‘Misión: Imposible. Fallout’: más imposible que nunca


Creo que nadie auguraba en 1996 que la adaptación de Brian de Palma (Misión a Marte) de la famosa serie de televisión Misión: Imposible daría, más de 20 años después, hasta cinco continuaciones y millones de euros en ingresos para una franquicia que, a diferencia de muchas otras, ha sabido reinventarse cuando ha sido necesario pero siempre manteniéndose fiel a un estilo y unos elementos básicos. Esta sexta entrega es la última evidencia de lo bueno y lo malo de esta saga.

La cinta dirigida por Christopher McQuarrie, director de la anterior entrega, continúa en cierto modo los acontecimientos de esta con un estilo áspero en su narrativa y espectacular en su puesta en escena. Con secuencias de acción brillantemente ejecutadas (la pelea en el baño deja sin palabras), la trama vuelve a recurrir al engaño y la intriga para construir toda una persecución en la que, por momentos, no se sabe si los protagonistas son perseguidores o perseguidos. El hecho de que se recupere un villano como el interpretado por Sean Harris (Un lugar solitario para morir) ya da una idea del tono sombrío de la historia, de nuevo con agentes infiltrados y traiciones a las más altas instancias de la inteligencia mundial.

En este sentido, esta nueva ‘Misión: Imposible’ hace honor a su nombre, estructurando milimétricamente la trama para dosificar los giros argumentales en un exitoso intento por hacer que el ritmo no decaiga. Sin embargo, un elemento falla, y es la presunta sorpresa por conocer la identidad del villano que acompaña a Harris en esta historia. Si uno es un poco atento a los planos utilizados por el director, la identidad queda revelada casi al final del primer acto, lo que deja alrededor de dos horas de metraje en las que las presuntas sorpresas quedan completamente anuladas. De ahí que la apuesta por la acción sea tan importante, pues sin ella posiblemente la cinta se desinflaría a marchas forzadas. Acción, por cierto, que se descontrolada en su tramo final, persecución aérea y combate posterior incluidos. Todo un alarde de lo peor que puede ofrecer la saga, algo que se vio en la segunda entrega.

Con todo esto en cuenta, Misión: Imposible. Fallout se convierte en el espectáculo que cabría esperar. Una producción marcada por la acción bien ejecutada, por una trama sólida que retoma una historia precedente y que, salvo ciertos inconvenientes en su manejo de los secretos y de la intriga. En cierto modo, esta nueva aventura contiene lo mejor y lo peor de la saga. Lo mejor, sin duda, los juegos de identidades, los engaños y los constantes giros argumentales en los que nada es lo que parece, e incluso lo que realmente es muchas veces puede reinterpretarse. Lo peor es esa tendencia a la acción sin sentido, a la espectacularidad que haga gala del título en su sentido más extremo, cuando algo más sencillo tiene el mismo o mejor efecto. Pero desde luego, para pasar un buen rato disfrutando de los escenarios, la intriga y la acción, esta es la elección perfecta.

Nota: 7,5/10

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‘Suite francesa’: la música de un amor imposible


Matthias Schoenaerts y Michelle Williams viven un amor imposible en 'Suite francesa'.Hay muchas veces que una historia no tiene que ser necesariamente extraordinaria para causar buena sensación. Con un buen desarrollo, unos personajes bien definidos y una realización académica se pueden lograr resultados más que aceptables, y eso es lo que ha logrado en líneas generales Saul Dibb (La duquesa) con esta historia de amor imposible durante la II Guerra Mundial. Y aunque la película tiene, a priori, un aspecto previsible más que evidente, en su interior se esconden algunas ideas interesantes que dotan al conjunto de una mayor presencia.

No quiere esto decir que este drama romántico entre un alto mando alemán y una francesa sea una película notable, pero sí que logra ser algo más que una sencilla historia de amores, odios y pasiones ocultas. De hecho, este tal vez sea su aspecto menos interesante. Si algo bueno tiene el desarrollo dramático del guión es que pivota sobre aspectos que contrastan mucho con la guerra, como si el pueblo en el que transcurre la acción fuera en realidad un microcosmos en el que la guerra es solo un eco lejano que se oye con más fuerza de vez en cuando. El uso de la música como contrapunto de la barbarie o los sentimientos encontrados entre alemanes y franceses (que no están reflejados solo en la relación de los protagonistas) son algunos de esos aspectos.

