‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

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‘Ha nacido una estrella’ cinematográfica… y podría ser ‘Venom’


Octubre comienza fuerte cinematográficamente hablando. Si hace unas semanas hablábamos sobre la importancia de los títulos de esta época de cara a los grandes premios, las novedades de este viernes día 5 confirman no solo esta hipótesis, sino la de que estos meses de otoño/invierno se han convertido en el momento idóneo para estrenos más comerciales.

Y en esta categoría entra, sin duda, Venom, adaptación a la gran pantalla del antihéroe de Marvel Comics que nació como villano de ‘Spider-Man’ y que ya tuvo presencia en cines en Spider-Man 3. Ahora, el director Ruben Fleischer (Gangster Squad. Brigada de élite) dirige esta historia de ciencia ficción, acción y ciertas dosis de terror que arranca cuando un periodista obsesionado con desenmascarar al líder de una Fundación termina fusionándose con un simbionte en los laboratorios que estaba investigando. La unión le otorga nuevos e increíbles poderes, pero también una ira y una rabia que le impulsan a cometer crímenes, lo que obligará al reportero a luchar contra sus propios demonios y a encontrar el equilibrio entre él mismo y Venom. Tom Hardy (Dunkerque) da vida al antihéroe, mientras que Michelle Williams (El gran showman), Riz Ahmed (Jason Bourne), Reid Scott (De vuelta a casa), Jenny Slate (Un don excepcional), Scott Haze (Héroes en el infierno) y Woody Harrelson (Tres anuncios en las afueras) completan el reparto principal.

Este fin de semana también es el debut como director del actor Bradley Cooper (El francotirador) con Ha nacido una estrella, nueva versión de este drama musical que él mismo protagoniza junto a la cantante Lady Gaga (American Horror Story: Hotel). La trama gira en torno a un veterano cantante que descubre a una joven artista de la que también se enamora. Ella, a punto de darse por vencida, se pone bajo los focos animada por el entusiasmo de él, logrando triunfar. Pero a medida que la carrera de la joven asciende la relación entre ambos se deteriora, y él deberá luchar contra sus propios demonios para salvar su futuro. Entre el resto de intérpretes destacan Sam Elliott (Volverás en mis sueños), Dave Chappelle (Reventado), Michael Harney (serie Orange is the new black) y Andrew Dice Clay (Blue Jasmine).

Fantasía y aventura para toda la familia es lo que propone Christopher Robin, film basado en los personajes creados por A.A. Milne y Ernest Shepard que cuenta cómo el niño que vivió innumerables aventuras en el bosque de los Cien Acres con su banda de animales de peluche se ha convertido en un adulto, y ha perdido el rumbo. Es por eso que ahora serán sus amigos los que viajarán al mundo real para ayudarle y hacerle recordar el niño que lleva dentro. Marc Foster (Guerra Mundial Z) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Ewan McGregor (La bella y la bestia), Hayley Atwell (Vengadores: La era de Ultrón), Bronte Carmichael (En la playa de Chesil), Mark Gatiss (Negación), Brad Garrett (Not fade away) y Toby Jones (El muñeco de nieve).

Pasamos a los estrenos europeos, entre los que destaca Cold war, nueva película de Pawel Pawlikowski (Ida) que aborda una historia de amor imposible durante la Guerra Fría entre un hombre y una mujer de origen y temperamento diferentes pero que su destino les condena a estar juntos. Drama, romance y música son los ingredientes de este film con capital polaco, francés y británico en cuyo reparto encontramos a Joanna Kulig (Las inocentes), Tomasz Kot (Dioses), Borys Szyc (Sugihara chiune), Agata Kulesza (Dark crimes) y Cédric Kahn (Una vida mejor).

Puramente francesa es Gauguin, viaje a Tahití, adaptación del libro con los relatos del pintor. Este drama biográfico aborda las experiencias que vivió el artista, la enfermedad y la soledad, y la influencia de una joven nativa que se convertirá en el centro de sus obras más memorables. Dirigida por Edouard Deluc (Boda en Mendoza), la cinta está protagonizada por Vincent Cassel (Una semana en Córcega), Tuheï Adams, Malik Zidi (Objetivo: París), Pua-Taï Hikutini, Pernille Bergendorff y Marc Barbé (7 giorni).

