‘Vengadores: Infinity War’: infinitamente Marvel


Han pasado 10 años desde aquella primera aventura de Iron Man. 10 años en los que Marvel ha construido, algunas veces con más acierto que otras pero siempre con mimo y cuidado, todo un universo en el que poder desarrollar las aventuras de sus personajes, sus motivaciones, sus debilidades y los conflictos que les definen a lo largo de los años. Y todo eso desemboca aquí, en una macroproducción superheróica en la que nada se deja al azar y todo, absolutamente todo, tiene un objetivo: convertir a este film en el mayor espectáculo de la historia. Que lo haya conseguido o no es cuestión de puntos de vista, pero algo queda claro: se puede conseguir.

Porque en efecto, Vengadores: Infinity war es un espectáculo. Pero también es una historia, un drama capaz de generar desasosiego, de enfrentar a estos personajes capaces de cosas extraordinarias ante un enemigo invencible, ante ese desafío que, como se menciona en la película, les hará fracasar estrepitosamente. Toda historia debe construirse, al menos en teoría, sobre un crecimiento constante de tensión, de acción o de drama. En el cine de superhéroes esto, habitualmente, se traduce en combates que ponen al héroe ante un desafío cada vez mayor que debe superar para, al final, enfrentarse a la gran amenaza. Y aunque esta cinta de los hermanos Russo (Capitán América: El soldado de invierno) responde a esa idea, ese crecimiento dramático está construido sobre desafíos fallidos, sobre una lucha en la que el villano vence constantemente, hasta un final que… que aquí no revelaré, pero que puede generar cierto desasosiego.

Se trata, por tanto, de una producción compleja, de una obra de arte del género que merece ser reconocida como tal. Nada de enfrentamientos cuyo final se conoce de antemano; nada de momentos narrativos que restan ritmo al conjunto. Todo en el film se construye con el único objetivo de ofrecer una historia dinámica, profunda, en la que las motivaciones son lo primero y los efectos (sencillamente espectaculares, dicho sea de paso) lo segundo. Es más, pocas veces podrá verse que uno de los momentos más dramáticos de un film lo protagonice un villano que debe luchar entre lo que persigue y la única persona a la que alguna vez ha querido. Y los hermanos Anthony y Joe imprimen al conjunto un estilo visual brillante, aprovechando al máximo los planos generales de las batallas y las posibilidades de los numerosos superhéroes que aparecen a lo largo del metraje.

Desde luego, Vengadores: Infinity War es la cinta que todo fan lleva esperando 10 años. Pero es más. Es un relato sobre el fracaso, sobre la lucha contra un destino que parece escrito y que es incapaz de ser cambiado. Una lucha frustrante, en definitiva. Y no hay nada más satisfactorio, dramáticamente hablando claro esta, que ver a un héroe caído para volver a levantarse. Y dado que en este caso son decenas de ellos, la sensación agridulce que deja el final del film se multiplica de forma exponencial. Ahora sí, Marvel ha logrado alcanzar un clímax dramático en su cine, un nivel que posiblemente no sea tan adulto como el de su principal competidor, DC Cómics, pero sin duda sí ha sabido profundizar más que en otras ocasiones. Y desde luego, ha dado una lección sobre cómo construir este tipo de relatos tan complejos, cómo introducir a cada uno de los personajes y cómo mostrar la derrota individual de cada uno. ¿Tiene algo malo entonces? Bueno, mucha gente la verá sólo como una más de superhéroes. Y, por supuesto, que hay que esperar un año para el desenlace.

Nota: 9/10

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‘Thor: Ragnarok’: un señor del trueno psicodélico


Es curioso, pero en Marvel siempre hay algún personaje que, por el motivo que sea, se queda en un limbo incapaz de definirle en un marco concreto. El Dios del Trueno ha sido, desde el principio, uno de esos personajes. Tres son sus aventuras en solitario, y tres las diferentes visiones del personaje que se han dado. Que esta última vaya a ser la definitiva parece algo evidente a tenor del éxito que está teniendo, pero la pregunta es si realmente es la versión idónea de Thor.

