‘Aladdín’: una colorida fachada


Viendo la nueva apuesta de Disney para revitalizar en imagen real sus clásicos más conocidos, y sobre todo viendo la reacción del público de diferentes edades en la sala, la película debe ser entendida no solo desde la nostalgia de aquellos que crecimos con la magia de estas cintas animadas, sino desde aquellos nuevos espectadores de corta edad que descubren aquello que muchos otros conocimos hace décadas. Y aunque la calidad de la cinta puede que no varíe, sí es importante comprender que las comparaciones suelen ser odiosas, sobre todo en casos como este.

Por eso, Aladdín no puede compararse con el original de 1992. No porque no esté a su altura, sino porque es otro concepto adaptado a los nuevos tiempos. Y bajo este prisma, la cinta de Guy Ritchie (Sherlock Holmes) es un portento visual, una aventura musical y dinámica que aprovecha bastante bien las posibilidades de la historia para alejarse un poco del lenguaje visual del original y narrar con sus propias palabras la conocida historia del joven ladrón que terminó convirtiéndose en príncipe. Ahora bien, la producción tiene en sí misma unas posibilidades que no se explotan lo suficiente y que limitan mucho, en algunos casos muchísimo, la propia narrativa de la historia, que no profundiza en los parámetros dramáticos y morales que ella misma apunta.

El caso más evidente es el del empoderamiento de la princesa (a la que interpreta con acierto Naomi Scott -Power Rangers-), un elemento nuevo en una historia de estas características que, sin embargo, no da el paso de convertirse en un motor narrativo. Dicho de otro modo, el feminismo con el que se dota a la historia parece más de postín, limitándolo a un personaje femenino diciendo que se ha preparado para ser sultana y que no la van a callar, pero siendo siempre salvada por el héroe de turno. Es evidente que, en un intento de mantener la esencia del cuento original pero introduciendo los actuales conceptos sociales, lo que surge es una mezcla que no funciona. No es el único caso. La evolución del protagonista no termina de generar el interés esperado, los efectos digitales se antojan un tanto acartonados, y secundarios como Abu o Iago tienen un protagonismo intermitente que revela un intento infructuoso de dotarles de una presencia determinante en la trama.

Todo ello convierte a Aladdín en un entretenimiento para los más pequeños que en muchos casos no terminará de convencer a los mayores. Un colorido espectáculo en el que, al igual que la moraleja de la historia, termina por importar poco la fachada y primar lo que hay en el interior. Y ese interior se revela irregular, con buenos e interesantes momentos pero con demasiados argumentos planteados sin desarrollo posterior. Eso por no hablar de la ausencia completa del lenguaje de Guy Ritchie tras las cámaras, entregado a una mera manufactura de un producto comercial. Eso sí, la magia sigue existiendo, y mientras hay magia hay esperanza… al menos para afrontar la siguiente cita con un clásico Disney de carne, hueso y ordenador.

Nota: 6,5/10

La 73 edición de los Globos de Oro confirma el año de DiCaprio


Alejandro González Iñárritu y Leonardo DiCaprio posan con sus Globos de Oro.La 73 edición de los Globos de Oro deja impresiones para todos los gustos. Ya sea en cine o en televisión, el reparto de premios puede que no haya sido todo lo justo que debería para algunos, pero desde luego representan mejor que anteriores ediciones la riqueza y calidad de las producciones del recientemente acabado 2015. Pero por encima de todo reconocen algo que Hollywood lleva retrasando algunos años, quizá demasiados: el reconocimiento a Leonardo DiCaprio como el gran actor en el que se ha convertido. El renacido, película con la que Alejandro González Iñárritu tratará de obtener por segundo año consecutivo los principales premios Oscar (el año pasado la agraciada fue Birdman), apunta a convertirse en la consagración del protagonista de El lobo de Wall Street (2013). Claro que su éxito conlleva la inmerecida derrota de otros actores, como es el caso de Michael Fassbender, gran perdedor de la noche a pesar de sus papeles en MacbethSteve Jobs.