La producción española tiene como principal representante a Ola de Crímenes, comedia negra dirigida por Gracia Querejeta (Felices 140) cuyo punto de partida es un asesinato. Concretamente el que comete el hijo de una divorciada acomodada al matar a su padre. Ella, para proteger a su hijo, intenta ocultar el delito, pero en lugar de eso desata una ola de crímenes por Bilbao. Y mientras tanto, la nueva esposa del difunto y su implacable abogada tratan de ocultar toda una trama de corrupción mientras son investigadas por dos tenaces inspectores. Maribel Verdú (Abracadabra), Luis Tosar (1898. Los últimos de Filipinas), Paula Echevarría (Vulnerables), Juana Acosta (Perfectos desconocidos), Raúl Arévalo (Cien años de perdón), Antonio Resines (La reina de España), Javier Cámara (Es por tu bien) y Nora Navas (El ciudadano ilustre) son los principales actores.

También española es Viaje al cuarto de mi madre, intenso drama que aborda el momento en el que una hija abandona el hogar en el que ha crecido. En concreto, la historia se centra en la relación entre una madre y su hija, la segunda con la intención de irse pero que no sabe cómo decírselo a su madre. En ese contexto ambas tendrán que afrontar que el mundo que habían construido en común se tambalea. Celia Rico Clavellino escribe y dirige el que es su debut en el largometraje, en cuyo reparto encontramos a Anna Castillo (La Llamada), Lola Dueñas (No sé decir adiós), Pedro Casablanc (Bajo la Rosa), Adelfa Calvo (La isla mínima) y Marisol Membrillo (Magical girl).

Al thriller pertenece Ánimas, cinta escrita y dirigida a cuatro manos por Laura Alvea y Jose F. Ortuño (The extraordinary tale of the times table) cuya trama se centra en dos amigos, ella una chica segura de sí misma y él un joven tímido y retraído. Sus vidas cambian cuando el padre del chico fallece en extrañas circunstancias, pues ella iniciará un viaje en el que realidad y pesadilla se confunden, y en el que se llegará a cuestionar su propia existencia. El plantel de actores está integrado por Clare Durant (I love her), Liz Lobato (The birthday), Ángela Molina (El otro hermano), Luis Bermejo (Fe de etarras), Iván Pellicer (serie Fugitiva) y Chacha Huang (El hombre de las mil caras).

Este fin de semana es también del debut en el largometraje de ficción de David Gutiérrez Camps (Hollywood contra Franco) con Sotobosque, drama que narra la vida de una mujer en la Cataluña interior, donde sobrevive vendiendo piñas y que intenta integrarse sin éxito en una sociedad que solo le da sonrisas condescendientes. El limitado y anónimo reparto está compuesto por Musa Camara, Samba Diallo y Deborah Marin.

El último de los estrenos en imagen real es Aprendiendo a vivir, drama que cuenta con capital israelí y polaco cuya trama se centra en un joven de 17 años con un carácter impulsivo y algo violento que, sin embargo, es apreciado por su comunidad. Su padre le ve como el heredero del negocio de construcción que tiene, pero el adolescente encuentra un modelo a seguir en su profesor de literatura. Dividido entre dos mundos, deberá encontrar su nueva identidad y la oportunidad para una nueva vida. Matan Yair escribe y dirige el que es su debut en el largometraje de ficción, que está protagonizado por Asher Lax, Ami Smolartchik (Atomic falafel), Yaacov Cohen (Encirclements) y Keren Berger (Cupcakes).

La única producción de animación es la española Black is Beltza, dirigida por Fermín Muguruza (Nola?). El argumento, ambientado en 1965, se basa en el hecho real que protagonizó la comparsa de gigantes de Pamplona, imagen típica de San Fermín que en ese año fue invitada a Nueva York para desfilar por la Quinta Avenida. Sin embargo, no todos pudieron salir, pues se prohibió la presencia de dos gigantes negros. El mozo encargado de portar uno de ellos vivirá en primera persona los acontecimientos de esa época como los disturbios raciales provocados por el asesinato de Malcolm X y los primeros hippies. Entre las voces originales encontramos las de Unax Ugalde (Lasa y Zabala), Sergi López (Río arriba), Maria de Medeiros (100 metros), Jorge Perugorría (Vientos de la Habana), Emma Suárez (Julieta) y Ramón Barea (La higuera de los bastardos).

