comenzará a darse cuenta de que lo que más desea es ayudar a otras personas. Dirigida por Masaaki Yuasa (Mind game), la película cuenta con las voces originales de Rina Kawaei (Love’s water drop), Ryôta Katayose (Prince of Legend), Honoka Matsumoto (Astral Abnormal Suzuki) y Kentarô Itô (We love).

2ª T. de ‘Westworld’, magistral cambio de sentido dentro del laberinto


Los grandes directores y guionistas, presentes y pasados, suelen ser recordados no solo por sus películas, sino por especializarse en un tipo de relatos, en unos valores narrativos, conceptuales y artísticos muy concretos. La historia del séptimo arte está repleta de estos casos. Y aunque habrá quien diga que todavía es pronto para decirlo, en esa categoría de inmortales del cine se encuentran por derecho propio los hermanos Jonathan y Christopher Nolan, guionista y director de Interstellar (2014) respectivamente. En esta ocasión toca hablar del primero, tal vez menos conocido que el segundo pero verdadero cerebro autor de un estilo inconfundible definido por su uso y la combinación de las líneas temporales de la trama. Y la segunda temporada de Westworld es el último gran ejemplo.

Porque si la primera parte fue un ejercicio magistral del manejo de los tempos narrativos, alternando pasado y presente para construir un relato apasionante de redención, búsqueda y liberación, estos nuevos 10 episodios no solo mantienen ese espíritu, sino que dan una vuelta más de tuerca a una historia ya de por sí compleja, cambiando por completo el sentido de lo visto hasta ese momento y convirtiendo lo que parecía una rebelión de las máquinas contra sus creadores en algo más, en una búsqueda del sentido de la vida, en un intento por sobrevivir a su propia materia física. Y no estoy hablando únicamente de los robots. Lo cierto es que esta continuación debería interpretarse más bien como una reinterpretación de lo visto hasta ahora, en todos y cada uno de los aspectos.

En medio de esta revolución, Nolan, creador de la serie junto a Lisa Joy (serie Criando malvas), hace gala de su ingenio para estructurar cada episodio no ya en dos líneas temporales totalmente independientes, sino en tres, añadiendo complejidad y retando al espectador a permanecer atento a la historia y los detalles. Lo cierto es que el reto es fácil de aceptar, pues los personajes adquieren una mayor profundidad dramática. Lo que al principio parecía una mera diversión en un parque temático poco usual se convierte en una búsqueda de la inmortalidad. Aquellos personajes que parecían máquinas rebeldes se convierten en realidad en una suerte de seres mortales que solo desean justicia para años y años de tortura que ahora pueden recordar con total claridad. Lo cierto es que la riqueza de las líneas argumentales de los protagonistas es tal que cada uno daría para varios análisis.

Por lo pronto, lo que queda patente en esta segunda temporada de Westworld es que la idea original de Michael Crichton, autor de la película homónima de 1973, ha quedado empequeñecida. Ya no estamos ante una mera revolución de las máquinas. La idea de que el ser humano que se expone a tecnología para la que no está preparado puede terminar consumido por ella ha dado paso a algo mayor, a la idea de utilizar esa tecnología para alcanzar la inmortalidad, para que el alma permanezca siempre y pueda pasar de un cuerpo artificial a otro. Adquiere ahora más sentido que nunca el título en español de la película original: Almas de metal.

El subtexto, siempre el subtexto

También adquieren sentido muchas de las cosas aparentemente incongruentes de la primera temporada. La búsqueda del laberinto que protagoniza el rol de Ed Harris (Madre!), por ejemplo. También da un nuevo y mucho más interesante sentido a otras secuencias, como la puesta a punto del personaje de Evan Rachel Wood (Allure) por parte de otro protagonista, un magistral Jeffrey Wright (The public) que en esta segunda temporada logra altas cotas interpretativas. Para muchos espectadores posiblemente esto pueda parecer un intento de los creadores de dar continuación a una trama que parecía tener fin en una única temporada, en un intento de alargar la gallina de los huevos de oro. Sin embargo, la mera complejidad de la historia ya rebate cualquier posible argumento en este sentido.

En cinematografía se suele hablar mucho del subtexto, aunque su uso no es tan habitual. Cualquier escena, cualquier diálogo, debe contar algo que no se ve en pantalla, debe mostrar las intenciones ocultas de los personajes. Los grandes hitos del séptimo arte suelen construirse sobre esto. Y Westworld es subtexto puro y duro. Dicho de otro modo, las dos primeras temporadas se pueden entender como texto y subtexto: la primera contaría lo que el espectador ve y la segunda lo que en realidad se esconde tras el parque temático y las motivaciones de los personajes. Y es aquí donde radica la belleza y la magistral labor de Nolan. Estos 10 capítulos se convierten así en una auténtica montaña rusa dramática, calculada milimétricamente para construirse sobre puntos de giro que no solo dan nuevo sentido a las lagunas que, inevitablemente, se forman durante la historia (todas ellas explicadas al final de la temporada), sino que aportan una nueva comprensión al conjunto de la serie, obligando a revisionar no solo los episodios, también los conceptos que hasta ahora se manejaban.

El problema de esta segunda temporada está, sin embargo, en cómo continuar en el futuro. Estando Jonathan Nolan detrás del proyecto es fácil suponer que todo está atado y bien atado, pero el final de esta etapa abre muchas incógnitas, por no hablar de los numerosos personajes que dicen adiós después del fantástico episodio 10. La pregunta más importante es si el espíritu de la serie podrá mantenerse, si las ideas planteadas a lo largo de esta temporada podrán germinar en la siguiente, o si se volverá a dar un giro. Parece evidente que la idea de que los robots se muevan en el mundo real confundiéndose entre los humanos será la base de la historia, pero a partir de aquí las posibilidades son casi infinitas.

Pero hasta que eso llegue, que según parece no será hasta 2020, se puede disfrutar una y otra vez de estas dos temporadas de Westworld. Y digo de las dos porque deben verse casi como una única historia en la que todo tiene un doble sentido, en la que nada es lo que parece. Esta idea subyace en cada uno de los aspectos, desde el primer y clásico primer episodio hasta el último. Si en la primera temporada eso se narraba en las relaciones entre humanos y robots, en esta segunda se produce entre lo visto en aquellos episodios y las verdaderas intenciones mostradas en estos nuevos capítulos. Todo ello en un ejercicio soberbio y magistral que debería estudiarse en las escuelas de guión, con un manejo de los tiempos narrativos sencillamente perfecto, unas interpretaciones impecables y una puesta en escena fascinante. Poco más se puede pedir, salvo que pase rápido el tiempo hasta el siguiente episodio.

