‘Feliz día de tu muerte’: atrapada en el tiempo


Que la nueva película de Christopher Landon (Zombie Camp) tomo como referente el clásico atemporal de Bill Murray, Atrapado en el tiempo (1993), es algo más que evidente. De hecho, el epílogo de la propia película se permite el lujo de hacer una referencia explícita al film. Y ese detalle, aunque puede parecer insignificante, permite asumir con naturalidad el tono de esta cinta de terror adolescente que no pretende nada más que distraer, y lo consigue tomándose bastante a broma su propia premisa de partida.

Y ese es el gran atractivo de Feliz día de tu muerte. El tono irónico de la protagonista, interpretada por Jessica Rothe (The tribe), convierte esta historia en una eficaz (y en algunos casos inteligente) combinación de humor, terror y violencia (sin demasiada sangre, eso sí) sobre las posibilidades que ofrece vivir una y otra vez el mismo día, incluso si es el día en que un asesino decide matarte. Más allá de poder conocer la identidad del verdugo en cuestión, lo interesante es el proceso con el que la heroína comienza a cambiar su actitud, más o menos como el que vivió Murray en el clásico antes citado. Claro está, salvando una enorme distancia y entendiendo en todo momento que este guión ni cuenta con el reparto del film de los 90 ni tiene la misma profundidad dramática.

Precisamente este es uno de los puntos más débiles de la trama. La historia está tan preocupada en su despreocupado tratamiento que pasa por alto algunos detalles que habrían dotado al conjunto de un mayor peso dramático y, en última instancia, de un mayor interés. Para empezar, el hecho de que las sucesivas muertes realmente sí matan, aunque poco a poco, a la protagonista. Dar más relevancia a este detalle habría abierto un sinfín de posibilidades dramáticas y obligarían a la protagonista a tomar otras decisiones. Y luego está el detalle de la historia de amor, toscamente narrada, por no mencionar el modo en que la protagonista cambia su forma de ser al darse cuenta de sus errores. Se podría decir que todo el apartado dramático puramente hablando se deja a un lado para centrar la atención en el humor y las muertes. Y aunque no es algo necesariamente malo, sí resulta perjudicial si se deja entrever la posibilidad de que habría sido posible algo más.

Así que sí, Feliz día de tu muerte entretiene, divierte y en algún momento, pocos, asusta. Más o menos como cualquier film adolescente de asesinos en serie. En este sentido, podría ser digna sucesora de este tipo de films de los 80 y 90. Pero exige poco y ofrece poco a pesar de dejar sobre la mesa algunos conceptos claramente más interesantes que habrían dado otro sentido a la historia, imponiendo unos límites dramáticos a la heroína y obligando a buscar otras soluciones narrativas. Sin embargo, ya sea por miedo, por buscar la simplicidad o por falta de interés, la película apuesta por quedarse en la mera propuesta de terror adolescente sin consecuencias. Es una opción tan legítima como cualquier otra, y funciona, pero no entusiasma.

Nota: 6/10

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‘Wonder Woman’: La mujer maravilla


Feminismos aparte, la adaptación a la gran pantalla de la superheroína de DC Cómics se ha convertido en todo un fenómeno por algo tan sencillo y a la vez tan difícil como ofrecer un entretenimiento puro y duro sin caer en el infantilismo ni en el absurdo del espectáculo. Es evidente que la fortaleza del personaje principal marca una diferencia fundamental, pero lo realmente relevante de la nueva película de Patty Jenkins (Monster) es su capacidad para construir un relato redondo, con un equilibrio perfecto entre humor, aventura y acción, y con un desarrollo de personajes, al menos de los principales, lo suficientemente profundo como para que resulten sólidos o, al menos, entrañables.

Y esto convierte a Wonder Woman en una de las mejores películas de este nuevo universo cinematográfico que está empezando a nacer. La cinta ofrece un relato sustentado en un personaje único, una mujer en un mundo de hombres capaz no solo de demostrar que no es la chica que tiene que ser salvada, sino que es capaz de superarles en todo. Y a pesar de los consabidos superpoderes, estos quedan relegados a un segundo plano (al menos hasta la parte final del film) en favor del tratamiento de los personajes, de sus relaciones y de la sociedad en la que se desarrolla la acción. Esto permite jugar en todo momento con el humor y la ironía que generan la inocencia inicial de la protagonista en un mundo recién descubierto. Por supuesto, a todo esto se suman unas secuencias de acción tan espectaculares como cabría esperar, que beben casi en su mayoría (y tal vez demasiado) del gusto de Zack Snyder, cerebro de este universo superheróico (no en vano, es autor de esta historia), por la cámara lenta.