Por supuesto, en la buena marcha de la historia tienen mucho que ver los actores, un reparto realmente notable que logra dotar a sus personajes de una complejidad que no está reflejada en el guión. Si bien es cierto que todos los roles están dibujados con cierta simplicidad, la labor de actores como Tom Schilling (Oh boy) o Kristin Scott Thomas (Gosford Park) logra traspasar esa sencillez para asomarse a una profundidad que crea una mayor complejidad. Pero como decía al comienzo, no hay que entender esto como los valores de un film excepcional, sino como aspectos positivos de una historia sencilla y que tiende siempre a caer en la previsibilidad.

Realmente, el gran problema de Suite francesa es precisamente que su historia no termina de desmarcarse nunca de lo ya contado en otras historias con trasfondo bélico. Pero es un film que se disfruta, que cautiva en algunos momentos y que es capaz de mostrar con cierta crudeza el lado más sádico de la guerra en aquellos rincones donde ni siquiera llegó a manifestarse plenamente. La película, en resumen, es un buen ejemplo de que un magnífico envoltorio puede ayudar a levantar un fondo algo sencillo y claramente predecible.

nota: 6/10

Los Goya 2013 se empachan de ‘Blancanieves’ en medio de la crítica política


J. A. Bayona entrega su premio a María Belón en la gala de los Goya 2013.La edición de los Goya de este 2013 será recordada por su marcada crítica política y social hacia las decisiones que el Gobierno de España está tomando, no solo en el ámbito cultural sino en el sanitario y en el educativo, amén de los escándalos económicos y financieros que diariamente salpican las portadas de los periódicos nacionales y regionales. Pero este es el aspecto menos cinematográfico de la gala, y no es este lugar para analizarlo. Tampoco lo es, aprovechando la ocasión, comentar la sonada metedura de pata en la entrega del premio a la Mejor Canción Original, aunque será inevitable que se cuele en el análisis de los ganadores… o mejor dicho, de la ganadora. Porque como todo el mundo se imaginaba, la adaptación del cuento de Blancanieves realizado por Pablo Berger (Torremolinos 73) fue la gran triunfadora con 10 estatuillas, dejando a sus competidoras, dicho vulgarmente, en la cuneta. Aun así, hubo hueco para la justicia cinematográfica.

Como en todo, habrá quien defienda todos y cada uno de los premios entregados, pero desde Toma Dos no se comparte dicha opinión. Ya comentamos aquí que entre los finalistas a esta 27 edición de los Goya había muchos y muy importantes ausentes, y ya entonces todo apuntaba a que la película en blanco y negro y muda (en el sentido de haberle quitado sonido, no en el sentido clásico que todo el mundo tiene en la cabeza) iba literalmente a arrasar. En dicha entrada de este blog comentamos que daba la sensación de querer ser mejores que nadie con dichos premios, y lo cierto es que tanto la entrega de estatuillas como el devenir de la gala vinieron a confirmar, al menos en parte, dicha teoría. No va a ser aquí donde se diga que Blancanieves es una mala película, ni mucho menos. El esfuerzo creativo y narrativo del film es encomiable, y tal vez por eso el de Mejor Película sea uno de los galardones más justos, aunque personalmente creo que Lo imposible debería haber sido la que hubiera arrasado.

¿Realmente se merecía 10 premios Goya? Para responder a la pregunta sería conveniente hacer memoria respecto a la gala del año pasado, cuando la calidad de los films era comparativamente similar entre los nominados (puede que sea mejor cosecha la del 2011) a la competencia de esta 27 edición. Y si nos fijamos, los premios estuvieron mucho más repartidos que en la noche del pasado 17 de febrero. La propuesta en blanco y negro, con el riesgo que supone y la valentía que demuestra a lo largo de su metraje, no es mejor que la película de J. A. Bayona (El orfanato) en la mayoría de los aspectos. No posee mejor fotografía, mejor música o mejor maquillaje. Y si nos fijamos en las categorías con más peso, desde luego que no posee un mejor guión original. Uno está mejor estructurado (Blancanieves), pero el otro sabe sacar el máximo partido de las emociones que maneja (Lo imposible).