1ª T. de ‘Westworld’, magistral laberinto de la inteligencia artificial


El Lejano Oeste es el protagonista en la serie 'Westworld'.Con todo lo que se ha hablado de la primera temporada de Westworld, decir que esta serie es una de las nuevas joyas de la televisión es no decir nada, y además quedarse muy corto. Lo más llamativo, desde luego, es su factura técnica y el mundo creado alrededor de este parque temático ambientado en el Lejano Oeste con robots tan idénticos a los humanos que es imposible reconocerlos. Pero la primera temporada es mucho más, y ello se debe al desarrollo narrativo planteado por Lisa Joy (serie Criando malvas) y Jonathan Nolan (serie Person of interest), autores de esta especie de adaptación/continuación de la película escrita y dirigida por Michael Crichton (autor a su vez de novelas como Parque Jurásico o La amenaza de Andrómeda) en 1973.

Y es que estos primeros 10 episodios son el ejemplo perfecto de cómo estructurar una narrativa para, como si de una cebolla se tratara, desvelar los secretos capa a capa hasta encajar todas las piezas de un puzzle apasionante y complejo. Lo que comienza siendo una especie de bucle episodio tras episodio en el que se van introduciendo pequeños y distintos elementos termina por convertirse en un relato de venganza, de obsesión y, en cierto modo, de proteger un legado. En dicha evolución los personajes, secundarios o protagonistas, se integran de forma armónica para componer una historia coral que, más allá de la violencia, lo que aborda es la humanidad y los riesgos de la tecnología, algo muy presente en la obra de Crichton. Y todo ello manteniendo un misterio que se resuelve con cuentagotas en los últimos episodios.

Aunque posiblemente lo más interesante de esta primera temporada de Westworld sea la capacidad de Nolan y Joy para relacionar líneas argumentales que no solo se narran de forma paralela, sino que discurren en tiempos diferentes. El hecho de que este mundo del Oeste no envejezca, no cambie, permite a sus creadores jugar con el presente, el pasado y el futuro. Bajo el paraguas de ese “juego” que quiere resolver el personaje de Ed Harris (Retales de una vida), la historia aborda desde diferentes prismas el concepto de la evolución psicológica de los personajes, concepto presente en todas y cada una de las líneas argumentales que nutren estos primeros capítulos. Puede parecer que muchas de las historias son, sencillamente, elementos complementarios a la principal, pero la resolución de la temporada permite una visión tan amplia de la trama que todas las piezas terminan encajando en ese laberinto que el rol de Harris se afana por resolver.

Un laberinto, por cierto, en el que también se introduce al espectador, con el que se establece un juego de inteligencia y perspicacia basado no solo en los detalles visuales, sino en los conceptos sobre los que reflexionan los personajes. Ideas como que los robots solo ven lo que sus creadores quieren que vean, o su incapacidad para hacer daño, terminan siendo ideas fundamentales que no solo sostienen la coherencia de este universo, sino que provocan puntos de giro tan inesperados como impactantes, elevando la historia hasta niveles insospechados en un primer momento. La serie, que cuenta con el apoyo de J.J. Abrams (Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza) como productor, se revela así como una producción compleja, impecable en su factura técnica y con un trasfondo moral, humano y social sumamente sólido.

Actores y actrices

En efecto, esta primera temporada de Westworld es capaz de sobreponerse a sus fallos (si es que los tiene son menores) gracias a una constante reflexión en torno a la idea de lo que nos convierte en humanos, de esa capacidad para tomar decisiones. En este caso, a diferencia de la película original, no hay fallos mecánicos o de energía, sino una presencia en forma de código informático que abre la puerta al libre albedrío de las máquinas. A través de pequeños y aparentes fallos en su comportamiento, la trama cambia el prisma poco a poco para mostrar la verdadera realidad de una situación mucho más compleja, plagada de intereses y en la que pocos personajes terminan siendo lo que inicialmente fueron; es decir, la serie evoluciona, que al fin y al cabo es lo que se pide a toda historia.

Y en esta evolución tienen buena parte de responsabilidad los actores. Sostener una trama tan compleja, con tantas aristas y tantas lecturas, sería complicado si el reparto no está a la altura. Y lo cierto es que no solo asumen sus respectivos roles, sino que aportan algo más, ya sea físicamente o psicológicamente. Desde Anthony Hopkins (Noé), que comienza siendo una suerte de padre bondadoso para revelar su verdadera naturaleza, hasta Ed Harris (Una noche para sobrevivir), cuyo final no revelaremos por ser clave en la comprensión final de la trama, todos los actores acometen la difícil tarea de dotar de profundidad a los personajes, incluso aquellos definidos de una forma algo más burda y arquetípica.

En este sentido, destacan Thandie Newton (Huge), Jeffrey Wright (serie Boardwalk Empire) y Evan Rachel Wood (Los idus de marzo). La primera porque se convierte en el vehículo transformador de toda la historia, en la cara visible de un cambio que se produce a muchos niveles. A través de su personaje no solo se narra la revolución de las máquinas, sino que se descubre el dolor y la tortura a la que se somete a estos personajes. Tortura, por cierto, que se amplifica con el rol de Wright, cuyos giros argumentales en el tramo final son sencillamente abrumadores. En cuanto a Wood, su personaje es el epicentro de la trama, y a pesar de no desempeñar un papel fundamental en el desarrollo de la historia, es evidente que será clave en el futuro de la trama. Es, por así decirlo, el objetivo de todo lo narrado en estos episodios.

La primera temporada de Westworld se convierte, por tanto, en una de las producciones imprescindibles de la temporada. La espectacularidad y precisión de su factura técnica, posiblemente lo más llamativo del conjunto, es simplemente el envoltorio adecuado para una historia compleja que aprovecha los puntos de giro dramáticos para derribar las pretensiones del espectador de comprender algo de lo que ocurre. Y lo más fascinante de todo es que en apenas dos episodios todas las piezas de este parque temático encajan a la perfección para descubrir el fantasma dentro de la máquina, el mensaje que se nos transmite desde el principio y que no hemos podido, o no hemos sabido, ver. La guinda del pastel es que el final de estos 10 episodios deja la puerta abierta a un futuro mucho más apasionante.

Woody Allen regresa al frente de unos ‘De-mentes criminales’


Estrenos 25septiembre2015Desde luego, septiembre no está siendo un mes de estrenos memorables. Semana tras semana el espectador se encuentra con películas a priori atractivas que, sin embargo, no llegan a copar las expectativas. Este fin de semana que comienza hoy, viernes 25, no es una excepción. Mucha comedia, alguna con nombres propios de cierto peso, pero ninguna con la etiqueta de auténtico blockbuster.