El mayor problema de la cinta es, sin duda, sus necesarias concesiones dramáticas, que rompen un desarrollo bien construido y que provocan algunas secuencias cuanto menos forzadas para poder hacer avanzar la acción en el sentido deseado. Ya sea la relación romántica entre los protagonistas, el poco tratamiento de los villanos o el modo en que el personaje de Gal Gadot (Las apariencias engañan) se enfrenta a algunas situaciones, lo cierto es que estas debilidades narrativas no llegan nunca a eclipsar el espléndido resultado final, y aunque pueden generar cierta desconexión en la historia, en ningún caso afectan tanto como para ser lo más recordado de esta aventura que, esperemos, siente las bases de un futuro esperanzador.

En definitiva, Wonder Woman no deja de ser una espectacular cinta de aventura y acción, con sus dosis de humor y sus momentos dramáticos. Dicho de otro modo, una peli de superhéroes. Pero en esa categoría, y después de tantos años, se puede distinguir entre las mediocres y las producciones más completas, y la cinta de Jenkins pertenece a esta segunda categoría. Y como suele ser habitual, esto es así porque huye de forma casi sistemática de los efectos especiales sin sentido para centrarse en los personajes, en construir una historia con un trasfondo moral en el que los protagonistas afronten retos personales con forma de enemigo externo. El hecho de conocer poco a poco el origen de la protagonista aporta un plus de dramatismo que, aunque pueda intuirse, se mantiene de forma más o menos secreta durante casi todo el metraje. Lograr eso en una película de estas características ya es todo un reto. Y sí, que se convierta en un modelo a seguir por las niñas, con los defectos que se le pueden encontrar, debería ser suficiente para alabar esta cinta.

Nota: 8/10

‘Baywatch: Los vigilantes de la playa’: un episodio de una serie cutre de los 90


Hay películas que nacen única y exclusivamente para satisfacer eso que se conoce como ‘placer culpable’. Y si son adaptaciones de otros productos previos, suelen tener más efecto en aquellas generaciones que han crecido con sus historias. Pasa siempre, para bien y para mal. Y la nueva comedia de Seth Gordon (Cómo acabar con tu jefe) no es, ni mucho menos, una excepción. Es más, es el mejor ejemplo. Posiblemente lo mejor de la cinta sea que es consciente de esto, que no huye de ello y que incluso lo abraza, parodiando la serie de televisión original y riéndose de sí misma como pocas cintas son capaces de hacer.

Y es ahí donde Baywatch: Los vigilantes de la playa logra sus mejores momentos, que no son cumbres en el séptimo arte pero que, por lo menos, logran arrancar varias carcajadas. Narrativamente hablando, la película es, como uno de los personajes menciona en un momento dado, un episodio de una serie cutre de los 90. En efecto, el argumento, si es que existe, es totalmente plano, sin giros dramáticos y con un desarrollo deliberadamente lineal. Sus personajes, arquetípicos hasta resultar cansinos, funcionan gracias a la química de sus dos protagonistas y, porqué no, a la gracia y calidad de algunos secundarios. Y es que resulta curioso comprobar cómo este reparto, sin estar entre lo mejor de la interpretación, sabe dotar a sus respectivos roles de una entidad que no tienen sobre el papel, elevando ligeramente el nivel de la cinta.

Pero seamos serios, estamos ante una producción diseñada para vender entradas, palomitas y todo tipo de merchandising que se pueda imaginar. No tiene otro objetivo, y prueba de ello es que se olvida casi tan rápido como se consume. Bueno, puede que más rápido. Con un diseño visual vistoso, valga la redundancia, la cinta logra no aburrir demasiado gracias a un buen equilibrio entre la acción y el humor (lo del argumento, repito, lo dejamos en ‘Se busca’). De hecho, cuando más puntos pierde es cuando trata de ponerse algo dramática y da a sus personajes una situación adversa a la que enfrentarse, evidenciando no solo las carencias de sus actores, sino de su propia trama, incapaz de soportar un mínimo peso de algo que no sean los músculos, los bañadores y las cámaras lentas explotando los atributos de sus protagonistas femeninas.