Posiblemente no, pero a tenor del final de Thor: Ragnarok, eso no es algo demasiado importante. Y es que esta tercera entrega del personaje parece más un camino hacia la madurez que una mera representación algo cómica y autoparódica de este superhéroe de cómic. Con un estilo que recuerda poderosamente a la saga de Guardianes de la galaxia, el director Taika Waititi (Lo que hacemos en las sombras) imprime una fuerza visual algo psicodélica y deliberadamente colorida para este viaje del protagonista por medio universo. Un viaje que, como he dicho, le permite madurar al comprender tanto sus lazos familiares como el futuro que le espera como líder de su pueblo. En este sentido, la cinta ahonda notablemente en el héroe, pasando de un personaje arrogante y arquetípico a otro más dramático y poliédrico (tampoco mucho, que al fin y al cabo esto es una ‘peli’ de superhéroes de Marvel), utilizando para ello un diseño de producción espléndido como marco para el humor y ciertos chistes fáciles dirigidos al público adolescente.

El principal problema de esta tercera entrega es que ahonda en los problemas que siempre han tenido estas aventuras en solitario del personaje. Para empezar, Chris Hemsworth (Cazafantasmas), con toda su presencia en pantalla y su adecuado perfil divino, no termina de imprimir el carácter dramático al personaje, ni siquiera con el corte de pelo. Hay que reconocer, sin embargo, que sí es capaz de asumir la madurez de su rol, lo que abre las puertas a unas interesantes posibilidades dramáticas en un futuro no muy lejano. La cinta, además, adolece de una duración excesiva, algo que se aprecia en una serie de secuencias innecesarias destinadas a divertir a un público adolescente más interesando en la risa fácil y obscena que en la historia que le cuentan. Todo ello resta fuerza a una historia que, por lo demás, sabe apoyarse en unos notables secundarios para construir un relato que va más allá del Señor del Trueno, que tarda más de dos horas en ganarse el título de Dios.

Así las cosas, se podría decir que Thor: Ragnarok es la mejor de la trilogía. La apuesta visual del director, unido a una planificación que en algunos momentos sabe aprovechar al máximo las posibilidades narrativas de la historia y a una banda sonora brillante, ensalzan el viaje de madurez de un héroe que ha tardado mucho tiempo en encontrarse a sí mismo. Con todo, eso no quiere decir que esta película no peque de muchas irregularidades, fundamentalmente provocadas por una cierta sensación de necesitar autoparodiarse, como si el personaje de Thor no pudiera tomarse en serio como, por ejemplo, sí hace Capitán América. Habrá que ver cómo se presenta el rol en las próximas aventuras, pero por lo pronto el camino emprendido, con sus debilidades y dificultades, parece el adecuado.

Nota: 7,5/10

‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: doble de acción, mitad de drama


'Los Vengadores. La era de Ultrón' supone para los héroes la prueba más dura de sus vidas.Cada uno a su modo, MarvelDC Cómics han cambiado el modo de entender el cine de superhéroes. El primero ha redefinido el concepto de entretenimiento; el segundo ha elevado este género a cotas que parecían inimaginables. Pero si algo ha hecho la casa de héroes como Spider-Man o Iron Man es crear un mundo cinematográfico que traslada de forma magistral el mundo de los cómics. Esto implica que, aunque para disfrutar de una película no hace falta ver el resto, todas y cada una se nutren entre ellas. Y en esto ha tenido buena parte de responsabilidad Joss Whedon (serie Buffy Cazavampiros), quien con la continuación de Los Vengadores (2012) vuelve a demostrar su habilidad para el dinamismo visual.

Porque lo cierto es que Los Vengadores: La era de Ultrón es un constante movimiento. Las peleas, los momentos irónicos, e incluso los momentos más dramáticos, contienen una agilidad narrativa fuera de toda duda. Es, al igual que le ocurría a su predecesora, un cómic en movimiento, algo que queda patente con la declaración de intenciones de la primera secuencia y ese plano en el que aparecen todos los superhéroes en formación de ataque. A partir de ese momento poco margen existe para la reflexión, lo cual no quiere decir que no exista un cierto desarrollo dramático. No mucho, pero existe. Si a esto se suma la comodidad de unos actores que disfrutan de sus personajes lo que obtenemos es un relato entretenido como pocos que invita al espectador a evadirse de todo lo que le rodea.