En cuanto al documental, Querido Fotogramas es un repaso a los 70 años de la icónica revista cinematográfica española a través de las cartas que los lectores han enviado a lo largo de las décadas. Un viaje que homenajea al cine y a todos los que lo hacen posible, a los espectadores, a los periodistas y, por supuesto, a los lectores. El film está escrito y dirigido por Sergio Oksman (Goodbye, America).

También española, y también documental, es Mudar la piel, cinta dirigida a cuatro manos por Cristóbal Fernández y Ana Schulz en la que es, para ambos, su ópera prima. El film aborda la relación de amistad entre un mediador de ETA y el gobierno español y un espía de los servicios secretos que se infiltró en su vida durante años.

Por último, el documental Barbacana, la huella del lobo aborda el conflicto entre el lobo y los ganaderos a través del seguimiento de una manada de lobos, recorriendo localizaciones que van desde diferentes sierras en Andalucía hasta el norte cantábrico. Arturo Menor (WildMed. El último bosque mediterráneo) es su director.

‘Ant-Man’: el grande se comió al pequeño


Paul Rudd es 'Ant-Man', un hombre capaz de reducir su tamaño y controlar a las hormigas.Siempre he pensado, sobre todo a raíz de la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan (El truco final), que el cine de superhéroes tiene dos niveles muy diferenciados. En realidad, pasa lo mismo en los cómics. Marvel es consciente de ello, y por eso en el particular universo que está creando hay grandes películas y hay pequeñas películas, estas últimas complementando lo narrado en las primeras. Y aunque pueda parecer un juego de palabras y de ideas, la última propuesta de la Casa de las Ideas sobre un superhéroe que puede encoger su tamaño es… pues eso, pequeña.

Podría achacarse a un guión previsible, plagado de lugares comunes y chistes fáciles. Podría ser cosa de Peyton Reed (Abajo el amor), quien se limita a mover la cámara para obtener una narrativa estándar. E incluso podría culparse a los actores, enfrascados en lograr que sus personajes no sean excesivamente ridículos y arquetípicos en muchas ocasiones. Pero en realidad el problema de Ant-Man es conceptual, algo que se aprecia en los pocos momentos de auténtica lucidez que tiene la película, y que coinciden no por casualidad con el juego de perspectivas y con el riesgo de empequeñecer sin control hasta llegar a desaparecer en un mundo subatómico.

Son estos pequeños fragmentos los que evidencian que tras la fachada irónica y distraída que se empeña en tener el film existe algo más, algo que perfectamente podría haber redefinido la trama hacia un concepto más adulto, más serio si se prefiere, y que podría haber dotado al personaje protagonista de una mayor entidad. Las referencias a El increíble hombre menguante (1957) son más que evidentes, y desde luego se convierten en las secuencias más interesantes del relato, ya sea con ese primer encuentro del personaje de Paul Rudd (Mal ejemplo) con su nueva naturaleza menguante o con la batalla final, todo un alarde de equilibrio entre las diferentes perspectivas y el efecto que eso conlleva.

Aunque como película pequeña que es, sus responsables prefieren convertirla en un mero entretenimiento que permita encajar al personaje en el universo Marvel antes que darle un protagonismo real. Solo el tiempo confirmará si la opción elegida es correcta o relega al personaje a la segunda línea de desarrollo. Es decir, si los grandes superhéroes se comen a este pequeño Ant-Man. Esta apuesta por la espectacularidad y la grandilocuencia convierten al film en un producto entretenido, pero le roban un alma que habría puesto de manifiesto un carácter mucho más intimista y personal. Todo sea por el espectáculo superheróico.

