‘El círculo’ busca ‘La ciudad perdida’ durante una ‘Noche de venganza’


Muchos títulos con notables repartos es lo que propone este primer fin de semana de mayo. Desde películas que adaptan historias reales hasta thriller fantásticos o cintas de acción, este viernes, día 5, llegan a la cartelera española una amplia variedad de propuestas que, aunque ninguna parece estar llamada a llenar las salas como lo han hecho otros films en semanas anteriores, sí ofrecen al espectador algo diferente.

La primera de ellas es Z, la ciudad perdida, cinta biográfica que combina drama, aventura y acción de la mano de James Gray (El sueño de Ellis), quien escribe y dirige esta adaptación del libro de David Grann acerca de las expediciones que llevó a cabo el soldado Percy Fawcett en la selva brasileña. La primera de ellas le dejó tan fascinado que se embarcó nuevamente, descubriendo vestigios de antiguas civilizaciones perdidas. Tras regresar a Inglaterra, logra el apoyo para iniciar un último viaje, acompañado esta vez de su hijo mayor, en busca de la ciudad perdida de Z, pero nunca más se supo de ellos. En el reparto destacan nombres como los de Charlie Hunnam (Pacific Rim), Robert Pattinson (Life), Tom Holland (En el corazón del mar), Sienna Miller (Una buena receta), Angus Mcfadyen (Cisne blanco) e Ian McDiarmid (Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith).

Muy diferente es El círculo, thriller de ciencia ficción cuya trama, basada en la novela de Dave Eggers, arranca cuando una joven es contratada para trabajar en la compañía de internet más prestigiosa del mundo, que ha logrado unificar toda la información digital del individuo en una única identidad en busca de la transparencia. Sin embargo, a medida que la joven asciende, y guiada por el fundador de la empresa, irá sobrepasando los límites de la privacidad, la ética y la libertad, afectando a familiares, amigos y a ella misma. Dirigida por James Ponsoldt (Aquí y ahora), la película está protagonizada por Emma Watson (La bella y la bestia), Tom Hanks (Sully), John Boyega (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza), Karen Gillan (Guardianes de la galaxia Vol. 2) y Bill Paxton (Al filo del mañana), en la que ha sido su última película antes de fallecer.

El thriller policíaco y de acción está representado por Noche de venganza, remake del film francés dirigido en 2011 por Frédéric Jardin cuyo argumento se centra en un policía de Las Vegas aparentemente corrupto. Después de que un atraco salga mal, una banda criminal decide secuestrar al hijo de este policía, que deberá recuperarlo en una sola noche mientras Asuntos Internos le investiga. La nueva versión, dirigida por Baran bo Odar (Silencio de hielo), está protagonizada por Jamie Foxx (Annie), a quien acompañan Michelle Monaghan (Pixels), Gabrielle Union (El nacimiento de una nación), Dermot Mulroney (La verdad), Scoot McNairy (Perdida), T.I. (Ant-Man) y David Harbour (Escuadrón suicida).

Terror en estado puro es lo que propone Nunca digas su nombre (Bye Bye Man), film dirigido por Stacy Title (El diablo viste de negro) que gira en torno a tres jóvenes universitarios que se mudan a una vieja casa fuera del campus. Allí liberan sin querer un ente sobrenatural que persigue y mata a todo aquel que descubre su nombre, por lo que intentarán mantener su existencia en secreto y evitar así la muerte del resto de compañeros. Douglas Smith (El caso Sloane), Cressida Bonas, Lucien Laviscount (Between two worlds), Carrie-Anne Moss (Matrix), Faye Dunaway (Flick) y Doug Jones (Ouija: El origen del mal) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos de este viernes destaca Un Reino Unido, drama romántico que narra el conflicto internacional que provocó el príncipe de Botswana, Seretse Khama, al enamorarse y casarse con una mujer blanca de Londres en los años 40. Basada en el libro de Susan Williams, la película está dirigida por Amma Asante (Belle) y protagonizada por David Oyelowo (Selma), Rosamund Pike (Nuestro último verano en Escocia), Jack Davenport (Gernika), Tom Felton (Resucitado) y Laura Carmichael (serie Downton Abbey).