Ahora bien, la película se encuentra con un escollo relativamente importante que no logra solventar, y es el hecho de tener que luchar contra su propia naturaleza. Sin los conflictos personales que poblaron la primera entrega lo que queda es un arco dramático algo plano, sin grandes giros argumentales y, desde luego, con pocas o ninguna sorpresa. Se puede decir que la película es lineal, una carencia que se suple, y muy bien, con el dinamismo de sus secuencias y el ritmo desenfrenado de la narración, que apenas deja tiempo para la reflexión. Plagada de efectos visuales a cada cual más espectacular (los planos generales de combate son simplemente brillantes), la película cojea en el plano emocional al no existir las fricciones entre los héroes que sí se vivieron en el film original. Incluso el intento de incorporar la vida secreta de uno de los protagonistas, que en un principio parece dotar de mayor gravedad a la trama, se diluye entre rayos y puñetazos.

Algo ayuda, además de la continua sucesión de luchas y persecuciones, la presencia de un villano como Ultrón, al que da vida un James Spader (serie Boston Legal) cuya labor solo podrá apreciarse en todo su esplendor en la versión original. El resto de nuevos personajes suponen una distracción de las irregularidades del film, es cierto, pero su introducción en un film tan repleto de personajes impide que se desarrollen como es debido, lo que les convierte en meros testigos de lo que ocurre en pantalla. Sí, tienen ciertos momentos de protagonismo y gloria, pero su presencia queda lejos de la que tienen el resto de héroes, algo motivado principalmente porque éstos han tenido la oportunidad de brillar con luz propia en sus respectivas sagas. Tratar de presentar en sociedad nuevos héroes en un film tan saturado termina por diluirlos en un maremagno de poderes.

Lo que no cabe duda es que Los Vengadores: La era de Ultrón cumple con lo que promete, y lo hace con nota. Tal vez haya perdido el factor sorpresa de la primera entrega; tal vez su aspecto dramático no tiene la misma fuerza. Pero todo eso queda eclipsado por una agilidad visual y narrativa innegables, y que convierten a Whedon en uno de los nombres de peso en esta segunda etapa de Marvel, que terminará este año. Dos horas y media de acción en estado puro, humor irónico para los momentos más relajados y poca profundidad dramática que se pasan con bastante velocidad. Ahora toca esperar al próximo villano, que para aquellos que no puedan aguantar las ganas de conocerlo será… el que aparece en la secuencia post títulos de créditos.

Nota: 7/10

Tráiler de ‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: más y más de todo


El tráiler de 'Los Vengadores: La era de Ultrón' ofrece la primera imagen del personaje.De una secuela se espera siempre más y mejor. Si es un drama o un thriller, más intensidad emocional. Y si es una cinta de acción… pues eso, más acción. Pero cuando se habla de la continuación de un evento como el que fue Los Vengadores hace ya dos años es difícil pensar en algo más grande que la destrucción final de Nueva York. Por eso el primer tráiler generaba tanta expectación, y a tenor de lo que puede verse en el avance que Marvel hizo público ayer los fans verán cumplidas sus expectativas, al menos en lo que a espectacularidad se refiere. Aunque como está ocurriendo en la llamada “segunda fase”, los elementos más dramáticos de este grupo de superhéroes también están presentes. La trama de Los Vengadores: La era de Ultrón sitúa a los héroes ante un reto aún mayor al de su primera aventura juntos, pues deberán hacer frente no solo a sus problemas para trabajar juntos, sino a un enemigo que nace cuando Tony Stark trata de relanzar un antiguo programa que salvaguardaría la paz mundial. Cuando Ultrón haga acto de presencia y revele sus verdaderos planes solo ellos serán capaces de detenerle, aunque para ello tengan que sacrificar su propia vida.