Nota: 6/10

‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: doble de acción, mitad de drama


'Los Vengadores. La era de Ultrón' supone para los héroes la prueba más dura de sus vidas.Cada uno a su modo, MarvelDC Cómics han cambiado el modo de entender el cine de superhéroes. El primero ha redefinido el concepto de entretenimiento; el segundo ha elevado este género a cotas que parecían inimaginables. Pero si algo ha hecho la casa de héroes como Spider-Man o Iron Man es crear un mundo cinematográfico que traslada de forma magistral el mundo de los cómics. Esto implica que, aunque para disfrutar de una película no hace falta ver el resto, todas y cada una se nutren entre ellas. Y en esto ha tenido buena parte de responsabilidad Joss Whedon (serie Buffy Cazavampiros), quien con la continuación de Los Vengadores (2012) vuelve a demostrar su habilidad para el dinamismo visual.

Porque lo cierto es que Los Vengadores: La era de Ultrón es un constante movimiento. Las peleas, los momentos irónicos, e incluso los momentos más dramáticos, contienen una agilidad narrativa fuera de toda duda. Es, al igual que le ocurría a su predecesora, un cómic en movimiento, algo que queda patente con la declaración de intenciones de la primera secuencia y ese plano en el que aparecen todos los superhéroes en formación de ataque. A partir de ese momento poco margen existe para la reflexión, lo cual no quiere decir que no exista un cierto desarrollo dramático. No mucho, pero existe. Si a esto se suma la comodidad de unos actores que disfrutan de sus personajes lo que obtenemos es un relato entretenido como pocos que invita al espectador a evadirse de todo lo que le rodea.

Ahora bien, la película se encuentra con un escollo relativamente importante que no logra solventar, y es el hecho de tener que luchar contra su propia naturaleza. Sin los conflictos personales que poblaron la primera entrega lo que queda es un arco dramático algo plano, sin grandes giros argumentales y, desde luego, con pocas o ninguna sorpresa. Se puede decir que la película es lineal, una carencia que se suple, y muy bien, con el dinamismo de sus secuencias y el ritmo desenfrenado de la narración, que apenas deja tiempo para la reflexión. Plagada de efectos visuales a cada cual más espectacular (los planos generales de combate son simplemente brillantes), la película cojea en el plano emocional al no existir las fricciones entre los héroes que sí se vivieron en el film original. Incluso el intento de incorporar la vida secreta de uno de los protagonistas, que en un principio parece dotar de mayor gravedad a la trama, se diluye entre rayos y puñetazos.

Algo ayuda, además de la continua sucesión de luchas y persecuciones, la presencia de un villano como Ultrón, al que da vida un James Spader (serie Boston Legal) cuya labor solo podrá apreciarse en todo su esplendor en la versión original. El resto de nuevos personajes suponen una distracción de las irregularidades del film, es cierto, pero su introducción en un film tan repleto de personajes impide que se desarrollen como es debido, lo que les convierte en meros testigos de lo que ocurre en pantalla. Sí, tienen ciertos momentos de protagonismo y gloria, pero su presencia queda lejos de la que tienen el resto de héroes, algo motivado principalmente porque éstos han tenido la oportunidad de brillar con luz propia en sus respectivas sagas. Tratar de presentar en sociedad nuevos héroes en un film tan saturado termina por diluirlos en un maremagno de poderes.

Lo que no cabe duda es que Los Vengadores: La era de Ultrón cumple con lo que promete, y lo hace con nota. Tal vez haya perdido el factor sorpresa de la primera entrega; tal vez su aspecto dramático no tiene la misma fuerza. Pero todo eso queda eclipsado por una agilidad visual y narrativa innegables, y que convierten a Whedon en uno de los nombres de peso en esta segunda etapa de Marvel, que terminará este año. Dos horas y media de acción en estado puro, humor irónico para los momentos más relajados y poca profundidad dramática que se pasan con bastante velocidad. Ahora toca esperar al próximo villano, que para aquellos que no puedan aguantar las ganas de conocerlo será… el que aparece en la secuencia post títulos de créditos.