En lo que a producción nacional se refiere destaca Pasaje al amanecer, debut en el largometraje de Andreu Castro (serie Yo quisiera) que se ambienta en noviembre de 2004, durante la que es considerada la batalla más sangrienta de la guerra de Irak. En ese contexto un foto periodista es contratado para entrar en el centro del conflicto y relatar en imágenes lo que ocurre. El joven, antes de ir, deberá comunicárselo a su familia y a su novia, lo que resquebrajará los cimientos de las relaciones y llevará a todos los personajes a vivir sus particulares infiernos. El reparto está encabezado por Nicolás Coronado (Novatos), Andrea Duro (Los miércoles no existen), Elvira Mínguez (Truman), Lola Herrera (Primer y último amor), Ruth Díaz (Tarde para la ira) y Antonio Valero (Los Borgia).

El drama también está presente en El jugador de ajedrez, cuya historia se desarrolla durante la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. El protagonista es un campeón de ajedrez español que, cuando el conflicto bélico estalla en España, decide emigrar a Francia junto a su mujer, natural del país, y la hija de ambos. Sin embargo, una vez allí será detenido por los nazis al considerarle un espía. Su única vía para sobrevivir es la pasión que siente el oficial al mando por el ajedrez. Luis Oliveros (Pata negra) dirige esta propuesta protagonizada por Marc Clotet (La estrella), Melina Matthews (Nick), Alejo Sauras (Los abrazos rotos), Andrés Gertrúdix (El apóstata) y Pau Durà (Todo está en el aire).

Entre el resto de estrenos destaca Casi leyendas, comedia dramática con el mundo de la música como telón de fondo que gira en torno a tres amigos que se han distanciado con el paso de los años. Sin embargo, deberán volver a reunirse para formar el grupo musical que estuvo a punto de alcanzar la fama hace 25 años, viéndose obligados además a afrontar sus calamitosas vidas. Escrita y dirigida por Gabriel Nesci (Días de vinilo), la película cuenta entre sus actores con Diego Peretti (Papeles en el viento), Santiago Segura (La reina de España), Diego Torres (La venganza), Claudia Fontán (La reconstrucción) y Florencia Bertotti (Igualita a mi).

Con algo de retraso llega la canadiense Los demonios, drama escrito y dirigido en 2015 por Philippe Lesage en el que es su debut en el largometraje de ficción. La trama se centra en un niño de diez años sensible e imaginativo que le tiene miedo a todo lo que le rodea, desde un posible divorcio de sus padres hasta el sida. Su vida en una zona residencial de Montreal se verá alterada cuando se produzcan una serie de secuestros de niños en su zona, lo que le llevará a descubrir que los demonios de su infancia podrían estar relacionados con las desapariciones. Édouard Tremblay-Grenier, Yannick Gobeil-Dugas, Vassili Schneider (Lucidité passagère), Sarah Mottet, Mathis Thomas y Laurent Lucas (Perros rabiosos) encabezan el reparto.

Desde Japón llega Maravillosa familia de Tokio, comedia que arranca el día del cumpleaños de la mujer del patriarca de una tradicional familia japonesa. Durante la celebración, y como regalo, la mujer le pide a su marido el divorcio. La revelación no solo supone un duro golpe para el incrédulo marido, sino que removerá los cimientos de toda la estructura familiar, cuyos miembros tratarán de evitar por todos los medios lo que parece ser una catástrofe. Yôji Yamada (Una familia de Tokio) dirige esta propuesta en cuyo reparto destacan los nombres de Yû Aoi (Viaje hacia la orilla), Yui Natsukawa (La casa del tejado rojo), Kazuko Yoshiyuki (Leonie), Isao Hashizume (Eien no 0), Shôzô Hayashiya (Penguin’s memorie – Shiawase monogatari) y Tomoko Nakajima (Boku no ojisan).

De Asia también procede Seoul Station, cinta de terror realizada en animación tradicional producida en Corea del Sur que gira en torno a los intentos por sobrevivir de un grupo de personas en la capital de aquel país después de que una horda de mendigos se haya transformado en zombis. Planteada como una precuela de Train to Busan (2016), la cinta está escrita y dirigida por el mismo autor, Yeon Sang-ho (The fake).

También pertenece al género de animación Ovejas y lobos, comedia de aventuras producida en Rusia y ambientada en una lejana y mágica tierra donde un grupo de ovejas vive sin preocupaciones hasta que una manada de lobos acampa en un barranco cercano. La película es la ópera prima de Andrey Galat y Maxim Volkov.