Eso dificulta mucho elegir un estreno principal, aunque posiblemente sea Irrational man, proyecto anual de Woody Allen (Magia a la luz de la luna) que vuelve a centrarse en las relaciones humanas, los conflictos internos y la filosofía y psicología modernas. En este caso, la trama se centra en un profesor de filosofía que atraviesa una crisis emocional y existencial. Convencido de que todo lo que ha hecho carece de sentido, su vida cambia cuando escucha, junto a su mejor alumna, la conversación de un extraño. Será entonces cuando no solo le encuentre sentido a la existencia, sino cuando empiece a vivir al máximo, cambiando a su vez la vida de los que le rodean, sobre todo de las dos mujeres que protagonizan su vida. Comedia, drama y el estilo inconfundible de su director y guionista son los tres pilares de esta cinta protagonizada por Joaquin Phoenix (Puro vicio), Emma Stone (The amazing Spider-Man), Jamie Blackley (El quinto poder) y Parker Posey (Ned Rifle).

Otro título en el que participa Estados Unidos es The D Train, comedia que coproduce Reino Unido y que escriben y dirigen a cuatro manos Andrew Mogel y Jarrad Paul, en la que es su ópera prima. La historia se centra en el presidente de un club de antiguos alumnos que afronta una de sus reuniones con un objetivo: lograr la asistencia del que fuera el chico más famoso del instituto. Sin amigos de verdad y no demasiado tolerado por sus compañeros, sus intentos pronto se convertirán en una sucesión de situaciones que darán lugar a la noche más alocada. Entre los actores destacan los nombres de Jack Black (serie The Brink), James Marsden (El loft), Jeffrey Tambor (Branded) y Kathryn Hahn (Ahí os quedáis).

De los estrenos puramente europeos destaca El desconocido, cinta española que cuenta también con capital francés y que aborda un tema tan actual como recurrente en el cine. El director de una sucursal de banco lleva a sus hijos al colegio en el coche. Durante el trayecto recibe la llamada de un desconocido que, sin embargo, parece saberlo todo sobre él. El motivo de dicha llamada es amenazarle de muerte, exigiendo un pago a cambio de no hacer saltar por los aires el coche con la bomba que ha puesto debajo del asiendo del conductor. Dirigida por Dani de la Torre, que debuta en el largometraje, la cinta está protagonizada por Luis Tosar (Musarañas), Goya Toledo (Marsella), Javier Gutiérrez (La isla mínima), Elvira Mínguez (Pudor) y Fernando Cayo (Casi inocentes).

También desde España llega De chica en chica, comedia que sigue el viaje de una chica que, tras perder a su novia y su trabajo, se ve obligada a volver a nuestro país y recuperar, de este modo, viejos recuerdos y un pasado que creía haber dejado atrás. Sonia Sebastián, directora habitual de series, da el salto al largometraje con esta película protagonizada por Celia Freijeiro (Todo es silencio), Cristina Pons (serie Chica busca chica), María Botto (Tres bodas de más), Sandra Colgantes (Una palabra tuya), María Ballesteros (Amanecer en Asia) y Adrián Lastra (Primos).

Muy diferente es la cinta Vampyres, historia española de terror dirigida por Víctor Matellano (Wax) cuyo título ya da una idea de la temática de la misma. En concreto, la trama se centra en tres artistas que, tras una serie de desventuras, terminan en un bosque en el que ya han desaparecido varias personas. La clave parece estar en una apartado caserón al que llegan, y en el que viven dos mujeres. El reparto está encabezado por Caroline Munro (El aullido del diablo), Marta Flich (La curva de la felicidad), Christian Stamm (Impar) y Fele Martínez (La estrella).

Desde Alemania nos llega La camarera Lynn, drama de 2014 escrito y dirigido por Ingo Haeb (Neandertal) que gira en torno a una camarera obsesiva que trabaja en un hotel. Cuidadosa en su trabajo, su interés por los clientes, la vida que llevan y lo que dejan atrás le lleva, incluso, a esconderse debajo de las camas para espiarles. Pero su vida dará un giro cuando conozca a una dominatrix que organiza sus encuentros en una de las habitaciones. Vicky Krieps (El hombre más buscado), Lena Lauzemis (Yugotrip), Steffen Münster (Das Fremde in mir) y Christine Schon (Frei nach Plan) son los principales actores.

Del 2014 también es Vientos de agosto, producción brasileña que narra la relación de amor entre una joven que ha dejado la gran ciudad para cuidar de su abuela en un pequeño pueblo costero, y un chico que en sus ratos libres hace pesca subacuática. Ambos trabajan en una plantación de cocos, y con la llegada de las lluvias en agosto deberán hacer frente no solo al clima, sino a los cambios que se producen en sus propias formas de entender el mundo. Este drama supone el primer largometraje de ficción de Gabriel Mascaro (Doméstica), que ha contado para la ocasión con los debutantes Dandara de Morais, Antônio José Dos Santos, Maria Salvino Dos Santos y Genová Manoel Dos Santos.

La representante de la animación es Pinocho y su amiga Coco, miniserie alemana que llega a nuestro país en forma de largometraje, y que como se desprende del título, supone una nueva interpretación de la clásica historia del niño de madera que debe aprender a ser bueno si quiere terminar siendo un niño de verdad. La cinta, escrita y dirigida por Anna Justice (Max Minsky und ich), cuenta con las voces en su versión original de Mario Adorf (Die rota Zora), Moritz Russ, Ulrich Tukur (La cinta blanca) y Benjamin Sadler (El amigo alemán), entre otros.

Finalmente, y en el ámbito documental, se estrena Arcade Fire. The reflektor tapes, film realizado por Kahlil Joseph y que supone su debut en el largometraje. El argumento recoge, a través de cintas y material de la época, la gestación y creación del disco ‘Reflektor’ de la conocida banda, así como el proceso creativo y todos los acontecimientos que dieron lugar al disco y al estilo de la banda en los escenarios.

La batalla entre Los Vengadores y Ultrón pretende arrasar la taquilla


Estrenos 30abril2015Pues ya ha llegado. Hoy jueves, 30 de abril, aterriza en las salas españolas la secuela de una de las cintas más taquilleras de los últimos años. Y lo hace, además, aprovechando la festividad por el Día del Trabajo, lo que añade, si cabe, más alicientes al film. Su llegada representa, además, el inicio de la temporada veraniega en lo que a cine se refiere, por lo que la cartelera empezará a llegarse de blockbusters que tratarán de llenar las salas. Es sin duda el gran estreno de la semana, pero llega acompañado de muchos otros, entre ellos varios españoles.