Nota: 7/10

‘Capitán América: El soldado de invierno’ inaugura el verano de cine


Estrenos 28marzo2014Un año más, el verano cinematográfico se adelanta unos meses para iniciar su andadura de grandes estrenos de puro entretenimiento. Es cierto que se podría decir que 300: El origen de un imperio ha sido el verdadero pistoletazo de salida para esta época de blockbusters, pero de un tiempo a esta parte el verano en cuestión de películas viene determinado por los superhéroes, en concreto por Marvel. Y para no faltar a su cita (y este año será varias), comienza con la secuela de uno de sus más grandes iconos. Claro que no es el único título que llega hoy, viernes 28 de marzo, aunque sí es prácticamente el único estadounidense.

Así que comenzamos el habitual repaso de los viernes con Capitán América: El soldado de invierno, continuación de Capitán América: El primer vengador (2011) y, en cierto modo, continuación de Los Vengadores (2012). Nuevo paso en ese camino iniciado por la empresa para crear todo un universo audiovisual paralelo al de los cómics, la cinta narra cómo el superhéroe trata de adaptarse a una época que no le corresponde tras los ataques sufridos por Nueva York. Su vida transcurre con normalidad hasta que un agente de S.H.I.E.L.D. es secuestrado, iniciándose entonces una investigación que le llevará a descubrir diversas tramas cuyo fin es acabar con el orden implantado hasta ahora, y que cuentan con el soldado de invierno, un misterioso hombre cuya identidad cambiará para siempre la vida del héroe. Con unos primeros comentarios muy positivos, la cinta promete mucha acción y, sobre todo, mucha espectacularidad. Proyectada en 2D y en 3D, está dirigida por los hermanos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood) y cuenta con un reparto en el que repiten Chris Evans (Los perdedores), Scarlett Johansson (Her), Sebastian Stan (serie Érase una vez), Samuel L. Jackson (RoboCop), Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre), Dominic Cooper (El doble del diablo), Hayley Atwell (La duquesa) y Toby Jones (Los Juegos del Hambre: En llamas), a los que se suman Robert Redford (Pacto de silencio), Anthony Mackie (Dolor y dinero) y Emily VanCamp (serie Revenge). Por cierto, al final de los créditos se desvelará la habitual sorpresa, dirigida para la ocasión por Joss Whedon, director de Los Vengadores.

Muy distinto es el otro interesante estreno de la semana, titulado Enemy. Basado en la obra de José Saramago ‘El hombre duplicado’, y con producción canadiense y española, la trama comienza cuando un profesor con una apacible vida junto a su esposa descubre que hay un actor exactamente igual que él. Los intentos por encontrarle le llevan a obsesionarse, hasta el punto de introducirse en una espiral que cambiará su vida para siempre. Denis Villeneuve, que todavía tiene reciente el éxito de Prisioneros, dirige este thriller en el que el absoluto protagonista es Jake Gyllenhaal (Zodiac), al que acompañan Mélanie Laurent (Malditos bastardos), Isabella Rossellini (Pollo con ciruelas) y Sarah Gadon (Un método peligroso).

Volviendo a las producciones estadounidenses, este fin de semana llega Upstream color, proyecto personal de Shane Carruth (Primer) en el que escribe, dirige, ilumina y actúa, entre muchas otras cosas. El argumento, enmarcado en la ciencia ficción dramática, se centra en una joven que una noche es atacada por un ladrón, quien le introduce un extraño gusano que anula por completo su voluntad, siendo desde entonces un pelele en manos del delincuente. Cuando por fin logran extirpárselo la mujer despierta en una vida destrozada. Sin embargo, la aparición de un hombre con un pasado turbulento le ayudará a superar el suyo propio. Además de Carruth, en pantalla puede verse a Amy Seimetz (Tú eres el siguiente), Andrew Sensenig (Pearl), Thiago Martins y Kathy Carruth.

En cuanto a lo que viene de Europa, uno de los títulos más destacados es Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, comedia francesa escrita, dirigida y protagonizada por Guillaume Gallienne (María Antonieta) que se ha convertido en la revelación del cine galo. La historia gira en torno a un joven homosexual y sus recuerdos cuando vivía con su familia, sobre todo la estrecha relación con su madre, ambos roles interpretados por Gallienne, junto al que encontramos a Françoise Fabian (Made in Italy), André Marcon (Incompatibles), Diane Kruger (serie The bridge), Reda Kateb (La noche más oscura) y Charlie Anson (The power of three).