Terminamos el repaso con el documental español Herederos de la bestia, film escrito y dirigido a cuatro manos por Diego López y David Pizarro (Los perversos rostros de Víctor Israel) que aborda la historia detrás de la película El día de la bestia (1995) a través de entrevistas con el director, Álex de la Iglesia (El bar), los actores Santiago Segura, Terele Pávez (La puerta abierta) o Álex Angulo (Zipi y Zape y el club de la canica), y el guionista Jorge Guerricaechevarría (Cien años de perdón).

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Jonah Hill y Miles Teller, profesionales del peligroso ‘Juego de armas’


Estrenos 9septiembre2016Después de la tormenta llega la calma. Y después de la espectacularidad de la nueva Ben-Hur llega… bueno, llega más acción, aunque en esta ocasión con buenas dosis de humor. Porque este viernes, 9 de septiembre, se estrena uno de los proyectos más curiosos e interesantes del año, al menos en lo que a temática y actores se refiere. Y no llega solo. Mucho cine europeo es lo que los espectadores podrán encontrar este fin de semana en la cartelera española.

Pero comencemos por Juego de armas, versión cinematográfica de una historia real recogida por un artículo de Guy Lawson para la revista ‘Rolling Stone’. Su trama es cuanto menos curiosa: dos jóvenes sobreviven vendiendo armas a través de internet. Su negocio da un enorme salto cuando logran un contrato con el Pentágono por valor de 300 millones para suministrar armas a los aliados estadounidenses del ejército afgano. Pero esa cantidad de dinero y la vida que parece prometer a estos dos jóvenes está acompañada de una sucesión interminable de problemas. Humor, acción y algo de drama son los tres pilares de este film dirigido por Todd Phillips (R3sacón) y protagonizado por Miles Teller (Cuatro fantásticos), Jonah Hill (El lobo de Wall Street), Ana de Armas (Por un puñado de besos), Kevin Pollak (Camino) y Shaun Toub (serie Homeland).

Vamos ahora con los estrenos españoles, entre los que destaca Gernika, drama dirigido por Koldo Serra (Bosque de sombras) cuya historia se centra en la relación de amor entre un famoso corresponsal y una idealista censura de la oficina de prensa de la República. Relación que no es bien vista por el jefe de la joven, un comisario político soviético consumido por los celos. Todo ello con el conocido bombardeo de la localidad vasca como telón de fondo. El reparto, muy internacional, está encabezado por James D’Arcy (Hitchcock), María Valverde (Ahora o nunca), Jack Davenport (Kingsman: Servicio Secreto), Irene Escolar (Altamira), Bárbara Goenaga (Sin retorno), Ingrid García Jonsson (Toro), Álex García (La novia), Víctor Clavijo (La isla del viento), Julián Villagrán (Ciudad Delirio) y Burn Gorman (La cumbre escarlata).

También tiene especial interés Tarde para la ira, el debut en la dirección del actor Raúl Arévalo (Cien años de perdón). Este thriller arranca cuando un hombre que ha pasado ocho años en prisión por el robo a una joyería vuelve a reintegrarse en la sociedad con el objetivo de rehacer su vida. Sin embargo, una situación inesperada y un desconocido le harán comenzar un viaje que le obligará a enfrentarse con el pasado. Antonio de la Torre (Felices 140), Luis Callejo (Palmeras en la nieve), Ruth Díaz (Los días no vividos) y Manolo Solo (B) encabezan el reparto.

La animación está representada por El principito, nueva versión del famoso libro de Antoine de Saint-Exupéry. Producida en Francia en 2015, la trama narra, para aquellos que no la conozcan, el encuentro entre un aviador que se estrella en el desierto del Sáhara y un pequeño príncipe del espacio exterior que viaja de planeta en planeta realizando preguntas que a priori pueden parecer evidentes. La cinta, dirigida por Mark Osborne (Kung Fu Panda), cuenta con las voces de Riley Osborne, Jeff Bridges (El séptimo hijo), Rachel McAdams (Una cuestión de tiempo), Paul Rudd (Ant-Man), Marion Cotillard (El sueño de Ellis), James Franco (Retales de una vida), Benicio del Toro (Sicario) y Paul Giamatti (San Andrés), entre otros.