A tenor de lo que puede verse en este primer avance, que como es habitual encontraréis al final del texto, los componentes dramáticos tendrán un papel fundamental. Más allá de las rencillas que nutren la dinámica del grupo (y que según parece volverán a aparecer), lo relevante es el carácter algo derrotista del montaje y de los momentos elegidos para el tráiler, dejando en el aire la sensación de estar ante el final de algo y ante un nuevo comienzo. El escudo roto del Capitán América es la imagen más elocuente de todas, sugiriendo la posibilidad de su muerte o, al menos, de su derrota. Y no sería algo descabellado si tenemos en cuenta la tradición de muerte y resurrección que existe en los cómics.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que esta continuación dirigida de nuevo por Joss Whedon, creador de series como Buffy, cazavampiros, busca un tratamiento visual de la historia similar al de su predecesora, en el que los contrastes o los juegos de luces quedan relegados a un segundo plano. Esto, que funcionó bien en la primera parte debido, en buena medida, al tono aventurero de la misma, genera un pequeño contraste con el tono de la trama, aunque por otro lado saca mucho partido a las secuencias de acción, sobre todo a la que protagonizan Hulk y el Hulkbuster. Lo que parece claro es que la película será más grande en todos los sentidos.

Habrá que esperar hasta mayo del 2015 para poder disfrutar de Los Vengadores: La era de Ultrón, que cuenta en su reparto con los actores que vienen dando vida a los superhéroes en las últimas películas, es decir, Chris Evans (Rompenieves) como Capitán América; Robert Downey Jr. (#Chef) como Iron Man; Chris Hemsworth (La cabaña en el bosque) como Thor; Scarlett Johansson (Lucy) como Viuda Negra; Jeremy Renner (El sueño de Ellis) como Ojo de Halcón; Mark Ruffalo (Begin Again) como Hulk; Samuel L. Jackson (RoboCop) como Nick Furia; Paul Bettany (Transcendence) como la voz de Jarvis; y Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre) como Maria Hill. Además, y como se puede ver en el tráiler, se incorporan Andy Serkis (King Kong), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla) como Quicksilver; y Elizabeth Olsen (Luces rojas) como Bruja Escarlata. Sin más dilación, el primer avance.

‘Los Vengadores’: viñetas en movimiento


La editorial Marvel, responsable de algunos de los superhéroes más importantes de la historia del cómic, revolucionó el mundo de las viñetas básicamente por dos motivos: en primer lugar, por crear unos personajes muy humanos, con sus flaquezas, y que vivían en zonas reconocibles por el espectador. En segundo, ingenió un sistema para mantener vivos los arcos argumentales de sus superhéroes por el cual cada cierto tiempo todas sus historias confluían en una macroaventura que modificaba cada una de las cabeceras independientes de modo irreparable. Los Vengadores es el resultado de aplicar esta estrategia en el mundo de la imagen en movimiento. Un resultado que, ya desde ahora, debe ser aplaudido.

Posiblemente Joss Whedon (Serenity) no sea un visionario cinematográficamente hablando. Desde luego, no ha dejado la huella que, sin ir más lejos, Christopher Nolan ha conseguido con su trilogía de Batman. Sin embargo, sabe cómo generar espectáculo, y su olfato para el mantener el ritmo narrativo está más que agudizado. Y eso es algo fundamental en una cinta donde tantos personajes principales tienen cabida, todos ellos con una dosis de egocentrismo bastante alta. El film narra los esfuerzos de Nick Furia (Samuel L. Jackson) por unir a una serie de superhombres para luchar contra la inminente invasión de un ejército extraterrestre liderado por el dios de la mitología nórdica Loki. Ni que decir tiene que dichos superhombres, a pesar de trabajar juntos, realmente se toleran bastante poco, generando diversos conflictos que tendrán que dejarse a un lado por un bien mayor.

Desde luego, la historia no es excesivamente compleja, pero tampoco se pretende. Dada la magnitud visual y narrativa de la película, no tienen cabida argumentos cargados de retórica o simbolismo, lo que termina por jugar a su favor. En efecto, desde la presentación de los personajes hasta un clímax final que apenas deja un resquicio para coger aire, Los Vengadores se presenta como una obra cumbre dentro de este subgénero de las adaptaciones de cómics, un relato que pretende ser, y lo consigue, la cima en lo que a acción y espectacularidad se refiere, aunque no por ello pierde de vista lo esencial: sus personajes Marvel que, lejos de encasillarse en estereotipos exclusivos para fans, traspasan esa frontera para hacerse universales.