La comedia también está muy presente en las dos propuestas españolas. Kamikaze es el título de la ópera prima de Álex Pina, quien también escribe el guión junto a Iván Escobar, ambos guionistas de la serie El barco. Con ciertas dosis de drama y romance, la cinta se centra en un joven que es empujado a inmolarse en un avión que va de Moscú a Madrid. Cosas del destino, una fuerte tormenta impide que el avión salga, por lo que el suicida deberá convivir con sus futuras víctimas durante tres días, lo que cambiará para siempre su visión de la vida y de su futuro. Álex García (Seis puntos sobre Emma), Verónica Echegui (La gran familia española), Carmen Machi (Ocho apellidos vascos), Leticia Dolera (Los últimos días), Héctor Alterio (En ninguna parte), Eduardo Blanco (La vida empieza hoy) e Iván Massagué (Muertos de amor) conforman el reparto principal.

Por su parte, 2 francos, 40 pesetas es la continuación de Un franco, 14 pesetas, comedia del 2006 que narraba el periplo de una familia española que emigra a Suiza en los años 60 en busca de trabajo. Escrita, dirigida y protagonizada de nuevo por Carlos Iglesias (Los muertos no se tocan, nene), esta segunda entrega presenta a la familia de nuevo en Madrid seis años después. Estamos en 1974, y con motivo de un bautizo toda la familia viajará de nuevo a Suiza, incluyendo abuelas que llegan de improviso, hijos con sus respectivas novias hippies, e incluso banqueros que tratan de evadir dinero. El paisaje del tranquilo pueblo suizo volverá a alterarse con esta alocada ceremonia. Junto a Iglesias regresan los principales actores de la primera parte, como son Javier Gutiérrez (Zipi y Zape y el club de la canica), Nieve de Medina (serie La señora), Ángela del Salto (O.F.N.I.) e Isabel Blanco (Ispansi!), a los que se suma Adrián Expósito (serie Toledo).

Otro de los estrenos europeos, al menos en parte, es The informant, thriller coporducido entre Francia y Canadá que cuenta cómo un expatriado francés en Gibraltar entra a trabajar en el Servicio de Aduanas de Francia como agente infiltrado. Su trabajo es ganarse la confianza de un importante traficante de cocaína, pero introducirse en ese mundo implica correr muchos riesgos y pagar un alto precio. Dirigida por Julien Leclercq (El asalto), la cinta cuenta en su reparto con Gilles Lellouche (Los infieles), Tahar Rahim (El pasado), Riccardo Scamarcio (Tengo algo que deciros), Raphaëlle Agogué (El chef, la receta de la felicidad), Mélanie Bernier (La delicadeza) y Philippe Nahon (Kill me please).

Finalmente, desde Polonia nos llega Ida, drama en el que una joven novicia a punto de tomar sus votos en la década de los 60 del pasado siglo descubre un oscuro secreto familiar que le lleva a plantearse toda su vida y a descubrir a una de sus tías. Junto a ella iniciará un viaje que la llevará a seguir los pasos de la ocupación nazi y a afrontar las consecuencias de su pasado. Tras las cámaras se encuentra Pawel Pawlikowski (La mujer del quinto), mientras que delante de ellas tenemos a Agata Kulesza (Ki), la debutante Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig (Los números), Dawid Ogrodnik (Jestes bogiem) y Adam Szyszkowski (Avalon).

‘Black Mirror’ vuelve a provocar con su crítica social al mundo digital del entretenimiento en su 2ª temporada


Imagen inicial de la serie 'Black Mirror'.Aquellos que tuvieron la suerte de disfrutar de la primera temporada, por llamarla de algún modo, de Black Mirror, habrán esperado con ansiedad la segunda entrega de capítulos. No es para menos, pues como dijimos en este mismo espacio, los tres primeros capítulos supusieron una ruptura total en todos los aspectos con lo que suele verse en televisión. Las expectativas estaban altas, muy altas, por lo que tal vez lo primordial sería aclarar si esta segunda temporada, de nuevo por llamarla de algún modo, ha estado a la altura. La respuesta sólo puede ser sí. Sí a nivel global en todos sus aspectos, desde el argumento hasta la factura técnica, pasando por las interpretaciones; otro cantar sería a nivel más específico, donde ha presentado algunas carencias, sobre todo provocadas por el impacto que supuso su primera parte.