Aunque sin duda la cinta más europea es Sparrows (Gorriones), cinta producida en 2015 entre Dinamarca, Croacia e Islandia y cuya trama se centra en un joven que se ve obligado a vivir con su padre cuando su madre decide trasladar su vida a África siguiendo a su nuevo marido. La difícil relación del adolescente con su padre y con sus viejos amigos de la infancia definirá su vida. Dirigida por Rúnar Rúnarsson (Eldfjall), la película está protagonizada por Ingvar Eggert Sigurdsson (Everest), Rade Serbedzija (Venganza: Conexión Estambul), Atli Oskar Fjalarsson (Órói) y Rakel Björk Björnsdóttir (Ferox).

En 2015 también se produjo El espejo de los otros, comedia dramática argentina escrita y dirigida por Marcos Carnevale (Corazón de león) cuyo argumento gira en torno a un restaurante de Buenos Aires diseñado en las ruinas de una catedral gótica. Con una única mesa, el establecimiento ofrece la experiencia de compartir el amor, la vida, la muerte, la codicia y la soledad en una “última cena”. El reparto está encabezado por Norma Aleandro (La suerte en tus manos), Graciela Borges (Dos hermanos), Leticia Brédice (Rosa fuerte) y Alfredo Casero (La reconstrucción).

Y desde India llega Masaan, drama romántico ambientado en la ciudad santa de Benarés que sigue las vidas de varios personajes atrapados entre la época moderna y el mundo tradicional en el que se han criados. Un joven pobre que se enamora de una chica de una casta superior, un niño huérfano que busca una familia o un policía que cae en la corrupción y traiciona sus principios son algunos de estos personajes. Dirigida por Neeraj Ghaywan (Shorts), la cinta está protagonizada por Pankaj Tripathy (Maazii), Vicky Kaushal (Bombay Velvet), Sanjay Mishra (Boss) y Richa Chacha (Words with Gods).

Para finalizar, un doble evento que solo unos pocos podrán ver este jueves, 8 de septiembre. Ataque a los TitanesAtaque a los Titanes 2: El fin del mundo es la adaptación japonesa a imagen real del conocido manga creado por Hajime Isayama que narra cómo la Humanidad ha aprendido a vivir encerrada en ciudades de enormes muros. El motivo es que hace casi un siglo los Titanes aparecieron para acabar convertir a los hombres en su alimento. Los muros han conseguido dar un poco de tranquilidad y normalidad, pero cuando un Titán colosal hace acto de presencia y destruye las paredes como si fueran papel, la Humanidad tendrá que hacer frente de nuevo a sus miedos. El díptico está dirigido por Shinji Higuchi (Lorelei), y en su reparto encontramos a Haruma Miura (Crows II), Kiko Mizuhara (Tokio blues), Kanata Hongô (Gantz), Nanami Sakuraba (Akai ito), Takahiro Miura (Samu life) y Satomi Ishihara (Sadako 3D).

‘Kingsman: Servicio secreto’: los sastres de la mesa redonda


Taron Egerton, Colin Firth y Samuel L. Jackson protagonizan 'Kingsman: Servicio secreto'.Apenas tiene cinco películas en su haber como director, pero Matthew Vaughn (Stardust) es uno de los realizadores con un futuro más prometedor. Al menos con una visión más personal de la narrativa audiovisual y del espectáculo. Su último film lo confirma, no solo porque es una de las propuestas más divertidas y con mensaje de denuncia social que hay actualmente en la cartelera, sino porque derrocha imaginación formal por los cuatro costados de cada uno de sus fotogramas.

Y es que Kingsman: Servicio secreto vuelve a nutrirse de la imaginación que también derrocha Mark Millar en sus novelas gráficas. La película, más allá de su contenido o de sus excesos (ese final con la princesa es la guinda del pastel), es un viaje en montaña rusa por un mundo, el del espionaje, visto desde un punto de vista muy particular. A medio camino entre la elegancia de James Bond y la crudeza de Jason Bourne, Vaughn construye un relato que deja muy poco tiempo al aburrimiento, que obliga al espectador a mantener la atención sobre cada detalle y que, en definitiva, disecciona un género muy manido con una mirada gamberra y original.