Por tanto, Los Vengadores: La era de Ultrón, segunda parte del taquillazo de 2012 en la que los principales superhéroes de Marvel se dan cita para salvar al mundo, aunque no sin antes destruir buena parte de él. Acción, humor, entretenimiento, mucha espectacularidad y unos efectos visuales brillantes es lo que promete esta historia que comienza cuando Tony Stark/Iron Man decide poner en marcha un viejo proyecto para preservar la paz mundial que había quedado relegado al olvido. Sin embargo, algo sale mal y lo que crea en realidad es una amenaza tecnológica que pretende acabar con la raza humana y a la que los héroes más poderosos de la Tierra deberán hacer frente mientras lidian con sus propios conflictos. La película, escrita y dirigida de nuevo por Joss Whedon (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.) cuenta con el reparto original y con los actores aparecidos en otros films, entre los que destacan Robert Downey Jr. (El juez), Chris Evans (Capitán América: El soldado de invierno), Chris Hemsworth (Blackhat: Amenaza en la red), Mark Ruffalo (Foxcatcher), Scarlett Johansson (Lucy), Jeremy Renner (Matar al mensajero), Samuel L. Jackson (Kingsman: Servicio secreto), Don Cheadle (serie House of lies), Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre), Anthony Mackie (Dolor y dinero), Hayley Atwell (Cenicienta), Idris Elba (serie Luther) y Stellan Skarsgård (El médico), a los que se suman James Spader (serie The blacklist), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla), Elizabeth Olsen (Luces rojas), Paul Bettany (Mortdecai) y Andy Serkis (El amanecer del Planeta de los simios).

Muy distinto es el drama romántico Lo mejor de mí, adaptación de otra novela de Nicholas Sparks que vuelve a explorar las relaciones a través de los años y cómo éstas afectan no solo a los protagonistas, sino a todos los que les rodean. En esta ocasión la trama narra la relación de dos jóvenes adolescentes que provenían de mundos muy distintos y cuyas vidas se separaron durante años. Con motivo del funeral de un antiguo amigo común, sus vidas vuelven a encontrarse, y viejos sentimientos no resueltos florecen de nuevo. Michael Hoffman (Un plan perfecto) es el encargado de dirigir la propuesta, mientras que Michelle Monaghan (serie True Detective), James Marsden (X-Men: Días del futuro pasado), Liana Liberato (Un invierno en la playa), Luke Bracey (Monte Carlo) y Gerald McRaney (serie House of cards) conforman el reparto principal.

El tercer estreno norteamericano es Lecciones de amor, comedia romántica protagonizada por Clive Owen (serie The Knick) y Juliette Binoche (Ellas) que gira en torno a la relación romántica que inician un profesor de literatura y una pintora y profesora de arte. Un contraste entre disciplinas que les llevará a un conflicto de difícil solución. Dirigida por Fred Schepisi (Cosas de familia), la cinta completa su reparto con Bruce Davison (X-Men), Navid Negahban (serie Homeland) y Amy Brenneman (serie The Leftovers).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca la británica Walking on sunshine, comedia musical con toques románticos que, a través de canciones del pop de los años 80, cuenta la historia de una joven que antes de casarse decide invitar a su hermana para que le ayude con los preparativos. Lo que no sabe es que su hermana tuvo un romance con su prometido, lo que creará un triángulo amoroso que deberá ser resuelto antes de dar el “si, quiero”. Max Giwa y Dania Pasquini (StreetDance 2) dirigen este musical en el que podremos ver frente a la cámara a Annabel Scholey (serie Personal Affairs), Hannah Arterton (serie Atlantis), Giulio Berruti (Bon appétit), Greg Wise (Three days in Havana), Katy Brand (Svengali) y la cantante Leona Lewis.

En cuanto a las novedades españolas, Andrés Luque y Samuel Martín (Agallas) dirigen el drama Tiempo sin aire, cuya trama arranca cuando una madre colombiana se traslada con su hijo pequeño hasta Tenerife para encontrar a uno de los responsables de la muerte de su hija a manos de una milicia paramilitar. En su búsqueda de venganza participa un psicólogo cuya vida cambiará con la presencia de la mujer. El reparto está encabezado por Juana Acosta (serie Velvet), Carmelo Gómez (Silencio en la nieve), Adriana Ugarte (serie El tiempo entre costuras), Félix Gómez (Agnosia) y Toni Acosta (Siete minutos).

También desde España llega a la cartelera El hijo bastardo de Dios, escrita y dirigida por Martín Garrido Ramis (Héroes de cartón) y cuyo argumento, a medio camino entre el thriller y el drama, gira en torno a un funcionario de un pequeño pueblo de Mallorca cuya discapacidad ha hecho que se aleje poco a poco de sus compañeros. Para colmo la vida con su madre paralítica no es más sencilla. Sin nada que perder, el hombre urdirá un intrincado plan para poder escapar de la vida que le ha tocado vivir. Beatriz Barón (Proceso a ETA), Lola Paniza Potrony (The marionette), Xisco Ródenas (serie Un golpe de suerte) y Nando Torres (El cura y el veneno) son algunos de los actores principales.

El último de los estrenos españoles es Pos eso, comedia de animación realizada con plastilina que parodia una de las películas de terror más famosas de la historia: El exorcista (1973). La trama narra la depresión en la que cae una bailaora de flamenco tras la muerte de su marido, torero de profesión. Para colmo, su hijo Damián ha empezado a dar síntomas de un extraño comportamiento que ningún médico, psicólogo o psiquiatra es capaz de explicar, por lo que se ve obligada a recurrir a medidas más sobrenaturales. Ópera prima de Sam, la cinta cuenta con las voces de Anabel Alonso (9 meses), Álex Angulo (A escondidas), Mariví Bilbao (Maktub), Santiago Segura (Torrente 5: Operación Europeas) y Josema Yuste (La venganza de Ira Vamp).

Y sin duda uno de los estrenos más atractivos es la francesa Astérix: La residencia de los Dioses, nueva adaptación a la pantalla grande de las aventuras del galo más famoso de los cómics que, esta vez, llega de forma animada. La aventura arranca cuando César, harto de no poder derrotar a los galos por la fuerza, decide construir un complejo residencial de lujo junto a la aldea de los héroes para seducirles con el espejismo del lujo y poder así atraerles a su terreno. Acción y humor se dan cita en este film dirigido por Louis Clichy, que debuta tras las cámaras, y Alexandre Astier (David et madame Hansen) que cuenta con las voces originales de Roger Carel (Nocturna), Guillaume Briat (Adèle y el misterio de la momia), Lòrant Deutsch (Tu seras mon fils) y Alain Chabat (Un regalo para ella), entre otros.