Unos personajes, en definitiva, que a pesar de su divinidad, de su inteligencia o de su capacidad de transformación, siguen siendo humanos, muy humanos, y deben lidiar con sus propios demonios, algunos relativamente reconocibles por los espectadores; un componente, en definitiva, que otorga profundidad, comicidad y trayectoria a una historia que, sin ello, se convertiría en una consecución de set pieces de acción que terminarían por aburrir. En este sentido, el film de Whedon se sustenta en un guión trabajado al milímetro, que encuentra a los personajes en un punto posterior a sus anteriores apariciones individuales en pantalla, y los deja en otro muy distinto desde el que continuarán sus respectivos caminos.

Uno de los principales aciertos, además de un estilo visual realmente original capaz de relacionar a todos los personajes en un solo movimiento de cámara (y que muchas veces parece poner en movimiento las viñetas estáticas del papel), son sus actores. Desde un fantástico Robert Downey Jr. (Zodiac) como Iron Man, hasta un espléndido Mark Ruffalo (A ciegas) que toma el relevo de Hulk, pasando por un Capitán América perfecto en los rasgos de Chris Evans (Diario de una niñera). Gracias a su labor los personajes cobran vida en los conflictos dentro del propio grupo de superhéroes y durante la batalla final, un auténtico tour de force con combates, explosiones y momentos realmente cómicos (como la lucha entre Hulk y el villano de la función, un Loki interpretado a la perfección por Tom Hiddleston).

Poco se le puede reprochar a una cinta que supera las expectativas que puede plantear cualquier producción de este tipo. Una trama interesante, un ritmo narrativo que alterna con inteligencia acción y diálogo, y un humor que, por momentos, quita gravedad a algunas situaciones o la añade a otras. Tal vez lo único extravagante sea un Hulk que, en demasiados momentos, parece diseñado como si de un simio verde y gigante se tratara, caminando sobre cuatro patas al más puro estilo King Kong. Claro que incluso Hulk queda empequeñecido ante la magnitud de una macroproducción de este calibre. Y se espera una segunda parte, a tenor de la secuencia final de los títulos de crédito.

Nota: 8/10

La imparable destrucción de ‘Hulk’ bajo tres rostros distintos


Comenzamos el análisis a las películas realizadas de los personajes que protagonizan Los Vengadores, y lo hacemos con las dos partes de Hulk, el alter ego de Bruce Banner que nace de la ira del doctor tras sufrir un accidente con rayos gamma. Dos películas, en efecto, pero de muy distinta repercusión, aceptación e incluso intención. El caso de Hulk, de hecho, por aquello de ser un personaje creado enteramente por ordenador, es significativo: tres actores son los que han puesto el rostro humano a la verde criatura. Primero fue Eric Bana en 2003; cinco años más tarde, Edward Norton trataba de controlar su ira; y en su próxima aparición, será Mark Ruffalo el encargado de hacerlo creíble cuando no se dedique a destruir una ciudad. Y en cada una de ellas Hulk mantenía los rasgos físicos (e incluso cicatrices) de los actores, algo que sin lugar a dudas es de alabar.

El primero en transformarse, como decimos, fue el actor de Troya bajo las órdenes de Ang Lee (Tigre y Dragón) en Hulk. La cinta, como es habitual en este tipo de historias, narra los orígenes del personaje, su exposición a los rayos y su lucha por comprender la criatura en la que se convierte, algo en lo que estará ayudado por Betty Ross, el elemento romántico interpretado por Jennifer Connelly (Una mente maravillosa) e hija del General Ross (Sam Elliot), una suerte de Capitán Ahab que persigue, en este caso, a su ballena verde.

Más allá de los cambios con respecto al cómic necesarios en toda adaptación al cine, lo que realmente llamó la atención, y también fue uno de los elementos más criticados, fue un montaje que se dejaba influir, precisamente, por la estructura en viñetas de las páginas dibujadas de Marvel. Un montaje que, aun siendo original, generaba serias dudas en la viabilidad de las secuencias, que se convertían en un mosaico algo caótico de movimiento y diálogos en el que era difícil centrar la atención. A esto se unía una estructura narrativa basada, quizá demasiado, en los recuerdos reprimidos de un personaje marcado por la tragedia y por un sentimiento de odio y temor hacia su padre, magníficamente interpretado por Nick Nolte.