Antes mencionaba justicia cinematográfica y la intención de querer ser más que los demás. Me explico. Normalmente las categorías de Mejor Película y Mejor Dirección vienen a representar dos caras de una misma moneda. Lo lógico suele ser que ambos premios pertenezcan a una sola película, pero cuando se da la casualidad de pertenecer a diferentes films suele ser para equilibrar un poco la balanza. En el caso de los Goya ha sido todo un alarde de reconocimiento cinematográfico. Sin restar mérito a Berger, lo que ha logrado Bayona al recrear el tsunami y, sobre todo, lo que representa la película, es insuperable, y así se vivió en uno de los momentos más emotivos de la gala. Que el galardón hubiese recaído en otras manos no sería sino una confirmación de que en este país no se vota por calidad, sino por simpatía.

Un error injustificable

Pero este, junto con algún otro premio, fue un pequeño oasis en un desierto en blanco y negro que trataba por todos los medios de demostrar que en España también se valoran las propuestas diferentes e “innovadoras”. Incluso más que en otros países. Por supuesto, estamos hablando de Estados Unidos y The artist. Sinceramente, creo que el mundo audiovisual y del espectáculo español es capaz de realizar proyectos interesantes y diferentes sin necesidad de mirarse en el hermano mayor que parece ser Hollywood. Tratar de seguir su estela haciendo que actores que apenas tienen una dicción clara se pongan a cantar y bailar roza el ridículo, por mucho que las intenciones sean buenas. Por no hablar de los pequeños vídeos humorísticos que amenizaban la gala y que, por desgracia, hacían poca referencia al cine y demasiada a la política.

Volviendo a los premiados, es de justicia reconocer algunos de los premios más técnicos como el de Dirección de Producción para Lo imposible o el Diseño de Vestuario para Blancanieves. Con todo, y aunque Grupo 7 se llevó un par de premios, se echa en falta algo más de reconocimiento a los otros candidatos. Ya lo decíamos más arriba: la gala del cine español de este 2013 se ha llenado demasiado de orgullo, y como suele ocurrirle ha premiado hasta la saciedad a una película que, si nos fijamos en los Oscar como parece que se hace cada vez más en la organización, ni siquiera ha pasado la primera criba como Mejor Película de Habla no Inglesa. Por cierto, que hablando de películas extranjeras no hay que olvidar el premio para Intocable, el gran estreno europeo del 2012.

El otro gran triunfador de la noche fue Tadeo Jones. La cinta de animación de Enrique Gato, creador del personaje, se hizo con las estatuillas más importantes a las que optaba, evidenciando una apuesta por este formato que, esperemos, no se limite simplemente a este tipo de propuestas, sino que apoyen la animación hecha por ordenador en toda su extensión. Y un pequeño apunte sobre uno de los premios más extraños de la ceremonia. Candela Peña, que como ella misma afirmó en su duro discurso hacía tres años que no trabajaba, se llevó el premio a la Mejor Actriz Secundaria por Una pistola en cada mano. Como en el resto de premiados, su trabajo es digno de reconocimiento, pero no lo es menos el de sus compañeras (y compañeros, todos ellos olvidados) de reparto y, por supuesto, el de las otras finalistas, pues si había una que se lo mereciera esa era Ángela Molina por Blancanieves. La labor de la veterana actriz es de lo mejor del film en el terreno de la actuación junto con la labor de Maribel Verdú (Los girasoles ciegos), premiada con un merecidísimo Goya a la Mejor Actriz.

No podemos terminar este comentario sobre los ganadores sin hacer referencia al error de los ya famosos sobres (y no, no son los que afectan al Partido Popular). Y lo hacemos en cuanto afecta también a Blancanieves. Algo como lo ocurrido con Adriana Ugarte (Lo mejor de Eva) es injustificable e incalificable. No tanto por el error cometido en sí, que también, sino por la falta de reflejos para solucionarlo rápidamente. Puede que fuera por los nervios del momento, pero una actriz que ensaya la gala con anterioridad no puede permitirse algo semejante. Ni ella, ni la organización. Lo que todo el mundo pensaba que iba a ser un premio para Los niños salvajes terminó en las manos de, como no, la gran triunfadora de la noche. Un error que, sin que tenga nada que ver, vino a confirmar una sensación que se adueñaba de la velada a medida que pasaban los minutos: que todo parecía pactado para que la película de Pablo Berger se saliera de las previsiones.