Por lo demás, pocas novedades en los premiados del cine. Pocas, pero no ninguna. Desde luego, lo más llamativo es ese premio a Sylvester Stallone, quien no por casualidad ha hecho examen de conciencia y ha reconocido el mérito de un personaje como Rocky, su amigo y confidente a lo largo de los años, y que tantos éxitos le ha reportado, incluyendo un Oscar y, quién sabe, tal vez dos. Con todo, y teniendo en cuenta los nombres que integraban esa categoría de Mejor Actor Secundario, no deja de ser sorprendente que el protagonista de Los mercenarios 3 (2014) haya logrado el éxito de la noche.

A tenor de lo vivido en la noche del domingo al lunes, todo apunta a que la disputa de los principales premios estará entre El renacidoMarte, pero nadie debería perder de vista algunas de las cintas que, aunque en categorías ‘secundarias’, han igualado en número de Globos de Oro a las dos grandes triunfadoras, o al menos a una de ellas. Me refiero a Steve Jobs, uno de los retratos más interesantes del fundador de Apple que, gracias a la maestría de Aaron Sorokin (serie The newsroom), adquiere un nivel superior al esperado. El premio al Mejor Guión es, en este sentido, más que merecido, del mismo modo que el otorgado a Kate Winslet. Por cierto, de confirmarse que en los próximos Oscar tanto DiCaprio como Winslet ganan estos mismos premios se cerrará una especie de círculo que comenzó con Titanic allá por 1997.

Un genio en la jungla de las series

Y si en las categorías cinematográficas encontramos variedad y cierta justicia en los premios, en televisión ocurre prácticamente lo mismo. El gran triunfador, al menos en lo que a número de premios se refiere, es Mozart in the jungle. A diferencia de Transparent, la triunfadora de la pasada edición, la producción protagonizada por Gael García Bernal (Un pedacito de cielo) ahonda más en el carácter humorístico de sus personajes con un tono más fresco y dinámico, lo que sumado al gran trabajo de Bernal ha permitido que, esta vez sí, se alce con los principales premios.

Más discutible resultan otros galardonados, como es el caso de la cantante Lady Gaga, quien se ha impuesto como Mejor Actriz de Miniserie por American Horror Story: Hotel. Sin dudar en ningún momento de su merecimiento, la labor que realiza, por ejemplo, Kirsten Dunst en la segunda temporada de Fargo es simplemente brillante, sobre todo porque gracias a su labor el espectador asiste a una transformación psicológica y casi física del personaje, algo sumamente complejo tanto para la narrativa como para la interpretación.

Pero en cualquier caso, la impresión general de esta 73 edición de los Globos de Oro es la de un palmarés ajustado a la realidad del panorama cinematográfico y televisivo actual. Si consideramos, como suele ser habitual, que son la antesala de los Oscar (o al menos una guía para los premios cinematográficos más codiciados del mundo), todo apunta a que Leonardo DiCaprio será el triunfador y a que González Iñárritu logrará algo que muy pocos, por no decir ninguno, han conseguido (dos premios seguidos en Mejor Película y Director). Habrá que esperar. Por lo pronto, a continuación encontraréis la relación completa de los premiados.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: El renacido.

Mejor Película Comedia/Musical: Marte.

 Mejor Director: Alejandro González Iñárritu, por El renacido.

Mejor Actor Dramático: Leonardo DiCaprio, por El renacido.

Mejor Actor Comedia/Musical: Matt Damon, por Marte.

Mejor Actriz Dramática: Brie Larson, por La habitación.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Jennifer Lawrence, por Joy.

 Mejor Actor Secundario: Sylvester Stallone, por Creed. La leyenda de Rocky.

Mejor Actriz Secundaria: Kate Winslet, por Steve Jobs.