Así que sí, Baywatch: Los vigilantes de la playa es un capítulo más de aquella mítica serie que tanto definió la cultura de alguna que otra generación. Y como tal episodio largo, es más simple que los salvavidas que utilizan los protagonistas. Lineal, sin contrapesos dramáticos, con personajes a cada cual más simple y con arena, mar y sol, la cinta es capaz de sobrevivir casi dos horas. Lo mejor: su intrascendencia, el humor utilizado y las tomas falsas finales. Lo peor: que no ofrece nada. Se podría haber evitado, es cierto, pero la nostalgia es la nostalgia. Aunque una cosa hay que reconocer a esta cinta: conoce sus limitaciones, las respeta y las explota. Al menos no insulta la inteligencia del espectador.

Nota: 5,5/10

‘Arma letal’ desata la acción y la adrenalina en su primera temporada


La relación entre cine y televisión ha sido, desde que la segunda llegó a los hogares de todo el mundo, muy fructífera. Las adaptaciones están a la orden del día, aunque el resultado no siempre es el idóneo, sobre todo si hablamos de una serie reconvertida en película de dos horas. Uno de los últimos casos (agradablemente sorprendente) es el de Arma Letal, incursión en la pequeña pantalla de aquellos personajes interpretados en cuatro ocasiones por Mel Gibson (Los mercenarios 3) y Danny Glover (Diablo) durante 11 años. Ahora, y bajo la batuta narrativa de Matthew Miller (serie Forever), la primera temporada de 18 episodios trata de recuperar la esencia de aquella historia. Y la pregunta evidente es: ¿lo consigue?

Definitivamente sí. Aunque la huella dejada por Gibson y Glover es indeleble, estos primeros capítulos ofrecen al espectador todo lo que cabría esperar de la trama, es decir, humor ácido, contrapuntos dramáticos y, sobre todo, mucha, muchísima acción. En efecto, uno de los puntos fuertes de esta producción es su apuesta decidida por la adrenalina y la violencia “blanca”, sin mostrar demasiada sangre, con las muertes justas y la espectacularidad desmedida. Ya sea lanzarse desde un tejado a una piscina, atravesar paredes y cristaleras, o perseguir un camión con una moto por las calles de Los Ángeles, todo vale para que, capítulo tras capítulo, el nivel de agresividad se mantenga más o menos igual. Todo ello aderezado con las dosis justas de humor, fundamentalmente entre los protagonistas, que ayudan a restar dramatismo a algunas secuencias y acentúan aún más, si cabe, los momentos realmente importantes de la trama.

Porque existe una trama. Poca, y muy centrada en el personaje de Martin Riggs, interpretado excepcionalmente bien por Clayne Crawford (Convergence), pero existe. Este es posiblemente el talón de Aquiles de Arma letal, no tanto porque no exista un hilo conductor excesivamente sólido, sino porque puede terminar afectando en un futuro al tratamiento dramático de la serie, como de hecho ha ocurrido en innumerables ocasiones. El delicado equilibrio de esta ‘buddy movie’ reconvertida en ‘buddy serie’ se basa en la mezcla exacta de humor, argumentos episódicos cargados de acción y una historia de fondo ligada a los personajes. Y esto, por suerte o por desgracia, siempre tiene un techo en lo que a número de temporadas se refiere, por lo que estirar el chicle de esta fórmula que, para ser sinceros, es casi idéntica en este tipo de producciones, solo perjudicará a la imagen que desprende la producción.

Pero volviendo al argumento, esta primera temporada es capaz de profundizar en algo más que simples casos policiales a resolver gracias al personaje de Riggs. Sobre él pivota la práctica totalidad de la evolución dramática de la serie, tanto por el dramático pasado como por el futuro y las relaciones con otros personajes. Es, sin duda, el rol más profundo dramáticamente hablando, y desde luego el motor de la acción en un amplio sentido de la palabra. A través de sus ojos el espectador aborda el dolor, el miedo a nuevas relaciones, la amistad inesperada o la traición, y son estas píldoras las que ofrecen algo más que el simple entretenimiento. Si además de todo ello el tratamiento es notable e introduce de forma milimétrica la información en la trama para alargar durante los 18 capítulos el interés, lo que nos encontramos es una inesperada y grata sorpresa en este tipo de producciones.