Los estrenos europeos se completan con Mandarinas, co producción de 2013 entre Estonia y Georgia que escribe y dirige Zaza Urushadze (Sami Sakhli) y cuya trama se ambienta en 1992 durante la Guerra Civil de Georgia. En este contexto bélico un hombre de un pequeño pueblo se niega a abandonar su hogar para poder cultivar sus campos de mandarinas. Sin embargo, quedarse le llevará a encontrarse con muchos soldados heridos de uno y otro bando que han sido dejados atrás. Su esfuerzo por salvarles la vida hará que la guerra llegue hasta su puerta. Lembit Ulfsak (Mina olin siin), Raigo Trass (Vana daami visiit), Elmo Nüganen (Puhdistus), Giorgi Nakashidze (Jakos Khiznebi) y Misha Meskhi (Bablo) conforman el reparto principal.

Terminamos con las novedades de ficción. Difret, co producida entre Etiopía y Estados Unidos, supone el debut en el largometraje de Zeresenay Mehari, quien adapta la historia real de una joven que, durante el camino de vuelta de la escuela, es rodeada y secuestrada por un grupo de hombres a caballo con el objetivo de tomarla por esposa. Una práctica habitual no solo en el pueblo de la joven, sino en toda Etiopía. La cinta cuenta con un desconocido reparto encabezado por Brook Sheferaw, Haregewine Assefa, Tirita Hagere y Meron Getnet.

En cuanto al documental, el único representante es Qué extraño llamarse Federico, film italiano dirigido por Ettore Scola (Gente de Roma) que trata de ser no solo un homenaje a la figura de Federico Fellini, sino una reflexión sobre su obra. A medio camino entre el documental y el cine experimental, los nietos del fallecido director dan vida a los protagonistas en un intento de devolver a la vida al autor de La dolce vita (1970).

‘X-Men 2’, más acción y efectos al servicio de un drama más complejo


Lobezno, interpretado por Hugh Jackman, adquiere más protagonismo en 'X-Men 2'.Ayer hablábamos de la que posiblemente sea la primera piedra en el exitoso camino de las modernas adaptaciones al cine de superhéroes e historias de cómic y novelas gráficas. El éxito que tuvo X-Men en el año 2000 permitió a muchos otros superhéroes dar el salto a la gran pantalla, pero también obligó a sus responsables a continuar con una historia que dejaba muchos cabos sueltos. Evidentemente, el motivo económico fue determinante, pero el hecho de que X-Men 2 (2003) fuese mejor en todos los aspectos que su predecesora indica que al menos su director, Bryan Singer (Valkiria), tenía algo más que contar.

Creo que tras todos estos años de reflexión nadie duda de que la primera continuación de la saga mutante es la mejor de la trilogía original, y por extensión una de las mejores adaptaciones de superhéroes que se han hecho. El motivo principal, como decimos, es una correcta comprensión del “más y mejor” que debe predominar en cualquier secuela, pero lo cierto es que solo con esto el film no habría adquirido con el tiempo la categoría que ahora tiene. La pregunta que cabe hacerse, por tanto, es qué aporta de novedoso a lo ya expuesto por su predecesora.

La respuesta hay que buscarla, como no podía ser de otro modo, es su argumento, en una trama que vuelve a repetir formato y divide su tiempo en dos líneas de desarrollo que avanzan de forma paralela para unirse en un clímax tan espectacular como emotivo. X-Men 2 acentúa los dos grandes dramas de la primera parte para erigirse como un producto mucho más completo, más dinámico y con mayor profundidad en las motivaciones de sus personajes. A través de un lenguaje audiovisual que juega con la intriga y la información aportada, la historia vuelve a optar por el oscurantismo bien entendido de la primera parte, en el sentido de no ofrecer al espectador un producto masticado, digerido y regurgitado.

El hecho de apostar de forma clara y contundente por la historia de Lobezno, de nuevo con un Hugh Jackman (Los miserables) sensacional, aporta solidez narrativa al conjunto, permitiendo un mayor desarrollo del personaje y, por extensión, una visión más amplia del mundo de los mutantes y su lucha por la supervivencia ante la intolerancia y el miedo de gobiernos y ejércitos. La presencia de William Stryker (Brian Cox) es la que articula el pasado y el presente en la historia, y es el que vincula el desarrollo de las dos tramas. Resulta interesante comprobar cómo un único personaje, cuando está bien diseñado desde el comienzo, es capaz de modificar los parámetros de toda una historia mucho más compleja.

Más mutantes, más poderes

Desde luego, la presencia de Jackman genera en el film algunos de los mejores momentos de toda la saga, como es el ataque a la mansión y la respuesta de Lobezno, o ese final en la presa. Pero como decía al comienzo, X-Men 2 supo aprovechar su apuesta por el desarrollo de la trama para integrar en ella más acción, más espectacularidad y más mutantes, que se sumaron a los ya presentados en la anterior entrega (los más destacados son los interpretados por Shawn Ashmore y Alan Cumming) y que, en líneas generales, modificaron notablemente sus puntos de partida. Ahí está, por ejemplo, el cambio que sufre Lobezno, marcado en todo momento por el traumático pasado.

Aunque sin duda esa evolución está representada por el personaje de Famke Janssen (Ni una palabra), rol que siempre ha sido objeto de profundos cambios y que en esta segunda parte encuentra una vía para explorar todos los aspectos del personaje. De forma sutil la trama introduce los cambios que se producen en Jean Grey y que la llevan a sacrificarse por el grupo en uno de los momentos más emotivos de la cinta (sacrificio que para los seguidores exploraba un nuevo camino con esa imagen final del ave sobrevolando el agua). Curiosamente, el triángulo amoroso pasa a un segundo plano en beneficio de los conflictos personales de cada uno de los integrantes, amén de otras tramas secundarias que ganan importancia, como es la constante lucha entre mutantes (aquí unidos por fuerza mayor) o la huida de la mansión para sobrevivir.

