‘The Amazing Spider-Man: El poder de Electro’: la impotencia del héroe


Peter Parker se enfrentará a poderosos enemigos en 'The Amazing Spider-Man: El poder de Electro'.No sé si es casualidad o que la experiencia es un grado, pero si algo comparten las dos trilogías sobre el superhéroe arácnido es que, al menos por ahora y a falta de que llegue la tercera de la nueva saga, las segundas partes superan lo visto en las primeras. En el caso concreto que nos atañe el director Marc Webb ((500) días juntos) evidencia los motivos por los que fue elegido, y que tienen más que ver con el aspecto dramático de la historia que con sus efectos y su dinamismo. La cinta gana peso emocional, recupera conceptos clásicos del personaje al mismo tiempo que reinventa otros y propone nuevas vías inexploradas hasta ahora. Lo cual no quiere decir, claro está, que sea una cinta perfecta.

En líneas generales, The Amazing Spider-Man: El poder de Electro combina sabiamente la dual naturaleza del protagonista, un Andrew Garfield (Nunca me abandones) que vuelve a demostrar la complicidad que tiene con el personaje. El drama, ya sea en forma de respuestas del pasado o promesas del futuro, encuentra los huecos necesarios entre las espectaculares secuencias de acción (en las que, todo sea dicho, se abusa de la cámara lenta) para conformar una historia que no solo retoma las incógnitas dejadas por la primera parte, sino que abre otras nuevas. Incluso se permite el lujo de anticipar la llegada del grupo de villanos más importante del mundo del cabeza de red.

Dicho drama, por cierto, es lo que define por encima de cualquier otro aspecto la nueva aventura del trepamuros. A medida que pasan los minutos (puede que demasiados minutos) una sospecha de tragedia inevitable se cierne sobre el desarrollo dramático, generando cierta incomodidad en el espectador que, tanto si conoce las historias en papel como si no, no se resuelve hasta el final. El film vuelve a abordar de forma magistral (la imagen de la telaraña con forma de mano es sencillamente insuperable) la impotencia de un joven superhéroe al que la vida le demuestra una y otra vez que no es invencible, y que sus poderes no son nada ante el destino que le aguarda.

Hay que decir, empero, que si bien la cinta gana en dramatismo, sigue pecando de los errores que ya se vieron en su predecesora. Por fortuna, el traje ha vuelto a senderos más clasicistas, pero la distinción entre Peter Parker/Spider-Man sigue siendo casi inexistente, utilizando la personalidad algo cómica y burlona característica del superhéroe en ambos aspectos de su vida. Igualmente, la presencia de hasta tres villanos (en la práctica son dos, pero bueno) no hace sino impedir un mejor desarrollo de los personajes, restando fuerza a unos enemigos, por otro lado, muy logrados.

Desde luego, The Amazing Spider-Man: El poder de Electro tiene todavía muchas aristas que pulir, pero eso no impide que sea un espectáculo de lo más entretenido y recomendable. Los más puritanos posiblemente no terminen de comulgar con el origen de algunos villanos, caso del Duende, pero eso no debería ser un obstáculo para encontrar en esta segunda parte una gran obra sobre el personaje, capaz de captar el dinamismo de los movimientos del héroe y su lado más trágico en un único y bien armado conjunto. Solo cabe esperar que la tercera entrega siga esta senda y que se olvide, en todo caso, de la terrible manía de introducir más de un villano en la función, algo que normalmente siempre ha tenido terribles consecuencias.

Nota: 7,5/10

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Avance de ‘The amazing Spider-Man 2’: tres por el precio de uno


En 'The Amazing Spider-Man 2' el trepamuros deberá enfrentarse a Electro, Rino y el Duende Verde.Desde hace varios días se anunciaba que las primeras imágenes en movimiento de The amazing Spider-Man 2 estaban a punto de ver la luz. Pues bien, el pasado jueves los seguidores de las aventuras del arácnido superhéroe de Marvel pueden disfrutar de dicho tráiler en el que lo más interesante, además de comprobar que se ha retomado el diseño más clásico del traje, es la presencia de tres villanos (Electro, Rino y Duende). Pero de eso hablaremos más adelante. Ahora, una breve sinopsis, si es que eso es posible.

