La épica y la música se funden en las composiciones de John Williams


En 1916, el compositor inglés Gustav Holst terminaba una obra que ha sido clave para el desarrollo de buena parte de la música de cine posterior. Los Planetas supone todo un referente en lo que a la música de cine fantástico y épico se refiere. Algo más de 60 años después, otro compositor, en este caso de Nueva York, revolucionó este mismo mundo gracias a unas partituras que, ante todo, ponían de manifiesto el carácter aventurero y dinámico de las imágenes a las que acompañaba. Nos referimos a John Williams, cuya carrera, si bien ha estado ligada a la de dos importantes directores, contiene algunas de las mejores piezas de la historia del cine.

Dichos directores, sobra decirlo, son George Lucas y Steven Spielberg, cuyos films posiblemente habrían carecido de la fuerza que han adquirido con los años sin la música del compositor. Star WarsEn busca del arca perdidaTiburónE. T., el extraterrestreParque Jurásico, … Todas ellas forman parte tanto de la historia visual como de la musical. Y eso es gracias, precisamente, a una falta de protagonismo inicial que convierten a Williams en uno de los más inteligentes y sutiles músicos del séptimo arte. Así, mientras otras bandas sonoras tienden a imponerse sobre la imagen (o, directamente, a resultar innecesarias), el responsable musical de Sleepers opta por acompañar a la imagen potenciando el contenido narrativo de la misma. La grandiosidad de los planos generales, la épica de los combates o el suspense de un animal que ataca sin ser visto ni odio son solo algunos de los ejemplos.

Pero, como decimos, su obra va más allá de estos dos directores. Comenzó su carrera componiendo principalmente para televisión, ya fueran series o películas, pero ya entonces pudo hacerse cargo de la música de algunas de las series más míticas, como La isla de Gílligan o Perdidos en el espacio. Aunque alternó algunos trabajos en el cine, no sería hasta ShockLos rateros, ambas en 1969, que comenzaría a dedicarse casi en exclusiva para el cine, llegando uno de sus primeros grandes trabajos con otro título clásico del cine épico: La aventura del Poseidón (1972).

La música de Williams ofrece, en cada una de sus notas, un componente grandioso que, aunque lo intentan, no lo consiguen otros compositores. De hecho, terminan por resultar excesivamente familiares, y todo porque el compositor de Loca evasión (1974) ha dejado un legado en vida tan rico como completo, estableciendo los parámetros básicos para dotar de épica y fuerza cualquier aventura, ya tenga carácter fantástico o no.

Excesivamente similares

Quizá sea este elemento uno de los que puede haber jugado en su contra. Y es que, así como su aportación a los diferentes géneros es incuestionable, su papel fundamental a la hora de definirlos musicalmente le ha llevado en algunos momentos a utilizar notas y partituras que poseían demasiados puntos en común. No es de extrañar que cualquier persona que desconozca su música o, simplemente, no esté interesada en el cine comercial (o el cine en general) pueda llegar a confundir los temas de films diferentes.

Sin embargo, dicho fenómeno termina por resultar un elemento menor en su dilatada carrera, y queda absolutamente eclipsado al comprender el carácter potenciador, explicativo e incluso revelador de su música. Una música, por cierto, que a medida que pasa más tiempo se identifica más fácilmente, y no porque sea siempre lo mismo. Más bien al contrario. Su capacidad para entender lo que transmite el director, su fantástica orquestación con los metales de viento y las cuerdas como elementos principales, y su ingenio para poner en sonido las emociones que subyacen en diálogos, reacciones o eventos permite pensar aquello de “esta música es de Williams” cuando se ve una película.

Por no hablar de los temas principales de las películas en las que trabaja, auténticas piezas de coleccionista capaces de transmitir en unos pocos minutos todo el repertorio de emociones que se desarrollarán a lo largo del film, así como plasmar el alma de la historia o el carácter del personaje. Prueba de ello es, por ejemplo, Superman (1978) o sus recientes aportaciones a War HorseLas aventuras de Tintín. El secreto del Unicornio.

A continuación os dejamos algunas de sus composiciones más famosas, aquellas que le han convertido en el padre de la épica, la aventura, el misterio o la ciencia ficción musicalmente hablando.

Star Wars (1977)

 Superman (1978)

En busca del arca perdida (1981)

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