A todo ello contribuye un reparto que simplemente impresiona. Se ha convertido en algo habitual ver a grandes actores enfundarse trajes de superhéroes. Lo que no es tan habitual es ver a alguien como Colin Firth (El diario de Bridget Jones) enfundarse un traje de sastre para protagonizar una de las secuencias más violentas y mejor rodadas de los últimos años, que tiene como protagonistas una iglesia y un grupo de feligreses en estado de ira. Lo cierto es que todos los protagonistas, sin excepción, forman un mosaico de personalidades y de contrastes que juegan en beneficio de un film que sabe reírse de si mismo y de todos aquellos referentes que toma para darles la vuelta. Y lo hace a través de esa especie de organización que emula a los caballeros de la mesa redonda del rey Arturo.

Quizá peque de violenta. Quizá haya momentos en los que pierda algo de fuelle. Y posiblemente algunos secundarios no estén demasiado desarrollados. Pero Kingsman: Servicio secreto es una alternativa divertida, transgresora y con un claro mensaje que es capaz de agradar a todo tipo de espectadores. Y eso no es fácil de lograr hoy en día. Ahí está el mérito de Matthew Vaughn, quien ha logrado que sus cinco obras como director sean cinco films que han dejado una cierta huella en cada uno de sus géneros. Solo le queda realizar un film de gran calado en crítica y público para convertirse en uno de los más grandes directores. Todo llegará.

Nota: 7/10

El musical derrota al drama en la última temporada de ‘Smash’


'Smash' llega a los Tony en su segunda y última temporada.Hay historias que, a pesar de poseer un desarrollo coherente y una serie de bazas atractivas con las que atraer al público, no logran mantener el interés que se exige hoy en día a cualquier producción, sea cinematográfica o para televisión. La serie musical Smash ha visto cómo la fuerza que tuvo en la primera temporada ha ido decayendo durante su segunda etapa hasta obligarla a desaparecer, y uno de sus grandes problemas ha sido establecer como marco dramático el mundo del teatro, de los musicales y de la vanidad de los actores. Un mundo complicado de retratar en el que los conflictos se antojan algo inocentes y en el que las motivaciones no conectan con el público. Dos temporadas es lo que ha durado en pantalla, y como si de un autohomenaje se tratara, su creadora, Theresa Rebeck (guionista de Ley y orden: Acción criminal), ha decidido dar un final feliz a todos sus personajes y poner un broche de oro a la propia obra protagonista de la serie, el musical sobre Marilyn Monroe (Los caballeros las prefieren rubias) titulado ‘Bombshell’.

Estos nuevos 17 episodios afrontaban la difícil tarea de continuar narrando la lucha por la fama de sus dos actrices principales. Una rivalidad que se ha trasladado a un terreno mucho más general ajeno al propio musical, y que ha permitido introducir una nueva obra con nuevos números, nuevas canciones y nueva música. La forma de conseguirlo, a través de una lucha en los despachos que termina con el personaje de Katharine McPhee (Paz, amor y malentendidos) renunciando a su gran sueño, resulta algo forzada, pero obsequia con unos frutos realmente interesantes que se traducen en una obra capaz de competir en los Tony, los premios más prestigiosos del teatro norteamericano. Igualmente, la presencia de otra obra de teatro ha permitido a la serie expandir su marco dramático, incorporar nuevos personajes y dar salida a secundarios que en la primera temporada eran poco más que apoyos puntuales.

El devenir de Smash a lo largo de esta segunda tanda de episodios ha sido, en líneas generales, correcta. Desde luego, la serie nunca ha sido brillante, pero en ningún caso ha resultado mediocre o absurda. Si bien es cierto que buena parte de sus tramas secundarias son, por decirlo de algún modo, irrelevantes, el conflicto principal entre las dos actrices, en el que se ven involucrados de forma indirecta buena parte del resto de personajes, funciona lo suficientemente bien como para evolucionar hacia un punto de equilibrio que se rompe con esa gala final en la que la rivalidad vuelve a aflorar. Es más, todo en esta temporada está planteado para conducir al espectador hacia el clímax emotivo y feliz que tiene lugar en el último episodio, cuando los premios son entregados y los esfuerzos reconocidos.

Emotivo y feliz. La verdad es que, si se analiza fríamente, la opción de que todos los personajes, a pesar de lo que sufren y lo que se sacrifican (la muerte de uno de ellos es uno de los puntos fuertes de la temporada), terminen de la mejor forma posible chirría un poco. No me malinterpreten, encaja relativamente bien con el tono de la serie, que nunca sobrepasa la línea de la ligereza dramática endulzada con buenos números musicales. Pero teniendo en cuenta lo que se ha visto con anterioridad, algunas decisiones parecen poco lógicas. En realidad, los personajes se ven obligados a poner buena cara ante el inevitable final, a resolver sus problemas personales y a perdonar todo lo que previamente parecía insalvable. Es el sino de tener que finalizar una serie de forma más o menos coherente cuando todavía queda algo más que contar.