Lo más interesante del film es que todo esto, a pesar de generar más acción y más efectos, nunca llega a imponerse a la trama, siendo un recurso más de los utilizados por el director para narrar la historia. Hago hincapié en esto porque, aunque pueda parecer simple y lógico, es algo que se perdió en la tercera parte, de ahí su importancia. El arco dramático de los personajes está marcado por un sinfín de detalles, de percepciones y de motivaciones. Ninguno de ellos puede definirse en esta película como “buenos” y “malos”. Las fronteras, aunque más o menos claras, nunca llegan a definirse totalmente, llegando incluso a fundirse al final de la historia. Es eso lo que aporta a la saga, y lo que la convierte en la gran película que es: no todo es blanco o negro; no todo está bien o mal. Ese realismo, incluso narrando lo que se está narrando, es el “más y mejor” de la segunda parte.

Por tanto, X-Men 2 es en todos los sentidos un film mucho más completo y más atractivo. Dejando a un lado las comparaciones, hay que aclarar que el film tiene puntos débiles de gran relevancia, como es el hecho de que algunos secundarios pecan demasiado de arquetípicos. Su trama, además, posee los altibajos habituales de este tipo de cintas, en las que tras grandes secuencias de acción es necesario pararse a plantear los interrogantes. Pero en cualquier caso es una notable propuesta que expone sus intenciones desde el primer momento y que apuesta, por fortuna, por una historia compleja y trágica que en todo momento controla, como ocurre en el film con los mutantes, sus herramientas narrativas.

‘X-Men’, los personajes por encima de los efectos digitales


Hugh Jackman interpretó por primera vez a Lobezno en 'X-Men', de Bryan Singer.El fenómeno de los superhéroes llegó al cine con el nuevo siglo. Es cierto que siempre han estado relacionados de un modo u otro, pero hace exactamente 14 años el subgénero alcanzó un grado de sofisticación y seriedad que lo ha llevado a generar algunos de los mejores films de acción y ciencia ficción de los últimos años, como es el caso de la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan (Memento). Ahora mismo, con los efectos digitales campando a sus anchas por las historias de los justicieros enmascarados, parece quedar muy lejos aquella película que, en cierto modo, abrió definitivamente la veda a la adaptación cinematográfica de los cómics. Pero dado que esta semana se estrena X-Men: Días del futuro pasado, en Toma Dos vamos a repasar la evolución de la saga de mutantes, comenzando por el origen de todo el fenómeno: X-Men (2000), dirigida por un entonces relativamente novato Bryan Singer (Sospechosos habituales).

Más allá de su valor como punto de partida, la obra de Singer ha ganado peso con los años gracias fundamentalmente a su guión, un texto elaborado a partir de los elementos más conocidos por el gran público de estos seres humanos con habilidades especiales debidas a mutaciones genéticas y, sobre todo, por saber absorber perfectamente la esencia del cómic creado por Stan Lee y Jack Kirby, que no es otra que la lucha contra la intolerancia, el racismo y el miedo a lo desconocido. Unos conceptos que pueden encontrarse casi desde el inicio del film con esas secuencias aparentemente inconexas que poco a poco van confluyendo hacia una trama única. Ahí está, por ejemplo, la huída de casa del personaje interpretado por Anna Paquin (serie True Blood) o el discurso del personaje de Famke Janssen (Venganza) y la reacción que provoca. De hecho, la idea del racismo es la que mueve toda la historia, tanto para generar el conflicto entre los dos bandos mutantes (uno apoya la integración y el otro la lucha) como para desarrollar toda la intriga en torno al senador que aboga por perseguir a esta nueva raza de seres humanos.

Desde luego, su apuesta por el desarrollo dramático de los personajes es lo que mejor define a esta primera X-Men. La definición de los mismos a través de sus acciones, de sus gestos y de sus miradas demuestra que en cualquier cinta de acción hay espacio para más aspectos que los puramente físicos. Sin ir más lejos, la película logra establecer casi en un suspiro el trío amoroso entre Lobezno, Jean Grey y Cíclope (Hugh Jackman, Janssen y James Marsden, respectivamente). Y ni siquiera es necesario un diálogo explicativo. Esta sutileza, además, es capaz de generar cierta intriga en las motivaciones de muchos de los roles, tanto héroes como villanos, y logra que el punto de giro que da pie al tercer acto tenga la suficiente fuerza como para resultar inesperado y apasionante (las verdaderas intenciones del villano). No hay que dejar pasar, sin embargo, la debilidad de algunos secundarios como el interpretado por Halle Berry (Cosas que perdimos en el fuego). Su rol, uno de los más importantes de las viñetas, queda aquí relegado a un segundo plano muy plano, y perdón por el juego de palabras. No solo aporta poco a la historia, sino que lo hace de forma algo tosca, burda y hasta ridícula. Por fortuna, esto fue algo que quedó solventado en aventuras posteriores.

Y como suele ocurrir en estos casos, el desarrollo de la historia y de los personajes corre en sentido contrario al desarrollo de los efectos especiales. No quiere decir esto que sean malos, al contrario. El director logra algunos momentos inolvidables, como ese primer plano de las garras del personaje de Jackman saliendo de los puños o los rayos emitidos por Cíclope. Pero dichas secuencias son tan escasas como logradas. No existe, por tanto, un abuso innecesario de los recursos digitales. Es más, algunos momentos son más bien mecánicos. Las secuencias de acción, excelentes, se someten a las necesidades de la historia, y no al revés. En definitiva, y siempre dentro de los parámetros de un film de estas características, el tratamiento es más realista, definiendo perfectamente las posiciones de cada uno de los personajes y estableciendo unas líneas de actuación comedidas, sin excesos audiovisuales e, incluso, con un sentimiento más intimista y entrañable. Quizá una de las mejores secuencias que ejemplifican esta idea es aquella en la que Magneto, interpretado magistralmente por Ian McKellen (El señor de los anillos: La comunidad del anillo), mantiene una disputa con Charles Xavier (Patrick Stewart) mientras amenaza a un buen número de policías con sus propias armas.

Un oscuro dominante

Aunque sin duda el mayor acierto de Singer en X-Men fue dar el protagonismo a Lobezno y a un Hugh Jackman (Prisioneros) por entonces desconocido. Desde luego, el éxito del personaje ha encumbrado a este magnífico actor, pero sería injusto no reconocer que el beneficio ha sido mutuo. El intérprete ha sabido dotar al rol (actualmente algo desgastado) de una entidad única, tanto física como psicológicamente. Jackman es capaz de aunar la fortaleza física, la violencia y la ira de un personaje turbado por un pasado traumático, la pérdida y el dolor. Hasta tal punto es imprescindible su participación que actor y personaje se han fusionado hasta confundirse, siendo prácticamente imposible que nadie se imagine a este mutante con esqueleto de adamantium con otros rasgos que no sean los del actor.

