‘Vengadores: Infinity War’: infinitamente Marvel


Han pasado 10 años desde aquella primera aventura de Iron Man. 10 años en los que Marvel ha construido, algunas veces con más acierto que otras pero siempre con mimo y cuidado, todo un universo en el que poder desarrollar las aventuras de sus personajes, sus motivaciones, sus debilidades y los conflictos que les definen a lo largo de los años. Y todo eso desemboca aquí, en una macroproducción superheróica en la que nada se deja al azar y todo, absolutamente todo, tiene un objetivo: convertir a este film en el mayor espectáculo de la historia. Que lo haya conseguido o no es cuestión de puntos de vista, pero algo queda claro: se puede conseguir.

Porque en efecto, Vengadores: Infinity war es un espectáculo. Pero también es una historia, un drama capaz de generar desasosiego, de enfrentar a estos personajes capaces de cosas extraordinarias ante un enemigo invencible, ante ese desafío que, como se menciona en la película, les hará fracasar estrepitosamente. Toda historia debe construirse, al menos en teoría, sobre un crecimiento constante de tensión, de acción o de drama. En el cine de superhéroes esto, habitualmente, se traduce en combates que ponen al héroe ante un desafío cada vez mayor que debe superar para, al final, enfrentarse a la gran amenaza. Y aunque esta cinta de los hermanos Russo (Capitán América: El soldado de invierno) responde a esa idea, ese crecimiento dramático está construido sobre desafíos fallidos, sobre una lucha en la que el villano vence constantemente, hasta un final que… que aquí no revelaré, pero que puede generar cierto desasosiego.

Se trata, por tanto, de una producción compleja, de una obra de arte del género que merece ser reconocida como tal. Nada de enfrentamientos cuyo final se conoce de antemano; nada de momentos narrativos que restan ritmo al conjunto. Todo en el film se construye con el único objetivo de ofrecer una historia dinámica, profunda, en la que las motivaciones son lo primero y los efectos (sencillamente espectaculares, dicho sea de paso) lo segundo. Es más, pocas veces podrá verse que uno de los momentos más dramáticos de un film lo protagonice un villano que debe luchar entre lo que persigue y la única persona a la que alguna vez ha querido. Y los hermanos Anthony y Joe imprimen al conjunto un estilo visual brillante, aprovechando al máximo los planos generales de las batallas y las posibilidades de los numerosos superhéroes que aparecen a lo largo del metraje.

Desde luego, Vengadores: Infinity War es la cinta que todo fan lleva esperando 10 años. Pero es más. Es un relato sobre el fracaso, sobre la lucha contra un destino que parece escrito y que es incapaz de ser cambiado. Una lucha frustrante, en definitiva. Y no hay nada más satisfactorio, dramáticamente hablando claro esta, que ver a un héroe caído para volver a levantarse. Y dado que en este caso son decenas de ellos, la sensación agridulce que deja el final del film se multiplica de forma exponencial. Ahora sí, Marvel ha logrado alcanzar un clímax dramático en su cine, un nivel que posiblemente no sea tan adulto como el de su principal competidor, DC Cómics, pero sin duda sí ha sabido profundizar más que en otras ocasiones. Y desde luego, ha dado una lección sobre cómo construir este tipo de relatos tan complejos, cómo introducir a cada uno de los personajes y cómo mostrar la derrota individual de cada uno. ¿Tiene algo malo entonces? Bueno, mucha gente la verá sólo como una más de superhéroes. Y, por supuesto, que hay que esperar un año para el desenlace.

Nota: 9/10

‘Guardianes de la galaxia’: una panda de pringaos muy ochentera


Los 'Guardianes de la galaxia' tratarán de defender una de las gemas del infinito.Puede que no busque originalidad, pero desde luego Marvel ha encontrado la fórmula para el éxito. Sus películas serán más o menos profundas, mejores o peores, pero todas ellas son un despliegue de entretenimiento puro y duro que no solo distrae, sino que vistas en conjunto conforman un cosmos que tiene repercusiones en cada detalle. Y su última propuesta no se queda atrás. Alejada de los superhéroes tradicionales, esta aventura espacial que bebe en ocasiones de la saga galáctica por antonomasia es un espectáculo sin tregua, una pequeña joya de la ciencia ficción que hará las delicias de los fans y que logra en gran parte el equilibrio necesario entre acción y humor que caracteriza a la casa de cómics.

Buena parte de la responsabilidad recae, por supuesto, en James Gunn (Super), quien da el salto de esta forma al cine espectáculo en su segundo film. Y si bien es cierto que Guardianes de la galaxia peca en algunos momentos de pardilla en sus secuencias de acción, es innegable la espectacularidad con la que el director aborda dichos momentos, aprovechando al máximo la capacidad visual y digital que le otorga la compañía, así como el colorido entorno de la historia. El contraste con la banda sonora, nutrida de éxitos clásicos de la música, no hace sino acentuar el estilo kitsch de los combates espaciales y del diseño de los personajes, la mayoría actores con una pintura especial. Esto otorga al conjunto un aire natural, físico y real que no poseen otras historias similares, además de generar una cierta proximidad con el espectador.

El otro gran aliciente del relato son sus personajes, sobre todo los protagonistas. El carácter algo patético del quinteto, motivado hasta bien avanzado el metraje por sus propios intereses, no solo no es algo que se suela ver en una cinta de superhéroes, sino que provoca algunos de los momentos más divertidos e interesantes. Es cierto que el guión adolece en determinados momentos de una comicidad infantil y algo innecesaria, pero en líneas generales el choque de caracteres provoca situaciones de lo más curiosas. Posiblemente el mejor personaje de todos sea Rocket, el mapache al que da voz Bradley Cooper (El lado bueno de las cosas), aunque es difícil no sonreír con la ternura de Groot, cuyas pocas frases las dice Vin Diesel (Fast & Furious 5). Son ellos los que más vida dan a los protagonistas, aunque sería injusto no encontrar igualmente atractivos los trasfondos emocionales de los cinco personajes.

Así, Guardianes de la galaxia se convierte en una de las mejores propuestas veraniegas de este 2014. Una película divertida, entretenida y con un toque retro que la hace mucho más auténtica de lo que podría esperarse. Es cierto que su guión tiene ciertas concesiones innecesarias, pero en líneas generales su desarrollo es impecable. Apenas da descanso, y cuando lo hace es solo para ahondar en el pasado de unos personajes canallas y motivados por sus propios intereses. Su espectacularidad, a pesar de la falta de destreza de Gunn en algunos momentos, está fuera de toda duda. Y su conexión con el resto del mundo cinematográfico de Marvel es indispensable gracias a la presencia de una gema del infinito y a diversos personajes llamados a influir en otras sagas cinematográficas. La aventura está servida.

Nota: 7,5/10

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