Más música en ‘Hit list’

Quizá la mejor consecuencia de que Smash hubiera agotado las posibilidades de su propia obra musical en la primera temporada es que ‘Hit list’ haya hecho acto de presencia. Ya he comentado que la presencia de dos obras de teatro ha expandido notablemente el tono dramático de la serie, planteando conflictos de intereses, rivalidades entre equipos creativos (y no entre los egos de dos actrices que quieren llegar a lo más alto) y, sobre todo, más música. Y si en esos primeros episodios la historia de ‘Bombshell’ pretendía ser una especie de reflejo de lo que viven las dos protagonistas, el nuevo musical es claramente un representación de lo que viven los protagonistas de dicha obra. Una especie de metalenguaje que tiene sus puntos buenos y sus puntos malos.

No cabe duda de que los buenos están relacionados con la música. Frescos y diferentes, los números musicales de la nueva obra se antojan atractivos ante la saturación que provoca la obra sobre Monroe. Es por eso que gana presencia a medida que avanza la temporada, sobre todo cuando uno de sus responsables sufre el funesto destino que sufre. Pero ahí queda todo. El potencial dramático que aportan los nuevos personajes se queda en eso, en potencial. Los secretos que acompañan al personaje de Jeremy Jordan (Joyful noise), quien por cierto no es una mala incorporación musicalmente hablando, se mueven en un ámbito de incertidumbre que obliga a realizar forzadas concesiones al dramatismo, como la relación romántica con el personaje de McPhee o la huída hacia adelante que tiene lugar con la tragedia de su amigo. Dramáticamente hablando, su rol representa la falta de objetivos de una obra que tiende a caer demasiadas veces en la exageración emocional. Por no hablar del personaje de Debra Messing (Lucky you), perdida en sus propias emociones.

Esta segunda temporada, más que una continuación, es un complemento, un intento por revitalizar lo ocurrido en la primera temporada, igualmente agradable, divertida y atractiva para los amantes al musical. La evolución dramática de sus protagonistas queda ahora relegada a un segundo plano, tal vez porque las transformaciones más interesantes se produjeron en aquellos episodios, tal vez porque sus responsables han sido incapaces de encontrar una nueva salida a esa evolución. Pensándolo bien, la ausencia de este tratamiento de personajes, ahora con problemas mucho menos interesantes, puede que haya sido determinante para introducir el nuevo musical y las nuevas canciones, distrayendo de este modo la atención sobre el resto de cosas y, en definitiva, volviendo más liviano el conjunto.

Sea como fuere Smash se despide con esta segunda temporada por todo lo alto, es decir, llevando sus dos obras a los premios Tony. Todos ganan, nadie pierde. El futuro de cada personaje se antoja brillante de diferentes modos. La verdad es que la serie, con sus altibajos y su tono ligero y agradable, merecería algo más de desarrollo. Empero, la desaparición de muchos de los aspectos dramáticos de la primera temporada, resumidos en que para lograr el éxito hay que hacer sacrificios personales, merma la producción. Sigue siendo entretenida, de eso no hay duda, pero no solo de música vive un musical. La serie que comenzó sustentando su historia en sus personajes ha terminado con un homenaje a su propia imagen gracias a ese último plano que acompaña este texto y que, curiosamente, define perfectamente la producción. No hay actores, solo Smash.

El musical crece gracias al drama en la primera temporada de ‘Smash’


Este ha sido, sin duda, el año de Marilyn Monroe. En el 50 aniversario de su muerte, la actriz de Con faldas y a lo loco (1959) ha sido homenajeada en el cine con Mi semana con Marilyn, pero la televisión no se ha quedado atrás. Producida por, entre otros, Steven Spielberg (E. T., el extraterrestre), Smash se ha erigido como un debate en toda regla acerca de lo que Marilyn era, y todavía es, para actores, directores y, en general, la sociedad norteamericana. Chica frágil, rodeada de gente cuyo único objetivo era aprovecharse de su imagen; mujer que solo buscaba el amor; actriz con talento limitada por su belleza. Todos los elementos han sido abordados en algún momento de los 15 capítulos que ha durado la primera temporada. Pero Smash es mucho más que eso.