Ante todo, personaje(s)

Y a pesar de las numerosas virtudes de Arma letal, si la serie es capaz de sostenerse y, en cierto modo, diferenciarse de otros productos similares es gracias a la labor de sus actores y de unos personajes construidos frente al espejo de la historia original. De hecho, los seguidores de las películas no tendrán dificultades en identificar a algunos de los roles que pasan por la trama y que, o bien pertenecen a alguno de los films, o bien se pueden identificar con ciertos rostros más o menos conocidos que tuvieron participación en las diferentes entregas.

En realidad, lo más destacado es la labor de Crawford como el ‘alocado’ Martin Riggs. Su rol, algo menos histriónica que el interpretado por Gibson pero igualmente extremo, es tan complejo psicológicamente hablando, es tan rico en matices, que sin su participación esta primera temporada posiblemente no funcionaría. Más allá de la relación con su compañero de aventuras (un Damon Wayans –Major Payne– bastante más lineal en su definición), es sumamente interesante el modo en que afronta el duelo y el modo en que la vida continúa a pesar del dolor. Algo que más o menos se abordó en alguna de las películas, pero que ahora, y gracias a las posibilidades del formato, adquiere una trascendencia notable, hasta el punto de ser protagonista en muchos de los episodios.

El peso tanto del personaje como de la labor del actor son imprescindibles, es cierto, pero la serie logra también ampliar algo su repertorio gracias a unos secundarios que, en mayor o menor medida, aportan al conjunto diversos tratamientos de una misma historia. Desde la pareja interracial de compañeros que ayudan a los héroes, hasta el capitán de la policía, la psicóloga y, sobre todo, un personaje fundamental para entender el devenir de la trama y que aquí no desvelaremos. Todos ellos ayudan a crear un contexto dramático y cómico lo suficientemente interesante como para que la trama pueda centrarse en los dos protagonistas, si bien es cierto que muchas veces peca en exceso de prototípico.

Desde luego, Arma letal, la serie, no será recordada como una producción única, compleja o superior desde un punto de vista dramático. Su estructura narrativa no solo es idéntica a la de otras ficciones del mismo género, sino que sus roles son arquetípicos y sus casos pueden llegar a ser familiares. Pero ofrece algo diferente, algo entretenido que pasa, en primer lugar, por la acción a raudales y la diversión que desprenden todas sus escenas. Y en segundo lugar, el papel de Martin Riggs, auténtica alma de esta historia que, en contraste con el de Roger Murtaugh, vuelven a formar esa pareja inolvidable. Puede que ahí esté la clave: se ha sabido trasladar de la pantalla grande a la pequeña la dinámica de estos personajes tan dispares. La cuestión es si existe recorrido para explorar en el pasado y la historia que sustenta tanto entretenimiento. El tiempo lo dirá.

‘Escuadrón Suicida’, unos buenos malos… ¿o eran malos buenos?


Will Smith y Margot Robbie lideran el 'Escuadrón Suicida' de David Ayer.A tenor de las críticas recibidas, debo de ser de los pocos que defienden Escuadrón Suicida. Y la verdad es que no me arrepiento. Argumentos a su favor tiene, como también los tiene en su contra. Vamos, lo que le viene a pasar al 80% de las películas, y lo que prácticamente ocurre en todas las cintas de superhéroes. El problema, o al menos uno de los más importantes, de la cinta de David Ayer (Corazones de acero), no radica en la propia historia, sino en algo que va más allá de la película, y que tiene un nombre: DC Cómics. La reciente obsesión por juntar en pantalla a un grupos de personajes conocidos por los amantes de los cómics está llevando a esta compañía a hacer películas irregulares, de difícil narrativa, pero con mucha espectacularidad.

La verdad es que esta película con un plantel de actores más que notable merece un análisis más profundo que el de la mera crítica, de ahí este extenso texto. A David Ayer se le puede acusar de muchas cosas, pero desde luego no de lo principal en cualquier película de superhéroes/supervillanos: entretenimiento. Porque esta reunión de malos no tan malos (hay buenos que son peores) es eso, puro y sencillo entretenimiento. El que quiera buscar algo más puede que lo encuentre, pero saldrá mayormente decepcionado. Y la verdad es que la película no busca nada más. Secuencias brillantemente ejecutadas, un humor algo irregular pero efectivo, sobre todo cuando recae sobre Margot Robbie (La leyenda de Tarzán) y su ya imprescindible Harley Quinn, y algunos diálogos que permiten hacer avanzar la acción son las señas de identidad. Vamos, lo mismo que ocurre en Los Vengadores y cintas similares.