En cualquier caso, estos nuevos tres episodios mantienen el espíritu conceptual de la producción, desde el hecho de que nada tengan que ver los capítulos entre sí hasta la temática común de la crítica a la sociedad de la información, teniendo esta vez como nexo de unión entre todas ellas la influencia de las redes sociales y la web 2.0 (aquella que permite la interacción entre visitantes de una página y su autor) en todos los aspectos de la vida, incluyendo aspectos a priori tan poco dados a estos conceptos como la justicia o, incluso, la muerte.

Visto con perspectiva puede dar la sensación de que esta segunda temporada es menos transgresora, menos provocativa. Sin embargo, si entramos en un análisis más profundo de cada una de las historias, como haremos a continuación, el resultado es el opuesto: los episodios son mucho más ácidos en su crítica de lo que fueron los tres anteriores, y sin lugar a dudas generan una reflexión mucho más honda no sólo de la modificación que se está dando en el comportamiento individual a raíz de la implantación de Internet, sino el cambio social que está generando a nivel de costumbres y de criterio moral.

Hayley Atwell protagoniza el primer capítulo de la segunda temporada de 'Black Mirror'.Existe la vida después de la muerte

El mundo digital, actualmente representado casi en su totalidad por Internet, está permitiendo cada vez más que el ser humano sea capaz de dejar su huella en un proceso de globalización tal que cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede saber cosas de nosotros. Algunas extremadamente íntimas. Pero, ¿qué ocurre cuando dicha información permanece incluso después de nuestra muerte? El primero de los episodios, Ahora mismo vuelvo, juega con esa idea de una forma tan macabra y al tiempo tan bella que resulta perturbador.

Con una interpretación realmente sobresaliente de Hayley Atwell (Capitán América: El primer vengador), la historia ahonda en los peligros morales que está generando la necesidad cada vez más imperiosa de mostrarlo todo en la red, más concretamente en las redes sociales. Unos peligros que, en realidad, tienen más que ver con el aspecto macabro del subtexto que con la propia historia en sí, que transita por los derroteros del romanticismo más clásico. El amor después de la muerte es lo que lleva a la protagonista a introducirse en un programa capaz de rastrear nuestra huella digital y utilizarla para simular nuestra forma de ser en todos los formatos posibles.

Como deja entrever el propio desarrollo narrativo, el mundo virtual permite al individuo sobrevivir a su propia muerte física, ofreciendo a los seres queridos la posibilidad de mantener viva la memoria del difunto. Empero, la trama apunta con acierto la evolución de dicha actitud hasta convertirse en una obsesión por seguir relacionándonos con aquellos que perdemos, hasta el punto de pervertir su propia memoria al convertirlo en una suerte de maniquí capaz de hablar pero sin el sentimiento humano. Una perversión que, de forma realmente poética, lleva a la conclusión de que, aún con el dolor que provoca, nuestros difuntos deben mantenerse únicamente en nuestra memoria si no queremos relegarlos a un polvoriento ático.

Lenora Crichlow corre por su vida en la segunda temporada de 'Black Mirror'.La crueldad del castigo

Si en la primera temporada la historia más impactante era la que incluía al Primer Ministro británico y a una cerda, en esta segunda temporada es el episodio dos, que bajo el título Oso blanco critica de forma visceral e inquietante el extraño espectáculo que se está generando en la red gracias a plataformas como YouTube. Cada vez es más común ver cómo la gente comparte vídeos en los que varios sujetos se unen para dar una paliza a alguien, o cómo se gastan bromas que pueden llegar a resultar peligrosas. Lo que plantea este capítulo dirigido por Carl Tibbetts (Retreat) es lo moralmente aceptable que es este tipo de comportamiento.