La fortuna tampoco acompañó al actor principal, no tanto por la interpretación de Bana (más que correcta en su desesperación), sino por un físico poco apropiado para un científico que debe contrastar lo máximo posible con su alter ego musculoso. Eso sí, el film de Lee implantó algo que se ha mantenido en todas las apariciones recientes del personaje, y es el diseño de la estructura física, de los músculos y de la animación, que en esta primera entrega la llevó a cabo el propio director, entre otros.

Edward Norton y su tranquilidad

El resultado de Hulk no fue el que se esperaba, por lo que los responsables de la compañía propietaria del personaje se pensaron muy mucho una nueva película. Finalmente, se dio luz verde a un nuevo proyecto que estuviera a medio camino entre la secuela y un relanzamiento de la historia, con nuevas caras delante y detrás de las cámaras. Al contrario de la saga Spiderman, los X-MenLos 4 fantásticos, Hulk cambió de rostro. Ni siquiera se utilizó el número 2 en su título. El increíble Hulk llegaba a las pantallas en 2008 de la mano de Louis Leterrier (Transporter), y lo hacía con Edward Norton en la piel de Banner, Liv Tyler (Armageddon) como Betty Ross y William Hurt (Una historia de violencia) como el Coronel Ross.

Como es conocido, Norton impuso sus propias reglas en el guión y en su personaje, y lo cierto es que no fue algo negativo en el resultado final, más bien al contrario. Esta nueva película perdía el carácter luminoso de la primera para convertirse en una historia traumática, oscura y con cierto aire trágico, en la que el personaje de Norton es un fugitivo por voluntad propia, aislado del mundo y obligado a mantener su cuerpo por debajo de un número determinado de pulsaciones para no perder el control y transformarse.

Puede que el director no se caracterice por unas historias complejas, pero está especializado en cintas de acción, y ese carácter se evidencia en la fuerza de los planos y, sobre todo, en la destrucción final producida por la pelea entre Hulk y el villano, interpretado por un impecable Tim Roth (Reservoir Dogs) antes de su transformación. Unas secuencias acordes a la imponente presencia de la masa verde que, a diferencia de la película de Lee, no evitan los golpes ni las heridas producidas. Incluso Edward Norton, quien compone un Bruce Banner mucho más solitario, temeroso e inteligente, ofrece físicamente un aspecto mucho más creíble en una historia, por lo demás, más clara, directa y sencilla que la primera entrega.

Y como no podía ser de otro modo, el final de El increíble Hulk, tanto el momento en el que se ve a Norton meditando en una cabaña, como esa escena adicional al final de los créditos con Tony Stark (Robert Downey Jr.) hablando con el Coronel, enfocan directamente a Los Vengadores y la participación de un nuevo doctor Banner en la batalla para salvar el mundo. Tres intervenciones en la pantalla grande y tres actores diferentes que, además de modificar los rasgos de la criatura, inciden en las diferentes caras de un personaje poliédrico, complejo y asustado de sí mismo.

Los preparativos de Marvel para ‘Los Vengadores’ cinematográficos


El próximo 27 de abril llega a las pantallas de medio mundo una de las películas más esperadas por los fans de los cómics, de los superhéroes y de la acción en general. Los Vengadores, el macro evento cinematográfico orquestado por la compañía Marvel, se anuncia como el punto de inflexión en este subgénero del fantástico. Pero si de algo saben en la empresa responsable de cómics como Amazing Spider-man o Los 4 fantásticos es de marketing, de vender una idea antes incluso de que exista algo tangible con lo que trabajar. Cada año lo hacen en las viñetas de sus obras, y en 2012 se han propuesto conseguirlo en el cine. ¿Cómo? Sencillo: presentando a cada personaje con su propia película e introduciendo pequeñas conexiones entre ellos que, en muchos casos, solo son percibidas por los más fieles seguidores. A lo largo de la semana desgranaremos dichas películas, pero hoy nos centraremos en las conexiones que han existido en cada una de las películas que se han hecho sobre estos superhéroes.