Quizá la mejor defensa para este argumento es que Escuadrón Suicida dura dos horas y apenas se nota, logrando superar los baches propios de la narrativa de forma más o menos solvente. Pero volvamos sobre el reparto, o mejor dicho sobre esa pareja formada por Robbie y Jared Leto (El señor de la guerra), un Joker menos alocado y más psicópata que sin duda eleva el tono del film cada vez que aparece… y se hace poco. Ambos personajes, sin duda los mejor definidos e interpretados, son el mejor ejemplo de cómo los secundarios (o protagonistas con menor peso en la trama) pueden terminar por arrebatar el protagonismo de una historia. Y este sí es un punto débil de la película, que abordaré a continuación.

Pero junto a ellos hay todo un grupo de actores solventes, disfrutando de sus respectivos papeles y demostrando que la película puede funcionar en todos sus aspectos. El desarrollo dramático conseguido por Ayer, aunque claramente diferenciado en dos partes, es lo suficientemente sólido como para componer un mosaico de aventura, acción y humor en el que cada personaje, al menos los principales, está definido no solo por sus motivaciones, sino por su pasado y por su personalidad. Otra cosa es lo que ocurre con el resto de secundarios y lo que cabría esperar de la cinta. En cualquier caso, no se puede negar que esta cinta es una pieza más en la construcción de ese mundo cinematográfico de DC, y personalmente creo que es una pieza interesante y atractiva.

Al humo de las velas

Pero seamos sinceros. Escuadrón Suicida no es una película perfecta. De hecho, posiblemente no sea de las mejores de superhéroes. Y varios son sus problemas, que en principio no afectan al disfrute de estas aventuras, pero que sí pueden resultar determinantes para un tipo de público, sobre todo el más especializado. Para empezar, y como comentaba al inicio, DC Cómics llega tarde. Más bien, llega al humo de las velas a esta especie de fiesta en que se han convertido las películas de superhéroes. Con un tono más oscuro que su eterno rival, Marvel Cómics, la compañía ha querido resumir en un par de películas los años de trabajo en la pantalla grande que lleva su competidora. Y eso pasa factura, en algunos casos más grande que en otros.

En la película que nos ocupa, esto se traduce en una necesidad de presentar a demasiados personajes en una sola historia. Si algo han demostrado este tipo de films es que presentar a más de un personaje en la trama (además del héroe, claro está) tiende a ser un problema narrativo más que evidente. Ha pasado con todos, desde Spider-Man a Batman. Y si eso es así, ¿qué puede ocurrir cuando son 10 los roles a desarrollar? Aunque la opción elegida por Ayer no es la peor de todas, desde luego deja muchas lagunas. Para empezar, divide claramente la historia en dos, impidiendo un desarrollo más o menos profundo de la trama principal y su respectiva amenaza. Además, el director y guionista se ve obligado a desarrollar únicamente a los principales, dejando al resto a su suerte y a tratar de resumir su historia en una sola frase, con suerte en una mínima secuencia. Esta idea, aunque efectiva, termina por desdibujar a este grupo de villanos, convirtiendo a muchos de ellos en arquetipos lineales con poca o ninguna diferencia entre ellos, salvo sus habilidades y su aspecto, claro está.

Y precisamente los villanos es otro punto débil de la cinta. Puede parecer irónico que una cinta que se basa en un grupo de malos tenga como debilidad precisamente eso, pero así es. El problema es la necesaria humanización de los personajes. Todos ellos, sobre todo los principales, deben tener un aspecto con el que se puedan identificar los espectadores. Y esto termina siendo un problema, amén de escoger a actor como Will Smith (La verdad duele), héroe por antonomasia del cine de aventuras moderno, para un asesino a sueldo que parece más una figura paternal para el resto de supervillanos. La película utiliza dos herramientas para esa humanización, a cada cual más peligrosa. Por un lado, convertir a los presuntamente buenos, y en general a todos los que les rodean, en más malos que los propios villanos. Y por otro, demostrar que todos los malos lo que buscan, en realidad, es una vida tranquila, sencilla y en paz.