Mejor Guión: Aaron Sorokin, por Steve Jobs.

Mejor Banda Sonora: Ennio Morricone, por Los odiosos ocho.

Mejor Canción: Sam Smith por ‘Writting’s on the wall’, de Spectre.

Mejor Película en Lengua Extranjera: El hijo de Saúl (Hungría).

Mejor Película de Animación: Del revés.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: Mr. Robot.

Mejor Actor Drama: John Hamm, por Mad Men.

Mejor Actriz Drama: Taraji P. Henson, por Empire.

Mejor Serie Comedia: Mozart in the jungle.

Mejor Actor Comedia/Musical: Gael García Bernal, por Mozart in the jungle.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Rachel Bloom, por Crazy ex-girlfriend.

Mejor Miniserie/Telefilme: Wolf Hall.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Oscar Isaac, por Show me a hero.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Lady Gaga, por American Horror Story: Hotel.

Mejor Actor Secundario Miniserie/Telefilme: Christian Slater, por Mr. Robot.

Mejor Actriz Secundaria Miniserie/Telefilme: Maura Tierney, por The affair.

‘Steve Jobs’: un genio entre bambalinas


Michael Fassbender es 'Steve Jobs'.No cabe duda de que Steve Jobs, cofundador de Apple, ha sido, es y será un personaje tan admirado como criticado, tan idolatrado como censurado. De ahí que una biografía sobre su persona resulte tan complicada. El más mínimo error puede convertir una obra en un culto a su figura o en una feroz y, en parte, injusta crítica hacia su trabajo. El guionista de su nuevo biopic, Aaron Sorkin (serie El ala oeste de la Casa Blanca) es consciente de ello, y eso se nota en el resultado final.

Porque sí, Steve Jobs es una película de Aaron Sorkin, no de Danny Boyle (La playa), si bien es cierto que en varias ocasiones se nota la mano del director. Y como película de Sorkin, la trama se desarrolla entre diálogos ágiles e interminables que diseccionan a los personajes con precisión cirujana, dejando desnudas sus almas y convirtiéndoles en verdaderos protagonistas de la atención del espectador. Gracias a secuencias como la conversación entre Jobs y John Sculley (un Jeff Daniels –Paper man– espléndido) la cinta logra un crecimiento dramático a base, curiosamente, de lo que se esconde detrás del escenario, una metáfora de lo que siempre ha sido la figura de Jobs, un hombre detrás de una máscara.

Pero si la labor de Sorkin es tan imprescindible como espléndida, lo que logra Michael Fassbender (Frank) en la piel del creador del iPhone es simplemente brillante. El actor se funde con el personaje hasta niveles pocas veces vistos, asumiendo sus imperfecciones y tratando de ensalzar la genialidad de sus ideas. Esa constante contradicción entre una forma de ser cuanto menos difícil y sus innovadoras ideas es el motor que permite mantener el interés en el personaje y en la historia. Y a él se suman, por supuesto, el resto de actores, todos ellos más que correctos en sus respectivos roles.

Así, Steve Jobs se revela como un retrato complejo, interesante y sumamente brillante del creador de la compañía de la manzana. Un relato que, apoyado únicamente en lo que ocurre detrás de las bambalinas de cada presentación, desarrolla las complicadas relaciones entre el protagonista y aquellos que le quieren y le apoyan. Una notable película que demuestra que el genio entre bambalinas muchas veces se impone al resto de genialidades, lo que no impide que cometa errores en su proceso creativo. Y no hablo de Jobs o de Boyle, sino del verdadero artífice de esta recomendable cinta.