Los primero que hay que destacar son los actores. Todos ellos, a excepción de Mark Ruffalo (Shutter Island), que se convierte en el tercer rostro de Hulk, firmaron unos contratos que les vinculaban de un modo u otro no solo a sus respectivas sagas, sino a cualquier aparición de sus personajes. Es por ello que Robert Downey Jr. (Zodiac) vuelve a ser Iron Man; Chris Evans (Sunshine) repite como Capitán América; Chris Hemsworth (Star Trek) empuña una vez más el martillo de Thor; Samuel L. Jackson (Basic) es Nick Furia, el director de S.H.I.E.L.D. (agencia bajo la que trabajan los superhéroes), etc. Todo esto no solo permite una mejor identificación para los menos iniciados en estas historias (como si los trajes no fueran suficiente) y genera toda una línea argumental global que se nutre de todas las historias contadas en cada uno de los films.

Se podría decir que es el mundo del cómic trasladado a la gran pantalla. Literalmente. En las páginas de una serie de Marvel se narran acontecimientos que suceden en otras cabeceras, y todas ellas suelen coincidir en algún momento bajo lo que ha quedado en llamarse “el evento marvelita del año”. En cierto modo, Los Vengadores es dicho evento en una sala de cine. Y como no podía ser de otro modo, la mayoría de las películas han incluido una secuencia final que explicaba o adelantaba lo que ocurriría en la siguiente.

Sin ir más lejos, en la primera entrega de Iron Man (2008) Downey Jr. recibía la visita del personaje de Samuel L. Jackson para hablarle de la iniciativa Vengadores (ese fue el verdadero comienzo de esta trama y la primera aparición de Furia en el mundo cinematográfico); en la segunda entrega de este superhéroe, por contra, se mostraba un cráter en pleno desierto y, en su centro, el martillo de Thor anclado en la tierra. Una escena, por cierto, que sería desarrollada a fondo en la película del personaje. Pero no ha sido el único cameo. En otra secuencia final, esta vez de The incredible Hulk (2008), el propio Downey Jr. aparecía para informar al General Ross (el perseguidor del superhéroe verde) de la inminente creación de un equipo.

La fuerza de los secundarios

Pero si algo ha caracterizado a las películas de Marvel los últimos años ha sido la fuerza de unos personajes secundarios que se han convertido en las verdaderas articulaciones de este complejo engranaje. Y una de dichas piezas es Phil Couson, papel interpretado por Clark Gregg (Sospechosos habituales). Es él el encargado de vigilar a Tony Stark/Iron-Man en la primera y segunda entrega; es él el que encuentra el martillo de Thor (y que tiene un papel principal en la película del dios nórdico) y posee también una relevancia notable en la nueva película, así como en próximas entregas de éstos y otros personajes.

Los otros personajes que se convierten protagonistas son la Viuda Negra, interpretada por Scarlett Johansson (La isla), una espía y agente de S.H.I.E.L.D. letal en cualquier terreno y con cualquier arma (o sin ella) que ya tuvo un papel más que relevante en Iron Man 2 (2010). El caso de Ojo de Halcón, superhéroe interpretado por Jeremy Renner (En tierra hostil) puede que sea menos evidente, pues ha pasado de simple sombra en Thor (2011) a verdadero protagonista. En la película protagonizada por Hemsworth su personaje apenas sí se vislumbraba entre la lluvia y las sombras durante la secuencia en la que el dios trata de recuperar su martillo.

El más difícil todavía llegó con Capitán América: El primer vengador (2011), pues no solo aparecía el personaje de Samuel L. Jackson al final de la cinta, sino que en la trama, ambientada en la II Guerra Mundial, tenía un papel relevante Howard Stark, personaje interpretado por Dominic Cooper (La duquesa) y que es el padre de Tony Stark, es decir, de Iron-Man. Por cierto que, en la segunda entrega del superhéroe metálico, aparecen tanto el personaje del padre (a través de una grabación y con los rasgos de John Slattery (Destino oculto) como el escudo a medio terminar del Capitán América, si bien éste en un segundo plano.

La telaraña tejida por los responsables de Marvel va mucho más allá de presentar a cuatro o cinco personajes para juntarlos posteriormente en una película que, al menos desde el punto de vista de la acción, se promete irrepetible. Los caemos, las colaboraciones y las referencias a otros tiempos y otras películas están muy presentes, haciendo las delicias de los seguidores pero respetando a aquellos que no siguen con tanto entusiasmo este tipo de films. Es por ello que cada cinta tiene entidad propia, sentido único y comprensión diferenciada. Son historias independientes, sí, pero al mismo tiempo piezas de un puzzle mayor.

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