Eso es algo que no funciona, al menos no como vehículo para demostrar que son villanos sin escrúpulos que pueden lograr la redención con sus buenas acciones por un bien mayor. Y no funciona porque, además de que parecen héroes en lugar de antihéroes, los buenos parecen demasiado inocentes. Algo que representa a la perfección el personaje de Joel Kinnaman (serie House of cards), quien comienza la cinta aparentando un desprecio hacia su escuadrón de villanos y termina por ser amigo de asesinos, psicópatas y monstruos. Y ni siquiera la muerte inicial de un miembro del grupo puede eliminar la sensación de que estos antihéroes son héroes; para eso ya se cuidan mucho de que el único que muere es aquel que no tiene casi ni presentación. El resultado final es que Escuadrón Suicida funciona como película de superhéroes, no de supervillanos obligados a hacer el bien. Funciona por su entretenimiento, aunque falla en algunos aspectos que para muchos pueden ser fundamentales. Ahora bien, se disfruta mucho, tanto de la acción como del humor, de su banda sonora y de la locura que imprimen al conjunto Leto y Robbie. Al final, como todo, la película funciona porque se encuentra en un punto intermedio. Y puede que ese sea el problema.

‘Cien años de perdón’: quien roba a un ladrón…


El robo de 'Cien años de perdón' tiene un motivo oculto.Puede que se haya presentado como un thriller al más puro estilo hollywoodiense, pero la verdad es que lo nuevo de Daniel Calparsoro (Guerreros) tiene mucho de sentimiento patrio y poco de influencia norteamericana. Tal vez en las formas, más que en otra cosa. Y precisamente es esa cercanía con España y la convulsa realidad política y social que vive el país la que convierte a este film en un ejercicio dramático interesante.

De hecho, llega un punto de Cien años de perdón en el que resulta más interesante el contexto político y las intrigas entre agentes del Gobierno que el propio futuro del grupo de ladrones. En este sentido, la evolución dramática de la historia cambia claramente el peso de la acción convirtiendo a los criminales en víctimas, casi héroes, y a los dirigentes en titiriteros que se enredan con sus propios hilos hasta formarse una soga de la que no pueden escapar. No existen, por tantos, grandes giros argumentales al estilo Hollywood. Ni siquiera hay sorpresa final, al menos no con un clímax como cabría esperar de un thriller de este tipo.

Pero es que tampoco se busca. La trama aborda en todo momento las relaciones de poder entre las clases dirigentes que todo lo pueden y los individuos obligados a actuar casi a ciegas. Significativo es el comienzo en el banco, con esos ciudadanos que buscan desesperadamente una solución a sus problemas en una entidad que, precisamente, solo busca su propio interés. Ese paralelismo se extrapola hasta magnitudes mucho mayores a lo largo del desarrollo dramático, obteniendo una radiografía más que notable de la situación política y social del país. A todo ello se suma una puesta en escena sobria y alejada de ocurrencias formales y un reparto impecable, con especial mención a Luis Tosar (También la lluvia) y Rodrigo De la Serna (Diarios de motocicleta).

Lo cierto es que Cien años de perdón se revela como un thriller muy completo, alejado de recursos convencionales (al menos en sus momentos clave) y con una clara apuesta por el equilibrio entre drama, suspense y comedia. Sí, comedia, porque uno de sus momentos más recordados solo logra arrancar carcajadas. Y es esta capacidad para introducir el humor en la situación dramática que se vive (tanto la que narra la historia como la que hace referencia implícita a la corrupción de la política española) lo que más puede llegar a agradecerse. En definitiva, un film muy completo que confirma que en España se puede hacer cine serio, complejo e interesante.

Nota: 7,5/10

‘¡Ave, César!’: el absurdo del humor negro


Scarlett Johansson y Josh Brolin son dos de los protagonistas de '¡Ave, César!'.Un caos absoluto. Un mundo en el que los egos se mezclan con los intereses económicos, en el que la Guerra Fría y la amenaza del comunismo conformaban un paisaje de fondo constante, y en el que casi nada es lo que parece. Así describen los hermanos Coen (Un tipo serio) el Hollywood de los años 50. Y en esta suerte de caos en el que todo termina saliendo bien es donde la película logra sus mayores logros, pero también donde se encuentra con sus mayores problemas.