Digo esto porque poco ha trascendido de su argumento. Lo que sí se conoce es que el guión, escrito por Alex Kurtzman y Roberto Orci (creadores de la serie Fringe) retoma el final de su predecesora, situando al protagonista en la encrucijada de su labor como superhéroe y su vida como Peter Parker, con todo lo que eso conlleva (promesas, familia, instituto, …). En este contexto el joven trepamuros continuará con su investigación de Oscorp, empresa para la que trabajaba su padre antes de morir y en la que descubrirá no solo importantes secretos, amén de enfrentarse a enemigos que parecen compartir un origen común.

Visualmente espectacular, como todas las películas sobre el personaje que se han hecho recientemente, la película sí parece aprovechar mucho mejor las ventajas que otorga la naturaleza de este superhéroe, algo parecido a lo que ocurrió con la primera y segunda película dirigidas por Sam Raimi (Posesión infernal). Prueba de ello es ese primer plano siguiendo la caída libre de Spider-man, quien por cierto sigue vistiendo un traje que no parece encajarle tanto como debería. Detalles aparte, lo que hay que destacar, al menos en el plano visual, es el personaje de Electro, interpretado por Jamie Foxx (Django desencadenado).

Siendo sincero, las primeras imágenes del actor caracterizado no parecían prometer mucho, y en cierto modo los momentos más estáticos del tráiler confirman esta idea. Sin embargo, las imágenes finales de este avance, con ese combate entre héroe y villano, trasladan magistralmente la dinámica de este tipo de confrontaciones, aprovechando al máximo las posibilidades que ofrece la electricidad y las características de uno de los personajes más atractivos del mundo del cómic. A todo esto habría que añadir el hecho de que tres villanos, con sus correspondientes desarrollos dramáticos y sus luchas individuales con el superhéroe, tengan cabida en una sola película. Evidentemente, habrá que esperar a ver el resultado, pero la experiencia previa de Spider-man 3 no fue particularmente buena (con la que parece compartir, además, un mayor uso de los efectos digitales).

The amazing Spider-Man 2, subtitulada en España como El poder de Electro, cuenta con todo el equipo del original, es decir, con Marc Webb [(500) días juntos] como director, Andrew Garfield (Nunca me abandones) como Spider-man, Emma Stone (Rumores y mentiras) como Gwen Stacy, Sally Field (Lincoln) como la tía May, además de apariciones de Martin Sheen (Infiltrados) y Denis Leary (Doble contratiempo). Aunque lo realmente interesante reside en las nuevas incorporaciones: Paul Giamatti (Templario), Dane DeHaan (Chronicle) y Chris Cooper (Pacto de silencio), además del ya mencionado Foxx. A continuación podéis ver el tráiler íntegro.

‘The amazing Spider-Man’: tejiendo la telaraña del destino


Hollywood tiene la insana costumbre de hacer remakes de títulos clásicos que han marcado, año tras año, a numerosas generaciones. Pero el más difícil todavía llega con esta nueva versión del hombre araña, un reinicio de una franquicia que vio la luz por primera vez hace 10 años, un periodo de tiempo demasiado corto para borrar las sensaciones que dejó la versión de Sam Raimi (Un plan sencillo). Un defecto de previsión por parte de los productores que nada contracorriente en una película muy completa, mucho más adulta y oscura que sus predecesoras, y más centrada en el desarrollo de los personajes que en la acción en sí.

Por mucho que se destaque el pasado de Marc Webb en el mundo del videoclip, el director de (500) días juntos es un hombre de personajes, de historia y de drama, y eso es lo que emana la superproducción sobre el personaje de Marvel. El protagonista, figura trágica donde las haya, adquiere en esta ocasión un cariz mucho más fatalista, marcado por un pasado en el que el abandono y la soledad se convierten en el día a día; el antagonista, por su parte, encuentra en su sensación de fracaso y de impotencia el caldo de cultivo necesario para convertirse en el monstruo que está perfectamente sustraído de los cómics originales y cuyo diseño es sencillamente espectacular.