Pero más allá de todo eso, el director logra equilibrar con bastante acierto su arco dramático personal con el desarrollo de la historia, ofreciendo pinceladas del tortuoso pasado al tiempo que ubica al personaje en una lucha de la que no quiere formar parte. Ese espíritu libre, unido a la lealtad y sentido de la justicia que lleva incorporados de serie el personaje, convierten a Lobezno en el verdadero atractivo de la cinta. Su protagonismo es más que evidente, incrementándose a medida que han ido pasando los años. De hecho, es el único que cuenta con films propios. Y su carácter es lo que hace avanzar la trama en muchas ocasiones, ya sea de forma directa o indirecta, y ya sea como centro de atención de la intriga o como uno de los vértices del triángulo amoroso.

Esta oscuridad, empero, no se ciñe únicamente a su personaje. Si algo generó controversia hace 14 años fue la forma en que Singer iba a abordar el tema de los trajes que lucen los héroes. Para aquellos que no estén familiarizados, digamos que cada rol presenta una paleta cromática que les define, lo que en pantalla podría ser, literalmente, un desastre. Al principio mencionaba la seriedad que esta película aportó a las adaptaciones de superhéroes. Bueno, pues buena parte del éxito radica, aunque no lo parezca, en el diseño de vestuario. La apuesta por unos uniformes negros, alejados de las mallas multicolor, termina resultando hasta coherente en el contexto general de la trama, superando el primer contraste de ver a todos los personajes uniformados para el combate. El director se permite incluso hacer un guiño a esa “licra amarilla” que luce el personaje de Jackman en los cómics. La ausencia de color surgió de la necesidad (no es lo mismo ver a Spider-Man o a Iron Man que a seis personajes cada uno de un color), pero su diseño sentó las bases del resto de la saga.

Tal vez X-Men no sea la mejor de las películas sobre superhéroes. Desde luego, no es la mejor de toda la saga. Hay momentos de su guión en los que se echa en falta algo más de garra. Algunos personajes, como el de Tormenta o los villanos secundarios, dejan mucho que desear. Pero en líneas generales el film evidencia una apuesta por un estilo narrativo y visual alejado de estridencias o de concesiones al gran público. Tal vez por eso la historia busca ante todo acercarse a los personajes y hacerlos accesibles para todos los espectadores. Tal vez el hecho de no saber cómo iba a resultar este primer experimento es lo mejor que le pudo pasar al film. Sea como fuere, los mutantes llegaron para quedarse, y gracias a esta primera historia con más desarrollo y menos efectos el público aceptó aquello que era diferente.

‘El mayordomo’: Una apuesta por los Oscar en blanco y negro


Forest Whitaker es 'El mayordomo', de Lee Daniels.Si en una película mezclamos acontecimientos históricos, racismo, mirada del hombre corriente, derechos civiles, buenos actores y ensalzamiento de los valores que Estados Unidos defiende (otra cosa es que los ponga en práctica), no hay duda de que estamos hablando de un más que posible candidato a los Oscar. La nueva película de Lee Daniels (El chico del periódico) responde punto por punto a tal descripción. Ahora bien, ¿es la mejor película del año? Y lo más importante, ¿es una buena película? A la primera pregunta todavía no puede responderse; a la segunda pregunta la respuesta, en el mejor de los casos, debería ser un “depende”.

Desde luego, El mayordomo cuenta con todos los pilares necesarios para ser un drama capaz de conmover al más frío de los espectadores. El sufrimiento del protagonista, que asiste como testigo privilegiado a décadas de lucha racial, es el vehículo perfecto para descubrir los trapos sucios de una sociedad dividida. Por otro lado, aprovecha con inteligencia alguno de los momentos más trágicos para evidenciar una falta de sensibilidad humana en unos individuos convencidos de que eran más que sus semejantes simplemente por el tono de piel. Y qué decir de los actores, de lejos lo mejor del conjunto. Casi con toda seguridad Forest Whitaker (Última llamada) y Cuba Gooding Jr. (Hombres de honor) tendrán presencia en las categorías de Mejor Actor y Mejor Actor Secundario en la próxima edición de los premios de Hollywood, es cierto, pero la que destaca es la famosa presentadora Oprah Winfrey en un papel difícil tanto por la complejidad psicológica como por la intermitente forma de presentarlo, siempre como un secundario a la sombra del rol principal.

Y es este uno de los puntos en los que empiezan los problemas de esta película, que no son precisamente pocos. Muchas de las tramas secundarias son abordadas sin demasiada conexión entre sus secuencias, obligando a rellenar las lagunas con el sentido común de cada uno de nosotros. Además, su forma de tratar el racismo y el cambio social que vivió Estados Unidos en esos años resulta, por decirlo de algún modo, excesivamente educativo. Habrá quien lo considere incluso adoctrinamiento. Ya desde la primera secuencia quedan patentes las intenciones de sus responsables para plasmar la evolución de los afroamericanos a lo largo de las décadas. El problema es que lo hace de forma tan evidente, tan poco sutil, que resulta hasta poco creíble. Por otro lado, el constante uso de la voz narrativa del protagonista, quien explica con todo detalle al espectador cómo debe abordar cada uno de los periodos clave de la trama, resta relevancia al contenido visual, llegando incluso a distorsionar algunos momentos dramáticos del film.

Y además de todo esto, es un relato previsible. El mayordomo nunca entra de lleno en la polémica. Se limita a mostrar la Historia estadounidense desde el punto de vista afroamericano, dando a entender que todo, o casi todo, ha estado determinado por el conflicto racial. La evolución social del ser humano, evidentemente, es mucho más compleja. El ejemplo más claro es la guerra de Vietnam, tratada de forma tangencial y sin ninguna sorpresa dramática en su haber. Con todo esto, habrá quienes aplaudan el dramatismo lacrimógeno que reside en los conflictos familiares y quienes la consideren como un homenaje a una parte de la sociedad norteamericana sin más mérito que unos buenos actores. No todo es blanco o negro. Como suele ocurrir en la vida real (y recordemos que esta historia está basada en un hecho verídico), la realidad se encuentra en esa zona gris intermedia.

Nota: 6/10

Unos variados estrenos ponen rumbo a los premios académicos


Estrenos 11octubre2013El otoño ha llegado con fuerza a España. Al menos en lo referente al cine. Si la semana pasada se estrenaba la estupenda Gravity, hoy viernes, 11 de octubre, llegan unos cuantos títulos que por referencias, protagonistas y temáticas tienen muchas papeletas de ser candidatos a los premios que en unos meses dará la Academia de Hollywood. Por supuesto, habrá que esperar, porque si todo lo que está por llegar mantiene el mismo nivel será complicado elegir sólo a un puñado de películas para ser las nominadas. Pero esto es adelantar muchos acontecimientos. Ahora mismo lo interesante es saber qué novedades llegan.