Y es que ¡Ave, César! contiene demasiados personajes secundarios que ayudan a crear ese microcosmos que es el estudio de cine en el que se ruedan muchas y variopintas películas (desde western hasta musicales, pasando por dramas y, cómo no, peplum), pero que al mismo tiempo desvían la atención de la trama principal, lo que no hace sino ralentizar el ritmo del desarrollo dramático. En muchas ocasiones da la sensación de estar ante un episodio largo de alguna de las sitcom más populares de la parrilla televisiva actual, aunque sin el humor tan evidente que estas contienen.

Este es el gran problema. Los hermanos Coen apuestan por una estructura narrativa inconexa, que vive de los surrealistas personajes que aparecen y desaparecen sin dejar la huella necesaria en el espectador, ni digamos ya en la historia principal. Es cierto que muchos de ellos, por no decir todos, aportan su granito de arena a un humor ácido y negro que divierte y entretiene, pero no es menos cierto que su poca presencia en el conjunto general hace inviable poder apreciarlos en todo su esplendor. Y algunos de ellos, como es el caso del director interpretado por Ralph Fiennes (Cegados por el sol) o el actor al que da vida Channing Tatum (El destino de Júpiter), piden a gritos más minutos en pantalla.

Al final, el título no solo hace honor al contenido de la trama, sino a la impresión general del film. ¡Ave, César! es el título de una película sobre la vida de Cristo. Una incongruencia que se traslada al propio cariz de esta comedia de los hermanos Coen, plagadas de personajes que rozan el absurdo y de un humor que divierte por momentos, que mantiene siempre un nivel óptimo de sonrisa en el rostro del espectador, pero que se diluye entre tanto personaje, tanta secuencia de película diferente y tan poca unión entre ellas. Es la vida de un estudio de cine.

Nota: 6/10

‘Mejor… solteras’: otra vida para la comedia es posible


Rebela Wilson y Dakota Johnson están 'Mejor... solteras'.La comedia norteamericana no es un género que sea santo de mi devoción. Sobre todo la moderna, con una tendencia tan evidente al exceso que termina por saturar. Por eso resulta refrescante encontrarse con productos como lo nuevo de Christian Ditter (Los Cocodrilos), una obra que ofrece una visión diferente, no tanto del género en sí como del desarrollo de sus tradicionales y previsibles fases narrativas.

Así, el mejor valor de Mejor… solteras es la coherencia de lo planteado con la resolución final. Puede parecer una conclusión obvia, incluso de perogrullo, pero lo cierto es que no siempre sucede. Que los protagonistas no encuentren un final feliz, al menos no uno tradicional, suele ser la clave para dejar un sabor de boca agradable, una sensación de estar ante un producto que cumple con las expectativas, aunque estas sean mínimas. Si a esto añadimos un reparto más que correcto (en el que, por cierto, Dakota Johnson vuelve a dejar patentes sus muchas limitaciones), la impresión general es la de un producto bien hecho con momentos realmente divertidos.

Ahora bien, que nadie espere una historia diferente. Suele decirse que en la vida está todo inventado. Bueno, en el cine, y más concretamente en este género, eso es una realidad desde hace varias décadas. La trama no se sale de los cánones establecidos en ningún momento, ofreciendo un desarrollo correcto con los previsibles altibajos narrativos y con los conflictos al uso para este tipo de tramas. Es, desde luego, el mayor ‘pero’ que tiene el film, y lo que impide que la película sea algo más que un mero entretenimiento.

Pero este entretenimiento es, al menos, más interesante que otros que se puedan ver en la gran pantalla. Mejor… solteras conoce a la perfección cuáles son sus limitaciones, sus herramientas y sus posibilidades. Entre las primeras está la propia historia y una actriz protagonista de limitados registros, incluso para este tipo de producciones. Entre las segundas están una secundaria roba escenas como es Rebel Wilson (Dando la nota) y su coherencia dramática. Y entre las terceras… bueno, eso depende de cada espectador.

Nota: 6/10

‘El desafío’: un paseo por las nubes


Joseph Gordon-Levitt da vida a Philippe Petit en 'El desafío'.De un tiempo a esta parte a Robert Zemeckis, autor de la trilogía ‘Regreso al futuro’, parece no interesarle demasiado el contenido de una historia. Al menos no tanto como explorar la forma de contarla, y de utilizar la tecnología para encontrar nuevas vías de expresión cinematográfica. Y más que le pese a algunos, lo consigue, independientemente de que las historias sean más o menos interesantes. Su última propuesta se mantiene en esta línea, aunque por suerte cuenta con una base más sólida.