Y lo hace, cómo no, con una historia impactante y arrolladora que mantiene al espectador con la incertidumbre y los giros argumentales hasta, literalmente, los títulos de crédito. Al igual que la protagonista, nos encontramos con una situación que desconocemos, en la que nada parece encajar y donde todo el mundo, a excepción de la desdichada mujer amnésica convincentemente interpretada por Leonora Crichlow (Fast Girls), parece ser un mero espectador que lo mira todo a través de la pantalla de su teléfono móvil. ¿Y qué es todo? Pues la lucha a vida o muerte.

En este punto intentaré no desvelar demasiado del inesperado final. Simplemente apuntar que dicha actitud es en realidad una especie de castigo que se repite día tras día, en una tortura que trata de equilibrar un terrible crimen cometido hace tiempo. Lo que sí queda patente es la crueldad de una sociedad que, a base de ver violencia y brutalidad en sus cada vez más habituales pantallas, parece haberse vuelto insensible al sufrimiento. Es más, lo entiende como un mero entretenimiento por el que pagar, como si de un parque de atracciones se tratara. Una frialdad que nos convierte en unas máquinas más aterradoras que las de Terminator (1984), capaces de aplicar una tortura interminable y repetitiva a un semejante. Algo que no debería tener excusa, ni siquiera el crimen cometido.

Waldo, en el centro, es el personaje protagonista del tercer capítulo de la segunda temporada de 'Black Mirror'.Ídolos de barro que controlarán el futuro

Prácticamente cada mes, incluso cada semana, nos encontramos con algún extraño personaje que, gracias a Internet, disfruta de sus 15 minutos de fama. Suele hacerlo gracias a alguna estupidez que resulte graciosa. Afortunadamente, dichos ídolos de barro terminan por olvidarse hasta su desaparición, pero no son pocos los casos en los que alguno de ellos traspasa la frontera para convertirse en un icono de la pequeña pantalla, al menos para una parte de la sociedad. Esto es, a grandes líneas, lo que se halla detrás de El momento Waldo, tercer, último y, personalmente, más flojo capítulo de esta segunda temporada.

Evidentemente, y manteniendo el tono general, la historia va mucho más allá, hasta el punto de que el éxito de un extraño oso azul creado digitalmente y manejado por un cómico para un programa de televisión termina siendo determinante en unas elecciones y, por ende, en el uso político de una caricatura que termina por convertirse casi en dueño y señor de la sociedad. En cierto modo, la trama avisa de los riesgos a los que se expone la sociedad si es incapaz de analizar fríamente quién o qué está detrás de cada imagen, cada personaje o cada discurso que nos llega a través de la televisión.

Al fin y al cabo, dichas criaturas no son más que, en este caso, píxeles y código binario que no poseen, en sí mismas, ningún tipo de personalidad. En una sociedad entregada al entretenimiento, un personaje de este tipo, capaz de criticar la política y de reírse de unos políticos que buscan el beneficio propio, puede volverse tremendamente influyente. Puede expresar preguntas que la sociedad hace; puede hacer críticas que los individuos piensan; y puede decir cosas que ningún político se atrevería a decir en campaña. El riesgo, como decimos, estriba en la cantidad de poder y credibilidad que se le debe dar a este tipo de marionetas manejadas por unos poderes en la sombra cuyo objetivo es manejar a la propia sociedad. Por supuesto, esto es ficción, pero ¿cómo habría que valorar a determinados políticos que surgen en la escena pública y repiten mensajes ideados por una fuerza superior (léase el ideario político de un partido)?

A modo de conclusión, esta segunda temporada de Black Mirror permite comprender un poco mejor la idea de la serie completa. Si la primera temporada resultó impactante y perturbadora, estos nuevos tres episodios ahondan un poco más en esa crítica hacia una sociedad cada vez más entregada al entretenimiento digital, a una vida en un mundo virtual donde personas desconocidas resultan ser “amigos”, y en el que todo es visto como una ficción muy realista. Eso no impide, empero, que no mantenga el carácter transgresor de su predecesora, algo que debe ser aplaudido por la dificultad que entraña. Antes mencionaba que tanto la primera como la segunda tanda de episodios las catalogamos como temporadas por poner algún calificativo. Y es que la serie no debe ser vista como un producto continuado, sino como un estudio del camino que está tomando la sociedad de la información. En este sentido, sólo cabe calificarla como imprescindible.

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Cine y palabras

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