Y entre ellas sobresale El mayordomo, drama que recorre varias décadas de la historia de Estados Unidos a través de uno de los mayordomos de la casa blanca, un hombre afroamericano que luchó por huir de la segregación del sur en su juventud y que vivirá, durante sus años al servicio de varios presidentes, algunos de los acontecimientos más importantes del país. Con una temática de regusto académico, la película cuenta con un buen puñado de nombres que aportan más prestigio si cabe a la trama. El director es Lee Daniels (Precious) y el reparto cuenta con, entre otros, Forest Whitaker (El último rey de Escocia), la famosa presentadora Oprah Winfrey (Beloved), David Oyelowo (Jack Reacher), Terrence Howard (La venganza del hombre muerto), Cuba Gooding Jr. (Red Tails), Robin Williams (La gran boda), John Cusack (El enigma del cuervo), Liev Schreiber (Salt), Alan Rickman (Un plan perfecto), Jane Fonda (La madre del novio), Alex Pettyfer (Magic Mike), Vanessa Redgrave (Anonymous), James Marsden (2 guns) y los cantantes Lenny Kravitz y Mariah Carey.

Otro de los estrenos atractivos es Prisioneros, thriller que narra la angustiosa búsqueda de dos niñas desaparecidas por parte de la policía y sus padres. La trama arranca cuando dos familias de una zona residencial descubren que sus hijas pequeñas han desaparecido. La única pista es una caravana algo destartalada cuyo dueño es acusado del secuestro, aunque puesto en libertad por falta de pruebas. El paso de los días obligará a uno de los padres a tomar decisiones que sobrepasan la moralidad y la legalidad. Denis Villeneuve (Incendies) es el encargado de poner la historia en imágenes y de dirigir a Hugh Jackman (Lobezno inmortal), Jake Gyllenhaal (Código fuente), Terrence Howard, que estrena por partida doble con El mayordomo, Viola Davis (Criadas y señoras), Maria Bello (serie Touch), Melissa Leo (Objetivo: La Casa Blanca) y Paul Dano (Looper).

El tercer estreno norteamericano tampoco se queda atrás en lo que a nombres se refiere. The Bling Ring es lo nuevo de Sofía Coppola (Lost in Translation), que escribe y dirige esta trama inspirada en un hecho real: el de un grupo de cinco amigos adolescentes de Los Ángeles que, tras vigilar a los famosos por Internet, entraron a robar a sus casas, obteniendo un botín de unos 3 millones de dólares. Katie Chang (A birder’s guide to everything), Israel Broussard (Flipped), Emma Watson (saga Harry Potter), Claire Julien, Taissa Farmiga (serie American Horror Story), Georgia Rock y Leslie Mann (Si fuera fácil) son los principales protagonistas de este drama.

En cuanto al resto del mundo, España destaca otra vez por la cantidad de películas que presenta, ya sea en solitario o como co producción. Caníbal es sin duda la más laureada, habiendo pasado por varios festivales. El argumento gira en torno a un prestigioso sastre reservado cuya vida gira en torno al trabajo y la comida. Pero no cualquier comida. El hombre es caníbal, y se alimenta de mujeres desconocidas, turistas, … que no significan nada para él. Todo cambia cuando conoce a una joven inmigrante que busca desesperadamente a su hermana, a su vez vecina del caníbal. Nueva película de Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del bolchevique), la película está protagonizada por Antonio de la Torre (La gran familia española), al que acompañan María Alfonsa Rosso (La estrella), Olimpia Melinte (Killing time) y Delphine Tempels.

Argentina, Francia, España y Noruega son los países que están detrás de El médico alemán, drama escrito y dirigido por Lucía Puenzo (El niño pez) que narra el viaje de un médico nazi en 1960 a través de la Patagonia acompañando a una familia que va hacia el sur. El viaje reavivará sus recuerdos y sus ideales políticos, y aunque oculta su identidad, sus maneras, su educación y sus conocimientos sobre ciencia y medicina harán que la sospecha se cierna cada vez más sobre él. La película está protagonizada por Natalia Oreiro (Mi primera boda), Àlex Brendemühl (Héroes), Diego Peretti (Al final del camino), Florencia Bado, Elena Roger (Un amor) y Guillermo Pfening (Belgrano).

 Por cierto que los Oscar no solo están presentes este fin de semana en las posibilidades de los estrenos norteamericanos. Pie de página, nominada al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa, también se estrena. Producida en Israel en 2011, esta comedia romántica se centra en la relación entre un padre y un hijo, ambos catedráticos y ambos diametralmente opuestos. El primero nunca ha visto reconocido su trabajo, mientras el segundo es una estrella ascendente. Sin embargo, la distinción con un importante premio al padre hará aflorar tanto la necesidad de atención de uno como la envidia del otro. Escrita y dirigida por Joseph Cedar (Beaufort), el film cuenta en su reparto con Shlomo Bar-Aba (Nisuim Fiktiveem), Lior Ashkenazi (Kalevet), Aliza Rosen (Himmo Melech Yerushalaim), Yuval Scharf (The dealers) y Alma Zack (Zohi Sdom).

España y Argentina tienen también participación en Mujer conejo, en la que hay presente además capital venezolano. La trama comienza cuando una funcionaria estatal descubre que la policía argentina está controlada por la mafia. Desde entonces deberá salvar su vida si quiere llegar a desvelar esa información. Para ello huye al campo y termina en una zona infestada de conejos alterados genéticamente para que sean carnívoros. Sin embargo, allí descubre algo más, algo que acabaría con la mafia para siempre, aunque antes tendrá que salir con vida. Escrita y dirigida por Verónica Chen (Agua), la película está protagonizada por Haien Qiu (Extraños en la noche), Gloria Carrá (Las viudas de los jueves) y Luciano Cáceres (Carne de neón).

Y para terminar, algo de música, concretamente rock y, más concreto aún, del grupo Metallica. Nimród Antal (Predators) es el encargado de dirigir Metallica: Through the never, cinta que mezcla realidad y ficción al narrar la historia de un joven que ha de cumplir un encargo mientras se desarrolla un concierto de la banda repleto de público. Dane DeHann (Chronicle) da vida a este personaje, que se cruzará con los verdaderos integrantes de la banda y el equipo que les acompaña.

Diccineario

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