La serie creada por Theresa Rebeck, veterana en el mundo de la televisión, toma como excusa la realización de un musical de Broadway sobre la estrella de El príncipe y la corista (1957) para desgranar con detalle los entresijos de una producción teatral (y audiovisual en general), pero también para exponer los dramas personales de un mundo exigente y cruel como es el del espectáculo, y que en cierto modo suponen un reflejo de lo que vivió Marilyn en su vida personal. Todo desde el punto de vista de una joven que se inicia como actriz y que está interpretada de forma sutil y sorprendente por Katharine McPhee (Shark Night 3D), sin duda una de las mejores voces de todo el reparto, si no la mejor.

Aunque algo tópicos, los personajes son el verdadero sustento del interés de la historia, recomendable para todo tipo de públicos aunque seguramente de difícil visión para aquellos que no sean aficionados al género musical. Un director que no tiene corazón, una actriz con tablas en busca de su oportunidad, un compositor homosexual, … Todos ellos, sin embargo, presentan una evolución dramática, imperceptible en algunos casos, contundente en otros, que enriquece una trama, por otro lado, algo clásica.

En este sentido, la labor de los actores sustenta el alto nivel de los elementos técnicos, aportando al mosaico de personajes una vitalidad casi interna, como si las emociones y los pensamientos estuvieran reservados casi en exclusiva al reducido microcosmos que se crea durante una producción. Desde Debra Messing (serie Will y Grace), que se echa a sus espaldas una de las subtramas más difíciles de la temporada, hasta Jack Davenport (trilogía Piratas del Caribe), que ofrece una de las mejores evoluciones dramáticas, pasando por Anjelica Huston (La familia Adams) o Christian Borle (Ex-posados), todos ellos se alejan del melodrama para componer una serie coherente, seria y muy próxima a una producción real.

Mención aparte debe tener el joven Jaime Cepero, debutante en el mundo del cine y la televisión con este Smash. Su personaje, el de un joven que desea ante todo entrar en el mundo del teatro, puede que sea uno de los más odiados de la primera temporada, lo que no hace sino confirmar el talento del actor. A la buena definición sobre el papel que posee Ellis Boyd, Cepero aporta un grado de cinismo y falta de escrúpulos único, capaz de moverse con el sigilo de un depredador que lo único que busca es hacer la mayor cantidad de dinero en el mundo del espectáculo.

El musical de la pequeña pantalla

Pero si algo define por encima de todo a Smash es su aspecto más técnico y la complejidad de su puesta en escena. Las canciones compuestas para esta primera temporada como parte del musical titulado Bombshell no solo encajan en una producción televisiva como esta, sino que en muchos casos superan los títulos que se oyen en los principales teatros del mundo. Temas musicales, por cierto, que en las voces de las dos protagonistas, McPhee y su principal rival en la pantalla, Megan Hilty (Bitter Feast) alcanzan cotas realmente únicas. En cierto modo, se podría trasladar perfectamente el espectáculo de la pequeña pantalla a los escenarios de Broadway.

Claro que a las canciones se suman unos números de baile que equilibran brillantemente los momentos álgidos y tristes de la vida de Marilyn Monroe. Vitalidad y sobriedad se combinan gracias a la labor de los bailarines del coro bajo unos focos que apoyan las composiciones escenográficas en una obra, por lo demás, que carece casi por completo de decorados, limitándolo a un fondo y a una serie de muebles que casi adquieren vida propia al convertirse en un miembro más de los números musicales.

Esta primera temporada de Smash supone un regalo para los amantes del género musical, pero también ofrece la posibilidad de abrir una ventana al backstage de una obra de teatro, a los ensayos y a las motivaciones que fuerzan una decisión, acertada o errónea (como es la de incluir a una actriz famosa en el reparto, papel interpretado por Uma Thurman), a la crueldad de un mundo que parece no tolerar la estabilidad familiar o las relaciones de pareja. La conclusión de estos primeros 15 episodios no ha sido más que el camino hacia una primera presentación. Todo queda, por tanto, preparado para el tortuoso camino hasta las representaciones en Broadway. Ante esto, solo se puede hacer una cosa: desearle a la serie “mucha mierda”.

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