Para aquellos que anden buscando algo similar a la espectacularidad de la trilogía de Raimi, Webb reserva algunas secuencias absolutamente icónicas y que hacen referencia directamente a las páginas de los tebeos, como son la lucha en las cloacas o en el instituto al que acude Peter Parker. Sin embargo, el conjunto no transmite las emociones que sí tuvo el film de 2002, y eso es en parte por la baza jugada de la historia por encima de los efectos. Historia, por cierto, que elimina algunos tópicos de la trama original en papel y que modifica muchos otros hasta hacerlos casi imperceptibles (como es el lema de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”), aunque la sensación final es la misma.

Más allá de efectos digitales (que los hay, y muy buenos), lo más destacable de la película son los actores. Andrew Garfield (La red social) se revela como un Peter Parker ideal, apocado y poca cosa en todos los sentidos (el traje parece quedarle algo grande en determinadas secuencias), que encuentra en su alter ego, Spider-Man, una salida a su marginación y a los errores cometidos por la soberbia y la rabia; Emma Stone aborda el personaje de Gwen Stacy de forma mucho más ambiciosa e inteligente que Bryce Dallas Howard en Spider-Man 3, y Rhys Ifans (Anonymous) se transforma en un Curt Connors brillante, capaz de comenzar el relato como un científico de principios para concluir como un hombre destruido por su propia arrogancia.

Con todo, este nuevo Spider-Man pierde algo de su esencia, y eso solo puede achacarse a un guión que convierte al joven superhéroe celoso de su identidad en un personaje que no duda en mostrarse en público. El motivo de llevar una máscara no es, por tanto, salvaguardar a sus seres queridos, sino ofrecer una imagen supuestamente aterradora a los criminales, aunque un hombre con licra roja y azul no instale el miedo en muchos corazones. Claro que este film concluye como si del primero de una serie se tratara, por lo que puede entenderse que todos los desajustes son parte de un proceso de crecimiento hacia un destino que parece estar escrito desde el abandono de sus padres.

Nota: 7/10

El cansancio creativo y el abuso digital en ‘Spider-Man 3’


Aunque resulte extraño, cuando en 2004 Spider-Man 2 obtuvo un éxito indiscutible de crítica y público, los productores no parecían convencidos del camino que debía tomar la saga. Varios factores, como el hecho de que se tardara tres años en estrenar la nueva entrega (cuando ahora mismo las sagas estrenan casi cada año), de las vueltas que se le dio al guión en busca de un villano (cuando el Dr. Connors/Lagarto ya había asomado tímidamente en la segunda parte) y, en general, el resultado final del film, hacen pensar que ni el equipo técnico ni el artístico estaba convencido de la dirección que los productores quisieron darle al hombre araña.

Ya sea por la presión de los fans o por un intento de batir todos los récords de recaudación, lo cierto es que los máximos dirigentes enfocaron Spider-man 3 en una línea mucho más comercial, con más pirotécnia, más villanos y, sobre todo, más efecto digital, lo que al final jugó en contra de la historia, que podría haber dado mucho más de sí. No es que sea una mala película, pero sin duda es la peor de la trilogía dirigida por Sam Raimi (Darkman), y evidencia un cansancio narrativo, artístico y profesional muy agudo en algunos momentos.

En cualquier caso, la presencia de hasta tres villanos tan complejos como el Hombre de Arena, Veneno y el Duende (de nuevo con James Franco), cuyos arcos argumentales hubieran dado para un film propio (hay intentos por llevar a la pantalla una película sobre este último), se “comió” buena parte del desarrollo que requería la historia principal, centrada en esta ocasión en poner contra las cuerdas el buen momento por el que pasa el protagonista, de nuevo con los rasgos de Tobey Maguire (Hermanos). Además, y a diferencia de su predecesora, la necesidad de conocer los antecedentes cinematográficos es más necesario, instalando así una barrera a la comprensión del espectador fuera del espectro fan.