Nota: 7,5/10

‘Hitchcock’: el Alma del genio frente a su psicosis


Scarlett Johansson, Anthony Hopkins y Helen Mirren, juntos en 'Hitchcock'.El dicho asegura que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. ¿Y detrás de un genio? La respuesta es Alma. Ese es uno de los secretos que se esconden detrás del debut en la ficción de Sacha Gervasi, guionista de La Terminal (2004), quien compone un relato tan entretenido como neutro en su forma y previsible en su contenido, sobre todo teniendo en cuenta que narra las vicisitudes del rodaje de Psicosis (1960) y que, por tanto, se conoce de antemano su desenlace. Esto, en realidad, no es ni una excusa ni un motivo.

Más bien, es el principal escollo. En teoría, poco debería importar cómo termina si el camino fuera interesante. El problema es que el desarrollo se sirve de numerosos tópicos y conflictos ya vistos y resueltos en más de una ocasión, de ahí que al final lo único que queden sean los detalles y el hecho de poder disfrutar de algunas de las interpretaciones, en especial la de Helen Mirren (The Queen) como Alma, la mujer de Hitchcock. En el otro extremo podríamos encontrar, por desgracia, la del propio protagonista, y no por falta de talento de su actor, Anthony Hopkins (Alejandro Magno). Su labor es encomiable al adoptar la expresión corporal y la cadencia en el lenguaje del famoso director, pero todo queda embarrado por un maquillaje que, en primer lugar, no le hace justicia al personaje cinematográfico (muchas veces ni se parece), y en segundo lugar le impide conseguir la máxima expresividad.

Con todo, para los amantes del cine y para todos aquellos que sientan curiosidad por adentrarse en las tripas de un rodaje cinematográfico es una buena oportunidad de comprobar cómo se gestan muchas veces las grandes obras maestras del cine. Con un formato que homenajea a la mítica serie Alfred Hitchcock presenta, el film cuenta todos y cada uno de los detalles que acompañaron a las escenas más polémicas, como el famoso asesinato en la ducha o el descubrimiento final en la casa. Todo ello adornado con unas pinceladas que, a su modo, se convierten en lo más interesante, por transgresor, del conjunto.

Dichas pinceladas llegan en forma de diálogos entre el director y el asesino detrás de la obra Psicosis, Ed Gein. La obsesión de Hitchcock por entender al personaje le llevan a mantener una serie de conversaciones que, lejos de llevarle a comprender las motivaciones de su protagonista, lo que consiguen es ayudar al espectador a comprender mejor lo atormentado del director y, sobre todo, la indefensión de un genio que siente cómo pierde a su musa, su Alma. Hitchcock es, para bien y para mal, un film que podría haber aspirado a algo más. Con algo más de suspense y la mano de un director más atrevido posiblemente estaríamos hablando de una historia más interesante. Con eso y un maquillaje algo más elaborado.

Nota: 6/10

Fritz Lang, el genio detrás del expresionismo alemán


Los años 20 y 30 del siglo XX, el llamado período de entreguerras, fueron unos años de depresión e incertidumbre para la población europea. En este contexto surgieron numerosos movimientos artísticos y literarios que no sólo reflejaban esos sentimientos, sino que alertaban ante los peligros que se cernían sobre la sociedad. Uno de dichos movimientos, en el ámbito cinematográfico, fue el expresionismo alemán. Con nombres tan relevantes como F. W. Murnau, Robert Wiene o G. W. Pabst, sin duda el director que más aportó al movimiento y que logró mantener su espíritu en décadas posteriores fue Fritz Lang, autor al que la Filmoteca de Cantabria le dedica un ciclo a partir de esta semana.

Responsable de títulos tan legendarios como Metrópolis, El Dr. Mabuse, Los Nibelungos o M, el vampiro de Düsseldorf, se cree además que este judío nacido en 1890 es el autor no acreditado del film que se considera como punto de partida del movimiento: El Gabinete del Dr. Caligari. Y es que los temas que obsesionaron a lo largo de su carrera están patentes en la historia: un pueblo amenazado por un asesino, un hombre que maneja a las masas con una especie de hipnotismo, la lucha de un joven por demostrar sus teorías, etc. Un argumento que, años después, repetiría con mejor fortuna en las entregas de su saga sobre Mabuse, ese genio del crimen en el que muchos críticos y analistas ven al mismísimo Adolf Hitler (la verdad es que no hace falta imaginar mucho).