Si bien la gala fue dinámica y sin demasiados contratiempos, salvo el ya mencionado, el resultado final no fue tan bueno, al menos en las primeras impresiones, como el de hace un año. Pero además, se volvió a esa idea de entregar todos los premios a una sola película, algo demasiado común en nuestro cine, denostando a las competidoras y, sobre todo, generando una importante injusticia por cuanto había otras películas que, en muchos sentidos, eran bastante mejores. Que Lo imposible solo haya sido reconocida por su apartado técnico es algo que todavía no atisbo a comprender. Sea como sea, ahora toca esperar a los estrenos de este 2013 y comprobar si, como espero que ocurra, se recupere la senda de repartir los premios si realmente se merece, y no volver a épocas anteriores donde un film acaparaba todos los focos. A continuación encontraréis todos los ganadores de los Goya 2013.

Mejor Película: Blancanieves.

Mejor Dirección: Juan Antonio Bayona, por Lo imposible.

Mejor Dirección Novel: Enrique Gato, por Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Guión Original: Pablo Berger, por Blancanieves.

Mejor Guion Adaptado: Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Javier Barreira, Jordi Gasull y Neil Landau, por Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Música Original: Alfonso de Vilallonga, por Blancanieves.

Mejor Canción Original: “No te puedo encontrar”, por Blancanieves de Juan Gómez “Chicuelo” y Pablo Berger.

Mejor Interpretación Masculina Protagonista: José Sacristán, por El muerto y ser feliz.

Mejor Interpretación Femenina Protagonista: Maribel Verdú, por Blancanieves.

Mejor Interpretación Masculina de Reparto: Julián Villagrán, por Grupo 7.

Mejor Interpretación Femenina de Reparto: Candela Peña, por Una pistola en cada mano.

Mejor Actor Revelación: Joaquín Núñez, por Grupo 7.

Mejor Actriz Revelación: Macarena García, por Blancanieves.

Mejor Dirección de Producción: Sandra Hermida Muñiz, por Lo imposible.

Mejor Dirección de Fotografía: Kiko de la Rica, por Blancanieves.

Mejor Montaje: Bernat Vilaplana y Elena Ruiz, por Lo imposible.

Mejor Dirección Artística: Alain Bainée, por Blancanieves.

Mejor Diseño de Vestuario: Paco Delgado, por Blancanieves.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Sylvie Imbert y Fermín Galán, por Blancanieves.

Mejor Sonido: Peter Glossop, Marc Orts y Oriol Tarragó, por Lo imposible.

Mejores Efectos Especiales: Pau Costa y Félix Bergés, por Lo imposible.

Mejor Película de Animación: Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Película Documental: Hijos de las nubes, la última colonia, de Javier Bardem, Álvaro Longoria y Lilly Hartley.

Mejor Película Iberoamericana: Juan de los muertos, de Alejandro Brugués (Cuba, España).

Mejor Película Europea: Intocable, de Eric Toledano y Olivier Nakache (Francia).

Mejor Cortometraje Documental: A story for the Modlins (Una historia para los Modlin), de Sergio Oksman.

Mejor Cortometraje de Ficción: Aquel no era yo, de Esteban Crespo García.

Mejor Cortometraje de Animación: El vendedor de humo, de Jaime Maestro.

Bayona eclipsa al resto de estrenos con ‘Lo imposible’


Durante su proceso de producción y postproducción no generó mucho ruido, pero la aparición de sus primeras imágenes provocaron una avalancha de notoriedad que la han empujado hasta convertirse en uno de los títulos más esperados del año. Hablamos, claro está, de Lo imposible, que este jueves 11 de octubre llega a las pantallas de toda España. Pero no es el único estreno relevante del puente del Pilar. En cantidad son pocos, al menos comparados con semanas anteriores, pero el atractivo que tienen todos los films es indiscutible.