Todo esto se traduce en un guión flojo, con carencias narrativas traducidas en un infantilismo impropio del legado anterior y, sobre todo, del cómic. El relato aborda uno de los momentos más importantes en la historia de Peter Parker/Spider-man, su paso al “lado oscuro” para descubrir que sus poderes, usados de forma irresponsable (y aquí se retoma la idea inicial con la que comienza la historia en Spider-man), pueden herir a sus seres queridos. Sin embargo, la mera idea de mostrar la maldad en un personaje simplemente cambiando el peinado o con actitud chulesca por la calle resulta ofensiva. Igualmente, el odio que siente Veneno hacia el héroe queda reflejado de forma algo tosca, en un intento de convertir los errores del propio personaje en malas intenciones del protagonista (que, en el fondo, lo son, pues actúa bajo la influencia de ese “lado oscuro”).

Esto, unido a la introducción de personajes secundarios tan importantes (y tan poco explotados) como Gwen Stacy (Bryce Dallas Howard) obligan a destinar demasiado poco tiempo al desarrollo de las situaciones, forzando sus conclusiones hasta la incoherencia para dirigir el futuro del personaje por caminos que, en el fondo, no habrían sido posibles en otras situaciones. En este sentido, cabe destacar que incluso se rompe con la tradición de elegir actores experimentados (aunque sí poco dados al blockbuster) para encarnar a dos villanos con tanto juego como los que se presentan. Tal vez solo Thomas Haden Church (Entre copas) salve la papeleta con un monstruo cuyos actos están movidos por la ternura y el amor de un padre, pero desde luego Topher Grace (Predators) podría haber dado mucho más de sí dada la complejidad de un ser con dos conciencias y un objetivo común.

Una Nueva York de videojuego

La profusión de personajes con peso narrativo es, en definitiva, lo que entorpece el buen desarrollo de un guión al que le sobran situaciones irrisorias y le faltan emociones contenidas, dudas humanas y conflictos heróicos, como sí tuvieron sus predecesoras. Pero a esta falta de energía en el guión escrito a tres manos por Alvin Sargent (responsable de la anterior), el propio director e Ivan Raimi se suma un fenómeno mucho más evidente dado que afecta al diseño visual del film.

Se puede decir que la evolución de la saga en términos de efectos digitales ha sido hacia el abuso de los mismos. Mientras que en 2002 asistíamos a un trepamuros más físico, más real, en 2004 los efectos digitales se instalaban para ponerse al servicio de un villano y una historia que requería de su magia. El estreno de la última entrega en 2007 demostró el cansancio creativo del equipo, tirando de ordenador en buena parte del metraje más allá de las necesidades propias de un villano capaz de convertir su cuerpo en arena.

De este modo, el film reconstruye casi en su totalidad la ciudad de Nueva York vía computadora; una Nueva York, por cierto, tan digital que parece sacada de algún videojuego. Pocos fondos y tan solo un puñado de escenarios son naturales. El resto está creado tan digitalmente que incluso un ojo experimentado y anestesiado ante el bombardeo que sufrimos en la actualidad por esta técnica se alarma y rechaza una falsedad tan notoria. Ejemplo de ello es, sin ir más lejos, el momento dramático del final, con una iluminación anaranjada en exceso y un cielo neoyorquino un tanto extraño. Por no hablar de algunos balanceos del hombre araña.

En definitiva, Spider-man 3 entretiene, y mucho, pero defrauda visto el nivel previo. Y lo que es más alarmante, genera una sensación de cansancio, de ofuscación ante las dudas del camino a tomar. Visto el resultado, parece claro que las cosas podrían haberse hecho de otra forma (algo similar le ocurrió al Superman returns de Bryan Singer un año antes), aunque todo parece más fácil visto en perspectiva y desde una posición externa.

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