Si bien es cierto que no habría logrado títulos tan memorables sin la ayuda de su mujer y guionista, Thea Von Harbou, su posterior carrera en Estados Unidos demuestra su obsesión no sólo por el nazismo, del que hizo crítica en todo momento, sino con los males de una sociedad que se muestra decadente pero fuerte y orgullosa al mismo tiempo. Tramas como la de M, el vampiro de Düsseldorf, donde los propios criminales dan caza a un pederasta, o la de la maravillosa Los verdugos también mueren, sobre un caso real ocurrido durante el nazismo, son claros ejemplos.

La potente imaginación del autor de Las tres luces desborda y sobrepasa cualquier otro genio de la época. Posiblemente Murnau le hubiera hecho sombra si no hubiera muerto prematuramente. El momento clave en su filmografía y en su vida personal fue su huida de Alemania cuando Hitler, tras ver sus películas para la UFA (la productora alemana), le quiso para rodar su propaganda. La misma noche en que lo supo, huyó a Francia, y de allí a Estados Unidos. Atrás dejó a una mujer que sí compartía las teorías del Reich y de la que se separaría tiempo después.

Etapa USA

En Estados Unidos desarrolló una interesante carrera donde exploró todo tipo de géneros y tramas, pero manteniendo siempre que podía ese estilo personal que define a la que posiblemente sea su obra maestra: Metrópolis. Películas como La mujer del cuadro, Perversidad o House by the river retoman esos marcados contrastes entre la luz y las sombras, ámbitos en los que se mueven personajes con un pasado oculto que tratan de esconder a través de decisiones que les sumergen cada vez más en el abismo.

Desde luego, el cine negro estadounidense se nutrió, y de qué manera, de la maestría de Lang a la hora de recrear ambientes que fueran fiel reflejo de los sentimientos de los personajes. Pero no fue el único. El díptico El tigre de Esnapur y La tumba india, unos de sus últimos trabajos, reflejan ese mundo sórdido de magia, leyenda y personajes ambiguos a pesar de ser un relato de aventuras en color. El western también contó con su toque personal en Encubridora.

Influencias

Lang ha terminado por convertirse en un referente para el género fantástico gracias a su labor en el cine mudo y el expresionismo alemán. De hecho, muchos de los elementos de Metrópolis han sido incorporados u homenajeados en películas posteriores. George Lucas utilizó el diseño de María, el robot que provoca la revolución entre los trabajadores, para su C3PO, mientras que el diseño de la ciudad futurista donde los ricos viven en la superficie y los pobres bajo suelo ha influencia a infinidad de historias, desde Blade Runner hasta la misma Star Wars y otras producciones futuristas. Existe una versión en manga de Metrópolis que lleva el mismo nombre y que se adaptó a la pantalla grande, e incluso David Fincher homenajeó al gran director en el videoclip de Express Yourself de Madonna. Y esto por citar sólo algunos.

El exilio a Estados Unidos sólo tuvo un inconveniente, y es que el desarrollo de los efectos que había logrado en el expresionismo alemán se perdió. Unos efectos visuales que dejan sin habla si se tiene en cuenta la época en la que se realizaron y que el cine apenas tenía 30 años de vida. Sus conceptos para explicar en una pantalla el funcionamiento de la mente, las alucinaciones, la comunicación sin necesidad de teléfonos o los mundos fantásticos de Lo Nibelungos o Las tres luces no sólo están vigentes en el arte audiovisual, sino que muchos directores recurren a ellos para inspirarse, lo que aúpa a Fritz Lang como el genio detrás del expresionismo alemán… y de algo más.

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