Aunque el más relevante, como decimos, será Lo imposible, lo nuevo de J. A. Bayona, el director que debutó hace cinco años con El orfanato. En esta nueva producción deja de lado el terror para adentrarse en un drama puro y duro basado en la historia real de una familia que, durante sus vacaciones de invierno en Tailandia, se ve sorprendida por el tsunami que arrasó esa costa en 2004. Muy recomendable para aquellos que quieran emocionarse en una sala de cine, lo visto hasta ahora permite pensar que la fuerza visual tanto del desastre ecológico como de lo acontecido en los días posteriores son impecables. Ewan McGregor (Trainspotting), Naomi Watts (Caza a la espía), Geraldine Chaplin (El monje), Tom Holland (Arrietty y el mundo de los diminutos) y Marta Etura (Celda 211) son los principales protagonistas.

Pero hay más, mucho más. Puede que el principal competidor con este intenso drama sea un film diametralmente opuesto. Dirigido por Tim Burton (Sombras tenebrosas), Frankenweenie está basado en un cortometraje del propio director realizado en 1984. En él, al igual que en el largometraje, un niño logra devolver a la vida a su mascota utilizando todo el poder de la ciencia, aunque su logro traerá consigo consecuencias inesperadas en su barrio. Inspirada, como es evidente, en la historia de Frankenstein, la película está realizada con la técnica de animación por stop motion de muñecos de plastilina que tan buenos resultados le ha dado al autor de Batman en el pasado. Proyectada tanto en 2D como en 3D, y rodada en blanco y negro, varios son los actores conocidos que ponen sus voces a los personajes: Catherine O’Hara (Solo en casa), Martin Short (Mars Attacks!), Martin Landau (Ed Wood), Winona Ryder (Bitelchus), Charlie Tahan (Siempre a mi lado) y Christopher Lee (La maldición de Frankenstein), entre otros.

El tercer nombre importante que llega a la cartelera española es David Cronenberg (Promesas del este), que vuelve a la gran pantalla con Cosmópolis, protagonizada por el omnipresente Robert Pattinson, que todavía tiene en cartel Bel ami, historia de un seductor. Basada en una novela de Don DeLillo que adapta el propio director, la historia de este drama sigue a un joven de oro de las altas finanzas que asiste desde su limusina al declive del capitalismo que le ha hecho tan rico. Desde su ventanilla observará la degradación de un sistema y asistirá a una degradación cada vez mayor de la sociedad, hasta el punto de creer que quieren asesinarle. Junto al vampiro más famoso de los últimos años descubrimos en la pantalla actores como Sarah Gordon (Detrás de las paredes), Paul Giamatti (Templario), Kevin Durand (Acero puro), Juliette Binoche (Ellas), Samantha Morton (Código 46), Emily Hampshire (Die), Jay Baruchel (El aprendiz de brujo) y Mathieu Amalric (Pollo con ciruelas).

El toque extravagante lo pone el cine europeo, y más concretamente una coproducción entre Alemania, Finlandia y Australia que lleva por nombre Iron Sky. Puede que muchos hayan oído hablar de ella porque en internet ha tenido bastante repercusión sus vídeos promocionales. Para aquellos que no la conozcan, ahí va el argumento: tras la II Guerra Mundial, un grupo de nazis pertenecientes a un programa secreto espacial logra eludir las represalias y se instala en el lado oscuro de la Luna. Décadas después, en el 2018, un nuevo ejército está preparado para invadir la Tierra. Ciencia ficción, acción y comedia a partes iguales es lo que promete esta cinta dirigida por Timo Vuorensola, que debuta así en el largometraje, y protagonizada por Julia Dietze (Little Paris), Christopher Kirby (Daybreakers), Götz Otto (Svik), Udo Kier (Blade) y Peta Sergeant (The bet), entre otros.

Cierra la tanda de estrenos de este largo fin de semana una propuesta española, Bypass, comedia dirigida por Patxo Tellería y Aitor Mazo (que también participa como actor), autores de La máquina de pintar nubes, y protagonizada por Itziar Atienza, que debuta como actriz; Bárbara Goenaga (Agnosia), Mikel Losada (El cazador de dragones), Gorka Otxoa (Lobos de Arga) y Unax Ugalde (Tequila). El argumento gira en torno a un joven que acude al hospital para ver a una vieja amiga a punto de morir por una cardiopatía incurable. Unos momentos antes, sin embargo, se entera de que ella ha estado enamorada en secreto de él durante años, por lo que opta por decirle que él también está enamorado de ella. El efecto producido es el menos esperado: la joven se cura y comienza a salir con el chico, incapaz éste de decirle la verdad y con una segunda novia que está embarazada.

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