No se trata de que El desafío esté basado en la vida de Philippe Petit, sino en el modo en que el guión aborda la historia de este funambulista que cruzó la distancia entre las Torres Gemelas. La ironía, el humor y, sobre todo, la natural descripción de los personajes que realiza la trama son los ingredientes perfectos para abordar una historia, por otro lado, previsible y sin grandes giros dramáticos. Quizá ese sea el mayor ‘pero’ del film, su falta de ambición dramática. Aunque la verdad es que nunca trata de venderse como tal, por lo que tampoco engaña.

Lo que sí sorprende, y aquí se vuelve a ver la mano de Zemeckis, es el uso de la cámara y de la profundidad de campo. La cinta, a través de la narración de los primeros años del protagonista, introduce poco a poco al espectador en ese mundo de alturas en el que se mueve el rol de Joseph Gordon-Levitt (Hesher). Desde esa cuerda tendida entre dos árboles, hasta el espectáculo en Notre Dame, el director aprovecha todos los recursos a su disposición para imbuir al film del vértigo, la tensión y la concentración del espectáculo, convirtiendo al film en toda una experiencia.

 Al final lo que se recordará de El desafío es, sin lugar a dudas, sus espectaculares planos, su forma de narrar la historia y la angustia que llegan a generar algunos momentos finales. ¿Y la historia en sí? Bueno, es lo que es, ni más ni menos. No exige nada al espectador, salvo que sea receptivo a lo que está viviendo. Podría pedirse mayor carga dramática, mayores giros argumentales que sostengan la espléndida narrativa visual de Zemeckis, pero al fin y al cabo es un biopic.

Nota: 6,5/10

‘Marte’: Robinson Crusoe espacial


Matt Damon debe sobrevivir en 'Marte' solo con su ingenio.Cualquier proyecto de Ridley Scott (Black rain) relacionado con la ciencia ficción siempre genera expectación por motivos más que evidentes. Tal vez sea por eso que lo que se espera siempre de sus films es poco menos que la genialidad. Su última incursión en el género, aunque no alcance ese grado, sin duda es uno de los mejores ejercicios de entretenimiento, drama y fascinación por el planeta rojo de los últimos años. Y lo más interesante es que no recurre a grandes artificios ni a complejas historias, todo lo contrario.

Si algo hace atractiva a Marte es, precisamente, su sencillez. Sencillez en el desarrollo dramático, sencillez en su lenguaje narrativo y sencillez en sus personajes. El guión, aunque previsible, tiene la fuerza suficiente para estremecer, conmover y hacer reír a partes iguales. Nada en la historia hace pensar en un desenlace diferente al que todo el mundo tiene en mente, pero eso no impide que la tensión sea más que palpable en muchos momentos, sobre todo en el clímax. La narrativa utilizada por Scott acentúa este carácter natural, casi habitual, como si los paseos por Marte fueran algo de andar por casa.

Pero el reparto es, sin lugar a dudas, el principal responsable. Con la cantidad de nombres importantes que figuran lo normal sería que la historia tendiera hacia una suerte de cinta heroica en la alguien terminara sacrificándose. Nada de eso está presente, ni remotamente. Las decisiones, frías, calculadas y sopesadas de cara a la opinión pública, se toman en un marco muy diferente al de la típica cinta de aventuras. Y los actores, sin excepción, no solo conocen el alcance de sus roles, sino que los dotan de una vida sobria, sin estridencias patrióticas o enaltecedoras. Son, simple y llanamente, hombres en una situación extraordinaria.

Todo ello convierte a Marte en una obra diferente, curiosa en su forma y en su contenido, no tanto porque ofrezca algo novedoso, sino porque dentro de la comodidad de lo previsible es capaz de lograr el entretenimiento serio e inteligente que respeta al espectador. Ridley Scott recupera un buen tono narrativo, respetando los límites de su relato y aprovechando al máximo lo que le ofrecen sus actores. Un notable drama de un náufrago en un mar de polvo y tierra en el que nada crece y nada vive. Bueno, casi nada.

Nota: 7/10

Diccineario

Cine y palabras

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